Biblia

Comentario de Números 5:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Números 5:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Jehovah habló a Moisés diciendo:

Los inmundos son sacados del campamento, Núm 5:1-4.

Restitución por el pecado cometido, Núm 5:5-10.

La prueba del celoso, Núm 5:11-31.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Núm 6:1-27; Núm 7:1-89; Núm 8:1-26; Núm 9:1-23; Núm 10:1-10

El tema principal en esta sección es la promoción de la pureza dentro del campamento y los preparativos para la entrada triunfal de los israelitas en la tierra de Canaán. En el v. Núm 10:11 comienzan ellos la tan largamente anhelada marcha.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

contaminar: La pureza ritual era una señal externa de una realidad interna. El interés principal de Dios tenía relación con la pureza del corazón de las personas (Deu 10:12-20) y no sólo con problemas en la piel (Lev 15:2, Lev 15:25). Los síntomas de enfermedad y deterioro presentaban la oportunidad para implementar normas de pureza en el interior del campamento. A partir de estas normas los israelitas podrían mantener el campamento libre de enfermedades y aprender sobre la importancia de la pureza tanto moral como física. Se incluía el contacto con un cadáver debido al claramente visible proceso de descomposición (Núm 6:6). Sin embargo el principal objetivo en esta restricción no era la enfermedad; era la presencia de Dios en el campamento. Dios era santo, esta era la razón por la que las personas debían mantener su pureza y santidad. Jesús parecía tener un especial interés por las personas que se excluyen en esta sección. Él sanó y reintegró a la comunidad a aquellos que sufrían de enfermedades en la piel (Mat 8:1-4; Luc 5:12-16; Luc 17:11-19) y de flujo de sangre (Luc 8:43-48). Incluso tocó también a los muertos (Luc 8:54). En cada uno de estos casos Jesús corría el riesgo de llegar a ser «inmundo»; pero a través de su toque sanador lo inmundo se volvía limpio, una expresión del cumplimiento de su ministerio profético (Isa 61:1, Isa 61:2).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

5. Leyes y Ordenaciones Varias.
D espués de haber organizado militarmente el personal del campamento, el legislador aborda la organización moral de las gentes que en él conviven conforme a determinados postulados religiosos. Así, en este capítulo se trata de: a) exclusión de los impuros (1-4); b) restitución de lo mal adquirido (5-10); c) ley sobre los celos (11-31). En este mosaico de leyes, sin duda que hay infiltraciones legislativas de épocas posteriores a la estancia en el desierto de los israelitas.

Exclusión de los Ritualmente Impuros.
1Habló Yahvé a Moisés, diciendo: 2“Manda a los hijos de Israel que hagan salir del campamento a todo leproso, a todo el que padece flujo y a todo inmundo por un cadáver. 3Hombres o mujeres, todos los haréis salir del campamento para que no contaminen el campamento en que habitan.” Así lo hicieron los hijos de Israel, haciéndoles salir del campamento; 4como lo ordenó Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.

El campamento estaba organizado en torno al tabernáculo de Dios, como centro de su vida religiosa, y por eso era en cierta manera cosa sagrada. El arca de la alianza era símbolo de la presencia de Dios, la cual santificaba el territorio ocupado por el campamento. Por tanto, debían ser excluidos de esa zona todos los que de cualquier modo hubieran contraído impureza ritual, como el leproso1, el que padeciera de gonorrea2 o hubiera tocado un cadáver3. En el fondo de estas prescripciones hay razones de higiene (necesarias sobre todo en una vida campamental) y razones religiosas ancestrales, tomadas del ambiente tribal de la época. Los contaminados por alguna de estas impurezas no debían residir en el campamento, ya que lo contaminaban, y podía desencadenarse la ira abrasadora de Yahvé.

Restitución de los bienes mal Adquiridos (5-10).
5Habló Yahvé a Moisés, diciendo: 6“Di a los hijos de Israel: Si un hombre o mujer comete uno de esos pecados que perjudican al prójimo, prevaricando contra Yahvé y haciéndose culpable, 7confesará su pecado y restituirá enteramente el daño, añadiendo un quinto; restituirá a aquel a quien perjudicó; 8 y si no hubiera ya nadie a quien pertenezca, la restitución la hará a Yahvé, y será entregada al sacerdote, además del carnero expiatorio con que se hará la expiación del culpable. 9Toda ofrenda de cosas consagradas por los hijos de Israel que éstos presentan al sacerdote, de éste es; 10cuanto cada uno consagre, de él es; lo que se presenta al sacerdote, de éste es.”

Esta perícopa parece fuera de lugar, y es paralela a la sección de Lev 5:20ss, en que se trata de la misma materia. Como allí, se recarga en un quinto la indemnización de los perjuicios causados al prójimo y se añade el sacrificio de un carnero en expiación del pecado cometido contra Dios. Si faltase la persona perjudicada u otra heredera de sus derechos, para que el infractor no se beneficie de su culpa, entregará la restitución a Yahvé, representado en el caso por los sacerdotes. Todo robo es un delito contra Dios, pues afecta a los derechos divinos, ya que Dios es el único dueño de los bienes y los distribuye a su beneplácito. De ahí la necesidad de un sacrificio en reparación. Después el legislador habla de los derechos de los sacerdotes en los sacrificios y ofrendas4.

Ley de los Celos (11-31).
11Habló Yahvé a Moisés, diciendo: 12“Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de uno fornicare y le fuese infiel, 13durmiendo con otro en concúbito de semen, sin que haya podido verlo el marido ni haya testigos, por no haber sido hallada en el lecho, 14y se apoderare del marido el espíritu de los celos, y tuviese celos de ella, háyase ella manchado en realidad o no se haya manchado, 15la llevará al sacerdote, y ofrecerá por ella una oblación de la décima parte de un “efá” de harina de cebada, sin derramar aceite sobre ella ni poner incienso encima, porque es ofrenda de celos, ofrenda de memoria para traer el pecado a la memoria. 16El sacerdote hará que se acerque y se esté ante Yahvé; 17tomará del agua santa en una vasija de barro, y, cogiendo un poco de la tierra del suelo del tabernáculo, la echará en el agua.18Luego él sacerdote, haciendo estar a la mujer ante Yahvé, le descubrirá la cabeza y le pondrá en las manos la ofrenda de “memoria,” la ofrenda de los celos, teniendo él en la mano el agua amarga de la maldición; 19y la conjurará, diciendo: Si no ha dormido contigo ninguno y si no te has descarriado, contaminándote y siendo infiel a tu marido, indemne seas del agua amarga de la maldición; 20pero si te descarriaste y fornicaste, infiel a tu marido, contaminándote y durmiendo con otro, 21el sacerdote le conjurará con el juramento de execración, diciendo: Hágate Yahvé maldición y execración en medio de tu pueblo, y seqúense tus muslos e hínchese tu vientre, 22entre esta agua de maldición en tus entrañas, para hacer que tu vientre se hinche y se pudran tus muslos; la mujer contestará: Amén, amén. 23El sacerdote escribirá estas maldiciones en una hoja y las diluirá en el agua amarga, 24y hará beber el agua amarga de la maldición. 25Luego tomará de la mano de la mujer la ofrenda de los celos y la agitará ante Yahvé y la llevará al altar; 26y, tomando un puñado de la ofrenda de memoria, lo quemará en el altar, haciendo después beber el agua a la mujer. 27Darále a beber el agua; y si se hubiere contaminado, siendo infiel a su marido, el agua de maldición entrará en ella con su amargura, se le hinchará el vientre, se le secarán los muslos y será maldición en medio de su pueblo. 28Si, por el contrario, no se contaminó y es pura, quedará ilesa y será fecunda. 29Esta es ley de los celos para cuando una mujer haya sido infiel a su marido y se haya contaminado, 30o que el espíritu de los celos se haya apoderado de su marido y tenga celos de ella; presentará a su mujer ante Yahvé, y el sacerdote hará con ella cuanto en esta ley se prescribe. 31Así el marido quedará libre de culpa, y la mujer llevará sobre sí su pecado.

Aquí tenemos un verdadero juicio de Dios, una ordalía. La fe simplista en la justicia de Dios dio origen a muchos de estos métodos bárbaros de averiguar la verdad, cuando no poseían otros medios seguros para lograrlo ni se querían resignar a la ignorancia de ella. Estos medios, empleados por el vulgo, podían ser ocasión de muchos abusos, y la religión intervino para regular su empleo. En las colecciones de la liturgia antigua tenemos muchos formularios que tienden a regular las ordalías inventadas por la superstición popular. Tales son el juicio por el fuego, por el agua, por la reja de arado candente5. El ritual bíblico es bastante inofensivo en comparación con estas prácticas brutales: se hacía beber agua con un poco de polvo del santuario, con la ceniza de una hoja de papiro en que iban escritas ciertas maldiciones. El formulario tiende a impresionar a la mujer y obligarla a confesar su crimen ante el santuario. Entre los babilonios y asirios, el Eufrates y el Tigris, como otras tantas divinidades, tenían el poder de discernir la verdad, ahogando al culpable y salvando al inocente6.
La mujer debe presentar una ofrenda modesta de cebada (unos tres kilos y cuarto: la décima parte de un efá), sin aceite ni incienso, como era lo normal, pues no tiene la finalidad de presentarla en homenaje a Dios, sino más bien para impetrar el auxilio divino para que aclare la sospecha; es “oblación de celos” (v.15). El agua santa (v.17) aparece sólo aquí en todo el Antiguo Testamento. Los LXX leen “agua pura viviente,” es decir, corriente7. El vaso que la contiene debe ser roto después del rito8. En señal de deshonra, el sacerdote descubre la cabellera de la mujer9. El “agua amarga” se llama así por la amargura que va a sufrir la culpable. Después el sacerdote conjura a la mujer para que se manifieste su culpabilidad ρ inocencia. Este rito refleja una mentalidad muy arcaica en la historia de Israel, eco de costumbres ambientales de la estepa del Sinaí. De hecho apenas se menciona en épocas posteriores en la historia israelita.

1 Cf. Leve.13-14. – 2 Lev 15. – 3 Núm 19. – 4 Cf. Lev 7:7-10. – 5 Cf. E. Marténe, De antiquis Ecclesiae ritibus II 3303. – 6 Véase Cód. de Hammurabi art.131-132: la mujer acusada de adulterio será echada al Eufrates. En las Leyes asirias (art. 17) se ordena algo semejante. Véanse otros casos en J. Frazer, Folklore in the Old Testament III 304-314. – 7 Cf. Num 19:7; Lev 14:5-6. – 8 Lev 6:21 (heb. 28). – 9 Cf. Lev 10:6.

Fuente: Biblia Comentada

Estos versículos tratan acerca de defectos externos, visibles.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Aunque el libro de Números no contiene códigos legislativos, no deja de insertar de vez en cuando distintas normas y disposiciones legales, como sucede en estos dos capítulos.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

La especial presencia del Señor en medio del campamento israelita requería apartar de él todo aquello que era considerado legalmente impuro.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Núm 19:11-16; Lev 15:5-16.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Expulsión de los contaminados. Este pasaje resume el interés de los caps. 5-6: Todo el campamento debe ser puro para la presencia del Señor. La necesidad de limpieza se manifestó desde el momento en que Israel arribara al monte Sinaí (Exo. 19:10, 14, 15). Después se formularon leyes explicando qué podía causar inmundicia; por ejemplo, enfermedades infecciosas de la piel (Lev. 13-14), flujos (Lev. 15:2-25) y tocar cuerpos muertos (Lev. 11:39; 21:1-4). Las enfermedades infecciosas de la piel tradicionalmente eran identificadas como lepra, pero los eruditos modernos creen que se trataba de psoriasis o algún problema similar. Los animales eran limpios o inmundos, y sólo los animales limpios podían comerse (Lev. 11; ver Hech. 10:9-16, 28, 29). “Limpios” e “inmundos” eran términos legales simbolizando santidad espiritual y contaminación. Por eso, la santidad de Dios demandaba pureza, para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito (v. 3). Nótese que el mandato es amplio. En el v. 2 la palabra “todos” se repite tres veces (al igual que en heb.).

