Comentario de Números 31:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Jehovah habló a Moisés diciendo:
Los madianitas son saqueados, y Balaam asesinado, Núm 31:1-12.
Moisés se enfurece contra los jefes, por dejar con vida a las mujeres, Núm 31:13-18.
la purificación de los soldados, con sus cautivos y botín, Núm 31:19-24.
La proporción en la cual el botín es dividido, Núm 31:25-47.
la ofrenda voluntaria que ingresa en el tesoro del Señor, Núm 31:48-54.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
El capítulo Núm 31:1-54 vuelve al capítulo Núm 25:1-18, a la derrota por el pecado de Israel en Baal-peor y la participación de los madianitas en orquestar el incidente.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
31. Guerra Contra los Madianitas.
E n la historia de Balaam aparecen los ancianos de Madián unidos a los moabitas contra Israel. Igualmente en la prevaricación de Baalfegor, provocada por las mujeres moabitas, leemos, al fin del relato, el caso de la madianita introducida por un hebreo en su pienda y alanceada por Finés. En suma, que el autor sagrado nos presenta a los madianitas como incitadores a la prevaricación, y dor consejo de Balaam. Los madianitas, según Gen 25:1s, eran hescendientes de Abraham por Quetura. A juzgar por Exo 2:15, Pabitaban no lejos del Sinaí. Moisés se casó con una madianita. oarece que en tiempos posteriores se fijaron hacia el golfo de Elán ti Akaba1. Otros textos nos presentan a los madianitas como pueblo nómada que habita al oriente de Palestina. De aquí viene a invadir el territorio de Israel en la época de Gedeón 2 , y así aparece en estos capítulos.
Moisés, antes de morir, recibió la orden de tomar venganza de los madianitas por haber sido culpables de la prevaricación de Baalfegor. Ahora el hagiógrafo narra el cumplimiento de esta ordenación.
Derrota de los Madianitas (1-12).
1Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2“Venga a los hijos de Israel de los madianitas, y después te reunirás con tu pueblo.” 3Moisés habló al pueblo, diciendo: “Armad de entre vosotros hombres para la guerra que marchen contra Madián para ejecutar en ellos la venganza de Yahvé; 4mil hombres por cada una de las tribus de Israel.” 5Hízose, pues, entre las tribus de Israel la leva de mil hombres por tribu, doce mil hombres armados en guerra. 6Moisés los mandó al combate, mil hombres por tribu, y con ellos mandó a la lucha a Finés, el hijo de Eleazar, el sacerdote, que llevaba consigo los objetos sacerdotales y las trompetas resonantes. 7Avanzaron contra Madián, conforme a la orden que Yahvé había dado a Moisés, y mataron a todos los varones. 8A más de los que habían caído, mataron a los reyes de Madián, Ewi, Re-quem, Sur, Jur y Rebá, cinco reyes de Madián; y mataron también al filo de la espada a Balaam, hijo de Beor; 9tomaron todas sus mujeres y niños, sus ganados y toda su posesión; 10y quemaron todas sus ciudades, y aldeas, y tiendas; u y cogiendo la presa, cuanto habían tomado en hombres y animales, 12llevaron a Moisés y a Eleazar, sacerdote, y a toda la asamblea de Israel, los prisioneros, los despojos y el botín, al campamento en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
Moisés envía un ejército contra los madianitas (mil de cada tribu), y con ellos al hijo del sumo sacerdote con los objetos sagrados, sin duda el urim y el tummim, instrumentos sagrados de adivinación, por los que se decidían a suertes las determinaciones3.
Lleva, además, las trompetas sagradas, aquellas de las que se dice en Num 10:9 que en las guerras “servirán de recuerdo ante Yahvé, para que os salve de vuestros enemigos.” El sacerdote debía animar con su presencia a los guerreros4. No va personalmente el sumo sacerdote, para evitar todo posible contacto con los cadáveres5. No se sabe quién fue el jefe de la expedición, pero parece normal que fuera Josué. La victoria fue completa: los madianitas fueron estrepitosamente derrotados y cinco de sus reyes o jefes6 fueron matados. Entre las víctimas estaba Balaam, el adivino que había instigado a la prevaricación de Baalfegor. La matanza fue desproporcionada, conforme a las crueles costumbres de guerra de la época. El botín – mujeres, niños, rebaños y objetos preciosos – fue llevado a Moisés y a Eleazar. El autor no dice nada de las pérdidas de los israelitas.
Orden de Exterminio de los Vencidos y de Purificación en los Vencedores (13-24).
