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Comentario de Juan 13:6 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Juan 13:6 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Entonces llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: —Señor, ¿tú me lavas los pies a mí?

13:6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? — ¿Tú, Señor y Maestro, haces el trabajo de un siervo? En el griego los pronombres tú y me están en posición enfática, como también yo y tú en el v. 7. Para Pedro no era nada aceptable que Jesús lavara sus pies. Sin duda los otros apóstoles pensaban lo mismo, pero solamente Pedro tuvo el valor para expresar sus pensamientos.

Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain

Pedro le dijo: Señor. Jua 1:27; Mat 3:11-14; Luc 5:8.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Pedro, tan impulsivo, objetó con firmeza este acto de humildad. Cristo respondió a su objeción implicando que hay un significado más profundo en el hecho de lavar los pies. Un día Pedro entendería que esta era una gráfica ilustración de la humildad de Jesús.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

El acto de limpieza avergonzó a todos los discípulos. Mientras los demás quedaron callados de asombro, Pedro quiso hablar en representación de los demás (vea Mat 16:13-23), y expresó su indignación porque Jesús se rebajara a tal punto que le lavara los pies. No pudo ver más allá del acto humilde de servicio humilde mismo para entender que era un símbolo de limpieza y purificación espiritual (v. Jua 13:7; cp. 1Jn 1:7-9). La respuesta de Jesús hizo evidente el propósito de sus acciones: a no ser que el Cordero de Dios limpie a una persona de pecado (lo cual ilustra a perfección el simbolismo del lavamiento físico), esa persona no puede tener parte con Él.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

13:6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? — ¿Tú, Señor y Maestro, haces el trabajo de un siervo? En el griego los pronombres tú y me están en posición enfática, como también yo y tú en el v. 7. Para Pedro no era nada aceptable que Jesús lavara sus pies. Sin duda los otros apóstoles pensaban lo mismo, pero solamente Pedro tuvo el valor para expresar sus pensamientos.

Fuente: Notas Reeves-Partain

Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: Señor, ¿tú me lavarás los pies? De nuevo el texto no da detalles, lo cual se presta a especulaciones. Unos creen que Jesús le lavó los pies primero a Pedro, pero otros creen que Pedro fue el último, sobre todo si se considera la réplica de Jesús en el v. Jua 13:10, donde Jesús afirma: “ya todos ustedes están limpios, aunque no todos”. A la luz de la pregunta de Pedro se percibe que el tono es de reclamo o rechazo para no dejarse lavar los pies. La pregunta invita a una respuesta positiva. “Lavar” está en tiempo presente continuo, pero por el contexto inmediato se deduce que la acción de lavar no ha empezado todavía. Quizás por eso la NVI le pone cierta carga de futuro de una acción que no ha comenzado: «¿me vas a lavar los pies a mí?» o «¿tú me vas a lavar los pies a mí?» (DHH). Es posible también que Jesús ya haya comenzado a lavarle los pies a Pedro a pesar de los reclamos de éste: «Tú, ¿lavándome a mí los pies?» (NEB) donde los pronombres “tú” y “mis” son enfáticos. En este caso se podría formular la pregunta de forma diferente, si se quiere dar énfasis al aspecto de presente del verbo “lavar”: “Señor, ¿tú me lavas los pies a mí?”. Si se quiere enfatizar el aspecto de futuro, es mejor dar la idea de intención o propósito, como por ejemplo: “¡Señor! ¿Tú intentas lavarme los pies?” o “¡Señor! ¿Cómo es que vas a lavarme a mí los pies?”. La TLA transforma la pregunta en afirmación: «Señor, no creo que tú debas lavarme los pies».

Fuente: Comentario para Exégesis y Traducción

NOTAS

(1) O: “Amo”.

REFERENCIAS CRUZADAS

j 771 Luc 9:48; 1Pe 5:3

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

¿tú lavarme a mí los pies? La palabra mí es enfática. Pedro no puede creer que Jesús haga esto. Véase Lc 5:8 para otro pasaje que muestra que Pedro se considera pecador ante Jesús.

Fuente: La Biblia de las Américas

Con estos versículos concluye la relación del lavatorio, acto que dio lugar á circunstancias y dichos de la más grande importancia.
Es de notarse, en primer lugar, cuan desatinada fue la precipitación del apóstol Pedro.
Tan pronto se niega á permitir que su Maestro ejecute el acto humilde que va á ejecutar. Tan pronto se apresura con ansiedad á suplicar lo contrario. Mas en ambos casos parece incapaz de comprender lo que sus ojos contemplan. Ve, pero no entiende.
La conducta de Pedro nos enseña que es posible poseer mucha fe y sentir mucho amor, y sin embargo carecer de claros conocimientos; que es posible tener un corazón recto ante los ojos de Dios cuando la mente está errada. Es preciso tomar en consideración que no solo la voluntad sino también el entendimiento humano ha sido depravado. Es esta una lección que nos hace sentir humillados, y que no puede aprenderse sino por medio de una larga experiencia. Mas, cuánto más tiempo vivamos en este mundo más profundamente nos convenceremos de que con otros creyentes puede acontecer como con Pedro, que yerren en sus actos intelectuales y que sin embargo tengan para con Dios un corazón recto, y al fin obtengan la salvación.
Aun cuando hayamos llegado al grado más alto de desarrollo intelectual, muchos de los actos de Cristo para con sus siervos nos parecerán difíciles de entender. El «por qué» y «á qué fin» nos aturdirá tanto y nos dejará tan perplejos como á Pedro. Lo necesario, lo prudente, lo conveniente de muchos designios permanecerá á menudo oculto á nuestros ojos. Pero en tales momentos debemos recordar estas palabras del divino Maestro y consolarnos con ellas: «Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora; mas lo sabrás después.» Mucho tiempo después de que Cristo hubo dejado este mundo se llegó el día en que Pedro comprendió plenamente lo que había acaecido en la memorable víspera de la crucifixión. De la misma manera vendrá un día en que se explicarán todas las páginas confusas de nuestra historia, y en que, estando en la gloria con Jesucristo, sabremos todo lo que antes ignorábamos.
Sin penetrar en el fondo del pasaje se percibe, en segundo lugar, que contiene una lección práctica. Nuestro Señor manifestó explícitamente cuál era esa lección. He aquí sus palabras: «Ejemplo os he dado, para que como yo he hecho, vosotros también hagáis..
Es claro que la humildad forma parte de esa lección. Si el Unigénito Hijo de Dios, el Rey de reyes, no consideró que se rebajaba con desempeñar la ocupación más humilde de un criado, nada hay que sus discípulos deban creer degradante. No hay pecado que sea tan ofensivo á Dios y tan perjudicial al alma como el del orgullo. Ninguna virtud ha sido tan recomendada, de palabra así como por medio del ejemplo, como la humildad. «Revestíos de humildad de ánimo.» «Cualquiera que se ensalza, será humillado.» «Haya en vosotros los mismos sentimientos que hubo en Cristo Jesús: el cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual á Dios; mas se despojó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho á semejanza de los hombres; y hallado en su condición como hombre, se humilló á sí mismo.» 1Pe 5:5; Luk 18:14; Phi 2:5-8.
Sobre el amor versa la otra parte de la lección. Nuestro Señor nos manda amar á nuestros semejantes de tal manera que sintamos un placer verdadero en promover su felicidad. Hemos de ejecutar con júbilo todo acto de bondad, aun el más pequeño; y experimentar gozo en disminuir la tristeza y aumentar la alegría, aunque sea á costa de algunos sacrificios. Tales fueron los sentimientos del divino Maestro, y tal fue el principio al cual arregló su conducta cuando estuvo en la tierra. Es de temerse que sean pocos los que sigan sus huellas; pero esos pocos son personas en quienes él tiene su complacencia.
Esta lección parecerá tal vez muy sencilla, pero jamás podrá exagerarse su importancia. Los hombres del mundo, es decir, los impenitentes, no dejan de comprender la humildad y el amor aunque muchas veces no entienden las doctrinas. Esas dos virtudes no están veladas por ningún misterio y se hallan al alcance de todas las clases sociales. El cristiano más pobre é ignorante tiene diariamente la oportunidad de ejercer el amor y la humildad.
En este pasaje debemos notar, por último, las lecciones espirituales que contiene en el fondo. Son tres, y se encuentran á la base misma de la religión; pero coló podemos ocuparnos de ellas brevemente.
La primera es que todo hombre necesita ser lavado por Jesucristo. «Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.» Ninguno puede salvarse á menos que sus pecados sean lavados en la sangre preciosa de Jesucristo. Ninguna otra cosa puede hacernos limpios ó aceptables ante Dios. Tenemos que «ser lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.» 1Co 6:11. Si hemos de salvarnos preciso es que Cristo nos lave del pecado, y solo son lavados los que creen.
La segunda lección es, que aun los que son purificados y perdonados necesitan acudir á Cristo todos los días á pedir perdón. No podemos pasar por este mundo depravado sin contaminarnos. No hay día de nuestra vida en que no cometamos muchas faltas, y necesitemos de nuevas manifestaciones de misericordia. Aun los que están lavados necesitan lavarse los pies, y eso en la misma fuente en que encontraron paz de conciencia desde el primer momento en que creyeron. Hagamos, pues, uso de esa fuente todos los días. La sangre de Cristo al principio, y la sangre de Cristo después.
La tercera lección es que aun de los que acompañaban á Jesucristo y habían sido bautizados con agua como sus discípulos, no todos habían sido lavados de sus pecados. Las siguientes palabras son muy solemnes: «Vosotros limpios estáis, aunque no todos.» Cuidemos pues de no hacer profesiones falsas. Que hayamos recibido el agua del bautismo y hecho profesión de fe no es prueba de que seamos rectos á los ojos de Dios.

Fuente: Los Evangelios Explicados

R418 Aquí puede haber algún contraste expresado por σύ y μοῦ.

R880 El verbo presente νίπτεις tiene un sentido incoativo, se refiere a un acto que acaba de comenzar (¿Estás tratando de lavar? -T63).

Fuente: Ayuda gramatical para el Estudio del Nuevo Testamento Griego

Esto es, Pedro.

Fuente: La Biblia Textual III Edición