Comentario de 2 Reyes 19:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Aconteció que cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestiduras, y cubierto de cilicio entró en la casa de Jehovah.
Cuando el rey. Isa 37:1-7.
rasgó. 2Re 5:7; 2Re 18:37; 1Sa 4:12; Esd 9:3; Job 1:20; Jer 36:24; Mat 26:65.
se cubrió. 2Re 6:30; Gén 37:34; 1Re 21:27, 1Re 21:29; Est 4:1-4; Sal 35:13; Jon 3:8; Mat 11:21.
y entró. 2Cr 7:15, 2Cr 7:16; Job 1:20, Job 1:21.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Ezequías en su angustia, envía por Isaías para que ore por ellos, 2Re 19:1-5.
Isaías los conforta, 2Re 19:6-7.
Senaquerib, va al encuentro de Tirhaca, y envía una carta blasfema a Ezequías, 2Re 19:8-13.
La oración de Ezequías, 2Re 19:14-19.
La profecía de Isaías sobre la destrucción de Senaquerib, y el bien de Sión, 2Re 19:20-34.
Un ángel da muerte a los asirios, 2Re 19:35.
Senaquerib es asesinado por sus propios hijos, 2Re 19:36-37.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
rasgó sus vestidos: El rasgar la ropa era señal de profundo pesar (2Re 6:30) o de arrepentimiento (Joe 2:12, Joe 2:13). Esta acción manifiesta la humildad de este rey, ya demostrada por sus fieles siervos (2Re 18:37). Además de su humildad, el rey entró en la casa de Jehová. Esto quiere decir que buscó la guía del Señor.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
EZEQUÍAS… ENTRÓ EN LA CASA DE JEHOVÁ. Ezequías tenía gran confianza en Dios (2Re 18:5). Confrontado con la amenaza de los asidos (2Re 18:17-37) y horrorizado ante la burla que hacían ellos del Señor (2Re 18:30-35), se volvió a Dios y le pidió a Isaías que orara por Jerusalén y por el remanente del pueblo de Dios (vv. 2Re 19:2-4).
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
En basca de Isaías (19:1-7).
1 Cuando Ezequías lo oyó, rasgó sus vestiduras, se cubrió de saco y fue a la casa de Yahvé. 2 Mandó a Eliaquín, mayordomo del palacio del rey; a Sobna, secretario, y a los sacerdotes más ancianos, cubiertos de saco, al profeta Isaías, hijo de Amos, 3para que le dijeran: “Así habla Ezequías: Hoy es día de angustia, de castigo y de oprobio, como si los hijos estuvieran para salir del seno de sus madres y no hubiera fuerza para el alumbramiento. 4¿No habrá oído Dios las palabras del copero mayor, que el rey de Asiría, su señor, ha mandado para insultar al Dios vivo, y dejará Yahvé, tu Dios, de castigar las palabras que ha oído? Haz, pues, subir a El una plegaria por el resto que aún queda.” 5Los servidores del rey Ezequías fueron a Isaías, 6 e Isaías les dijo: “He aquí lo que diréis a vuestro señor: Así habla Yahvé: No te asusten las palabras que has oído, con las que los servidores del rey de Asiría me han ultrajado.7 Yo voy a paner sobre él un espíritu tal, que, al oír una noticia que recibirá, se volverá luego a su tierra, y allí, en su tierra, yo le haré morir a espada.”
Enterado Ezequías de lo sucedido, marchó al templo de Yahvé. No lejos del mismo vivía Isaías, el cual, habiendo empezado su ministerio bajo Ocias (Isa 6:1), lo continuó bajo Jotam y Ajaz, encontrándose ahora al final de su carrera. Entre los miembros de la comisión encargada de ir al encuentro de Isaías figuraban los sacerdotes más ancianos. Existía un proverbio que decía: “Los niños llegan a la abertura del seno, pero la madre no tiene fuerza suficiente para alumbrarlos” (Sal 48:7; Isa 13:8; Jer 6:34; Miq 4:9), queriendo significar que la situación era trágica. La comisión ruega a Isaías pida a Dios que salve al resto fiel a sus leyes (Isa 7:3; Isa 10:20-21; 2Re 21:14). El profeta confortó al rey, animándole a resistir a los asirios. Dios castigará a Senaquerib, sugestionándolo de tal manera que, al dársele una noticia, huirá a su tierra v.36-37).
