ALEGORIA

v. Parábola, Proverbio
Joh 16:25 estas cosas os he hablado en a; la hora
Gal 4:24 una a, pues estas mujeres son los dos


Alegorí­a (heb. mâshâl, “proverbio”, “discurso profético figurado” [de mâshal , “ser parecido a”]; gr. all’gorí­a [de allegoréo, “hablar alegóricamente”]). En griego clásico se explica con las siguientes formas: állo agoréuí‡, “significo otra cosa de lo que digo”; állo mén agoréuí‡, “una cosa digo, otra pienso”; állo dé nóí‡, “una cosa digo, otra quiero expresar” (frases que respaldaban el método alegórico de interpretar las Escrituras). Forma literaria en la que la verdad se presenta bajo la imagen de otra (se dice una cosa pero se pretende significar otra), y en la cual las palabras y la narración misma están vestidas de una significación diferente de la natural. Este significado secundario está implí­cito; es decir, no se expresa explí­citamente. En el AT de la RVR se utiliza a veces la palabra “parábola” en lugar de alegorí­a, particularmente en el caso de 2 discursos proféticos figurados de Ezequiel (17:2; 24:3). En el NT se usa “alegorí­a” para introducir y describir una sección del argumento de Pablo en Gálatas (4:21-31). Teóricamente existe una distinción entre alegorí­a, parábola y tipo o sí­mbolo. I. Alegorí­a y parábola: en una alegorí­a cada hecho se debe traducir a su significado literal; en una parábola sólo hay un punto central y los diversos detalles del relato no tienen significación por sí­ mismos, y tampoco se necesita hacer una traducción del relato para comprender su sentido. II. Alegorí­a y tipo o sí­mbolo: en una alegorí­a el énfasis está sobre el significado antes que sobre lo real del sí­mbolo; el tipo o sí­mbolo es un hecho histórico o material que apunta a un hecho espiritual o a uno escatológico; ambos necesitan ser interpretados para ser comprendidos. Pero en los primeros siglos de la era cristiana no se hací­an estas disquisiciones teóricas, de modo que el heb. mâshâl y sus equivalentes griegos se usaban indistintamente para todas esas figuras literarias. Por tanto, la aplicación figurada que Pablo hace de los acontecimientos, ritos y leyes del AT (1Co 5:6-8; 9:8-10; 10:1-11 ), bien se podrí­an llamar alegorí­as, parábolas o tipologí­a. En Heb 9:9 se habla de “sí­mbolo”, y en 11:19, de “sentido figurado”. Véanse Enigma; Parábola; Proverbio.34

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

Ver parábola.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

(gr., allegoreuein, de allos, otro, y agoreuein, hablar en la asamblea). Estilo literario usado extensamente en las Escrituras (p. ej., Isa 5:1-7). Hablar alegóricamente es presentar una cosa con la imagen de otra, siendo inferido el sujeto principal por la figura en lugar de una afirmación directa. La claridad de la inferencia se diferencia entre la alegorí­a y la parábola porque esta última por lo general requiere una interpretación de la enseñanza que paralela. En la alegorí­a que se encuentra en Gálatas, Isaac, el hijo de la promesa, tipifica al creyente que ha sido justificado en Cristo y es libre para amar y servir a su Padre mientras que Ismael, el hijo planificado, tipifica al legalista que está bajo la ley y es su esclavo para servirle y buscar su justificación en su obediencia a ella.

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

Figura del lenguaje que consiste en hacer que una cosa represente a otra diferente. También es poner en un texto o discurso dos sentidos, uno estricto y otro figurado, que se van desarrollando paralelamente. La interpretación, entonces, es doble: una en sentido estricto y otra en sentido figurado o alegórico. Algunos eruditos distinguen entre un sí­mil o parábola y una a., señalando que esta última es casi siempre extensa. Los profetas usaron mucho de la a., especialmente Ezequiel (Eze 17:2; Eze 24:3). Jesús acostumbraba hablar †œen a.† o †œpor a.† (Jua 16:25). La †¢parábola es, pues, una de las formas más frecuentes de a. (Jua 10:6). Una cosa o una historia puede ser interpretada alegóricamente sin que necesariamente en sus orí­genes hubiera esa intención. Pablo interpreta como †œuna a.† la historia de Sara y Agar (Gal 4:24). La interpretación alegórica de una historia no quiere decir que esta última sea una fábula o que no aconteció. El Cantar de los Cantares, por ejemplo, es interpretado como a., pero eso no significa que el relato poético no corresponda a algo que ocurrió.

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

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Literalmente es “comparación en forma de contraste” (del griego, allegoria). Se usa como sinónimo de parábola, metáfora, proverbio, lenguajes frecuentes en el Nuevo Testamento. Pero sólo una vez aparece en sus escritos: en Gal. 4. 24, hablando del contraste entre las dos mujeres paralelas que representan los dos Testamentos.

