Biblia

Comentario de Deuteronomio 11:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Deuteronomio 11:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

“Amarás, pues, a Jehovah tu Dios y guardarás su ordenanza, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días.

Amarás pues. Deu 6:5; Deu 10:12; Deu 30:16-20; Sal 116:1.

y guardarás su ordenanza. Lev 8:35; Zac 3:7.

y sus estatutos. Deu 4:1, Deu 4:5, Deu 4:40; Deu 6:1; Sal 105:45; Luc 1:74, Luc 1:75.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Una exhortación a la obediencia, Deu 11:1;

por su propia experiencia con Dios, Deu 11:2-7.

por la promesa de Dios, Deu 11:8-15.

y por sus amenazas, Deu 11:16-17.

Dios demanda un estudio cuidadoso de sus mandamientos, Deu 11:18-25.

La bendición y la maldición son puestas delante de ellos, Deu 11:26-32.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Moisés detalla los poderosos actos de Dios para instar a sus oyentes a corresponder a la revelación de Dios. Los actos y las palabras se dan juntos, como la obediencia y el amor.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

11. Amonestaciones.

La Bendición Divina, Condicionada a la Fidelidad a sus Mandatos (1-21).
1“Ama, pues, a tu Dios y cumple lo que de ti demanda: sus leyes y sus preceptos, sus mandamientos. 2Reconoced hoy, pues no hablo ahora a vuestros hijos, que no saben y no vieron la enseñanza de Yahvé, vuestro Dios; su grandeza, su mano fuerte y su brazo tendido; 3los prodigios y portentos que en medio de Egipto obró contra el faraón, rey de Egipto, y contra toda su tierra; 4lo que hizo con el ejército egipcio, con sus caballos y sus carros, arrojando sobre ellos las aguas del mar Rojo cuando os perseguían y destruyéndolos hasta hoy; 5lo que por vosotros ha hecho en el desierto hasta que habéis llegado a este lugar; 6lo que hizo con Datan y Abirón, hijos de Eliab, hijo de Rubén, cuando, abriendo la tierra su boca, se los tragó con sus casas, sus tiendas y todos sus secuaces en medio de todo Israel. 7Porque con vuestros ojos habéis visto todos los grandes prodigios que ha hecho Yahvé. 8Guardad, pues, todos sus mandamientos que hoy os prescribo yo, para que seáis fuertes y entréis y os adueñéis de la tierra a que vais a pasar para tomar posesión de ella 9y para que se dilaten vuestros días sobre la tierra que Yahvé juró dar a vuestros padres, a ellos y a su descendencia; la tierra que mana leche y miel. 10Porque la tierra en que vais a entrar para poseerla no es como la de Egipto, de donde habéis salido, donde echabas tu simiente y la regabas con tu pie como se riega una huerta. 11La tierra en que vais a entrar para poseerla es una tierra de montes y valles que riega la lluvia del cielo; 12es una tierra de que cuida Yahvé, tu Dios, y sobre la cual tiene siempre puestos sus ojos desde el comienzo del año hasta el fin. 13Si vosotros obedecéis los mandatos que os prescribo, amando a Yahvé, vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, 14 yo daré a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, la temprana y la tardía; y tú cosecharás tu trigo, tu mosto y tu aceite. 15Yo daré también hierba en tus campos para tus ganados, y de ellos comerás y te saciarás. 16Pero cuidad mucho de que no se deje seducir vuestro corazón y, desviándoos, sirváis a otros dioses y os prosternéis ante ellos; 17porque la cólera de Yahvé se encendería contra vosotros y cerraría el cielo, y no habría más lluvia, y la tierra no daría más su frutos, y desaparecerías presto de la buena tierra que Dios os da. 18Poned, pues, en vuestro corazón y en vuestra alma las palabras que yo os digo; atadlas por recuerdo a vuestras manos y ponedlas como frontal entre vuestros ojos. 19Enseñádselas a vuestros hijos, habladles de ellas, ya cuando estés en tu casa, ya cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. 20Escríbelas en los postes de tu casa y en tus puertas, 21para que vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la tierra que a vuestros padres Yahvé juró darles sean tan numerosos como los días de los cielos sobre la tierra.”

