Comentario de Daniel 3:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de 60 codos y su anchura de 6 codos, y la levantó en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.
Año 580 a.C.
Hizo una estatua. Dan 2:31, Dan 2:32; Dan 5:23; Éxo 20:23; Éxo 32:2-4, Éxo 32:31; Deu 7:25; Jue 8:26, Jue 8:27; 1Re 12:28; 2Re 19:17, 2Re 19:18; Sal 115:4-8; Sal 135:15; Isa 2:20; Isa 30:22; Isa 40:19-31; Isa 46:6; Jer 10:9; Jer 16:20; Ose 8:4; Hab 2:19; Hch 17:29; Hch 19:26; Apo 9:20.
en la provincia de Babilonia. Dan 3:30; Dan 2:48; Est 1:1.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Nabucodonosor consagra una imagen de oro en Dura, Dan 3:1-7.
Sadrac, Mesac, and Abed-nego son acusados de no adorar a la imagen, Dan 3:8-12.
Ellos siendo amenazados, hacen una buena confesión, Dan 3:13-18.
A lo cual son echados al horno, Dan 3:19-23,
de donde Dios los libra, Dan 3:24-27.
Nabucodonosor viendo el milagro bendice a Dios, y los engrandece, Dan 3:28-30.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
sesenta codos … seis codos: Un codo en Israel eran aproximadamente 45 centímetros; en Babilonia eran cerca de 50 centímetros. Por lo tanto la imagen de Nabucodonosor tenía entre 27 y 30 metros de altura. La relación de 10:1 entre la altura y el ancho, sin embargo, sugiere que la imagen estaba parada en un alto pedestal de manera que las proporciones de la figura misma se acercaran a la proporción normal de 4:1. La imagen probablemente servía más como un símbolo de la cohesión y carácter monolítico de Babilonia bajo el gobierno de su glorioso rey Nabucodonosor. Dado que el estado y su rey no pueden ser separados de sus dioses, de cualquier modo, inclinarse ante la imagen era adorarla (vv. Dan 3:5, Dan 3:12, Dan 3:14, Dan 3:18, Dan 3:28). El campo de Dura estaba probablemente cerca de diez kilómetros al Sureste de Babilonia.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
EL REY NABUCODONOSOR HIZO UNA ESTATUA DE ORO. Nabucodonosor pudiera haber realizado ese acción altiva porque, como se había revelado por medio de Daniel (Dan 2:37-38), el era la cabeza de oro de la estatua que vio en su sueño. El imperio de Nabucodonosor acababa de alcanzar el poder, y el estaba sin duda tratando de usar la religión para consolidar las muchas provincias que había añadido a su imperio. El exigió la adoración de la imagen como un medio de estimular la lealtad a sí mismo. No fue el primer dirigente mundial, ni será el último, que trata de usar la religión con propósitos políticos o para su propia exaltación.
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
3. La Estatua de Nabucodonosor. Los tres jóvenes en el horno.
En el capítulo anterior ha quedado patente la sabiduría del Dios de los judíos sobre todos los dioses; ahora se va a mostrar su omnipotencia. El hagiógrafo quiere animar a sus contemporáneos a permanecer fieles a la ley de su Dios en las circunstancias más adversas, y para ello les presenta el ejemplo de los jóvenes de Babilonia.
La erección de la estatua de oro y orden de adorarla. (1-7)
1 Hizo el rey Nabucodonosor una estatua de oro, alta de sesenta codos y seis codos de ancha. Alzóla en el llano de Dura, de la provincia de Babilonia, 2 y mandó el rey reunir a todos los sátrapas, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y a todos los gobernadores de las provincias para que viniesen a la dedicación de la estatua que había alzado el rey Nabucodonosor. 3 Reuniéronse, pues, los jefes, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y todos los gobernadores de las provincias para la dedicación de la estatua alzada por el rey Nabucodonosor, y se pusieron ante la estatua que Nabucodonosor había alzado. 4 Un pregonero clamaba en voz alta: Ved lo que se os ordena, pueblos, naciones y hombres de toda lengua. 5 En cuanto oigáis el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos, adorad, postrados, la estatua de oro que ha alzado el rey Nabucodonosor. 6 Todo aquel que no adore, postrándose al instante, será echado en un horno encendido. 7 Por tanto, los pueblos todos, al oír el sonido de las trompetas, las arpas, los salterios, las gaitas e instrumentos músicos de toda suerte, todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua se prosternarán y adorarán la estatua de oro alzada por el rey Nabucodonosor.
