Biblia

Comentario de Hebreos 8:7 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Hebreos 8:7 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Porque si el primer pacto hubiera sido sin defecto, no se habría procurado lugar para un segundo.

8:7 — Véase 7:11-19, comentarios. No tenía la ley mosaica falta o imperfección positiva. En sí era santa (Rom 7:12). La falta o defecto consistía en no tener la Ley provisión para perdón de los pecados. Era débil la Ley «por la carne» (Rom 8:3); es decir, era débil a causa de la debilidad de los hombres bajo ella. Eran débiles en la carne esos hombres y pecaron. La ley no les podía perdonar. Véase Gál 3:21. La justicia no podía ser por guardar obras de ley (Rom 3:20; Gál 2:16; Gál 3:11), porque no era perfecto ningún hombre. Todos pecaron (Rom 3:23).

La Ley no fue dada con el propósito de justificar. Para el propósito para el cual fue dada, era buena (Rom 7:12). Cumplió su propósito. No era cuestión de que Dios se hubiera desanimado con la Ley y la hubiera quitado por eso. ¡En ninguna manera! Dios hace todo según sus consejos eternos (Hch 15:18; Efe 1:11). Dio la Ley con otro fin. Véanse Gál 3:19-24; Rom 3:20). Era preparatoria para el evangelio.

El hecho mismo de que se buscaba en la historia lugar para otro testamento prueba que el primero no era final y completo para los propósitos de Dios. Este argumento lógico se basa en lo que profetizó Jeremías (capítulo 31). Algunos de los hermanos hebreos pensaban en volver al testamento que consideraban final y perfecto, considerando al cristianismo como incompleto. ¡El caso era al contrario!

Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain

fuera sin falta, o sin defecto. Heb 8:6; Heb 7:11, Heb 7:18; Gál 3:21.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

aquel primero es el Pacto Mosaico (v. Heb 8:9; Éxo 19:15).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

Cp. El mismo argumento en Heb 7:11. El pacto anterior era incompleto e imperfecto, además su función solo era temporal.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

8:7 — Véase 7:11-19, comentarios. No tenía la ley mosaica falta o imperfección positiva. En sí era santa (Rom 7:12). La falta o defecto consistía en no tener la Ley provisión para perdón de los pecados. Era débil la Ley «por la carne» (Rom 8:3); es decir, era débil a causa de la debilidad de los hombres bajo ella. Eran débiles en la carne esos hombres y pecaron. La ley no les podía perdonar. Véase Gál 3:21. La justicia no podía ser por guardar obras de ley (Rom 3:20; Gál 2:16; Gál 3:11), porque no era perfecto ningún hombre. Todos pecaron (Rom 3:23).
La Ley no fue dada con el propósito de justificar. Para el propósito para el cual fue dada, era buena (Rom 7:12). Cumplió su propósito. No era cuestión de que Dios se hubiera desanimado con la Ley y la hubiera quitado por eso. ¡En ninguna manera! Dios hace todo según sus consejos eternos (Hch 15:18; Efe 1:11). Dio la Ley con otro fin. Véanse Gál 3:19-24; Rom 3:20). Era preparatoria para el evangelio.
El hecho mismo de que se buscaba en la historia lugar para otro testamento prueba que el primero no era final y completo para los propósitos de Dios. Este argumento lógico se basa en lo que profetizó Jeremías (capítulo 31). Algunos de los hermanos hebreos pensaban en volver al testamento que consideraban final y perfecto, considerando al cristianismo como incompleto. ¡El caso era al contrario!

Fuente: Notas Reeves-Partain

LA NUEVA RELACIÓN CON DIOS

Hebreos 8:7-13

Porque, si el primer Pacto, que vosotros conocéis tan bien, hubiera sido infalible, no habría habido necesidad de que le cediera el puesto a un segundo. A manera de reprensión les dice: «Fijaos bien en que se acercan los días -dice el Señor- en que consumaré un nuevo Pacto con las casas de Israel y de Judá. No será como el que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano para sacarlos de da tierra de Egipto; tiene que ser así porque ellos no se rigieron por mi Pacto, y Yo los dejé que se fueran por su camino -dice el Señor-. Será diferente, porque éste será el Pacto que Yo haré con la casa de Israel cuando pasen estos días -dice el Señor-: Pondré mis leyes en el interior de sus mentes, y las inscribiré en las entretelas de sus corazones. Seré para ellos todo lo que un Dios debe ser, y ellos serán para Mí todo lo que un pueblo debe ser. Y nadie enseñará a su compatriota ni a su hermano diciéndole: «¡Conoce a Dios!», porque todos Me conocerán, sean pequeños o mayores; porque yo perdonaré generosamente sus iniquidades, y ya no me acordaré más de sus pecados.» Al llamar a ese Pacto Nuevo, ha dejado el primer Pacto fuera de fecha; y lo que está pasado de fecha y cayendo en desuso, está a punto de pasar a la historia definitivamente.

Aquí Hebreos empieza a tratar de una de las grandes ideas bíblicas, la del pacto. En la Biblia, la palabra griega que se usa para pacto es diathéké, y hay una razón para usar esta palabra bastante poco corriente. Por lo general, un pacto es un acuerdo en el que entran dos personas o partes. Dependerá de las condiciones que se acuerden; y, con que una de las partes las incumpla, el pacto quedará anulado. A veces se usa esta palabra en el Antiguo Testamento en su sentido corriente. Por ejemplo, se usa de la alianza que quisieron hacer los gabaonitas con Josué (Jos 9:6; Jos 9:11 ); del pacto que les estaba prohibido hacer con los habitantes de la tierra de Canaán (Jue 2:2 ), y del pacto entre David y Jonatán (1S 23:18 ). Pero su uso característico es el que describe la relación entre Dios y el pueblo de Israel. «Guardaos de olvidaros del Pacto del Señor vuestro Dios» (Dt 4:23 ). En el Nuevo Testamento se usa también la misma palabra.

Pero hay un detalle curioso que requiere explicación. La palabra griega para los usos normales de acuerdo es synthéké; por ejemplo, para un contrato o lazo matrimonial, o un acuerdo entre dos estados. Además, en griego normal diatMM no-quiere decir acuerdo, sino testamento. ¿Por qué había de usar el Nuevo Testamento esta palabra para pacto? La razón es que synthéké siempre se refiere a un acuerdo en términos iguales entre dos partes que están en un mismo nivel; pero entre Dios y el hombre no puede haber igualdad de condiciones. En el sentido bíblico del pacto, la iniciativa es por entero a Dios. El hombre no puede discutirle a Dios los términos del pacto; sólo puede aceptar o rechazar el ofrecimiento que Dios le hace.

El ejemplo supremo de esta clase de acuerdo es el testamento. Las condiciones de una última voluntad o testamento no se acuerdan entre las dos partes, sino son decisión única del testador, y la otra parte no puede alterar las condiciones, sino solamente aceptar o rechazar la herencia que se le ofrece.

Por eso se usa la palabra diathéké para describir nuestra relación con Dios, porque es la clase de pacto en el que sólo una de las partes es responsable de los términos. Esta relación se nos ofrece solamente por la iniciativa y la gracia de Dios. Como decía Filón: «A Dios Le corresponde el dar, y a un hombre sabio el recibir.» Cuando usamos la palabra pacto debemos tener siempre presente que no quiere decir que hemos llegado a un acuerdo con Dios en igualdad de condiciones. Siempre quiere decir que toda la iniciativa pertenece a Dios.

Los términos del pacto los ha fijado Él, y el hombre no puede modificarlos en lo más mínimo. El Antiguo Pacto -el Antiguo Testamento- que los judíos conocían muy bien, era el que Dios había hecho con el pueblo de Israel después de sacarlo de una situación de esclavitud en Egipto y al darle la Ley. Dios se dirigió en Su Gracia al pueblo de Israel, y le ofreció una relación exclusiva con Él; pero esa relación dependía de la obediencia a la Ley. Vemos a los israelitas aceptando esa condición en Ex 24:1-8 . El argumento del autor de Hebreos es que aquel Antiguo Pacto o Testamento se ha anulado, y que Jesús ha iniciado una nueva relación con Dios.

En este pasaje podemos distinguir algunas de las marcas del Nuevo Pacto o Testamento que Jesús ha inaugurado.
(i) El autor de Hebreos empieza por puntualizar que la idea de un Nuevo Pacto no es peregrina ni revolucionaria. Ya se encontraba en Jer 31:31-34 , que cita textualmente. Además, el mismo hecho de que la Escritura hable de un Nuevo Pacto muestra bien a las claras que el Antiguo no era plenamente satisfactorio. Si lo hubiera sido, no se habría tenido ni que mencionar un Nuevo Pacto. La Escritura preveía un Nuevo Pacto, y por tanto, ella misma indicaba que el Antiguo no era perfecto.

(ii) Este Pacto será no sólo Nuevo, sino también diferente en calidad y en especie. En griego hay dos palabras para nuevo. Néos describe una cosa que es nueva en cuanto al tiempo; puede que sea una copia exacta de sus predecesoras, pero, como se ha hecho después que las otras, es néos. La otra palabra, kainós, quiere decir no sólo nuevo en lo referente al tiempo sino en cuanto a su especie. Una cosa que es simplemente una reproducción de algo que ya existía es néos, pero no es kainós. Este Pacto que Jesús establece es kainós, y no meramente néos; es nuevo y también diferente del Antiguo Testamento. El autor de Hebreos usa dos palabras para describir al Antiguo Pacto: dice que es guéraskón, que quiere decir no sólo que se hace viejo, sino también que se queda inservible. También dice que es afanismós, que es la palabra que se usa para borrar una inscripción, abolir una ley o arrasar una ciudad. Así es que el Pacto que establece Jesús es nuevo en su especie y cancela definitivamente el anterior.

