Las técnicas para comunicar con éxito

En el presente capítulo deseo analizar y explicar algunas técnicas de comunicaciones. Recuerdo en una ocasión mientras formaba parte de una junta de directores, que uno de nuestros colegas trató de que aceptáramos una moción que presentó. La misma fue rechazada por unanimidad sin mucha discusión. En esa misma reunión, con minutos de diferencia, otro miembro de la junta pidió la palabra, presentó la misma idea y por unanimidad fue aprobada. ¿Qué produjo el cambio de opinión en dicha junta? La diferencia entre mis dos colegas fue que el primero no supo comunicar dicha idea con efectividad. No nos convenció. Nos despertó dudas. No vimos la importancia de llevar a cabo dicho proyecto. El segundo fue diferente, se mostró muy entusiasta. Nos demostró la necesidad de dicho proyecto. Nos hizo creer que el mismo funcionaría. Nos presentó los beneficios que tendríamos si lo llevábamos a la realización. Yo fui el primero en quedar convencido.

Por muchos años fui agente de seguros de la prestigiosa compañía John Hancock Mutual Life Insurance. Mi salario estaba basado en las comisiones que recibía de la venta de seguros. Yo determinaba cuánto ganaba. El factor tiempo no era lo determinante de mi salario. ¿Sabe qué era lo determinante? La manera en que yo pudiera comunicar a las personas la necesidad y las ventajas de tener los beneficios de un seguro de vida. Antes de vender el producto tenía que vender la idea. Esa idea se filtraba a través de mi personalidad. El orden de prioridades que se nos enseñaba era: Primero, el cliente. Segundo, el agente. Tercero, la compañía. Los agentes en la práctica invierten esto: Primero, el agente. Segundo, la compañía. Tercero, el cliente. El asunto era que el cliente tenía que sentir que él o ella eran primero que el agente.

Los buenos comunicadores son aquellos que venden la idea antes que el proyecto. Descubren una necesidad y procuran llenarla como nos enseña el doctor Robert Schuller. Antes de “parir” la idea se embarazan de ella primero. Quien no cree algo no podrá convencer a otros para que lo crean. Recuerdo que como agente de seguros una de las primeras preguntas que una persona me hacía era: ¿Tiene usted seguro con esta compañía? Otra pregunta que se me hacía a menudo era: Si usted estuviera en mi lugar, ¿qué seguro de los que ofrece la compañía adquiriría?

En este capítulo, la meta que persigo es tratar de la comunicación en general y no solamente desde el punto de vista “kerygmático”. Las relaciones humanas giran en torno a las comunicaciones. Deténgase un momento, mire en derredor suyo, a su familia, los compañeros de trabajo, la televisión, el diario, la congregación a la cual asiste … El más alto porcentaje de nuestra vida está ocupado por las comunicaciones. Esto nos indica cuán importante es saber cómo, dónde y cuándo comunicar. A continuación estaré presentando algunas sugerencias que ayudarán a los comunicadores a hacerlo con éxito:

El comunicador debe ser original. La originalidad se manifestará tanto en su voz como en su estilo. En todo el mundo no hay una persona exactamente igual a usted o a mí. Dios nos ha hecho muy singulares. Es en esa diferencia que tenemos la ventaja de comunicar como nadie más podría comunicar. No pretendamos ser otros. No imitemos a otros. No seamos copias humanas de otros. Seamos nosotros.

El comunicador debe revelar confianza al hablar. El orador mostrará calma, confianza y seguridad cuando habla. El nerviosismo y el titubeo es algo que se detecta fácilmente. Un vendedor nervioso y titubeante entrará a muchos lugares con su producto y saldrá con el mismo.

El comunicador debe tener confianza en Dios, en sí mismo, en el que le escucha, en que domina su tema, en que podrá comunicar, en que será escuchado, en que otros apreciarán lo que dirá, en que hará lo mejor que pueda.

El comunicador debe estar bien preparado para hablar. Debe haber estudiado bien su tema y tener sus notas bien organizadas. El pararse a hablar frente a un auditorio sin preparación es una falta de respeto al mismo. Esto es algo que no se puede disimular a una audiencia.

