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Comentario de Ezequiel 24:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Ezequiel 24:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Aconteció en el día 10 del mes décimo del noveno año que vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo:

Año 590 a.C.

En el noveno año. Éste era el noveno año de Sedequías, el mismo día en que Nabucodonosor comenzó el sitio de Jerusalén. Eze 1:2; Eze 8:1; Eze 20:1; Eze 26:1; Eze 29:1, Eze 29:17; Eze 31:1; Eze 32:1, Eze 32:17; Eze 33:21; Eze 40:1; 2Re 24:12.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

A través de la parábola de la olla hirviendo, Eze 24:1-5,

se representa la irrevocable destrucción de Jerusalén, Eze 24:6-14.

Por la señal de Ezequiel quien no debía llorar la muerte de su esposa, Eze 24:15-18,

se representa la calamidad de los judíos más allá de todo lamento, Eze 24:19-27.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Esta es la cuarta referencia cronológica dada por Ezequiel (Eze 1:2Eze 1:3Eze 8:1Eze 20:1). La fecha es enero del año 588 a.C el mismo día que Nabucodonosor, rey de Babilonia, empezó su ataque contra Jerusalén (2Re 25:1-3Jer 39:1Jer 39:2Jer 52:1-6). Se le ordenó a Ezequiel escribir la fecha de ese día. Este sería un amargo recordatorio de la integridad de Dios para hacer lo que Él prometió a través de los profetas. El asedio de Nabucodonosor fue el juicio de Dios contra Jerusalén.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

24. Anuncio del asedio de Jerusalén.
En este capítulo encontramos dos oráculos del profeta relativos a la suerte de Jerusalén: a) parábola de la caldera al fuego (1-14); b) orden de no hacer luto por su esposa (15-17). Son las dos últimas profecías de Ezequiel contra Jerusaién.

La parábola de la olla al fuego (1-14).
1 El año nono, el mes décimo, el día décimo del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2Hijo de hombre, consigna por escrito la fecha de este día. En este día, el rey de Babilonia se ha echado sobre Jerusalén. 3 Compon una parábola para la casa rebelde, y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Arrima la olla, arrímala, y echa también agua; 4 echa en ella trozos, todos los trozos selectos, la pierna y la espalda; llénala, de lo mejor de los huesos. 5 Toma lo mejor del rebaño, 1 pon debajo la leña, que hierva a borbotones, que se cuezan hasta los huesos. 6 Porque así dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! ¡Ay de la caldera herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Vacíala trozo a trozo, sin echar suerte sobre ella. 7 Porque tiene dentro la sangre suya, la ha derramado sobre piedra lisa, no la derramó sobre la tierra para que la cubriese el polvo. 8 Para provocar la ira y traer la venganza, coloqué su sangre sobre una piedra lisa, sin que pueda cubrirse. 9 Por lo cual dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo aumentaré la hoguera. 10 Acumula leña, atiza el fuego, cuece la carne y condimenta la mezcla; que se quemen los huesos, que se cueza la carne. 11 Déjala vacía sobre las brasas, que se ponga al rojo y se caliente el cobre, y se funda dentro de ella su suciedad, y se consuma su herrumbre. 12 En vano me fatigué 1; no desapareció su herrumbre ni con fuego. 13 Es execrable tu suciedad; yo he querido limpiarte, pero no te limpiaste. No quedarás purificada de tu suciedad hasta que no derrame yo mi fuego sobre ti. 14 Yo, Yahvé, he hablado: vendré, lo haré, no me volveré atrás, no tendré piedad, no me arrepentiré. Según tus caminos y tus obras así serás juzgada, dice el Señor, Yahvé.

