Comentario de Lamentaciones 1:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
¡Cómo está sentada solitaria la ciudad populosa! Se ha vuelto como viuda la grande entre las naciones. La señora de las provincias ha sido hecha tributaria.
¡Cómo ha quedado sola! Lam 2:1, Lam 2:10; Lam 4:1; Isa 3:26; Isa 14:12; Isa 47:1-15; Isa 50:5; Isa 52:2, Isa 52:7; Jer 9:11; Jer 50:23; Eze 26:16; Sof 2:15; Apo 18:16, Apo 18:17.
la ciudad populosa. Sal 122:4; Isa 22:2; Zac 8:4, Zac 8:5.
se ha vuelto como viuda. Isa 47:8, Isa 47:9; Isa 54:4; Apo 18:7.
la señora de provincias. 1Re 4:21; 2Cr 9:26; Esd 4:20.
ha sido hecha tributaria. Lam 5:16; 2Re 23:33, 2Re 23:35; Neh 5:4; Neh 9:37.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Lamentaciones sobre las miserias de Jerusalén y de los judíos, y confesión de sus pecados, Lam 1:1-11.
Exige la atención y la compasión de observadores a esta tragedia, Lam 1:12-17.
La justicia de Dios reconocida, y su piedad suplicada, con oraciones contra enemigos, Lam 1:18-22.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
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EL LIBRO DE LAMENTACIONES REVELA EL CORAZÓN QUEBRANTADO DEL profeta Jeremías. En una potente poesía, Jeremías expresa su aflicción por la tragedia nacional que se ha desarrollado ante sus ojos: Jerusalén, la Ciudad de Dios, ha caído ante los babilonios. Sin embargo, el llanto y las lágrimas de Jeremías no fueron por su pérdida personal sino por la depravación de los israelitas. El pueblo de Israel ha elegido rechazar a Dios. Aún en este período de sufrimiento había esperanza. El Señor no sometería a disciplina a su pueblo para siempre. Él eventualmente restauraría a aquellos que esperaron en Él.
Los cinco capítulos de Lamentaciones son cinco poemas con el capítulo Lam 3:1-66 como punto central o como el clímax. Efectivamente, los primeros dos capítulos configuran un «ascenso» o un crescendo hacia el clímax, la gran confesión de Lam 3:23, Lam 3:24. «Grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová». Los últimos dos capítulos son un «descenso» o un decrescendo, desde la cumbre del capítulo Lam 3:1-66.
Los capítulos Lam 1:1-22 y Lam 5:1-22 proporcionan un resumen del cerco y la caída de Jerusalén, mientras que los capítulos Lam 2:1-22 y Lam 4:1-22 ofrecen descripciones más detalladas y explícitas del desastre. El capítulo Lam 3:1-66 se mueve desde una mezcla de lamento y esperanza en los vv. Lam 3:1-24 a una alabanza de brillante colorido al compasivo y fiel Señor en los vv. Lam 3:25-39. Esta es seguida por la confesión de los vv. Lam 3:40-54 y la oración concomitante de los vv. Lam 3:55-66. Luego, el capítulo Lam 4:1-22 relaja la intensidad emocional de los capítulos anteriores, describiendo en forma desapasionada cómo el sufrimiento afectó a todas las clases de la población de Jerusalén. El capítulo final es una oración que comienza con «Acuérdate, oh Jehová» (Lam 5:1) y termina con «Vuélvenos, oh Jehová, a ti» (Lam 5:21). De esta forma, el lamento de Jeremías se traslada desde el desconsuelo a la alabanza y luego desde la alabanza a una oración por una renovación.
La poética del libro realza su contenido y estructura. Los capítulos Lam 1:1-22 al Lam 4:1-22 están compuestos como un acróstico de las veintidós letras del alfabeto hebreo. Cada verso o grupo de versos comienza con una palabra cuya letra inicial mantiene la secuencia de las letras en el alfabeto hebreo. Esto sería similar a un poema en español en el cual la primera línea comienza con A; la segunda con B, y así sucesivamente. Uno de los propósitos de esta estructura probablemente fue facilitar la memorización del pasaje. El acróstico también sugiere que el escritor ha pensado el contenido hasta el final y está entregando una relación completa del tema.
Al igual que el Libro de Job, el Libro de Lamentaciones está dedicado al sufrimiento humano. A diferencia de Job, Lamentaciones se enfoca en el sufrimiento de la nación, específicamente, el sufrimiento de Judá. A medida que se avanza, el libro emprende uno de los temas más penosos enfrentados por el pueblo de Dios: ¿Cómo puede, el amor y la justicia de Dios reconciliarse con nuestro dolor? Si Dios tiene el control de la historia, ¿cómo puede sufrir tanto una nación, poco después que ha sido guiada por un líder tan piadoso como el Rey Josías y aquellos que participaron en aquel avivamiento? ¿Dónde estaba Dios durante las amargas horas de su pueblo?
El Libro de Lamentaciones ofrece algunas reflexiones prácticas sobre el propósito y el resultado del sufrimiento. Más que dar una explicación del dolor, el libro nos ayuda a enfrentarlo. Evitando modelos alegres, el Libro de Lamentaciones proporciona un acompañamiento hacia aquellos que están sufriendo y siembra las semillas de esperanza para reconstruir después que el sufrimiento ha terminado.
En el fondo, la ira de Dios es una señal que Él maneja. La ira de Dios nunca es caprichosa o irracional. Su disciplina es un signo de que Él no nos ha abandonado. Incluso en la manifestación de su ira, Dios está aún lleno de su misericordia y de su gracia. El faro, en el centro del desastre, se encuentra en Lam 3:22-24. Suceda lo que suceda, Dios permanece fiel. Su fidelidad es el más grande consuelo para aquellos que sufren. Su compasión es nueva cada mañana.
Aunque no se nombra ningún autor en el libro, el profeta Jeremías ha sido tradicionalmente identificado como el escritor de Lamentaciones. En realidad, algunas copias de la traducción de la antigua Septuaginta griega comienzan con estas palabras: «Y sucedió, después que Israel había sido llevado cautivo, y Jerusalén quedó desolada, que Jeremías se sentó llorando y derramó estas lamentaciones sobre Jerusalén». El crédito de Jeremías sobre Lamentaciones, se basa en las siguientes consideraciones:
(1) Jeremías fue conocido como un compositor de lamentos (2Cr 35:25).
(2) Jeremías fue el profeta que lamentaba: «¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!» (Jer 9:1).
(3) En Lam 3:1, el autor parece identificarse con Jeremías cuando dice: «Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo».
(4) Existen varias similitudes lingüísticas entre Lamentaciones y Jeremías.
Bosquejo
I. Aflicción después de la destrucción de Jerusalén Lam 1:1-22
II. Sufrimiento personal después de la destrucción de Jerusalén Lam 2:1-22
III. Esperanza frente a la adversidad Lam 3:1-66
IV. El dolor de la destrucción de Jerusalén Lam 4:1-22
V. Reconocimiento de que Dios aún gobierna Lam 5:1-22
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
El primer poema en Lamentaciones tiene cuatro movimientos:
(1) en su soledad (vv. Lam 1:1-7);
(2) en sus causas (vv. Lam 1:8-11);
(3) en sus propósitos (vv. Lam 1:12-17); y
(4) en su confesión (vv. Lam 1:18-22).
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EN FOCO
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«Lamentos»
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(Heb. baká) (Lam 1:2, Lam 1:16; Job 30:31) # en Strong H1058: Este verbo describe el acto de gemir o de sollozar, el cual expresa la emoción que va desde el desconsuelo hasta la felicidad. Aunque la palabra a menudo se asocia con lamentos, el «amargo gemido» del antiguo pueblo que estaba lamentando su muerte (2Sa 1:12), también se usa como expresión de alegría (Gén 29:11). Los antiguos lloraban cuando decían adiós (Rut 1:9), sobre una sentencia inminente (Jer 9:1), para expresar su alegría sobre el Templo reconstruido (Esd 3:12) y en el funeral de un individuo (Gén 50:1). En Lamentaciones, Jeremías llora por los pecados del pueblo, los pecados que eventualmente tuvieron como resultado la destrucción de Jerusalén (Lam 1:1, Lam 1:16)
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Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
Cómo: Esta exclamación se usa frecuentemente en lamentos y cantos fúnebres. Expresa sorpresa, aflicción y desaliento (Lam 2:1; Lam 4:1; Isa 1:21; Isa 14:4; Jer 9:19; Jer 48:17; Eze 26:17).
sola: Este es el desamparo de un individuo, una que está como viuda. Jerusalén es personificada o retratada como una persona (Isa 1:21). Comenzando desde el v. Lam 1:12 Jerusalén «habla» de sus propias tribulaciones en primera persona.
señora … tributaria: Este es un vuelco terrible de la fortuna.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
¡CÓMO HA QUEDADO SOLA LA CIUDAD POPULOSA! Jeremías manifiesta su profundo quebranto por causa de la caída de Jerusalén y las trágicas circunstancias que la causaron. Se personifica la ciudad santa como una viuda abandonada que ha perdido a sus hijos y ha sido traicionada por sus amigos; se queda totalmente sola sin nadie que la consuele.
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
Introducción a Lamentaciones
Bosquejo
I. La devastación de Jerusalén (Lam 1:1-22)
A. Descripción de la ciudad destruida (Lam 1:1-7)
B. La causa de la destrucción (Lam 1:8-11)
C. La agonía del pueblo (Lam 1:12-22)
II. El enojo de Dios y la tristeza de Jerusalén (Lam 2:1-22)
A. El enojo de Dios contra Sion (Lam 2:1-9)
B. La angustia del pueblo (Lam 2:10-17)
C. Súplica del profeta para pedir misericordia (Lam 2:18-22)
III. El pueblo afligido de Dios y su esperanza (Lam 3:1-66)
A. El clamor de desesperación (Lam 3:1-18)
B. La confesión de esperanza (Lam 3:19-39)
C. Un llamado al arrepentimiento (Lam 3:40-42)
D. El sufrimiento del profeta (Lam 3:43-54)
E. La oración del profeta (Lam 3:55-66)
IV. Pasado, presente y futuro de Sion (Lam 4:1-22)
A. Contraste del pasado y el presente de Sion (Lam 4:1-12)
B. La causa de la devastación de Sion (Lam 4:13-20)
C. Castigo para Edom y restauración para Judá (Lam 4:21-22)
V. La oración por la restauración (Lam 5:1-22)
A. La necesidad de misericordia (Lam 5:1-15)
B. La confesión del pecado (Lam 5:16-18)
C. La súplica por la restauración (Lam 5:19-22)
Autor: Jeremías
Tema: La tristeza presente y la esperanza futura
Fecha: 586-585 a.C.