Una vez más, el profeta inculca a Israel el amor de Dios y el cumplimiento de sus mandamientos; una vez más, recuerda los prodigios de Egipto, el juicio punitivo sobre Datan y Abirón1, sin mencionar a Coré; una vez más, se pondera la tierra de Canaán, que Dios le dará, sobre la que tiene puestos los ojos para enviar la lluvia oportuna. La fertilidad de esa tierra no es como la de Egipto, que depende del regadío hecho por mano humana2, sino que depende de la lluvia temprana de otoño y la tardía de primavera para asegurar la granazón. Lo que quiere decir que depende de la abundancia de aguas que Dios envíe, lo que supone una amenaza para los israelitas que no sean fieles a Yahvé y una bendición, ya que no tendrá que emplear trabajo en regar el país como en Egipto. Los profetas amenazan constantemente a Israel con la sequía – el gran flagelo de las tierras calcinadas palestinenses – si no se convierten de sus pecados3. Aquí se promete trigo, mosto y aceite-los tres productos característicos de Palestina-a los israelitas fieles a los mandatos divinos (v.14). También abundancia de pastos para los ganados. Pero todo esto implica el peligro de que Israel, al verse en la abundancia, se olvide de su Dios y atribuya estos bienes a los dioses cana-neos. Por eso el profeta vuelve a insistir en el peligro de los cultos idolátricos. Si prevarican, Yahvé negará la lluvia al país, y al punto vendrá la ruina para todos. Y el profeta invita a que tengan siempre presentes los mandatos divinos y los enseñen a sus hijos (v.19).

Sanciones de la Ley (22-32).
22“Porque, si cuidadosamente guardáis estos mandamientos que yo os prescribo, amando a vuestro Dios, marchando siempre por sus sendas y apegándoos a El, 23 Yahvé arrojará de ante vosotros a todos los pueblos más numerosos y más poderosos que vosotros; 24cuanto pise la planta de vuestros pies, vuestro será, y vuestras fronteras se extenderán desde el desierto al Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental; todo será dominio vuestro. 25Nadie podrá resistir ante vosotros; Yahvé, vuestro Dios, esparcirá ante vosotros, como os lo ha dicho, el miedo y el terror sobre toda tierra donde pongáis vuestro pie. 26Ved, yo os pongo hoy delante bendición y maldición; 27la bendición, si cumplís los mandamientos de Yahvé, vuestro Dios, que yo os prescribo hoy; 28la maldición, si no cumplís los mandamientos de Yahvé vuestro Dios, y, apartándoos del camino que yo os prescribo hoy, os vais tras otros dioses que no habéis conocido 29Y cuando Yahvé, vuestro Dios, te haya hecho entrar en la. tierra de que vas a tomar posesión, pronunciarás la bendición sobre el Garizim, y la maldición sobre el monte Ebal; 30esas montañas del otro lado del Jordán, detrás del camino de occidente en la tierra de los cananeos que habitan en el Araba, frente a Galgal, junto al encinar de Moré. 31Porque vais a pasar el Jordán y a posesionaros de la tierra que Yahvé, vuestro Dios, os da, y la poseeréis y habitaréis en ella. 32Tened, pues, gran cuidado de cumplir todos los mandamientos que hoy os propongo.”

En premio a su fidelidad, Yahvé los protegerá y echará a los enemigos para que se posesionen de su tierra. La tierra santa se extenderá desde el desierto o Negueb, al sur, hasta el Líbano, al norte. Al este será limitado por el río Jordán. El Eufrates es, sin duda, glosa, que refleja los sueños imperialistas de los idealistas de la monarquía israelita. Al occidente será limitada por el Mediterráneo. Es la tierra de Canaán4.
Para terminar esta larga exhortación que precede a la exposición detallada de la Ley, el profeta pone ante los ojos de Israel la bendición y la maldición. La primera, si guardan los mandamientos del Señor; la segunda, si los olvidan. Y para inculcar más esta idea, ordena una ceremonia, sobre la que luego volverá con más amplitud, y que Josué debe cumplir después de pasado el Jordán. Para impresionar a los israelitas, debían pronunciarse en una asamblea solemne las bendiciones en el monte Garizim, y las bendiciones en el Ebal, que están frente a frente, bordeando la actual Naplusa, cerca de Samaría. En el c.27 se determinará el ceremonial y Josué deberá dar cumplimiento5. El profeta coloca los dos montes cerca del encinar de Moré (v.30) que, según Gen 12:6, está junto a Siquem. El hecho de que ú Garizim sea el lugar de las bendiciones y el Ebal el de las maldiciones, parece responder a la orientación, según la cual el primero quedaba a la derecha (de buen augurio), y el segundo a la izquierda (de mal augurio)6.

