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Comentario de 2 Samuel 7:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de 2 Samuel 7:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Aconteció que cuando el rey habitaba ya en su casa, y Jehovah le había dado descanso de todos sus enemigos en derredor,

el rey habitaba en su casa. 1Cr 17:1-15; Dan 4:29, Dan 4:30.

después que Jehová. Jos 21:44; Jos 23:1; 1Re 5:4; 2Cr 14:6; Sal 18:1; Pro 16:7; Luc 1:74, Luc 1:75.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Natán, primero aprueba el propósito de David de construir a Dios una casa, 2Sa 7:1-3,

después por la palabra de Dios le es prohibido, 2Sa 7:4-11.

Dios le promete beneficios y bendiciones a él en su simiente, 2Sa 7:12-17.

La oración de David, 2Sa 7:18-29.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Este capítulo registra el establecimiento del pacto davídico, que amplía y confirma la nación o la descendencia prometida en el pacto abrahámico (Gén 12:1-3). Los temas de este capítulo son de gran importancia teológica. Se extienden hasta la venida del Salvador Jesús y especialmente hasta su reinado venidero sobre el trono de David.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

La casa se refiere al palacio que los fenicios construyeron para David (2Sa 5:11).

reposo de todos sus enemigos alude probablemente a la paz que prevaleció después de la derrota de los filisteos por parte de David (2Sa 5:17-25).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

Designios de David (7:1-10).
1 Cuando el rey se hubo establecido en su casa y le hubo dar Yahvé el descanso, librándole de todos sus enemigos en derredor, 2 dijo a Natán, profeta: “Ya ves; yo habito en casa de cedro, y el arca de Yahvé está en una tienda.” 3 Natán respondió al rey: “Anda, haz lo que tienes en tu corazón, pues que Yahvé está contigo.” 4Pero aquella misma noche tuvo Natán palabra de Yahvé: “Anda 5 y ve a decir a David, mi siervo: Así habla Yahvé: ¿Vas a edificarme tú una casa para que yo habite en ella? 6 Mira, yo no he habitado en casa desde el día en que saqué de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, sino que he andado en una tienda, en un tabernáculo. 7 Y en todo el tiempo en que anduve con los hijos de Israel, ¿he dicho yo palabra a ninguno de los jefes de Israel, a quienes mandé que apacentaran mi pueblo de Israel, de hacerme una casa de cedro? 8 Di, pues, a David, mi siervo: Así habla Yahvé Sebaot: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe de mi pueblo, de Israel. 9He estado contigo por dondequiera que has ido; he exterminado delante de ti a todos tus enemigos y te estoy haciendo un nombre grande, como el de los grandes de la tierra, 10estableciendo a mi pueblo, Israel, y plantándolo en su lugar para que habite en él y no sea perturbado y los hijos de la iniquidad no le aflijan como antes.

Habiendo narrado el autor el episodio del traslado del arca desde Quiriat Jearim a Jerusalén, añade una noticia muy distante, cronológicamente, de la anterior, pero unida por razón del tema. Lo que en esta sección se refiere tuvo lugar hacia los últimos años de David, cuando la paz interior habíase consolidado y en las fronteras del reino imperaba la paz. Israel había dejado de ser un pueblo seminómada. El rey tenía su palacio; sólo el arca ocupaba un edificio provisional y endeble. Este estado precario del arca no podía prolongarse. De sus preocupaciones hizo confidente al profeta Natán.
Es la primera vez que se menciona este profeta, que tanta influencia ejerció sobre David y que decidió a favor de Salomón su sucesión en el trono (1Re 1:1ss). Fue consejero de David, de cuya compañía no se apartó nunca. Pero, aunque amigo del rey, defendía ante todo los derechos de Dios, no vacilando en reprocharle su adulterio con Betsabé (12; iss). Tan pronto como David manifestó su preocupación a Natán, éste inmediatamente por su cuenta, obrando como hombre privado, los aprobó en conjunto y de manera provisional, difiriendo su confirmación definitiva hasta saber la voluntad divina.
Aquella misma noche tuvo Natán una revelación profética (1Sa 15:10), en la que Dios le manifestaba que no sería David quien le levantara una casa, sino él se la edificaría a David. Como a Abraham (Gen 12:2), le hará famoso en toda la tierra. No rechaza Dios definitivamente el proyecto de la construcción de un templo” pero no será David quien lo edifique, sino su sucesor (1Re 8:19)·
A las razones apuntadas para no conceder a David este honor, el texto de 1Cr 22:8; 1Cr 28:3 agrega la de haber derramado David mucha sangre en los combates.