La datación que nos da en el v.1 nos lleva a principios del 588 a.C. 2. El año nono está calculado a partir de la deportación de Jeconías, cuando fue entronizado Sedéelas (598 a.C.). Es el hecho del que parte toda la cronología de Ezequiel 3. El mes décimo es el mes de Tebeth (enero). En la fecha en que comienza el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor (v.2). El día décimo nos llevaría a principios de enero del 588. Es el gran día memorable para los exilados, pues se van a cumplir las terribles predicciones de Ezequiel. El Señor quiere que ahora exprese el porvenir de Jerusalén por medio de una parábola (v.3). En ella (v.3-14) encontramos dos enseñanzas diferentes: a) la olla con los trozos selectos, cociéndose, significa a Jerusalén sufriendo terriblemente durante el asedio (v.3-5); b) la herrumbre de la olla que se resiste a desaparecer simboliza la actitud pertinaz de Judá en el mal. Para impresionar al auditorio (la casa rebelde) debió Ezequiel poner la parábola en acción. Podemos, pues, suponer que el profeta realmente metió en una olla trozos selectos de carne y la calentó al fuego.
En 3:11 se dice que los israelitas se creían seguros en Jerusalén como la carne en la olla. El profeta ahora toma el mismo símil y va a mostrar cómo aun dentro de la ciudad no están seguros, pues tendrán que sentir el calor del fuego de los asediantes. En vez de serles medio de preservación, la ciudad será instrumento de sufrimiento, como la olla al fuego. En realidad, a los israelitas que se hallan dentro de la ciudad les esperan más sufrimientos que a los que están por la campiña, pues se quemarán hasta los huesos (v.5); la frase indica que afectará a todos. Quizá en los tronos selectos haya que ver una alusión a las clases dirigentes, mientras que en los huesos se aludiría a la clase baja. Puede que no tengan valor alegórico estos detalles y sean un simple relleno literario para completar el cuadro. La lección general dé la parábola es que los que ahora están dentro de las murallas de Jerusalén no se verán libres de los máximos sufrimientos.
La segunda parábola (v.6-14) nos presenta una nueva lección: la herrumbre de la olla es símbolo de la maldad a la que está unida pertinazmente Jerusalén. Llega el momento en que la olla (Jerusalén) va a ser vaciada de todo su contenido, trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella (v.6); la destrucción va a ser tal, que no habrá necesidad de echar a suertes sobre los que se han de salvar o han de perecer. La causa de todo es que Jerusalén es una ciudad sanguinaria y herrumbrosa por sus homicidios y su corrupción moral de todo género. La conducta de Jerusalén ha sido tan insolente, que al derramar sangre inocente no se ha preocupado de cubrirla para que no clamase venganza al cielo, como la de Abel4, sino que la ha derramado sobre piedra lisa (v.7)5, y en ella se conserva, pidiendo justicia a Dios. Toda la sangre derramada está presente a los ojos divinos, y por eso Dios no puede menos de castigar a la gran sanguinaria. Por otra parte, la herrumbre o maldad de ella es tal, que no basta el fuego para que se desprenda de ella, sino que es necesario destruir la misma olla. Yahvé ha querido limpiarla (v.13), pero todo ha sido en vano, ya que chocó con la malicia pertinaz de la ciudad. Por eso la intervención definitiva de la justicia divina no puede tardar (v.14)6.

Prohibición de duelo por su esposa (15-27).
15 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 16 Hijo de hombre, voy a quitarte de repente la delicia de tus ojos, pero no te lamentes ni llores, no derrames una lágrima. 17 Suspira en silencio, sin llevar luto por el muerto; ponte el turbante en la cabeza y calza tus pies, no te cubras la barba ni comas el pan del duelo7. 18 Yo había estado hablando al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer. A la mañana siguiente hice lo que me había mandado, 19 y la gente me decía: ¿No nos explicarás lo que significa lo que haces? 20 Yo les respondía: Yahvé me ha hablado, diciendo: 21Di a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Mirad, voy a profanar mi santuario, gloria de vuestra fuerza, delicia de vuestros ojos y anhelo de vuestra alma; vuestros hijos y vuestras hijas caerán a la espada, 22y entonces haréis vosotros lo que ahora hago yo: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan de duelo, 23 llevaréis en vuestra cabeza los turbantes y calzaréis vuestros pies, no os lamentaréis ni lloraréis, sino que os consumiréis en vuestra iniquidad y gemiréis unos con otros. 24 Ezequiel será para vosotros una señal; cuando esto llegue, haréis vosotros lo que él hace ahora, y sabréis que yo soy Yahvé. 25 Y tú, hijo de hombre, el día que yo les arrebatare a ellos su fortaleza, el orgullo de su gloria, la delicia de sus ojos, el anhelo de sus almas” sus hijos y sus hijas 26 vendrá a ti un huido para darte la noticia, 27 y aquel día se abrirá tu boca a la llegada del fugitivo y hablarás, no estarás mudo, y serás señal para ellos, y sabrán que yo soy Yahvé.

