La elaboración y empleo del bosquejo

Por muchos años he podido comprobar que la mayoría de los manuales homiléticos no hablan del tema de la elaboración del bosquejo y de su empleo. El énfasis está mayormente en la manera cómo se debe entregar el mensaje por medio del sermón. Estos autores hablan de la mecánica de la homilética. Dan por sobreentendido que los lectores sólo necesitan saber que un sermón en su plan tiene divisiones y subdivisiones. De los libros de homilética el que considera más la elaboración del bosquejo es “Manual de Homilética” escrito por el prolífico autor doctor Samuel Vila. El referido autor nos sugiere una interpretación homilética del texto o textos bíblicos que ha influenciado mi postura homilética. Personalmente recomiendo sin ambages este libro a todos aquellos que estén enamorados de la tarea de la predicación. Es una joya homilética.

  1. La necesidad del bosquejo

Entre la introducción y la conclusión a manera de disyuntiva encontramos el cuerpo del sermón, el esqueleto, el armazón, el bosquejo o cláusulas que ayudarán al predicador a mantenerse en su tema y a comunicar organizadamente.

No basta con tener en un sermón una serie de buenos pensamientos si los mismos no están intercalados y en sucesión al desarrollo del asunto. Cuando estos pensamientos se organizan conforme al pasaje bíblico o al asunto, nace desde luego el bosquejo. El bosquejo es doble: Primero se hace un bosquejo simple con las divisiones o ideas principales (vea la página 97). Segundo se hace un bosquejo ya elaborado con tas subdivisiones. Por lo tanto el bosquejo no es otra cosa sino las divisiones sugeridas por un pasaje bíblico o asunto.

Todo bosquejo consta de divisiones principales y de subdivisiones. Las divisiones principales son como tres avenidas que convergen en un mismo punto. Las subdivisiones son como calles que terminan en una misma avenida.

Las divisiones principales se deben enunciar con números romanos y se deben leer o pronunciar como: primero, segundo tercero o en primer lugar, en segundo lugar. Las subdivisiones se identifican con números (1, 2, 3, etcétera). Las subdivisiones de las subdivisiones llevan letras (a, b, c, etcétera). Es recomendable que hasta donde le sea posible al predicador, éste evitará el tener subdivisiones de las subdivisiones. El bosquejo debe limitarse principalmente a las divisiones (I, II, III, etcétera) y la subdivisiones (1, 2, 3, etcétera).

Hay bosquejos simples que sólo recuerdan al predicador de tres puntos principales, aunque pueden ser menos o más. Los que predican sin notas escritas por lo general en su mente bosquejan las ideas principales y las ilustraciones. Más adelante seré más específico sobre los bosquejos. Ahora deseo considerar la necesidad del bosquejo. ¿Para qué se necesita un bosquejo para predicar? ¿Cuáles son las ventajas del mismo? ¿Ayuda el bosquejo a los oyentes? ¿Puede el Señor o el Espíritu Santo usar a un predicador que predica con bosquejo? Estas interrogantes u otras más que el lector se pueda hacer espero contestarlas en los próximos párrafos.

Primero: El bosquejo ayuda al predicador a comunicar el sermón organizadamente y en secuenciaLa única manera de poder organizar los pensamientos con más efectividad es escribiéndolos. Sin un bosquejo nuestras ideas pierden secuencia y organización. Muy pocos predicadores están dotados de esa capacidad privilegiada de comunicar un sermón homilético sin la ayuda de notas, Para mí hay una diferencia entre la predicación corriente y la predicación homilética. En la primera se dispara sin puntería, en la segunda se dispara con mucha puntería.

He escuchado a muchos predicadores decir: “A mí no me gusta predicar con bosquejo”. La realidad es que no saben hacer bosquejos, o que no se toman el. debido tiempo para preparar un bosquejo, o que no saben usar un bosquejo. El trabajo mayor en la preparación de un sermón está en la elaboración del bosquejo. Para predicar un sermón sobre un pasaje bíblico con pensamientos superficiales, lo más que necesita un predicador es una media hora. El hacer un bosquejo exige una tremenda disciplina, mucho trabajo y muchas horas de inversión. Reto a cualquiera que no crea en usar bosquejos a que los aprenda a preparar, que los aprenda a usar y que no se atreva a predicar sin antes haber dedicado no menos de cuatro horas a la elaboración del sermón.

La falta de organización en las predicaciones se debe precisamente al descuido de los predicadores en no querer bosquejar pensamientos que el Espíritu Santo les lia iluminado a predicar. Hoy día nos encontramos con varias clases de predicadores, que por la falta de usar bosquejos aburren a la audiencia.

  1. El predicador “perdido”

Estos son aquellos que desde que anuncian el título o el tema del sermón hasta que terminan han estado perdidos. Ellos mismos no saben de qué han predicado. Su predicación en vez de ser tres o cuatro puntos coherentes, son veinte o más puntos sin coherencia.