Trasfondo
El título de este libro se deriva del subtítulo en las versiones griega y latina del AT, «Lamentaciones de Jeremías». El AT hebreo lo incluye como uno de los cinco rollos (con Rut, Ester, Eclesiastés y Cantar de los Cantares) de la tercera parte de la Biblia hebrea, los hagiógrafos («Escritos Santos»); cada uno de esos cinco libros se leía por tradición en cierto tiempo del año litúrgico judío. Éste se leía el noveno día del mes de ab (cerca de mediados de julio), cuando los judíos conmemoraban la destrucción de Jerusalén. La Septuaginta colocó Lamentaciones inmediatamente después de Jeremías, donde aparece en la mayoría de las Biblias en la actualidad.
Que Jeremías fue el autor de Lamentaciones ha sido por mucho tiempo el consenso de las tradiciones judeocristianas. Entre las evidencias que respaldan esta conclusión están las siguientes:
(1) Por 2Cr 35:25 se sabe que Jeremías estaba acostumbrado a hacer lamentos o endechas. Además, el libro profético de Jeremías contiene referencias frecuentes a su llanto por la devastación futura de Jerusalén (véanse Jer 7:29; Jer 8:21; Jer 9:1; Jer 9:10; Jer 9:20).
(2) La descripción gráfica en Lamentaciones de ese suceso catastrófico sugiere el relato de un testigo ocular; Jeremías es el único escritor conocido del AT que presenció la tragedia de Jerusalén en 586 a.C.
(3) Hay varios paralelos temáticos y lingüísticos entre el libro de Jeremías y Lamentaciones. Por ejemplo, ambos libros atribuyen el sufrimiento de Judá y la destrucción de Jerusalén al pecado persistente y la rebeldía contra Dios. En ambos libros Jeremías llama al pueblo de Dios «virgen hija» (Jer 14:17; Jer 18:13; Lam 1:15; Lam 2:13). Estos hechos, junto con las semejanzas entre los dos libros en su estilo poético, señalan al mismo autor humano.
La desolación de Jerusalén se describe en Lamentaciones con tanta claridad ycolorido que indica que el autor la conoció como suceso reciente. Jeremías tendría entre cincuenta y sesenta años de edad cuando la ciudad cayó; sufrió todo su trauma, y lo forzaron a ir a Egipto en 585 a.C. (véase Jer 41:1-18; Jer 42:1-22; Jer 43:1-13; Jer 44:1-30), donde murió (quizá martirizado) en la década siguiente. Así que es probable que el libro fuera escrito inmediatamente después de la destrucción de Jerusalén (ca. 586-585 a.C.).
Propósito
Jeremías escribió una serie de cinco lamentaciones para expresar su intensa tristeza y dolor emocional por la trágica devastación de Jerusalén, que comprende:
(1) la humillante caída de la monarquía y del reino davídicos;
(2) la destrucción completa de los muros de la ciudad, del templo, del palacio del rey y de la ciudad en general; y
(3) la lamentable deportación de la mayoría de los sobrevivientes a la lejana Babilonia. «Jeremías se sentó a llorar y endechó con esta lamentación sobre Jerusalén», dice un sobrescrito al libro en la Septuaginta y la Vulgata latina.
En el libro, la tristeza del profeta se vierte como la de los duelos en el funeral de un pariente íntimo que haya muerto de manera trágica. Los lamentos reconocen que la tragedia fue el juicio de Dios sobre Judá por siglos de rebeldía contra El de parte de sus gobernantes y su pueblo. El día de rendir cuentas había llegado y fue sumamente terrible. En Lamentaciones, Jeremías no sólo reconoció que Dios es recto y justo en todas sus acciones, sino también que es misericordioso y compasivo con los que esperan en Él (Lam 3:22-23; Lam 3:32). Así que Lamentaciones le daba al pueblo esperanza en medio de su desesperación y le permitía mirar más allá del juicio del momento a la restauración por Dios de su pueblo en el futuro.
Visión panorámica
El libro es una serie de cinco lamentos, cada uno completo en sí.
El primero (cap. Lam 1:1-22) describe la devastación de Jerusalén y el lamento del profeta por ella al clamar a Dios con el alma angustiada. A veces su lamento se personifica como el de Jerusalén (Lam 1:12-22).
En su segundo lamento (cap. Lam 2:1-22), Jeremías describe la causa de la devastación como la ira de Dios dirigida hacia un pueblo rebelde que no quiso arrepentirse. El enemigo de Judá fue el instrumento del juicio de Dios.
El siguiente poema (cap. Lam 3:1-66) exhorta a la nación a recordar que Dios es en realidad misericordioso y fiel, y que es bueno con los que esperan en Él.
El cuarto poema (cap. Lam 4:1-22) reitera los temas de los tres anteriores.
En el poema final (cap. Lam 5:1-22), después de la confesión del pecado y de la necesidad de misericordia de Judá, Jeremías le pide a Dios que restaure su pueblo a su favor.
Los cinco lamentos del libro que corresponden a sus cinco capítulos, tienen cada uno veintidós versículos (excepto el cap. Lam 3:1-66 que tiene veintidós multiplicado por tres o sea sesenta y seis versículos); veintidós es la cantidad de letras del alfabeto hebreo. Los primeros cuatro poemas son acrósticos alfabéticos, es decir, cada versículo (o en el cap. Lam 3:1-66, cada conjunto de tres versículos) comienza con una letra diferente del alfabeto hebreo en sucesión de álef a tau.
Esta estructura alfabética, además de ayudar a la memoria, realiza dos cosas:
(1) Conlleva la idea de que las lamentaciones son completas, que cubren todo de A a Z (Heb. «alef a tau).
(2) Al mantener las lamentaciones dentro de esta estructura, el profeta se inhibe de repetir sus llantos y quejidos sin fin. Había un fin para el lamento, así como algún día lo habría para el exilio y la reconstrucción de Jerusalén.
Características especiales
Cinco aspectos o énfasis principales caracterizan el libro de Lamentaciones:
(1) Aunque ocurren cantos de lamentos individuales y de la comunidad en los Salmos y en los libros proféticos, sólo este libro de la Biblia está compuesto exclusivamente de poemas llenos de aflicción.
(2) Su estructura literaria es del todo poética, y cuatro de los cinco lamentos poéticos del libro son acrósticos (véase el último párrafo bajo «Visión panorámica»). De conformidad con la estructura poética del libro, el quinto poema también tiene veintidós versículos.
(3) Aunque 2Re 25:1-30 y Jer 52:1-34 describen el suceso histórico de la destrucción de Jerusalén, sólo este libro refleja con claridad las emociones y sentimientos de los que experimentaron la catástrofe.
(4) En el centro del libro hay una de las más enérgicas declaraciones acerca de la fidelidad y salvación de Dios que se halla en la Biblia (Lam 3:21-26). Aunque Lamentaciones comienza con un lamento (Lam 1:1-2), de modo apropiado termina con una nota de arrepentimiento y esperanza de la restauración (Lam 5:16-22).
(5) No hay citas de este libro en el NT y sólo unas pocas alusiones posibles (cf. Lam 1:15 con Apo 14:19; Lam 2:1 con Mat 5:35; Lam 3:30 con Mat 5:39; Lam 3:45 con 1Co 4:13).
Cumplimiento en el Nuevo Testamento
Aunque no se cita Lamentaciones en ninguna parte del NT, sí tiene mucha importancia para los que creen en Cristo. Como Rom 1:18-32; Rom 2:1-29; Rom 3:1-20, estos cinco capítulos invitan a los creyentes a reflexionar sobre la gravedad del pecado y la certeza del juicio divino. Al mismo tiempo, recuerdan que debido a la compasión y misericordia del Señor, la salvación está disponible para los que se arrepientan de sus pecados y se vuelvan a El. Además, las lágrimas del profeta traen a la memoria las lágrimas de Jesucristo, que lloró por los pecados de la ciudad de Jerusalén cuando previo su futura destrucción a manos de los romanos (Mat 23:37-38; Luc 13:34-35; Luc 19:41-44).
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
1. Primera Lamentación: Jerusalen, Desolada.
Podíamos resumir el contenido ideológico de las Lamentaciones en tres facetas: desolación de la Ciudad Santa, reconocimiento de la justicia divina y oración implorando misericordia al Señor. Estas ideas se repiten machaconamente, pero las expresiones son bellísimas y variadas. Por todo esto, las Lamentaciones pueden considerarse como una de las mejores composiciones de la Biblia desde el punto de vista lírico-afectivo. El metro poético suele ser el característico de las “elegías” o qinah, a base de tres dísticos cada letra del alefato. El carácter especial de las Lamentaciones excluye un desarrollo estrictamente lógico de ideas; por eso las consideraciones se repiten entrecortadas, como expresión de un alma lacerada que por encima de las leyes lógicas de la inteligencia tiene las del corazón.
Se suele dividir esta primera lamentación en dos partes: a) 1-11, en que habla el poeta (excepto en el v.8 y 11); b) 12-22: habla Sión (excepto el v.17).
1 Alef. – ¡Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa, es como viuda la grande entre las naciones; la señora de provincias ha sido hecha tributaria!
El profeta contrapone dos situaciones de la Ciudad Santa, que es presentada como una dama o princesa que ha quedado viuda. En una medalla acuñada por Tito después de la toma de Jerusalén en el año 70 d.C. aparece una mujer llorando debajo de una palmera con esta inscripción: “ludaea capta.” Es el mejor comentario de estos primeros versos de las Lamentaciones. El autor 110 puede comprender el cambio de situación de la que era señora de provincias, y se ha convertido en viuda y tributaria. La primera palabra, ¡Cómo.! es característica del verso elegiaco llamado qinah l. Sión se sienta en soledad como madre que ha quedado sin hijos, como doncella que ha quedado sin amantes y como viuda que ha quedado sin marido, expuesta a la penuria sin sombra protectora2. La ciudad populosa y la señora de provincias son dos frases que han de entenderse en el horizonte relativo del hagiógrafo. Sión era la capital más poblada de Judá, y también, como capital, señora de provincias, no sólo de las tribus de Judá y de Simeón, que constituían el reino del sur, sino que en tiempos de Jeremías era aún señora de amplias zonas de TransJordania, como Edom y Moab. Pero ahora ha sido hecha tributaria, formando sólo parte de un distrito del inmenso imperio babilónico.
2 Beth. – Llora copiosamente en la noche y corre el llanto por sus mejillas; no tiene quien le consuele entre todos sus amantes; le fallaron todos sus amigos y se volvieron enemigos.
En las horas nocturnas siente más su soledad e infortunio, porque nada le distrae de su dolor. El día con su luz trae siempre impresiones optimistas y alegres, pero en la noche, el ambiente de vacío, de soledad, pesa como una fría losa sobre el alma del desgraciado; por eso, en esas horas de intimidad y de sinceridad corre el llanto por sus mejillas. Sólo el desahogo de las lágrimas puede compensar algo la tremenda tragedia interior de la dama desolada. Por otra parte, en la hora trágica del infortunio, en la hora de la verdad, le fallaron todos sus amigos. Sión había confiado en Egipto y en la alianza de otros pueblos 3; pero, cuando la ciudad ha sido convertida en un montón de ruinas, no tiene quién la consuele. Es el patrimonio de todo el que ha sido visitado por el infortunio: los que antes creía sus amigos, se le volvieron enemigos.
3 Guímel. – Emigró Judá a causa de la aflicción y de la gran servidumbre; está sentada entre las gentes sin hallar reposo; todos sus perseguidores le dieron alcance y la estrecharon.
Asolada la ciudad, los habitantes que quedaron sin ser llevados al destierro emigraron voluntariamente a causa de la aflicción y de la gran servidumbre. El yugo babilónico era demasiado pesado 5. Pero Judá tampoco encontró reposo en el exilio, sentada entre las gentes. Sus enemigos siguieron persiguiéndola “en desfiladeros estrechos,” según dice el texto hebreo.
4 Dálet. – Los caminos de Sión están en luto por 110 haber quien venga a las solemnidades. Todas sus puertas están desoladas, sus sacerdotes gimiendo, sus vírgenes escuálidas, y ella llena de amargura.
El estado de la ciudad no puede ser más triste: los caminos que conducían a Sión, antes rebosantes de peregrinos, ahora están en luto, desiertos: no hay quien venga a las solemnidades. Por la mente del profeta pasa el gozoso recuerdo de los millares de peregrinos que avanzaban hacia la Ciudad Santa con cantos alegres de acción de gracias por las cosechas. Ya no hay solemnidades o fiestas litúrgicas tradicionales, hitos durante el año de la vida religiosa: las tradicionales fiestas de Pascua, de Pentecostés y de Tabernáculos, en las que se presentaban las primicias de los cereales y de los frutos impetrando protección para el próximo año agrícola. Ya no salen a recibir a los peregrinos los sacerdotes, que ahora están gimiendo. Las mismas vírgenes, que en alegres danzas amenizaban la presencia de los peregrinos en estas fiestas, están ahora escuálidas o encorvadas por el dolor 6. Y las puertas de la ciudad, en otro tiempo lugar de concentración de la vida social de la ciudad, están desoladas. Ya no están allí los ancianos para juzgar, ni los mercaderes para recibir las caravanas con las mercancías, ni los niños alegrando con sus juegos la vida de la ciudad 7. Todo es atmósfera de tristeza y amargura.
5 He. – Prevalecieron sus enemigos y prosperaron los que la aborrecían, pues la afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías; sus niños fueron a la cautividad delante del enemigo.
En la lucha han vencido los enemigos de Judá. Pero, en realidad, todos los sufrimientos de Judá vienen enviados por el mismo Dios: pues la afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías. La conducta pecadora de Judá es la causa de su desventura. Y ni siquiera sus pequeñuelos se ven libres de la deportación.
6 Wau. – Ha desaparecido de la hija de Sión toda su gloria; sus príncipes han venido a ser como ciervos que no hallan pastos, y huyeron sin fuerzas ante el perseguidor.
En la catástrofe ha perdido la hija de Sión, es decir, Jerusalén, toda su gloria, a saber, lo que constituía su orgullo: sus príncipes y su rey, como puntualiza a continuación 8. Sus príncipes, debilitados por el hambre y la miseria, andan vagando como ciervos que no hallan pastos 9. Y huyeron agotados ante el perseguidor. En efecto, el rey Sedecías, con sus magnates, se dio a la fuga, siendo vergonzosamente capturado 10.
7 Zain. – Acordóse Jerusalén, en los días de su aflicción y de su vivir errante, de todos los bienes que de antiguo tuvo. Cuando cayó su pueblo en manos del enemigo, sin que nadie le ayudase, miráronla sus enemigos y se burlaron de su perdición.
En los días de la prueba comprendió Jerusalén los bienes que de antiguo tuvo. Pero ahora nada le queda de su antigua gloria y riqueza, y sus enemigos se alegran, burlones, ante su ruina.
8 Jet. – Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso fue objeto de aversión; cuantos antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve su rostro.
Jerusalén es presentada ahora como una cortesana que por sus pecados es convertida en objeto de aversión 11, despreciada de los que antes le hacían el amor, porque vieron su desnudez 12. Jerusalén, humillada por su Dios, ha descubierto sus pecados, presentándose como una mujer pública que ha mostrado impudentemente sus atractivos sexuales 13. Y Jerusalén misma se avergüenza de su estado menstrual y vuelve el rostro.
9 Tet. – Su inmundicia manchaba sus vestiduras, y no se cuidaba de su fin, y cayó de modo sorprendente, sin que nadie la consolara. Mira, ¡oh Yahvé! mi aflicción, mira la arrogancia del enemigo.
Sigue la misma imagen. Jerusalén se halla como mujer pública en período menstrual, su inmundicia se nota en sus vestiduras 14. Aquí inmundicia tiene un sentido religioso. Sus pecados la hacen inmunda a los ojos de los demás pueblos, y son tantos, que no puede disimularlos. Y está tan ciega en sus extravíos, que no se cuida de su fin, es decir, del castigo que le espera 15. De repente, ante tanta perversidad, se escapa un grito de auxilio de Jerusalén: Mira mi aflicción. Ella es ciertamente pecadora ante los ojos de Yahvé, pero sus enemigos no lo son menos y se muestran insolentes con arrogancia insoportable 16.
10 Yod. – Echó mano el enemigo de todos sus tesoros, vio penetrar en su santuario a las gentes, a quienes prohibiste penetraran en tu congregación.
El pensamiento del profeta se vuelve a la depredación del templo de Jerusalén. Esto era el mayor crimen que debía Dios castigar, pues, aparte de la expoliación, penetraron en el santuario gentes a quienes estaba prohibido entrar en el sagrado recinto 17. En el templo construido por Herodes se puso una placa de bronce, que ahora está en el museo de Estambul, en la que se conminaba con la pena de muerte a todo gentil que osara pasar del atrio de los gentiles al de los israelitas 18. El allanamiento, pues, de la morada de Yahvé por los gentiles era para el profeta la mayor enormidad que pudiera cometerse.
11 Kaf. – Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de precioso para mantener la vida. Mira, oh Yahvé! y contempla cuan abatida estoy.
La ruina política de la ciudad ha traído la catástrofe económica. Es tal la carestía de alimentos, que los habitantes tienen que dar sus objetos más preciados para subvenir a las necesidades más elementales. Ante los ojos del profeta está el espectro del pueblo macilento en busca de pan.
12 Lamed. – ¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino! mirad y ved si hay dolor comparable a mi dolor, al dolor con que yo soy atormentada. Afligióme Yahvé el día de su ardiente cólera.
Sión pide comprensión para la tragedia de su pueblo, de su capital destruida, y por eso interpela a los viandantes que indiferentes contemplan las ruinas de la ciudad, sin preocuparse de su situación, siguiendo su marcha conforme a las exigencias comerciales. Cerca de la Ciudad Santa pasaba el camino hacia Egipto para unirse a la vía maris, o ruta caravanera comercial entre el país del Nilo y Mesopotamia 19. Podemos, pues, considerar la exclamación angustiada del profeta, puesta en boca de Jerusalén, como una llamada a la piedad de estos comerciantes despreocupados de su malhadada suerte. No hay dolor comparable al de la Ciudad Santa, arrasada y deshabitada. Sus ruinas son un recuerdo perenne del paso asolador de la ardiente cólera de Yahvé. La frase es un humilde reconocimiento de los pecados de Jerusalén, presa ahora de las exigencias de la justicia airada de Dios.
13 Mem. – Mandó desde lo alto un fuego que consume mis huesos 20, tendió a mis pies una red, y me hizo caer hacia atrás y me arrojó en la desolación, consumida todo el día.
La mano pesada de la justicia divina se hace sentir como un fuego que consume los huesos de Jerusalén. La metáfora puede aludir simplemente a un castigo enviado por Dios desde lo alto, el cielo donde Yahvé habita, o quizá aluda concretamente a una epidemia que siguió normalmente a la ruina política y económica de la nación, la cual se hace sentir de modo especial con manifestaciones de intensas fiebres. En este caso, la frase fuego que consume los huesos adquiere más realismo 21. Pero parece más lógico tomar fuego como instrumento de castigo en general 22. La imagen siguiente tiene también un sentido general: Jerusalén ha caído en la red que le ha tendido Yahvé. La Ciudad Santa era como una avecilla descarriada que andaba volando libremente separada de su Dios, pero Yahvé, en su amor, le ha tendido una red y ha caído en ella. Esa red que hará recapitular a Jerusalén sobre sus caminos es la desgracia y la ruina 23. Yahvé ha actuado como hábil cazador, buscando atraerla por la vía de la expiación: me arrojó en la desolación. Por todo ello se siente como consumida y agotada.
14 Nun. – El yugo de mis iniquidades pesa sobre mí 24 entretejidas por su mano. Su yugo es sobre mi cuello y ha quebrantado mis fuerzas. Me entregó Yahvé en sus manos, no puedo levantarme.
Jerusalén reconoce, humillada, sus transgresiones, que pesan sobre ella como yugo insoportable. Los crímenes de la Ciudad Santa son como las partes diversas del yugo con sus cuerdas, que han sido entretejidas por el mismo Yahvé, obligado a enviarle un castigo purificador por exigencia de su justicia. Ante el castigo enviado por Dios, Jerusalén está impotente, presa de la justicia divina, y no puede levantarse. Es la imagen de la bestia con el yugo al cuello, sin poder levantar la cabeza.
15 Sámec. – Rechazó a todos mis guerreros en medio de mí, convocó contra mí una asamblea para quebrantar a mis mancebos. Como en lagar ha pisado Yahvé a la virgen hija de Judá.