Dios anuncia al profeta que va a morir su esposa, la delicia de sus ojos (v.16), prohibiéndole hacer toda señal de duelo, como ejemplo a imitar por los exilados cuando llegue la noticia de la toma de Jerusalén por los caldeos y de la destrucción de la delicia de sus ojos, el templo de Yahvé. Debe abstenerse de todos los signos externos de duelo, como descubrirse la cabeza, descalzarse, etc. (v.17), y no debe organizar un banquete funerario: no comas el pan del duelo 8. Guando uno estaba en duelo, venían sus amigos a participar con él en un banquete funerario en honor del difunto 9. Su esposa murió en la tarde del día en que había anunciado el principio del asedio de Jerusalén (v.18). Los compatriotas exilados no comprenden la conducta del profeta, que no cumple los ritos ordinarios de duelo. En ello ven algo misterioso, y preguntan: ¿no nos explicaras lo que significa lo que haces? (v.20). El profeta les responde que él en su persona es una señal para la casa de Israel, e.d., los israelitas del exilio. No deben hacerse ilusiones sobre el porvenir de la Ciudad Santa, pues se les va a quitar lo más caro a su corazón, el santuario, delicia de sus ojos. (v.21).
Habían depositado en él una confianza supersticiosa 10, como si la presencia del templo, morada de Yahvé, fuera garantía segura contra toda incursión enemiga. En realidad, todo aquel maravilloso conjunto de edificios que constituían el templo de Jerusalén, centro de todos los pensamientos de los israelitas (anhelo de vuestras almas, v.21), sería profanado y pasto de las llamas, y todos los habitantes de la ciudad caerán a la espada. Es el anuncio que desde hacía años les estaba comunicando, pero ahora estaban en el principio de la realización. Como él, deben abstenerse de señales exteriores de duelo y sufrir sólo interiormente en la compunción del corazón (v.23). Deben concentrarse en sí mismos y pensar en las causas reales de tal catástrofe, procurando desagraviar la justicia divina ultrajada.
Como conclusión de todas estas predicciones siniestras contra Jerusalén, se inserta aquí el anuncio de su caída por uno de los fugitivos. Si tomamos al pie de la letra lo que se dice en el v.26, tenemos que deducir que el mismo día en que cayó Jerusalén le llegó un fugitivo con la noticia, lo que no era factible. En 33:21 se dice que llegó el fugitivo un año y medio después de la toma de Jerusalén, según el TM, y después de seis meses según el texto griego de los LXX. La frase, pues,”el día que les arrebatare. (v.25), hay que interpretarla en.el sentido genérico de “cuando les arrebatare.” En el texto se dice que Ezequiel, al llegar el fugitivo, recobrará el habla (v.27). En 3:24-27 se, dice que por orden divina,.el profeta quedó privado del habla. ¿Es una alusión a esta etapa de la vida del profeta? Algunos autores creen que se relacionan ambos fragmentos y que uno de ellos está fuera de lugar. Se puede suponer también que el profeta, después de la muerte de su mujer, quedó recluido en su casa sin hablar con nadie, como señal para los exilados, que debían meditar en silencio la gran tragedia de su pueblo que había sido anunciada por él. Con esta indicación se cierra la primera parte del libro de Ezequiel, dedicado a preparar espiritualmente a los exilados para la gran prueba, ya que de aquellos exilados había de surgir el núcleo de restauración para empalmar con los tiempos mesiánicos 11.

