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Comentario de 1 Crónicas 11:7 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de 1 Crónicas 11:7 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

David habitó en la fortaleza, y por eso la llamaron la Ciudad de David.

Y David habitó en la fortaleza. Sal 2:6.

la ciudad de David. 1Cr 11:5; 2Sa 5:7.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

ARTÍCULO

La ciudad de Jerusalén

1Cr 11:7-8 Y David habitó en la fortaleza, y por esto la llamaron la Ciudad de David, Y edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta el muro; y Joab reparó el resto de la ciudad.

HISTORIA DE LA CIUDAD DE JERUSALÉN. La primera referencia a la ciudad de Jerusalén es probablemente Gén 14:18, donde a Melquisedec se le menciona como el rey de Salem (i.e., Jerusalén; véase Gén 14:18, nota). Cuando los israelitas estaban preparados para cruzar el Jordán para entrar en la tierra prometida, a la ciudad se le llamaba «del jebuseo» (Jos 15:8) o «Jebús» (1Cr 11:4). Nunca fue tomada durante la conquista de Josué de la tierra de Canaán, y permaneció en manos de los cananeos hasta que David llegó a ser rey. El ejército de David asaltó a Jebus y la tomó, y David la hizo su ciudad capital (2Sa 5:5-7; 1Cr 11:4-7). Jerusalén sirvió de capital política de Israel durante el reino unido y más tarde del reino sur de Judá. Salomón, el sucesor de David, edificó el templo para el Señor Dios en Jerusalén (1Re 5:1-18; 1Re 6:1-38; 1Re 7:1-51; 1Re 8:1-66; 2Cr 2:1-18; 2Cr 3:1-17; 2Cr 4:1-22; 2Cr 5:1-14; véase el ARTÍCULO EL TEMPLO, P. 562. [2Cr 5:1]), de modo que la ciudad también llegó a ser el centro religioso para la adoración del Señor del pacto.

Por causa del pecado de Israel, en 586 a.C. Nabucodonosor de Babilonia sitió la ciudad y finalmente la destruyó junto con su templo (2Re 25:1-11; 2Cr 36:17-19). Quedó hecha un montón de escombros hasta que los judíos volvieron de Persia en 536 a.C. para reconstruir el templo y la ciudad (Esd 3:8-13; Esd 5:1-17; Esd 6:1-15; Neh 3:1-32; Neh 4:1-23). En la época del NT, Jerusalén se había convertido una vez más en el centro de la vida política y religiosa judía. Sin embargo, en 70 d.C., después de la frecuente rebeldía de los judíos contra las autoridades romanas, la ciudad y su templo fueron destruidos una vez más.

Cuando David hizo de Jerusalén su ciudad capital, ésta comenzó a adoptar otros diversos nombres de conformidad con su carácter. Nombres tales como: «Sion» (2Sa 5:7), «la ciudad de David» (2Sa 5:7), la «ciudad santa» (Neh 11:1), «la ciudad de Dios» (Sal 46:4), «la ciudad del gran Rey» (Sal 48:2), la «Ciudad de justicia, Ciudad fiel» (Isa 1:26), la «Ciudad de Jehová» (Isa 60:14), «Jehová-sama» (i.e., Jehová allí) (Eze 48:35) y «Ciudad de la Verdad» (Zac 8:3). Algunos de esos nombres son nombres proféticos para la futura ciudad de Jerusalén.

EL SIGNIFICADO DE JERUSALÉN PARA LOS ISRAELITAS. La ciudad de Jerusalén tenía especial significado para el pueblo de Dios en el AT.

(1) Cuando Dios repasó su ley con los israelitas en la frontera de Canaán, profetizó por medio de Moisés que en algún momento del futuro Él escogería un lugar «para poner allí su nombre» (Deu 12:5; Deu 12:11; Deu 12:21; Deu 14:23-24). Este lugar iba a ser la ciudad de Jerusalén (1Re 11:13; 1Re 14:21) donde fue construido el templo del Dios vivo; por eso recibió los nombres de la «ciudad santa», «la ciudad de Dios» y la «ciudad de Jehová». Tres veces al año se suponía que todos los hombres israelitas viajaran a Jerusalén, para aparecer «delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere; en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos» (Deu 16:16; cf. Deu 16:2; cf. Deu 16:6; cf. Deu 16:11; cf. Deu 16:15).