  1. El predicador “alabanza”

En la predicación lo más que hace es predicar estos tres puntos: I. ¡Gloria a Dios!; II. ¡Amén! y III. ¡Aleluya! Lo menos que hace es predicar del texto que ha citado, de comentarlo y de aplicarlo. Por no emplear bosquejos recurre las alabanzas para rellenar su sermón. La razón es que nunca se preparó para predicar.

  1. El predicador “experiencia”

El contenido de sus sermones son sus experiencias. No menoscabamos el valor de las experiencias del predicador en la tarea de la predicación. Pero Dios no nos ha llamado a predicar nuestras experiencias sino a predicar de Su Palabra. Muchas predicaciones no pasan de ser aplausos que el mismo predicador se está dando a sí mismo.

  1. El predicador “visionario”

Aunque cita un pasaje bíblico, le pone un título al sermón. Predica no de lo que Dios está revelando en la Palabra, sino de lo que en su experiencia extática él ve en la congregación. Emplea el tiempo de la predicación en llevar mensajes aislados a diferentes personas. No deseo que el lector tenga la impresión de que rechazo el que Dios pueda usar a un siervo suyo revelándole la necesidad de alguna persona. Pero ésta es la excepción y no la regla en la predicación. Dios, por medio de la predicación y por intermedio del siervo que está predicando habla a su pueblo y a los necesitados.

El bosquejo es de gran ayuda cuando el predicador expone un sermón de carácter ético-moral, doctrinal y apologético. Por la falta de bosquejos muchos “disparates” se han dicho desde un púlpito. Las palabras que salen jamás se vuelven a recoger. Por eso hay que pensar antes de hablar y hablar después de haber pensado. En la preparación del bosquejo el predicador piensa.

Segundo: El bosquejo le ofrece al predicador ciertas libertades al comunicar. El bosquejo no es cadena que ata al predicador, es un medio que le facilita libre y espontáneamente la comunicación del mensaje de Dios. Los predicadores que tienen mucha experiencia usando bosquejos, los emplean tan discretamente que da la impresión que no los están usando. Un bosquejo no es un sermón escrito, siempre ofrece al predicador las libertades de añadir por aquí y de quitar por allá. El predicador tiene que usar el bosquejo y no el bosquejo usar al predicador.

Hay predicadores que en su tarea de la predicación parecen que están exhumando osamenta de un cementerio. Lo que le dan a una audiencia es un saco de huesos, es decir, muchas divisiones y poca carne. Un bosquejo sin aplicación y sin luición es como el valle de los huesos secos vistos por Ezequiel, con aplicación y unción se convierten esos huesos en esqueleto, en cadáver y luego en un poderoso ejército de pensamientos.

El predicador que usa bosquejos tiene ciertas experiencias que lo ayudarán emocionalmente en la tarea de la predicación:

  1. La experiencia de seguridad

La inseguridad en el púlpito es algo que el predicador no puede disimular. Una persona que se ha preparado bien no se siente inseguro cuando le toca predicar.

  1. La experiencia de confianza

La confianza es triple en la tarea de la predicación: Primero, el predicador confía en el Señor. Si lo ha buscado y si ha recibido un mensaje del Señor, si se ha tomado el tiempo para entenderlo y saber cómo explicarlo a otros, eso le dará confianza. Segundo, el predicador necesita confiar en que la congregación recibirá el mensaje que Dios le ha encomendado a él para dar a otros. El necesita tener esa confianza de que no chocará contra paredes de acero. La preparación del bosquejo le ayudará no sólo a tener la piedra del mensaje divino sino a saber cómo usar la honda de la homilética. Tercero, el predicador necesita tener confianza en sí mismo. El haber sacado tiempo para preparar el bosquejo, el haber orado, le dará esa confianza de que Dios lo usará.

  1. La experiencia de haber estado en diálogo con Dios

Mientras se prepara el bosquejo se experimenta una intimidad espiritual con el Espíritu Santo. En cada punto se siente la presencia del Señor. Es como si Dios mismo nos tomara de la mano y nos llevara a pasear por las hermosas praderas bíblicas.

Tercero: El bosquejo ayuda al predicador a recordar ideas que de otra manera las hubiera olvidado. Pocas personas poseen una buena memoria o una mente fotográfica. En su preparación para predicar, aterrizan en la mente del predicador muchos buenos pensamientos que de no enjaularlos volarán como palomas. Con el bosquejo, los predicadores bajamos de la plataforma con el vacío de que dijimos algo que no debimos decir, y que no dijimos todo lo que queríamos decir.

Cuarto: Le permite al predicador mantenerse en su tema, asunto o pasaje bíblico. No hay cosa que canse más a un oyente que escuchar a un predicador “machina”.

Esta clase de predicadores da vueltas y vueltas y no llega nunca al punto, habla mucho y dice muy poco. El clavo está, él tiene el martillo, pero da en todos los lugares menos en la cabeza del clavo. En la predicación se debe tratar un solo asunto principal a la vez. Algunos predicadores hablan de toda la Biblia menos del texto bíblico que citaron y que oraron para que Dios hablara.

