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Comentario de Éxodo 19:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Éxodo 19:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

En el mes tercero después de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí.

Año 1491 a.C.

Al mes tercero. Éxo 12:2, Éxo 12:6; Lev 23:16-18.

vinieron al desierto de Sinaí. Éxo 16:1; Núm 33:15.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

El pueblo llega a Sinaí, Éxo 19:1-2.

Dios, Éxo 19:3-7.

El pueblo, Éxo 19:8.

El pueblo es preparado para la entrega de la ley al tercer día, Éxo 19:9-11.

El monte no debe ser tocado, Éxo 19:12-15.

La presencia temible de Dios sobre el monte, Éxo 19:16-25.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

La llegada del pueblo de Israel al Monte Sinaí fue un acontecimiento que le daría forma a la historia posterior. El narrador (Moisés) estaba tremendamente impresionado con el cálculo del Señor (Éxo 12:41Éxo 12:51). Probablemente, en el mismo día significa dos meses exactos después del éxodo, el decimocuarto día del tercer mes (Éxo 12:2Éxo 12:18Éxo 13:4Éxo 16:1). Cuando el Señor le habló por primera vez a Moisés, se encontraba delante del monte. En ese momento, el Señor le prometió que los israelitas lo adorarían en ese mismo lugar (Éxo 3:12). Esta promesa estaba a punto de cumplirse.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

AL DESIERTO DE SINAÍ. El cap. Gén 19:1-38 registra el establecimiento del pacto de Dios con el pueblo de Israel en el monte de Sinaí. Es una extensión de su pacto con Abraham y sus descendientes (véanse Gén 15:6 Gén 15:18, notas; Gén 17:7, nota; Gén 22:18, nota).

(1) Este pacto se basaba en la previa reconciliación de Israel con Dios y su continua comunión con Él. Define las condiciones por las cuales Israel seguiría siendo el tesoro especial de Dios, continuaría en su bendición y cumpliría su voluntad para la nación (véanse Gén 12:2-3 Gén 26:4).

(2) Dios quería hacer de Israel un pueblo único en su género, escogido y separado para Él con ese propósito. El pueblo debía responder en obediencia y gratitud a Dios al procurar seguir los mandamientos y al ofrecer los sacrificios prescritos del pacto de Dios. Como resultado, ellos seguirían siendo el pueblo especial de Dios (cf. Amó 3:2 Amó 9:7), un reino de sacerdotes santos y puros (véanse v. Éxo 19:6, nota, y el ARTÍCULO EL PACTO De DIOS CON LOS ISRAELITAS, P. 272. [Deu 29:1]).

Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena

19. La Teofania del Sinaí.
1El día primero del tercer mes, después de la salida de Egipto, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí, 2Partieron de Rafidim, y, llegados al desierto del Sinaí, acamparon en el desierto. Israel acampó frente a la montaña. 3Subió Moisés a Dios, y Yahvé le llamó desde lo alto de la montaña, diciendo: “Habla así a la casa de Jacob, di esto a los hijos de Israel: 4Vosotros habéis visto lo que yo he hecho a Egipto y cómo os he llevado sobre las alas de águila y os he traído a mí. 5Ahora, si oís mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra, 6pero vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Tales son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.” 7Moisés vino y llamó a los ancianos de Israel y les expuso todas estas palabras, como Yahvé se lo había mandado. 8El pueblo todo entero respondió: “Nosotros haremos todo cuanto ha dicho Yahvé.” Moisés fue a transmitir a Yahvé las palabras del pueblo, 9y Yahvé dijo a Moisés: “Yo vendré a ti en densa nube, para que vea el pueblo que yo hablo contigo y tenga siempre fe en mí.” 10Yahvé le dijo: “Ve al pueblo y santifícalos hoy y mañana. Que laven sus vestidos, 11y estén prestos para el día tercero, porque al tercer día bajará Yahvé, a la vista de todo el pueblo, sobre la montaña del Sinaí. 12Tú marcarás al pueblo un límite en torno, diciendo: Guardaos de subir vosotros a la montaña y de tocar el límite, porque quien tocare la montaña morirá. 13Nadie pondrá la mano sobre él, sino que será lapidado o asaeteado. Hombre o bestia, no ha de quedar con vida. Cuando las voces, la trompeta y la nube hayan desaparecido de la montaña, podrán subir a ella.” 14Bajó de la montaña Moisés a donde estaba el pueblo, y le santificó, y ellos lavaron sus vestidos. 15Después dijo al pueblo: “Aprestaos durante tres días, y nadie toque mujer.” 16Al tercer día por la mañana hubo truenos y relámpagos, y una densa, nube sobre la montaña, y un fuerte sonido de trompetas, y el pueblo temblaba en el campamento. 17Moisés hizo salir de él al pueblo para ir al encuentro de Dios, y se quedaron al pie de la montaña. 18Todo el Sinaí humeaba, pues había descendido Yahvé en medio del fuego, y subía el humo, como el humo de un horno, y todo el pueblo temblaba. 19El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y Yahvé le respondía mediante el trueno. 20Descendió Yahvé sobre la montaña del Sinaí, sobre la cumbre de la montaña, y llamó a Moisés a la cumbre, y Moisés subió a ella. 21Y Yahvé dijo a Moisés: “Baja y prohíbe terminantemente al pueblo que traspase el término marcado para acercarse a Yahvé y ver, no vayan a perecer muchos de ellos. 22Que aun los sacerdotes, que son los que se acercan a Yahvé, se santifiquen, no los hiera Yahvé.” 23Moisés dijo a Yahvé: “El pueblo no podrá subir a la montaña del Sinaí, pues lo has prohibido terminantemente, diciendo que señalara un límite en torno a la montaña y la santificara.” 24Yahvé le respondió: “Ve, baja y sube luego con Aarón, pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los términos para acercarse a Yahvé, no los hiera.” 25Moisés bajó y se lo dijo al pueblo.

Cuando Dios se apareció por primera vez a Moisés en el Sinaí, le dijo que, una vez sacado el pueblo de Egipto, le sacrificaría en aquel lugar1. Israel llegó, pues, al Sinaí, y Dios llamó a Moisés a lo alto de la montaña, ante la cual estaba el pueblo acampado. Era sentencia común en el A.T. que no puede el hombre ver a Dios sin quedar herido de muerte por la grandeza de su majestad. Imagen de esto la tenemos en la reina Ester, que se desmayó ante la majestad real de Artajerjes, a quien quería hablar sin ser llamada2. La familiaridad de Dios con su profeta, Moisés, era para el pueblo que esto veía un argumento de su alta dignidad, Las palabras que le dice son muy de notar, pues nos dan a conocer la dignidad de Israel y sus altos destinos. Dios le sacó de Egipto con tantos prodigios, y El mismo le ha traído hasta aquel sitio, en que parece tener su morada ahora, como el águila lleva a sus polluelos sobre sus alas. Señales éstas de gran predilección. Siendo Dios Señor de todos los pueblos de la tierra, ha escogido entre todos a Israel como a su peculiar heredad y le ha amado como a su hijo primogénito, confiriéndole la dignidad sacerdotal, propia del primogénito, y haciéndole una nación santa, como consagrada especialmente a su culto. Ya veremos más adelante que dentro de Israel habrá una casta de sacerdotes de la tribu de Leví. Aquí, pues, la frase un reino de sacerdotes o sacerdotal (v.6) tiene un sentido metafórico. Como el sacerdote propiamente tal debe estar más cerca de Dios en los actos de culto, y, como representante de Dios, es el intermediario entre el mismo Dios y el pueblo, así Israel, como primogénito entre todos los pueblos, es el sacerdote-intermedio entre Dios y la misma humanidad. La elección de Israel tiene unos designios amplísimos en los planes de Dios. Como pueblo, ha sido destinado a preparar la plena manifestación mesiánica, y a la luz del ν. Τ. vemos todo el alcance de la elección de Israel. Su destino histórico ha sido en los planes de Dios preparar la venida del Mesías, siendo el vehículo de la transmisión de las promesas salvadoras de la humanidad. La voluntad salvífica de Dios en la historia ha tomado como instrumento oficial de su realización al pueblo hebreo. Los profetas insistirán en el sentido mesiánico de esta elección de Israel. De este modo, Israel, como colectividad, es un reino de sacerdotes, una casta especial en la humanidad con un destino concreto sobrenatural. San Pedro tomará estas palabras para aplicarlas al pueblo cristiano, que mediante la gracia del Salvador ha recibido la dignidad de adopción y, con el carácter bautismal, una cierta participación del sacerdocio de Cristo, sumo sacerdote. El sacerdotium regale de la epístola de San Pedro 3 ha de entenderse, pues, también en el sentido amplio en que se toma en el éxodo, si bien en un orden superior. El pueblo cristiano es el “Israel de Dios,” la continuación en los designios divinos de la misión del Israel histórico, pero ya en la fase plena de la era mesiánica. Como Israel era el pueblo elegido entre todos los pueblos, y, como tal, confidente de Dios – como los sacerdotes – e instrumento de los designios históricos de Dios, así el pueblo cristiano es también la porción selecta de la humanidad, y, por participar de la vida de la gracia de Cristo, se halla en una esfera de consagración a Dios muy superior a todos los pueblos no cristianos. San Pablo se hace eco de esta categoría sacerdotal del pueblo cristiano al decir que “podemos ofrecer nuestros cuerpos como una hostia, viva y santa, que va a Dios: éste es nuestro culto racional,” ejercido en unión del sacrificio de Cristo4.
Israel será, además, una nación santa (v.6). Lo que caracterizaba a Yahvé a los ojos de los hebreos era, sobre todo, su santidad, atributo que significaba, además de incontaminación, pureza, la idea de trascendencia5. Israel, para acercarse a Yahvé y participar de una mayor vida de intimidad con él, debe también santificarse, purificarse espiritual y moralmente, llevando unas costumbres más puras que los otros pueblos. Como pueblo escogido, tiene que ser santo: “Sed santos como yo soy santo, Yahvé, vuestro Dios.”6 Yahvé será en la literatura profética “el Santo de Israel,” el Ser trascendente que, a pesar de su excelencia e incontaminación, tiene relaciones íntimas con el pueblo elegido para que cumpla su misión histórica.
El segundo precepto del Decálogo condenará toda representación de Dios mediante imágenes. Aquí, según la observación de Moisés en el Deuteronomio 7, se le aparece bajo la imagen de una imponente nube, que se despliega sobre la cima de la montaña santa. Los autores sagrados tomarán con gusto esta imagen para representarnos la majestad e inaccesibilidad de Dios. El salmista nos cuenta cómo en su angustia invocó a Yahvé, que le escuchó y vino en su auxilio:

“Conmovióse y tembló la tierra,
vacilaron los fundamentos de los montes,
se estremecieron ante el Señor airado;
subía de sus narices el humo de su ira,
y de su boca fuego abrasador,
carbones por El encendidos.
Abajó los cielos y descendió,
negra oscuridad tenía a sus pies.
Subió sobre los querubines y voló,
voló sobre las alas de los vientos.
Puso en derredor suyo por velo tinieblas,
se cubrió con calígine acuosa,
con densas nubes…
Tronó Yahvé desde los cielos,
el Altísimo hizo sonar su voz.
Lanzóles sus saetas y los desbarató,
fulminó sus rayos y los consternó.”8

En esta descripción poética de una tormenta explicada con colores teológicos, el salmista refleja, sin duda, influencias del relato de la teofanía de Yahvé en el Sinaí. Para impresionar a aquellas gentes sencillas era preciso presentar a Yahvé en toda su majestad, como Señor de las fuerzas de la naturaleza. Había desbaratado a los egipcios, y ahora aparecía escoltado por la grandiosidad de los fenómenos naturales. Los antiguos siempre se han impresionado por las tormentas acompañadas de relámpagos y truenos. Zeus, jefe del Olimpo helénico, es el dios que fulmina el rayo. Hoy día sabemos por qué leyes físicas se produce este fenómeno natural, que se reduce a descargas eléctricas; pero para los antiguos era un misterio, y la explicación natural era relacionarlo con la ira del Dios omnipotente. De hecho, esta teofanía grandiosa en la cúspide imponente del macizo rocoso del Sinaí quedó en la literatura religiosa de Israel como la manifestación grandiosa y más solemne de su historia. Yahvé, para solemnizar su alianza, había desplegado todo su poder, como prenuncio de la severidad que iba a manifestar contra los transgresores de su Ley.
Su presencia en aquel lugar lo convierte en sagrado, de modo que nadie puede acercarse a la sagrada cima si no participa en alto grado de la santidad divina. Ya hemos indicado, al explicar el nombre de Yahvé, que la santidad de Dios era concebida por los israelitas como una atmósfera aislante, muy peligrosa para el que se acerque a El no debidamente santificado o purificado. Luego veremos, cuando sea erigido el tabernáculo, que sólo a los sacerdotes se les permite acercarse a El, y a lo más interior del mismo sólo al sumo sacerdote y sólo en el día de la expiación, una vez al año. Con estas prescripciones, Dios quiere inculcar al pueblo el carácter de santidad e inaccesibilidad que le rodea, para que se formen la más alta idea de su Dios. Por eso ordena Yahvé a Moisés establecer una línea de demarcación, que no han de traspasar ni los hombres ni los animales (v.12), mientras dure la grandiosa teofanía. Y aun para presenciarla de lejos, el pueblo habrá de purificarse, lavando sus vestidos y absteniéndose de la vida conyugal (v. 10.15). La pureza exterior debía ser signo de otra pureza moral interior9. El que traspasara los límites señalados de la montaña debía ser lapidado o asaeteado (v.13). La razón de ello parece ser que era el único modo de hacer morir al transgresor sin traspasar el ejecutor del castigo la misma demarcación prohibida. Debían, pues, matarle a distancia, sin traspasar la línea de demarcación señalada antes. Algunos autores ven en este verso una huella de un redactor posterior que quiso concretar el modo de muerte del transgresor conforme a la legislación posterior10.
La descripción de la teofanía es grandiosa (v.16): truenos, relámpagos y nubes espesas acompañan a Yahvé en su manifestación majestuosa. La nube tenía por fin ocultar la gloria esplendente de Yahvé, para que los israelitas no fueran cegados por su fulgor y heridos de muerte a su presencia. Los comentaristas liberales han querido ver en esta teofanía la descripción de un “dios de las tormentas” que sería adorado antes de Moisés por las tribus del Sinaí. Nada de ello se insinúa en el contexto, y, por otra parte, los datos arqueológicos que conocemos de aquella zona no avalan esta hipótesis gratuita. Más inconsistente aún es suponer que la teofanía del Sinaí es la simple descripción de una erupción volcánica. Ni la montaña es de tipo volcánico, ni los documentos extrabíblicos hablan de una zona volcánica en aquella parte del Sinaí, ni el relato Bíblico sugiere algo parecido a una erupción volcánica. No se habla de cenizas ni de lava ardiendo; el pueblo está al pie de la montaña contemplando el espectáculo maravilloso sin moverse, lo que no es concebible en caso de un desbordamiento del volcán. Los fenómenos relatados por el autor sagrado se limitan a los truenos, relámpagos y humo. Todo ello no tiene otra finalidad que realzar la manifestación majestuosa de Dios, que iba a establecer las bases de la alianza con Israel.
Los v.20-25 parecen ser una nueva descripción de los hechos antes narrados. En el v.19 se dice que Dios habló: “respondía mediante el trueno.” No se especifica lo que dijo. Probablemente son las palabras Deu 20:1, donde solemnemente se dice que El es el Dios que los sacó de Egipto y, como tal, les impone sus mandamientos: el Decálogo. En el v.21 se formula de nuevo la prohibición de que el pueblo suba a la montaña, lo que ya estaba expreso en el v. 12. En cambio, en el v.22 se dice que los sacerdotes deben prepararse, santificándose ritualmente para que Dios no los hiera. En los v.10 y 14, esta preparación ritual es ordenada a todo el pueblo. Por otra parte, la mención de sacerdotes en el v.22 es totalmente extraña, ya que no se había hablado hasta ahora de la institución sacerdotal ni había sido establecido el sacerdocio levítico. En 24:2, los que ofrecen los sacrificios como conclusión de la alianza no son sacerdotes, sino algunos jóvenes. Además, en los V.2-19 es Moisés solo el que interviene entre Yahvé y el pueblo, mientras que en el v.24 aparece al lado de éste Aarón. Como en otros lugares, encontramos implicadas diversas tradiciones que reflejan distintos puntos de vista11.
En medio de esta imponente manifestación cósmica, Yahvé se reveló solemnemente a su pueblo y habló a Moisés, revelándole su voluntad respecto del pueblo. Es digna de notarse la interpretación que nos ofrece el Deuteronomio por boca del mismo Moisés: “Yahvé nos habló cara a cara, sobre la montaña, en medio del fuego. Yo estaba entonces entre Yahvé y vosotros para traeros sus palabras, pues vosotros teníais miedo del fuego y no subisteis a la cumbre de la montaña.”l2 ¿De qué manera hablaba Yahvé con su profeta? En Exo 19:19 se dice que era mediante el trueno, el cual en el lenguaje bíblico equivale a la “voz de Dios.”13 Ya se ve que son estas imágenes materiales acomodadas a la rudeza y mentalidad primana de un pueblo seminómada. Pero Dios tiene infinitos medios de comunicar sus secretos a las almas. Baruc, refiriéndose a esta teofanía, dice que Dios “se dejó ver en la tierra y conversó con los hombres.”14 San Esteban nos ofrece la interpretación teológica de la teofanía al decir que Moisés estuvo con el ángel, que hablaba con él y con nuestros padres15. Lo mismo dice San Pablo escribiendo a los gálatas: “La Ley fue promulgada por los angeles y dada al pueblo por mano de un mediador” (Moisés)16. Son interpretaciones teológicas posteriores para salvar la trascendencia divina.

1 Exo 3:12. – 2 Est 15:95. – 3 1Pe 2:9. – 4 Rom 12:1. – 5 Cf. P. Van Imschoot, Théologie de l’Ancien Testament (Tournai 1954) p.4?. – 6 Lev 11:44; Lev 19:1; Lev 20:26. – 7 Deu 4:19. – 8 Sal 18:7s. – 9 Sobre el rito de lavar los vestidos como símbolo de purificación corporal y espiritual véase Gen 35:2; Lev 11:25; Lev 11:28; Lev 11:40; sobre la abstención de relaciones sexuales, causa de impurezas legales, cf. Lev 15:18; 1Sa 21:5. – 10 Así P. Heinisch, Das Buch Exodus p.147. – 11 Cf. P. Heinisch, o.c., p.149, y A. Clamer, o.c., p.172. – 12 Deu 5:4s. – 13 Cf. Sal 18:9; Sal 18:29; Sal 18:97. – 14 Bar 3:38. – 15 Hec 7:38. – 16 Gal 3:19.

Fuente: Biblia Comentada

Esta sección esboza las actividades de Israel durante su estancia de aproximadamente once meses en el Sinaí (cp. Éxo 19:1 con Núm 10:11).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

III. Alianza en el Sinaí (Éxo 19:1-25; Éxo 20:1-26; Éxo 21:1-36; Éxo 22:1-31; Éxo 23:1-33; Éxo 24:1-18; Éxo 25:1-40; Éxo 26:1-37; Éxo 27:1-21; Éxo 28:1-43; Éxo 29:1-46; Éxo 30:1-38; Éxo 31:1-18; Éxo 32:1-35; Éxo 33:1-23; Éxo 34:1-35; Éxo 35:1-35; Éxo 36:1-38; Éxo 37:1-29; Éxo 38:1-31; Éxo 39:1-43; Éxo 40:1-38)

Análisis de discurso

El monte Sinaí es un lugar privilegiado en el itinerario de Israel por el desierto. Allí arribará el pueblo luego de siete etapas y allí recibirá las leyes que regirán su vida como tal. Si observamos la extensión que tiene esta estancia en el desarrollo de la totalidad del Pentateuco ―59 capítulos sobre un total de 187―, comprobaremos hasta qué punto domina esta alianza en el Sinaí el conjunto de textos de la Torá. Sin embargo, esa extensión mayúscula se justifica por el hecho de que en ese lugar Dios revela de manera explícita qué tipo de relación le propone a su pueblo: cuáles han de ser sus responsabilidades religiosas y sociales, y los términos de la alianza que anuncia realizar. Cuando finalice la estancia en el Sinaí y los israelitas lleguen a las estepas de Moab, ya contarán con un cúmulo de leyes e instrucciones que regularán la vida entera del pueblo y de sus líderes.

Se ha observado que en esta sección la forma de los textos está emparentada con los pactos de soberanía y vasallaje comunes en el mundo antiguo, especialmente entre los hititas y los asirios. Estos pactos se realizaban entre un rey poderoso y otro más débil, quien recibía protección militar a cambio de impuestos y lealtad política. La versión del pacto del Sinaí comparte algunos elementos de estos pactos, pero matiza otros, lo cual le da al pacto con Israel una fuerza que supera la de las relaciones políticas. En efecto, a partir de este pacto, toda ofensa a la vida será una ofensa dirigida a Dios mismo, y la responsabilidad por la administración de la justicia y por el ejercicio de la solidaridad no será una obligación ante el rey de turno, sino ante la divinidad misma, la cual pedirá cuentas si dicha obligación no se ejerce según lo pactado.

La estadía en el Sinaí se prolonga hasta Núm 10:11, texto que en el que se narra la partida del pueblo en busca de la tierra prometida. Esto indica que la narración sobrepasa los límites del libro del Éxodo, lo cual pone en evidencia la unidad literaria mayor a la que dicho libro pertenece. Sin embargo, el Pentateuco posee cortes literarios que marcan y justifican su división en cinco libros. Para el caso que nos ocupa, la culminación de la construcción de la Tienda del encuentro y la toma de posesión de la misma por Dios indica una bisagra en la narración. A partir de ese momento, Dios hablará desde la tienda, lo cual hace que se lo ubique y, en cierta medida, se lo identifique con ese lugar.