Yahvé mismo ha convocado a los enemigos de Judá a una asamblea o concentración para que se abalancen contra sus guerreros, que iban a ser sacrificados 25. Los escritores bíblicos prescinden en sus descripciones de las causas segundas, y lo atribuyen todo directamente a Dios. En toda la tragedia de Judá ha estado la mano justiciera de Yahvé como causa total. El hagiógrafo tiene una visión teológica de la historia, y lo considera todo a través de las leyes de la justicia divina ultrajada: Como en lagar ha pisado Yahvé a la virgen hija de Judá. La metáfora es atrevida y muy expresiva; ninguna mejor para indicar el rigor de la inexorable justicia divina. La hija de Judá es Jerusalén, concebida como una virgen hermosa y atractiva que ha sido mancillada y despreciada. Algunos autores creen que aquí se alude a un “banquete” sacrificial: Yahvé ha convocado a los enemigos de Judá a una asamblea litúrgica en la que no falta el banquete de ritual ni el vino. Este vino aquí es la sangre de la virgen de Judá, exprimida como en un lagar 26. La metáfora es posible, pero quizá el contexto no exija tanto.
16 Ayin. – Por eso lloro, y manan lágrimas mis ojos, y se alejó de mí todo consuelo que aliviase mi alma; mis hijos están desolados al triunfar el enemigo.
De nuevo la tragedia se apodera de la desconsolada Judá. Ese triunfo de sus enemigos la ha sumido en la mayor amargura. No le queda sino derramar lagrimas; se siente sola: sus amigos la han abandonado, y Yahvé no le sirve sino para mostrarle sus transgresiones, haciendo pesar sobre ella su mano vengadora.
17 Pe. – Tiende Sión sus manos, pero nadie la consuela. Dio Yahvé contra Jacob órdenes a los enemigos que la rodeaban, y Jerusalén fue para ellos objeto de abominación.
Ahora habla el profeta para contar la tragedia íntima de Sión: su soledad en la hora de la prueba es total. Jerusalén tiende sus manos en busca de auxilio 27, pero en vano. Todo lo que pasa está “decretado” por Yahvé, que para castigar a su pueblo convoca a sus enemigos circunvecinos, de forma que sean testigos de la humillación de Judá. Para ellos, la Ciudad Santa se ha convertido en cosa inmunda 2S, objeto de abominación y desprecio, pues en su catástrofe parece llevar la maldición de su Dios.
18 Sade. – Justo es Yahvé, pues yo fui rebelde a sus mandatos. Oíd, pueblos todos, y contemplad mi dolor: mis doncellas y mis mancebos han ido al cautiverio.
La confesión de los pecados por parte de Jerusalén es sincera, y en ella se reconoce la justicia del castigo enviado por Yahvé. Pero, como antes se había dirigido a los viandantes para que contemplaran sus ruinas y su tragedia, ahora se dirige a los pueblos todos para que piensen en la mayor tragedia de una madre: mis doncellas y mancebos han ido al cautiverio. Lejos de imprecar a las naciones que sarcásticamente contemplan su ruina, les pide compasión, apelando a los elementales sentimientos de piedad y de conmiseración.
19 Qof. – Llamé a voces a mis amigos, pero me engañaron.Mis sacerdotes y mis ancianos perecieron en la ciudad,buscando comida con qué sostener sus vidas.
De nuevo el corazón lacerado de Jerusalén piensa en la traición de los que creía sus amigos, pero que le fallaron en la hora de la prueba. Todo esto le infunde profunda amargura. Por otra parte, no puede olvidar a sus sacerdotes y ancianos, antes la clase directora de la sociedad y ahora muertos de hambre y de necesidad. Los conceptos se repiten, pero tienen siempre un acento afectivo que impresiona al lector.
20 Res. – Mira, ¡oh Yahvé! mi angustia. Mis entrañas rugen, mi corazón se revuelve dentro de mí por haber sido muy rebelde. Fuera hizo estragos la espada, dentro la mortandad.
En medio de tanta desolación y angustia no le queda a Jerusalén sino implorar a Yahvé el fin de tantos dolores. Las entrañas y el corazón – centro de las emociones – la desazonan sobremanera al contemplar en su vida tanta prevaricación y rebeldía. Sólo la misericordia divina puede llevar tranquilidad a su alma. Por otra parte, la tragedia ha sido inmensa y suficiente para calmar la justicia divina; todos sus hijos han desaparecido: los que estaban fuera de los muros, por la espada, y los que estaban asediados, por la epidemia y mortandad.
21 Sin. – Oyen mis gemidos, y nadie me consuela; todos mis enemigos han sabido mi desgracia, y se alegran de lo que has hecho. ¡Haz venir el anunciado día, y que sean como yo!
Jerusalén se vuelve a Yahvé implorando su justicia también para los que se alegran de su miseria y de su ruina y tienen una especial satisfacción en constatar que Yahvé, el Dios de que se gloriaba Judá como su protector, la ha castigado de esta manera. Esto hace despertar en la ciudad destruida un sentimiento de revancha y de venganza: Haz venir el anunciado día y sean como yo. Según las esperanzas populares, Dios se manifestaría un día (el día de Yahvé) sobre los enemigos de Israel, castigándolos por su conducta para con él. Contra esta esperanza se había levantado el profeta Amos, anunciando que el día de Yahvé sería de tinieblas, no de luz; es decir, de castigo y no de victoria para Israel, si ésta no cambiaba su mala conducta 29. Jerusalén, ahora humillada, clama a la omnipotencia divina para que descargue también su ira sobre los pueblos vecinos que hacen befa de ella.
22 Tau. – ¡Que se ponga a tus ojos toda su maldad, y trátalos como me has tratado por mis rebeldías, porque son muchos mis suspiros y está muy dolorido mi corazón!
Desarrolla los sentimientos del verso anterior: también sus enemigos deben tener una debida retribución 30. Aun reconociendo sus propios pecados, cree que ya es bastante lo que ha sufrido hasta ahora para aplacar las exigencias de la justicia divina. Es hora ya de que Yahvé la descargue sobre sus enemigos, tan culpables como ella 31.
1 Cf. Lam 2 y 4. – 2 Cf. Isa 47:8. – 3 Cf. Jer 4:30; Jer 30:14; 2Re 24:2; Sal I37:6s; Eze 26:3; Eze 29:6s; Jer 28:5. – 5 Cf. Jer 40:11; c.42-43. – 6 Cf. Exo 15:20; Jue 21:21; Sal 68:25; Jer 31:13- – 7 Cf. Pro 31:23; Jer 26:10; 1Re 22:10; 2Re 7:1; 2Cr 32:6; Job 29:7. – 8 Cf. Lam 2:1. – 9 Cf. Jer 32:7ss. – 10 Cf. Jer 39:48. – 11 Lit. el hebreo dice “menstruo,” considerado como de suma impureza legal (cf. Lev 15:19). – 12 Eufemismo por “sus vergüenzas.” – 13 Cf. Isa 47:3; Jer 13:26; Eze 16:37; Ose 2:5; Nah 3:5- – 14 Cf. Jer 2:34; Jer 13:22. – 15 Cf. Deu 32:29; Is 47:7- – 16 Cf. Jer 48:26.42. – 17 Cf. Jer 52:175; Eze 44:7. – 18 Cf. Hec 21:28-29. – 19 El TM dice “No vosotros,” que es ininteligible. Hemos seguido a los LXX, conforme al contexto. – 20 La Bible de Jérusalem: “ha enviado fuego que ha hecho descender sobre mis huesos*. Streane: “envió fuego a mis huesos y los dominó.” – 21 Jeremías habla de un fuego que consume sus entrañas; es el fuego clei celo abrasador por la causa de Yahvé. Cf. Jer 20:9. – 22 Cf. Sal 18:17; Sal 102:20. – 23 Sobre esta imagen, cf. Ose 5:1; Ose 7:12; Eze 12:13; Eze 17:20; Jer 10:8; Sal 9:16; Sal 31:5. – 24 El verso es traducido de muy diversos modos: Cantera: “Ha vigilado sobre mis peca- – dos, en su mano se han entretejido, gravitan sobre mi cuello.” Streane: “El yugo de mis transgresiones es atado por su mano. Están entretejidos sobre mi cerviz.” – 25 Cf. Ose 1:7; Isa 13:3; Jer 46:10; Eze 39:17. – 26 Así Streane, o.c., 335; cf. Jer 46:10; Isa 34:6; Eze 39:175; Sof 1:7. – 27 Cf. Jer 2:3; Jer 2:4-31; Is 1:15- – 28 En hebreo, lit. “menstruo.” – 29 Cf. Amo 5:18; Sof 1:14. – 30 Cf. Jer 50:11-13. – 31 Cf. Deu 32:41s; Sal 58:7-12; Deu 137:7-9; Jer 18:21-23.
Fuente: Biblia Comentada
El libro de Lamentaciones
Título«Lamentaciones» se derivó de una traducción del título tal como se encontraba en la traducción de la Vulgata latina (Vg.) del AT griego, la Septuaginta (LXX), y expresa la idea de «clamores fuertes». La exclamación hebrea ’ekah («Cómo», la cual expresa «desmayo»), usada en el Lam 1:1; Lam 2:1 y Lam 4:1, le da al libro su título hebreo. No obstante, los rabinos comenzaron a llamar al libro desde una época temprana «clamores fuertes» o «lamentaciones» (cp. Jer 7:29). Ningún otro libro entero del AT contiene únicamente lamentos, como lo hace esta endecha de sufrimiento, marcando el funeral de la que una vez fue la hermosa ciudad de Jerusalén (cp. Lam 2:15). Este libro mantiene viva la memoria de esa caída y enseña a todos los creyentes como enfrentar el sufrimiento.
Autor y fecha
El autor de Lamentaciones no se nombra en el libro, pero hay indicaciones internas e históricas de que fue Jeremías. La LXX introduce Lam 1:1: «Y sucedió, después de que Israel había sido llevado cautivo … Jeremías se sentó llorando (cp. Lam 3:48-49, etc.) … lamentó … y dijo … » Dios le había dicho a Jeremías hiciera que Judá lamentara (Jer 7:29) y Jeremías también escribió lamentos para Josías (2Cr 35:25).
Jeremías escribió Lamentaciones como un testigo ocular (cp. Lam 1:13-15; Lam 2:6; Lam 2:9; Lam 4:1-12), posiblemente con la ayuda de Baruc como secretario (cp. Jer 36:4; Jer 45:1), durante o poco después de la caída de Jerusalén en el 586 a.C. Era mediados de julio cuando la ciudad cayó y mediados de agosto cuando el templo fue quemado. Es muy probable que Jeremías vio la destrucción de los muros, torres, hogares, palacio y templo. Él escribió mientras el acontecimiento permaneció dolorosamente fresco en su memoria, pero antes de su partida forzada a Egipto ca. 583 a.C. (cp. Jer 43:1-7). El lenguaje usado en Lamentaciones es un paralelo cercano del que usó Jeremías en gran parte de su libro profético (cp. Lam 1:2 con Jer 30:14; Jer 1:15 con Jer 8:21; Jer 1:6 y Jer 2:11 con Jer 9:1; Jer 9:18; Jer 2:22 con Jer 6:25; Jer 4:21 con Jer 29:12).
Contexto histórico
Las semillas proféticas de la destrucción de Jerusalén fueron sembradas a través de Josué ochocientos años por adelantado (Jos 23:15-16). Ahora, por más de cuarenta años, Jeremías había profetizado el juicio venidero y había sido objeto de burla por parte del pueblo por predicar juicio (ca. 645-605 a.C.). Cuando este juicio vino sobre el pueblo incrédulo por parte de Nabucodonosor y el ejército babilónico, Jeremías aún respondió con gran tristeza y compasión hacia su pueblo obstinado y en sufrimiento. Lamentaciones se relaciona muy de cerca con el libro de Jeremías, describiendo la angustia por la recepción de Jerusalén del juicio de Dios por pecados de los que no se arrepintieron. En el libro que lleva su nombre, Jeremías había predicho la calamidad en los caps. Jer 1:1-19; Jer 2:1-37; Jer 3:1-25; Jer 4:1-31; Jer 5:1-31; Jer 6:1-30; Jer 7:1-34; Jer 8:1-22; Jer 9:1-26; Jer 10:1-25; Jer 11:1-23; Jer 12:1-17; Jer 13:1-27; Jer 14:1-22; Jer 15:1-21; Jer 16:1-21; Jer 17:1-27; Jer 18:1-23; Jer 19:1-15; Jer 20:1-18; Jer 21:1-14; Jer 22:1-30; Jer 23:1-40; Jer 24:1-10; Jer 25:1-38; Jer 26:1-24; Jer 27:1-22; Jer 28:1-17; Jer 29:1-32. En Lamentaciones, él se concentra en más detalles del sufrimiento amargo y quebrantamiento de corazón que fue sentido por la devastación de Jerusalén (cp. Sal 46:4-5). Tan crítica fue la destrucción de Jerusalén, que los hechos son registrados en cuatro capítulos del AT por separado: 2Re 25:1-30; Jer 39:1-11; Jer 52:1-34; y 2Cr 36:11-21.
Los ciento cincuenta y cuatro versículos han sido reconocidos por los judíos como parte de su canon sagrado. Junto con Rut, Ester, Cantar de los cantares y Eclesiastés, Lamentaciones es incluido entre los libros del AT del Megillot o «cinco rollos», los cuales eran leídos en la sinagoga en ocasiones especiales. Lamentaciones es leído el noveno día de Ab (julio-agosto) para recordar la fecha de la destrucción de Jerusalén por mano de Nabucodonosor. Es interesante notar que, esta misma fecha más tarde marcó la destrucción del templo de Herodes por mano de los romanos en el 70 d.C.
Segundo Reyes, Jeremías y Lamentaciones comparados
| – | 2Reyes | Jeremías | Lamentaciones |
| – | 2Re 25:1-30 (Vea también 2Cr 36:11-21) | – | – |
| 1. El sitio de Jerusalén | 2Re 25:1-2 | Jer 39:1-3; Jer 52:4-5 | Lam 2:20-22; Lam 3:5; Lam 3:7 |
| 2. El hambre en la ciudad | 2Re 25:3 | Jer 37:21; Jer 52:6 | Lam 1:11; Lam 1:19; Lam 2:11-12; Lam 2:19-20; Lam 4:4-5; Lam 4:9-10; Lam 5:9-10 |
| 3. La huida del ejército y el rey | 2Re 25:4-7 | Jer 39:4-7; Jer 52:8-11 | Lam 1:3; Lam 1:6; Lam 2:2; Lam 4:19-20 |
| 4. El palacio, el templo y la ciudad son quemados | 2Re 25:8-9 | Jer 39:8; Jer 52:13 | Lam 2:3-5; Lam 4:11; Lam 5:18 |
| 5. La brecha en los muros de la ciudad | 2Re 25:10 | Jer 33:4-5; Jer 52:7 | Lam 2:7-9 |
| 6. El exilio del pueblo | 2Re 25:11-12 | Jer 28:3-4; Jer 28:14; Jer 39:9-10 | Lam 1:1; Lam 1:4-5; Lam 1:18; Lam 2:9; Lam 2:14; Lam 3:2; Lam 3:19; Lam 4:22; Lam 5:2 |
| 7. El robo del templo | 2Re 25:13-15 | Jer 51:51 | Lam 1:10; Lam 2:6-7 |
| 8. La ejecución de los líderes | 2Re 25:18-21 | Jer 39:6 | Lam 1:15; Lam 2:2; Lam 2:20 |
| 9. La condición de siervo de Judá | 2Re 25:22-25 | Jer 40:9 | Lam 1:1; Lam 5:8-9 |
| 10. El fracaso de la ayuda externa esperada | 2Re 24:7 | Jer 27:1-11; Jer 37:5-10 | Lam 4:17; Lam 5:6 |
Temas históricos y teológicos
El enfoque principal de Lamentaciones es el juicio de Dios en respuesta al pecado de Judá. Este tema puede ser seguido a lo largo del libro (Lam 1:5; Lam 1:8; Lam 1:18; Lam 1:20; Lam 3:42; Lam 4:6; Lam 4:13; Lam 4:22; Lam 5:16). Un segundo tema que sale a la superficie es la esperanza encontrada en la compasión de Dios (como en Lam 3:22-24; Lam 3:31-33; cp. Sal 30:3-5). Aunque el libro lidia con desgracia, se vuelve a la gran fidelidad de Dios (Lam 3:22-25) y cierra con gracia conforme Jeremías pasa de lamentación a consolación (Lam 5:19-22).
El juicio soberano de Dios representa un tercer tema en el libro. Su santidad fue tan ofendida por el pecado de Judá que finalmente Él trajo la calamidad destructiva. Babilonia fue escogida para ser su instrumento humano de ira (Lam 1:5; Lam 1:12; Lam 1:15; Lam 2:1; Lam 2:17; Lam 3:37-38; cp. Jer 50:23). Jeremías menciona a Babilonia más de ciento cincuenta veces desde Jer 20:4 a Jer 52:34, pero en Lamentaciones él no menciona ni una vez de manera explícita a Babilonia o a su rey, Nabucodonosor. Solo el Señor es identificado como el que lidió con el pecado de Judá.
En cuarto lugar, debido a que el juicio que arrasó con todo pareció ser el fin de toda esperanza de salvación para Israel y el cumplimiento de las promesas de Dios (cp. Lam 3:18), gran parte del libro aparece como oración: 1) Lam 1:11, lo cual representa una confesión con llanto por el pecado (cp. v. Lam 1:18); 2) Lam 3:8, con su angustia cuando Dios «cerró los oídos a mi oración» (cp. Jer 7:16; Lam 3:43-54); 3) Lam 3:55-59, donde Jeremías clama a Dios por alivio; o Lam 3:60-66, donde busca recompensa para los enemigos (la cual Jer 50:1-46; Jer 51:1-64 garantiza); y 4) Lam 5:1-22, con su apelación al cielo por misericordia restauradora (la cual Jer 30:1-24; Jer 31:1-40; Jer 32:1-44; Jer 33:1-26 asegura), basada en la confianza de que Dios es fiel (Lam 3:23).
Un quinto tema se relaciona con Cristo. Las lágrimas de Jeremías (Lam 3:48-49) se comparan con las lágrimas de Jesús por la misma ciudad de Jerusalén (Mat 23:37-39; Luc 19:41-44). Aunque Dios fue el juez y ejecutor, traer esta destrucción fue motivo de tristeza para Él. La afirmación: «En toda angustia de ellos él [Dios] fue angustiado» (Isa 63:9) fue verdadera en principio. Un día Dios enjugará toda lágrima (Isa 25:8; Apo 7:17; Apo 21:4) cuando ya el pecado no será más.
Un sexto tema es una advertencia implícita a todos los que leen este libro. Si Dios no vaciló en juzgar a su pueblo amado (Deu 32:10), ¿qué hará a las naciones del mundo que rechazan su Palabra?
Retos de interpretación
Ciertos detalles presentan dificultades iniciales. Entre ellos están: 1) oraciones imprecatorias de juicio sobre otros pecadores (Lam 1:21-22; Lam 3:64-66); 2) la razón por la que Dios no oye la oración (Lam 3:8); y 3) la necesidad de un juicio que es tan severo (cp. Lam 1:1; Lam 1:14; Lam 3:8).
Bosquejo
En los primeros cuatro capítulos, cada versículo comienza con un patrón acróstico, esto es, usando las veintidós letras del alfabeto hebreo en secuencia. Los caps. Lam 1:1-22; Lam 2:1-22 y Lam 4:1-22 tienen veintidós versículos correspondiendo a las veintidós letras, mientras que el capítulo tres emplea una letra para tres versículos consecutivos hasta que hay veintidós tríos, o sesenta y seis versículos. El capítulo cinco no está escrito alfabéticamente, aunque simula el patrón en que tiene veintidós versículos. Un orden acróstico tal como en el Sal 119:1-176 (donde todas las veintidós letras hebreas son usadas en series de ocho versículos cada una), fue usado para ayudar en la memorización. La estructura del libro asciende y desciende de la gran confesión en Lam 3:22-24: «Grande es su fidelidad», la cual es el centro literario del libro.