(2) Jerusalén fue la ciudad donde Dios reveló su palabra a su pueblo (Isa 2:3); es decir, fue «el valle de la visión» (Isa 22:1). Asimismo, fue el lugar donde Dios gobernaba a su pueblo Israel (Sal 99:1-2; cf. Sal 48:1-3; cf. Sal 48:12-14). Por eso cuando los israelitas oraban, se les instruía que oraran «con el rostro hacia la ciudad» (1Re 8:44; cf. Dan 6:10). Las montañas que rodeaban Jerusalén simbolizaban al Señor que rodea a su pueblo en su permanencia eterna (Sal 125:1-2). Esencialmente, por lo tanto, Jerusalén era un símbolo de todo lo que Dios quería para su pueblo. Cada vez que el pueblo de Dios estuviera en

Jerusalén, todos debían recordar el poder de Dios para gobernar, su santidad, su fidelidad con su pueblo y su compromiso eterno de ser su Dios.

(3) Por lo tanto, cuando el pueblo de Dios arruinó su relación con El por su constante idolatría y negativa a obedecer sus mandamientos (véase el ARTÍCULO LA ESENCIA DE LA IDOLATRIA, P. 372. [1Sa 12:20-21]), el Señor permitió que la nación de Babilonia destruyera Jerusalén, junto con el templo. Al permitir que fuera destruido ese símbolo de largos años de su constante presencia entre ellos, Dios estaba dando a entender que Él mismo se estaba apartando de su pueblo. Nótese que la promesa de Dios de un «pacto perpetuo» con su pueblo siempre estuvo condicionada a la obediencia de ellos a su voluntad revelada (véase el ARTÍCULO EL PACTO DE DIOS CON LOS ISRAELITAS, P. 272. [Deu 29:1]). Así Dios le advirtió a su pueblo entonces y le advierte ahora que debe permanecer fiel a Él y ser obediente a su ley si quiere seguir recibiendo sus bendiciones y promesas.

EL SIGNIFICADO DE JERUSALÉN PARA LA IGLESIA CRISTIANA. La ciudad de Jerusalén también fue importante para la iglesia cristiana.

(1) Jerusalén fue el lugar de nacimiento del cristianismo. Allí Jesucristo fue crucificado y allí resucitó de los muertos. Fue igualmente en Jerusalén que el Cristo exaltado derramó el Espíritu Santo sobre sus discípulos el día de Pentecostés (Hch 2:1-47). Desde aquella ciudad el mensaje del evangelio de Jesucristo se extendió «hasta lo último de la tierra» (Hch 1:8; cf. Luc 24:47). La iglesia de Jerusalén era la iglesia madre de todas las iglesias y la iglesia en que comenzaron su obra los apóstoles (Hch 1:12-26; Hch 8:1). Cuando estalló la controversia sobre si los gentiles que creían en Jesucristo teman que ser circuncidados, Jerusalén fue la ciudad donde el primer gran concilio eclesiástico se reunió para decidir ese asunto (Hch 15:1-31; Gál 2:1-10).

(2) Los escritores del NT aceptaron gran parte de la importancia de Jerusalén en el AT, pero cambiaron su aplicación de la ciudad terrenal a la ciudad celestial. En otras palabras, para ellos Jerusalén como la ciudad santa ya no estaba en la tierra sino en el cielo donde habita Dios y gobierna Cristo a su diestra; desde allí Él envía sus bendiciones y desde allí volverá Jesucristo. Pablo habla de «la Jerusalén de arriba», que es la madre de todos (Gál 4:26). El autor de la Epístola a los Hebreos indica que, al acudir a Jesucristo para salvación, los creyentes no se han acercado a un monte terrenal, sino «al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial» (Heb 12:22). Y en vez de preparar una ciudad en la tierra para los creyentes, Dios está ocupado preparando la nueva Jerusalén, la que algún día descenderá «del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido» (Apo 21:2; cf. Apo 3:12). En aquel gran día, las promesas del pacto de Dios se cumplirán plenamente: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Apo 21:3). Dios y el Cordero reinarán por los siglos de los siglos en su trono en esta ciudad santa (Apo 22:3-4).

(3) ¿Todavía tiene la ciudad terrenal de Jerusalén una misión futura en el reino milenario de Dios? Isa 65:18 comienza con una fuerte adversativa: habrá nuevos cielos y nueva tierra (Isa 65:17), mas la presente Jerusalén también tendrá su cumplimiento; el resto de Isa 65:1-25 sigue tratando sobre las condiciones del milenio. Muchos creen que cuando Cristo vuelva para establecer su gobierno milenario (Apo 20:1-6), Él establecerá su trono en la ciudad de Jerusalén. Después del juicio ante el gran trono blanco (Apo 20:11-15), la Jerusalén celestial descenderá a la tierra nueva y se convertirá en la sede del eterno reino de Dios (véase Apo 21:2, nota).

Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena

REFERENCIAS CRUZADAS

q 776 Sal 2:6

r 777 2Sa 5:7

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo