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Comentario de 2 Samuel 7:16 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de 2 Samuel 7:16 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será estable para siempre.’”

2Sa 7:13; Gén 49:10; 2Re 19:34; 1Cr 17:13, 1Cr 17:14; Sal 45:6; Sal 72:5, Sal 72:17-19; Sal 89:36, Sal 89:37; Isa 9:7; Dan 2:44; Dan 7:14; Mat 16:18; Luc 1:32, Luc 1:33; Jua 12:34; Heb 1:8; Apo 11:15.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Aquí Dios encierra las provisiones del pacto davídico. Jehová promete que la casa, el reino, y el trono de David durarán eternamente. En otras palabras:

(1) la línea, o casa, de David siempre será la línea real;

(2) el derecho de gobernar siempre pertenecerá a los descendientes de David;

(3) el derecho de un reino literal y terrenal nunca se apartará de la posteridad de David. La promesa no garantiza que la gobernación por los que vengan después de David no sea interrumpida (Ose 3:4, Ose 3:5). Ciertamente, se interrumpió cuando Judá fue al cautiverio (2Re 25:1-21). Sin embargo, el privilegio de gobernar pertenecería siempre a la dinastía davídica (Sal 89:20-37). En Luc 1:32, Luc 1:33 el ángel Gabriel promete que el hijo de María, Jesús, recibirá el trono, la casa, y el reino prometidos a David y a su posteridad. El cumplimiento final de esta promesa se realizará con la Segunda Venida de Cristo, cuando vuelva a gobernar sobre su pueblo (Apo 20:1-6).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

SERÁ AFIRMAD[O]… TU REINO PARA SIEMPRE. El pacto de Dios con David se cumplió finalmente en Jesucristo (véase el ARTÍCULO EL PACTO DE DIOS CON DAVID, P. 406. [2Sa 7:16]).

Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena

ARTÍCULO

El pacto de Dios con David

2Sa 7:16 Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.

LA NATURALEZA DEL PACTO CON DAVID.

(1) Aunque la palabra «pacto» no aparece en 2Sa 7:1-29, es claro que Dios estaba estableciendo un pacto con David. En Sal 89:3-4, por ejemplo, Dios dice: «Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones» (véase también Sal 89:34-36). Esa promesa de que se establecería para siempre el trono del pueblo de Dios por la descendencia de David es precisamente la promesa que Dios le hizo a David en 2Sa 7:1-29 (nótese sobre todo el y. 2Sa 7:16). Además, luego en 2 Samuel, David mismo hace referencia al «pacto perpetuo» que Dios hizo con él (2Sa 23:5), refiriéndose sin duda a 2Sa 7:1-29.

(2) Los mismos dos principios que funcionan en otros pactos en el AT también son obvios aquí: sólo Dios estableció las promesas y obligaciones de su pacto, y se esperaba que los seres humanos las aceptaran en fe obediente (véanse los ARTÍCULOs EL PACTO DE DIOS CON ABRAHAM, ISAAC Y JACOB, P. 44. [Gén 26:3-5], y EL PACTO DE DIOS CON LOS ISRAELITAS, P. 272. [Deu 29:1]).

(a) En este convenio de pacto con David, Dios hizo una promesa inmediata de que establecería el reino del hijo de David, Salomón, quien construiría una casa para el Señor, es decir, el templo (2Sa 7:11-12).

(b) No obstante, la promesa de Dios de que la casa o dinastía de David perduraría para siempre sobre los israelitas estaba condicionada a la fiel obediencia de David y sus descendientes. En otras palabras, este pacto era eterno sólo en el sentido de que Dios se proponía mantener siempre a un hijo de David en el trono de Jerusalén, con tal de que los gobernantes de Judá se mantuvieran fieles y obedientes a Él.

(3) Por los siguientes cuatro siglos, el linaje de David permaneció ininterrumpido en el trono de Judá. Pero cuando los reyes de Judá, particularmente Manasés y los que reinaron después del rey Josías, constantemente se rebelaron contra Dios al adorar ídolos y desobedecer su ley, finalmente Dios los destituyó del trono. Permitió que el rey Nabucodonosor de Babilonia invadiera la tierra de Judá, sitiara la ciudad de Jerusalén y finalmente destruyera la ciudad con su templo (véanse 2Re 25:1-30; 2Cr 36:1-23). El pueblo de Dios estaba ahora, por primera vez desde su estadía en Egipto, bajo el dominio de gobernantes extranjeros.