1 En hebreo lit. “ella me ha fatigado por sus trabajos.” En los LXX falta esta frase, que algunos consideran como simple ditografía. – 2 Cf.-2Re 25:1; Jer 52:4. – 3 Cf. Eze 1:2. – 4 Cf. Gen 4:10. – 5 Cf. Eze 23:45; Jer 7:6; Job 16:18. – 6 Sobre esta acción simbólica véase D. buzy, Les symboles de I’Anden Testament (París – 1923) P.IQ8-205- – 7 El TM y los LXX leen “pan de hombres.” El Targum y la Vulgáta leen “pan de aflicción,” que hemos preferido. – 8 Sobre las señales de duelo entre los antiguos israelitas puede verse la obra de P. hei-nisch, Die Trauergebrauche bei den Jsraditen: “Biblische Zeitfragen,” 13 (Munster 1931) ?s·. – 9 Cf. Jer 17:7; 2 Sam 3:2Sa 3:5, – 10 Jer 7:4; Miq 3:11. – 11 Eze 11:14-21; Eze 14:223; Eze 20:32-44.

Fuente: Biblia Comentada

este mismo día. La fecha era 15 de enero de 588 a.C. (calculada a partir de 597 a.C. como en Eze 1:2). Los babilonios comenzaron el asedio de dieciocho meses sobre Jerusalén (Jer 39:1-2; Jer 52:4-12).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

— el año noveno: Se trata del año noveno de la deportación de Jeconías. Estamos entre diciembre del 589 y enero del 588 a. C.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

La parábola de la olla: Jerusalén sitiada

Este oráculo representa un punto decisivo en el libro. Hasta aquí las profecías de Ezequiel habían sido mayormente advertencias acerca del desastre que vendría. Pero ahora el cumplimiento de las profecías ha comenzado. No había marcha atrás. El sitio de Jerusalén había empezado. La fecha del oráculo es precisa: enero 15 de 588 a. de J.C. Fue el día en que Nabucodonosor empezó el sitio de la ciudad. Después de 18 meses los babilonios capturarían Jerusalén y le prenderían fuego. La ciudad sería destruida. Este sitio fue el segundo en doce años para Jerusalén. Después del anterior Ezequiel mismo había sido deportado.

El mensaje del oráculo se presenta en forma de una parábola. Se compara a Jerusalén con una olla, y sus moradores son el contenido de la olla. Después que se le haya puesto fuego, una mancha permanece en la olla, es decir, aun después del primer sitio la impureza de Israel continuó. Un segundo fuego más intenso (el segundo sitio) será necesario para quemar la impureza, es decir, castigar la iniquidad del pueblo. Nuevamente el castigo se presenta como purificación (cf. 22:17-22).

1-14 Se le dice a Ezequiel, en otras palabras: “Escribe esta fecha, porque hoy Nabucodonosor ha puesto sitio a Jerusalén (2).” También debe proclamar: “Llena una olla con agua y trozos de carne. Hazlos hervir sobre el fuego. La herrumbre en la olla no saldrá. La mancha es como la impureza de Jerusalén (3-7, 13). Calienta aun más la olla, quemando los huesos. Deja que la olla se ponga roja para que su mancha desaparezca al quemarse (9-12). No impedirás tu juicio ahora, Jerusalén (13, 14).”

Notas. 6 Herrumbrosa: al disminuir el líquido quedaría una mancha en el interior de la olla. Sin que se echen suertes: si esta frase está traducida correctamente, el pensamiento subyacente pudiera ser que el contenido de la olla, es decir, el pueblo, sería esparcido al azar.12 El versículo tal cual está podría implicar que la herrumbre de la olla no desaparecerá aun después del segundo calentamiento. Sería más consistente verlo como resumiendo el intento anterior: “Había frustrado todos los (anteriores) esfuerzos (hasta ahora).”