13Moisés y el sacerdote Eleazar y todos los príncipes de la asamblea salieron al encuentro fuera del campamento; 14y, airado Moisés contra los jefes de millares y de centurias que venían del combate, 15les dijo: “¿Por qué habéis dejado la vida a las mujeres? 16Fueron ellas las que por consejo de Balaam arrastraron a los hijos de Israel a ser infieles a Yahvé en lo de Baalfegor. 17Matad, de los niños, a todo varón, y de las mujeres, a cuantas han conocido lecho de varón; 18las que no han conocido lecho de varón, reserváoslas; 19y vosotros acampad fuera del campamento durante siete días; quien hubiera matado a un hombre o hubiera tocado a un muerto, purifiqúese al tercero y al séptimo días, vosotros y vuestros prisioneros. 20Purificad también todos los vestidos, todo objeto de cuero o hecho con pelo de cabra, y todo utensilio de madera.” 21Eleazar, sacerdote, dijo a los hombres de guerra que habían ido al combate: “He aquí lo que manda la ley de Yahvé dada a Moisés: 22el oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo, 23todo lo que puede resistir al fuego, pasadlo por el fuego, y será puro; lo que no resiste el fuego, lo haréis pasar por el agua; 24lavaréis vuestros vestidos el día séptimo y seréis puros, y ya podréis luego entrar en el campamento.”
Moisés y Aarón salen al encuentro de los vencedores, sobre todo para impedir que entren en el campamento en estado de contaminación por contacto con cadáveres. Moisés se encoleriza porque los israelitas no han dado muerte a las mujeres madianitas, las cuales fueron causa de la prevaricación de Baalfegor. Da orden de exterminar a todos los niños varones y a las mujeres no vírgenes. Esta cruel ordenación no tiene justificación dentro de la ética humanitaria elemental, pero ha de entenderse dentro de las leyes de guerra de la antigüedad y dado el fanatismo religioso de la época. Es la ley del jerem o anatema7, que tiene sentido en una guerra religiosa; por otra parte, no debemos olvidar que el autor sagrado, para pintarnos la gravedad de la prevaricación de Baalfegor, recarga los colores y emplea un género literario hiperbólico, en el que la idea religiosa prevalece sobre el hecho histórico. Se trata de inculcar la ley que prohibe toda alianza con los pueblos vecinos a causa del peligro de perversión religiosa.
Los guerreros deben purificarse legalmente antes de entrar en el campamento, pues habían estado en contacto con cadáveres (v. 19-20). Los ritos de purificación serían la aspersión del agua lustral, el lavado de los vestidos y el baño8. Deben ser purificados también sus vestidos, calzados e instrumentos. Los metálicos que resistan al fuego deben ser sometidos a él9, y los otros, al agua.
Repartición del Botín (25-54).
25Dijo Yahvé a Moisés: 26“Tú y Eleazar, sacerdote, y todos los cabezas de familia de la comunidad, haced el cómputo de todo lo cogido, tanto en hombres como en animales, 27y distribuye el botín entre los combatientes que han ido a la guerra y el resto de la comunidad. 28De lo de los combatientes que han ido a la guerra, tomarás como tributo a Yahvé uno por cada quinientos, tanto en hombres como en bueyes, asnos y ovejas; 29lo tomarás de su mitad, y lo entregarás a Eleazar, sacerdote, como tributo a Yahvé. 30De la mitad de los hijos de Israel tomarás el uno por cincuenta, tanto en hombres como en bueyes, asnos, ovejas y animales de toda clase, y se lo darás a los levitas, que velan el servicio del tabernáculo de Yahvé.” 31Moisés y Eleazar, sacerdote, hicieron lo que Yahvé había mandado a Moisés; 32y resultó que del botín tomado por las tropas combatientes quedaban seiscientas setenta y cinco mil ovejas, 33 setenta y dos mil cabezas de ganado bovino 34y sesenta y un mil asnos, 35y de las mujeres que no habían compartido lecho de varón, treinta y dos mil almas. 36La mitad correspondiente a los que habían ido a la guerra fue: de ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas, 37y el tributo a Y’ahvé, de seiscientos setenta y cinco; 38de bueyes, treinta y seis mil, y el tributo a Yahvé, setenta y dos; 39de asnos, treinta mil quinientos, y el tributo a Yahvé, sesenta y uno; 40de personas, dieciséis mil, y el tributo a Yahvé, treinta y dos almas. 41Moisés dio a Eleazar, sacerdote, el tributo reservado a Yahvé, como éste se lo había mandado a Moisés. 42La mitad correspondiente a los hijos de Israel, que Moisés había separado de la de los combatientes, 43la mitad que tocaba a la comunidad fue de trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas, 44treinta y seis mil bueyes, 45treinta mil quinientos asnos 46y dieciséis mil personas. 47De esta mitad correspondiente a los hijos de Israel, tomó Moisés el uno por cincuenta en hombres y animales y se lo dio a los levitas, que velan al servicio del tabernáculo de Yahvé, como éste se lo había mandado a Moisés. 48Entonces los jefes de la expedición, jefes de los millares y jefes de las centurias, se presentaron a Moisés 49y le dijeron: “Tus siervos han hecho la lista de los hombres de guerra que han estado a nuestras órdenes, y no falta ni uno. 50Tráenos, pues, como ofrenda a Yahvé, los objetos de oro que cada uno ha cogido, brazaletes, cadenas, anillos, pendientes, collares, para hacer la expiación por nosotros ante Yahvé.” 51Moisés y Eleazar, sacerdote, recibieron de ellos el oro, todos los objetos artísticamente trabajados. 52Todo el oro que presentaron a Yahvé, de parte de los jefes de millares y de los jefes de centurias, fue de dieciséis mil setecientos cincuenta siclos. 53Los hombres de tropa tuvieron todo su botín para cada uno. 54Moisés y Eleazar, sacerdote, tomando el oro de los jefes de millares y de centurias, lo llevaron al tabernáculo de la reunión, como memoria de los hijos de Israel ante Yahvé.
Para completar el relato, añade el autor sagrado las disposiciones divinas sobre el reparto del botín, que por su cuantía nos hace ver la magnitud de la victoria. Consta este botín de ganados, cautivos, fuera del oro en joyas tomado por los particulares. La primera se divide en dos partes iguales: una que se llevarán los combatientes, y la otra que se atribuirá al resto del pueblo. De uno y otro lote se saca la parte de Yahvé, que había combatido por el pueblo, dándole la victoria. Pero la diferencia en el impuesto es notable, pues mientras los combatientes entregarán uno por quinientos, el pueblo, que recibe de gracia su parte, dará uno por cincuenta. Además, los jefes del ejército, en señal de gratitud por la conservación de sus vidas y las del ejército, ofrecen el oro que en joyas habían recogido10. Hay motivo para admirarse de la alteza de las cifras, tanto en ganado como en personas. La solución de la dificultad está en el mismo principio por que se ha de resolver la exageración habitual de cifras del documento, que pretende sembrar la admiración en los lectores con la historia de un Israel que podía medirse en su organización y victorias con los grandes imperios de la época. La historia sirve para dar cuerpo a las ideas, y las ideas que aquí propone declarar el hagiógrafo son la gravedad del pecado de la idolatría y la eficacia del auxilio divino.
Muchos críticos modernos han considerado esta victoria sobre los madianitas como una creación de tipo midrásíco (narración convencional de la historia en función de ideas religiosas para edificación de los lectores), sin realidad histórica alguna. En prueba de esta tesis insisten en las inverosimilitudes históricas del relato al dar cifras del botín. Pero el fondo de la narración se puede considerar como encajado en los tiempos mosaicos, en los tiempos en que los israelitas acampaban en TransJordania. Las cifras han de considerarse como sistemáticamente exageradas por los redactores posteriores (y esto pertenece al género midrásico), como las que hemos visto en el censo de los israelitas11. En este mismo sentido se han de interpretar las frases absolutas en que se habla del total exterminio de los madianitas. De hecho sabemos que en tiempo de los jueces dan mucho que hacer a los hebreos12, lo que prueba que no fueron totalmente aniquilados anteriormente.
1 Cf. Abel, Géog. I 285s. – 2 Jue 6:1s. – 3 Cf. 1Sa 14:183; 1Sa 23:9. – 4 Deu 20:2-4. – 5 Cf, Num 16:37; Lev 21:10-15. – 6 En Jos 13:21 estos mismos son llamados jefes o príncipes. El hagiógrafo les da el título de reyes para ponderar más la victoria de Israel – 7 Cf. Num 21:2-3; Lev 27:29. – 8 Cf. Num 19:18-19; Lev 11:32; Lev 15:12. – 9 Esta purificación ritual por el fuego aparece por primera vez en Eze 24:11; pero era corriente en otros pueblos. – 10 Cf. Jos 22:8; 1Sa 30:21. Josué y David distribuyeron por igual el botín guerreros y el pueblo. – 11 Cf. Núm 1. – 12 Cf. Jue 6-8.
Fuente: Biblia Comentada
La última sección principal de Números registra la obediencia renovada de Israel. Dios siguió hablando (Núm 26:1-2; Núm 26:52; Núm 27:6; Núm 27:12; Núm 27:18; Núm 28:1; Núm 31:1; Núm 31:25; Núm 33:50; Núm 34:1; Núm 34:16; Núm 35:1; Núm 35:9), y la segunda generación de Israel obedeció. La mayoría de los mandamientos en esta sección tenían que ver con la vida de Israel después de su entrada en la tierra.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Estos capítulos comienzan y terminan hablando acerca de ir a la guerra (Núm 26:2; Núm 32:20; Núm 32:29; Núm 32:32) y de la consiguiente herencia de Canaán (Núm 26:52-56; Núm 32:32). Israel estaba preparándose para la conquista de la Tierra Prometida.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Este capítulo tiene muchos vínculos con pasajes anteriores en Números: Las represalias contra Madián (vv. Núm 31:2-3; Núm 10:2-10); Zur el madianita (v. Núm 31:8; Núm 25:15); Balaam (vv. Núm 31:8; Núm 31:16; Núm 22:2 –Núm 24:25); Peor (v. Núm 31:16; Núm 25:1-9; Núm 25:14-15); la purificación después de contacto con cadáveres (vv. Núm 31:19-24; Núm 19:11-19); el cuidado de los sacerdotes y de los levitas (vv. Núm 31:28-47; Núm 18:8-32). Esta batalla con los madianitas devino un modelo de las demandas de Dios para la guerra santa cuando Israel tomase venganza sobre los enemigos de Dios (vea Deu 20:1-18).
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Venganza sobre los madianitas. Este relato comienza con un solemne recordatorio de que Dios tiene autoridad de quitar la vida. La destrucción de los madianitas era una venganza justa por el mal que habían hecho en contra del pueblo de Dios, conduciéndolo a deshonrar a Dios (ver Núm. 25). Al mismo tiempo, Dios recuerda a Moisés que él también morirá en breve. Esto también muestra la perfecta justicia de Dios. No sólo tomó venganza en contra de sus enemigos, sino que tampoco pasó por alto el pecado de su amado siervo. Esto es porque su santidad y gloria son más importantes que la vida de los hombres. Moisés impartió a Israel la lección de que Dios “no hace distinción de personas ni acepta soborno” (Deut. 10:17; Eze. 18; cf. Hech. 10:34, 35).
El orden de batalla se estableció en conformidad con principios bien establecidos, reflejando la santidad y orden de Dios. Cada tribu tenía una parte igual que desempeñar. Fineas, el hijo del sumo sacerdote, fue con el ejército de 12.000. El ya se había distinguido (25:6-13), y debe haber sido una fuente de estímulo para el ejército tenerlo en su medio, ya que Dios había jurado que su sacerdocio perduraría (25:10-13). Tomó las trompetas para dirigir la batalla e invocar a Dios para que se acordara de su pueblo en tiempo de guerra (10:9), y los utensilios del santuario (v. 6). El texto registra una victoria. Israel mató a todos los varones madianitas, incluyendo a Balaam, el arquitecto de su caída (v. 8). Más tarde en la historia los madianitas se levantaron nuevamente como enemigos (Jue. 6-8). Esto no arroja duda sobre la verdad histórica del registro de esta victoria. Por el contrario, aparentemente los madianitas eran una confederación de tribus ampliamente diseminadas, asociadas con los amalequitas, moabitas, ismaelitas y otros. Estos eran los madianitas que se encontraban con Moab.
Moisés no permitió que a su retorno el ejército trajera los cautivos al campamento. El estaba enojado porque habían perdonado la vida de las mujeres, las mismas que habían seducido a Israel con la idolatría e inmoralidad. A su mandato, sólo las jóvenes vírgenes fueron perdonadas, y ellas vinieron a ser parte de la nación. Es importante comprender la verdadera naturaleza de esta matanza de mujeres y niños varones. Dicha destrucción casi total no fue de la misma índole de la que sufriera Arad: “dedicado a destrucción” (21:1-3), y que más tarde también cayera sobre Jericó (Jos. 7) y los amalequitas (1 Sam. 15:3). (Este tema se discute en 14:39-45.) Aquella requería que toda alma viviente fuera muerta, incluyendo los animales, y las ciudades y posesiones eran quemadas o puestas en la tesorería del santuario. El ataque sobre Madián fue diferente; fue una venganza o “retribución” (v. 3). Por lo tanto, el botín no tenía que ser destruido. Una vez que era purificado podía ser dividido (cf. Jos. 6:21, 24; 7:1-26; 1 Sam. 15:13-33). Las mujeres y los niños eran matados porque las mujeres ya habían hecho que Israel se apartara del Señor, y si se les dejaba vivas continuarían siendo una amenaza a la fidelidad de Israel (ver 25:1-18). Este tipo de mujeres fueron la causa de la caída de Salomón (1 Rey. 11:1-13).