JESUCRISTO Y ESTE PACTO. Sin embargo, había un aspecto del pacto de Dios con David que era incondicional: que el reino de David sería finalmente establecido para siempre.

(1) El punto culminante de la promesa de Dios era que del linaje de la familia davídica saldría un descendiente que sería el Rey mesiánico y eterno. Este Rey sería soberano sobre los fieles de Israel y de todas las naciones (cf. Isa 9:6-7; Isa 11:1; Isa 11:10; Miq 5:2; Miq 5:4). Él saldría de la ciudad de Belén (Miq 5:2; Miq 5:4), y su gobierno se extendería hasta los fines de la tierra (Zac 6:12-13; Zac 9:10). Sería llamado «Jehová, justicia nuestra’ (Jer 23:5-6) y traería salvación del pecado (Zac 12:8; Zac 13:1). El cumplimiento de la promesa davídica comenzó con el nacimiento de Jesucristo que le fue anunciado por el ángel Gabriel a María, una hija devota de la familia de David (Luc 1:30-33; cf. Hch 2:29-35; Hch 13:2).

(2) Esa promesa fue una extensión del pacto dado en Gén 3:15 que predijo la derrota de Satanás por medio de un descendiente de Eva (véase Gén 3:15, nota); era una prolongación del pacto dado a Abraham y sus descendientes (véase el ARTÍCULO EL PACTO DE DIOS CON ABRAHAM, ISAAC Y JACOB, P. 44. [Gén 26:3-5]).

(3) El cumplimiento de esta promesa implicaba la resurrección de Cristo de entre los muertos y su exaltación a la diestra de Dios en el cielo (Hch 2:29-33), desde donde ahora gobierna como Rey de reyes y Señor de señores. La primera tarea de Cristo como Señor exaltado fue el derramamiento del Espíritu Santo sobre su pueblo (Hch 1:8; Hch 2:4; Hch 2:33).

(4) El regio gobierno de Cristo se caracteriza por un llamado a todos a apartarse del pecado y del perverso mundo, para que acepten a Cristo como Señor y Salvador y reciban el Espíritu Santo (Hch 2:32-40).

(5) El reino eterno de Cristo abarca

(a) su actual soberanía sobre el reino de Dios y su dirección sobre la iglesia,

(b) su futuro gobierno milenario sobre las naciones (Apo 2:26-27; Apo 20:4), y

(c) su reino eterno en el cielo nuevo y la tierra nueva (Apo 21:1-27 y Apo 22:1-21).

Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena

tu casa … tu reino … tu trono. Luc 1:32 b, Luc 1:33 indica que estos tres términos se cumplen en Jesús: » … y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». eternamente. Esta palabra, lit., «hasta el siglo», comunica la idea de 1) un tiempo indeterminadamente largo, o 2) la eternidad futura. No significa que no pueda haber interrupciones, sino más bien que el resultado está garantizado. El reinado davídico de Cristo llevará la historia humana a su conclusión.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

— consolidado para siempre: El cumplimiento de esta promesa hará que, tras el fracaso de la monarquía histórica, la promesa dinástica se convierta en promesa mesiánica.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

REFERENCIAS CRUZADAS

h 366 2Sa 7:12; 1Cr 17:14; Sal 45:6; Sal 89:36; Dan 2:44; Heb 1:8; Rev 11:15

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

casa…reino…trono…para siempre. En su pacto con David, Dios prometió: 1) una casa: una dinastía permanente de descendientes que tendrá su máxima realización en Jesucristo (Mt 1:1); 2) un reino: un reino físico, político (y espiritual) que culminará con el reinado del Mesías (Mt 25:31– 46; Ap 20:4– 6); 3) un trono: desde donde se ejercerá la autoridad y el poder del gobierno davídico; 4) el reino será para siempre: nunca le será quitado a un gobernante davídico o sustituido por ningún otro reino (Ap 20:4– 6).

Fuente: La Biblia de las Américas

Así en algunos mss. y versiones antiguas; en el T.M., ti

Fuente: La Biblia de las Américas

[=] *2Sam 23:5 *Lc 1:32

Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana