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Comentario de Deuteronomio 9:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Deuteronomio 9:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

“Escucha, Israel: Tú vas a cruzar hoy el Jordán para entrar a desalojar naciones más grandes y más poderosas que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo,

para pasar el Jordán. Deu 3:18; Deu 11:31; Deu 27:2; Jos 1:11; Jos 3:6, Jos 3:14, Jos 3:16; Jos 4:5, Jos 4:19.

naciones más numerosas. Deu 4:38; Deu 7:1; Deu 11:23.

ciudades grandes. Deu 1:28; Núm 13:22, Núm 13:28-33.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Moisés les disuade de la opinión de su propia justicia, repitiéndoles sus diversas rebeliones, Deu 9:1-29.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Oye, Israel: Moisés apeló al pueblo para que viera la futura ocupación de la tierra como un regalo de la gracia divina, no como el resultado de alguna buena acción de ellos. El futuro estaba abierto a ellos sólo si podían aprender del pasado.

Entiende, hoy: la sabiduría de lo anterior comienza con una confesión de dependencia al Señor.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

9. Protección Divina.

Yahvé Expulsará a los Cananeos (1-6).
1“Escucha, Israel: Estáis hoy para pasar el Jordán y marchar a la conquista de naciones más numerosas y más poderosas que tú; de grandes ciudades, cuyas murallas se levantan hasta el cielo; 2de un pueblo numeroso, de elevada estatura, los hijos de Enaq, que ya conoces y de quienes has oído hablar. ¿Quién podrá resistir contra estos hijos de Enaq? 3Has de saber desde hoy que Yahvé, tu Dios, irá El mismo delante de ti como fuego devorador, que los destruirá, los humillará ante ti, y tú los arrojarás y los destruirás pronto, como te lo ha dicho Yahvé. 4No digas luego en tu corazón cuando Yahvé, tu Dios, los arroje de delante de ti: “Por mi justicia me ha puesto Yahvé en posesión de esta tierra.” Por la iniquidad de esos pueblos, Yahvé los arrojará de ante ti. 5No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón vas a entrar en posesión de esa tierra, sino por la maldad de esas naciones los expulsa Yahvé de delante de ti; para cumplir la palabra que con juramento dio a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. 6Entiende que no por tu justicia te da Yahvé, tu Dios, la posesión de esa buena tierra; porque eres pueblo de dura cerviz.”

El deuteronomista recalca insistentemente la idea de que la posesión de Canaán se debe únicamente al favor divino. Israel no debe temer a los enemigos que ha de expulsar, aunque sean descendientes de Enaq, gigantes de estatura, y sus ciudades amuralladas (v.1), porque la omnipotencia divina los extirpa como fuego devorador (v.3), y los arrojará por sus iniquidades, de forma que Israel no será instalado en su tierra por su justicia o merecimientos, sino por pura benevolencia divina (v.4). Yahvé tiene empeñada su palabra con juramento, dada a los patriarcas, y ahora la va a cumplir1. Israel en realidad es un pueblo de dura cerviz (v.5), que soporta de mala gana el yugo de Yahvé2. Es contumaz y rebelde en sus caminos y sólo se doblega ante la fuerza e intervención divina.

