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Comentario de Salmos 104:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Salmos 104:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

¡Bendice, alma mía, a Jehovah! Jehovah, Dios mío, ¡qué grande eres! Te has vestido de gloria y de esplendor.

Bendice, alma mía. Este sublime poema acerca de las obras de Dios en la creación y providencia, es atribuido a David y como tal, empieza y termina con las mismas palabras del salmo anterior, probablemente fue compuesto en la misma ocasión. Sal 104:35; Sal 103:1, Sal 103:2, Sal 103:22.

Jehová, Dios mío. Sal 7:1; Dan 9:4; Hab 1:12.

mucho te has engrandecido. Sal 145:3; Jer 23:24; Jer 32:17-19; Apo 1:13-20.

te has vestido de gloria. Sal 93:1; Isa 59:17; Dan 7:9.

y de magnificencia. Sal 29:1-4; Sal 96:6.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Una meditación sobre el gran poder, Sal 104:1-6,

y la maravillosa providencia de Dios, Sal 104:7-30.

Dios, Sal 104:31, Sal 104:32.

El profeta hace perpetuo voto para alabar a Dios, Sal 104:33-35.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

es un salmo de sabiduría, también es un salmo sobre la creación (Sal 19:1-14). Es una repostulación exuberante y poética de Gén 1:1-31, una alegre celebración del mundo como creación de Dios. La poesía de los salmistas y los profetas generalmente refleja el trabajo de Dios en la creación. La estructura del poema es:

(1) alabanza por la gran creación de Dios (vv. Sal 104:1, Sal 104:2);

(2) la creación de los cielos (vv. Sal 104:3, Sal 104:4);

(3) la creación de la tierra (vv. Sal 104:5-9);

(4) las aguas de bendiciones (vv. Sal 104:10-13);

(5) la plenitud de la tierra (vv. Sal 104:14-18);

(6) los patrones de vida (vv. Sal 104:19-23);

(7) alabanza por la gran creación de Dios (vv. Sal 104:24-26);

(8) un reconocimiento de que toda la vida depende de Jehová (vv. Sal 104:27-30);

(9) una oración por la gloria de Dios (vv. Sal 104:31, Sal 104:32);

(10) una respuesta personal a Dios (vv. Sal 104:33-35).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

Dios es un espíritu (Jua 4:24), y sus descripciones varían por toda la Biblia. Una fuerte descripción de él es luz (1Jn 1:5). Aquí la luz se describe como la vestidura que envuelve su portento. La primera obra de Dios en Génesis fue el mandato para la luz (Gén 1:3).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

DIOS MÍO, MUCHO TE HAS ENGRANDECIDO. Este salmo es un himno acerca de la creación de Dios de todas las cosas y de su cuidado providencial sobre todas sus obras. Recalca su participación en todo lo que ha hecho, porque Él habita en el mundo y lo sustenta (véase el ARTÍCULO LA PROVIDENCIA DE DIOS, P. 70. [Gén 45:5]). Lo que Dios sigue haciendo en el universo revela su gloria. Pero la creación de Dios está estropeada a causa del pecado y la maldad; por eso el salmo termina con una oración pidiendo que Dios quite de la tierra todo lo que sea inicuo y a todos los que hacen iniquidad (cf. Rom 8:19-23; véanse Gén 1:1-31; Gén 2:1-25, notas).

Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena

Salmo 104 (Vg 103): La Gloria de Dios en la Creación.
E ste maravilloso poema, de profunda sensibilidad lírica y religiosa, es, en realidad, un himno a Dios, creador y conservador del universo y de todo lo que en él hay: la naturaleza muda, el reino vegetal, el animal y el nombre, es decir, todas las maravillas y esplendores de la creación, en su diversa y rica manifestación. Es una lección maravillosa de alta teodicea, en la que se descubre la profunda teología de los seres bajo la providencia divina. Es un comentario poético del primer capítulo del Génesis: el mundo inanimado al servicio del mundo viviente, éste al servicio del ser humano, y éste, rey de la creación, al servicio de Dios. En su maravillosa obra se transparenta su grandeza deslumbradora, su magnificencia, su bondad y su poder. Todo es maravilloso – las fuerzas de la naturaleza y los seres vivientes -, porque todo es reflejo de la sabiduría divina. Después de haber creado el universo dio la vida, y ésta se renueva incesantemente por su soplo conservador. Todo lleva el sello de una finalidad concreta, lo que supone orden, belleza, bondad y armonía. Es la confirmación del “vidit quod esset borium” del relato de la creación. Sólo el pecado – rebeldía contra Dios – introduce el desorden en el cosmos; por eso el salmista termina su magnífico himno deseando que desaparezcan los pecadores e impíos, que con sus acciones torpes desentonan en la gran orquesta de la creación.
En la literatura egipcia encontramos el “Himno a Aton,” dios solar venerado especialmente por el rey Amenofis IV Ejnaton (s.XIV a.C.), en el que se expresan algunas ideas similares: “Cuando te ocultas (el disco solar), la tierra está en tinieblas como la muerte… El león abandona su guarida… La tierra se ilumina cuando tú apareces en el horizonte… Los hombres se despiertan…, la tierra entera se dedica a sus trabajos…”1 Pero las semejanzas son tangenciales y fortuitas, ya que el espectáculo de la naturaleza, que parece dormirse de noche y despertarse con los rayos solares, es un fenómeno al alcance de todos los poetas de todos los pueblos y generaciones. No se puede, pues, afirmar dependencia literaria del salmo hebreo respecto del fragmento egipcio. El poema del Salterio es un simple comentario poético del relato bíblico de la creación: lo que el autor sacerdotal dice escuetamente sobre la aparición progresiva de las obras de la creación, el salmista lo embellece con maravillosos recursos líricos. Para él, la creación es la revelación de la incomparable majestad de Dios; su omnipotencia se refleja en la manifestación de las fuerzas de la naturaleza: los mares son confinados a sus límites; la lluvia fertiliza la tierra; la luna y el sol señalan las estaciones; los animales viven de la fertilidad de la tierra. En todo se refleja la mano poderosa y providente del Creador.
Como este salmo empieza y termina con las mismas palabras de invitación a bendecir al Señor, no pocos autores creen que es obra del mismo autor del 103, que acabamos de estudiar. No obstante, el enfoque es diverso, pues en el anterior el salmista se fijaba, sobre todo, en el poder liberador de Dios en la historia respecto de sus fieles y del pueblo israelita, mientras que en el 104 se canta el poder y providencia de Dios en la obra de la creación en general y sus relaciones con el hombre como rey de la creación, sin aludir a la elección del pueblo hebreo. Es un enamorado de la naturaleza que sabe leer lo invisible divino a través de lo visible creado 2.

El poder de Dios, manifestado en la creación (1-9).
1 ¡Bendice, alma mía, a Yahvé! Yahvé, Dios mío! tú eres grande; estás revestido de majestad y esplendor, 2 envuelto de luz como de un manto; despliegas los cielos como una tienda; 3 edificas sobre las aguas tus moradas superiores. Haces de las nubes tu carro, avanzando sobre las alas del viento. 4 Tienes por mensajeros a los vientos 3, y por ministros llamas de fuego. 5Has establecido la tierra sobre sus bases, para que nunca después vacilara. 6La cubriste del océano abismal como de un vestido, y las aguas se detuvieron sobre los montes. 7A tu amenaza huyeron, al fragor de tu trueno huyeron asustados, 8y se alzaron los montes y se abajaron los valles hasta el lugar que les habías señalado. 9 Pu-sísteles un límite, que no traspasarán, no volverán a cubrir la tierra.

El poeta se extasía ante la grandeza del Creador; las maravillas de la naturaleza pregonan su majestad y sabiduría. Inaccesible a la mirada humana, aparece envuelto en un halo luminoso: la luz es el manto de su majestad imperial. En efecto, la primera obra de la creación es la luz, y es también la primera condición de vida, la fuente de la alegría y el símbolo de la pureza. Por eso el poeta concibe al Eterno en atuendo de majestad, revestido de luz y esplendor. San Pablo dirá de Dios que “habita en. una luz inaccesible”4; y San Juan: “Dios es luz y en El no hay tiniebla alguna.”5
El salmista va concretando las obras de la creación – siguiendo el relato bíblico – y empieza por los cielos, que concibe como una tienda extendida sobre la tierra. Con su palabra extiende los inmensos cielos con la misma facilidad con que el nómada extiende su tienda; pero sobre ella y encima de las aguas superiores están las moradas de Yahvé, en el cielo empíreo. Según la concepción cosmogónica hebraica, sobre la masa sólida del firmamento se extendía el depósito de aguas que Dios reserva para los momentos diluviales 6. El poeta concibe a Dios morando en la cúspide del cielo, conforme a lo expresado por Amo 9:6 : “El edificó en los cielos su morada y la fundó sobre la bóveda de la tierra.”
Siguiendo su maravillosa inspiración poética, el salmista presenta a Yahvé avanzando majestuoso como un rey en su carro – las nubes – tirado por la cuadriga de las alas del viento, siendo sus mensajeros precursores los mismos vientos, y sus ministros, o guardia de corps, los rayos o llamas de fuego (v.4). Dios se manifiesta en la tempestad en medio de truenos y rayos 7, que son un reflejo de su majestad aterradora.
Conforme a la narración del Génesis, el salmista habla ahora de la consolidación de la tierra y de la separación de las aguas 8. La tierra era concebida como un edificio que descansa en unas columnas que se sumergen en lo profundo del abismo. Y la gran maravilla de la omnipotencia divina consiste en que, a pesar de hacerla reposar sobre la masa líquida, no vacila ni se conmueve 9. En su estado primitivo aparecía cubierta por el océano abismal, como si fuera su vestido 10, siendo sumergidos hasta las cimas de los montes. Pero a una orden de Yahvé, manifestada en un trueno, las aguas se disiparon, huyendo hacia los lugares que de antemano les había señalado (v.8). Es la obra del tercer día de la creación: la separación de las aguas y la aparición de la tierra seca 11. En ese momento se obró la conformación actual de la masa terrestre: se alzaron los montes y se abajaron los valles. Las grandes conmociones cósmicas de los primeros períodos geológicos dieron por resultado la irregularidad del relieve de la corteza terrestre. El salmista lo atribuye todo directamente a las órdenes divinas, conforme a su esquema religioso de la naturaleza. Yahvé con su omnipotencia señaló los límites al mar, para que no anegara a la tierra, haciendo así posible en ella la vida 12.

Dios provee de medios de vida a los vivientes (10-18).
10 Tú haces brotar en los valles los manantiales, que corren luego entre los montes. 11Ellos abrevan a todos los animales del campo y en ellos matan su sed los onagros, 12Junto a ellos se posan las aves del cielo, que cantan en la fronda. 13De tus altas moradas riegas los montes, y del fruto de tus obras se sacia la tierra. 14Hace nacer la hierba para las bestias, y las plantas para el servicio del hombre, para sacar de la tierra el pan; 15 y el vino, que alegra el corazón del hombre, y el aceite, que hace lucir sus rostros, y el pan, que sustenta el corazón del hombre. 16Se sacian los árboles de Yahvé, los cedros del Líbano que plantó, 17 en los cuales anidan los pájaros; f y los cipreses, domicilio de las cigüeñas; 18 los altos montes para las gamuzas, los riscos para madriguera del damán.

A pesar de haber confinado las aguas a un lugar, Yahvé ha provisto a las necesidades de la vegetación y de los vivientes con manantiales en los valles. La descripción es bellísima: los onagros o asnos salvajes, moradores de la estepa, van ansiosos a apagar su sed 13; los pájaros pueblan los escasos árboles que nacen junto a los lugares húmedos. Y a donde no llegan los manantiales provee Yahvé con la lluvia del cielo: riega los montes. En Deu 11:11 se describe a Palestina como “un país de montañas y valles que recibe agua de la lluvia del cielo.” De esa relativa humedad proviene la parca feracidad de la tierra. Con su trabajo, el hombre saca fruto para su manutención: trigo, vino y aceite, los productos característicos de Palestina, país mediterráneo 14. El salmista se complace en destacar la finalidad ornamental del aceite perfumado, que hace lucir los rostros, y la alegría que produce el vino en los corazones 15. En el apólogo de Jotán contesta la vid a los otros árboles que querían nombrarla reina: “¿Voy yo a renunciar a mi mosto, alegría de Dios y de los seres humanos, para ir a mecerme entre los árboles?”16
Hasta los árboles más corpulentos – los árboles de Yahvé -, como los cedros del Líbano, reciben el riego atmosférico enviado por Dios, que los plantó; los árboles que nacen espontáneamente en el monte son considerados como plantados por Dios, en contraposición a los frutales y demás plantas que son plantados por la mano del ser humano 17. En ellos y en los cipreses anidan las grandes aves, como las cigüeñas, como en los altos montes vive la gamuza, y en los riscos inaccesibles el damán, especie de conejo salvaje 18.

Variedad y sabiduría en las obras de la creación (19-26).
19 Tú has hecho la luna para medir los tiempos; el sol conoce (la hora de) su ocaso. 20 Tú extiendes las tinieblas, y es de noche, y en ella corretean todas las bestias del bosque. 21 Rugen los leoncillos por la presa, pidiendo a Dios así su alimento. 22 Sale el sol, y se retiran y se acurrucan en sus cuevas. 23 Sale el hombre a sus labores, a sus haciendas hasta la tarde. 24 ¡Cuántas son tus obras, oh Yahvé! ¡Todas las hiciste con sabiduría! Está llena la tierra de tu riqueza: 25 éste es el mar, grande, inmenso; allí reptiles sin número, animales pequeños y grandes, i 26 Allí las naves se pasean, y ese Leviatán que hiciste para juguete tuyo.

La sucesión de días y de noches es una de las maravillas de la naturaleza; en realidad, obedecen a las órdenes divinas, que ha puesto la luna para determinar los tiempos, meses y estaciones del año, según se dice en Gen 1:14. Por instinto comunicado por Dios, el sol sabe cuándo debe retirarse, pues conoce su ocaso, y debe dejar paso a las tinieblas nocturnas, también enviadas por Dios. Es el tiempo en que campean libremente, amparadas en la oscuridad, las fieras del bosque. También ellas fueron creadas por Dios, y tienen derecho a su sustento 19.
La salida del sol señala la hora de la aparición del hombre para ir a sus labores (v.23). Todo está maravillosamente ordenado por el Creador (v.24). Hasta el tenebroso y caótico océano abismal está bajo las órdenes del Omnipotente. En él pululan los grandes cetáceos, y los pequeños peces, todos obra de Yahvé, pero entre ellos sobresale la maravilla del Leviatán, monstruo marino que Dios domeña y utiliza como juguete en sus momentos de ocio 20. El antropomorfismo es audaz y refleja bien el alto concepto que del poder de Dios tenía el salmista.

El espíritu de Yahvé, conservador y renovador del universo (27-35).
27 Todos ellos esperan de ti que les des alimento a su tiempo. 28 Tú se lo das y ellos lo toman; abres tu mano y se sacian de bien. 29 Si tú escondes tu rostro, se conturban; si les quitas el espíritu, expiran y vuelven al polvo. 30 Si mandas tu espíritu, se recrían, y así renuevas la faz de la tierra. 31 Sea eterna la gloria de Yahvé y Yahvé gócese en sus obras. 32 Mira la tierra, y tiembla; toca los montes, y humean. 33 Yo cantaré a Yahvé mientras viva; entonaré salmos a mi Dios mientras subsista. 34 Séale grato mi hablar, y yo me gozaré en Yahvé. 35 ¡Desaparezcan de la tierra los pecadores y dejen de ser los impíos! Bendice, alma mía, a Yahvé. Aleluya.