Quinto: El bosquejo le será de ayuda al predicador en caso de que éste se exponga a alguna interrupción. Algunas de estas interrupciones son:

  1. Un recién nacido o en niño llorando

Muchas veces en las congregaciones se escuchan a los niños llorando, lo cual interrumpe la predicación. El predicador tiene que detenerse y un diácono o alguien tratará con esta situación. Un bosquejo se puede interrumpir y comenzar en donde se detuvo.

  1. Niños inquietos o jugando

El controlar a los niños es muy difícil especialmente durante la edad de dos a cinco años. Se les escapan a los padres y al rato los vemos corriendo, lo cual es una interrupción. Un predicador que usa bosquejo no pierde el hilo.

  1. Creyentes conversando en el templo

Esto no debiera ocurrir, pero a menudo sucede. Muchas veces los creyentes comentan algo dicho por el predicador que les ha llamado la atención. Aquellos que predican sin bosquejos pueden sentirse descontrolados por algo así. El que emplea bosquejos sigue hacia adelante.

  1. La inquietud por el factor tiempo

Son muchas las congregaciones, especialmente aquellas que son de avivamiento, que al predicador se le entrega el púlpito después que se le da parte a una gran mayoría de hermanos y de visitas. Lo tradicional es escuchar: “Ahora, hermanos, preparémonos para la mejor parte. Dios ahora nos va a hablar”. Este preámbulo es quizás escuchado a la hora cuando la congregación debe estar en pie escuchando la oración de despedida. No bien comienza el predicador, ya a los quince minutos muchos hermanos comienzan a enviarle mensajes para que termine pronto. Por ejemplo se ponen a mirar el reloj, a levantarse de los asientos, a mostrar preocupación por el factor tiempo, a ponerse abrigos o sobretodos y el ministro comienza a dar señales de impaciencia.

  1. Un derramamiento del Espíritu Santo

En las iglesias de avivamiento siempre es de esperarse que el Espíritu Santo pueda dar una bendición especial. Lo dicho en Hechos 10:44 se repite muy a menudo en medio del pueblo de Dios:

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.

El bosquejo ayuda al predicador a continuar desarrollando el sermón una vez terminado el derramamiento espontáneo del Espíritu Santo.

Sexto: Le ayudará al predicador a desarrollar un sermón completo. La falta de notas contribuye a que el predicador a veces se detenga en un solo punto, sin tratar otros puntos coherentes al asunto. El bosquejo siempre le recuerda que no se puede detener mucho en un solo punto, que necesita moverse a otros pensamientos.

  1. Las características del bosquejo

Todo bosquejo se debe caracterizar por ciertos principios. En la homilética siempre se ha usado el esqueleto imagen del bosquejo. No creo que haya otra figura más apropiada que ésta. En el esqueleto se descubre unidad, proporción, simetría, progreso y propósito. Ningún hueso del esqueleto humano está donde está por ocupar un lugar. Lo mismo tenemos que decir de las divisiones de un sermón o bosquejo. Para ser más específico describiré cada una de las características del bosquejo.

  1. Unidad

Aunque un bosquejo pueda tener dos divisiones, tres o más, en realidad el sermón es un solo asunto. Cada división tiene que unirse a la otra en el texto o asunto bajo consideración. Predicadores sin experiencia homilética hacen de las divisiones del bosquejo minisermones lo cual no debe ser. Cada división debe arrojar luz al asunto considerado.

Nos dice Sweazey:

“Aguantar un tema o texto no da necesariamente unidad”.1

Muchos predicadores creen que por repetir el tema, el título o pasaje bíblico tienen unidad en su predicación.

  1. Proporción

El bosquejo le permite al predicador distribuir su tiempo de manera proporcionada a cada división. A menudo encontramos predicadores que le dan mucho énfasis a una división a expensas de las otras. La proporción le da lucidez a la predicación.

  1. Simetría

La simetría no aplica al hecho de tener en cada división el mismo número de subdivisiones. El homileta Juan A. Broadus nos dice:

“Y deben ser las divisiones simétricas. Aun predicadores hábiles reúnen a veces materiales tan incongruentes como lo serían una cabeza humana, un pescuezo de caballo y un cuerpo compuesto de partes de diferentes procedencia y cubierto con plumas de todas clases, y terminado en cola de pescado, según el decir de Homero. Las divisiones todas deben guardar la misma clase de relación con el asunto”.2

Por simetría se quiere decir que una división sea hermana de la otra e hijas de un mismo asunto. Una división no debe ser extraña a la otra sino parecida pero no idéntica. Si el lector consulta mis libros “Bosquejos para predicadores” verá muchos ejemplos de simetría homilética. Sin embargo deseo presentar algunos ejemplos para aclarar lo que he expresado.3

Ejemplo #1

DIEZ LEPROSOS

San Lucas 17:12

  1. La misma enfermedad -“… le salieron al encuentro diez hombres leprosos” (verso 12).
  2. La misma distancia -“… los cuales se pararon de lejos” (verso 12).