Designios de Dios (1Cr 7:11-16).
11 “Desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo, Israel, y dándote descanso de todos tus enemigos. Hácete, pues, saber Yahvé que él te edificará casa a ti; 12 y que cuando se cumplieren tus días y te duermas con tus padres, suscitaré a tu linaje después de ti, el que saldrá de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13 El edificará casa a mi nombre y yo estableceré su trono por siempre. 14 Yo le seré a él padre y él me será a mí hijo. Si obrare el mal, yo le castigaré con varas de hombres y con azotes de hijos de hombres; 15pero no apartaré de él mi misericordia, como la aparté de Saúl, arrojándole de delante de ti. 16 Permanente será tu casa para siempre ante mi rostro, y tu trono estable por la eternidad.”

A la generosidad del rey responde Dios con una generosidad divina eficaz, con promesas trascendentales para David. Yahvé hará que su pueblo no lleve en adelante vida seminómada, sino que lo afincará definitivamente en Palestina, donde echará raíces y vivirá en paz y prosperidad, no molestándole, como hicieron antes, los hijos de la iniquidad.
Dios promete a David la continuidad del reino entre sus descendientes. Porque acontecerá que, al cumplirse los años de su peregrinación (1Cr 17:11) sobre la tierra y baje al sepulcro para descansar allí junto a sus padres (Gen 28:8; Gen 47:30; 1Re 2:10), suscitará Dios de él su posteridad (zera: simiente), que saldrá de sus entrañas (Gen 15:4) y afirmará su reino. “El edificará la casa a mi nombre y yo, añade Dios, estableceré por siempre el trono de su reino.” Convienen algunos autores en que el texto del v.13 desentona del contexto (De Vaux), dudando que sea original (Üesno-Yers), o considerándolo como una adición redaccional (Wellhau-Sen) o un paréntesis (Üriver). La antítesis que se observa en el discurso de Natán (“No serás tú quien me construirás un templo; seré yo quien te edificaré una casa”), es decir, una posteridad, se interrumpe por la intercalación del mencionado verso (Dhorme). Si el verso se omite, la profecía expresa una aprobación de las costumbres antiguas del desierto (v.6-7) y desafecto hacia el templo, idea que se encuentra en la adición de 1Re 8:27, en los profetas (Isa 66:1-2) y en el discurso de San Esteban (De Vaux).
A la posteridad de David profesará Dios el afecto que un padre siente para con su hijo. Pero así como un padre castiga a su hijo, de la misma manera castigará Dios a la simiente de David en caso de obrar el mal, a la manera como suelen castigar los hombres (Sal 89:31-34). Es decir, como interpretan algunos (Rehm), no dejará Dios impunes los pecados de los descendientes de David; pero, al castigarlos, no hará uso de todo su poder, sino que aplicará un castigo llevadero, análogo a los que emplean los hombres. Sin embargo, cree Ubach que Yahvé anuncia un castigo más ejemplar más severo, contra los descendientes de David que falten a sus deberes. Dios, en este caso, se reserva el derecho de tratarles como a hijos rebeldes, azotándoles no “con varas de hombres y con azotes de los hijos de los hombres,” sino con el hierro de la escisión, destituyéndolos de su dignidad real y destruyendo para siempre el trono material de la dinastía davídica (1Re 2:4; Sal 132:11). La promesa de la perpetuidad de su trono está condicionada, pues, a que sus sucesores sigan los senderos de Yahvé y cumplan el pacto de la alianza. Pero esta explicación rigorista no se armoniza bien con el v.15. Veremos que en los libros de los Reyes Dios castiga moderadamente a los reyes pecadores de Judá a causa de David, su padre. En el ν . 16 promete Dios a David que su casa y su trono durarán para siempre ante su rostro; pero no especifica cómo se realizará esta promesa. Muchos exegetas no creen que el texto de 2Sa 7:13-15 se refiera al hijo determinado y concreto de David, Salomón, sino a toda su posteridad; en contra opina Desnoyers (Histoire II 200-201). Esencialmente, la promesa se refiere a la continuidad de la dinastía davídica en el trono de Israel (v. 12-16), como lo entiende el mismo David v.19; 25; 27; 29). En este sentido lo interpretan los Sal 89:30-38; Sal 132:11-12. La perspectiva profética, pues, rebasa la persona concreta de Salomón. Entre líneas cabe vislumbrar en el texto un descendiente de David en el que se realizarán todos los matices y pormenores contenidos en el oráculo. De ahí que gran número de exegetas admitan el carácter mesiánico de la profecía, discrepando en señalar la manera como se refiere a la persona del Mesías. Unos explican el texto en sentido exclusivamente mesiánico; otros, en sentido literal, lo refieren a Salomón, y en sentido típico a Cristo. En primer lugar cabe afirmar que el término zera=simiente, designa una colectividad y un individuo particular (v.13). No cabe duda que el oráculo constituye el primer anillo de la cadena de profecías que anuncian un Mesías hijo de David. A este texto alude Isaías (Sal 9:6) al hablar del nacimiento de un niño “para dilatar el imperio y para asegurar una paz ilimitada sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y consolidarlo en el derecho y la justicia desde ahora para siempre jamás.” Un eco del oráculo lo hallamos en las palabras del ángel a María (Luc 1:32), y una referencia explícita en Hec 2:30. El Mesías será hijo de David y su reino será eterno: he aquí el sentido pleno que late bajo el sentido obvio de las palabras 1.

Oración de David (Hec 7:17-29).
17 Conforme a todas estas palabras y a toda esta visión habló Natán a David; 18 y entrándose el rey David, puesto delante de Yahvé, dijo: “Mi Señor, Yahvé, ¿quién soy yo y qué es mi casa para que hasta tal punto me hayas traído? 19 Y aun esto ha sido poco a tus ojos, mi Señor, Yahvé, y has hablado acerca de la casa de tu siervo para lo por venir, aventajándome sobre los otros hombres, ¡mi Señor, Yahvé! 20¿Qué más podrá decirte David? Tú, ¡oh mi Señor, Yahvé! conoces a tu siervo. 21 Todas estas grandezas las haces según tu palabra y según tu corazón, y se las has dado a conocer a tu siervo. 22¡Qué grande eres, mi Señor, Yahvé! No hay nadie que se te asemeje ni hay Dios fuera de ti, como lo hemos oído con nuestros oídos.23 ¿Y hay sobre la tierra un pueblo como tu pueblo, Israel, que haya rescatado Dios para hacerle el pueblo suyo, dándole su nombre y haciendo por él tan terribles y portentosas maravillas como en favor de tu pueblo hiciste, redimiéndole de Egipto y expulsando las gentes? 24 Has confirmado a tu pueblo, Israel, por pueblo tuyo, para que sea tu pueblo para siempre jamás y seas tú su Dios. 25 Manten, pues, siempre, mi Señor, Yahvé, la palabra que has dicho de tu siervo y de su casa, y obra según tu palabra 26 y sea glorificado por siempre tu nombre; y dígase: Yahvé Sebaot es el Dios de Israel. Sea firme ante ti la casa de tu siervo David, 27pues que tú mismo, Yahvé Sebaot, Dios de Israel, te has revelado a tu siervo, diciendo: Yo te edificaré a ti casa. 28Por esto se atreve tu siervo a dirigirte esta plegaria: ¡Oh mi Señor, Yahvé! Tú eres Dios, y tus palabras son verdaderas y has prometido a tu siervo hacerle esta gracia. 29Tenlo, pues, a bien y bendice la casa de tu siervo para que subsista siempre delante de ti; porque tú, mi Señor, Yahvé, has hablado, y con tu bendición será por siempre bendita la casa de tu siervo.”

Al escuchar David las palabras de Natán, se dirigió al lugar donde estaba el arca y, sentado, recitó una ferviente oración de acción de gracias y de alabanza. Los antiguos oraban de pie, de rodillas y también sentados. Escoge David esta última postura acaso por su avanzada edad. Muéstrase confuso por haberle Dios elevado a tan grande dignidad, siendo él, a su presencia, como un perro (ukalbeka, 9:8; 1Re 8:13, De Vaux).

Fuente: Biblia Comentada

habitaba en su casa. Vea 2Sa 5:11. El palacio de David se edificó con ayuda de Hiram, rey de Tiro. Por cuanto Hiram no llegó al trono de Tiro hasta alrededor del 980 a.C., los acontecimientos narrados en este capítulo tuvieron lugar en la última década del reinado de David. reposo de todos sus enemigos. David había conquistado a todas las naciones alrededor de Israel. Vea 2Sa 8:1-14 para los detalles que tienen lugar antes de 2Sa 7:1-29.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Esta sección va acotada con las descripciones de las victorias militares de David (2Sa 5:17-25; 2Sa 8:1-14). En medio de ello (2Sa 6:12Sa 7:29) se hace referencia al interés de David por el arca del pacto y por un edificio apropiado para recibirla.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

2Sa 7:1-29 : La promesa dinástica de Natán: Estamos ante uno de los momentos culminantes de la Historia Deuteronomista y del conjunto del AT, pues esta promesa dinástica será uno de los cimientos en que posteriormente se asiente la esperanza mesiánica.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Profecía de Natán. Este capítulo continúa la historia de David y del santuario en Jerusalén. Los acontecimientos que consigna son de una fecha posterior en el reinado de David, como lo insinúa el v. 1.

Tenemos aquí el pasaje más importante de los libros de Sam., y uno de los pasajes clave de todo el AT. Trata el futuro del santuario en Jerusalén y de la monarquía davídica, las dos instituciones vitales para el pueblo de Israel durante varios siglos después de David. Por medio del profeta Natán, Dios hizo promesas seguras a David sobre estas dos cosas. Estas solemnes promesas divinas eran en suma un “pacto eterno” con David (ver 23:5).

Los dos temas se conectan hábilmente por medio del uso de la palabra “casa”. La misma palabra heb. significaba no solamente una casa común, sino también un templo y, tercero, una dinastía (como en la actualidad la familia real inglesa es llamada “la casa de Windsor”). El capítulo comienza hablando de los planes de David de construir un templo a Jehovah, una casa para Dios (5). Luego en el v. 11, se presenta el tema de una casa para David; no su palacio sino su dinastía davídica, o sea sus hijos y descendientes que le sucederían como reyes en Jerusalén.

Las promesas de Dios referentes a estas dos cosas se juntan en el v. 13. El hijo de David edificará el templo; la dinastía durará para siempre. Estas son promesas muy positivas, pero el capítulo contiene también algunos puntos negativos. Primero, se rechaza el plan de David de construir el templo. Segundo, Dios no se agrada de los templos. (Estos dos puntos se insinúan en los vv. 5-7.) Tercero, el v. 14 reconoce que algunos de los descendientes serían reyes indignos y merecerían y recibirían castigo divino. Estos varios puntos, tanto positivos como negativos, proveen una descripción y una explicación por los eventos desde el tiempo de David (temprano en el siglo X a. de J.C.) hasta 587 a. de J.C. En este período el templo fue construido, no por David, sino por su hijo Salomón. Muchos de sus descendientes eran débiles y pecadores, pero la dinastía se mantuvo durante cuatro siglos sin interrupción.

