Comentario de Daniel 11:5 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
El rey del sur se hará fuerte, pero uno de sus príncipes se hará más fuerte que él y dominará con un dominio mayor que el de aquél.
el rey del sur. Dan 11:8, Dan 11:9, Dan 11:11, Dan 11:14, Dan 11:25, Dan 11:40.
mas uno de los príncipes. Dan 11:3, Dan 11:4.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Habiendo pronosticado que habría cuatro divisiones del reino de Grecia (v. Dan 11:4), el ángel aquí habla acerca de dos de ellos, el reino de Siria justo al Norte de Palestina y el reino Egipcio hacia el Sur. El primer rey del sur —esto es Egipto— fue Tolomeo I Sóter (323-285 a.C uno de sus príncipes se refiere a Seleuco Nicátor (311-280 a.C
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
EL REY DEL SUR. Este primer rey del sur es Ptolomeo I Sotero de Egipto (323-285 a.C.). El príncipe a quien se refiere es Seleuco I Nicátor (311-280 a.C.).
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
rey del sur … rey del norte. El rey del sur representa a la dinastía de los Tolomeo que ejerció el control de Egipto y se contrasta en los vv. Dan 11:5 ss con el rey del norte que representa a los seleúcidas que dominaron sobre Siria (v. Dan 11:6). Tanto el sur como el norte son con relación a Palestina, una región por la cual expresa desvelo e interés el ángel Gabriel que es quien habla en este pasaje. Los vv. Dan 11:5-20 cubren casi doscientos años de guerras entre estas potencias colindantes.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
— el rey del sur: A partir de este momento, el autor va a denominar de forma sistemática “rey del sur” al rey egipcio de turno, y “rey del norte” al correspondiente rey de Siria. En el presente pasaje el rey del sur es Tolomeo I Soter, que gobernó Egipto del 323 al 283 a. C. Uno de sus generales se convertirá en el fundador de la dinastía seléucida con el nombre de Seleuco I Nicator (305-281 a. C.).
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Norte contra sur. Hay un amplio acuerdo sobre la interpretación de esta sección entre los comentaristas de muy diferentes escuelas de pensamiento, por la manera tan íntima en que esta visión se junta con el siguiente bosquejo de la historia.
Cuando el imperio de Alejandro se dividió en cuatro (4), Ptolomeo I se convirtió en gobernante de Egipto (el rey del sur; 5) y estableció la dinastía macedonia desde 304 a. de J.C. (cuando tomó el tí tulo de rey) hasta 30 a. de J.C. Mientras, Seleuco I (el rey del norte) controlaba Siria, estableciendo la dinastía seléucida por aprox. el mismo período. Lo que sigue es la historia del desarrollo dinástico y de luchas de poder dentro de esos dos reinos y la rivalidad entre ellos.
El intento inicial de alianza entre los dos poderes es representado por el matrimonio (6) entre Antíoco II (nieto de Seleuco I) y Berenice (hija de Ptolomeo II). La paz fue solamente temporal y fue seguida por la invasión del norte por Ptolomeo III (7, 8) y el contraataque de Seleuco II (9) y de sus hijos Seleuco III y Antíoco III, que avanzaron hasta Rafia en el sur de Palestina (10).
La lucha por el dominio continuó bajo Ptolomeo IV, un hombre de manera de vivir libertina. La referencia a que su corazón se enaltecerá (12; cf. v. 18) prepara al lector bíblico sensible para su caída (2:21a). Aunque él no infligió una derrota masiva a Siria en Rafia, su ascendencia no continuó y al final, cuando Ptolomeo V subió al trono a la edad de cuatro años, Antíoco III la conquistó (13-16). El también exhibió la exaltación de sí mismo que merece el juicio divino (16; cf. v. 19). El v. 14 puede referirse a la fallida actividad de los judíos zelotes que apoyaron las fuerzas sirias contra Egipto, bajo cuya dominación vivían.
Con miras a una futura expansión, se planeó un matrimonio político entre Cleopatra, la hija de Antíoco III y el joven Ptolomeo V (17); pero esto también falló. Cuando Antíoco procuró otras conquistas en el Occidente (Grecia) fue derrotado por los romanos y obligado a regresar a su patria. Con su retirada iba a desaparecer de la escena de la historia, pues murió dos años después (19).
Seleuco IV, que siguió como rey de Siria, heredó un gran imperio, pero en bancarrota por largos años de acciones militares. El procuró volver a lle nar las arcas del tesoro elevando los impuestos (20), pero pronto fue sucedido por la figura que ahora domina el resto del capítulo, un hombre vil (21), su hermano Antíoco IV (Epífanes).
El llegó al trono en 175 a. de J.C. por medio de dos golpes de Estado. Por varios medios, incluyendo intriga y engaño (21, 23), promovió una política de helenización que lo puso en conflicto directo con los judíos que practicaban la devoción ortodoxa. De nuevo se subraya el peligro de sentirse seguro (v. 24; cf. 8:25), como es el tiempo límite que Dios pone sobre las actividades humanas hostiles (aunque sólo por un tiempo; 24).
