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Comentario de Levítico 9:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 9:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

En el octavo día Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel.

En el día octavo. No en el octavo día del mes, sino en el primer día después de su consagración, la cual ocupó siete días, y antes de que fueran considerados indignos para ministrar en los ritos sagrados, siendo considerados en estado de imperfección. Toda criatura, mayormente, se consideraba en un estado de suciedad e imperfección, durante siete días, y perfeccionados en el octavo. (Ver cap. Lev 12:2, Lev 12:3; Lev 14:8-10; Lev 15:13, Lev 15:14; Lev 22:27; Núm 6:9, Lev 6:10.) Lev 8:33; Lev 14:10, Lev 14:23; Lev 15:14, Lev 15:29; Núm 6:10; Eze 43:26, Eze 43:27; Mat 28:1.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Los primeros sacrificios de Aarón, para sí mismo y el pueblo, Lev 9:1-7.

El sacrificio de expiación, Lev 9:8-11,

el holocausto para sí mismo, Lev 9:12-14.

Las ofrendas del pueblo, Lev 9:15-22.

Moisés y Aarón bendicen a la gente, Lev 9:23.

Salió fuego de delante de Jehová, sobre el altar, Lev 9:24.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

En el día octavo: Después de completados los siete días de la consagración de Aarón y sus hijos (Lev 8:33-36).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

9. Las Primicias del Nuevo Sacerdocio.
1El día octavo, Moisés llamó a Aarón, a sus hijos y a los ancianos de Israel, 2y dijo a Aarón: “Toma un novillo para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto, ambos sin defecto, y ofrécelos a Yahvé. 3Hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Tomad un macho cabrío para el saorificio de expiación, un becerro y un cordero primal para el holocausto, ambos sin defecto; 4un buey y un carnero para el sacrificio pacífico, para inmolarlos ante Yahvé; y una ofrenda amasada con aceite, porque hoy se os dará a ver Yahvé.” 5Trajeron ante el tabernáculo de la reunión cuanto había mandado Moisés, y toda la asamblea se acercó poniéndose ante Yahvé. 6 Moisés dijo: “Esto es lo que ha mandado Yahvé; ha cedió y se os mostrará la gloria de Yahvé.” 7Dijo, pues, a Aarón: “Acércate al altar, ofrece tu sacrificio por el pecado y tu holocausto y haz la expiación por ti y por el pueblo; presenta también la ofrenda del pueblo y haz la expiación por él, como lo ha mandado Yahvé.” 8Aarón se acercó al altar y degolló el novillo, víctima del sacrificio por el pecado ofrecido por él. 9Los hijos de Aarón le presentaron la sangre, y, mojando él su dedo, untó de ella los cuernos del altar y la derramó al pie del altar. 10Quemó en el altar el sebo y los ríñones y la redecilla del hígado de la víctima por el pecado, como Yahvé se lo había mandado a Moisés; 11pero la carne y la piel las quemó fuera del campamento. 12Degolló el holocausto, y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno del altar. 13Le presentaron el holocausto descuartizado, con la cabeza, y él los quemó en el altar. 14Lavó las entrañas y las patas y las quemó encima del holocausto. 15 Luego presentó la ofrenda del pueblo. Tomó el macho cabrío por el pecado, ofrecido por el pueblo, y, degollándolo, ofreció la expiación como la víctima primera. 16 Ofreció el holocausto y lo sacrificó según el rito. 17Presentó la ofrenda, y tomando un puñado, lo quemó encima del holocausto de la mañana. 18Degolló el toro y el carnero del sacrificio pacífico por el pueblo. Los hijos de Aarón le presentaron la sangre, que él derramó en torno del altar; 19y el sebo del toro y del carnero, la cola y el sebo que recubre las entrañas, los ríñones y la redecilla del hígado; 20las partes grasas las puso sobre los pechos. Aarón quemó los sebos en el altar; 21después balanceó los pechos ante Yahvé, y el pernil derecho en ofrenda balanceada, como lo había mandado Moisés. 22Aarón, alzando su mano hacia el pueblo, le bendijo, y bajó después de haber ofrecido el sacrificio por el pecado, el holocausto y el sacrificio pacífico. 23Moisés y Aarón entraron en el tabernáculo de la reunión, y, cuando salieron, bendijeron al pueblo, y la gloria de Yahvé se apareció a todo el pueblo, 24y el fuego mandado por Yahvé consumió en el altar el holocausto y los sebos. A su vista, el pueblo todo lanzó gritos de júbilo y se postraron en tierra.