La Prevaricación de Israel (7-29).
7“Acuérdate, no olvides cuánto has irritado a Yahvé, tu Dios, en el desierto; desde el día en que salisteis de la tierra de Egipto hasta que habéis llegado a este lugar, habéis sido rebeldes a Yahvé. 8Ya en Horeb provocasteis la ira de Yahvé, y Yahvé se irritó contra vosotros hasta querer destruiros. 9Cuando subí yo a la cumbre de la montaña para recibir las tablas de la alianza que Yahvé hacía con vosotros, y estuve allí cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua, 10y me dio Yahvé las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios, que contenían todas las palabras que El os había dicho en la montaña, en medio del fuego, el día de la congregación;11al cabo de los cuarenta días y cuarenta noches me dio Yahvé las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza,12y me dijo entonces: “Anda, baja presto de aquí, porque tu pueblo, el que has sacado de Egipto, se ha corrompido; pronto se ha apartado del camino que yo le mandé y se han hecho una imagen fundida.” 13Y me dijo Yahvé: “Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz; 14déjame que le destruya y que borre su nombre de debajo de los cielos, y te haré a ti una nación más poderosa y más nvimerosa que ese pueblo.” 15Yo me volví y bajé de la montaña, que estaba toda en fuego, trayendo en mis manos las dos tablas de la alianza; 16miré y vi que habíais pecado contra Yahvé, vuestro Dios; os habíais hecho un becerro fundido, apartándoos bien pronto del camino que Yahvé os había prescrito;17agarré entonces las dos tablas y con mis manos las tiré, rompiéndolas ante vuestros ojos. 18Luego me postré en la presencia de Yahvé, como la primera vez, durante cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan y sin beber agua, por todos los pecados que vosotros habíais cometido, haciendo lo malo a los ojos de Yahvé, irritándole. 19Yo estaba espantado de ver la cólera y el furor con que Yahvé estaba enojado contra vosotros, hasta querer destruiros; pero todavía esta vez me escuchó Yahvé. 20Estaba Yahvé también fuertemente irritado contra Aarón, hasta el punto de querer hacerle perecer, y yo intercedí entonces por Aarón; 21y tomé vuestro pecado, el que os habíais hecho, y lo arrojé al fuego, y desmenuzándolo bien hasta reducirlo a polvo, eché el polvo en el torrente que baja de la montaña. 22En Taberá, en Masa y en Quibrot-at-tawah excitasteis también la cólera de Yahvé; 23y cuando Yahvé os hizo subir de Cadesbarne, diciendo: “Subid y tomad posesión de la tierra que os doy,” fuisteis rebeldes a las órdenes de Yahvé, vuestro Dios; no tuvisteis confianza en El y no obedecisteis a su voz. 24Habéis sido rebeldes a Yahvé desde el día en que El comenzó a poner en vosotros sus ojos. 25Yo me postré ante Yahvé aquellos cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado, porque Yahvé hablaba de destruiros, 26y le rogué, diciendo: “¡Señor, Yahvé!, no destruyas a tu pueblo, a tu heredad, redimida por tu grandeza, sacándolo de Egipto con tu mano poderosa. 27Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires a la dureza, de este pueblo, a su perversidad y a su pecado; 28que no puedan decir los de la tierra de que nos has sacado: “Por no poder Yahvé hacerlos entrar en la tierra que les había prometido y porque los odiaba, los ha sacado fuera para hacerlos morir en el desierto.” 29Son tu pueblo, tu heredad, que con tu gran poder y brazo tendido has sacado fuera.”

Siguiendo la idea de que Israel es un pueblo rebelde, de dura cerviz, el profeta recuerda las prevaricaciones de aquél en el Sinaí con motivo de la promulgación de los diez mandamientos. Los hechos aludidos están narrados en el éxodo y en los Números, y están recordados libremente en estilo oratorio. En el momento más solemne de la historia de Israel, cuando se concluyó la alianza y se establecieron las bases religiosas y morales de la nueva teocracia, el pueblo elegido prevaricó construyéndose el becerro de oro (v.9)3. La violación del pacto era flagrante, ya que Yahvé había prohibido terminantemente toda representación animal de la divinidad; por eso está dispuesto a exterminarlo en su totalidad. La intervención de Moisés salvó a su pueblo4. Rota la alianza, Moisés creyó inútiles los mandamientos grabados en piedra, y así rompió las dos tablas de la Ley. El profeta reacciona después, impetrando el perdón para el pueblo culpable y expiando con ayunos su pecado (v.16). Conseguido el perdón, Moisés destruyó el becerro de oro y arrojó sus cenizas a un torrente como cosa abominable que contaminaba el campamento5.
Los v.22-24 parece ser inserción posterior; en ellos se recuerdan otras apostasías y prevaricaciones de Israel durante su peregrinación en el desierto6.
Moisés apela a las promesas hechas a los patriarcas para que Yahvé no descargue su ira sobre el pueblo pecador (v.27) y al mismo tiempo recuerda el deshonor que para el nombre de Yahvé será cuando los paganos se enteren de que su Dios ha exterminado a su pueblo en el desierto, atribuyendo esto a su impotencia por dar cumplimiento de sus promesas de introducirlo en la tierra de Canaán7.

1 Cf. Gen 12:6; Gen 13:14-17; Gen 15:19; Gen 17:8. – 2 Isa 48:4. – 3 Exo 32:1-4. – 4 Cf. Exo 24:12; Exo 34:28. – 5 Exo 32:20. – 6 Cf. Num 11:1-3; Exo 17:1-7; Num 11:4-34. – 7 Exo 32:12; Num 14:16.