El comunicador debe dejarse ver por los oyentes. Muchos oradores piensan que no deben subir a la plataforma sino hasta el momento de hablar, ya que de esta manera piensan que crearán un clímax de expectación entre la audiencia. No creo que esto sea apropiado. La presencia del orador frente a la audiencia ayudará a calmar toda tensión y curiosidad.

El comunicador debe preparar bien sus notas antes de hablar. Esto incluye ajustar el soporte del micrófono. No se debe poner a repasar sus notas delante de los oyentes. Ya que al hacer esto, le dará la sospecha a la audiencia de que éste no está bien preparado o se siente intimidado. Cuando llegue al púlpito debe tener sus notas ya preparadas.

El comunicador debe mirar a sus oyentes. Esta es un área donde los oradores tímidos tienen que trabajar y superarse. La vista en la comunicación es de vital importancia. Una mirada muchas veces comunica más que muchas palabras. El contacto visual hace la comunicación más personal.

El comunicador debe comenzar a hablar sin referirse a las notas. Esto producirá un diálogo amistoso e íntimo entre orador y oyente. Además ayudará a ambos a relajar la tensión que produce los primeros minutos entre orador y audiencia. La introducción y la conclusión en un discurso o sermón es algo que un orador no debe leer.

El comunicador debe hablar a sus oyentes. El orador debe dar la impresión de ser espontáneo. Es decir, mover a los oyentes. La única manera es hablando con ellos. Ellos tienen que estar en diálogo con el orador. Así se producirá un intercambio intelectual, emotivo, afectivo y espiritual. Muchas veces he escuchado a oradores que me han dejado con la impresión de que me estaban hablando a mí. ¿Ha tenido usted esa experiencia?

El comunicador debe recurrir ocasionalmente a sus notas. Las notas se deben usar cuando se necesitan. Muchos oradores desarrollan el mal hábito de depender demasiado de sus notas. Hasta pensamientos sencillos y simples los tienen que leer. El mirar ocasionalmente las notas le ofrece cierto grado de autoridad al orador. Se debe cultivar la habilidad de mirarlas y luego decirlas mirando a los oyentes. Pero no decirlas mientras está leyendo.

El comunicador debe evitar cortar sus pensamientos. Debe evitar toda clase de muletillas al estar hablando. También hay malos hábitos que deben ser corregidos cuando se está comunicando. Las “muletillas” son empleadas por los comunicadores para buscar ideas. El estar carraspeando la garganta es algo que desagrada a los oyentes.

El comunicador debe mantener una postura apropiada. Un orador parado derecho y con su cabeza erguida representa autoridad. El estar recostándose en el púlpito o el atril demuestra cansancio, debilidad o falta de entusiasmo. Lo irónico es que muchas de las posturas de los oradores se transmiten a los oyentes. ¿Se ha dado usted cuenta de que cuando una persona bosteza, otros también se contagian?

El comunicador debe ser natural en los gestos. A través de los gestos se comunica. En el diccionario se define gesto como: “expresión del rostro según los afectos del ánimo”. Una persona muy seria tendrá una audiencia seria. Una persona que sonríe tendrá oyentes sonrientes. Nuestros gestos se contagian. Un buen comunicador sabe cómo influenciar sobre otros por medio de los gestos. Los buenos vendedores son aquellos que saben sonreír.

El comunicador debe superar su nerviosiosimo. El nerviosismo se supera descubriéndolo. El orador debe responder a estas tres preguntas sobre el nerviosismo: ¿Por qué estoy nervioso? ¿Cómo puedo dejar de estar nervioso? ¿Qué necesito hacer ahora mismo para tener la victoria sobre el nerviosismo? Ante un auditorio se debe mostrar una actitud positiva y actuar como si no estuviera nervioso. Si es la audiencia la que lo pone nervioso debe mirarla bien. Si es otro orador que está en la audiencia o en la plataforma, lo debe mirar bien y decirse para sus adentros: “Tu presencia no me intimida. No tengo que ponerme nervioso porque estás aquí”.