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

24.1-14 Ezequiel dio esta ilustración en 588 a.C., tres años después del primero de sus mensajes anteriores (véase 20.1, 2). El pueblo de Judá pensó que era la carne escogida porque no lo llevaron al cautiverio en 597 cuando los babilonios invadieron por última vez el territorio. Ezequiel utilizó esta ilustración antes (capítulo 11) para mostrar que aunque el pueblo pensaba que estaba sano y salvo dentro de la olla, esta sería realmente el lugar de su destrucción. Este mensaje se dio a los cautivos en Babilonia el mismo día que los babilonios atacaron Jerusalén (24.2), comenzando con un sitio que duró casi dos años y trajo como resultado la destrucción de la ciudad. Cuando el castigo de Dios llega, es implacable.24.6-13 La ciudad de Jerusalén era como una olla donde el pecado estaba tan incrustado que no podría limpiarse. Dios quería limpiar las vidas de los habitantes de Jerusalén y quiere limpiar nuestras vidas hoy. A veces trata de purificarnos mediante dificultades y circunstancias problemáticas. Cuando se enfrente a momentos difíciles, permita que el pecado de su vida sea quemado. Mire sus problemas como una oportunidad para que su fe crezca. Cuando lleguen estos tiempos, las prioridades innecesarias y las diversiones se echarán a un lado. Podemos evaluar nuestras vidas y así haremos lo que en verdad cuenta.24.15-18 Dios le dijo a Ezequiel que su esposa moriría y que no debía guardarle luto. Ezequiel obedeció a Dios totalmente, como lo hizo Oseas cuando se le ordenó casarse con una mujer infiel (Hos 1:2-3). En ambos casos, el propósito de estos hechos inusuales era de que fueran actos simbólicos que ilustraran la relación de Dios con su pueblo. La obediencia a Dios puede tener un alto costo. Lo único que quizás sea más doloroso que perder al cónyuge sin poder guardar luto sería perder la vida eterna por no obedecer a Dios. Ezequiel siempre obedeció a Dios con todo su corazón. Nuestras vidas deben mostrar la misma obediencia sincera. Dicha obediencia comienza al hacer todo lo que El nos ordena en las Escrituras, aun cuando no tengamos deseos. ¿Está dispuesto a servir a Dios tan completamente como lo hizo Ezequiel?24.20-24 A Ezequiel no se le permitió guardar luto por la muerte de su esposa para poder mostrar a sus compatriotas cautivos que no debían guardar luto por Jerusalén cuando la destruyeran. Cualquier dolor personal que se sintiera pronto lo eclipsaría la tristeza nacional debido al horror de la destrucción total de la ciudad. Los individuos se consumirían por los pecados que provocaron la destrucción de la misma.24.27 Por algún tiempo, a Ezequiel no se le permitió hablar excepto cuando Dios le daba un mensaje para que lo proclamara al pueblo (3.25-27). Esta restricción pronto terminaría, cuando destruyeran a Jerusalén y todas las profecías de Ezequiel acerca de Judá y Jerusalén se cumplieran (33.21, 22).

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

el año noveno. La fecha es ahora el 15 de enero del 588 a.C., casi dos años y medio después del último mensaje de Ezequiel (v. 20:1; cp. 1:2; 8:1).

Fuente: La Biblia de las Américas

La parábola de Ezequiel fue dramatizada en Babilonia el mismo día que comenzó el sitio de Jerusalén (en enero, 588; cp. 2Re 25:1) e ilustra la destrucción de la ciudad.

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie

[3] La caldera es Jerusalén, los huesos son los príncipes y la carne el pueblo. Ez 11, 30; Jer 1, 13.[5] Para que encendida la leña que está debajo de los huesos aumenten el calor.

Fuente: Notas Torres Amat