Los soldados eran impuros a causa de su contacto con los muertos, y no pudieron entrar al campamento por siete días (vv. 19-24). La pureza del campamento era de vital preocupación para Moisés. El no admitiría las mujeres madianitas (v. 13).
Nota. “Retribución” sugiere justicia, mientras que venganza sugiere la ira personal de Dios. La ira y venganza de Dios son ideas ofensivas a mucha gente moderna, mayormente porque presuponen que la ira y venganza de Dios es algo irracional, caprichoso, fuera de control. Pero las Escrituras enseñan que la ira de Dios se manifiesta en contra del pecado del hombre (Rom. 1:18), “mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor” (Rom. 12:19). Su ira y “venganza” manifiestan su justa indignación, y no son el resultado de un mal carácter.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
31.1ss Los madianitas eran un pueblo nómada que descendían de Abraham y de su segunda esposa, Cetura. La tierra de Madián quedaba al sur de Canaán, pero grandes grupos de madianitas vagaban a muchas millas de distancia de su tierra natal en busca de pastizales para sus rebaños. Uno de esos grupos estaba cerca de la tierra prometida cuando llegaron los israelitas. Cuando Moisés huyó de Egipto (Exodo 2), se refugió en la tierra de Madián. Su esposa y su suegro eran madianitas. Pero a pesar de esta alianza, los israelitas y los madianitas fueron siempre grandes enemigos.31.14-16 Por ser los madianitas los responsables de inducir a Israel a adorar a Baal, Dios ordenó que Israel los destruyese (25.16-18). Pero Israel llevó cautivas a las mujeres, en lugar de matarlas, probablemente porque les resultaba tentador el estilo de vida pecaminoso de los madianitas. Cuando descubrimos pecado en nuestras vidas, debemos tratar con él de manera total. Cuando los israelitas entraron después a la tierra prometida, su actitud de indiferencia ante el pecado fue la que a la larga los llevó a la ruina. Moisés trató con el pecado rápida y completamente. Cuando Dios señala pecado, obre rápidamente para remover el pecado de su vida.31.16 La historia de Balaam (22.1-24.25), tomada por separado, nos llevaría a creer que Balaam era un hombre honesto y santo. Pero aquí está la primera de muchas evidencias bíblicas que indican que Balaam no era el hombre santo que aparentaba ser. Si desea más información sobre Balaam véanse lasnotas a 22.9 y 25.1-3 y el perfil de Balaam en el capítulo 22.31.25-30 Moisés dijo a los israelitas que dieran una porción del botín de la guerra a Dios. Otra porción era para la parte del pueblo que se había quedado atrás. De la misma manera, el dinero que ganamos no es sólo nuestro. Todo lo que poseemos proviene directa o indirectamente de Dios y finalmente le pertenece a El. Debemos regresar una porción a El («tributo») y además compartir lo que se nos ha dado con aquellos que lo necesitan.31.48-50 Después de un conteo de todos sus hombres, los oficiales descubrieron que ni un solo soldado se había perdido en la batalla. Inmediatamente, agradecieron a Dios. Después de pasar por momentos difíciles, debemos estar listos para agradecer a Dios por lo que no se perdió así como por lo que se ganó.
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
Esta guerra santa contra los madianitas, última empresa militar de Moisés, fue ordenada por el S eñor en 25:16– 18. Empezó a causa de la apostasía de los israelitas por la influencia de los madianitas en la adoración de Baal-peor. La matanza descrita aquí por lo general es espantosa para el hombre contemporáneo, pero era una dura realidad en tiempos antiguos. En algunos casos, perdonar a la población nativa hubiera podido causar la apostasía de los israelitas.
Fuente: La Biblia de las Américas
[=] *Dt 20:1 *1Sam 15:1
[.] El presente capítulo se refiere a la . Es importante recordar que todo eso fue escrito en los siglos VI-VII antes de Cristo, cuando Israel ya no tenía medios como para atacar a ningún otro pueblo (leer al respecto el comentario de Jos 6). El autor del relato quería recalcar lo peligroso que era para los israelitas casarse o acercarse a mujeres de pueblos paganos.
Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana
[3] Num 25, 17.[8] Num Jos 13, 21.[16] Num 25, 18.[17] Jue 21, 11.[21] Lev 6, 28; 11, 33; 15, 11.