El comunicador debe dar la impresión de que se está gozando cuando habla. En el área de Nueva York, la doctora Leo Rosado Rosseau es muy popular como predicadora. La conozco personalmente. Lo que siempre me ha llamado la atención de ella como comunicadora, es que cuando habla se goza en lo que está diciendo. Las audiencias son como radares, detectan cuando el orador experimenta lo que está diciendo.

El comunicador debe saber disimular sus errors. Si comete un error continúe con naturalidad y corríjalo tan pronto tenga la oportunidad. El exponer y revelar un error le puede afectar su discurso. Muchos de los oyentes no se dan cuenta de los errores de los oradores. Por uno o dos oyentes no se debe arruinar un discurso. Al declarársele el error, ellos se El comunicador debe emplear las ayudas visuales efectivamente. Las ayudas visuales deben estar bien organizadas. Nunca se le debe dar la espalda a una audiencia mientras se están explicando las gráficas, láminas o diapositivas. No se deben usar las manos para señalar algo, lo correcto es emplear los punteros. No se debe hablar a las láminas sino a los oyentes.

El comunicador debe hablar con volumen. El que está sentado en el último asiento desea escuchar al orador así como el que está en el primer asiento. Desde luego con esto no quiero decir que se aumente el volumen del amplificador al extremo de afectar el oído de muchos oyentes.

El comunicador cuando termina de hablar debe abandonar la plataforma con confianza. Muchos arruinan su discurso o sermón metiéndole la daga de las excusas por la espalda. Hay que regresar al asiento con entusiasmo. No se preocupe por lo que dijo que no quería decir, o por lo que no dijo que quería decir. Los oradores con experiencia siempre al final de los discursos tenemos la sensación de no haber dicho lo que queríamos, en la manera como queríamos y cuando queríamos. Pero la experiencia nos ha enseñado a superar esta laguna. Antes de decir algo que pueda afectar su discurso, mejor cállese la boca y tendrá más éxito.

No se aleje del púlpito o podio muy rápido. El orador debe recoger sus notas y regresar a su asiento como llegó. Cuando llegue al asiento no se ponga a hablar con nadie, ni a darle las manos a nadie. Si se adelantan a felicitarlo y a darle las manos responda amablemente.

Una vez que llegue a su lugar, si es un predicador se puede arrodillar y dar gracias al Señor por haberle usado. Yo acostumbro sentarme y bajar la cabeza y así le expreso al Señor Jesucristo mi más profundo agradecimiento por haberme bendecido en la predicación. Al hacerlo de esta manera presento una imagen no tradicional de reverencia al Creador, donde la audiencia tiene la oportunidad de observar mi rostro en esta postura.

El comunicador debe estar consciente de aquellas áreas en su vida que necesitan ser mejoradas. Debemos admitir a otros lo que sabemos y lo que no sabemos. Esto no significa que nos estaremos rebajando o restándonos a nosotros mismos. Pero sí significa que no exageraremos, ni aumentaremos a muchas cosas de nosotros, con el propósito de impresionar a los demás.

El comunicador no debe estar siempre repitiendo lo mismo. Las introducción y las conclusiones no pueden ser estereotipadas. Las personas y grupos son diferentes. La ilustración que tuvo éxito con alguien, quizás no lo tenga con otro.

El comunicador debe observar a sus oyentes. Muchas veces alguno de los oyentes se distrae por algo. La hora los puede preocupar. El que alguien mueva la cabeza no es señal de que está de acuerdo con el comunicador. La meta del comunicador no es simplemente ser oído sino ser escuchado. Para ser escuchado necesita tomar y mantener la atención del oyente.

El comunicador debe ser paciente. Cuando comunicamos no debemos molestarnos si el oyente no capta a nuestra misma velocidad. Todo buen comunicador procura adaptar su velocidad al paso de retención de los demás.