Bosquejo
I) El primer lamento: Devastación de Jerusalén (Lam 1:1-22)
A) Tristeza de Jeremías (Lam 1:1-11)
B) Tristeza de Jerusalén (Lam 1:12-22)
II) El segundo lamento: El enojo del Señor explicado (Lam 2:1-22)
A) La perspectiva del Señor (Lam 2:1-10)
B) Una perspectiva humana (Lam 2:11-19)
C) La oración de Jeremías (Lam 2:20-22)
III) El tercer lamento: La tristeza de Jeremías expresada (Lam 3:1-66)
A) Su aflicción (Lam 3:1-20)
B) Su esperanza (Lam 3:21-38)
C) Su consejo / oración (Lam 3:39-66)
IV) El cuarto lamento: La ira de Dios detallada (Lam 4:1-22)
A) Para Jerusalén (Lam 4:1-20)
B) Para Edom (Lam 4:21-22)
V) El quinto lamento: Las oraciones del remanente (Lam 5:1-22)
A) Para ser recordados por el Señor (Lam 5:1-18)
B) Para ser restaurados por el Señor (Lam 5:19-22)
ANEXOS
| Otros lamentos |
| Job 3:3-26; Job 7:1-21; Job 10:1-22 Salmos (más de 40) por ej., Sal 3:1-8; Sal 120:1-7 Jer 15:15-18; Jer 17:14-18; Jer 18:19-23 Eze 19:1-14; Eze 27:1-36; Eze 32:1-21 |
_________
| Más allá de Lamentaciones |
| Esperanza de restauración 1. Isa 35:1-10 2. Jer 30:1-24; Jer 31:1-40 3. Eze 37:1-28 4. Ose 3:5; Ose 14:1-9 5. Joe 3:18-21 6. Amó 9:11-15 7. Miq 7:14-20 8. Sof 3:14-20 9. Zac 14:1-11 10. Mal 4:1-6 |
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
se ha vuelto como viuda. Los versículos Lam 1:1-11 presentan un cuadro vívido de la ciudad como una mujer enlutada y desolada, como se describe con frecuencia en otras Escrituras (cp. Eze 16:23; Miq 4:10; Miq 4:13). tributaria. Judá fue llevada como cautiva para que sus habitantes sirvieran como esclavos en Babilonia.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! Jerusalén estaba sola y sus habitantes estaban de luto (v. Lam 1:2), abandonados por naciones que antes habían sido amistosas (v. Lam 1:2), en cautiverio (v. Lam 1:3), desarraigados de su tierra (v. Lam 1:3), y con su templo profanado (v. Lam 1:10). La multitud de pecados (vv. Lam 1:5; Lam 1:8) había traído este juicio del Dios justo (v. Lam 1:18).
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
(586 a.C.)
Nota del editor; Esta sección pertenece LA ETAPA DEL REINO DIVIDIDO (1 de Reyes 12—22; 2 de Reyes 1—17; 2 de Reyes 18—25; 2 de Crónicas 10—36; Abdías; Joel; Jonás; Amos; Oseas; Miqueas; Isaías; Nahum; Sofonías; Habacuc; Jeremías; Lamentaciones)
INTRODUCCIÓN
1. Este libro está compuesto de cinco elegías, en todas ellas se lamenta la trágica destrucción de Jerusalén por los babilonios.
2. La forma literaria es alfabética, parecida al Sal 119:1-176.
a. Cada uno de los veintidós versículos de los capítulos Lam 1:1-22 y Lam 2:1-22 comienza con una letra diferente del alfabeto hebreo.
b. En el capítulo Lam 3:1-66 nos encontramos con sesenta y seis versículos, arreglados en veintidós conjuntos de tres versículos, y cada uno de estos grupos empieza con una letra diferente
3. Dice la tradición que Jeremías se sentó a llorar a las afueras de la muralla norte de Jerusalén, al pie de la colina llamada Gólgota, donde tiempo después murió nuestro Señor.
4. J. Vernon McGee escribe:
«El libro está lleno de lágrimas y tristeza, Es un himno de dolor, un poema de aflicción, un proverbio de patetismo, un canto de quebrantamiento, un salmo de tristeza, una sinfonía de pesadumbre… Es el muro de lamentaciones de la Biblia.» (Briefing the Bible, p. 232.)
I. La provocación contra Dios (Lam 1:1-22). Alrededor del año 1000 a.C. David había establecido su capital en Jerusalén (2Sa 6:1-23). Desde entonces Dios había bendecido a esta ciudad amada durante casi 400 años. El había permitido que el reino del norte fuera destruido por los asirios y el pueblo deportado en el 721 a.C., pero Jerusalén había sido perdonada por otros 115 años. Sin embargo, toda esta misericordia y paciencía había sido en vano, porque Judá continuó provocando al Santo de Israel mediante su constante pecado. Pero el fin había llegado.
Notemos los siguientes versículos de acusación:
A. Lam 1:1 :
«¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha quedado como viuda, la señora de provincias ha sido hecha tributaria.»
B. Lam 1:3 :
«Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras.»
C. Lam 1:8 :
«Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ha sido removida; todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; y ella suspira, y se vuelve atrás.»
D. Lam 1:9 :
«Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin; por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele. Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.»
E. Lam 1:17 :
«Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele; Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos; Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos.»
II. El castigo de parte de Dios (Lam 2:1-22).
A. Destruyó toda casa en Judá (Lam 2:2).
B. Echó por tierra todas sus fortalezas militares (Lam 2:2).
C. Tensó su arco de juicio sobre la tierra (Lam 2:4).
D. Permitió que su propio templo cayera como si fuera un saco de hojas y ramas en un jardín (Lam 2:6).
E. Les fue permitido a los enemigos de Judá ridiculizar y destruir a sus ciudadanos (Lam 2:16).
F. Las calles de Jerusalén quedaron llenas de los cadáveres de jóvenes y ancianos del pueblo (Lam 2:21).
III. El profeta de Dios (Lam 3:1-66). Las lágrimas de Jeremías caían como lluvia de primavera sobre la destrucción de Jerusalén y el sufrimiento de su pueblo.
A. La aflicción del profeta. A través de Lamentaciones Jeremías comparte con nosotros la agonía de su alma, como lo manifiestan los siguientes versículos:
1. Lam 1:12 :
«¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor.»
2. Lam 1:16 :
«Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos me fluyen aguas, porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; mis ojos son destruidos, porque el enemigo prevaleció.»
3. Lam 2:11 :
«Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.»
4. Lam 3:1-19 :
Jeremías relata en este pasaje los sufrimientos que tuvo que padecer a manos de sus propios compatriotas aun antes de la invasión babilónica. (Véase Lam 3:52-56.)
B. La seguridad del profeta. En medio de la terrible tormenta aparece un vislumbre de reafirmación.
«Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres» (Lam 3:21-27; Lam 3:31-33).
C. El consejo del profeta (Lam 3:40-41). «Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos.»
IV. El pueblo de Dios (Lam 4:1-22).
A. Los niños tienen la lengua pegada al paladar a causa de su sed (Lam 4:4).
B. La crema de la juventud de Judá es tratada como ollas de alfarero (Lam 4:2). (Véase también Lam 5:13.)
C. Los ricos y los que comían manjares andan ahora pidiendo pan en las calles (Lam 4:5).
D. Sus poderosos príncipes, que antaño se les veía blancos y hermosos, ahora eran piel y huesos, y sus rostros oscurecidos y sombríos (Lam 4:7-8). (Véase también Lam 5:12.)
E. Mujeres piadosas y de buen corazón habían ahora cocido y comido a sus propios hijos (Lam 4:10).
F. Los falsos profetas y sacerdotes titubeaban por las calles como ciegos, con sus ropas manchadas de sangre (Lam 4:14).
G. Al mismo rey Sedequías le habían capturado, le habían sacado los ojos y llevado a la cautividad (Lam 4:20).
V. La oración a Dios (Lam 5:1-22). La oración de Jeremías contiene cuatro elementos:
A. Recuerdo
«Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido; mira, y ve nuestro oprobio» (Lam 5:1).
B. Arrepentimiento
«Cayó la corona de nuestra cabeza; ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos» (Lam 5:16).
C. Reconocimiento
«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; tu trono de generación en generación» (Lam 5:19).
D. Renovación
«Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio» (Lam 5:21).
Fuente: Auxiliar Bíblico Portavoz
(586 a.C.)
Nota del editor; Esta sección pertenece LA ETAPA DEL REINO DIVIDIDO (1 de Reyes 12—22; 2 de Reyes 1—17; 2 de Reyes 18—25; 2 de Crónicas 10—36; Abdías; Joel; Jonás; Amos; Oseas; Miqueas; Isaías; Nahum; Sofonías; Habacuc; Jeremías; Lamentaciones)
INTRODUCCIÓN
1. Este libro está compuesto de cinco elegías, en todas ellas se lamenta la trágica destrucción de Jerusalén por los babilonios.
2. La forma literaria es alfabética, parecida al Sal 119:1-176.
a. Cada uno de los veintidós versículos de los capítulos Lam 1:1-22 y Lam 2:1-22 comienza con una letra diferente del alfabeto hebreo.
b. En el capítulo Lam 3:1-66 nos encontramos con sesenta y seis versículos, arreglados en veintidós conjuntos de tres versículos, y cada uno de estos grupos empieza con una letra diferente
3. Dice la tradición que Jeremías se sentó a llorar a las afueras de la muralla norte de Jerusalén, al pie de la colina llamada Gólgota, donde tiempo después murió nuestro Señor.
4. J. Vernon McGee escribe:
«El libro está lleno de lágrimas y tristeza, Es un himno de dolor, un poema de aflicción, un proverbio de patetismo, un canto de quebrantamiento, un salmo de tristeza, una sinfonía de pesadumbre… Es el muro de lamentaciones de la Biblia.» (Briefing the Bible, p. 232.)
I. La provocación contra Dios (Lam 1:1-22). Alrededor del año 1000 a.C. David había establecido su capital en Jerusalén (2Sa 6:1-23). Desde entonces Dios había bendecido a esta ciudad amada durante casi 400 años. El había permitido que el reino del norte fuera destruido por los asirios y el pueblo deportado en el 721 a.C., pero Jerusalén había sido perdonada por otros 115 años. Sin embargo, toda esta misericordia y paciencía había sido en vano, porque Judá continuó provocando al Santo de Israel mediante su constante pecado. Pero el fin había llegado.
Notemos los siguientes versículos de acusación:
A. Lam 1:1 :
«¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha quedado como viuda, la señora de provincias ha sido hecha tributaria.»
B. Lam 1:3 :
«Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras.»
C. Lam 1:8 :
«Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ha sido removida; todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; y ella suspira, y se vuelve atrás.»
D. Lam 1:9 :
«Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin; por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele. Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.»
E. Lam 1:17 :
«Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele; Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos; Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos.»