1 Cf Núm c.16-17. Quizá se calle el caso de Coré porque pertenecía a la tribu de Leví. – 2 El texto dice con tu pie (v.10), aludiendo a la facilidad con que los egipcios en terreno enfangado y suave hacen con sus pies los surcos para el agua. – 3 Cf. Jer 14. Véase Abel, Géog. I 132. – 4 Cf. comentario a Deu 7:24. – 5 Jos 8:30-35. – 6 Véase RB (1926) 98; sobre el Garizim los samaritanos establecieron un santuario al separarse de Judá. Cf. Abel, Géog. I 362-369.

Fuente: Biblia Comentada

Conforme Moisés comenzó su segundo discurso al pueblo de Israel, él les recordó de los acontecimientos y mandatos básicos de Dios que eran fundamentales para el pacto sinaítico (Deu 5:1-33; vea Éxo 19:1-25; Éxo 20:1-21). Después, en el Deu 6:1Deu 11:32, Moisés explicó y aplicó los primeros tres de los Diez Mandamientos a la experiencia presente del pueblo.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

El corazón de Deuteronomio se encuentra en este largo segundo discurso de Moisés. «Esta, pues, es la ley» (Deu 4:44) la cual Moisés le explicó a Israel (cp. Deu 1:5). Después de una breve introducción (Deu 4:44-49), Moisés le dio al pueblo un entendimiento claro de lo que la ley dirigía con respecto a su relación con el Señor en el tierra (Deu 5:1Deu 26:19), después concluía al relatar las bendiciones o las maldiciones que vendrían sobre la nación como una consecuencia de su respuesta a las estipulaciones de esta ley (Deu 27:1Deu 28:68).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

La disciplina del Señor. Como hemos visto, la presente generación no era responsable por el fracaso del pueblo al no ocupar la tierra prometida en su primera oportunidad (1:39; cf. 2:14, 15). Además, Moisés había hecho hincapié en el hecho que Dios estaba haciendo un pacto directamente con ellos (5:3). Ahora se les advertía que aprendieran de la manera en que Dios había tratado con ellos desde que salieran de Egipto. Eran especialmente responsables de discernir las experiencias que habían tenido durante los años en el desierto. Sus hijos, los que aún estaban muy jóvenes para apreciar esas cosas o los que aún no habían nacido, dependerían de ellos para conocer lo que Dios había hecho (v. 2; cf. vv. 19-22).

Lo que el pueblo había visto se denomina la disciplina de Dios (v. 2); pero nunca como algo separado de su amor. El punto se ilustra en dos maneras un tanto diferentes. Primera, Moisés recordó la derrota de los egipcios, tanto con las plagas (v. 3; cf. Exo. 7:14-12:30) como por la derrota que los israelitas les infligieran cuando los persiguieron después de que Faraón les había permitido abandonar su tierra (v. 4; cf. Exo. 14:5-31). Esta disciplina era una prueba del poder de Dios y de su amor para con su pueblo escogido.

Segunda, Moisés recuerda la suerte que corrieron Datán y Abiram, quienes desafiaron el derecho de Moisés y Aarón a ser los líderes y, particularmente, habían deseado compartir de los privilegios del sacerdocio, en vez de aceptar su posición como “levitas” (Núm. 16:3, 8-10). (Para más información acerca de los deberes de los levitas en este sentido más restringido véase Núm. 3:1-37, y el comentario sobre Deut. 10:6-9.)

