Comentario de Hechos 26:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Luego Agripa dijo a Pablo: —Se te permite hablar por ti mismo. Entonces Pablo extendió la mano y comenzó su defensa:
26:1 — Entonces Agripa (ahora Agripa preside ) dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo (en tu favor, LBLA) — Esto no era un juicio en el sentido ordinario, porque al apelar al César, Pablo ya no podía tener ningún juicio oficial en tribunales inferiores. En realidad Pablo podía haber rehusado presentar su defensa delante de Agripa. Festo ya había declarado que Pablo era inocente (25:18, 25), y solamente quería la ayuda de Agripa para la formulación de algún cargo contra Pablo que pudiera presentarse ante la suprema corte romana. Se le concedió a Pablo, pues, que hablara lo que quisiera en su propio favor. Agripa no le estaba acusando ni interrogando, sino que solamente quería oír la defensa de Pablo. Si el testimonio de Pablo hubiera creado dudas en la mente de Agripa (o de Festo), habría habido preguntas, pero su testimonio era muy abierto y muy claro. Como dice Lenski, «Ni Festo ni Agripa hablaron como Cornelio había hablado a Pedro aquí en Cesarea: ‘Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado» (10:33). — Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa: — 1Pe 3:15. La defensa de Pablo era la narración de su conversión a Cristo y, de esa manera, realizó la obra prescrita para él («llevar mi nombre en presencia de los… reyes», 9:15). Es semejante al discurso que entregó en Jerusalén sobre las gradas de la fortaleza, pero en esta ocasión suple detalles adicionales. «Su discurso es una obra maestra de noble apologética» (ATR).Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain
se te permite hablar. Hch 25:16; Pro 18:13, Pro 18:17; Jua 7:51.
extendiendo la mano. Pro 1:24; Eze 16:27; Rom 10:21.
comenzó su defensa. Hch 26:2; Hch 22:1.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Pablo en presencia de Agripa, testifica de su vida desde su niñez, Hch 26:1-11;
y cómo milagrosamente fue convertido y llamado al apostolado, Hch 26:12-23.
Festo lo incrimina de estar loco a lo que él responde modestamente, Hch 26:24-27.
Agripa casi es persuadido a ser cristiano, Hch 26:28-30.
Agripa también lo declara inocente, Hch 26:31, Hch 26:32.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
extendiendo la mano: En saludo al rey.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
Discurso de Pablo, 26:1-32.
1 Dijo Agripa a Pablo: Se te permite hablar en tu defensa. Entonces Pablo, tendiendo la mano, comenzó así su defensa: 2 “Por dichoso me tengo, rey Agripa, de poder defenderme hoy ante ti de todas las acusaciones de los judíos; 3 sobre todo, porque tú conoces todas las costumbres de los judíos y sus controversias. Te pido, pues, que me escuches con paciencia. 4 Lo que ha sido mi vida desde la juventud, cómo desde el principio he vivido en medio de mi pueblo, en Jerusalén mismo, lo saben todos los judíos; 5 de mucho tiempo atrás me conocen y pueden, si quieren, dar testimonio de que he vivido como fariseo, según la secta más estrecha de nuestra religión. 6 Al presente estoy sometido a juicio por la esperanza en las promesas hechas por Dios a nuestros padres, 7 cuyo cumplimiento nuestras doce tribus, sirviendo continuamente a Dios día y noche, esperan alcanzar. Pues por esta esperanza, ¡oh rey!, soy yo acusado por los judíos. 8 ¿Tenéis por increíble que Dios resucite a los muertos? 9 Yo me creí en el deber de hacer mucho contra el nombre de Jesús Nazareno, 10 y lo hice en Jerusalén, donde encarcelé a muchos santos, con poder que para ello tenía de los sumos sacerdotes, y cuando eran muertos, yo daba mi voto. 11 Muchas veces por todas las sinagogas los obligaba a blasfemar a fuerza de castigos, y loco de furor contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas. 12 Para esto mismo iba yo a Damasco, con poder y autorización de los sumos sacerdotes; 13 y al mediodía, ¡oh rey!, vi en el camino una luz del cielo, más brillante que el sol, que me envolvía a mí y a los que me acompañaban. 14 Caídos todos a tierra, oí una voz que me decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro te es dar coces contra el aguijón. 