En el año 587 a. de J.C. el templo fue destruido por los babilonios y Judá dejó de ser un reino. La familia de David siguió existiendo, pero nunca recuperó el trono. ¿Qué mensaje contiene este capítulo para este cambio de situación? Nos dice primero que Dios no depende de templos y, por lo tanto, su pueblo no necesita templos. Esteban volvió a enfatizar esta lección en la época del NT (ver Hech. 7:44-50). Segundo, la promesa de Dios con respecto a los descendientes de David era permanente. Fue la base de la esperanza del Mesías, “el Hijo más grande del gran David”. Esta promesa dio seguridad a las generaciones del pueblo de Dios que vivieron en los últimos siglos del período del AT, y luego se cumplió en el nacimiento de Jesucristo; de lo cual son testigos el NT entero y la iglesia cristiana.

Todas estas promesas, tal como las cumplió Dios, harían que el nombre de David fuera grande (9). Sin ninguna duda David fue el rey más grande de Israel y su fama se cuenta para siempre entre los hombres más importantes de la historia. Pero su grandeza dada por Dios no era para su propio beneficio y gloria, sino para beneficiar a la nación que gobernaba. Por lo tanto, el v. 10 da los planes y promesas de Dios para Israel por medio de David. Estas promesas se cumplieron durante el propio reinado de David, y siguieron siendo los planes definitivos de Dios para su pueblo a pesar del hecho de que en épocas posteriores Israel y Judá con frecuencia sufrieron reveses políticos, principalmente por sus pecados contra Dios. Estos planes dependían del cumplimiento de la promesa de Dios de enviar a un Hijo de David, el Mesías, que sería el que finalmente llevaría al pueblo de Dios a gozar de la seguridad y paz que siempre necesitan.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

7.1ss Este capítulo registra el pacto que hizo Dios con David, prometiéndole que continuaría la línea de David para siempre. Esta promesa se vio cumplida en su totalidad con el nacimiento de Cristo Jesús. Si bien la palabra pacto no se establece específicamente aquí, se usa en cualquier otra parte para describir esta ocasión (23.5; Psa 89:3-4, Psa 89:28, Psa 89:34-37).7.2 Esta es la primera vez que se menciona al profeta Natán. Dios se aseguró de que durante el reinado de cada uno de los reyes de Israel hubiera un profeta. Las obligaciones principales de un profeta eran las de exhortar al pueblo a seguir a Dios, y comunicar sus leyes y los planes para el rey. La mayoría de los reyes rechazaron a los profetas enviados por Dios. Pero Dios les dio la oportunidad de escuchar y obedecer. En los años anteriores, los jueces y los sacerdotes tenían el papel de profetas. Samuel sirvió como juez, sacerdote y profeta llenando el vacío entre el período de los jueces y la monarquía.7.5 En este mensaje de Natán, Dios dice que El no quería que David construyera una «casa» para El ¿Por qué no quería Dios que David construyera un templo para El? Dios dijo a David que su trabajo era unificar y guiar a Israel, y destruir a sus enemigos. Esta tarea requeriría que David derramara una gran cantidad de sangre. En 1Ch 28:3 se menciona que Dios no quería que un guerrero construyera su templo. Por lo tanto, David hizo planes y recolectó los materiales para que así su hijo Salomón pudiera comenzar a trabajar en el templo tan pronto como llegara a ser rey (1 Reyes 5-7). David aceptó su papel en el plan de Dios y no trató de ir más allá. Algunas veces Dios le dice no a nuestros planes. Cuando eso ocurra debemos utilizar las otras oportunidades que El nos da.7.8-16 La petición de David era buena, pero Dios dijo que no. Esto no quiere decir que Dios rechazó a David. Es más, Dios estaba planeando algo aun mayor en la vida de David que permitirle el prestigio de construir el templo. Aunque Dios rechazó la petición de David prometió que continuaría la casa (o dinastía) de David para siempre. La dinastía terrenal de David terminó cuatro siglos más tarde, pero Jesucristo, un descendiente directo de David, fue el cumplimiento final de esta promesa (Act 2:22-36). Cristo reinará por toda la eternidad, ahora en su reino espiritual y en los cielos, y más tarde en la tierra, en la nueva Jerusalén (Luk 1:30-33; Apocalipsis 21). ¿Ha orado con buenas intenciones, sólo para que Dios le diga que no? Esta es la manera que Dios tiene de dirigir su vida hacia un propósito mayor. Aceptar el no de Dios requiere tanta fe como para cumplir el sí de Dios.7.18ss Esta sección registra la oración de David en la que expresa su humilde aceptación de la promesa de Dios para extender su dinastía para siempre. David se dio cuenta de que estas bendiciones habían sido conferidas a él y a sus descendientes para que Israel también fuera bendecido. Ayudarían a cumplir el gran propósito de Dios, y sus promesas para toda la nación; y a la larga, para el mundo entero (Gen 12:1-3).