Antíoco impidió la invasión egipcia de Palestina invadiendo él mismo Egipto, ahora gobernada por Ptolomeo VI, triunfando parcialmente por intriga (según los vv. 24, 25). Pero el éxito completo lo eludió (27), y cuando el desorden surgió en Palestina, él regresó a Siria. De nuevo se enfatizan los límites divinos en la historia (27) y la naturaleza siniestra de la oposición al pueblo de Dios (28).
Antíoco invadió Egipto de nuevo en 168 a. de J.C., cuando los ptolomeos consintieron en un reino unido. Esta vez se encontró frente a un humillante ultimátum romano de irse (cf. v. 30), después del cual desahogó su furia contra Dios y su pueblo (30), enlistando la ayuda de judíos simpatizantes con el proceso de helenización (30-32). Esto culminó en la masacre de los habitantes de Jerusalén y en el saqueo de la ciudad. El santuario fue profanado, las ofrendas diarias abolidas, se levantó un altar a Zeus y se celebraron ritos paganos sobre el altar de las ofrendas quemadas (la abominación desoladora, 31; cf. Mat. 24:15).
En medio de la apostasía judía (descrita en los vv. 30, 32), otros fueron fieles hasta la muerte (33). Fue en este contexto que tuvo lugar la famosa resistencia de los macabeos. Como en todos los mo vimientos de resistencia, espirituales y también pol íticos, los fieles recibieron apoyo que no les hacía falta (34).
La sección que sigue en el libro, los vv. 36-45, es posiblemente la más difícil. La descripción parece exceder todo lo que se conoce aun del blasfemo Antíoco (de aquí la conclusión de muchos comentaristas de que esta sección es ciertamente profecía que predice el futuro por parte del autor, la cual, por ser errónea, nos capacita para fijar la fecha de la edición final de todo el libro). El cap. 13:1-3 sin embargo, sugiere que el fin de toda la historia puede aho ra estar a la vista. En este caso, el v. 35 puede estar señalando hacia la experiencia del pueblo de Dios, no solamente durante el tiempo de Antíoco, sino más allá. No obstante, la identificación de el rey (36) varía (p. ej. el Imperio Romano [Calvino], el papado y el anticristo).
La identificación precisa del significado de la profecía depende de su cumplimiento histórico. En cualquier caso, aquí al menos tenemos una descripción del espíritu del anticristo (1 Jn. 2:18) en la autonomía radical del rey (cf. 3:15; 4:30; 8:25; 11:3, 12, 16), que se exalta a sí mismo como divino (36, 37; cf. 3:5) y en la unión de la impiedad y la injusticia. La referencia al más apreciado por las mujeres (37) es difícil. Algunas veces conside rada como una referencia a Tamuz, la deidad pagana llorada por la diosa Istar (cf. la alarma de Ezequiel por esta abominación en Eze. 8:13, 14), las palabras también pueden significar “el amor de las mujeres” y denotar el completo desdén del rey por el afecto humano (cf. 2 Tim. 3:2-4) o de veras por la ordenanza de la creación de relaciones varón-hembra.
Los vv. 40-45 narran un conflicto final. Algunos intérpretes sugieren que esto se cumplirá en los términos geográficos precisos en los cuales se describe, pero las declaraciones son tomadas mejor como la descripción de un conflicto futuro en términos de un mapa político contemporáneo en ese entonces. Edom, Moab y Amón (41) representan a los an tiguos enemigos del pueblo de Dios. Los enemigos tradicionales del rey del norte con sus aliados serán dominados por él (43). Sin embargo, su fin vendrá abruptamente (44, 45).
Si tenemos aquí una referencia a las escenas finales de la historia, debe recordarse que ellas son descritas en términos del orden del mundo antiguo. La profecía sí predice el futuro, pero también habla a su mundo contemporáneo en términos tomados de su propio tiempo.
Aun si el clímax de la impiedad se describe aquí, sería un error anticipar que el desenlace de la historia incluirá carros y gente de a caballo (40). Tampoco debemos olvidar que la función de toda esta sección es subrayar que no importa cuán radicalmente impío pueda ser un gobernante de las naciones, llegará a su fin y no tendrá quien le ayude (45).
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
NOTAS
(1) “Rey del sur.” Heb.: me·lekj-han·né·ghev.
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
el rey del sur. Es decir, Tolomeo I Soter (323– 285 a.C.) de Egipto (cp. vers. 8).
uno de sus príncipes. O sea, Seleuco I (311– 280 a.C.).
un gran dominio. El territorio dominado por los seléucidas era mayor que el de los tolomeos.
Fuente: La Biblia de las Américas
Esta sección (vv. Dan 11:5-20) describe varias luchas entre los reyes del sur (Ptolomeos de Egipto) y los reyes del norte (los Seléucidos de Siria).
El rey del sur en este versículo es Ptolomeo I, quien gobernó en Egipto y uno de sus príncipes era Seleuco I Nicator cuyo reino llegó a extenderse desde la Palestina hasta la India.