El comunicador debe mostrar consideración hacia los oyentes. El tomar más del tiempo debido es una falta de consideración a los oyentes. El estar regañando y criticando a los oyentes es algo que enfada y se debe evitar.

El comunicador debe ser claro en sus ideas. Cuando alguien entiende lo que decimos hay comunicación. La mala interpretación viene como resultado de una pobre comunicación. El comunicador busca ser entendido. De lo contrario se dirá lo que él o ella nunca dijeron.

El comunicador debe emplear un vocabulario fácil de ser comprendido. Hay que comunicar dentro del contexto cultural, académico, religioso, profesional y social de nuestros oyentes. Las palabras bien escogidas son ruedas que transportan una buena comunicación. No es lo que decimos, sino cómo lo decimos.

El comunicador debe ser agradecido. Haga a otros sentirse bien y verá cómo se los gana. Una cosa tan simple como el dar gracias, aceita la comunicación. A todos nos gusta tratar con personas agradecidas. Si usted todavía no ha tratado la técnica de dar gracias, le aconsejo que la comience a emplear. En pocos días verá cuán popular se hará. Las gracias se pueden expresar verbalmente, por escrito, por medio de un regalo y por medio de algún reconocimiento. Aprenda a dar gracias y será apreciado por los demás.

El comunicador debe controlar su temperamento. Cuando nos alteramos, otros responderán a nosotros alterados. El estar gritando para ser oídos es falta de madurez. Muchos discursos se han arruinado por el temperamento del que comunica.

El comunicador debe ser persuasivo. La persuasión es la llave para que alguien pueda hacer las cosas bien y en el tiempo requerido. El que es persuadido se siente comprometido consigo mismo a hacer algo en una base voluntaria.

El comunicador debe tener cuidado con hablar en broma. Muchas personas toman todo literal. No sugiera en bromas cosas que otros pudieran creerlas. Si dice algo que no es en serio, aclárelo.

El comunicador debe estar seguro de los hechos. Cuando diga algo que no pueda documentar, le podría acarrear problemas y dificultades. La buena documentación refuerza la comunicación. Si no está seguro de algo, por favor no lo diga.

El comunicador debe aprender a mostrarse interesado en lo que otros dicen. En casi todas las juntas siempre encontramos a uno de esos que parecen “motores apagados”. No motivan a los demás. Se muestran muy desinteresados. ¿Ha tenido usted la experiencia de estar diciendo algo a otra persona y súbitamente sin dejarla terminar la interrumpe para hablar de otra cosa? A esa persona no le interesaba lo que usted decía. De seguro usted tampoco se interesará en lo que esa persona quiera decirle.

El comunicador no debe exagerar. El hablar hiperbólicamente para llamar la atención de los oyentes es para mí algo impropio. El inflar cifras o hacer las experiencias más sensacionales se debe evitar. Un buen comunicador con la verdad siempre llegará al corazón de sus oyentes.

El comunicador debe evitar hablar con estereotipos o generalizaciones. El estar ofendiendo a un grupo produce tensión y rechazo. Por otro lado el estar encomiando es algo que despierta sospechas hacia el comunicador. Por una persona no se puede culpar a todo un grupo haciendo una generalización. Hay que evitar hablar despectivamente de ciertos grupos étnicos.

El comunicador debe pensar antes de hablar. Muchos hablan y después piensan en lo que hablaron. Un famoso predicador norteamericano dijo que si para cierta fecha no recibía tal cantidad de dinero el Señor se lo llevaría. Sus palabras fueron tomadas muy literalmente, aunque no negamos que esa haya sido la intención de dicho ministro. Pronto fue blanco de enconados ataques y críticas de parte de los medios de comunicación. Lógicamente, cuando llegó la fecha de esa supuesta revelación, la fantástica cantidad ya había sido levantada. El propósito para el cual estos fondos se levantaron es algo digno de ser encomiado, pero el procedimiento fue muy presuncioso. Sobre la presunción léase Deuteronomio 18:19–22.