El rey manda erigir en su honor una colosal estatua de 30 metros de alto y 3 de ancho. Para salvar la desproporción entre ambas medidas, se ha supuesto que la anchura pertenecía sólo a la estatua, mientras que la altura correspondería a la estatua y al pedestal. El lugar de su erección es Dura (v.1), que en babilonio significa “muro.” Junto a Babilonia hay ahora dos localidades con el nombre de Dura l. Con motivo de su inauguración hubo una concentración de todas las jerarquías del imperio en todas sus modalidades.
Es interesante la mención de los sátrapas, palabra persa que significa “protectores del reino.” La división del imperio persa en satrapías fue obra de Darío, sucesor de Cambises. Esta mención de la palabra persa indica que el redactor compone su obra después de la época persa. De Daniel no se dice nada, aunque en el capítulo anterior se había dicho que era “gobernador” de Babilonia. En la gran concentración no faltaban los numerosos representantes de las colonias extranjeras, tan numerosas en el emporio comercial de Babilonia. Esclavos y comerciantes de todas las naciones del Próximo Oriente estaban representados en Babilonia, y todos debían adorar la colosal estatua: hombres de toda lengua se prosternarán (v.7). La impostura de esta orden está dentro de la verosimilitud del despotismo de los reyes babilónicos, aunque no sabemos por las crónicas de la época que haya tenido lugar tal hecho.
Los tres jóvenes judíos se niegan a adorar la. estatua (8-18)
8 Con ocasión de esto vinieron algunos caldeos y denunciaron a los judíos. 9 Hablaron al rey Nabucodonosor, diciendo: Vivas para siempre, ¡oh rey! 10 Tú, ¡oh rey! has dado una ley por la cual todo hombre, al oír el son de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, ha de adorar postrado la estatua de oro, 11 y que quien no se postre y adore, será arrojado a un horno encendido. 12 Pues hay unos hombres, judíos, a quienes has encomendado tú la dirección de los negocios de la provincia de Babilonia, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que, sin tenerte en cuenta para nada, ¡oh rey! no sirven a tus dioses y no adoran la estatua que has alzado. 13 Irritado y furioso entonces Nabucodonosor, dio orden de que trajeran a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Traídos éstos a la presencia del rey, 14 Nabucodonosor les habló diciendo: ¿De verdad, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, no servís a mis dioses y no adoráis la estatua de oro que yo he alzado? 15 Ahora, pues, aprestaos, y, en oyendo el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, postraos y adorad la estatua que yo he hecho, y si no la adoráis, al instante seréis arrojados a un horno encendido. ¿Y quién será el Dios que os libre de mis manos? 16 Sidraj, Misaj y Abed-Nego respondieron al rey diciendo: Nabucodo-nosor, no tienes por qué esperar más nuestra respuesta en esto, 17 pues nuestro Dios, al que servimos, puede librarnos del horno encendido y nos librará de tu mano. 18 Y si no quisiere, sabe, ¡oh rey! que no adoraremos a tus dioses ni nos postraremos ante la estatua que has alzado.
Los babilonios notaron la abstención de los judíos en el acto de adoración de la estatua, aceptado por todos los pueblos. Fueron al punto denunciados 2 ante el rey, sin duda porque sentían envidia de sus puestos de intendentes de la provincia. Nabucodonosor les invita, cuando fueron llevados a su presencia, a que acaten la orden, e insolentemente les dice que de otro modo no podrán librarse de su castigo, pues ¿quién sera el Dios que los libre de sus manos? (v.15). La frase suena en los oídos de los fieles judíos a blasfemia, y con toda entereza proclaman que tienen fe en su Dios, que los podrá librar del horno encendido. Debemos notar en esta narración que Nabucodonosor aquí no reconoce la superioridad del Dios de los judíos, como lo había hecho ante Daniel con ocasión de la revelación del sueño. Estas inconsecuencias son bastante corrientes en estas narraciones del libro de Daniel, que tiene el aire de un mosaico de relatos muy artificialmente unidos.
Los tres mancebos en el horno ardiendo (19-23).
19 Lleno entonces de ira Nabucodonosor, demudado el rostro contra Sidraj, Misaj y Abed-Nego, habló, mandando que se encendiese el horno siete veces otro tanto de lo que encenderse solía, 20 y mandó a hombres muy robustos de su ejército que atasen a Sidraj, Misac y Abed-Nego y los echasen al horno de fuego ardiente. 21 Entonces estos varones, atados con sus mantos, sus túnicas, sus turbantes y sus vestiduras, fueron arrojados en medio del horno ardiente. 22 Y como la orden del rey era apremiante y había mandado encender el horno tanto, las llamas abrasaron a los que habían echado en él a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. 23 Y los tres varones cayeron atados en medio del horno encendido.
La narración es en extremo pintoresca y de estilo midrasico; en los detalles se procura resaltar lo milagrero y colorista en función de ideas teológicas que aquí son la providencia y justicia divina. El horno fue encendido de un modo excepcional, y las llamas abrasaron a los que echaron a los santos mancebos en su interior. Con ello resalta la especial protección del Dios de los judíos.
Oración de Azarías (24-45).
24 Se paseaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor. 25 Azarías, puesto en pie, abriendo sus labios en medio del fuego, oró de esta manera y dijo: 26 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Digno de alabanza y glorioso es tu nombre, 27 porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios. 28 Y has juzgado con justicia en todos tus juicios,en todo lo que has traído sobre nosotros y sobre la ciudad santa, la de nuestros padres, Jerusalén, pues con juicio justo has traído todos estos males a causa de nuestros pecados. 29 Porque hemos pecado y cometido iniquidad, apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido, 30 y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, 31 y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. 32 Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, 33 y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. 34 Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, 35 no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, 36 a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. 37 Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. 38 Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, 39 ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. 40 Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. 41 Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. 42 No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. 43 Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre; 44 queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. 45 Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra.
Este fragmento, y el que sigue (46-51), es decir, el cántico de Azarías y el himno de alabanza de los tres jóvenes en el horno no están en el texto hebreo, sino que forman parte de las secciones griegas llamadas deuterocanónicas. Parece una interpolación insertada por el último redactor a la parte hebrea y aramea. La oración de Azarías gira en torno a la tragedia del pueblo israelita, castigado por Dios con el exilio; es una confesión del pueblo por sus pecados, puesta en labios de Azarías por el compilador de esta antología fragmentaria que es el libro de Daniel.
Por el estilo se ve que el griego está calcado en un original semítico. Las fórmulas de confesión de los pecados son estereotipadas y corrientes en la literatura de los Salmos: Israel ha sido castigado por sus pecados justamente, y parece como si Dios hubiera retiíado las promesas de su alianza. Israel se halla como una grey dispersa, sin jefe ni caudillo, sin profeta que les comunique las revelaciones de su Dios. En sustitución de los sacrificios, que no se pueden ofrecer porque no tienen templo, el protagonista se ofrece humildemente a Dios. Sólo Dios, por su misericordia, puede salvar a su pueblo; su ofrenda es un corazón contrito y humilde. El arrepentimiento es seguido de sinceros propósitos de una vida nueva. La oración, pues, es bellísima, pero sin originalidad.