El alegorismo será luego la escuela exegética surgida en el siglo II, a la que perteneció el gran Orí­genes, quien la potenció al máximo. Algunos Padres cristianos, para interpretar la Sda. Escritura, también resaltaron las alegorí­as.

La exégesis alegórica pretende una “transposición simbólica de las significación de las palabras”. Unas veces se exagera el alegorismo y se pretende que todo dato bí­blico es la expresión de misterios ocultos en la palabra literal. Y otras veces se interpreta el alegorismo de forma más benévola, es decir como consecuencia del lenguaje comparativo y metafórico usado con frecuencia en los pueblos orientales, entre los que se hallaban los hebreos, luego llamados israelitas y más tarde identificados con los judí­os.

Hasta hoy perdura la tendencia alegórica en determinadas corrientes de exégesis bí­blicas. Se halla latente en la preferencia por interpretar los datos bí­blicos en forma metafórica, llegando incluso a negar la objetividad, la historicidad, la naturalidad de los relatos, de las sentencias, de las normas o de los personajes.

Es peligroso, incluso no católico, el exagerar el alegorismo, pues se caen en un subjetivismo desenfrenado al ver en la Escritura una plataforma literaria de mitos y fingimientos fantasiosos más que una Historia religiosa verdadera.

En Catequesis hay que evitar exageraciones de este tipo y recordar que los escritos del Nuevo Testamento y la mayor parte de los del Antiguo no fueron escritos para teólogos, sino para tantas gentes sencillas que se interesaban por “los hechos y dichos de Jesús”. (Ver Bí­blico Vocabulario 9.22. Ver Biblia. 7.2)

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

” Procedimiento expresivo por el que se dice una cosa para significar otra† (Simonetti).

Así­ es como se define la alegorí­a. Se ignora quién introdujo esta expresión, que apareció a mediados del s. 1 a.C., bien como término técnico de la retórica, bien en relación con la interpretación de los mitos. Anteriormente, para expresar un significado oculto en la poesí­a mí­tica se usaba el término hyponoia.

Si la expresión “alegorí­an se afirma en el s. 1 a.C., el uso del método alegórico aparece ya en el s. Vl a.C. con Teágenes de Reggio. En el ámbito de la cultura literaria helénica se interpretaba tanto a Homero como a Hesí­odo en clave alegórica. También es conocida esta utilización en el ámbito filosófico.

Ya Platón advertí­a que no hay – que tomar los mitos al pie de la letra, sino sólo en su capacidad alusiva y explicativa de otros contenidos más profundos.

Así­, en el Fedón 114D, después de haber presentado los lugares que ocupan las almas después de la muerte y el destino de cada una de ellas, señala:
“Ciertamente, sostener que las cosas son exactamente tal como las he expuesto es algo que no conviene a un hombre que tenga sentido común: pero sostener que esto o algo parecido a esto tiene que ocurrir con nuestras almas y con sus moradas, por el hecho de que el alma es inmortal, es algo que me parece perfectamente adecuado…”
En el uso de la alegorí­a desempeñaron una función de primer plano los filósofos estoicos, que, interpretando a los dioses del Olimpo como sí­mbolos de los elementos naturales y superando así­ toda forma de vulgar antropomorfismo, supieron conjugar el politeí­smo tradicional con el monoteí­smo filosófico.

También debieron de ofrecer un ámbito de aplicación del método alegórico los cultos mistéricos, que suponí­an en sus iniciaciones un conocimiento y una participación en los mitos celebrados, junto con una penetración en su sentido más recóndito.

De todas formas, el uso de la alegorí­a está ligado al nombre del judí­o alejandrino Filón (20 a.C.-45 d.C.), que lo aplicó al Antiguo Testamento con la intención de hacer al libro sagrado del judaí­smo compatible con la sensibilidad moral y filosófica del mundo griego. Si en la aplicación del método alegórico Filón se resiente del influjo del estoicismo, encuentra también su fuente de inspiración hebrea en Aristóbulo y en la Carta de Aristeas. Pero también los esenios y la comunidad hebrea de los terapeutas, presente en Egipto, aplicaban ya el método alegórico en la lectura de la Biblia. El mismo Filón declara que habí­a tratado con “hombres inspiradosn, que veí­an en muchas de las realidades contenidas en la Ley ” sí­mbolos visibles de las cosas invisibles” (De specialibus legibus III, 178). El, por su parte, indica que “la mayor parte de la legislación (mosaica) se expresa de forma alegórican (De Joseph, 28). En este caso, para entenderla correctamente, se hace necesaria la interpretación alegórica.