III.     La misma petición -“Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros” (verso 13).

  1. La misma receta -“Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.
  2. No hubo la misma gratitud -“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz” (verso 15).

Ejemplo #2

LA MISION INTEGRAL DE JESUS

San Mateo 4:23

  1. Enseñando:
  2. Predicando:

III.     Sanando:

Ejemplo #3

BABEL VERSUS PENTECOSTES

Génesis 11:7; Hechos 2:4

  1. Las lenguas de “Babel”:
  2. Las lenguas de “Pentecostés”:

III.     Las lenguas estáticas en el creyente:

Ejemplo #4

HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS

San Marcos 3:35

  1. Obedeciéndolo:
  2. Siguiéndolo:

III.     Reconociéndolo:

  1. Progreso

El bosquejo se mueve hacia una meta. Plantea el problema pero sugiere y ofrece la solución. Enfoca lo abstracto pero señala lo negativo pero pasa a lo positivo. De lo general dirige la atención a lo particular. Lo complicado se va tornando simple.

  1. Propósito

El bosquejo presenta lo que el sermón quiere hacer. Nos dice Sweazey: “Un sermón a menudo logra muy poco porque el predicador confunde un tópico por un propósito”.4 El bosquejo siempre debe responder al propósito del sermón y del predicador.

III. La elaboración del bosquejo

Los sermones se clasifican dependiendo del texto, textos y asunto temático. Su clasificación conforme a la homilética tradicional es:

* Textual.5 Estos son aquellos que tratan de un solo pasaje bíblico o texto. Aunque bajo esta clasificación entran aquellos sermones que consideran más de un texto, pero bajo una misma unidad. De ese mismo pasaje “emergen” las divisiones, el plan o el bosquejo.

* Temático.6 Estos son aquellos donde las divisiones “emergen” no del pasaje bíblico en su análisis inmediato, sino del tema o asunto que se infiere del mismo.

* Expositivo.7 La homilética tradicional considera el sermón expositivo como aquel que toma en consideración una porción extensa de las Sagradas Escrituras. En este caso las divisiones nacerán de la manera como el predicador desee considerar el pasaje. Muchos homiletas consideran el sermón expositivo como el de más contenido bíblico.

* Mixto.8 En esta clase de sermón hay una combinación de cualquiera de las clasificaciones ya mencionadas. Es decir, se puede predicar un sermón textual-temático, textual expositivo, expositivo-temático.

Por otro lado los sermones se pueden clasificar por su contenido histórico, doctrinal, evangelístico, didáctico, ético-moral, biográfico, apologético, de puntos, de análisis, etcétera. Consideramos algunos de éstos:

* Sermón biográfico.9 Es aquel cuyo propósito está en señalar parcial o completamente los rasgos característicos de algún personaje bíblico. Los muchos personajes bíblicos ofrecen bastante material homilético para los predicadores. Aquellos predicadores que poseen la habilidad natural para dramatizar son muy usados por Dios en este tipo de sermón. Ya que los personajes bíblicos cobran vida delante de una audiencia.

* Sermón evangelístico.10 Es conocido también como el sermón “kerygmático”. Su propósito es más bien el de evangelizar al oyente confrontándolo con la realidad del plan salvador de Dios en la persona del Logos eterno, Jesucristo. Todo sermón debe ser evangelístico en su aplicación.

* Sermón ético-moral.11 Es de un carácter situacional en cuanto a la conducta y deberes morales. El creyente es retado a vivir en un estado moral en armonía con los principios divinos y en su trato con su prójimo.

* Sermón doctrinal.12 Todo sermón de una manera u otra, resalta una o.más doctrinas cristianas. Pero el sermón doctrinal se enfoca exclusivamente en el análisis y aplicación de alguna doctrina cristiana, tal como está revelada por Dios en la Biblia.

* Sermón apologético.13 En los siglos II y III la apología caracterizaba la tarea de la predicación. El propósito de este tipo de sermón es argumentar lógica y bíblicamente en favor de los principios fe y doctrinas cristianas, con la finalidad de presentarlas y defenderlas.

* Sermón didáctico.14 Es de un carácter pedagógico. La verdadera predicación es también enseñanza. Pero esta clase de sermón es analítico, exegético e informativo. Está bien documentado y lógico en su exposición.

* Sermón de puntos.15 Muchos han tratado de clasificar los sermones por el número de puntos. A eso se deba a que hablen del sermón de dos puntos, tres y cuatro puntos. Considero que el número de puntos es algo arbitrario con el estilo del predicador, el asunto a ser tratado, la porción bíblica y la habilidad homilética del predicador.