Para todos los animales, Dios es el despensero general, y, por eso, todos están pendientes de su generosidad para poder satisfacer su apetito. Si les da el alimento, lo toman con avidez, mientras que, cuando escasea – escondes tu rostro -, al punto se quedan macilentos. El mismo hálito vital depende de Yahvé. Si lo retira, se convierten en polvo21] pero, si vuelve a otorgar el hálito vital, surgen de nuevo otros que se recrían, renovándose así, en ciclo constante, la superficie de la tierra con sus moradores (v.30).
El salmista concluye su maravilloso poema con un canto de alabanza al Dios que obra tales maravillas; sus criaturas son para su gloria, y por eso desea que el mismo Dios se goce en sus obras como en el momento de la creación, cuando veía que todas eran “buenas”22. De nuevo insiste en la majestad de Dios, que con su mirada hace temblar la tierra, y, al tocar con la punta de los pies los montes, éstos se derriten y humean (v.32). Las expresiones son semejantes a las de Amo 9:5, y parecen calcarse en la descripción de la teofanía del Sinaí 23.
El salmo se cierra con el deseo de que desaparezcan los pecadores de la tierra, porque son los únicos que desentonan en la gran sinfonía de la creación (v.35).

1 Cf. Lagier, Le Pharaon du disque solaire: “Recherches des Se. Relig.” (1913) p.297-341. – 2 Cf. Rom 1:20. – 3 Los LXX y Vg: “qui facit angelos suos spiritus.” El autor de la Epístola a los Hebreos, basándose en esta traducción, deduce la inferioridad de los ángeles respecto de Cristo. – 4 1 Tim 6:16. – 5 1Jn 1:5. – 6 Cf. Gen 1:7; Sal 29:4; Sal 148:5. – 7 Cf. Sal 18:11; Isa 19:1; Dan 7:13; Mat 24:30. – 8 Cf. Gen 1:10; Job 38:8-11. – 9 Cf. Job 38:6; Pro 8:29. – 10 Cf. 1:3. – 11 Gen 1:9-13. – 12 Cf. Job 38:10; Pro 8:20, – 13 Cf. Job 39:7- – 14 Cf. Deu 12:17. – 15 Cf. Ecl 10:19. – 16 Jue 9:13. – 17 Cf. Num 24:6, – 18 Cf. Sam 24:2; Job 39:1. – 19 Cf, Sal 157:9. – 20 Cf. Job 40:20; Sal 41:5. – 21 Cf. Job 34:14; Hec 17:25; Col 1:17. – 22 Cf. Gen 1:7. – 23 Cf. Exo 19:18; Sal 144:5; Sal 146:2.

Fuente: Biblia Comentada

engrandecido. El Creador es mayor que su creación. Por esto mismo, el Creador debe ser adorado, y no la creación (cp. Éxo 20:3-4; Rom 1:29).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Esta sección aproxima los primeros dos días de la creación (cp. Gén 1:1-8).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Con vívido detalle poético, el salmista canta de la gloria de Dios en creación (cp. Gén 1:1-31; Gén 2:1-25; Job 38:1-41; Job 39:1-30; Job 40:1-24; Job 41:1-34; Sal 19:1-6; Sal 148:1-6; Pro 30:4; Isa 40:1-6; Jua 1:1-3; Rom 1:18-25; Col 1:16-17). Se refiere a la creación original (cp. Sal 104:5) sin olvidar la caída del hombre y la tierra maldecida (Sal 104:23; Sal 104:29; Sal 104:35). Alterna recitando la grandeza de Dios mediante 1) alabanza personal al Creador (Sal 104:1-2; Sal 104:5-9; Sal 104:20-30), y 2) declarando la obra de Dios ante sus oyentes humanos (Sal 104:3-4; Sal 104:10-19; Sal 104:31-35). El salmo sigue aproximadamente en su decurso el orden de la creación tal como se registra primero en Gén 1:1-31, pero concluye (v. Sal 104:35) con una alusión a los acontecimientos del fin del tiempo que se registran en Apo 20:1-15; Apo 21:1-27; Apo 22:1-21.

I. La creación de los cielos y de la tierra (Sal 104:1-9)

II. La provisión para las necesidades de las criaturas (Sal 104:10-18)

III. El sol y la luna (Sal 104:19-23)

IV. El mar y sus habitantes (Sal 104:24-26)

V. El cuidado providencial de Dios (Sal 104:27-30)

VI. Bendición al Creador (Sal 104:31-35)

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Salmo 104 (103): Himno a Dios soberano y creador de cuanto existe. En él, tras cantar la realeza de Dios entronizado en la corte celeste (Sal 104:1-4), el salmista se recrea en la contemplación de la belleza y bondad de su obra: la tierra que formó separándola de las aguas, la naturaleza y las criaturas que la pueblan, el ritmo de los tiempos. Una alabanza personal llena de gozo cierra este salmo (Sal 104:31-35) que guarda notables semejanzas con el himno egipcio al dios sol de Akenatón (siglo XIV a. C.) y recoge tradiciones del relato de Gén 1:1-31.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Salmo 104. Rapsodia de la Creacion

La majestuosidad de: “Bendecid al Señor, el Todopoderoso, el Rey de la creación”, comparado con la exuberancia de: “Todas las criaturas de nuestro Dios y Rey”, capta bastante bien la relación de Gén. 1 con el Sal. 104.

Este Salmo convierte la verdad de la creación en un canto, la teoría sobre el medio ambiente en maravilla y alabanza. La secuencia del Salmo concuerda con Gén. 1 y podemos imaginar al poeta meditando en aquella gran declaración del Creador y su obra para dar rienda suelta a su imaginación.
un amplio paralelo estructural entre los dos pasajes. El Salmo empieza con un prólogo, una convocatoria a la alabanza y adoración personal (1) y termina con un epílogo de adoración y alabanza personal (31-35). Entre medio, el cuerpo del Salmo sigue a Gén. 1. Con 2 cf. Gén. 1:3-5; con 3 y 4, Gén. 1:6-8; con 5-13, Gén. 1:9, 10; con 14-18, Gén. 1:11-13; con 19-24, Gén. 1:14-19; con 25, 26, Gén. 1:20-28, con 27-30, Gén. 1:29-31.
característica interesante en la manera como este Salmo presenta su tema es la alternancia sorpresiva entre las formas “tú” y las formas “él”: “tú”, 1, 6-9, 13b, 20, 24-30; “él”, 2-4, 10-13a, 14-19 (lit. “él hizo la luna para las estaciones”), 31-35. Mayormente, estos cambios ocurren en puntos donde el Salmo pasa a otra sección, pero sin ninguna regularidad observable. No parece posible ver aquí evidencias de un canto antifonal. El punto es más bien que el Creador es “él” y “tú”, un Dios observado en sus obras y también conocido personalmente.
punto de interés en el Salmo (aunque uno que no puede expresarse fácilmente en la traducción) es que los verbos usados son a veces en el tiempo “perfecto” heb. (lo que es fijo, ya asentado), o en el “imperfecto” (lo que es regular, repetitivo) y el participio (un estado inmutable). El tiempo perfecto expresa la grandeza y majestad permanentes de Dios; el carácter histórico definitivo de la obra de la creación y sus formas y entornos fijos y la sabiduría evidente en ella. Los participios expresan hechos inmutables: el testimonio de la creación en cuanto a su Creador; inmutablemente provee y observa. Los tiempos imperfectos expresan las obras repetidas de Dios en satisfacer las necesidades de la tierra, las transformaciones habituales, las provisiones, el quitar la vida, la renovación y cómo de tiempo en tiempo toca la tierra, controlando sus potencias.

1-9 Creador y creación: trascendente, que mora en, dominante. 1 Bendice (ver 103:1). Qué grande, etc. El Creador es trascendente en su grandeza. Si hemos de distinguir entre gloria y esplendor, la primera es su importancia “intrínseca”, la última: su majestad observable. 2-4 El ropaje es siempre una metáfora del carácter y la consagración. Si su vestidura es luz, es porque Dios es luz (1 Jn. 1:5) y el que la dio (Gén. 1:3; 2 Cor. 4:6). Pero también, desde la figura del Creador envuelto en luz, el Salmo se desplaza desde su trascendencia a su inmanencia. No está lejos de su creación (deísmo); ni debe ser identificado con ella (panteísmo); sino que mora en el mundo que creó. Los cielos son su tienda (2); lo que Gén. 1:7 llama “las aguas que están sobre la bóveda” son el fundamento sobre el cual se levantan sus altas moradas (3), fuera del alcance de la vista. Pero es también el Jinete en las nubes sobre nosotros y presente en derredor nuestro en el viento (3). Además, las fuerzas invisibles del orden creado cumplen su voluntad, como así también las potencias visibles, sea ya el calor acogedor del fuego o la destrucción espantosa de la bola de fuego. 5-9 Se aplican a las imágenes anteriores del Creador en relación con la creación: él planificó su seguridad, determinó su condición (Gén. 1:2) y, por su sola palabra, la ordenó en su forma predeterminada y duradera.