Después de los siete días del rito de la inauguración, durante los cuales los sacerdotes estuvieron a la puerta del santuario, como preparándose para su gran misión, se iniciaron en el sacerdocio con un sacrificio solemne. En esta inauguración de su oficio deben presentar los sacerdotes sus víctimas, un novillo por el pecado y un carnero para el holocausto. Después el pueblo presentará también un macho cabrío por el pecado, un becerro y un cordero para el holocausto, un buey y un carnero para el sacrificio pacífico, además de la ofrenda de harina amasada con aceite. Era verdaderamente un sacrificio solemne, en que se ofrecían ocho víctimas escogidas.
Los sacerdotes hacen la inmolación y la ofrenda según los ritos prescritos, y, al terminar, Dios da señales manifiestas de su aceptación con la aparición de su gloria (v.23) o manifestación milagrosa sensible por el fuego (v.24), que consumió el holocausto. Señales éstas manifiestas de que Dios aceptaba los sacrificios ofrecidos por los sacerdotes recién consagrados. El pueblo, pues, contaba con un sacerdocio grato al Señor, que excluía del ministerio sagrado a los que no pertenecieran a la familia aronítica. He aquí la razón del escándalo que sienten los autores sagrados ante la conducta de Jeroboam cuando, prescindiendo del sacerdocio levítico en los santuarios de Dan y Betel, “hizo sacerdotes a gentes del pueblo que no eran de los hijos de Leví.”1 Más extensamente, Abías, rey de Judá, echa en cara a Jeroboam II el mismo delito, diciendo: “¿No habéis arrojado de entre vosotros a los sacerdotes de Yahvé, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de las gentes de la tierra, para que cualquiera pueda consagrarse con un becerro y siete carneros y ser sacerdote de los que no son dioses? Para nosotros, Yahvé es nuestro Dios; no le hemos dejado, y los sacerdotes, ministros de Yahvé, son los hijos de Aarón, y los levitas cumplen sus funciones.”2
El autor sagrado no concreta en qué consistió la manifestación de la “gloria de Dios” (v.23), pero bien puede ser similar a la de otras teofanías del desierto. Puede concebirse como una iluminación repentina de la columna de humo que estaba sobre el santuario3. Al hablar de la teofanía en el monte Sinaí, dice el hagiógrafo: “El aspecto de la gloria de Yahvé era, a los ojos de los hijos de Israel, como un fuego devorador sobre la cima de la montaña”4. También aquí se manifiesta bajo la forma de fuego que consume el holocausto (v.24). El fuego purificador es símbolo de la santidad de Dios5 por lo que supone de acrisolador y de aislante de lo impuro.

1 1Re_1 2:31. – 2 2Cr_1 3:9s. – 3 Cf. Exo 33:17-23; Num 14:10; Num 17:7; Num 20:6. – 4 Exo 34:17. – 5 Ex 3:2s.

Fuente: Biblia Comentada

En esta sección se trata de los orígenes del sacerdocio aarónico. Antes de la época de Aarón, los patriarcas (Gén 4:3-4) y los padres (Job 1:5) habían ofrecido sacrificios a Dios, pero con Aarón se inició el servicio sacerdotal plenamente reglamentado.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Por cuanto los sacerdotes habían sido consagrados, y habían ofrecido sacrificios apropiados en favor de ellos, habían quedado preparados para cumplir sus deberes sacerdotales en favor de la congregación con el ofrecimiento al Señor de todos los sacrificios prescritos en Lev 1:1-17; Lev 2:1-16; Lev 3:1-17; Lev 4:1-35; Lev 5:1-19; Lev 6:1-30; Lev 7:1-38.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