Segando embajada y oración de Ezequías (2Re 19:8-19).
8 El copero mayor se retiró y se vio con el rey de Asiría, que estaba atacando a Libna, pues se le dijo que se había retirado de Laquis. 9 Diéronle noticia de Taraca, rey de Etiopía, diciendo: “Se ha puesto en marcha para atacarte.” El rey de Asiría mandó entonces de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo: 10 “Hablad así a Ezequías, rey de Judá: Que tu Dios, en quien confías, no te engañe, diciendo: Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiría. 11 Bien sabéis lo que los reyes de Asiría han hecho con todos los pueblos y cómo los han destruido, ¿y vas a librarte tú? 12 Los dioses de los pueblos que mis padres han destruido, ¿los libraron en Gozan, Harán, Resef, y libraron a los hijos de Edén, que habitan en Telasar? 13 ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arfad y el rey de la ciudad de Sefarvaím, de Ana y de A va?” 14 Ezequías tomó las cartas de manos de los mensajeros y las leyó. Luego subió a la casa de Yahvé, y las desplegó ante Yahvé, 15 a quien hizo esta plegaria: “Yahvé Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines; tú, que eres el solo Dios de todos los reinos de la tierra; tú, que has hecho los cielos y la tierra, ¡oh Yahvé! 16 inclina tu oído y escucha. Abre, ¡oh Yahvé! tus ojos y mira. Oye las palabras que Senaquerib ha mandado a decir para insultar al Dios vivo. 17 Es verdad, ¡oh Yahvé! que los reyes de Asiría han destruido pueblos y asolado tierras 18 y que han quemado sus dioses; pero ésos no eran dioses, eran obra de la mano del hombre, leño y piedra, y ellos los aniquilaron. 19 Líbranos, pues, Yahvé, Dios nuestro, líbranos de la mano de Senaquerib, y que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú eres Dios, ¡oh Yahvé!”
La delegación asiría abandonó Jerusalén y fuese a informar a Senaquerib, el cual, una vez conquistada Laquis, habíase trasladado a Libna (2Re 8:22), al noroeste de aquélla. A este desplazamiento hacia el norte había contribuido quizá la noticia de que Taraca (Tirhaqah, Taharqa, Tarku) avanzaba al frente de un gran ejército egipcio. Este generalísimo del ejército egipcio debía reinar más tarde (690-664) en el trono de Egipto, de la XXV dinastía. Su dinastía era etiópica, de donde le viene el apelativo de “rey de Etiopía,” que por anticipación le da el autor sagrado. Aunque el texto bíblico no lo diga explícitamente, parece que el ejército egipcio fue rechazado por Senaquerib. Amo de nuevo de la situación, envió éste otra embajada a Ezequías, intimándole a que deponga su actitud antiasiria y se someta a las condiciones de armisticio que él le impondrá. Mejor le será entregarse que resistir, evitando que Jerusalén sea entregada al anatema, como se ha hecho con los otros pueblos conquistados (Deu 2:34; Deu 3:6; Jos 6:17). De la misma manera que no pudieron resistirle los dioses de Gozan (Jos 17:6; Jos 18:11), de Harán (Gen 11:31), de Resef (el actual Rusafeh, entre Palmira y el Eufrates), de los hijos de Edén (Amo 1:5), tampoco lo conseguirá Yahvé.
Ezequías leyó la carta que le mandaba el rey asirio; subió luego al templo y la extendió ante Yahvé, desenrollándola (Eze 2:9). A esta acción siguió una oración fervorosa al Dios de Israel. Senaquerib estaba equivocado al reducir el dominio de Yahvé a los estrechos límites de Judá (Eze 18:32-35).
Profecía de Isaías (Eze 19:20-34).