El documento más antiguo que atestigua la asunción de la alegorí­a en el terreno cristiano nos lo ofrece Pablo en la carta a los Gálatas 4,24 donde aparece el verbo allegoreuein. La utilización de esta expresión resultó decisiva para la exégesis cristiana posterior ya que Clemente, Orí­genes y los otros autores alejandrinos apelaron precisamente a Pablo para legitimar en su base “apostólica” la aplicación del método alegórico. Además, dado que Pablo utiliza el término allegoreuein en el contexto de una exégesis tipológica, en tiempos sucesivos la exégesis “alegórica” de la Biblia comprenderá también la tipologí­a.

Entre los Padres apostólicos está ausente el término “alegorí­a”. Lo encontramos un par de veces entre los apologistas del s. II (Arí­stides, Apol. 13, 7. Taciano, Orat. 21) en su crí­tica de la interpretación griega de los mitos.

Fueron los gnósticos los que en el s. II utilizaron más ampliamente la alegorí­a.

El maestro de la alegorí­a dentro de la Iglesia en el s. III es sobre todo Orí­genes, natural de Alejandrí­a lo mismo que Filón. Hay que señalar que el cristiano Orí­genes ve en la exégesis alegórica de la Biblia tan sólo un medio para desarrollar la riqueza del anuncio de las Escrituras y para interpretar los textos que plantean dificultades en su significado literal.

La polémica posterior que suscitó la escuela teológica antioquena contra la exégesis ” alegórica ” de los teólogos alejandrinos no comprometió el uso de la exégesis alegórica respecto a la Biblia. Más aún, siglos más tarde, la exégesis medieval latina de la Biblia utilizó el término ” alegorí­a “. expresando con él -dentro de los cuatro sentidos de la sagrada Escritura- el contenido de la fe, tal como atestigua el siguiente dí­stico citado por Nicolás de Lira por el año 1330: “Littera gesta docet, quid credas allegoria, moralis quid agas, quo tendas anagogia ” (Nicolás de Lira).

L. Padovese

Bibl.: M. Simonetti, Alegorí­a, en DPAC, 1, 69-70; íd., Lettera eZo allegoria. U” contributo alla storia dellésegesi patristica, Roma 1985.

PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teológico Enciclopédico, Verbo Divino, Navarra, 1995

Fuente: Diccionario Teológico Enciclopédico

1. alegoreo (ajllhgorevw, 238), se traduce en Gl 4.24, como “lo cual es una alegorí­a” (RVR); “las cuales cosas son dichas alegóricamente” (VM). Se forma con alos, otro, y agoreuo, hablar en un lugar de reunión (agora, el mercado). Vino a significar hablar, no según el sentido primario de la palabra, sino que los hechos afirmados se aplican a ilustrar principios. El significado alegórico no anula el significado literal de la narración. Puede que haya más de un significado alegórico, aunque, desde luego, solo haya un solo significado literal. Las historias de las Escrituras representan o incorporan principios espirituales, y estos se llegan a conocer no por el vuelo de la imaginación, sino por la recta aplicación de las doctrinas de las Escrituras.¶ 2. paroimia (paroimiva, 3942) denota un dicho a pie de camino (de paroimos, por el camino), refrán, máxima, o enigma (2Pe 2:22). Se puede considerar como una parábola o alegorí­a, y se traduce “alegorí­a” en todos los casos en que aparece en la RVR, excepto en 2Pe 2:22, donde se traduce “proverbio”. Además de en este pasaje, se halla en Joh 10:6; 16.25 (dos veces), 29. Véase PROVERBIOS.¶

Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento

Una alegoría (llamada a veces una metáfora prolongada) es un recurso retórico que representa un significado más alto que el literal. Se diferencia de la metáfora en que es más larga y detallada. La obra de Juan Bunyan, El progreso del peregrino, es una alegoría religiosa clásica. Entre los ejemplos bíblicos podemos incluir el Sal. 80, donde se describe a Israel como una viña, y Gá. 4:24, lo que Pablo mismo especifica como una alegoría. Habiéndose desarrollado en Grecia, en el siglo sexto a.C., este sistema de interpretación invadió el ambiente de la erudición bíblica por medio de Filón de Alejandría (20 a.C.–42 d.C.). Orígenes (182–251) estableció que la verdad en la Escritura tenía tres niveles: (1) el literal, esto es, el sentido carnal; (2) el significado moral; (3) el sentido pneumático. La alegoría fue ampliamente usada por la escuela de Alejandría (véase Alejandría, Escuela de) para evitar los antropomorfismos y el literalismo crudo que era ofensivo a la mente griega. En base a 2 Co. 3:6 Agustín adoptó un sistema alegórico modificado. Jerónimo fue el principal responsable por introducir la alegoría dentro de la iglesia Romana, y este asunto después llegó a ser uno de los grandes debates de la Reforma. Lutero, Melanchton y Calvino rechazaron la alegoría por ser subjetiva e incontrolable.

Véase también Interpretación (Bíblica).

David Wallace

Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (19). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

Fuente: Diccionario de Teología

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