Fuente: Biblia Comentada

El corazón de Deuteronomio se encuentra en este largo segundo discurso de Moisés. «Esta, pues, es la ley» (Deu 4:44) la cual Moisés le explicó a Israel (cp. Deu 1:5). Después de una breve introducción (Deu 4:44-49), Moisés le dio al pueblo un entendimiento claro de lo que la ley dirigía con respecto a su relación con el Señor en el tierra (Deu 5:1Deu 26:19), después concluía al relatar las bendiciones o las maldiciones que vendrían sobre la nación como una consecuencia de su respuesta a las estipulaciones de esta ley (Deu 27:1Deu 28:68).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Conforme Moisés comenzó su segundo discurso al pueblo de Israel, él les recordó de los acontecimientos y mandatos básicos de Dios que eran fundamentales para el pacto sinaítico (Deu 5:1-33; vea Éxo 19:1-25; Éxo 20:1-21). Después, en el Deu 6:1Deu 11:32, Moisés explicó y aplicó los primeros tres de los Diez Mandamientos a la experiencia presente del pueblo.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Esta parte del discurso de Moisés repite los pecados de los israelitas en Horeb (cp. Éxo 32:1-35).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Discurso contra el engreimiento de Israel. Si el Señor le hace derrotar a los cananeos es por la impiedad de estos, y porque el Señor es fiel a su promesa.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Un pueblo de dura cerviz. Los israelitas ya habían rechazado una vez el intentar entrar a la tierra prometida por temor al tamaño y fortaleza de sus habitantes, entre los cuales se encontraban los gigantescos “hijos de Anac” (Deut. 1:28; Núm. 13:22; Jos. 11:22). Ahora el Señor aseguraba a su pueblo que él vencería a estos temibles enemigos (así como había derrotado a Sejón y a Og en la Transjordania, 2:24-3:10). Sin embargo, el pueblo tenía que hacer su parte. Nótese el balance entre él los destruirá y tú los desalojarás (v. 3b).

En el cap. 8 Moisés habló del cambio de pobreza a riqueza, y los peligros morales que ocasionaría el cambio. Después se mencionó otro cambio en la vida de Israel: de un pueblo oprimido a conquistadores. La tentación que esto podía ocasionar era la idea de que Dios les había dado la tierra porque ellos eran mejores (más “justos”) que otros pueblos (v. 4). Creer esto hubiera sido otro tipo de ingratitud para con la bondad de Dios al bendecirlos. Por lo mismo, Moisés señaló (vv. 4-6) que conquistarían a las otras naciones, pero no debido a su propia justicia sino por dos razones muy dife rentes: A causa de la promesa de Dios a sus antecesores, y debido a la maldad de las otras naciones. Y para reforzar la idea, él prosiguió diciendo que de hecho los israelitas estaban muy lejos de ser “justos”; al contrario, sus antecedentes demostraban que eran un pueblo de dura cerviz, o que tercamente resistían la voluntad de Dios.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

9.2, 3 Los anaceos eran enormes. Algunos medían casi tres metros. Goliat, probablemente descendiente de esta raza, rebasaba los 2.70 m de altura (1Sa 17:4-7). Desafortunadamente, estos hombres empleaban su estatura como un medio de intimidación y no para causas nobles. Su sola apariencia asustó a los espías israelitas (Num 13:28) y su mala reputación pudo haber sido el factor que impidió a los israelitas entrar a la tierra cuarenta años antes (Números 13, 14). Moisés utilizó todo su poder de persuasión para convencer a su pueblo de que Dios podía manejar a aquellos mastodontes. Utilizó la ilustración de Dios como un fuego consumidor, ya que ni siquiera un gigante podía hacerle frente a eso.9.18 Según el registro de este acontecimiento en Exodo 32, Moisés actuó inmediatamente, moliendo el becerro de oro hasta convertirlo en polvo para luego forzar al pueblo a beberlo mezclado con agua. Pero evidentemente Moisés pasó cuarenta días y sus noches intercediendo por el pueblo.9.23 Moisés estaba recordándole al pueblo su incredulidad de cuarenta años atrás, cuando tuvieron temor de entrar en Canaán. Los israelitas no habían creído que Dios podía ayudarlos, a pesar de todo lo que El ya había hecho. No quisieron seguirle porque miraron sólo sus propios y limitados recursos, en lugar de mirar a Dios. La incredulidad es la raíz de muchos pecados y problemas en la vida. Cuando se sienta perdido, quizás es que está buscando ayuda y dirección en todos lados menos en Dios. (Véase Psa 81:6-12; Psa 95:8; Psa 106:13-20; Hebreos 3.)

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 532 Deu 11:31; Jos 4:19

b 533 Deu 4:38; Deu 7:1; Deu 11:23

c 534 Núm 13:28

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

En esta sección Moisés habla del pecado de creerse justo. Le dice a Israel que la tierra no es la recompensa por su justicia, porque en el desierto era un pueblo obstinado y rebelde.

Fuente: La Biblia de las Américas

[6] Rebelde.[9] Ex 24, 18.[12] Ex 32, 7.[20] Esto no está escrito en elExodo. Se debe tener en cuenta que hay muchas cosas de las cuales la Biblia no dice el tiempo ni el lugar en que sucedieron.[22] Num 11, 1; 16, 2; 21, 5.[22] Num 11, 1-4; Ex 17, 1-7.[22] Num 11, 13.

Fuente: Notas Torres Amat