La preparación. Debe existir algo de ironía intencional en el hecho de que se le ordenara a Aarón ofrecer un becerro como su primer sacrificio por el pecado en su papel de sumo sacerdote, ya que la última vez que Aarón jugara una parte significativa en la historia fue cuando participó de la idolatría del pueblo, haciendo un becerro de oro (Exo. 32), mientras Moisés estaba en la montaña. Por supuesto, era sólo por la misericordia de Dios que Aarón aún estaba vivo, sin mencionar el privilegio del sumo sacerdocio. Muchos otros murieron a causa de su pecado en esa ocasión. Quizá fue ese vivo recuerdo el que lo dejó atónito al ver la suerte que corrieron sus propios hijos.

La gloria del Señor (vv. 4, 6) significaba su presencia sentida y visible, manifestada en otras ocasiones como humo y llama de fuego. Experimentar esto era el propósito cabal del día y, más aun, el propósito de la adoración de Israel por medio de los sacrificios continuos. El ritual no era un fin en sí mismo, sino un medio para experimentar la gloriosa presencia de Dios y la adoración gozosa que responde a ella (v. 24). Los rituales de la adoración cristiana parecieran estar muy lejos del altar de los holocaustos de Israel, pero el propósito primordial es el mismo (cf. Heb. 12:28, 29).

Otra vez, es bueno recordar el paralelo entre el trabajo de los sacerdotes israelitas en relación con el resto de Israel, y el papel que se esperaba que Israel cumpliera como sacerdote de Dios en relación con el resto de las naciones. El ministerio de los sacerdotes israelitas hacía posible que la gloria de Dios se viera y se respondiera a ella. De igual ma nera, Dios intentaba que por medio de su pueblo se pudiera ver su gloria en el mundo. Eso, según los profetas, era la razón principal por la cual habían sido creados y llamados (Isa. 43:7, 21; 49:3). El sa cerdocio tiene un significado misionero nato debido a su relación con la gloria de Dios, la cual algún día llenará toda la tierra (Hab. 2:14).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

9.22, 23 En 9.6 Moisés dijo al pueblo: «Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá». Moisés, Aarón y el pueblo se pusieron entonces a trabajar y siguieron las instrucciones de Dios. Poco después, la gloria del Señor apareció. A menudo buscamos los hechos gloriosos de Dios sin preocuparnos por seguir sus instrucciones. ¿Sirve usted a Dios en las rutinas diarias de la vida, o espera que El realice un acto poderoso? Si usted depende de sus gloriosos actos, puede que deje a un lado su deber diario de obedecerlo.9.24 En un despliegue de su grandioso poder, Dios envió fuego desde el cielo para consumir la ofrenda de Aarón. La gente cayó al suelo llena de pavor. Algunas personas se preguntan si Dios realmente existe, porque no ven su actividad en el mundo. Pero Dios está tan activo en el mundo actual como lo estuvo en el mundo de Moisés. Cuando hay un gran cuerpo de creyentes activos para servirlo, Dios tiende a no mostrar su poder en majestuosos actos físicos. Por el contrario, El trabaja a través del trabajo de estos creyentes para cambiar las vidas de las personas. Cuando usted se percate de eso, comenzará a ver actos de amor y fe en su vida que son sobrenaturales.

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 355 Lev 8:35; Eze 43:27

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

el octavo día. Después de los siete días del período de consagración, los sacerdotes pueden ahora ministrar al pueblo.

Fuente: La Biblia de las Américas

Primeramente, Aarón ofreció una ofrenda por el pecado y un holocausto por sí mismo (vv. Lev 9:8-14), entonces ofreció una ofrenda por el pecado, un holocausto, una oblación y una ofrenda de paz por el pueblo (vv. Lev 9:15-18). Estas ofrendas simbolizaban (en orden) la expiación, la dedicación, el sustento y la comunión.

lo ofreció por el pecado (v. Lev 9:15). Lit., lo hizo pecado (cp. 2Co 5:21).

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie

[2] Ex 29, 1.[4] Enviando fuego del cielo para abrasar las víctimas.[23] Num 6, 24; 2 Mac 2, 8.[24] 2 Mac 2, 10

Fuente: Notas Torres Amat