Biblia

Comentario de 1 Reyes 18:20 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de 1 Reyes 18:20 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel y reunió a los profetas en el monte Carmelo.

juntó. 1Re 22:9.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

1Re 18:20-40 : El sacrificio del Carmelo es el momento culminante del episodio de la sequía. Sirve para demostrar la absoluta superioridad del Dios de Israel, como único Señor de la naturaleza, sobre las divinidades fenicias, en concreto sobre Baal.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Elías en el monte Carmelo. El monte Carmelo no es una montaña solamente sino una cadena montañosa que corre desde la bahía de Acre hacia el interior en dirección sudeste por aproximadamente 20 km. Es imposible saber con exactitud dónde se juntaron. El único indicio que nos da es que el lugar no estaba lejos de una posición ventajosa con vista al Mediterráneo (42-44). Hay evidencia de que el monte Carmelo solía ser un lugar tradicional para el culto de Baal. Si ese es el caso, Elías les estaba dando a los profetas de Baal la ventaja de pelear en su propio terreno.

No sólo los profetas extranjeros sino que la gente de todo Israel se congregaron en el monte Carmelo (21; ver v. 19). Elías no acusa directamente al pueblo de ser apóstata sino de vacilar entre dos opiniones. Esto sugiere que lo que trataban de hacer era adorar a los dos, Baal y Jehovah, para obtener las ventajas máximas. Baal era mayormente un dios del clima y por lo tanto responsable por la cosecha; por el otro lado, puede ser que hayan considerado a Jehovah como un dios de las regiones desiertas de Sinaí (ver Hab. 3:3-7). O quizá, como los sirios en el cap. 20, consideraban a Jehovah “un dios de las montañas; no … un dios de los valles” (20:28). De cualquier manera, es probable que a la gente de entonces le parecería que Jehovah estaba fuera de su elemento en el área de la agricultura, de modo que tenía sentido adorar también a Baal el experto en estos asuntos. Elías trató de destruir completamente ese pensamiento sincretista. El pueblo debe decidir: Jehovah o Baal.

El verbo que se utiliza para describir el vacilar del pueblo también significa “cojear”. (Otra forma del mismo verbo aparece en el v. 26 para describir cómo danzaban los profetas de Baal.) El doble significado tiene su apoyo. Elías le estaba diciendo a la gente que tratar de conseguir lo mejor de ambos mundos los iba a dejar cojos.

Elías se jacta de ser el único profeta del Señor que ha sobrevivido, lo cual nos sorprende dadas las palabras de Abdías (13). Examinaremos esa afirmación más adelante al comentar sobre el cap. 19. Luego dio instrucciones para que se preparase un holocausto quemado, pero sin prender el fuego. El Dios verdadero sería el que trajera su propio fuego para quemar el holocausto. El pueblo (que hasta entonces no había dicho nada; 21) juzgó que la contienda era justa (24).

A los profetas de Baal les tocó el primer turno. Elías les cedió la mejor parte del día, desde la mañana … (26) hasta la hora de ofrecer la ofrenda vegetal (29). Al mediodía Elías alivió el tedio poniéndoles en ridículo al llamar a Baal un dios y al mismo tiempo sugerir que la falta de respuesta se debía a razones muy humanas. La palabra traducida ocupado en la RVA es un verbo que lit. significa “retirarse” y es probable que Elías lo utilizó para querer decir que Baal estaba haciendo sus necesidades (ver nota de la RVA). El baile de los profetas de Baal se intensificó durante la tarde, pero las tres partículas negativas al final del v. 29 acentúan que todo fue en vano (lit. “ni voz, ni respuesta, ni quien escuchase”).

Elías preparó su propio holocausto desde el principio con otro toro. Tomando 12 piedras para simbolizar la unidad original de Israel reparó un altar de Jehovah que estaba arruinado, quizás uno de los lugares altos que suele condenar en circunstancias normales. Pero en este caso las circunstancias no eran normales porque lo que estaba por decidirse era si el culto de Jehovah en Israel iba a sobrevivir y no sólo eso sino si el mismo Israel iba a sobrevivir. El asunto ya no era dónde se podía adorar a Jehovah sino si Israel continuaría adorándole, es decir, si Israel continuaría existiendo como Israel.

Elías se aseguró de que todo pareciera estar en contra de él: Empapó el holocausto y la madera con tanta agua que rebalsaba hasta que llenó la zanja que rodeaba el altar. Después de tres años de sequía el agua debe haber estado muy escasa de modo que derramar varios cántaros de agua sobre el holocausto constituyó un doble acto de fe. Elías confiaba en que Dios mandaría tanto lluvia como fuego.

Su oración (36, 37) muestra su gran fe en este momento crucial en la historia de Israel: Es el principio de esa historia que Elías les hace recordar al nombrar a Jehovah Dios de los antepasados de Israel. La oración también revela las prioridades de Elías: El ruega que se le reconozca como siervo de Jehovah, pero ruega dos veces que se reconozca a Jehovah como el Dios verdadero de Israel.

La respuesta fue dramática y completa. Jehovah hizo lo que Baal, el supuesto señor del cielo y el clima, no pudo hacer: que salieran relámpagos del cielo sin nubes. Finalmente el pueblo decidió (tal como Elías le había instado a hacer en el v. 21) entre Jehovah y Baal. Sus palabras sirven más que para declarar que Jehovah era el Dios con poder en Israel. La frase heb. (lit. “él es el Dios”) lo proclamaba como único Dios. Al darse cuenta de que los profetas de Baal promovían una mentira, a la señal de Elías los mataron a todos.

El autor relata la masacre sin comentario, pero más tarde Elías recibe una reprimenda por la manera muy fanática de pensar (ver sobre 19:1-18), de modo que la matanza completa de los profetas de Baal se podría considerar el producto de su tendencia fanática. Acab, que no había sido mencionado desde el v. 20, aparece nuevamente pero ahora es un personaje insignificante ya que el foco del capítulo ha sido el pueblo. Tanto aquí como en el v. 20 él recibe órdenes de Elías, quien se ha transformado en el líder verdadero del pueblo. Desafortunadamente Acab siguió siendo débil ante Jezabel y ni trató de frenarla cuando ella intentó matar a Elías.

La oración de Elías en la que pide lluvia (42-46) contiene algunos detalles desconcertantes, pero el significado del incidente está claro. El viento, las nubes y la lluvia no quedan fuera del control de Jehovah porque es el Dios creador quien tiene poder sobre todo lo que ha hecho. También demuestra una vez más que Elías era el agente de Dios porque cumplió su anuncio de que no volvería a llover hasta que él diera la palabra (17:1).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

REFERENCIAS CRUZADAS

i 1404 1Re 22:6

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo