Comentario de Daniel 9:20 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Aún estaba yo hablando y orando—confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, presentando mi ruego delante de Jehovah mi Dios por el santo monte de mi Dios—;
Aún estaba hablando. Dan 10:2; Sal 32:5; Sal 145:18; Isa 58:9; Isa 65:24; Hch 4:31; Hch 10:30, Hch 10:31.
y confesando mi pecado. Dan 9:4; Ecl 7:20; Isa 6:5; Rom 3:23; Stg 3:2; 1Jn 1:8-10.
por el monte santo de mi Dios. Dan 9:16; Sal 137:5, Sal 137:6; Isa 56:7; Isa 62:6, Isa 62:7; Zac 8:3; Apo 21:2, Apo 21:10.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
aún estaba hablando: El ángel fue enviado al comienzo de la oración de Daniel (v. Dan 9:23).
el varón Gabriel no es una negación de la naturaleza angélica de Gabriel, el título simplemente sirve para identificar a Gabriel con la visión de Dan 8:15, Dan 8:16.
la hora del sacrificio de la tarde: Debido a que el Templo estaba en ruinas, los sacrificios diarios regulares eran imposibles. Sin embargo, Daniel observó el ritual del culto orando a la hora del sacrificio de la tarde. La oración de Daniel fue su ofrenda de la tarde.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
Otros “setenta”
El tiempo de la revelación fue como a la hora del sacrificio del atardecer (21; es decir, a media tarde), una notable indicación del enfoque de la vida de Daniel centrada en la ciudad de Dios, puesto que él había estado ausente de Jerusalén por cerca de setenta años (cf. 6:10). Gabriel apareció con dramática rapidez en respuesta a su oración, trayendo una comunicación divina más amplia que extendió el horizonte de Daniel más allá de los setenta años de la profecía de Jeremías a un período de setenta semanas (24). Hay una cumbre más le jana en las cordilleras de montañas de propósitos de Dios en la que él debe concentrarse ahora.
La revelación enigmática que sigue primero delinea el programa divino, incluyendo seis cosas que deben cumplirse dentro del período de setenta semanas ordenado por Dios (24). Las primeras sesenta y nueve semanas llevan a la llegada del Mesías Príncipe (25) y están divididas en dos períodos desiguales (siete semanas y sesenta y dos semanas = sesenta y nueve semanas). Esta división es uno de los rasgos más enigmáticos de todo el libro. Posiblemente las primeras semanas miran hacia la terminación del templo. Los vv. 26 y 27 pueden contener un “paralelismo progresivo” en miniatura: el v. 26 describe la semana final en términos panorámicos mientras el v. 27 la describe en detalle específico.
Las interpretaciones de este mensaje varían enormemente, y dependen de la amplitud de criterio que el intérprete tenga del cumplimiento de la profecía. La erudición crítica, situando la escritura de Daniel en el contexto del siglo II a. de J.C., ve el período como destinado a extenderse desde el siglo VI hasta el tiempo de Antíoco Epífanes (entendiéndose los 490 ya sea en términos redondos o lit., y, tal vez, equivocadamente). Pero desde la perspectiva del NT, es difícil evitar la conclusión de que el Mesías Príncipe (25) se cumple en Jesucristo, cuya venida trae expiación y fin de la culpa (24). Algunos intérpretes conservadores, además, han empleado varias cronologías para mostrar que la cifra de 490 es una predicción cronológicamente exacta de la muerte de Cristo. No se ha llegado a ningún consenso acerca de esto o de la interpretación detallada de la última semana.
Si el análisis cristológico es en general correcto, las sesenta y nueve semanas pueden representar el período entre la restauración hasta la venida de Cristo y el reino que él inaugura. Aunque difícil (v. 26), el Mesías será quitado (el verbo es uno que también se usa para confirmar un pacto) y no tendrá nada nos recuerda Isa. 53:8 y es una indicación de absoluta desolación (cf. Mat. 26:31; 27:46). El v. 27 puede entonces ser considerado como referencia al gobernante que ha de venir (26), y que encuentra su cumplimiento en Tito Vespasiano, la profanación del templo y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. de J.C. (cf. Mat. 24:3-25). Alternativamente, el v. 27a podría referirse a Cristo confirmando el pacto de Dios por una semana, es decir, por todas las edades futuras (cf. 1 Cor. 11:25, 26); y los vv. 27b y 27c a la profanación de Jerusalén.
Por setenta años Daniel ha añorado la restauración de la ciudad y del templo de Dios (16-19). Ahora que está por ocurrir, su atención se dirige a una cumbre más distante y elevada en la historia de la redención. Aun un templo nuevo en una ciudad reconstruida hecha por manos humanas puede ser destruido; los ojos de Daniel, por tanto, debían fijarse en un templo final (cf. Juan 2:19), en uno que estaría más allá de toda profanación (Apoc. 21:22-27).
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
REFERENCIAS CRUZADAS
b 576 Sal 32:5; Ecl 7:20
c 577 Isa 6:5
d 578 Sal 87:1; Isa 56:7; Zac 8:3
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
Lit., haciendo caer