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Comentario de Daniel 9:4 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Daniel 9:4 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Oré a Jehovah mi Dios e hice confesión diciendo: “¡Oh Señor, Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos:

e hice confesión. Dan 9:5-12; Lev 26:40-42; 1Re 8:47-49; 2Cr 7:14; Neh 9:2, Neh 9:3; Sal 32:5; Jer 3:13; 1Jn 1:8-10.

Dios grande. Éxo 20:6; Éxo 34:6, Éxo 34:7; Núm 14:18, Núm 14:19; Deu 5:10; Deu 7:9; 1Re 8:23; Neh 1:5; Neh 9:32; Jer 32:17-19; Miq 7:18-20; Nah 1:2-7; Luc 1:72; Rom 8:28; Stg 1:12; Stg 2:5; 1Jn 5:2, 1Jn 5:3.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Esta es una oración de arrepentimiento por el pasado pecaminoso de Israel, pero también es una oración de fe, porque Dios estaba por derrotar a los babilonios y permitir a los judíos retornar a su patria y reconstruirla. Los setenta años de cautividad estaban casi cumplidos y cosas gloriosas estaban por ocurrir. Daniel confesó que Israel se había desviado de la Palabra de Dios, había menospreciado a los profetas de Dios y había despreciado al Señor mismo.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

oré. Varios aspectos del pasaje ofrecen enseñanzas valiosas sobre la oración. La oración verdadera es: en respuesta a la Palabra de Dios (v. Dan 9:2), se caracteriza por el fervor piadoso y la abnegación (v. Dan 9:3), se identifica sin egoísmo con el pueblo de Dios (v. Dan 9:5), es fortalecida y respaldada por la confesión (vv. Dan 5:15), depende por completo del carácter de Dios (vv. Dan 9:4; Dan 9:7; Dan 9:9; Dan 9:15) y tiene como meta última la gloria de Dios (vv. Dan 9:16-19).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

— la siguiente confesión: Se trata de una oración penitencial (ver Esd 9:6-15; Neh 9:6-37; Bar 1:15-21; Bar 2:1-35; Bar 3:1-8) que tiene toda la apariencia de ser una pieza litúrgica ya compuesta, de la que ha hecho uso el autor.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Neh 1:5-11; Neh 9:5-37; Bar 1:15-21; Bar 2:1-35; Bar 3:1-8.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

La oración: un convenio de trabajo

La oración de Daniel estaba dominada por un sentido del carácter de Dios, especialmente como es revelado en su justicia. La justicia de Dios es su absoluta integridad, su conformidad a su propia gloria perfecta. En sus relaciones con su pueblo ésta toma la forma de su fidelidad a sus pactos con ellos. En esa relación de pacto él ha prometido ser su Dios y tomarlos como su pueblo; él ha prometido que disfrutarán bendiciones mientras siempre y cuando respondan con fidelidad a su pacto de amor, pero habrá juicio si le responden en incredulidad, ingratitud y desobediencia (cf. Deut. 27:28).

Estos principios subyacen en todos los tratos de Dios con su pueblo en el AT y salen a la superficie en la oración de Daniel. En su paciencia con su pueblo desobediente Dios había enviado profetas a llamarlos a volver a la fidelidad al pacto (5, 6). Su exilio era el resultado de su indiferencia a su advertencia y un cumplimiento de la maldición del pacto (7; cf. Deut. 28:58, 63, 64; Jer. 18:15-17). En un ver dadero espíritu de arrepentimiento, Daniel, el más fiel del pueblo de Dios, se echó sobre sí mismo la culpa como si fuera propia (hemos se repite 9 veces en los versículo 5-10). En este respecto, su corazón refleja el corazón de Dios (cf. Isa. 63:8a, 9a); ellos son su pueblo (cf. v. 20). La solución definitiva vendría cuando el Hijo de Dios llevara la culpa de su pueblo como si fuera suya (cf. Isa. 53:4-6, 10-12; 2 Cor. 5:21). Sin em bargo, la esperanza de perdón no disminuye la seriedad de su condición. Verdaderamente Daniel escudriñó el vocabulario del AT al describir y confesar el fracaso de Judá (pecado, iniquidad, impiedad, rebeldía, trasgresión, desobediencia; 5-11) y sus consecuencias (vergüenza y dispersión; v. 7). Tal juicio es la expresión de la justicia del pacto de Dios en respuesta al pecado de su pueblo. El ha guardado su promesa (7, 11-14).

Al orar por el conflicto de su pueblo, Daniel no pidió a Dios que abandonara su justicia. Paradójicamente, es la única esperanza del pueblo. Como en el primer éxodo, por su propia gloria Dios reveló la justicia de su pacto en misericordia al oprimido y también como juicio sobre el malvado (cf. Exo. 3:7-10, 20; 6:6). Alentado por las promesas divinas a través de Jeremías, Daniel apeló a Dios para defender su glorioso nombre que había ligado al pueblo y a la ciudad de Jerusalén (16). La meta de su intercesión es la gloria del nombre de Dios; su fundamento es la palabra de promesa del pacto de Dios respecto a la restauración; su motivación es el conocimiento de la misericordia justa revelada en los hechos salvadores de Dios en el pasado (15-19).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

NOTAS

(1) Véase Dan 9:3, n: “Jehová”.

(2) “El Dios [verdadero].” Heb.: ha·’Él; gr.: ho The·ós; lat.: Dé·us. Véase Ap. 1G.

(3) O: “y el amor leal”. Heb.: weha·jé·sedh.

REFERENCIAS CRUZADAS

j 530 1Re 8:47

k 531 Neh 1:5

l 532 Deu 7:9

m 533 Éxo 34:6; Sal 40:11

n 534 Deu 5:10

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

La oración de Daniel expresa confesión (vers. 4– 15) y petición (vers. 16– 19), y está basada en el pacto de Israel de amar a Dios y guardar sus mandamientos (vers. 4). Percibiendo que el cumplimiento de la profecía de Jeremías estaba ya cerca, Daniel pide a Dios que termine las desolaciones de Jerusalén (cp. Esd 9:5– 15).

Fuente: La Biblia de las Américas

Elohey… → §001; Ha-Gadol… → §005.

Fuente: Biblia Textual IV Edición