En este pasaje el término “disciplina” aparece en su aspecto más oscuro, como el juicio de Dios por el fracaso de no guardar el pacto, y especialmente sobre el descarado y autosuficiente rechazo de sus caminos.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

11.7 Israel tenía fuertes razones para creer en Dios y obedecer sus mandamientos. Habían sido testigos de un desfile de milagros poderosos que demostraban el amor de Dios y su cuidado de ellos. Aunque es increíble, todavía les costaba ser fieles. Ya que muy pocos de nosotros hemos visto milagros tan dramáticos, puede parecer aún más difícil para nosotros obedecer a Dios y permanecer fieles. Pero tenemos la Biblia, el registro escrito de los hechos de Dios a lo largo de la historia. La lectura de la Palabra de Dios nos da una vista panorámica tanto de los milagros que Israel vio como de los que no vio. La lección del pasado, las instrucciones para el presente y la visión del futuro nos dan muchas oportunidades de fortalecer nuestra fe en Dios.11.26 ¿Qué es una maldición de Dios? No es un conjuro mágico. Para entenderlo debemos recordar las condiciones del tratado entre Dios e Israel. Ambas partes estuvieron de acuerdo en los términos. Las bendiciones beneficiarían a Israel si cumplía su parte en el tratado: ellos recibirían la tierra, vivirían allí para siempre, tendrían cosechas abundantes, y expulsarían a sus enemigos. La maldición caería sobre Israel solo si quebrantaban el acuerdo; entonces perderían la bendición de Dios y estarían en peligro de perder sus cosechas, de ser invadidos y expulsados de su tierra. Más tarde Josué repasó con la nación entera estas bendiciones y maldiciones (Jos 8:34).11.26 Es sorprendente que Dios ofreciera a los israelitas la opción entre las bendiciones y las maldiciones. Y es aún más sorprendente que la mayoría de ellos, con sus desobediencias, prefirieran las maldiciones. Tenemos esa misma opción fundamental hoy día. Podemos vivir por nosotros mismos o vivir en servicio a Dios. Elegir nuestro propio estilo es dirigirnos a un callejón sin salida, pero elegir el estilo de Dios es recibir vida eterna (Joh 5:24).

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 650 Deu 6:5; Deu 10:12; Mar 12:30

b 651 Deu 4:45

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

guardarás…sus mandatos. Este es el único uso de esta frase en Deuteronomio. En otros lugares se refiere a las observancias religiosas (Lv 8:35; 18:30; 22:9), o por lo más general a cualquier orden del S eñor (Gn 26:5; Jos 22:3; 1 R 2:3).

Fuente: La Biblia de las Américas

Este capítulo marca la conclusión del discurso, que comenzó en el cap. 5, de los principios básicos que debían gobernar la vida de Israel. En este capítulo se enfatizan de nuevo esos principios, especialmente en 10:12– 22, antes de dar las leyes específicas del código deuteronómico (12:1– 26:19). Se presentan a Israel las opciones que tiene delante: la obediencia o la desobediencia. Los dos requisitos principales que se enfatizan de nuevo aquí son: amar a Dios y obedecer sus mandamientos.

Fuente: La Biblia de las Américas

estatutos… TM añade sus decretos. Se sigue LXX → §194.

Fuente: Biblia Textual IV Edición

Lit., todos los días

Fuente: La Biblia de las Américas

[6] Num 16, 1-32.[10] La comparación entre Egipto y Canaán no se refiere a la fecundidad sino a que aquél se regaba por medio de acequias y máquinas y ésta con la lluvia que enviaba Dios.[13] Deut 10, 12.[14] La lluvia temprana caía en otoño y la tardía en primavera.[18] Deut 6, 8.[21] Como fuesen fieles a la alianza.[24] Jos 1, 4.[29] Seis tribus responderán desde el monte Garizim a las bendiciones de los sacerdotes para quienes guarden la ley, y las otras seis desde el monte Hebal a las maldiciones contra sus transgresores. Deut 27; 28; Jos 8, 30.[30] Gen 12, 6.

Fuente: Notas Torres Amat