El comunicador debe aprender a escuchar a los demás. Cuando se rechaza lo que otros dicen, la comunicación se apaga. Deje a otros hablar y expresarse. La gente tiene derecho a ser oída. Aprenda también a escuchar. Dios nos dio una sola boca, pero dos oídos. ¿Sabe por qué? Porque debemos escuchar más de lo que hablamos.

El comunicador debe respetar las decisiones de otros. La gente tiene derecho a tomar decisiones. No obligue técnicamente a nadie a decirle que sí. Deje que esa persona exprese su sentir personal. Yo conozco a varios líderes que empujan demasiado. Trato de mantenerme los más alejado posible de ellos. A largo plazo los demás se cansan.

El comunicador debe ser preciso y llegar adonde quiere. No tome más del tiempo necesario para explicar o decir algo. Los oyentes se cansan de esta clase de comunicadores. Ellos por lo general comienzan con un buen grupo y terminan casi sin gente. En reuniones no se puede controlar toda la conversación. Otros necesitan reaccionar, opinar y expresarse.

El comunicador debe aceptarse tal y como Dios lo hizo. Déjese de estar criticándose. El tener una pobre opinión de uno mismo desayuda en vez de ayudar. No esté mostrando sus faltas a los demás para que sientan pena.

El comunicador debe aprender a perder. Cuando esté en una reunión y su moción o resolución sea derrotada, no salga disgustado. Cuando no se sabe perder limpiamente, otros comenzarán a marginarnos y pronto nos sentiremos excluidos aunque físicamente estemos junto a ellos.

El comunicador debe observar las reacciones de los demás. Un comunicador siempre está estudiando y psicoanalizando a sus oyentes. La conversación o comunicación debe situarse dentro de las reacciones del oyente. Recuerde: no todos los seres humanos reaccionamos iguales ante una misma cosa. Por la reacción de una persona podemos tener una idea de lo que quiere, piensa, hace, siente o desea, si está interesado o no.

El comunicador debe procurar que se le entienda. Cuando algo es de suma importancia lo debe repetir varias veces, explicándolo y aclarándolo. Hasta donde le sea posible debe arrojar luz mediante ilustraciones a muchos puntos que pueden ser oscuros.

El comunicador debe mostrar atención a su interlocutor. El distraerse mientras otro le habla a uno, no sólo es falta de respeto, sino falta de consideración. Cuando una persona se siente ignorada por otro, el deseo de hablar se le quita. A la gente hay que dejarle ver que son importantes. Ellos son personas y no cosas.

El comunicador debe ser sensitivo. No esperemos que las personas hagan inmediatamente lo que les pedimos. Muchos, aunque deseen hacerlo, se demoran debido a problemas circunstanciales, muchas veces fuera de su radio de acción. El ser sensitivo es ponernos en el lugar de los demás, es empatizar. Muchas veces somos egoístas transitando por nuestra propia autopista. El preocuparnos por otros abre la puerta hacia la comunicación.

El comunicador debe aprender a no reaccionar negativamente al rechazo. Muchos comunicadores no aceptan el que sus oyentes no estén de acuerdo con ellos. Desean que lo que dicen sea aceptado de buena gana. Esto es incorrecto. La opinión de la gente no se puede encadenar con nuestros criterios.

El comunicador debe saber cuándo hablar con un tono negativo. No haga volcar pensamientos negativos sobre el oyente hasta que el tiempo no sea propicio. El negativismo se contagia. Háblele negativamente a alguien y tendrá un oyente negativo. Sepa cuándo y cómo decir algo que no le gustará a una persona, pero que es necesario que usted se lo diga. Por ejemplo si un ministro tiene que exhortar fuertemente a la congregación, no lo debe hacer durante el culto de adoración, sino durante el tiempo posterior a la escuela dominical o en una reunión particular.

El comunicador debe evitar el estar mencionando sus problemas. La mayoría de las personas están cargadas de problemas. Cuando uno se la pasa hablando de los problemas personales frente a otros, esto los molesta. Las más de las veces los problemas de ellos pueden ser mayores que los nuestros.