(iii) ¿En qué es Nuevo este Pacto? Es nuevo en su extensión: va a incluir la casa de Israel y la casa de Judá. Hacía mil años, en los días de Roboam, el pueblo de Israel se había dividido en dos partes: Israel al Norte, con diez tribus, y Judá al Sur, con las otras dos; y estos dos reinos no se habían vuelto a unir. El Nuevo Pacto iba a unir lo que había estado dividido milenariamente; los que antes eran enemigos estarían unidos.

(iv) Es nuevo en su universalidad. Todos los seres humanos conocerían a Dios, desde el más pequeño hasta el más grande. Eso era algo completamente nuevo. En la vida ordinaria de los judíos había muchas escisiones. Por una parte estaban los fariseos y los ortodoxos que se regían por la Ley; y por otra, los llamados despectivamente » la gente de la tierra», personas ordinarias que no cumplían la ley ceremonial en todos sus detalles. Se los despreciaba. Estaba prohibido tener ninguna relación con ellos; el permitir que una joven se casara con uno de ellos se decía que era como dejarla a merced de las fieras; estaba prohibido hacer un viaje con ellos, e incluso, hasta donde fuera posible, tener ningún trato o relación laboral o comercial con ellos. Para los estrictos cumplidores de la Ley, fa gente ordinaria estaba fuera de la sociedad; pero en el Nuevo Pacto estas escisiones no existirían. Todas las personas -sabios y analfabetos, grandes y pequeños- conocerían al Señor. Las puertas que habían estado cerradas se abrirían de par en par.

(v) Y habría una diferencia todavía más fundamental: el Antiguo Pacto dependía de la obediencia a una Ley impuesta desde fuera; pero el Nuevo Pacto estaría escrito en los corazones y en las mentes de las personas, que obedecerían a Dios, no por miedo al castigo, sino por amor. Le obedecerían, no porque la Ley los obligaba a hacerlo, quisieran o no, sino porque tendrían escrito en el corazón el deseo de obedecerle.

(vi) Sería un Pacto que realmente produciría el perdón.

Mirad cómo se haría realidad el perdón: Dios había dicho que mostraría Su Gracia en las iniquidades de ellos y que perdonaría sus pecados. Ahora bien, todo era cosa de Dios. La nueva relación está basada exclusivamente en Su amor. Bajo el Antiguo Pacto, uno podía mantener la relación con Dios solamente mediante el cumplimiento de la Ley; es decir, por su propio esfuerzo. Ahora, todo depende, no del esfuerzo humano, tan falible, sino solamente de la Gracia de Dios. El Nuevo Pacto pone a los hombres en relación con un Dios Que, como descubrió Lutero, no es justo y sin embargo Salvador, sino justo y por tanto Salvador. Lo más tremendo del Nuevo Pacto es que hace que la relación del hombre con Dios ya no dependa de la dudosa y vacilante fidelidad humana, sino de la segura e inmutable fidelidad de Dios.

Una cosa falta por decir. En las palabras de Jeremías acerca del Nuevo Pacto no se menciona el sacrificio. Parece que Jeremías consideraba que en la nueva era el sacrificio sería abolido como irrelevante; pero el autor de Hebreos piensa en términos del sistema sacrificial, y muy pronto pasará a hablar de Jesús como el Sacrificio perfecto, Cuya muerte es lo único que hace posible para la humanidad el Nuevo Pacto.

Fuente: Comentario al Nuevo Testamento

REFERENCIAS CRUZADAS

p 316 Heb 7:11; Heb 7:18

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

primer pacto hubiera sido sin defecto. El pacto mosaico dado en Sinaí dependía de la obediencia del hombre (Ex 19:5– 8); por eso el primer pacto no podía justificar (Ro 3:20) ni santificar; en ese sentido era « defectuoso» (Ro 7:22– 24; 8:2, 3).

Fuente: La Biblia de las Américas

7 super (1) El primer pacto es el antiguo, y el segundo es el nuevo.

7 super (2) Ó, espacio; metafóricamente ocasión o condición.

Fuente: Comentario Del Nuevo Testamento Versión Recobro

no se hubiera procurado… Lit. no se buscaba. Algunas versiones anteponen ciertamente.

Fuente: Biblia Textual IV Edición

Algunas versiones añaden ciertamente.

8.7 Lit. no se buscaba lugar de un segundo.

Fuente: La Biblia Textual III Edición