Comentario de Ezequiel 18:4 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
He aquí que todas las almas son mías; tanto el alma del padre como el alma del hijo son mías. El alma que peca, ésa morirá.
todas las almas son mías. Núm 16:22; Núm 27:16; Zac 12:1; Heb 12:9.
el alma que pecare, esa morirá. Eze 18:20; Rom 6:23; Gál 3:10-13, Gál 3:22.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Las actitudes y doctrinas problemáticas de los cautivos se hicieron evidentes desde la enseñanza correctiva de Dios. Por lo visto, estaban desesperados y tenían un enfoque fatalista de tales tópicos como el proverbio citado en el v. Eze 18:2 (como también en Eze 16:24) y de las Escrituras relacionadas (Éxo 20:5; Éxo 34:6, Éxo 34:7; Deu 5:9). Creían falsamente que estaban siendo castigados por los pecados de generaciones anteriores. Su pecado era volverse insensibles e irresponsables, ya que pensaban que el juicio vendría sin importar lo que hicieran. La respuesta de Dios les recordó que siempre había sido justo lo contrario: sólo la persona individual que pecare, esa morirá. En este versículo se indican las consecuencias terrestres y físicas de la conducta pecaminosa (Eze 3:16-21; Eze 33:12-20; Deu 30:15-20).
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
el alma que pecare, esa morirá. Dios no juega a tener favoritos, sino que es justo y considera a cada individuo responsable por su propio pecado. La muerte física es para todos, pero para muchos traerá como resultado la muerte eterna.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
NOTAS
(1) “Las almas.” Heb.: han·nefa·schóhth; gr.: psy·kjái; lat.: á·ni·mae. Véase Ap. 4A.
(2) O: “El alma que peca es la que morirá”. Heb.: han·né·fesch ha·jo·té’th hi’ tha·múth.
REFERENCIAS CRUZADAS
b 827 Sal 100:3; Hch 17:26
c 828 Gén 2:7
d 829 Deu 26:18
e 830 Rom 3:23; Rom 5:12
f 831 Gén 2:17; Gén 17:14; Jue 16:30; Job 33:22; Sal 78:50; Isa 53:12; Hch 3:23; Rom 6:23; Rev 16:3
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
El alma que peque, ésa morirá. El S eñor corrige la idea equivocada del pueblo en cuanto al principio de la iniquidad heredada (Ex 34:7; Dt 5:9). Aunque la iniquidad pueda pasar de una generación a otra (ej., Gn 3:6, 7; 4:7, 8, 23, 24), cada persona es responsable por su propio pecado.