La generalidad de los autores de nota creen que esta composición es del tiempo en que la vida de los repatriados de Palestina se desenvolvía en medio de las mayores dificultades de todo género. La afirmación de que no hay profeta hace claramente pensar que han pasado los tiempos en que las figuras de Jeremías y Ezequiel dominaban el horizonte del exilio israelita. El compilador ha querido ponerla en boca del joven Azarías con el fin de hacer resaltar más su heroica conducta en la hora de mayor sufrimiento, como estímulo para los que sufrían persecuciones en la época macabea.
El ángel del Señor en el horno (46-50).
46 Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, 47 hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, 48 y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno; 49 pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, 50 y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia.
Este relato es continuación del v.22 3. La providencia del Dios de los judíos protege de un modo especialísimo a los tres valerosos jóvenes. El hagiógrafo se complace en los detalles pintorescos para hacer resaltar más su idea: de un lado, los ministros del rey encienden animosamente el horno hasta hacer subir sus llamas a unos 25 metros de altura, siendo abrasados por éstas, que se extienden más de lo esperado, y de otro, los jóvenes en el horno se sentían libres del calor, como si el horno estuviera refrigerado por un viento fresco que soplara en su interior. De nuevo tenemos que resaltar el carácter artificial del relato, en el que lo portentoso ocupa el primer lugar, como en el libro de Joñas. En todos estos detalles el hagiógrafo quiere destacar la providencia que Dios tiene sobre los que le son fieles en las contradicciones y peligros de la vida.
Cántico de los tres jóvenes en el horno (51-90).
51 Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: 52 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. 53 Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i 54 Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. 55 Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. 56 Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. 57 Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 58 Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 59 Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 60 Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos. 61 Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 62 Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 63 Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 64 Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 65 Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 66 Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 67 Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. 68 Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 69 Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 70 Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 71 Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 72 Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 73 Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 74 Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. 75 Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos; 76 Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. 77 Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 78 Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 79 Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. 80 Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 81 Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 82 Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 83 Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. 84 Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. 85 Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 86 Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 87 Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 88 Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. 89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. 90 Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia.
Este cántico, atribuido a los tres jóvenes en el horno ardiendo, es un salmo en forma de letanía, como el salmo 135, que debía recitarse en el templo, y que el autor sagrado ha querido poner en boca de los tres héroes para expresar sus sentimientos de gratitud a Dios por haberlos liberado de las llamas. La composición salmódica tiene dos partes: a) oración a Dios, que se ha manifestado a Israel, en su alianza y en su templo de Jerusalén, como Dios glorioso que habita sobre los querubines (51-56); b) invitación a todas las criaturas a que alaben a Dios (57-90). La enumeración es muy prolija, pues todas las obras de la creación, en sus diversas manifestaciones, son invitadas a alabar al Creador, desde los ángeles hasta las bestias de la tierra y los mismos seres inanimados, como el fuego, la escarcha, los ríos, los vientos, las fuentes. Toda la naturaleza debe ser un canto al Dios providente y eterno. Y, sobre todo, el hombre en su múltiple manifestación de la vida debe alabar al Dios providente y eterno, y particularmente los sacerdotes, levitas y santos del Señor, como porción elegida, deben una particular alabanza al Señor.
La composición es bellísima y similar a otras composiciones salmódicas que conocemos de la Biblia4. Empieza por alabar al Dios de los padres, que con ellos ha hecho alianza y que se ha manifestado glorioso en su nombre en la historia prodigiosa de Israel (v.51). A pesar de haberse manifestado a los antepasados de Israel, sin embargo, sigue altísimo y trascendente, sentado sobre los querubines y penetrando con su mirada lo más profundo de los abismos5. Su trono real es el firmamento de los cielos (v.55). Desde allí asiste majestuoso, desplegando su providencia sobre su pueblo y sobre los justos. Por eso, toda la naturaleza, desde los ángeles hasta las bestias, debe alabarle sin fin, y a esta alabanza son asociados los tres héroes del horno de Babilonia, porque los ha sacado del infierno (v.88), es decir, del peligro de muerte, por la que irían destinados al seol o región de los muertos, que los LXX traducen por hades, y la Vg por infernus.