Es necesario observar la estructura literaria de los capítulos Éxo 19:1-25; Éxo 20:1-26; Éxo 21:1-36; Éxo 22:1-31; Éxo 23:1-33; Éxo 24:1-18; Éxo 25:1-40; Éxo 26:1-37; Éxo 27:1-21; Éxo 28:1-43; Éxo 29:1-46; Éxo 30:1-38; Éxo 31:1-18; Éxo 32:1-35; Éxo 33:1-23; Éxo 34:1-35; Éxo 35:1-35; Éxo 36:1-38; Éxo 37:1-29; Éxo 38:1-31; Éxo 39:1-43; Éxo 40:1-38, que consiste en dos bloques de textos con una dinámica interna diferente cada uno:

I. Introducción

a

Éxo 19:1-25

Alianza

b

Éxo 20:1-26; Éxo 21:1-36; Éxo 22:1-31; Éxo 23:1-33

Ratificación de la Alianza

a’

Éxo 24:1-18

II. Prescripciones para la tienda

a

Éxo 25:1-40; Éxo 26:1-37; Éxo 27:1-21; Éxo 28:1-43; Éxo 29:1-46; Éxo 30:1-38; Éxo 31:1-18

Idolatría

b

Éxo 32:1-35; Éxo 33:1-23; Éxo 34:1-35

Construcción de la Tienda

a’

Éxo 35:1-35; Éxo 36:1-38; Éxo 37:1-29; Éxo 38:1-31; Éxo 39:1-43; Éxo 40:1-38

El primer grupo (caps. Éxo 19:1-25; Éxo 20:1-26; Éxo 21:1-36; Éxo 22:1-31; Éxo 23:1-33; Éxo 24:1-18) contiene una extensa colección de leyes que abarcan todos los aspectos de la vida, presentadas de manera progresiva. Hay una narración introductora (cap. Éxo 19:1-25), y al final, una ratificación. La alianza misma, que incluye el Decálogo y el llamado “Código de la alianza”, ocupa los capítulos Éxo 20:1-26; Éxo 21:1-36; Éxo 22:1-31; Éxo 23:1-33. El segundo grupo (caps. Éxo 25:1-40; Éxo 26:1-37; Éxo 27:1-21; Éxo 28:1-43; Éxo 29:1-46; Éxo 30:1-38; Éxo 31:1-18; Éxo 32:1-35; Éxo 33:1-23; Éxo 34:1-35; Éxo 35:1-35; Éxo 36:1-38; Éxo 37:1-29; Éxo 38:1-31; Éxo 39:1-43; Éxo 40:1-38) también es un quiasmo (a, b, a’) que consiste en presentar las instrucciones para la construcción de la morada de Dios, narrar la idolatría y su rechazo por parte de Moisés, para finalizar con la narración de la construcción de la Tienda y su aceptación final por Dios mismo, quien asume la misma como su lugar de residencia. La parte a’ reproduce casi literalmente su contraparte a, ambas relativas a los detalles del santuario, lo cual muestra el celo por cumplir con lo que Dios ha indicado.

A. La alianza (Éxo 19:1-25; Éxo 20:1-21)

1. De Refidim al Sinaí (Éxo 19:1-2)

TÍTULO: Ambas versiones base proponen para esta sección títulos que abarcan todo el capítulo Éxo 19:1-25. El título de TLA es más claro, pues señala la llegada al Sinaí, evitando la especulación acerca de si ya estaban allí o de si el Sinaí era una roca que acompañaba a Israel en su peregrinar (ver Éxo 17:6).

Análisis textual y morfosintáctico

Fuente: Comentario para Exégesis y Traducción

Al tercer mes: Se ha señalado la ambigüedad de esta expresión. La palabra hebrea que corresponde a “mes” también significa “luna nueva”, por lo cual se puede entender “la tercera luna nueva”, como si dijese “el primer día del tercer mes”, esto es, el mes de Siván. También se puede entender esto como la tercera luna nueva desde la salida, de modo que sería el 1 de Tamúz. O se puede entender como referido al día 15 de Tamúz (el cuarto mes), exactamente tres meses después de la salida de Egipto, ya que los israelitas habían partido el 15 del primer mes (Nisán). La frase posterior, ese mismo día, sugiere que no se trata de una fecha tentativa, sino de una fecha precisa. Las distintas versiones coinciden en mantener una traducción en la misma línea que RV95. Se puede tener en cuenta la propuesta de NBE como una alternativa interesante, ya que invierte el orden del hebreo y traduce: «Aquel día, al cumplir tres meses de la salida de Egipto», lo cual logra combinar el texto con la precisión que el mismo parece exigir.

Al desierto del Sinaí: En sentido amplio, se denomina así a una región desértica que abarca la actual Península del Sinaí. Sin embargo, en los textos bíblicos se utiliza esta denominación para referirse al lugar más preciso donde Moisés vio arder la zarza (Éxo 3:1) y donde luego brotó agua de la roca (Éxo 17:6). A la vez, existe también la expresión “monte de Dios” o, como en este caso, tan sólo “el monte” a cuyo pie acamparon los israelitas. Con lo cual, se trata de un desierto, pero también de un monte en particular. Su ubicación real es desconocida y los intentos para localizarlo a través del estudio de los textos y de la geografía han sido infructuosos. La tradición lo ha identificado en el sur de península, donde hoy hay un antiguo monasterio, pero su exactitud histórica no es comprobable. Debido a la descripción de Éxo 19:16-19, parece que el monte era un volcán en erupción, lo cual complica aún más su ubicación, pues no se constatan tales fenómenos en la actual Península del Sinaí, sino en Arabia, bastante lejos de los lugares razonablemente posibles.

