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Comentario de Números 6:22 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Números 6:22 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Jehovah habló a Moisés diciendo:

Así bendeciréis: Esta famosa bendición aarónica es una bendición sobre todo el pueblo. Esta bendición sigue a la sección que describe la bendición especial que habría en la vida del hombre o mujer que tomara el voto nazareo. La bendición de Dios sobre el pueblo no se obtenía por medio de acciones excepcionales de devoción de parte del mismo. En lugar de eso, Dios bendecía gratuitamente a su pueblo como una señal de su extraordinaria gracia y misericordia.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

El obediente Israel, organizado delante el Señor y consagrado a Él, era el destinatario de la bendición de Dios (es decir, su favor) pronunciada por los sacerdotes.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Una de las funciones principales de los sacerdotes es bendecir al pueblo (ver Lev 9:22-23; Deu 10:8; Deu 21:5; 2Cr 30:27; Sal 118:26). Esta bendición aparece aquí desconectada del contexto.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Deu 28:10; Sal 4:6; Sal 31:16; Sal 62:1; Sal 121:7-8; Sir 50:20-21; (ver Jua 14:27; Jua 20:19-20).

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

La bendición sacerdotal. Esta bendición se encuentra en el lugar apropiado. Israel había sido organizado y consagrado al Señor, y ahora Dios provee la bendición después de que ellos habían obedecido. La bendición no es un irreflexivo cliché de simples repeticiones; la misma está llena de significado. Se divide en seis partes.

1. Jehovah te bendiga. La bendición reúne todos los beneficios del pacto que Dios manifiesta a su pueblo (Deut. 28:1-14). Los hijos esperaban una bendición de su padre (p. ej. Gén. 27:27-29, 38; 49:1-28). Las bendiciones de Dios fueron impartidas a Adán, a quien Lucas llama “el hijo de Dios” (Gén. 1:28; 5:1-3; Luc. 3:38). A causa de la caída de Adán vino la maldición (Gén. 3:14-19), pero de nuevo se prometió la bendición a Abraham y a sus descendientes (Gén. 12:1-3). La bendición acarrea fecundidad (descendientes, rebaños, cosechas), pero estos beneficios sólo son muestra de la verdadera bendición, la relación con Dios. Sólo si Dios es nuestro Padre somos realmente bendecidos (Gén. 17:16; 22:17, 18; Lev. 26:3-13; Deut. 28:2-14).

2. Y te guarde. El propósito de la protección era guardar a Israel en su relación de pacto con Dios. El Señor era el guardador de Israel (Sal. 121:7, 8; cf. Heb. 13:6). Cristo, el buen pastor, guardó a sus ovejas y no perdió ninguna, excepto Judas Iscariote (Juan 6:37-40; 10:11-16; 18:9).

3. Jehovah haga resplandecer su rostro sobre ti. Su rostro significa su presencia, revelada en la nube de fuego (Exo. 40:34 ss.); resplandecer … sobre ti significa que Dios se complace en su pueblo y los salva (Prov. 16:15; Sal. 31:16; 67:1 ss.; 80:3, 7, 19).

4. Y tenga de ti misericordia. El resultado de la complacencia de Dios es su gracia; su misericordia revelada en el pacto. Para la salvación es fundamental reconocer que el favor de Dios es inmerecido. No se merece de ninguna manera; al contrario, Dios manifiesta misericordia debido a su propio amor y fidelidad para con su juramento (Deut. 7:7, 8). Este principio puede trazarse por toda la Escritura (Eze. 16:1 ss.; Rom. 5:1-11; 9:10-13, 18; 11:5; 1 Cor. 1:26 ss.).

5. Jehovah levante hacia ti su rostro. Esto es más enfático y pide que Dios preste atención a Israel. Puede reflejar el hecho que él los ha escogido a ellos y no a otra nación. Si Dios escondía su rostro, Israel hubiera sufrido y perecido (Sal. 30:7; 44:24; 104:29).

6. Y ponga en ti paz. Paz significa entereza y bienestar. Desde hace mucho éste ha sido reconocido como lenguaje del pacto. Los pactos se hacían para asegurar la paz por medio de una relación apropiada. Pero cuando Dios otorga paz, esta se extiende a la vida entera; aun los enemigos, humanamente hablando, se aquietan (Lev. 26:6; Prov. 16:7). Más tarde estas palabras fueron vistas como una promesa relacionada con el Mesías, el “Príncipe de Paz” (Isa. 9:6), y encuentran su verdadero significado en Cristo (Juan 14:27; Ef. 2:14-18).

Debemos observar dos puntos en cuanto a la forma de esta bendición. Primero, es poética, teniendo tres líneas divididas en dos partes. Cada línea es más larga que la anterior, haciendo que la bendición sea más fuerte y enfática. Segundo, usa repetición. Dos veces habla del rostro de Dios (presencia); la meta de toda redención es que podamos entrar a la presencia de Dios. Repite el nombre divino de Señor (heb. YHWH) tres veces. Algunos piensan que esto anticipa la trinidad (ver Rom. 10:9; 2 Cor. 3:17). Los eruditos consideran esto como poesía bastante antigua. En 1979 se desenterraron en Jerusalén dos rollos pequeños de plata provenientes del siglo VII a. de J.C. Se descubrió que contenían las palabras de Núm. 6:24-26 en forma casi idéntica al texto heb.

La influencia de estas palabras corre a través de toda la Biblia (Sal. 67; 121; 122; 124; 128). Las cartas de Pablo comienzan con un saludo, el cual siempre usa las palabras “gracia” y “paz” (p. ej. Rom. 1:7; 1 Cor. 1:3; y 2 Tim. 1:2 agrega “misericordia”). En la mayoría de casos Pablo dice que la gracia y paz provienen de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, y sin lugar a duda él está tomando el pensamiento de la bendición sacerdotal.

Dios dice: Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel (v. 27), lo cual es una marca de propiedad. Esta idea aparece nuevamente en dos lugares clave en las Escrituras. Primero, en las profecías de Isaías en cuanto a la restauración de Israel: “Este dirá: ’Yo soy de Jehovah’ … y aquél escribirá sobre su mano: ’De Jehovah’ ” (Isa. 44:5). Ese era un período de mucha bendición, cuando Judá e Israel fueron restaurados de la cautividad. Segundo, en la última reunión del pueblo de Dios, profetizada en Apoc.: “Verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Apoc. 22:4; ver 2:17; 14:1). La Biblia cierra con un vislumbre del estado bendito final de los santos (Apoc. 22:1-5), profetizado en un lenguaje que refleja la bendición sacerdotal: “Ya no habrá más maldición” (Apoc. 22:3; cf. Núm. 6:24, 27); “el Señor Dios alumbrará sobre ellos” y no necesitarán ni del sol ni de lámpara (Apoc. 22:5; cf. Núm. 6:25). Así, estas antiguas palabras contienen la promesa de esa rica bendición del pacto que han anhelado los hijos de Dios en todos los tiempos, y la cual será concedida en su perfección en el día que Dios ha designado.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

La bendición aarónica sigue inmediatamente a las reglas del voto nazareo y expresa claramente el propósito de Dios de bendecir a todos los israelitas, no sólo a los que hacen el voto de nazareo. Según la tradición judía esta bendición de los sacerdotes era ofrecida diariamente en el templo. Más tarde se empleó regularmente como parte del servicio de la sinagoga (cp. Sal 67:1). Esta bendición ha sido encontrada inscrita en un pequeño rollo de plata (Siglo VII o VI a.C.) el cual aparentemente se llevaba al cuello.

Fuente: La Biblia de las Américas