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 332 1Cr 17:1

b 333 Lev 26:6; 1Re 5:4

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

[.] Era impensable en la antigüedad que una capital no tuviera su templo y su palacio. Dios y el rey estaban así inseparablemente asociados para asegurar la buena marcha del Estado. Estos conceptos (véase nota sobre Dt 4,1) inspiran a David el proyecto que somete a su vidente-profeta Natán Yo vivo en una casa de madera de cedro, mientras que el Arca de Yavé está en una tienda. Pero Dios, que es más grande, piensa de otra manera y así lo hace saber. El construirá a David una casa. La casa significa en la Biblia tanto las personas como las cosas que pertenecen a uno. La casa de David es su familia, sus servidores, su pueblo. Yo fijaré un lugar para mi pueblo, Israel.(10). Dios escoge este momento para dar un paso decisivo en la historia de su pueblo. Israel era un pueblo de doce tribus, desde Moisés. Ahora será una nación organizada en un lugar, con una autoridad central y estable los reyes descendientes de David. Ahora voy a hacer que tu nombre sea famoso entre los grandes (9). Yavé ha acompañado a David en todas sus empresas, pero ahora se sirve de él y de sus trabajos para construir algo definitivo para la salvación de los hombres. Igual había pasado con Abraham (Gén 17,7). Lo mismo pasa con Pedro (Mt 16,18). El Reino de Dios será en adelante el reino de David Yo pondré en el trono a tu hijo, fruto de tus entrañas (ver Lc 1,32). La promesa de Dios señala primeramente a Salomón, hijo y sucesor de David, pero también a los que vendrán después. Aparentemente fracasó la promesa cuando, pasados cuatro siglos, fue destruido el reino de David. Sin embargo, es Jesús, uno de sus descendientes, el que más tarde realizará plenamente lo anunciado por Natán. Muchas veces, en el Evangelio, Jesús se hará llamar hijo de David (Mc 12,35). Jesús realizará perfectamente lo que se esbozó en la persona de David: -_El pastor que reúne las ovejas dispersas. -_El vencedor que da a su pueblo la paz que conquistó. -_El lugarteniente de Dios entre los hombres. La manera como Dios se adelanta a David y le responde, contiene dos enseñanzas notables: -_Como en el caso de David, muy a menudo los hombres quieren ofrecer algo a Dios. En realidad, nunca le podemos ganar; él da sus favores antes que hayamos empezado a servirlo. -_Por otra parte, lo que a Dios le interesa no son tanto los templos que construimos para él, sino el templo espiritual que desea construir en los hombres mismos.

Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana

[2] Este capítulo es llamado el Oráculo de Natán y es la base del mesianismo davídico del antiguo testamento.[6] El tiempo de la travesía del desierto, habitando en tiendas de campaña, la época ideal del pueblo.[12] La dinastía davídica será la que dé continuidad a la historia. El Señor se encargará de edificar la casa de David.

Fuente: Notas Torres Amat