Es evidente que, por el momento, debemos reconocer que se trata de algún lugar en la actual Península del Sinaí o en la región sur de Canaán, sin que podamos identificarlo con mayor seguridad.

Fuente: Comentario para Exégesis y Traducción

Éxo 20:1-21.

Estos capítulos componen una nueva sección del libro de Éxodo. El tema central es la alianza que Dios sella con el pueblo israelita por medio de Moisés.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

19.2, 3 El monte Sinaí (también llamado Horeb) es uno de los lugares más sagrados en la historia de Israel. Localizada en la parte sur y central de la península del Sinaí, esta montaña es donde Moisés se encontró con Dios en una zarza ardiente, Dios hizo su pacto con Israel y Elías escuchó a Dios en el sonido de un susurro suave. Aquí Dios dio a su pueblo las leyes y guías para vivir con rectitud. Aprendieron las bendiciones potenciales de la obediencia (34.4-28) y las trágicas consecuencias de la desobediencia (34.32).19.4-6 Dios tenía un motivo para rescatar de la esclavitud a los israelitas. Ahora estaba listo para decirles cuál era: Israel llegaría a ser un pueblo santo, una nación de sacerdotes en que cualquiera podría acercarse a Dios libremente. Sin embargo, no tomó mucho tiempo para que el pueblo corrompiera el plan de Dios. Entonces Dios estableció a los levitas como sacerdotes, representando lo que debería haber sido la nación entera (Levítico 8, 9). Pero con la venida de Jesucristo, Dios extendió una vez más su plan a todos los creyentes. Seremos un pueblo santo y «real sacerdocio» (1Pe 2:9). La muerte y la resurrección de Cristo, nos ha permitido a cada uno de nosotros acercarnos a Dios con libertad.19.5 ¿Por qué escogió Dios a Israel como su nación? El sabía que ninguna nación en la tierra era lo suficientemente buena para merecer ser llamada su pueblo, su «especial tesoro». Eligió a Israel, no por algo que hubieran hecho, sino a pesar de las cosas malas que hicieron y que harían. ¿Por qué quería tener una nación especial en la tierra? Para representar sus caminos, para enseñar su Palabra y para ser una presencia salvadora en el mundo. «Todas las naciones de la tierra» serían bendecidas a través de los descendientes de Abraham (Gen 18:18). Gentiles y reyes vendrían al Señor mediante Israel, predijo Isaías (Isa 60:3). A través de la nación de Israel, nacería el Mesías, el escogido de Dios. El escogió una nación y la colocó en un riguroso programa de entrenamiento, para que algún día pudiera ser un canal de sus bendiciones al mundo entero.JETROPersonas como Jetro y Melquisedec -que no eran hebreos, pero sin embargo, adoraron al Dios verdadero- jugaron un papel muy importante en el Antiguo Testamento. Nos recuerdan el compromiso de Dios con el mundo. Dios eligió una nación por medio de la cual obraría; ¡pero su amor e interés son para todas las naciones!Los antecedentes religiosos de Jetro lo prepararon, en vez de prevenirlo para, tener fe en Dios. Cuando vio y escuchó lo que Dios había hecho por los israelitas, su respuesta fue adorarlo con todo su corazón. Pero también podemos pensar que durante cuarenta años como suegro de Moisés, Jetro había visto obrar a Dios moldeando a un líder. Su relación debió haber sido muy cercana, ya que Moisés aceptó prontamente su consejo. Ambos se beneficiaron de la relación. Jetro conoció a Dios por medio de Moisés, y este recibió hospitalidad, una esposa y sabiduría de Jetro.El regalo más preciado que una persona puede dar a otra es la fe en Dios. Pero esta fe se ve obstaculizada si la actitud del creyente es: «Tengo el regalo más maravilloso para ti, aunque no tienes nada con qué retribuirme». Los verdaderos amigos dan y reciben entre sí. La importancia de transmitir el regalo de una relación con Dios no hace que el regalo de la otra persona sea insignificante. Más bien, descubrimos que al conducir una persona a Dios, aumentamos nuestra sensibilidad de lo que Dios significa para nosotros. Cuando damos el regalo de Dios, El se da aún más a nosotros.¿Es, lo que sabe de Dios, una colección de adivinanzas, o acaso tiene una relación viva con El? Sólo con una relación vital puede transmitir a los demás el entusiasmo de permitir que Dios guíe su vida. ¿Ha llegado al punto de decir, junto con Jetro: «Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses» (Exo 18:11)?Puntos fuertes y logros :– Suegro de Moisés, llegó a reconocer al único Dios verdadero– Era un mediador práctico y un organizadorLecciones de su vida :– La supervisión y la administración son un trabajo de equipo– El plan de Dios incluye a todas las nacionesDatos generales :– Dónde: La tierra de Madián y el desierto de Sinaí– Ocupaciones: Pastor, sacerdote– Familiares: Hija: Séfora. Yerno: Moisés. Hijo: HobabVersículo clave :»Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de los egipcios» (Exo 18:9).La historia de Jetro se relata en Exodo 2.15-3.1; 18.1-27. Además se le menciona en Jdg 1:16. 19.5-8 En Génesis 15 y 17, Dios hizo un pacto con Abraham, prometiendo que haría de sus descendientes una gran nación. Ahora esa promesa se estaba cumpliendo, reconfirmando su pacto con la nación israelita, los descendientes de Abraham. Dios prometió bendecirlos y cuidarlos, el pueblo prometió obedecerlo; por lo tanto el pacto estaba sellado. Pero las buenas intenciones del pueblo se disiparon rápidamente. ¿Ha hecho usted un compromiso con Dios? ¿Ha cumplido con su parte del trato?19.9-11 A Moisés se le dijo que consagrara al pueblo. Esto significaba prepararlos física y espiritualmente para encontrarse con Dios. La gente debía apartarse del pecado y aun de las rutinas diarias comunes para poder dedicarse a Dios. La acción de lavarse y prepararse servía para alistar sus mentes y corazones. Cuando nos encontramos con Dios para adorarle, deberíamos dejar de lado los intereses y preocupaciones de la vida diaria. Use su tiempo de preparación física para alistar su mente a fin de encontrarse con Dios.19.22 Al afirmar «para que Jehová no haga en ellos estrago», el Señor estaba diciendo que destruiría a cualquiera que no estuviera consagrado y listo para encontrase con El.