* Sermón mixto. Este es aquel que combina las características de dos o más de los ya explicados. Muy rara vez un sermón será de una caracterización independiente y única. Por decirlo así, un sermón biográfico se puede combinar con un sermón evangelístico. Aunque es un solo sermón goza de una doble caracterización en su contenido. Un sermón apologético se puede combinar con uno didáctico y aun con otro doctrinal.

La homilética tradicional ha complicado tanto la tarea de la predicación, que en vez de ser ésta una llave para los predicadores, se ha convertido en un candado de combinaciones. Sin embargo en la tarea de preparar bosquejos es imprescindible echar mano de las etiquetas empleadas para la clasificación de los sermones conforme a su base textual y a su contenido.

Los bosquejos nacen del pasaje bíblico mismo, del tema o asunto, o de alguna palabra, frase o frases del mismo texto. Las divisiones se pueden expresar en forma de preguntas o interrogaciones, a manera de retórica y de manera lógica. La forma más corriente es la consideración directa del pasaje, citando palabras o frases del mismo texto. A continuación quiero presentar algunos ejemplos de estas clases de divisiones.16

Ejemplo #1

“¿QUIEN SOY YO?”

Exodo 3:11

Divisiones interrogativas

  1. ¿Quién soy yo como individuo?
  2. ¿Quién soy yo como padre o madre?

III.     ¿Quién soy yo como cristiano?

Ejemplo #2

BUSCANDO COMPAÑIA PARA TODA UNA VIDA

Génesis 24:64–67

Divisiones interrogativas

  1. ¿Por qué quiero tener novia (o)?
  2. ¿Cómo saber si el noviazgo persigue fines serios?

III.     ¿Cómo se puede saber si el noviazgo está en (o) fuera de la voluntad de Dios?

Ejemplo #3

VENCIENDO LAS AFLICCIONES

  1. Juan 16:33

Divisiones retóricas

  1. Un lugar – “En el mundo ….”
  2. Una advertencia – “.… tendréis aflicción”

III.     Una esperanza – “… pero confiad ….”

  1. Un ejemplo – “… yo he vencido al mundo”.

Ejemplo #4

“POR OTRO CAMINO”

San Mateo 2:12

Divisiones retóricas

  1. La revelación: “Pero siendo avisados por revelación en sueños …”
  2. El propósito: “… que no volviesen a Herodes …”

III.     El resultado: “Regresaron a su tierra por otro camino”.

Ejemplo #5

EL PELIGRO DE NO GUARDAR SECRETOS

Jueces 16:17

Divisiones lógicas

  1. Sansón jugó mucho con su secreto (Jueces 15:4–15):
  2. Sansón reveló su secreto (Jueces 16:17):

III.     Sansón perdió su poder espiritual (Jueces 16:19–25).

Ejemplo #6

LAS MIGAJAS

San Marcos 7:28

Divisiones lógicas

  1. Las migajas hablan de conformidad:
  2. Las migajas hablan de paciencia:

III.     Las migajas hablan de humildad:

A continuación presentaré algunos métodos de cómo elaborar bosquejos para sermones textuales, temáticos o expositivos.

* Bosquejo textual-ilativo. La interpretación homilética enfoca directamente el texto, dividiendo el mismo en las frases naturales que éste sugiere o implica. En otras ocasiones presta atención a algunas palabras del mismo texto, las cuales sugieren el bosquejo. Los siguientes ejemplos le darán al lector una idea de lo que he expresado.17

Ejemplo #1

ENTRANDO AL NUEVO AÑO CON ENTUSIASMO

Filipenses 3:13

  1. Pero una cosa hago”:
  2. Olvidando ciertamente lo que queda atrás”:

III.     “Y extendiéndome a lo que está delante”:

Ejemplo #2

DANDO GRACIAS POR EL MINISTERIO

1 Timoteo 1:12

  1. “Doy gracias al que me fortaleció …”
  2. “A Cristo Jesús nuestro Señor …”

III.     “Porque me tuvo por fiel …”

  1. Poniéndome en el ministerio”.

* Bosquejo textual-analítico. Muchas veces el método ilativo no responde a las necesidades que el predicador quiere considerar. En este caso después de enfocar el pasaje ilativamente, el predicador escribe alguna palabra, frase u oración a cada una de sus partes. El método analítico puede ser presentado con el sistema interrogativo, retórico y lógico, el cual ya tratamos. La declaración analítica puede ir antes de la cláusula ilativa del texto o después de la misma.18

Ejemplo #1

“VOSOTROS ME LLAMAIS MAESTRO”

  1. Juan 13:13
  2. La definición del maestro, “me llamáis Maestro …”:
  3. La opinión del discípulo, “y decís bien”:

III.     La autorrealización del Maestro, “porque lo soy”:

Ejemplo #2

EL LIDER COMO MODELO

Gálatas 4:12

  1. La súplica: “Os ruego, hermanos …”:
  2. La petición: “Que os hagáis como yo …”

III.     La razón: “Porque yo también me hice como vosotros …”:

* Bosquejo textual o analítico-invertido. La mayoría de los predicadores en ocasiones ven que la secuencia y orden del texto, no es como ellos los quieren considerar. En este caso el predicador tiene la opción de invertir el orden del pasaje sea éste ilativa o analíticamente.