20 Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: He escuchado la plegaria que tú me has dirigido a causa de Senaquerib, rey de Asiría. 21 He aquí la palabra que Yahvé ha pronunciado contra él: Te desprecia y se burla de ti, virgen hija de Sión; Detrás de ti El mueve la cabeza, hija de Jerusalén. 22 ¿A quién has insultado y ultrajado tú? ¿Contra quién has alzado tu voz? ¿Contra quién alzaste tus ojos? ¡Contra el Santo de Israel! 23 Por tus mensajeros has ultrajado al Señor y has dicho: Con el poder de mis carros subo yo a las altas montañas, a las cimas del Líbano; Derribo los altos cedros, los selectos cipreses; Penetro en los más remotos lugares, en los más espesos bosques. 24 Yo alumbro las aguas extranjeras para refrescarme con ellas. Y con la planta de mi pie seco todos los ríos de Egipto. 25 ¿No lo has oído tú? Desde mucho ha lo he preparado yo; Desde muy antiguo lo he planeado yo, y ahora lo realizo; Que sirva para reducir a montones de ruinas las ciudades fortificadas. 26 Sean sus habitantes reducidos a la impotencia, aterrorizados y confusos. Como la hierba de los campos, como la hierba tierna, Como las hierbas de los tejados, como el pasto quemado por el viento solano. 27 Yo sé muy bien cuándo te levantas y cuándo te sientas, y cuándo vienes y cuándo vas. 28 Porque te has enfurecido contra mí y han llegado a mis oídos tus bravatas, Por eso yo pondré mi anillo en tus narices y mi freno en tus labios. Y te haré volver por el camino que has traído. 29 Y he aquí lo que te servirá de señal: Este año se comerá lo que retoñe, y el año que viene lo que de sí brote. Pero al tercer año sembrarás, y cosecharás; plantaréis viñas, y comeréis su fruto, 30 Pues el resto de la casa de Judá que se salve y quede echará raíces por debajo y dará frutos por arriba. 31 Porque saldrá de Jerusalén un resto, y de la montaña de Sión los escapados, Y el celo de Yahvé hará esto. 32 Por eso, así dice Yahvé del rey de Asiría: No entrará él en esta ciudad, ni meterá en ella una mecha, Ni la acordonará con escudos, ni alzará contra ella empalizadas. 33 Se volverá por el camino por donde ha venido. No entrará en esta ciudad. Palabra de Yahvé. 34 Yo protegeré esta ciudad y la salvaré por amor de mí y por amor de David, mi siervo.”
Esta profecía se encuentra en Isa 37:21-37. En ella se condena el orgullo de Senaquerib (v.21-28); se ofrece a Ezequías una señal de la humillación de Senaquerib (v.29-31), y, finalmente, anuncia el profeta de manera clara que el asirio no entrará en Jerusalén (v.32-34). Un comentario completo de esta profecía lo encontrará el lector en el tomo consagrado a la literatura profetica.
Derrota y huida de Senaquerib (Isa 19:35-37).
35 Aquella misma noche salió el ángel de Yahvé e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres; y al levantarse por la mañana, todos eran muertos. 36 Entonces Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campo y partió; se volvió y se quedó en Nínive. 37 Mientras estaba prosternado en el templo de Nisroc, su dios, Adramelec y Sarasar, sus hijos, le hirieron con la espada y huyeron a la tierra de Ararat. Su hijo Asaradón reinó en su lugar.
Hemos hablado de la amenaza egipcia contra Senaquerib. En una noche produjese un acontecimiento que diezmó al ejército asirio. Habla el texto de la acción de un ángel exterminador (2Sa 24:15-16; Exo 12:23), que dio muerte a ciento ochenta y cinco mil soldados de Senaquerib. Esta cifra tan elevada no se encuentra en 2Cr 32:21, por lo que puede creerse que se trata de una hipérbole. La derrota tuvo lugar cerca de la frontera de Egipto, en Pelusio, coincidiendo quizá con lo que dice Heródoto l, quien, a su vez, afirma haberlo oído a los egipcios y sacerdotes. Cuando Senaquerib (Sanacharibos), rey de los árabes y de los egipcios, condujo su ejército a Egipto, el sacerdote Sheton, que entró en el templo de Efaistos (dios de Ptah, de Memfis) para quejarse de sus males, recibió en sueños el mensaje divino que le ordenaba marchara confiadamente contra el enemigo porque el dios le dará aliados. Habiendo llegado a Pelusio con escasas tropas, aconteció que, “durante la noche, una manada de ratones cayó sobre el campamento asirio, devorando las aljabas, los arcos, correas de los escudos, de suerte que al día siguiente los enemigos encontráronse sin armas, pereciendo la mayoría en su huida.” Este hecho, añade Heródoto, se recuerda en una escultura del templo de Efaistos, que tiene en la mano un ratón, con la inscripción: “Quien me tenga sea religioso.” En esta relación se vislumbran armonías con el texto masorético. Difieren ambos textos en la interpretación del hecho, pues, mientras la Biblia relaciona la derrota con la intervención directa del ángel de Dios, en el relato egipcio se atribuye la hecatombe a los ratones, portadores de una epidemia (1Sa 5:9-12; 1Sa 6:11-18). Hay en la narración de Heródoto un eco de la epidemia desencadenada en el campamento asirio. A los primeros síntomas de la misma, el rey asirio levantó el campamento y marchó, ante el temor de perder su ejército en tierra extranjera 2.
Senaquerib asoció al trono a su hijo Asarhaddón, que le dio su esposa Nadía. Llevaron a mal este trato de favor sus demás hijos, por lo cual dos de ellos, Adramelec (Arad-Belit) y Sarasar, conspiraron contra su padre, matándole el año 681 antes de Cristo. Asaradón (Esdr 4:2-3) reinó en su lugar los años 681-669.
Fuente: Biblia Comentada
rasgó … cilicio. vea la nota sobre 2Re 6:30. Una reacción que simbolizaba el dolor, el arrepentimiento y la contrición de Ezequías. La nación tenía que arrepentirse, y el rey tenía que dar el ejemplo. la casa de Jehová. vea la nota sobre Isa 37:1.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
1Re 21:27.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Isaías. Al recibir el mensaje, Ezequías también rasgó sus vestiduras y se cubrió de cilicio; en el v. 2 encontramos a los oficiales y los jefes de los sacerdotes también cubiertos de cilicio, lo que indica el serio aprieto en que se encontraba Jerusalén (para el significado de cilicio ver el comentario sobre 2 Rey. 6:30). Lo fundamental del mensaje para Isaías era pedirle que elevara una oración por el remanente que aún queda (4). La intercesión era una de las actividades tradicionales entre los profetas de Israel (ver Exo. 32:30-32; Jer. 7:16; 15:1). La referencia de un remanente nos recuerda que las ciudades fortificadas de Judá estaban cayendo en manos de las fuerzas de Senaquerib (18:13) y Jerusalén se estaba quedando muy aislada (ver Isa. 1:7-9, que probablemente describe estos mismos tiempos). Ezequías fijó su esperanza en el hecho de que el mensaje de Senaquerib había ridiculizado al Dios vivo; quizá Dios le había escuchado y actuaría para reprenderlo (4).
El tema de “escuchar” (u “oír”) se repite a través de los primeros 20 versículos de este capítulo. Ezequías oye el mensaje de Senaquerib (1); espera que Jehovah escuche la blasfemia (4); Isaías le dice que no tema lo que ha oído (6); Senaquerib oirá cierto rumor (7); el Rabsaces oye que el rey ha partido de Laquis (8); Senaquerib oye del avance de Tirhaca (9) seguro que Ezequías ha oído lo que el rey de Asiria ha hecho a otros países (11). El clímax de la secuencia llega cuando Isaías asegura a Ezequías que Jehovah ha escuchado su oración (20).
El profeta Isaías introduce la palabra de Jehovah en esta situación (6), y el conflicto sube a un nuevo nivel. Ahora para contrarrestar la palabra del gran rey, el “rey de Asiria” (18:28) hemos oído la palabra del verdadero gran Rey, el Dios de Israel. La primera profecía de Isaías fue corta y concisa: Ezequías no debía temer; Dios era soberano sobre las acciones de Senaquerib y lo haría volver a su propia tierra donde sería asesinado. Lo que no está claro es cómo esta profecía se relacionaba con el despliegue de todos los demás eventos. El rumor (7) parecería ser las noticias del avance de Tirhaca (9), pero eso de por sí no causó el regreso de Senaquerib a Asiria. La causa final por la derrota de Senaquerib (35, 36) no se menciona aquí.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
19.1-7 Senaquerib, cuyos ejércitos habían capturado todas las ciudades fortificadas de Judá, envió un mensaje a Ezequías para que se rindiera ya que la resistencia era inútil. Dándose cuenta de que la situación era desesperada, Ezequías fue al templo y oró. Dios contestó la oración de Ezequías y liberó a Judá al enviar un ejército para atacar la capital asiria, forzando así a Senaquerib para que saliera de una vez. La oración debe ser nuestra primera respuesta en cualquier crisis. No espere hasta que se pierda toda esperanza en la situación. Ore diariamente por su dirección. Nuestros problemas son oportunidades para Dios.19.2 Isaías el profeta había estado trabajando para Dios desde los días de Uzías, cuarenta años (Isa 6:1). A pesar de que Asiria era una potencia mundial, no pudo conquistar a Judá mientras Isaías fue consejero de los reyes. Isaías profetizó durante los reinados de Uzías (Azarías), Jotam, Acaz y Ezequías. Acaz ignoró a Isaías, pero Ezequías escuchó su consejo. Para leer las profecías, véase el libro de Isaías.19.15 Los querubines son ángeles poderosos.19.15-19 A pesar de que Ezequías fue valiente ante Dios, no lo tomó a la ligera ni se acercó a El imprudentemente. Por el contrario, reconoció la soberanía de Dios y la total dependencia de Judá en El. La oración de Ezequías nos proporciona un buen modelo. No debemos temer acercarnos a Dios con nuestras oraciones, sino que debemos ir a El con respeto por lo que El es y por lo que puede hacer.19.21-34 Dios contestó a las palabras burlonas de Senaquerib (18.19-25), enjuiciándolo por su arrogancia. Senaquerib creía que su reino había crecido por sus propios esfuerzos y fortaleza. En realidad, dijo Dios, tuvo éxito sólo por lo que Dios permitió y causó. Es arrogante pensar que nosotros solos somos responsables por nuestros logros. Dios, como Creador, gobierna sobre las naciones y las personas.19.28 Los asirios trataban a los cautivos con crueldad. Los torturaban como entretenimiento al cegarlos, cortarlos o al arrancarles tiras de piel hasta que morían. Si deseaban que un cautivo fuera un esclavo, a menudo ponían una argolla en su nariz. Dios estaba diciendo que los asirios serían tratados como ellos habían tratado a los demás.19.31 Mientras se mantenga una pequeña chispa, puede volverse a encender un fuego y avivarlo hasta que llegue a ser un incendio colosal. De la misma manera, si tan sólo un pequeño remanente de verdaderos creyentes retiene la chispa de la fe, Dios puede reconstruirla y volverla una nación fuerte. Y si sólo una pizca de fe permanece en un corazón, Dios puede utilizarlo para restaurar una fe abrasadora en ese creyente. Si siente que sólo le queda una chispa de fe, pida a Dios que la use para reavivar un fuego abrasador de compromiso hacia El.
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
REFERENCIAS CRUZADAS
a 1185 Isa 37:1
b 1186 1Sa 4:12; 2Re 18:37; Esd 9:3; Job 1:20
c 1187 Gén 37:34; 1Re 21:27; 2Re 6:30; Est 4:1; Sal 35:13; Isa 22:12
d 1188 2Cr 7:16; Sal 73:17
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
→ §232.
Fuente: Biblia Textual IV Edición
[=] *Gn 37:34 *2Sam 3:31 *Est 4:1
Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana
[22] Contra el Señor Dios.[25] La salida de Egipto es el modelo del poder de Dios para liberar a su pueblo.[28] Como se hace con algunos animales para sujetarlos.