10-23 Creador y creación: Creación organizada para mantener la vida. 10-13 Encerrados entre dos verbos (vierte … das de beber) enseñan que por la obra del Creador, la creación provee agua a sus criaturas. 13-18 El crecimiento sustenta la vida, y las cosas que crecen, al igual que la forma misma del mundo, proveen protección a la vida. Además, la noche y el día que alternan hacen posible que coexistan las bestias y la humanidad (19-23). La creación es un sistema sutilmente adaptado para el mantenimiento y el deleite de la vida; y esto por la acción directa del Creador quien hace las vertientes, riega, hace producir el pasto y las plantas.

24-30 Creador y creación: El Creador es Señor de la vida, la muerte y la renovación. La creación realmente está en incesante actividad, desde el ser marino más pequeño hasta el aterrador monstruo marino, el Leviatán mismo (Job 41:1 ss.) y el constante ajetreo de la humanidad. Pero (sépanlo o no) todos dependen del Creador quien provee lo que necesitan, existen sólo por lo que él da, están sujetos a su determinación soberana en cuanto a la hora de su muerte, y la vida misma sobre la tierra sigue porque es su voluntad renovarla.

31-35 Creador y creación: El Creador santo y su gozo en la creación. La gloria aquí se trata de la gloria del Creador exhibida en su universo creado. Si fuera a retirar su gloria, el universo desaparecería. Sólo él le da existencia y estabilidad. Aunque parece muy sólido, es de la mayor fragilidad en relación aun con sus ojos y dedos. Un Creador así es digno de alabanza constante, la insolencia está fuera de lugar y sólo podemos orar que nuestro pobre canto sea agradable, porque él es el Santo y los pecadores no tienen ninguna seguridad definitiva en su creación (35). ¿Qué puede, entonces, hacer el alma mía sino, habiendo considerado las excelencias del Creador, volverse a él en bendición y alabanza?