Recordemos que las divisiones o plan del sermón deben responder a un orden lógico y progresivo. Los ejemplos que les vuelvo a presentar al igual que todos los anteriores han sido escritos por mí.19

Ejemplo #1

ONESIMO

Filemón 10–11

  1. Onésimo le robó a su amo (verso 18).
  2. Onésimo huyó de su amo (verso 15).

III.     Onésimo regresó a su amo (verso 17).

Ejemplo #2

EL HERMANO DEL PRODIGO

  1. Lucas 15:28
  2. Tipo del creyente fiel (verso 29):
  3. Tipo del creyente que se enoja (verso 28):

III.     Tipo del creyente que tiene que aprender a perdonar (versos 31 al 32):

* Bosquejo temático-textual. El tema está claro y visible en el texto. Las divisiones arrojarán luz al referido tema. Las mismas se pueden enunciar a manera interrogante, retórica o lógica.20

Ejemplo #1

LA FAMILIA DE LA FE

Gálatas 6:10

  1. Es santa:
  2. Es unida:

III.     Es cuidadosa:

Ejemplo #2

LA AUTOJUSTIFICACION

San Lucas 6:42

  1. Nos impide vernos a nosotros mismos:
  2. Nos impide ver a otros:

III.     Se repele con la presencia de Dios:

* Bosquejo temático – doctrinal. La doctrina a considerarse está sugerida en el texto. Por lo tanto, esa doctrina viene a ser el tema inmediato a ser considerado. Pero ese tema nacerá de la luz que le es arrojada por el mismo texto, pudiendo considerarse dicha doctrina en otros pasaje bíblicos. Las divisiones se pueden expresar retórica, lógicamente, interrogativa o mixta.21 Comúnmente se le conoce a esta clase de sermón como el temático-doctrinal. Los predicadores conferencistas emplean mucho este método.

Ejemplo #1

EL REGALO DE LA VIDA ETERNA

San Juan 4:14

  1. Viene de Dios:
  2. Es dado en la persona de Jesús:

III.     Es gratuito:

Ejemplo #2

EL AMOR ES SUFRIDO

San Lucas 22:63–65

  1. Jesús rechazado:
  2. Jesús traicionado:

III.     Jesús vituperado:

* Bosquejo temático-independiente. El texto se usa como base a la exposición. El contenido del sermón no depende de la consideración temática textual o temática doctrinal. Las divisiones surgen de manera sintética sin ninguna relación al texto, pero sí al tema que el predicador tiene en mente.22

Ejemplo #1

EL CRECIMIENTO

  1. Marcos 4:28
  2. Es excitante:
  3. Es experimental:

III.     Es gradual:

Ejemplo #2

PABLO TUVO DECEPCIONES

2 Corintios 11:29

  1. Demas lo desamparó (2 Timoteo 4:10):
  2. Alejandro, el calderero, le causó muchos males (2 Timoteo 4:14):

III.     La iglesia que fundó en Corinto lo menospreció:

* Bosquejo expositivo-ilativo. Las divisiones surgen de declaraciones textuales del pasaje. La diferencia entre el bosquejo textual ilativo y el expositivo ilativo, es que el primero considera las divisiones naturales del texto tratado, y éste considera las divisiones naturales de varios textos que están continuos en un mismo pasaje.23

Ejemplo #1

DANDO GRACIAS AL CREADOR

Salmo 100:4

  1. En el cántico – “Cantad alegres …” (verso 1):
  2. En el servicio – “Servid a Jehová con alegría …” (verso 2):

III.     En el reconocimiento – “Reconoced que Jehová es Dios …”(verso 3):

  1. En la adoración – “Entrad por sus puertas …” (verso 4):

* Bosquejo expositivo-ilativo-analítico. Aquí se sigue el mismo proceso del bosquejo textual ilativo analítico. El bosquejo es un ejemplo de esto.

* Bosquejo expositivo-ilativo o analítico invertido. Se aplica el mismo proceso del bosquejo textual ilativo o analítico invertido.

* Bosquejo expositivo-temático. El homileta descubre en el pasaje un tema central el cual lo conecta al resto del pasaje. Las divisiones nacerán de dicho tema desde los diferentes versículos. El tema en este caso nace incidentalmente del pasaje bíblico.24

Ejemplo #1

EL LIBRO PECULIAR

San Juan 5:39

  1. La Biblia es peculiar en su contenido:
  2. La Biblia es peculiar en su propósito:

III.     La Biblia es peculiar en su interpretación:

De lo antes expuesto hemos aprendido que las divisiones principales se tienen que elaborar primero. Una vez que el predicador tiene estas divisiones se puede mover a desarrollar las subdivisiones.