15 Yo contesté: ¿Quién eres, Señor? El Señor me dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Pero levántate y ponte en pie, pues para esto me he aparecido a ti, para hacerte ministro y testigo de lo que has visto y de lo que te mostraré aún, 17 librándote de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío 18 para que les abras los ojos, se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios, y reciban la remisión de los pecados y la herencia entre los santificados por la fe en mí. 19 No fui, ¡oh rey Agripa!, desobediente a la visión celestial, 20 sino que primero a los de Damasco, luego a los de Jerusalén y por toda la región de Judea y a los gentiles, anuncié la penitencia y la conversión a Dios por obras dignas de penitencia. 21 Sólo por esto los judíos, al cogerme en el templo, intentaron quitarme la vida; 22 pero gracias al socorro de Dios he continuado hasta este día dando testimonio a pequeños y a grandes y no enseñando otra cosa sino lo que los profetas y Moisés han dicho que debía de suceder: 23 Que el Mesías había de padecer, que siendo el primero en la resurrección de los muertos, había de anunciar la luz al pueblo y a los gentiles.” 24 Defendiéndose él de este modo, dijo Festo en alta voz: ¡Tú deliras, Pablo! Las muchas letras te han sorbido el juicio. 25 Pablo le contestó: No deliro, nobilísimo Festo; lo que digo son palabras de verdad y sensatez. 26 Bien sabe el rey estas cosas, y a él hablo confiadamente, porque estoy persuadido de que nada de esto ignora, pues no son cosas que se hayan hecho en un rincón. 27 ¿Crees, rey Agripa, en los profetas? Yo sé que crees. 28 Agripa dijo a Pablo: Poco más, y me persuades a que me haga cristiano. 29 Y Pablo: Por poco más o por mucho más, pluguiese a Dios que no sólo tú, sino todos los que me oyen se hicieran hoy tales como lo soy yo, aunque sin estas cadenas. 30 Se levantaron el rey y el procurador, Berenice y cuantos con ellos estaban sentados; 31 y al retirarse se decían unos a otros: Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la prisión. 32 Agripa dijo a Festo: Podría ponérsele en libertad, si no hubiera apelado al César.
El presente discurso de Pablo coincide, en sus líneas generales, con el pronunciado ante el pueblo judío, cuando le hicieron prisionero (22:1-21). Ello es natural, pues en ambos casos se trata de un discurso en propia defensa, y lo más noble es presentar abiertamente los hechos: antes de la conversión (v.4-11), en la conversión (v.12-18), después de la conversión (v.18-23).
Una cosa, sin embargo, hace resaltar en este discurso, que allí no aparece; y es la de que está detenido por defender “la esperanza judía,” la resurrección de los muertos, inaugurada con la resurrección de Jesucristo (v.6-8.22-23). Es la misma idea que ya desarrolló en su discurso ante el sanedrín (cf. 23:6-8) y en su discurso ante el procurador Félix (cf. 24:15); y con la que, como entonces hicimos notar, liga en cierto sentido su causa a la de los fariseos. Se trata de hacer ver que el cristianismo no es algo que rompe con el judaísmo, sino que es el mismo judaísmo en su última etapa de desarrollo, tal como había sido anunciado ya por Moisés y los profetas. Esta idea profunda no puede menos de traernos a la memoria aquella expresión terminante de Jesucristo: “No penséis que he venido a abrogar la Ley y los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla” (Mat 5:17). La expresión “herencia entre los santificados” (v.18) es corriente en Pablo (cf. Efe 1:14; Gal 1:12). Dicha “herencia” no es sino la vida eterna (cf. Mat 25:34; Rom 8:10-17), de la que actualmente el Espíritu Santo constituye la garantía de lo que se iba a recibir (cf. 2Co 1:22), y de la que era figura la tierra prometida.
Por lo demás, este discurso de Pablo no ofrece dificultades especiales, pues se alude a hechos de su vida comentados ya en otro lugar (cf. 9:1-30). Notemos únicamente el bello exordio o captatio benevolentiae con que Pablo inicia su discurso (v.2-3), parecido al del discurso ante Félix (cf. 24:10) y no menos hábil que el del Areópago (cf. 17:22-23). Notemos también que Pablo, bajo custodia miliíaris (cf. 24:23), hubo de pronunciar su discurso, atado con una cadena a un soldado (v.29).
La reacción de los dos principales espectadores, Festo y Agripa, queda maravillosamente reflejada en el relato de Lucas. La de Festo es la de un pagano noble, más o menos escéptico en cuestiones religiosas (cf. 25:19), sin enemiga alguna contra Pablo, que cree está p3rdiendo el tiempo con cuestiones bizantinas (v.24); la de Agripa, en cambio, es la de un judío erudito, que, en parte al menos, está percibiendo la fuerza de la argumentación de Pablo, pero, demasiado atado por compromisos morales, quiere salir de aquella situación embarazosa y busca una evasiva (v.28). En nuestra terminología de hoy, quizá pudiéramos traducir así su respuesta: “¡Vaya! ¡Qué poco te cuesta a ti convertirme!” La contestación de Pablo (v.29), haciendo un juego de palabras con el “poco más” de Agripa, revela al vivo toda la grandeza moral del Apóstol, que cortés pero valientemente sabe ir siempre al fondo de las cosas.
Mas a Agripa no le interesaba seguir, máxime estando allí presente Berenice, la cómplice de todos sus enredos; por eso, sin atender siquiera a la respuesta de Pablo, da por terminada la sesión (v.50). La conclusión fue que también Agripa, al igual que antes Festo (cf. 25:25), reconoce la inocencia de Pablo, diciendo incluso que “podía ponérsele en libertad, si no hubiera apelado al César” (v.32).
Fuente: Biblia Comentada
Se te permite hablar. Puesto que no había alguien que acusara a Pablo, Herodes le permitió hablar en su propia defensa. extendiendo la mano. Un gesto común al comienzo de un discurso (cp. Hch 12:17; Hch 13:16; Hch 19:33).
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Quinta de las seis defensas de Pablo (cp. Hch 22:1-21; Hch 22:30; Hch 23:1-10; Hch 24:10-21; Hch 25:1-12; Hch 28:17-19).
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
26:1 — Entonces Agripa (ahora Agripa preside ) dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo (en tu favor, LBLA) — Esto no era un juicio en el sentido ordinario, porque al apelar al César, Pablo ya no podía tener ningún juicio oficial en tribunales inferiores. En realidad Pablo podía haber rehusado presentar su defensa delante de Agripa. Festo ya había declarado que Pablo era inocente (25:18, 25), y solamente quería la ayuda de Agripa para la formulación de algún cargo contra Pablo que pudiera presentarse ante la suprema corte romana. Se le concedió a Pablo, pues, que hablara lo que quisiera en su propio favor. Agripa no le estaba acusando ni interrogando, sino que solamente quería oír la defensa de Pablo. Si el testimonio de Pablo hubiera creado dudas en la mente de Agripa (o de Festo), habría habido preguntas, pero su testimonio era muy abierto y muy claro. Como dice Lenski, «Ni Festo ni Agripa hablaron como Cornelio había hablado a Pedro aquí en Cesarea: ‘Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado» (10:33).
— Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa: — 1Pe 3:15. La defensa de Pablo era la narración de su conversión a Cristo y, de esa manera, realizó la obra prescrita para él («llevar mi nombre en presencia de los… reyes», 9:15). Es semejante al discurso que entregó en Jerusalén sobre las gradas de la fortaleza, pero en esta ocasión suple detalles adicionales. «Su discurso es una obra maestra de noble apologética» (ATR).
Probablemente algunos de los oficiales romanos y judíos se hubieran reunido para divertirse. El caso era excepcional y, por eso, algo interesante. ¿Qué dirá este judío delante de una asamblea tan importante? Después de escuchar la defensa de Pablo, los oyentes se dieron cuenta de que que en lugar de juzgar a Pablo, ellos mismos habían sido juzgados. Posiblemente alguno de ellos habrá dicho, «No me vuelvan a invitar a escuchar a ese prisionero, porque no salí nada divertido».
Fuente: Notas Reeves-Partain
LA DEFENSA DE UN HOMBRE CAMBIADO
Hechos 26:1-11
Agripa inició la sesión diciendo a Pablo:
-Tienes nuestro. permiso para dar tu versión de los Hechos.
Pablo extendió el brazo en señal de saludo y para pedir atención, y empezó su defensa:
-Considero un privilegio, rey Agripa, el poder defenderme hoy ante ti de todas las acusaciones que han presentado contra mí los judíos. Y aún más afortunado me considero por el hecho de que tú eres un experto en todas las costumbres y cuestiones judías. Por tanto, te ruego que me escuches con paciencia. Todos los judíos conocen de sobra la clase de vida que he llevado desde mi juventud, porque he vivido todo el tiempo entre los de mi nación en Jerusalén. Así es que me conocen de tiempo. Si estuvieran dispuestos, podrían presentar evidencia de que mi vida era la de un fariseo modelo, obediente a los principios de la denominación más estricta de nuestra religión. ¡Y ahora resulta que se me está juzgando aquí hoy porque mi esperanza está puesta en que Dios cumplirá la promesa que hizo a nuestros antepasados! Pero esa y no otra es la esperanza que las diez tribus de Israel se esfuerzan por alcanzar, dando culto a Dios con constante devoción día y noche. Por albergar esta esperanza, Majestad, se me acusa, ¡y mis acusadores son judíos! ¿Es que se considera increíble que Dios resucite a los muertos? Yo estaba convencido de que era mi deber hacer todo lo que pudiera en contra de Jesús el Nazareno. Y lo hice primero en Jerusalén: metí en la cárcel a muchos del pueblo de Dios con la debida autorización de los principales sacerdotes. Cuando condenaban a muerte a los seguidores de Jesús, yo daba mi voto en su contra. Fui de sinagoga en sinagoga castigándolos a ver si los obligaba a maldecir el nombre de Jesús. En mi loca furia llevé la campaña de persecución hasta a ciudades fuera de Palestina.
Una de las cosas extraordinarias que encontramos en las personas del Nuevo Testamento es que no tenían miedo de confesar lo que habían sido antes. Aquí, en presencia del Rey, Pablo confiesa abiertamente que en el pasado había hecho todo lo posible para acabar con todos los cristianos.
Hubo un famoso evangelista llamado Brownlow North. En su juventud había llevado una vida que era todo menos cristiana. Un día, precisamente antes de subirse al púlpito en una iglesia de Aberdeen, recibió una carta. En ella se le decía que el que la había escrito tenía pruebas de algo indigno que Brownlow North había hecho antes de convertirse; y añadía que el que había escrito la carta tenía intención de interrumpir el culto y contarle a la congregación aquel pecado si él predicaba. Brownlow subió al púlpito con la carta; se la leyó a la congregación; contó a lo que se refería, y entonces les dijo que Cristo le había cambiado y podía cambiarlos también a ellos. Usó la evidencia de su vergüenza como prueba de la gracia de Cristo.
Denney solía decir que la gran prueba del Evangelio es que hace buenos a los malos. Los cristianos auténticos nunca tienen miedo de señalarse a sí mismos como ejemplos vivos del poder de Cristo. Es verdad que no podemos cambiarnos a nosotros mismos; pero es también gloriosamente cierto que, lo que nosotros no podemos hacer, Cristo lo puede hacer por nosotros.
En este pasaje Pablo insiste en que el centro de su mensaje es la Resurrección. Su testimonio no es acerca de uno que ha vivido y muerto, sino de uno que está gloriosamente presente y vivo para siempre. Para Pablo todos los días eran el Día de la Resurrección.