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

104.1ss Este salmo es un resumen poético de cómo Dios creó al mundo, según se narra en Génesis 1. Lo que Dios creó cada día lo menciona el salmista como una razón para alabar a Dios. En el primer día, Dios creó la luz (Psa 104:1-2; Gen 1:3). El segundo día, el cielo y las aguas (Psa 104:2-3; Gen 1:6). El tercer día, la tierra y la vegetación (Psa 104:6-18; Gen 1:9-13). El cuarto día, el sol, la luna y las estrellas (Psa 104:19-23; Gen 1:14-16). El quinto día los peces y las aves (Psa 104:25-26; Gen 1:20-23). Y el sexto día creó los animales, el hombre y el alimento para sustentarlos (Psa 104:21-24, Psa 104:27-30; Gen 1:24-31). La creación de Dios merece la alabanza de todos los pueblos.104.5 La tierra está construida sobre los cimientos de Dios. «No será jamás removida» por ningún otro que no sea Dios. Aun cuando un día los cielos y la tierra se destruirán (2Pe 3:10), El creará nuevos cielos y tierra que permanecerán para siempre (Isa 65:17; Rev 21:1). El mismo poder que sostiene al mundo ofrece también un fundamento firme para los creyentes.104.24 La creación está llena de variedades sorprendentes que revelan la rica creatividad, bondad y sabiduría de nuestro Dios amoroso. Cuando observe la naturaleza a su alrededor, agradezca a Dios por su creatividad. Eche un nuevo vistazo a la gente y considere a cada uno como una creación única de Dios, con talentos, habilidades y dones especiales.104.26 Aquí leviatán significa simplemente una criatura del mar, grande y activa.104.28-30 El Salmo 105 expresa la soberanía de Dios en la historia. Este salmo habla de su soberanía sobre toda la creación. Dios tiene el poder supremo e ilimitado sobre el universo entero. Crea, preserva, gobierna. Cuando entendemos el poder de Dios, nos damos cuenta de que El es suficiente para manejar nuestras vidas.104.29 En la actualidad, muchos son lo bastante arrogantes como para pensar que no necesitan a Dios. Pero cada aliento nuestro depende del Espíritu que ha soplado dentro de nosotros (Gen 2:7; Gen 3:19; Job 33:4; Job 34:14-15; Dan 5:23). No solo dependemos de Dios para nuestra vida misma, sino que El además desea lo mejor para nosotros. También debemos desear aprender más acerca de los planes que tiene para nosotros cada día.COMO SE DESCRIBE A DIOS EN LOS SALMOSLa mayoría de los salmos hablan a Dios o acerca de El. Debido a que se compusieron en una gran variedad de situaciones, se mencionan diversas facetas del carácter de Dios. Aquí tenemos una muestra de las características de Dios según lo comprendieron y experimentaron los escritores de los salmos. Cuando los lea, pregúntese si este es el Dios que conoce.Omnisciente y omnipresente: Salmo 139Hermoso y deseable: Salmos 27; 36; 45Creador: Salmos 8; 104; 148Bueno y generoso: Salmos 34; 81; 107Grande y soberano: Salmos 33; 89; 96Santo: Salmos 66; 99; 145Amoroso y fiel: Salmos 23; 42; 51Misericordioso y perdonador: Salmos 32; 111; 130Poderoso: Salmos 76; 89; 93Dispuesto a revelar su voluntad, ley y dirección: Salmos 1; 19; 119Recto y justo: Salmos 71; 97; 113Espíritu: Salmos 104; 139; 143

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 3615 Sal 103:1

b 3616 Sal 48:1; Sal 77:13; Sal 86:10; Dan 9:4

c 3617 1Cr 16:27; Job 37:22; Sal 8:1; Sal 96:6; Eze 1:28; Dan 7:9

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

Salmo 104 Este es un himno (vers. 1, 33-34) celebrando al Señor como el triunfante (vers. 5-9) Creador y Sostenedor. Concluye con la petición de que los impíos sean consumidos de la tierra (vers. 35). Este Salmo habla de los cielos como el palacio celestial de Dios, desde el cual El llena de vida la tierra y la sostiene. En esta poesía festiva, toda criatura, grande y pequeña, celebra su vida y su posición. Se reprenden las aguas caóticas, y en su lugar caen sobre los montes lluvias vivificantes que fluyen a los valles para regar la tierra. La lluvia satisface la sed de las bestias, provee sostenimiento, pan, vino y aceite para la humanidad y el ganado, y riega los árboles que dan morada a una variedad de aves. Hay varias alusiones al libro de Génesis: luz (vers. 2), cielos (vers. 2), tierra (vers. 5), luna y sol (vers. 19), animales (vers. 21) y el hombre (vers. 23). Esta sección alaba a Dios como Creador y Sostenedor de todo, aun del mar y del Leviatán. Los vers. 31-35 están enmarcados por varias referencias al Señor (dos veces en vers. 31 y en 35) y vuelve al tema de la alabanza personal. Aunque el hombre es sólo una parte de la creación, goza de un lugar prominente en ella, hecho enfatizado al mencionar al hombre al principio y al final de la sección central.

Fuente: La Biblia de las Américas

En este himno de alabanza, un paralelismo poético con Gén 1:1-31, el salmista presenta a Jehová como el Creador de los cielos (vv. Sal 104:1-4) y la tierra (vv. Sal 104:5-9), quien ha formado la tierra con la capacidad de satisfacer todas las necesidades de los seres vivientes (vv. Sal 104:10-23), quien domina toda la creación (vv. Sal 104:24-32), y es digno de alabanza (vv. Sal 104:33-35).

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie

SALMO 104 (103)[26] El leviatán o monstruo marino es una criatura más de Dios, que juega en el mar. Is 27, 1.

Fuente: Notas Torres Amat