El propósito de las subdivisiones es ampliar, desarrollar y explicar las divisiones principales. Cada división se debe ir desarrollando con sus subdivisiones, antes que el predicador se mueva al desarrollo de las otras. Reitero, primero se elaboran las divisiones principales, luego se elaboran por separado cada una de las divisiones principales por medio de subdivisiones.

Así como en un sermón puede haber dos o más divisiones, también el número de subdivisiones puede variar de una división a otra. Para ser más claro, en una división puede haber dos subdivisiones. Pero en otra división del mismo sermón puede haber cuatro o más subdivisiones.

Por otra parte, las subdivisiones pueden dar lugar a la vez a subdivisiones. Pero el predicador debe evitar en todo lo posible las subdivisiones de las subdivisiones.

A este proceso de divisiones les podemos nombrar como divisiones principales (ej. I, II, III); divisiones secundarias (1, 2, 3, 4); y divisiones terciarias (a, b, c).

El predicador debe siempre enunciar sus divisiones principales, pero no las subdivisiones. Hay casos particulares cuando el predicador necesitará mencionar en orden numérico las subdivisiones de alguna división. Esta es la excepción pero no la regla. De igual manera no siempre se tienen que mencionar las divisiones principales, sino desarrollarlas durante la exposición.

Entre una división principal ya desarrollada al comienzo de otra división principal, el predicador construirá puentes conexivos. Por ejemplo: “Pasemos ahora a considera la segunda cláusula de este sermón”. “Les invito a la segunda reflexión”. “Ahora entramos al tercer argumento de este sermón”.

Se deben evitar frases como éstas: “Miremos este otro punto”. “Escuchen este tercer punto”. “Aquí vemos también …” “Si me permiten les diré algo más”. “Otra vez quiero enfatizar otro punto”. Esa idea de hablar de “puntos” en la homilética ya está arcaica.

BOSQUEJO

Introducción:

La mayoría de los manuales homiléticos no tratan el tema de la elaboración del bosquejo y de su empleo. En esta exposición analizaremos: Primero, la necesidad del bosquejo. Segundo, las características del bosquejo. Tercero, la elaboración del bosquejo.

  1. La necesidad del bosquejo

El bosquejo es doble, primero se hace un bosquejo simple con las divisiones o ideas principales, segundo se hace un bosquejo ya elaborado con las subdivisiones.

Todo bosquejo consta de divisiones principales y de subdivisiones.

  1. El bosquejo ayuda al predicador a comunicar el sermón organizadamente y en secuencia. Hoy en día nos encontramos con varias clases de predicadores que por la falta de usar bosquejos aburren a la audiencia.
  2. El predicador “perdido”. Este desde que anuncia el título o tema del sermón hasta que termina está perdido.
  3. El predicador “alabanza”. Por no emplear bosquejos recurre a las alabanzas para rellenar su sermón.
  4. El predicador “experiencia”. El contenido de sus sermones son sus experiencias.
  5. El predicador “visionario”. Predica no de lo que Dios está revelando en la Palabra, sino de lo que en su experiencia extática él ve en la congregación.
  6. El bosquejo le ofrece al predicador ciertas libertades al comunicar.
  7. La experiencia de seguridad.
  8. La experiencia de confianza.
  9. La experiencia de haber estado en diálogo con Dios.
  10. El bosquejo ayuda al predicador a recordar ideas que de otra manera las hubiera olvidado.
  11. Le permite al predicador mantenerse en su tema, asunto o pasaje bíblico.
  12. El bosquejo le será de ayuda al predicador en caso de que éste se exponga a alguna interrupción.
  13. Le ayudará al predicador a predicar un sermón completo.
  14. Características del bosquejo

En la homilética siempre se ha usado el esqueleto como imagen del bosquejo. En el esqueleto se descubre unidad, proporción, simetría, progreso y propósito.

  1. Unidad. El sermón es un solo asunto.
  2. Proporción. El bosquejo le permite al predicador distribuir su tiempo de manera proporcionada a cada división.
  3. Simetría. Por simetría se quiere decir que una división sea hermana de la otra e hijas de un mismo asunto.
  4. Progreso. El bosquejo se mueve hacia una meta.
  5. Propósito. El bosquejo presenta lo que el sermón quiere hacer.