La diferencia entre lo santo y lo contaminado se observa en todo el universo. Los dos reinos de la luz y las tinieblas, el reino de los cielos y el reino del mal, están en pugna. El pacto con Abraham hace división entre el pueblo santo y las naciones impuras , quienes son extraños a los pactos de la promesa están sin Dios y sin esperanza en el mundo. La polaridad entre los dos reinos se inicia en Gén. 3 (Dios echó a Adán y Eva a causa de la contaminación del pecado), y se observará al final cuando en la nueva Jerusalén “jamás entrará en ella cosa impura” (Apoc. 21:27). De esta manera, 5:1-4 provee una seria advertencia sobre la exclusión final de aquellos que aún estén en sus pecados (cf. Mat. 25:41; 2 Tes. 1:9, 10).

Pudiera parecer un tanto severo y sin amor el expulsar del campamento de Israel a quienes sufrían de esta enfermedad. Sin embargo, esto nos enseña que Dios no bajará sus normas para acomodar a algunas personas. Es cierto que él se compadece de nuestras debilidades, pero nunca rebajándose a sí mismo. El siempre mantiene su santidad y justicia. El nunca aceptará al impuro en su compañerismo (1 Jn. 1:5-7). La preocupación mayor era el honor de Dios y eso demandaba excluir a estos enfermos. ¿Cómo podía dicha santidad absoluta ser reconciliada con la compasión de Dios para con los pecadores, los necesitados y los destituidos? Dios muestra compasión proveyéndole al hombre el medio de remover su impureza y de esta manera remover la causa de su exclusión. Ese medio es Cristo.

También hay otro principio que surge de este incidente, el hecho de que el bienestar de todo el pueblo toma prioridad sobre el bienestar del individuo. No se permitía que los intereses de ciertos individuos pusieran en peligro el futuro de la nación. Si los inmundos no eran expulsados, todo Israel se contaminaría y Dios nunca hubiera morado entre ellos. Aquí hay instrucción para la iglesia actual acerca de no albergar la impureza. ¡Que la iglesia no se atreva a albergar el mal y adaptarse a los pecados de las varias minorías que insisten en su propio camino, quizá bajo un falso reclamo de amor!

Nótese que los gentiles eran considerados como inmundos, pero en el NT ya no deben considerarse en esta manera. El significado de la visión de Pedro es que ahora los gentiles pueden ser parte de la iglesia (Hech. 10). Pablo establece que los hijos de un padre creyente son limpios (1 Cor. 7:14). Esta limpieza, igualmente para judíos como para gentiles, la obtuvo Cristo (Heb. 9:11-14). El fue crucificado “afuera del campamento” con este propósito (Heb. 13:12-14).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

5.5-8 Dios incluyó la restitución como parte de su ley para Israel, un concepto único en esos días. Cuando alguien había sido asaltado, el culpable tenía que restituirle a la víctima lo que le había sido robado y pagar una multa adicional por los intereses. Cuando dañamos a otros, debemos hacer más que simplemente pedir disculpas. Deberíamos buscar la manera de componer las cosas y, si fuera posible, dejar a la víctima aun mejor de lo que estaba antes del incidente. Si hemos sido nosotros las víctimas de algún daño, debemos buscar restaurar la paz, en lugar de dar rienda suelta a una venganza.5.11-31 Esta prueba para el adulterio sirvió para quitar los celos del esposo. La confianza entre el esposo y su mujer tenía que estar completamente destruida para que él la llevara ante el sacerdote para esta clase de prueba. En la actualidad los sacerdotes y los pastores ayudan a restaurar matrimonios al aconsejar a las parejas que han perdido la fe entre sí. Ya sea que se justifique o no, para que un matrimonio pueda sobrevivir debe eliminarse toda sospecha y restaurarse la confianza.

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

[15] Lev 5, 11.

Fuente: Notas Torres Amat