Fuente: Comentario al Nuevo Testamento
CAPÍTULO 26
1 Agripa, pues, dijo a Pablo: «Se te permite hablar en tu defensa.» Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó su defensa: 2 «Me considero feliz, rey Agripa, al comenzar a defenderme hoy delante de ti, de todas esas cosas de que soy acusado por los judíos, 3 y más siendo, como eres, conocedor de todas las costumbres y controversias que entre los judíos hay. Por ello te ruego que me escuches pacientemente. 4 »Mi vida, desde la juventud, que se desarrolló al principio entre mi gente y en Jerusalén, es conocida de todos los judíos; 5 los cuales, conociéndome desde antiguo, saben, si lo quisieran reconocer, que viví como fariseo según la secta más estrecha de nuestra religión. 6 Y ahora estoy siendo juzgado por la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres, 7 a la cual esperan llegar nuestras doce tribus, sirviéndole continuamente noche y día. Por razón de esta esperanza soy acusado de los judíos, oh rey. 8 ¿Acaso os parece increíble que Dios resucite a los muertos? 9 Yo, por mi parte, pensé que debía hacer todo lo posible contra el nombre de Jesús de Nazaret, 10 y lo hice en Jerusalén, y a muchos de los fieles encerré yo en la cárcel, con autorización que recibía de los sumos sacerdotes. Y cuando se les condenaba a muerte, yo daba mi voto contra ellos. 11 Y por todas las sinagogas, muchas veces a fuerza de golpes, los obligaba a blasfemar y, enfurecido hasta el extremo, los perseguía incluso en las ciudades extranjeras. 12 »En esto, yendo a Damasco con poderes y permiso de los sumos sacerdotes, 13 a medio día, por el camino, vi, oh rey, que me rodeaba, a mí y a los que conmigo iban, una luz proveniente del cielo que superaba el resplandor del sol. 14 Caímos a tierra todos, y oí una voz que me decía en lengua hebrea: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro es para ti dar coces contra el aguijón.» 15 Yo dije: «¿Quién eres tú, Señor?» Y el Señor me dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Pero levántate y ponte sobre tus pies; porque para esto me he aparecido a ti, para constituirte servidor y testigo de lo que acabas de ver y de lo que aún te mostraré. 17 Yo te libraré de tu pueblo y de las naciones a las cuales te voy a enviar, 18 a fin de que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satán a Dios, y alcancen la remisión de los pecados y la herencia entre los que han sido santificados por la fe en mí.» 19 A partir de entonces no fui desobediente, oh rey Agripa, a la visión celestial, 20 sino que, primero en Damasco y en Jerusalén, y después en toda la región de Judea y entre los gentiles, me puse a predicar que se convirtieran y volvieran a Dios, haciendo obras en consonancia con esa conversión. 21 Por causa de esto algunos judíos me prendieron en el templo e intentaban matarme; 22 pero, gracias a la ayuda que recibí de Dios, he permanecido hasta el día de hoy dando testimonio a pequeños y grandes, sin decir otra cosa que lo que predijeron los profetas y Moisés que había de suceder: 23 que el Cristo había de padecer, que sería el primero en resucitar de entre los muertos y que anunciaría la luz al pueblo y a las naciones.»
La pieza oratoria que tenemos ante los ojos tiene gran importancia en diferentes respectos. No debemos pasar por alto las características de la exposición lucana. Esto, sin embargo, no nos impide suponer que Lucas tuviera la posibilidad de procurarse una información segura sobre el encuentro del Apóstol con Agripa y sobre los detalles de tal encuentro, a no ser que se quiera suponer que él mismo participó en el hecho como testigo presencial. En 24,23 se ha dicho, en efecto, que Pablo gozaba en la prisión de cierta libertad y que los suyos tenían la posibilidad de prestarle servicios. No debemos olvidar que el relato entronca con la sección, que a partir de 20,5 se desarrolla en primera persona del plural y de la cual dijimos que permite rastrear a Lucas como garante.
Por tercera vez se ofrece en este discurso al lector la historia de Pablo. Tres veces se muestra en forma que se graba y se retiene fácilmente el itinerario y la imagen del hombre que cual ninguno había dado el testimonio de la salvación y desempeñado el encargo del que lo había llamado. También esta vez parece natural confrontar los tres relatos (9,1 ss; 22,1 ss; 26,4 ss). Las diferencias de detalle no crearán especiales dificultades. Una vez más se acusa la libertad de exposición del autor. Se puede comprobar también en otras piezas. Este modo de proceder nos sugiere que no debemos preguntar con excesiva meticulosidad por lo histórico. Lo que importa es el testimonio kerygmático tanto en los Evangelios como en los Hechos de los apóstoles. Pero al mismo tiempo estamos convencidos de que en dicho testimonio interviene por lo regular lo histórico. Quien se tome tiempo para hacer la comparación, volverá a percibir, también en el discurso ante Agripa, numerosas resonancias de las cartas de Pablo. Léase, por ejemplo, la declaración del Apóstol en la carta a los Gálatas (1,13-24).