Nabucodonosor glorifica al Dios de los judíos (91.-100)
91 (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! 92(25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. 93(26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, 94(27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. 95(28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. 96(29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. 97(30) Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. 98(31) Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan en toda la tierra: Paz abundante. 99(32) Me ha parecido bien daros a conocer las señales y prodigios que el Dios supremo ha hecho conmigo. 100(33) ¡Cuan grandes han sido sus señales 1 Cuán potentes sus prodigios! Su reino es reino eterno, y su dominación perdurará de generación en generación.
Esta perícopa enlaza en el texto arameo con el v.23; por eso hemos puesto las dos numeraciones, la del TM y la griega, con la adición deuterocanónica que hemos comentado. De nuevo tenemos que llamar la atención por el carácter convencional de la narración. No es muy verosímil esta conversión del rey Nabucodonosor, pero el hagiógrafo quiere destacar el triunfo total del Dios de los judíos sobre las imposiciones tiránicas del rey de Babilonia. Ante todo, su providencia está sobre los reyes más poderosos, y nunca deja abandonados a sus siervos.
Como-en el relato sobre el sueño de Nabucodonosor del c.2, también aquí el rey hace públicamente confesión de la grandeza del Dios de los judíos, y, con la anuencia de sus consejeros, da un edicto de reconocimiento para todo el imperio. En el libro de Jonas encontramos un edicto semejante, al mandar el rey de Nínive que hagan penitencia según la predicación de Jonas, y en el libro de Ester, también el soberano persa reconoce la grandeza y superioridad del Dios de los judíos. Nos encontramos, pues, ante escritos de género literario muy similar, que pudieran caracterizarse como composiciones didácticas, en las que la ficción está al servicio de ideas teológicas.
El hagiógrafo bien pudo escoger este género de escribir en orden a la edificación de los fieles bajo la inspiración del Espíritu Santo. El compilador del libro de Daniel ha creído apropiado a su fin, de animar a sus compatriotas en la lucha contra las imposiciones de Antíoco IV Epifanes, reunir ciertos relatos prodigiosos recibidos de la tradición popular en torno al gran personaje Daniel, que aparece en el libro de Ezequiel juntamente con Job y Noé como modelos de virtud y de justicia.
1 A ocho kilómetros al sudeste de Babilonia hay una localidad llamada Tolul Dura, y al sur, a unos diez kilómetros, la colina de Dura, junto al río del mismo nombre. – 2 En el arameo original, en que está escrito el fragmento, se dice literalmente “comieron sus porciones” (o carnes de los judíos), frase equivalente a nuestro calumniar. – 3 Este fragmento (v.46-5o) está sólo en el texto griego. – 4 Cf. Sal 103.145.148; Isa 44:23; Isa 49:13; Isa 55:12. – 5 Cf. Job 28:14; Job 38:16; Eco 1:2.
Fuente: Biblia Comentada
estatua de oro. La estatua que el rey hizo en su arrogancia, era una representación de él mismo como una expresión de su grandeza y gloria, y con ella quiso reflejar el sueño en el que él era la cabeza de oro (Dan 2:38). No tenía que ser de oro sólido, sino más bien enchapada en oro, como muchos objetos hallados en las ruinas de Babilonia. La palabra que se traduce «estatua» casi siempre se refiere a una forma humana. La figura tenía una altura de unos 28 m y tenía casi 3 m de ancho. Podría compararse con las palmeras de dátiles que se encuentran en el área. Esta estatua que el rey hizo para deificarse a sí mismo no habría tenido un aspecto grotesco de delgadez en proporción a la altura, ya que habría sido colocada sobre una base inmensa que tal vez fue incluida en los cálculos de la altura. Esto estableció el culto de Nabucodonosor y la nación bajo su poder, además de los otros dioses.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Apo 13:14-15.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
— treinta metros: Lit. sesenta codos. Ver TABLA DE PESAS, MEDIDAS Y MONEDAS. Las dimensiones de la estatua son colosales y desproporcionadas (diez veces más alta que ancha). Podría pensarse en una especie de obelisco rematado en figura humana.
— Dura: Difícil precisar su ubicación. Tal vez Dura Europos que fue una ciudad floreciente en el período seléucida.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
ía o muerte
El autor de Daniel claramente intenta que veamos una íntima conexión entre el sueño de Nabucodonosor y la estatua que él levantó en la llanura de Dura (1). Puede haber sido una representación del rey mismo (cf. 2:38: “Tú eres aquella cabeza de oro”). En este caso, el hecho de que por contraste con la estatua del sueño (2:31-33) estuviera hecha enteramente de oro (es decir, probablemente enchapa de oro) sugiere una reacción egocéntrica en fermiza de Nabucodonosor a la interpretación de Daniel (2:44, 45). Nótese que siete veces se hace hincapié en que “Nabucodonosor … levantó” la es tatua (1, 2, 3, 5, 7, 12, 14). Habiendo recibido de Dios “la realeza, el poder, la fuerza y la majestad” (2:37) él la mal usó en sí mismo. La clave para interpretar la superficialidad de su confesión en 2:47 está clara ahora.
Las inusitadas proporciones de la estatua (altura.. de 60 codos y … anchura de 6 codos) sugieren que la altura incluía una base substancial.
Dos rasgos en la narración aumentan la tensión que rodea el mensaje. Primero, la repetición de listas de vistas y sonidos (vv. 2, 3 para vistas; vv. 5, 7, 10 para sonidos. Liras, arpas y flautas parecen ser de origen griego, y pueden indicar el carácter extenso de la cultura griega.) El lector está “allí”. Nótese que el evento estaba rodeado de un aura re ligiosa e indudablemente causaba un impacto estético magnífico. En contraste, los tres hebreos reconocieron que la adoración bíblica aceptable incluye la sumisión de la voluntad a la verdad (cf. Juan 4:24; Rom. 12:1, 2). Segundo, la ruidosa naturaleza del conflicto entre la ciudad de este mundo y la ciudad de Dios. La opción era idolatría o muerte (4-6). Estaba en peligro no solamente la obedien cia a Exo. 20:4-6, sino también si los creados a la imagen de Dios, y recreados a esa imagen (Gén. 1:26, 27; Ef. 4:24; Col. 3:10; cf. Mat. 22:20, 21) debían inclinarse ante una imagen de hombre. En esas circunstancias, la fe de Sadrac, Mesac y Abed-nego brilla más que las llamas del horno (Heb. 11:34) cuando ellos poderosamente ilustran la fidelidad a la palabra de Dios (2 Cor. 4:11, 13b, 18).
Nabucodonosor evidentemente creía que toda persona tenía o tiene su precio; ninguno desafiaría su mandato. Ciertamente esta era una prueba aun más severa para los hebreos que las que ya habían experimentado en los caps. 1 y 2 (que ahora pueden ser vistas como preparatorias para esta). Su fidelidad y valor recibieron un testimonio verdadero, aunque maliciosamente exagerado (estos hombres … no te han hecho caso) e intencionado de los astrólogos. Ellos, sin embargo, sí comprendieron el asunto en cuestión: Ellos no rinden culto a tus dioses ni dan homenaje a la estatua de oro … (12; cf. Exo. 20:3, 4, 23).
El rey, que previamente había tenido contacto con los tres hebreos (1:18-20; 2:49), ya conocía la respuesta a su pregunta (14) y ahora desafió a su Dios así como también su valor (15). El no contaba con sus dos principales características: su conocimiento del poder de Dios (17) y su sumisión a la palabra revelada (18). Su fe estaba revestida de expectación (17; cf. 1:12, 13; 2:16), pero no mostraba presunción (18) y hacía eco del ejemplo de Abraham (cf. Rom. 4:20) y del testimonio de Job (Job 13:15a).
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
3.1 En la cultura religiosa de Babilonia se adoraban estatuas. Nabucodonosor esperaba que la adoración de esta estatua gigantesca (treinta metros de alto y tres de ancho) uniera a la nación y solidificara su poder. Esta estatua de oro pudo haber estado inspirada por su sueño. Sin embargo, en vez de tener sólo la cabeza de oro, era de oro desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Nabucodonosor quería que su reino durara para siempre. Al hacer la estatua, demostró que su devoción por el Dios de Daniel no le había durado mucho. Ni temía ni obedecía al Dios que le había enviado el sueño.3.6 El horno en cuestión no era un horno pequeño de los que se usan para cocinar o para calentar una casa. Era un enorme horno industrial que quizás se utilizaba para hornear ladrillos o fundir metales. La temperatura era tan alta que nadie podía sobrevivir a su calor. Sus devoradoras llamas se desbordaron por las aberturas y mataron a los soldados que se acercaron horno (3.22).3.12 No sabemos si otros judíos tampoco adoraron la estatua, pero con estos tres quisieron hacer un escarmiento. ¿Por qué no se inclinaron ante la estatua y le dijeron a Dios que lo hacían obligados? Estaban determinados a nunca adorar a otro dios y valientemente se mantuvieron firmes. Por eso los condenaron a muerte. No sabían que serían librados del fuego; lo único que sabían era que no iban a inclinarse ante ningún ídolo. ¿Se mantendría usted firme por Dios cueste lo que le cueste? Cuando uno está firme por Dios, se nota. Puede ser doloroso y no siempre tendrá un final feliz. Esté preparado para decir: «Líbreme o no, sólo a mi Señor serviré».3.15 Los tres hombres tuvieron una oportunidad más. He aquí ocho excusas que pudieron haber tenido para inclinarse ante la estatua y que no los mataran. (1) Nos inclinamos, pero no estábamos adorándolo de corazón. (2) No nos volveremos idólatras; lo hicimos una sola vez y le pedimos perdón a Dios. (3) El rey tiene poder absoluto y había que obedecerlo. Dios entiende. (4) El rey nos dio el puesto que tenemos; hay que ser agradecidos, ¿no? (5) No estamos en nuestro país, y por lo tanto Dios nos perdonará por seguir las costumbres de este país. (6) Nuestros antepasados colocaron ídolos en el templo. ¡Eso es mucho peor! (7) No estamos haciéndole daño a nadie. (8) Si nos matan y unos paganos ocupan nuestro puesto, ¿quién va a ayudar a nuestra gente en el destierro?Si bien todas estas excusas hubieran parecido lógicas, no hubieran sido más que una racionalización peligrosa. El inclinarse ante una estatua violaba el mandamiento de Dios de Exo 20:3 : «No tendrás dioses ajenos delante de mí». Además hubiera manchado su testimonio para siempre. Nunca más hubieran podido hablar del poder de su Dios que sobrepasa el de otros dioses. ¿Qué excusas utiliza usted para no pronunciarse por El?3.16-18 Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron presionados para negar a Dios, pero decidieron ser fieles ¡a cualquier precio! Confiaron en que Dios los libraría, pero estaban determinados a ser fieles a pesar de las consecuencias. Si Dios siempre rescatara a los que le son fieles, los cristianos no necesitarían fe. Su religión sería una gran póliza de seguro y habría filas de gente egoísta listas para adquirirla. Debemos ser fieles a Dios ya sea que intervenga o no en nuestro favor. Nuestra recompensa eterna vale cualquier sufrimiento que tengamos que resistir.3.25 Era obvio que esta cuarta persona no era humana. No podemos estar seguros de quién era ese cuarto hombre. Pudo haber sido un ángel o una aparición de Cristo. En cualquier caso, Dios envió a un visitante celestial para que acompañara a estos hombres fieles durante su momento de gran prueba.3.27 Ni el fuego ni el calor los tocó. No se encontró ninguna quemadura en ellos, ¡y ni siquiera olían a humo! Sólo la soga que los ataba se había quemado. Ningún humano puede atarnos si Dios quiere librarnos. El poder que tenemos a nuestro alcance es el mismo que liberó a Sadrac, Mesac y Abed-nego y que levantó a Cristo de los muertos (Eph 1:18, Eph 1:20). Confíe en Dios en medio de cada prueba. Las pruebas temporales llegan por motivos eternos; podemos agradecer que nuestro destino esté en manos de Dios, no en las del hombre.3.28, 29 Nabucodonosor no estaba comprometiéndose aquí a servir únicamente al Dios de Daniel. En vez de eso reconoció que Dios es poderoso y ordenó a su pueblo que no hablara contra El. No les dijo que debían deshacerse de los demás dioses, sino que debían añadir éste a la lista.3.30 ¿Dónde estaba Daniel en esta historia? La Biblia no lo dice, pero existen varias posibilidades. (1) Pudo haber estado en un asunto oficial en otra parte del reino. (2) Pudo haber estado presente, pero como era un gobernante, los funcionarios no lo acusaron de no haberse inclinado ante la estatua. (3) Pudo haber estado en la capital ocupándose de los asuntos del rey mientras este estaba fuera. (4) Pudo haber sido considerado exento de inclinarse ante el ídolo por su reputación de interpretar los sueños por medio de su Dios. Ya sea que Daniel estuviera allí o no, podemos estar seguros de que no se habría inclinado ante el ídolo.REYES A QUIENES DANIEL SIRVIONabucodonosor de Babilonia – capítulos 1-4Sadrac, Mesac y Abed-nego echados a un horno de fuego ardiendo; Nabucodonosor se vuelve loco durante 7 añosBelsasar de Babilonia capítulos 5, 7, 8Daniel leyó lo que estaba escrito en la pared que señalaba el fin del Imperio BabilónicoDarío de Medo Persia capítulos 6, 9Daniel es arrojado a un foso de leonesCiro de Medo Persia capítulos 10-12Los desterrados regresan a su patria y a su capital, Jerusalén
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
REFERENCIAS CRUZADAS
a 127 Isa 40:19; Hch 17:29; 1Co 8:4
b 128 Est 1:1; Dan 2:48
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
una estatua de oro. El texto no dice si era una estatua de Nabucodonosor. Aunque era costumbre entre los asirios que el rey se erigiera una estatua, también es posible que la imagen representara al dios de Nabucodonosor. En todo caso, la imagen simbolizaba el uso arrogante de la religión para exaltar el poder humano.
sesenta codos…seis codos. Las dimensiones de esta estatua (aprox. 28 metros de alto y 3 de ancho) indican que su altura era similar a la de los obeliscos antiguos que aún pueden verse en algunas partes del Cercano Oriente.
Fuente: La Biblia de las Américas
una estatua de oro. Probablemente una imagen con forma humana (si bien no necesariamente una imagen de Nabucodonosor) enchapada con oro, en vez de oro macizo (Isa 40:19). Era de 27 m. por 2,70 m., incluyendo probablemente el pedestal.
Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie
O, imagen, y así en el resto del cap.
Un codo equivale aprox. a 45 cm.
Fuente: La Biblia de las Américas
[1] Se cree que esta estatua era la imagen de Nabucodonosor o de su dios protector.[24] San Jerónimo tomó de la versión griega, de Teodoción y de los Setenta desde este verso hasta el 91.[60] Sal 148, 4.[92] Losángeles se llaman hijos de Dios. Job 38, 7; Sal 29 (28), 1; 89 (88), 7.[94] Luc 12, 7; 21, 18.[96] El rey promulga una ley reconociendo la legalidad de la religión judía en su territorio.[98] En este verso comienza el capítulo 4, en el texto hebreo y en varias versiones antiguas.