II. El castigo de parte de Dios (Lam 2:1-22).
A. Destruyó toda casa en Judá (Lam 2:2).
B. Echó por tierra todas sus fortalezas militares (Lam 2:2).
C. Tensó su arco de juicio sobre la tierra (Lam 2:4).
D. Permitió que su propio templo cayera como si fuera un saco de hojas y ramas en un jardín (Lam 2:6).
E. Les fue permitido a los enemigos de Judá ridiculizar y destruir a sus ciudadanos (Lam 2:16).
F. Las calles de Jerusalén quedaron llenas de los cadáveres de jóvenes y ancianos del pueblo (Lam 2:21).
III. El profeta de Dios (Lam 3:1-66). Las lágrimas de Jeremías caían como lluvia de primavera sobre la destrucción de Jerusalén y el sufrimiento de su pueblo.
A. La aflicción del profeta. A través de Lamentaciones Jeremías comparte con nosotros la agonía de su alma, como lo manifiestan los siguientes versículos:
1. Lam 1:12 :
«¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor.»
2. Lam 1:16 :
«Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos me fluyen aguas, porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; mis ojos son destruidos, porque el enemigo prevaleció.»
3. Lam 2:11 :
«Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.»
4. Lam 3:1-19 :
Jeremías relata en este pasaje los sufrimientos que tuvo que padecer a manos de sus propios compatriotas aun antes de la invasión babilónica. (Véase Lam 3:52-56.)
B. La seguridad del profeta. En medio de la terrible tormenta aparece un vislumbre de reafirmación.
«Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres» (Lam 3:21-27; Lam 3:31-33).
C. El consejo del profeta (Lam 3:40-41). «Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos.»
IV. El pueblo de Dios (Lam 4:1-22).
A. Los niños tienen la lengua pegada al paladar a causa de su sed (Lam 4:4).
B. La crema de la juventud de Judá es tratada como ollas de alfarero (Lam 4:2). (Véase también Lam 5:13.)
C. Los ricos y los que comían manjares andan ahora pidiendo pan en las calles (Lam 4:5).
D. Sus poderosos príncipes, que antaño se les veía blancos y hermosos, ahora eran piel y huesos, y sus rostros oscurecidos y sombríos (Lam 4:7-8). (Véase también Lam 5:12.)
E. Mujeres piadosas y de buen corazón habían ahora cocido y comido a sus propios hijos (Lam 4:10).
F. Los falsos profetas y sacerdotes titubeaban por las calles como ciegos, con sus ropas manchadas de sangre (Lam 4:14).
G. Al mismo rey Sedequías le habían capturado, le habían sacado los ojos y llevado a la cautividad (Lam 4:20).
V. La oración a Dios (Lam 5:1-22). La oración de Jeremías contiene cuatro elementos:
A. Recuerdo
«Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido; mira, y ve nuestro oprobio» (Lam 5:1).
B. Arrepentimiento
«Cayó la corona de nuestra cabeza; ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos» (Lam 5:16).
C. Reconocimiento
«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; tu trono de generación en generación» (Lam 5:19).
D. Renovación
«Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio» (Lam 5:21).
Fuente: Auxiliar Bíblico Portavoz
INTRODUCCIÓN
1. Características literarias
Lamentaciones es una breve colección de cinco elegías recorridas de principio a fin por una impetuosa corriente de emoción que da rienda suelta al dolor incontenible, al grito desgarrado, al llanto desconsolado de un pueblo brutalmente golpeado, vencido, expoliado y humillado por el enemigo, con el consentimiento airado y cómplice del propio Dios. Los efectos regeneradores del dolor y la catarsis del llanto alumbrarán un resquicio abierto al arrepentimiento y a la conversión, a la fe y a la esperanza, en la noche oscura y cerrada del lamento.
En la Biblia hebrea el libro lleva el título de ekah (algo así como el libro de los “ayes”), por la palabra que abre Lam 1:1-22; Lam 2:1-22 y Lam 4:1-22 (¡Ay qué…! ¡Ay cómo…!). Por su parte, 2Cr 35:25 y el Talmud babilónico le dan el título de qinot (elegía, lamentación), adoptado por las versiones griega (threnoi) y latina (lamentationes). También difiere su ubicación, pues mientras la Biblia hebrea sitúa Lamentaciones en la sección de los (Otros) Escritos, integrando los cinco rollos (meguillot), las versiones griega y latina lo colocan tras el profeta Jeremías, al que una nota previa a Lam 1:1 atribuye el libro.
Precisamente esa nota de los LXX y el comentario de 2Cr 35:25 han contribuido a la identificación de Jeremías como autor de este libro. Sin embargo, y a pesar de sus reiterados anuncios de la destrucción de Jerusalén y del Templo y del tenor dolorido de sus “confesiones”, nada encontramos en Lm del estilo y mensaje de dicho profeta. Por otra parte, las diferencias de estilo entre las cinco elegías invitan a pensar en la diversidad de autores, aunque la cuidada forma final del libro pueda ser obra de una sola mano.
Como ya se ha dicho, el libro es una colección de cinco poemas, cada uno de los cuales está compuesto alfabéticamente: los cuatro primeros son acrósticos alfabéticos (el primer verso de cada estrofa comienza sucesivamente con cada una de las letras del alefato hebreo), mientras que el quinto sólo conserva el artificio alfabético al contabilizar 22 versos (tantos como letras del alefato).
Aunque predomina el tono elegíaco, también aparecen los rasgos característicos de las lamentaciones individuales (Lam 1:1-22 — Lam 4:1-22) y colectivas (Lam 5:1-22 y algunos fragmentos de Lam 3:1-66), con la inserción de típicos motivos de confesión, arrepentimiento, súplica, confianza, acción de gracias y alguna incursión hímnica. En conjunto, los cinco poemas guardan entre sí innegables correspondencias quiásticas, fruto de una disposición paralelística concéntrica: Lam 1:1-22 y Lam 5:1-22 ofrecen perspectivas más genéricas y “lejanas” de la destrucción; Lam 2:1-22 y Lam 4:1-22 recogen impresiones mucho más directas y “cercanas” a los hechos, mientras que Lam 3:1-66 (que triplica el recurso alfabético al hacer que los tres versos de cada estrofa comiencen por la misma letra) aparece como el eje o quicio de toda la obra, combinando los lamentos individual y colectivo, e introduciendo elementos de invitación a la conversión, de confianza y acción de gracias.
2. Contexto histórico de Lamentaciones
La pregunta por la fecha de composición de Lamentaciones nos remite directamente a su contexto histórico: la caída de Jerusalén ante el ejército babilónico de Nabucodonosor el año 587 a. C., la destrucción de la ciudad y del Templo, y el destierro de un núcleo importante de la población con la mayor parte de sus dirigentes a la cabeza. A partir de este momento se abre el período del exilio que llegará hasta el 538 a. C., año del primer edicto de repatriación del rey persa Ciro. Los poemas se habrían compuesto en el transcurso de esos 50 años que duró el exilio: unos más cercanos a los luctuosos hechos que se lamentan (especialmente Lam 2:1-22 y Lam 4:1-22) y otros a mayor distancia de la gran tragedia nacional. Sea como fuere, el conjunto de los poemas refleja, aun tomando en consideración las “licencias” de su lenguaje poético, un retrato bastante verosímil de la situación de Jerusalén y de Judá tras su destrucción. Es un retrato ajustado a la realidad histórica de aquellos años en que Judá vivió sin rey, sin Templo y sin instituciones; empobrecido, desorganizado y religiosamente abandonado.
Estas consideraciones, sin embargo, no excluyen la posibilidad de una redacción final postexílica de Lm para conmemorar, tras la vuelta de los exiliados y en un marco litúrgico-penitencial, la caída de Jerusalén y del Templo.
3. Perspectivas teológicas
La tragedia del 587 a. C., aunque presentida y anunciada muchos años antes, fue un duro golpe para la fe y las convicciones más profundas del pueblo, puesto que tanto la ciudad como el Templo y la monarquía eran no sólo símbolo y expresión de la cercanía de Dios, sino que eran también, y sobre todo, la garantía de la fidelidad de Dios a su alianza y a sus promesas. Su pérdida casi simultánea (y el posterior retraso de una nueva intervención salvífica divina) acarrea consecuencias religiosas y teológicas aún más graves que las políticas y sociales, pues ponía en tela de juicio no sólo la vigencia y continuidad de las grandes promesas, sino la misma fe del pueblo en el Dios de la alianza. Si hasta el momento el pueblo había podido salir fortalecido de castigos anteriores gracias a la misericordia infinita del Señor que siempre respondía a la conversión con una intervención salvífica, el castigo actual tenía visos de ser definitivo (Lam 5:22).
El libro de las Lamentaciones plantea el problema en toda su extensión y crudeza, pero al mismo tiempo ofrece también inequívocas vías de solución:
— El poeta portavoz, la ciudad personificada y la comunidad lamentan su triste y dolorosa situación: la ciudad está afligida, ahogada en gemidos y bañada en lágrimas; está desierta y desnuda, acuciada por el hambre y la miseria; se siente golpeada y herida en sus miembros más queridos (bebés, niños, jóvenes, doncellas, ancianos, nobles y dirigentes, sacerdotes y profetas), ultrajada y profanada en su realidad más santa (templo, culto, fiestas, asambleas, etc.).
— Tanto dolor y tan largo sufrimiento le han hecho descubrir y reconocer su propia culpa y, al mismo tiempo, comprender todos sus males como el merecido castigo provocado por los pecados del pueblo (con sus dirigentes a la cabeza, con especial mención de sacerdotes y profetas). Dios mismo ha sido el ejecutor del duro castigo, bien personal y directamente, bien por mediación del ataque enemigo.
— El castigo, sin embargo, ha provocado un sufrimiento excesivo no sólo en las víctimas inocentes (lo que ponía también en tela de juicio la confianza en la doctrina tradicional de la retribución), sino entre los propios culpables. O el enemigo se ha extralimitado (y merece, por tanto, un justo castigo por sus excesos), o Dios ha actuado injustamente al consentirlo.
— Las claves más hondas y significativas las encontramos en Lam 3:1-66 cuando revela el valor del sufrimiento paciente (vicario y redentor), manifiesta la confianza en que la misericordia divina es más “duradera” que su rechazo, urge la necesidad de la conversión sincera y reclama la exigencia de una fe inquebrantable en la justicia divina como última y definitiva palabra salvadora de Dios.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Lam 1:1-22 : Poema acróstico alfabético (ver Introducción, apartado 1 y notas a Sal 25:1-22 y Sal 119:1-176) con dos grandes partes caracterizadas por el predominio de la tercera y la primera personas respectivamente.
La primera parte (Lam 1:1-11), en tonos elegíacos, presenta la situación de Jerusalén como una princesa viuda, solitaria, exiliada y esclavizada por los enemigos que, con el consentimiento de Dios, la han castigado severamente en sus bienes y seres más queridos.
La segunda parte (Lam 1:12-22) es una lamentación individual de la propia Jerusalén, que llora la magnitud de su dolor y la gravedad de su situación incluyendo motivos de confesión, arrepentimiento y súplica. Gr. y Vulg. incluyen antes de Lam 1:1 esta introducción: Después de la deportación de Israel y de la destrucción de Jerusalén, el profeta Jeremías se sentó a llorar y entonó esta lamentación sobre Jerusalén.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Bar 4:12.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
— reina: Lit. princesa.
— se ha convertido en esclava: Lit. reducida a trabajos forzados.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
La pérdida de grandeza de Jerusalén
El pensamiento central en estos versículos es que Jerusalén, una vez favorecida por el Señor, ha perdido todas las señas de ese favor. La ciudad era un símbolo de la relación especial entre Dios y su pueblo. En el contexto del pacto mosaico, Dios había hecho una promesa especial al rey David que él y sus descendientes reinarían en Jerusalén (2 Sam. 7:11-16; Sal. 2). David había engrandecido a la ciudad y a la nación (la palabra heb. para “grande” de hecho aparece dos veces en el v. 1, una vez traducida populosa); y Salomón la había embellecido más con el espléndido templo que edificó (1 Rey. 5-8). Ahora la ciudad yace en ruinas. Donde había habido victoria sobre los enemigos, había sólo derrota; donde había habido prosperidad, había desolación. El destino de Jerusalén en 586 a. de J.C. llegó a ser un símbolo perpetuo de la insensatez del orgullo y complacencia humanos.
En Lam. la ciudad es frecuentemente personificada como una mujer. La frase hija de Sion (6) ejemplifica esto claramente. (Sion es otro nombre para Jerusalén en Lam.). La representación femenina se utiliza en el contraste poético entre viuda y señora (1). La idea de sus amantes recuerda la disposición de Judá a ser infiel al Señor adorando los dioses de otras naciones y haciendo alianzas políticas con ellas (cf. Jer. 3:1). La personificación femenina se expresa en cuadros de dolor femenino, que evoca agudamente el del pueblo en general; de allí vírgenes (4), maternidad (5b).
El tema del exilio suena primero en estos vv. (3, 5). Los caminos de Sion (4) son aquellos de peregrinaciones para las grandes fiestas anuales (cf. Sal. 84:5). Había habido mucha “religión” en Judá; pero careciendo de un corazón sincero había llegado a ser odiosa a Dios (cf. Isa. 1:11-17). Un efecto del juicio de Dios sobre el pueblo había sido el poner fin a esta falsa religión.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
1.1 Este es el cántico de dolor de Jeremías por la destrucción de Jerusalén. La nación de Judá quedó derrotada totalmente, el templo destruido y los cautivos llevados a Babilonia. Las lágrimas de Jeremías eran por el sufrimiento y la humillación del pueblo, pero calaron aún más hondo en su corazón. Lloró porque Dios rechazó al pueblo por rebelde. Cada año se leía este libro en voz alta para que los judíos recordaran que su gran ciudad cayó debido a su pecaminosidad obstinada.1.2 El término amantes se refiere a naciones tales como Egipto, a la cual Judá constantemente pidió ayuda. Cuando los babilonios cercaron Jerusalén, la nación de Judá se apartó de Dios y en su lugar buscó la ayuda y protección de otras naciones.1.9 La advertencia era fuerte y clara: Si Judá juega con fuego, el pueblo se quemará. Jerusalén se arriesgó tontamente y perdió, negándose a creer que la vida inmoral traía consigo el castigo de Dios. La consecuencia final del pecado es el castigo (Rom 6:23). Podemos decidir pasar por alto las advertencias de Dios, pero tan seguro como el juicio de Dios vino sobre Jerusalén, así vendrá sobre quienes lo desafían. ¿Escucha usted la Palabra de Dios? ¿La obedece? La obediencia es una señal segura de su amor por El.1.14 Al principio, el pecado parece darnos libertad. Pero la libertad para hacer cualquier cosa que queramos poco a poco se convierte en un deseo de hacerlo todo. Luego nos volvemos esclavos del pecado y quedamos atados a su yugo. La libertad de la esclavitud del pecado procede solo de Dios. El nos libera, no para hacer cualquier cosa que queramos, sino para hacer lo que El sabe es mejor para nosotros. Tan extraño como pueda parecer, la verdadera libertad surge por obedecer a Dios: seguir su dirección para así recibir lo mejor de El.1.16 Dios es el Consolador, pero debido a los pecados de Israel, tuvo que apartarse y convertirse en su Juez.1.19 Los amantes de Jerusalén no pudieron venir en su ayuda porque, al igual que Jerusalén, no buscaron a Dios. Aun cuando parecían fuertes, realmente eran débiles porque Dios no estaba con ellos. La ayuda confiable únicamente viene de uno cuyo poder provenga de Dios. Cuando busque un buen consejo, recurra a cristianos que obtienen su sabiduría del Dios que todo lo sabe.1.22 Babilonia, aun cuando pecadora, fue el instrumento que Dios usó para castigar a Judá y a Jerusalén, su capital. El pueblo de Jerusalén clamó a Dios para que castigara a la malvada Babilonia de la misma manera en que los castigó a ellos («haz con ellos como hiciste conmigo»). Dios lo haría, ya que había dictado sentencia de juicio sobre Babilonia (véase Jer 50:1-27).
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
NOTAS
(1) Título En heb. este libro deriva su nombre de su primera palabra. Heb.: ’Eh·kjáh!, “¡Cómo!”; gr.: Thré·noi, “Endechas; Lamentos”. Vgc(lat.): “Thré·ni, es decir, las Lamentaciones de Jeremías el Profeta”.
(2) Título Este capítulo es una endecha en forma de acróstico u orden alfabético heb., con 22 secciones que corresponden a las 22 letras del alfabeto heb., las cuales dan comienzo, en orden sucesivo, a cada una de las 22 secciones, como se indica sobre cada sección. Compárese con Sal 119:1, nn.
(3) LXX tiene la siguiente introducción: “Y sucedió que, después que Israel había sido tomado cautivo y Jerusalén había sido desolada, Jeremías se sentó, llorando, y se lamentó con esta lamentación en cuanto a Jerusalén, y dijo”. Vgmss tienen esta introducción: “Y sucedió que, después que Israel había sido llevado al cautiverio y Jerusalén quedó desierta, Jeremías el profeta se sentó a llorar y a plañir con esta lamentación en cuanto a Jerusalén; y suspirando con el espíritu amargado, y gimiendo dolorosamente, dijo”. T tiene esta introducción: “Jeremías el profeta y gran sacerdote dijo”.
REFERENCIAS CRUZADAS
a 0 Isa 3:26; Lam 2:10
b 1 Sal 122:4
c 2 Isa 54:4
d 3 1Re 4:20
e 4 Deu 28:48; 2Re 25:12
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
¡Cómo. Los capítulos 1, 2 y 4 empiezan con esta palabra, que también se puede traducir «¡Ay!» la ciudad. Es decir, Jerusalén, símbolo de la nación entera que era grande entre las naciones .
tributaria. Descripción apropiada de la condición de Jerusalén bajo sus conquistadores babilonios.
Fuente: La Biblia de las Américas
INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE LAMENTACIONES
AUTOR: JeremíasFecha: 586-585 a.C.
Título El vocablo Lamentaciones se deriva de un verbo griego que significa «gritar en voz alta» y acertadamente describe el contenido de este libro, que consiste de cinco elegías o poemas de lamento sobre la completa destrucción de Jerusalén y el Templo por los babilonios.
Paternidad literaria Si bien el libro mismo no menciona el nombre del autor, el consenso de la tradición judía lo atribuye a Jeremías. Una sobreescritura de este libro en la Septuaginta (traducción griega del AT) y la Vulgata (Biblia latina) dice en parte: «Jeremías se sentó a llorar y lamentarse con esta lamentación sobre Jerusalén. También, existen muchas semejanzas entre Lamentaciones y Jeremías (p.ej., la frase «hija de» aparece cerca de veinte veces en cada libro). Además, Jeremías guarda relación con esta clase de literatura en 2Cr 35:25.
Estructura El libro consiste de cinco poemas, uno en cada capítulo, los cuatro primeros son acrósticos (cada versículo comienza con una palabra cuya primera letra es una de las 22 del alfabeto hebreo en orden sucesivo, excepto en el capítulo Lam 3:1-66, donde se usan tres versículos para cada letra). Esos cuatro capítulos también están escritos en lo que se llama «metro flexible», un tono usado en elegías fúnebres y, por lo tanto, muy propia para este lamento tocante a la destrucción de Jerusalén.
Uso Los judíos leían este libro públicamente en el noveno día del mes de A b (a mediados de julio), en conmemoración de las destrucciones de Jerusalén en 586 a.C. (por los babilonios) y en el 70 d.C. (por los romanos). Los católicorromanos lo usan durante los tres últimos días de la semana santa. El argumento del libro trae a la mente la carga de Jesús por Jerusalén (Mat 23:37-38). Los versículos mejores conocidos de este libro son, sin duda, Lam 1:12 y Lam 3:22-23.
BOSQUEJO DE LAMENTACIONES
I) La desolación de Jerusalén, Lam 1:1-22
A) La soledad de la ciudad, Lam 1:1-11
B) La angustia de la ciudad, Lam 1:12-22
II) La destrucción de Jerusalén, Lam 2:1-22
A) El juicio de Jehová, Lam 2:1-10
B) El lamento del autor, Lam 2:11-22
III) El desconsuelo del profeta, Lam 3:1-66
A) Su lamento, Lam 3:1-18
B) Su esperanza, Lam 3:19-42
C) Sus sufrimientos, Lam 3:43-54
D) Su oración, Lam 3:55-66
IV) El derrotado pueblo de Jerusalén, Lam 4:1-22
A) El cerco de la ciudad, Lam 4:1-12
B) Las razones del sitio, Lam 4:13-20
C) La esperanza del futuro, Lam 4:21-22
V) La oración por el pueblo, Lam 5:1-22
A) Confesión, Lam 5:1-18
B) Petición, Lam 5:19-22
Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie
El contraste entre señora y tributaría (vasalla) manifiesta la extensión de la caída de Jerusalén.
Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie
Cada capítulo en Lamentaciones, excepto el quinto, es un acróstico en el texto heb.
O, distritos
Fuente: La Biblia de las Américas
[1] El poema acróstico del alfabeto hebreo está escrito en forma de lamentación.[17] Lev 15, 19.[19] A los egipcios.