El comunicador debe ser flexible en lo que dice. Debemos estar dispuestos a hacer cambios necesarios si nos damos cuenta de que en la comunicación no estamos alcanzando ningún resultado. Los agentes de seguros de vida cuando le están ofreciendo una póliza de seguro a un cliente, son flexibles. Después que han evaluado el estado financiero de una familia, le presentan un plan que pueda responder a sus necesidades y a un costo que ellos podrían pagar por dichos beneficios. Pero si el cliente encuentra que la póliza está muy cara, el agente procede a ajustar un plan que se acomode a lo que el cliente pueda pagar. Un buen agente de seguros comienza presentando un plan que paga mucho, pero ofrece los mejores beneficios, luego sigue moviéndose a los planes de seguros de menos costo y menos beneficios.

Cuando uno no puede lograr exactamente lo que quiere, por lo menos si se es flexible, se puede conseguir algo. Los líderes tienen que aprender a negociar con sus juntas. El comunicador que es flexible logra mucho éxito.

El comunicador debe tener dirección en lo que dice. El estar brincando de un pensamiento a otro sin ninguna ilación, confunde y desorienta a los oyentes. Termine lo que comienza diciendo. Muchos predicadores nunca completan sus ideas. De un pasaje bíblico se catapultan al otro, de ese otro a otro y así consecutivamente.

El comunicador debe ser un buen mayordomo del tiempo. El gastar el tiempo de otros es ser desconsiderados. El comunicador que respeta el tiempo de sus oyentes es apreciado.

El comunicador debe ser contextual. Finalmente diré que aquellos que han aprendido a contextualizar su discurso o sermón en las realidades convivenciales de su audiencia gozan de mucho éxito como comunicadores. Todo comunicador tiene que aprender a descontextualizarse de algunas de sus propias realidades y percepciones, para poder ubicarse en el contexto inmediato de sus oyentes.

La comunicación tiene como finalidad el decir algo para ser escuchado. Cualquier otro propósito que se tenga, por mejor que parezca, es incorrecto. Los comunicadores simples, son los que en realidad mueven a la acción de parte de los oyentes. Los comunicadores complicados impresionan, pero cuando se buscan los resultados son nulos.

El evangelio de Jesucristo es simple y debe comunicarse de manera simple a personas que son simples, por predicadores simples. Pablo dijo: “Y yo hermanos, cuando fui a vosotros, no fui anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:1–5).

BOSQUEJO

Introducción:

Por muchos años fui agente de seguros de la prestigiosa compañía John Hancock Mutual Life Insurance. Mi salario estaba basado en las comisiones que recibía de la venta de seguros. Yo determinaba lo que ganaba. El factor tiempo no era lo determinante de mi salario. ¿Sabe qué era lo determinante? La manera en que yo pudiera comunicar a personas las necesidad y las ventajas de tener los beneficios de seguro de vida. Antes de vender el producto tenía que vender la idea. Esa idea se filtraba a través de mi personalidad. El orden de prioridades que se nos enseñaba era: Primero, el cliente. Segundo, el agente. Tercero, la compañía. Los agentes en la práctica invierten esto: Primero, el agente. Segundo, la compañía. Tercero, el cliente. El asunto era que el cliente tenía que sentir que él o ella eran primero que el agente.

Las relaciones humanas giran en torno a las comunicaciones. El más alto porcentaje de nuestra vida está ocupado por las comunicaciones. Esto nos indica cuán importante es saber cómo, dónde y cuándo comunicar.