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 811 Est 8:9

b 812 Lev 7:38

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

Al tercer mes. Israel salió de Egipto el quince de Abib (el primer mes; v. coment. en 12:2). Han pasado seis semanas o dos meses desde la partida de Ramsés, y casi un mes desde la partida de Elim (16:1). A 50 km por semana, este tiempo colocaría el desierto de Sinaí de unos 300 a 400 km de Ramsés.

desierto de Sinaí. Se cree que Israel acampó en er-Rahah, llanura de unos 160 hectáreas a unos 1,300 m sobre el nivel del mar. La sierra Jebel Musa está al este, y el monte más cercano sería Ras es-Safsaf, tradicionalmente el monte Horeb (v. coment. en 3:1). El monte Jebel Musa, tradicionalmente el monte Sinaí, no se ve desde la llanura. El pueblo se quedaría allí hasta la salida mencionada en Nm 10:11, 12.

Fuente: La Biblia de las Américas

En el mes tercero después de que los israelitas salieron de Egipto; i.e., mayo-junio (véase nota en Éxo 12:2).

Sinaí es generalmente identificado como Jebel Musa, un pico de montaña de unos 2.286 m. situado al S de la «V» formada por los golfos de Suez y Akaba. Al pie de este monte hay una llanura de unos 4 km. de largo por casi uno de ancho en donde fácilmente el pueblo pudo haber acampado los once meses que permaneció allí.

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie

Lit., en este

Fuente: La Biblia de las Américas

[=] *Num 33:15

Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana

[1] Num 33, 15.[3] Hech 7. 38.[4] Deut 29, 2.[5] Sal 24 (23), 1.[6] 1 Pe 2, 9.[10] Haz que se preparen con la continencia, con la limpieza del cuerpo y de los vestidos. Estas eran las purificaciones usadas entre los hebreos y entre casi todas las naciones para disponerse a alguna acción religiosa, para representar la pureza interior de la conciencia.[12] Hebr 12, 18.[13] O un sonido como de trompeta.[18] Deut 4, 11.[19] Todos vieron los prodigios que precedieron a la promulgación de la ley y oyeron la voz de Dios que la dictaba.[23] Conságrale. Las señales con que fue promulgada esta ley indican el espíritu de servidumbre que caracterizaba la ley antigua. El espíritu de amor caracteriza la nueva ley de Jesucristo, escrita no en tablas de piedra, sino en los corazones de los fieles. Rom 8, 15; Hebr 12; Gál 4.

Fuente: Notas Torres Amat