Comentario de Hebreos 4:14 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que ha traspasado los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra confesión.
4:14 — «gran sumo sacerdote». (Véanse 2:17; 3:1). Se había hecho mención del sacerdocio de Cristo, pero ahora el autor pasa a presentar las pruebas, cosa que le ocupa hasta el capítulo 10. Es nuestro gran sumo sacerdote, exaltado infinitamente sobre todo sacerdote judaico.Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain
un gran sumo sacerdote. Heb 2:17; Heb 3:1; Heb 3:5, Heb 3:6.
que traspasó los cielos. Heb 1:3; Heb 6:20; Heb 7:25, Heb 7:26; Heb 8:1; Heb 9:12, Heb 9:24; Heb 10:12; Heb 12:2; Mar 16:19; Luc 24:51; Hch 1:11; Hch 3:21; Rom 8:34.
Jesús el Hijo de Dios. Heb 1:2, Heb 1:8; Mar 1:1.
retengamos nuestra profesión. Heb 2:1; Heb 3:6, Heb 3:14; Heb 10:23.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Heb 5:1-14; Heb 6:1-20; Heb 7:1-28; Heb 8:1-13; Heb 9:1-28; Heb 10:1-18
Esta sección sobre el sumo sacerdocio de Cristo es el corazón de Hebreos. El tema se menciona en Heb 2:17, se vuelve a introducir aquí en Heb 4:14-16, se analiza brevemente en Heb 5:1-10 y se considera con detalle en Heb 7:1-28; Heb 8:1-13; Heb 9:1-28; Heb 10:1-18. Nuestro Sumo Sacerdote es justo del tipo que necesitamos: Puede limpiar el pecaminoso corazón humano.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
Por tanto se refiere al tema del sumo sacerdocio de Cristo (Heb 2:17-18; Heb 3:1-6).
teniendo indica posesión. En el AT. el sumo sacerdote de Israel pasaba por los atrios y los velos para llegar al lugar santísimo. Nuestro Sumo Sacerdote traspasó los cielos para llegar a la presencia de Dios, donde se sienta a su diestra (Heb 1:3). El título Jesús el Hijo de Dios subraya sus dos características: su humanidad y su deidad.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
TENIENDO UN GRAN SUMO SACERDOTE. Véase Heb 8:1, nota sobre el ministerio de Jesucristo como sumo sacerdote.
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
traspasó los cielos. Así como el sumo sacerdote bajo el antiguo pacto tenía que atravesar tres áreas (el atrio exterior, el lugar santo y el lugar santísimo) para hacer el sacrificio expiatorio, Jesús pasó a través de tres cielos (el cielo atmosférico, el cielo estelar y la morada de Dios; cp. 2Co 12:2-4) tras hacer el sacrificio perfecto y definitivo. Una vez al año en el día de la Expiación, el sumo sacerdote de Israel entraba al Lugar santísimo para hacer expiación por los pecados del pueblo (Lev 16:1-34). Ese tabernáculo fue apenas una copia limitada de la realidad celestial (cp. Heb 8:1-5). Cuando Jesús entró al Lugar santísimo celestial tras haber llevado a cabo la redención, la copia terrenal fue reemplazada por la realidad del cielo mismo. La fe cristiana se caracteriza por lo celestial porque ha sido librada de toda conexión terrenal (Heb 3:1; Efe 1:3; Efe 2:6; Flp 3:20; Col 1:5; 1Pe 1:4). Jesús el Hijo de Dios. El uso simultáneo del título humano (Jesús) y el divino (Hijo de Dios) es significativo. Uno de los pocos casos en los que se hace esta yuxtaposición aparece en 1Jn 1:7, donde se destaca su sacrificio por los pecados (cp. 1Ts 1:10; 1Jn 4:15; 1Jn 5:5). retengamos nuestra profesión. Vea las notas sobre Heb 3:1 ; Heb 3:6 ; Heb 10:23.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
En esta sección el escritor expone el Sal 110:4 que fue citado en Heb 5:6. Cristo no solo es superior como apóstol a Moisés y Josué, sino a Aarón como sumo sacerdote (Heb 4:14-16; Heb 5:1-10; cp. Heb 3:1). En medio de su exposición, el escritor da una exhortación relacionada con la condición espiritual de sus lectores (Heb 5:11-14; Heb 6:1-20). Al concluir la exhortación, vuelve al tema del sacerdocio de Cristo (Heb 7:1-28).
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
4:14 — «gran sumo sacerdote». (Véanse 2:17; 3:1). Se había hecho mención
del sacerdocio de Cristo, pero ahora el autor pasa a presentar las pruebas, cosa que le ocupa hasta el capítulo 10. Es nuestro gran sumo sacerdote, exaltado infinitamente sobre todo sacerdote judaico.
–«traspasó los cielos». Traspasó los cielos creados (Hch 1:11) para entrar en la presencia de Dios («el cielo mismo», 9:12,24).
–«Jesús el hijo de Dios». Nuestro sumo sacerdote no es ningún hombre sino Dios mismo. Sobre su Deidad ya ha hablado el autor en los primeros tres capítulos.
–«retengamos nuestra profesión». (Véanse 3:1; 10:21,23). Esta exhortación implica que los hebreos corrían el riesgo de abandonar esa profesión. Muchos son las exhortaciones en esta carta. En este solo capítulo vemos éstas: «Temamos» (versículo 1), «procuremos» (versículo 11), «retengamos» (versículo 14), y «acerquémonos» (versículo 16). La condición espiritual de los hermanos hebreos demandaba mucha exhortación. (Véase 13:22).
Fuente: Notas Reeves-Partain
EL SUMO SACERDOTE IDEAL
Hebreos 4:14-16
Por tanto, como tenemos un Sumo Sacerdote grande por naturaleza que ha pasado los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengámonos firmes en nuestra confesión de fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda sentir con nosotros en nuestras debilidades, sino Uno que ha pasado por todas las tentaciones exactamente como nosotros, pero sin sucumbir al pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente a Su trono de Gracia para recibir misericordia y encontrar gracia que nos ayude como lo requiera la necesidad.
Aquí nos introducimos en el meollo de la gran concepción característica de Hebreos: que Jesús es el Sumo Sacerdote perfecto. Su misión es traer al hombre la Palabra de Dios, e introducir al hombre en la presencia de Dios. El Sumo Sacerdote tiene que conocer perfectamente y al mismo tiempo a Dios y al hombre. Esta es la misión de Jesús que esta epístola nos presenta magistralmente.
(i) Este pasaje empieza haciendo hincapié en la sublime grandeza y en la absoluta divinidad de Jesús. Él es grande por naturaleza; no por los honores que Le hayan concedido los hombres ni por adornos exteriores, sino por la misma esencia de Su ser. Ha pasado los cielos; esto puede querer decir dos cosas. En el Nuevo Testamento encontramos diversos sentidos de la palabra cielo. Uno era el cielo del aire, de las nubes y de las estrellas, lo que podríamos llamar el firmamento. Otro era el de la presencia de Dios, el tercer Cielo al que Pablo fue admitido en la experiencia a la que alude en 2Co 12:2 . Puede referirse a los cielos de las nubes y de las estrellas, y puede referirse al Cielo de la presencia de Dios. Esto puede querer decir que Jesús ha pasado a través de todos los cielos que pueda haber, y está en la misma presencia de Dios; puede querer decir lo que la poetisa Christina Rossetti cuando dijo: «El Cielo no le puede contener.» Jesús es tan grande que hasta el Cielo es demasiado pequeño para Él. Nadie ha presentado la sublime grandeza de Jesús como el autor de Hebreos.
(ii) Y entonces vuelve a otro plano más próximo a nosotros. Nadie ha estado más seguro de la total identificación de Jesús con los hombres. Él pasó por absolutamente todo lo que un hombre tenga que pasar, y es como nosotros en todo, excepto que superó todas las pruebas sin contaminarse de pecado. Antes de que volvamos a examinar más de cerca el sentido de esto, debemos tomar nota de algo. El hecho de que Jesús fuera sin pecado quiere decir que Él conoció honduras y tensiones y asaltos de la tentación que nosotros no conoceremos nunca. Lejos de ser Su batalla más fácil, fue incalculablemente más difícil. ¿Por qué? Por esta razón: nosotros sucumbimos a la tentación mucho antes de que el tentador haya agotado todos los recursos de su poder. No conocemos nunca lo más feroz de la tentación porque nos rendimos mucho antes de llegar a ese punto. Pero Jesús fue tentado con mucha más fuerza, porque en Su caso el tentador empleó absolutamente toda su astucia y su fuerza en el asalto. Vamos a compararlo con lo que sucede con el dolor físico: hay un grado de dolor que un ser humano puede soportar; y, cuando se pasa ese grado, se pierde el conocimiento; de modo que hay agonías de dolor que no se experimentan nunca. Eso es lo que pasa con la tentación: nos rendimos ante ella al llegar a un cierto punto; pero Jesús llegó a nuestro límite, y mucho más adelante, y no sucumbió. Es verdad que fue tentado en todos los sentidos como nosotros; pero también es verdad que ninguno de nosotros será tentado hasta el punto que lo fue Jesús.
(iii) Esta experiencia de Jesús tuvo tres consecuencias.
(a) Le dio el don de la simpatía. Aquí hay algo que debemos comprender, pero que nos resulta muy difícil. La idea cristiana de Dios como un Padre amante forma ya parte de las entretelas de nuestro pensamiento y sentimiento; pero entonces era totalmente nueva. Para los judíos, la idea básica acerca de Dios era
la santidad, que quiere decir que Dios es totalmente diferente de nosotros. En ningún sentido se puede decir que Dios comparte nuestra experiencia humana; Dios es de hecho incapaz de compartirla precisamente porque es Dios.
Esto era aún más claro para los griegos. Los estoicos, los pensadores griegos más elevados, decían que el principal atributo de Dios era la apatheía, por lo que entendían una incapacidad esencial para sentir nada en absoluto. Lo razonaban diciendo que, si una persona puede sentir dolor o alegría por algo, eso quiere decir que tal cosa puede influir en ella y, por tanto, por lo menos en esa ocasión, es superior a ella. Nada ni nadie debe poder afectar a Dios, porque eso querría decir que es superior a Él. Dios está más allá de todo sentimiento.
La otra escuela griega era la de los epicúreos, que decían que los dioses viven en perfecta felicidad en lo que llamaban intermundia, el espacio entre los mundos; y ni siquiera sabían que hubiera un mundo con personas que sufrían en él.
Los judíos tenían un Dios que era diferente; los estoicos, dioses que eran insensibles; los epicúreos, dioses totalmente desconectados. A esos mundos de pensamiento vino el Evangelio con la idea de un Dios que había sufrido voluntariamente todas las experiencias humanas. Plutarco, uno de los griegos más religiosos, declaraba que era blasfemia implicar a los dioses en los asuntos de este mundo. El Cristianismo describe a Dios, no solamente implicado, sino identificado con el sufrimiento del mundo. Nos es imposible darnos cuenta de la revolución que trajo el Cristianismo en lo referente a la relación de Dios con la humanidad. Hacía siglos que no se hablaba más que de un dios inasequible; y ahora descubrían a un Dios que compartía y asumía el sufrimiento humano.
(b) Eso tenía dos consecuencias. Le daba a Dios la cualidad de la misericordia. Es fácil comprender por qué: porque Dios comprende. Algunas personas llevan una vida protegida; no están expuestas a las tentaciones que les sobrevienen a los que viven una vida que no tiene nada de fácil. Algunas personas tienen una naturaleza que es fácil de controlar; otras tienen pasiones ardientes que hacen peligrosa la vida. A la persona que ha llevado una vida protegida o que no tiene una naturaleza inflamable le resulta difícil comprender las caídas de las otras personas. Le resultan inexplicables, y no puede evitar el condenar lo que no puede comprender. Pero Dios sí puede comprender. » Conocerlo todo es perdonarlo todo» -de nadie puede decirse tan verdaderamente como de Dios.
John Foster cuenta en uno de sus libros que, cuando llegó a su casa de Escocia cierto día de los años treinta, se encontró a su hija llorando a lágrima viva ante el aparato de radio. Le preguntó por qué lloraba, y ella le contestó que se había dicho en las noticias que los tanques japoneses habían entrado en Cantón, China, aquel día. Para la mayor parte de los británicos aquella noticia no pasaría de ser triste sólo hasta cierto punto. Los políticos tal vez la escucharon como una advertencia de peligros que acechaban; pero a muchas otras personas aquello ni les iba ni les venía. ¿Por qué estaba llorando tanto la hija de John Foster? Porque ella había nacido en Cantón, y aquel nombre le traía a la memoria el hogar, la escuela y los amigos de su infancia. Para muchos era un lugar lejano y desconocido; pero ella había vivido allí. En eso estaba la diferencia. Y no hay ninguna experiencia humana de la que Dios no pueda decir: «Yo he estado allí.» Cuando tenemos algo muy triste que contar, cuando la vida nos ha calado hasta los huesos con sus lágrimas, no acudimos a un dios que es incapaz de comprender lo que nos ha sucedido, sino que acudimos a un Dios que ha estado allí. Por eso mismo, si podemos decirlo así, a Dios Le resulta tan fácil comprender, y ayudar, y perdonar.
(c) Esto hace que Dios nos pueda ayudar. Conoce nuestros problemas porque ha pasado por ellos. La persona que mejor te puede aconsejar y ayudar en un viaje es la que lo ha hecho antes que tú. Dios puede ayudar porque lo ha experimentado.
Jesús es el Sumo Sacerdote perfecto porque es perfectamente Dios y perfectamente hombre. Porque ha vivido nuestra vida puede darnos simpatía, misericordia y poder. Él trajo a Dios a los hombres, y puede llevar a los hombres a Dios.
Fuente: Comentario al Nuevo Testamento
— que ha traspasado los cielos: Probable alusión al sumo sacerdote judío que el gran Día de la Expiación entraba en el “lugar santísimo” del Templo traspasando el velo que lo separaba del “lugar santo” (Éxo 26:31-33; Lev 16:2-15). Más adelante (Heb 9:7-12) el autor de Hebreos subrayará la diferencia radical entre la acción del sumo sacerdote judío y la acción de Jesucristo, sumo sacerdote de la nueva alianza.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Heb 2:17-18; Heb 3:1; Heb 7:26; Heb 10:22-23; (ver Jua 8:46; 2Co 5:21; 1Jn 3:5).
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
La compasión de Cristo
La expresión sumo sacerdote es una de las palabras gancho, que vincula el argumento en 4:14 con el comienzo de la sección siguiente (3:1; cf. 2:17), e introduce un nuevo segmento. También es el término característico en 4:14-5:10 donde se enfoca particularmente a Cristo como sumo sacerdote con misericordia. La exaltación de Jesús y su entrada en los cielos es la base para un llamado a retener nuestra confesión (v. 14; DHH, BJ, “la fe que profesamos”). Su experiencia humana lo califica para sentir aprecio y misericordia por aquellos que se acercan con confianza al trono de la gracia (vv. 15, 16). En 5:1 el autor da una definición general del papel del sumo sacerdote en el AT. Luego muestra lo importante que era para un sumo sacerdote el poder sentir compasión de los ignorantes y los extraviados (vv. 2, 3), e insiste en que se debe ser llamado por Dios para este oficio (v. 4). Después, en orden contrario, aplica los mismos criterios a Jesús, destacando las similitudes y diferencias de su sumo sacerdocio. El llamado de Jesús por Dios debía ser el de un sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec (v. 6). Al aprender a confiar y obedecer a Dios en medio del sufrimiento (v. 8) adquirió una comprensión de nuestra situación y una compasión que lo capacitó para ser un sumo sacerdote perfecto (vv. 7, 8; cf. 4:15, 16). En términos generales, entonces, Jesús se describe como el sumo sacerdote que llegó a ser Autor (DHH, “fuente”) de eterna salvación para todos los que le obedecen (9).
El lector debe mantener en mente que el segmento doctrinal (vv. 1-10) está incluido para apoyar y dar fuerza a las exhortaciones que lo preceden (4:14-16). Además, es interesante notar que la parte principal de Heb. (7:1-10:18) concluye con exhortaciones similares (10:19-23). Esto prueba que la enseñanza del autor sobre el sumo sacerdocio de Jesús está diseñada especialmente para alentar la perseverancia en la lucha contra el pecado y la incredulidad. Estos pasajes nos urgen a aferrarnos a todos los recursos espirituales que están disponibles para nosotros en Cristo.
14 El gran incentivo para retener nuestra confesión (DHH, “la fe que profesamos”) es el conocimiento de que Jesús es el Hijo de Dios y un gran sumo sacerdote que ha traspasado los cielos. Como el Hijo de Dios él es la revelación definitiva de Dios, y aquel en quien se completan los propósitos de Dios para el universo. Como el sumo sacerdote definitivo fue fiel a Dios frente al sufrimiento y la tentación, soportando la muerte para “expiar los pecados del pueblo” (2:17). En su ascensión traspasó los cielos y entró en la presencia de Dios, “para presentarse ahora delante de Dios a nuestro favor” (9:24). En el día anual de la expiación (Lev. 16) los sumos sacerdotes judíos ofrecían sacrificios fuera del tabernáculo o del templo, y entonces entraban a la tienda interior o santuario para interceder por el pueblo sobre la base de las ofrendas que habían hecho. En muchos pasajes diferentes Heb. sugiere el cumplimiento del ritual en la muerte de Jesús, su ascensión a los cielos y su obra de intercesión a la diestra de Dios (cf. especialmente 7:25-28; 9:11, 12).
15 El versículo previo podría sugerir que Jesús estuvo lejos de las luchas de su pueblo en la tierra. Pero nuestro sumo sacerdote celestial puede compadecerse de nuestras debilidades, pues él fue tentado en todo igual que nosotros, pero sin pecado. El tiempo perfecto en gr. (pepeirasmenon, “ha sido tentado”) implica que el Cristo exaltado lleva consigo sus experiencias terrenales de resistencia al pecado: continúa sabiendo lo que significa ser tentado igual que nosotros. Pero el conocimiento de Jesús de nuestras debilidades no proviene de que él mismo haya pecado (cf. 9:14; Juan 8:46; 2 Cor. 5:21; 1 Jn. 3:5). Fue hecho en todo como nosotros (2:17; gr. kata panta) y ha sido tentado en todo igual que nosotros (gr. kata panta) (4:15). Sin embargo, el ser tentado no es pecar. Jesús fue como Adán antes de rebelarse contra Dios: no tenía historia de pecado y tenía la libertad de no pecar. ¡Pero esto no lo hizo menos humano! Ciertamente, sólo él que resistió la tentación hasta el fin sabe todo lo que pesa. Como Jesús luchó para hacer la voluntad del Padre delante de todas las dificultades (5:7, 8; 12:2, 3) se demostró a sí mismo que era un hombre con una diferencia, y que es el único que puede salvarnos del poder y el castigo del pecado.
16 El desafío a acercarnos con confianza al trono de la gracia se basa especialmente en la enseñanza de que Jesús puede sentir compasión de nuestras debilidades. Está entronizado con Dios como gobernante celestial cuyo trono o dominio se caracteriza por la gracia. La idea de “acercarse” a Dios es muy prominente en Heb. (7:19, 25; 10:1, 22; 11:6; 12:18, 22). El antiguo pacto provee un limitado acceso a Dios por medio del sistema de sacrificios en el tabernáculo o el templo. Pero la obra de Jesús como sumo sacerdote introduce una “mejor esperanza”, por la cual “nos acercamos a Dios” (7:19). El llegar a Dios por medio de Jesús significa recibir por la fe la salvación que él pone a nuestra disposición (7:25; 12:22-24). Acercarnos continuamente (que es el sentido lit. del tiempo presente de proserchometha aquí y en 10:22) significará el expresar la relación con Dios directamente por medio del nuevo pacto, en oración, buscando misericordia para las fallas pasadas y gracia para el oportuno socorro (DHH “en la hora de necesidad”). Esta aproximación a Dios buscando socorro para correr la carrera cristiana debe ser con confianza (gr. meta parresia, €cf.€ 3:6; 10:19) a pesar del más franco reconocimiento de nuestros pecados.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
REFERENCIAS CRUZADAS
h 158 Heb 7:26
i 159 Mat 26:63; Mar 1:11; Heb 1:2
j 160 Heb 3:1; Heb 10:23
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
gran sumo sacerdote. A ningún sacerdote del A.T. se le nombra de esta forma, indicando la superioridad del sacerdocio de Cristo sobre el sacerdocio levítico. Mientras el sacerdote del A.T. entraba al lugar santísimo una vez al año (9:7; Ex 30:10; Lv 16:34), fuera de la vista del pueblo (Le 16:12– 17), a Cristo no se le puede ver porque ha subido al cielo y ha entrado al trono mismo de Dios (2:17; 3:1).
retengamos nuestra fe. Por la superioridad del sacerdocio de Jesús, los creyentes hebreos son exhortados a mantenerse firmes en la confesión de su fe en Cristo y no regresar al judaísmo.
Fuente: La Biblia de las Américas
14 (1) Es decir, excelente, maravilloso, glorioso y lo más honorable. Cristo es grandioso en Su persona (1:5,8; 2:6), en Su obra (1:3; 2:17,9, 14-15,10; 3:5-6; 4:8-9; Hch_2:24 , Hch_2:27) y en lo que ha logrado (6:20; 9:24; 2:9).
14 (2) Primero el Señor Jesús fue enviado por Dios a nosotros por medio de la encarnación (2:14) para ser nuestro Apóstol (3:1), nuestro Autor, nuestro Líder (2:10), Aquel que es superior a Moisés (3:3), y nuestro verdadero Josué (4:8), para introducirnos a nosotros, Sus compañeros (1:9; 3:14), en la gloria y en el reposo (2:10; 4:11). Después El regresó de nosotros a Dios por medio de la resurrección y la ascensión (5:5-6) a fin de ser nuestro Sumo Sacerdote, quien está delante de Dios llevándonos sobre Sí y encargándose de todas nuestras necesidades (2:17-18; 4:15).
14 (3) Habiendo despojado a los principados y potestades ( Col_2:15), habiéndose levantado del Hades ( Hch_2:24 , Hch_2:27), y habiendo traspasado los cielos, nuestro Sumo Sacerdote ahora está sentado en el trono a la diestra de Dios.
14 (4) Se refiere a la fe.
Fuente: Comentario Del Nuevo Testamento Versión Recobro
T232 El verbo κρατέω significa: dominar.
Fuente: Ayuda gramatical para el Estudio del Nuevo Testamento Griego
Lit., pasó a través de
O, confesión, o, profesión