  1. El comunicador debe ser original. Dios nos ha hecho muy singulares. Es en esa diferencia que tenemos la ventaja de comunicar como nadie más podría comunicar.
  2. El comunicador debe revelar confianza al hablar. El comunicador debe tener confianza en Dios, confianza en sí mismo, confianza en el que le escucha, confianza en que será escuchado, confianza en que otros apreciarán lo que dirá, confianza en que hará lo mejor que pueda.
  3. El comunicador debe estar bien preparado para hablar. Debe haber estudiado bien su tema y tener sus notas bien organizadas.
  4. El comunicador debe dejarse ver por los oyentes. La presencia del orador frente a la audiencia ayudará a calmar toda tensión y curiosidad.
  5. El comunicador debe preparar bien sus notas antes de hablar. Cuando llegue al podio debe tener sus notas ya preparadas.
  6. El comunicador debe mirar a sus oyentes. El contacto visual hace la comunicación más personal.
  7. El comunicador debe comenzar a hablar sin referirse a las notas. Esto producirá un diálogo amistoso e íntimo entre orador y oyente. La introducción y la conclusión en un discurso o sermón es algo que un orador no debe leer.
  8. El comunicador debe hablar a sus oyentes. El orador debe dar la impresión de ser espontáneo. Así se producirá un intercambio intelectual, emotivo, afectivo y espiritual.
  9. El comunicador debe recurrir ocasionalmente a sus notas. Las notas se deben usar cuando se necesitan. Se debe cultivar la habilidad de mirar las notas y luego decirlas mirando a los oyentes. Pero no decirlas mientras está leyendo.
  10. El comunicador debe evitar cortar sus pensamientos. Debe evitar toda clase de muletillas al estar hablando. Las “muletillas” son empleadas por los comunicadores para buscar ideas.
  11. El comunicador debe mantener una postura apropiada. Un orador parado derecho y con su cabeza erguida representa autoridad (autoridad externa).
  12. El comunicador debe ser natural en los gestos. Nuestros gestos contagian.
  13. El comunicador debe superar su nerviosismo. El nerviosismo se supera descubriéndolo. El orador ante un auditorio se debe mostrar con una actitud positiva y actuar como si no estuviera nervioso.
  14. El comunicador debe dar la impresión de que se está gozando cuando habla. Las audiencias son como radares, detectan cuando el orador experimenta lo que está diciendo.
  15. El comunicador debe saber disimular sus errores. Si comete un error continúe con naturalidad y corríjalo tan pronto tenga la oportunidad.
  16. El comunicador debe emplear las ayudas visuales efectivamente. Las ayudas visuales deben estar bien organizadas. No se debe hablar a las láminas sino a los oyentes.
  17. El comunicador debe hablar con volumen. El que está sentado en el último asiento desea escuchar al orador así como el que está en el primer asiento.
  18. El comunicador cuando termina de hablar debe abandonar la plataforma con confianza. Muchos arruinan su discurso o sermón metiéndole la daga de las excusas por la espalda. Hay que regresar al asiento con entusiasmo. No se aleje del púlpito o podio muy rápido. El orador debe recoger sus notas y regresar a su asiento como llegó.
  19. El comunicador debe estar consciente de aquellas áreas en su vida que necesitan ser mejoradas. Debemos admitir a otros lo que sabemos y lo que no sabemos.
  20. El comunicador no debe estar siempre repitiendo lo mismo. Las introducciones y las conclusiones no pueden ser estereotipadas. La ilustración que tuvo éxito con alguien, quizás no lo tenga con otro.
  21. El comunicador debe observar a sus oyentes. La meta del comunicador no es simplemente ser oído, sino ser escuchado.
  22. El comunicador debe ser paciente. Todo buen comunicador procura adaptar su velocidad al paso de retención de los demás.
  23. El comunicador debe mostrar consideración hacia los oyentes. El estar regañando y criticando a los oyentes es algo que enfada y se debe evitar.
  24. El comunicador debe ser claro en sus ideas. Cuando alguien entiende lo que decimos hay comunicación.
  25. El comunicador debe emplear un vocabulario fácil de ser comprendido. Hay que comunicar dentro del contexto cultural, académico, religioso, profesional y social de nuestros oyentes.
  26. El comunicador debe ser agradecido. Haga a otros sentirse bien y verá cómo se los gana. Una cosa tan simple como el dar gracias aceita la comunicación.
  27. El comunicador debe controlar su temperamento. Cuando nos alteramos otros responderán a nosotros alterados.
  28. El comunicador debe ser persuasivo. La persuasión es la llave para que alguien pueda hacer las cosas bien y en el tiempo requerido.
  29. El comunicador debe tener cuidado con hablar en broma. No sugiera en bromas cosas que otros pudieran creerlas.
  30. El comunicador debe estar seguro de los hechos. Si no está seguro de algo, por favor no lo diga.
  31. El comunicador debe aprender a mostrarse interesado en lo que otros dicen. En casi todas las juntas siempre encontramos a uno de esos que parecen “motores apagados”. No motivan a los demás. Se muestran desinteresados.
  32. El comunicador no debe exagerar. El inflar cifras o hacer las experiencias más sensacionales se debe evitar.
  33. El comunicador debe evitar hablar con estereotipos o generalizaciones. El estar ofendiendo a un grupo produce tensión y rechazo. Por otro lado el estar encomiando es algo que despierta sospechas hacia el comunicador.
  34. El comunicador debe pensar antes de hablar. Muchos hablan y después piensan en lo que hablaron.
  35. El comunicador debe aprender a escuchar a los demás. Cuando se rechaza lo que otros dicen, la comunicación se apaga. Dios nos dio una sola boca, pero dos oídos. ¿Sabe por qué? Porque debemos escuchar más de lo que hablamos.
  36. El comunicador debe respetar las decisiones de otros. No obligue técnicamente a nadie a decirle que sí.
  37. El comunicador debe ser preciso y llegar a dónde quiere. No tome más del tiempo necesario para explicar o decir algo.
  38. El comunicador debe aceptarse tal y como Dios lo hizo. Deje de criticarse. No esté mostrando sus faltas a los demás para que sientan pena por usted.
  39. El comunicador debe aprender a perder. Cuando esté en una reunión y su moción o resolución sea derrotada, no salga disgustado.
  40. El comunicador debe observar las reacciones de los demás. Por la reacción de una persona podemos tener una idea de lo que quiere, piensa, hará, siente o desea, si está interesado o desinteresado.
  41. El comunicador debe procurar que se le entienda. Cuando algo es de suma importancia lo debe repetir varias veces, explicándolo y aclarándolo.
  42. El comunicador debe mostrar atención a su interlocutor. Cuando una persona se siente ignorada por otro, el deseo de hablar se le quita.
  43. El comunicador debe ser sensitivo. El ser sensitivo es ponernos en el lugar de los demás, es empatizar. Muchas veces somos egoístas transitando por nuestra propia autopista.
  44. El comunicador debe aprender a no reaccionar negativamente al rechazo. La opinión de la gente no se puede encadenar con nuestros criterios.
  45. El comunicador debe saber cuándo hablar con un tono negativo. Sepa cuándo decir algo que no le gustará a una persona, pero es necesario que usted se lo diga.
  46. El comunicador debe evitar el estar mencionando sus problemas. Cuando uno se pasa hablando dc ios problemas personales frente a otros, esto los molesta.
  47. El comunicador debe ser flexible en lo que dice. Debemos estar dispuestos a hacer cambios necesarios si nos damos cuenta que en la comunicación no estamos alcanzando ningún resultado.

Cuando uno no puede lograr exactamente lo que quiere, por lo menos si se es flexible, se puede conseguir algo. Los líderes tienen que aprender a negociar con sus juntas. El comunicador que es flexible logra mucho éxito.

  1. El comunicador debe tener dirección en lo que dice. El estar brincando de un pensamiento a otro sin ninguna ilación, confunde y desorienta a los oyentes.
  2. El comunicador debe ser un buen mayordomo del tiempo. El gastar el tiempo de otros es ser desconsiderado.
  3. El comunicador debe ser contextual. Todo comunicador tiene que aprender a descontextualizarse de algunas de sus propias realidades y percepciones, para poder ubicarse en el contexto inmediato de sus oyentes.

Conclusión: El evangelio de Jesucristo es simple y se debe comunicar de manera simple a gente que son simples por predicadores simples.

Silva, K. (1995). Manual práctico de homilética (132). Maimi, Florida: Editorial Unilit.

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