III. La elaboración del bosquejo

  1. Los sermones se clasifican dependiendo del texto, textos y asunto temático.
  2. Textual. Trata de un solo pasaje bíblico o texto. Las divisiones “sangran” del mismo.
  3. Temático. Las divisiones “sangran” del tema o asunto inferido.
  4. Expositivo. Toma en consideración una porción extensa de las Sagradas Escrituras.
  5. Mixto. Es una combinación textual-temática, textual-expositiva o expositivo-temático.
  6. Los sermones se clasifican por su contenido o carácter.
  7. Biográficos. Señala parcial o completamente los rasgos de algún personaje bíblico.
  8. Evangelístico. Se le llama también “kerygmático”. Todo sermón debe ser evangelístico en su aplicación.
  9. Etico-moral. Es de carácter situacional en cuanto a la conducta y deberes morales.
  10. Doctrinal. Se enfoca exclusivamente en el análisis y aplicación de alguna doctrina cristiana.
  11. Apologético. Argumenta lógica y bíblicamente a favor de los principios de fe y doctrinas cristianas.
  12. Didáctico. Es analítico, exegético e informativo.
  13. De puntos. Muchos clasifican el sermón por el número de puntos.
  14. Mixto. Combina las características de dos o más de los mencionados.
  15. Los bosquejos nacen o sangran del pasaje bíblico mismo, del tema o asunto o de alguna palabra, frase o frases del mismo texto. Las divisiones se pueden expresar en forma de preguntas, retórica o lógicamente. La forma más corriente es la consideración directa del pasaje citado, palabras o frases del mismo.
  16. Bosquejo textual-ilativo. Se enfoca directamente en el texto, dividiendo el mismo en las frases naturales que éste sugiere.
  17. Bosquejo textual-analítico. Después de enfocarse el pasaje ilativamente, el predicador escribe alguna palabra, frase u oración a cada una de sus partes. La declaración analítica puede ir antes de la cláusula ilativa del texto o después de la misma.
  18. Bosquejo textual-analítico-invertido. El predicador tiene la opción de invertir el orden del pasaje sea ilativa o analíticamente.
  19. Bosquejo temático-textual. Las divisiones arrojan luz al tema del texto.
  20. Bosquejo temático-doctrinal. El tema “sangrará” de la luz que le es arrojada por el mismo texto, pudiendo considerarse dicha doctrina en otros pasajes bíblicos.
  21. Bosquejo temático-independiente. Las divisiones surgen sintéticamente sin relación al texto, pero sí al tema que el predicador tiene en su mente.
  22. Bosquejo expositivo-ilativo. Aquí se consideran las divisiones naturales de varios textos que están continuos en un mismo pasaje.
  23. Bosquejo expositivo-ilativo-analítico. Sigue el mismo proceso del bosquejo textual-ilativo-analítico.
  24. Bosquejo expositivo-ilativo o analítico-invertido. Se aplica el mismo proceso del bosquejo textual-ilativo o analítico-invertido.
  25. Bosquejo expositivo-temático. Las divisiones “sangrarán” del tema desde los diferentes versículos.
  26. De lo antes expuesto aprendemos que las divisiones principales se tienen que elaborar primero. Una vez realizado esto, se desarrollan las subdivisiones.
  27. Así como en un sermón pueden haber dos o más divisiones, también el número de subdivisiones pueden variar de una división a otra.
  28. En un bosquejo se deben evitar las subdivisiones de las subdivisiones.
  29. El predicador debe enunciar las divisiones principales, pero no las subdivisiones.
  30. El predicador construirá puentes conexivos de una división principal a la otra.

Conclusión: La elaboración y empleo del bosquejo es ya medio sermón predicado. Bienaventurado el predicador que se prepara bien para predicar bien.

1 George E. Sweazey, Preaching The Good News. Prentice Hall: New Jersey, p. 75.

2 Juan A. Broadus, Tratando sobre la predicación. Casa Bautista de Publicaciones, pp. 177–178.

3 Kittim Silva, Bosquejos para predicadores, Vol. II. Editorial CLIE, pp. 73–74; 215–216; 31–32; 165–166. Aquí podrá leer los bosquejos en su totalidad.

4 Sweazey, ob. cit., p. 74.

5 Kittim Silva, Bosquejos Para Predicadores, Vol. I, pp. 193–194.

6 Ibid., pp. 115–116.

7 Ibid., pp. 179–184.

8 Ibid., pp. 243–244.

9 Bosquejos para predicadores, Vol. II, pp. 154–155.

10 Ibid., pp. 119–120.

11 Bosquejos para predicadores, Vol. I, pp. 263–264.

12 Ibid., pp. 219–221.

13 Ibid., pp. 367–370.

14 Ibid., pp. 375–381.

15 Clarence S. Roddy. Diccionario de la predicación: Homilética, p. 23.

16 Bosquejos para predicadores, Vol. I., pp. 137–138; 247–250; 146–149; 294–296; 117–118; 125–126.

17 Ibid., pp. 31–32; 257–258.

18 Ibid., pp. 66–67; 259–260.

19 Bosquejos para predicadores, Vol. II, pp. 297–298; 113–114.

20 Ibid., pp. 203–204; 193–194.

21 Ibid., pp. 135–136; 89–90.

22 Ibid., pp. 97–98; 305–306.

23 Bosquejos para predicadores, Vol. I, pp. 43–44.

24 Ibid., pp. 51–52.

Silva, K. (1995). Manual práctico de homilética (73). Maimi, Florida: Editorial Unilit.

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