También aquí se notifica, ante todo, la vinculación de Pablo con el judaísmo. Deliberadamente habla de cómo su vida se desarrolló «entre mi gente» y de cómo había vivido «como fariseo según la secta más estrecha de nuestra religión». Y una vez más también, como en su discurso ante el sanedrín (23,6) profesa la «esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres». En ello se sabe ligado, juntamente con el rey Agripa, con el pueblo de las «doce tribus». Pablo se dirige a quienes abrigan una expectativa y una esperanza que estaba viva en vastos círculos del judaísmo, en los fariseos como en los esenios. Sobre estos últimos hablan claramente los volúmenes de la Escritura descubiertos en las cuevas de Qumrán. Que efectivamente se oraba noche y día, salta a la vista por la regla de la orden de esta comunidad. De Ana la profetisa se dice en Luc 2:37 que «no se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones».
¿Podía Pablo remitirse realmente a esta expectativa de la salvación por parte de los judíos? ¿Podía decir: «Por razón de esta esperanza soy acusado de los judíos, oh rey»? ¿O hay que suponer que Lucas, en la redacción del discurso, no se daba cuenta de la diferencia entre la esperanza final de los judíos y la de los cristianos? Si supusiéramos esto, estaríamos en contradicción con el resto del testimonio de los escritos lucanos. Lucas sabía que la esperanza de Israel se cumplía en Cristo Jesús y que la comunidad de este Cristo, precisamente por razón de este cumplimiento, miraba a la consumación de la salvación con otros pensamientos y otras esperanzas. Pablo podía apropiarse los conceptos judíos de la salvación en la nueva interpretación hecha posible por la salvación revelada en Cristo. Así piensa finalmente en la resurrección de Jesús cuando hace esta pregunta: «¿Acaso os parece increíble que Dios resucite a los muertos?»
Se comprende que en esta mirada retrospectiva a su vida recordara Pablo especialmente aquel inolvidable encuentro con Cristo ante Damasco. Este caso ocupó también un puesto especial en su discurso ante el pueblo judío (Luc 22:6 ss). Aquí volvemos a oír de aquella extraña aparición luminosa, descrita aquí todavía con más fuerza, y que de nuevo forma el núcleo del relato el diálogo entre el Señor que se manifestaba en aquella luz y su perseguidor. «Duro es para ti dar coces contra el aguijón.» En la literatura clásica, tanto de los griegos como de los latinos, se halla esta imagen empleada en un proverbio muy propagado. ¿La añadió Lucas por su cuenta al relato? ¿O es que Pablo oyó realmente estas palabras en aquella hora? Aquí hay un sentido profundo. Como el animal de tiro enganchado al carro o al arado siente el palo puntiagudo del que lo guía cuando se opone a su voluntad, lo mismo sucede al hombre que se enfrenta con la voluntad del que lo llama. ¿Quiere esto decir que Pablo había sentido ya antes esta llamada y le había cerrado los oídos? Las palabras se refieren al llamamiento, a la vocación que desde Damasco pesa sobre Pablo y a la que en adelante no podrá ya sustraerse.
Con especial énfasis se añade a la palabra de la vocación la de la misión: «Porque para esto me he aparecido a ti, para constituirte servidor y testigo de lo que acabas de ver y de lo que aún te mostraré. Yo te libraré de tu pueblo y de las naciones a las cuales te voy a enviar.» ¿A qué se refiere esto? ¿Qué ha «visto» Pablo? Léase 1Co 15:8, con el testimonio de la aparición del Resucitado que fue otorgada al Apóstol «como al último de todos». Nótese en aquel pasaje cuán estrechamente está conectada esta aparición con el resto de las aspiraciones pascuales. Que Pablo fue constituido «servidor y testigo», lo reconoce quienquiera que lee con atención las cartas del Apóstol. En el mensaje de la resurrección se apoya todo el servicio de Pablo, «siervo de Jesucristo, por llamamiento divino, elegido para el Evangelio de Dios» (Rom 1:1). Este Resucitado no se alejará ya de él, sino que constantemente se mostrará en esa misteriosa comunión con Cristo, de la que nos dan impresionante testimonio las cartas del Apóstol.
Conmueve ver que Pablo, que comparece como cautivo ante el rey Agripa, puede proclamar la promesa del Resucitado: «Yo te libraré de tu pueblo y de las naciones a las cuales te voy a enviar.» Los Hechos de los apóstoles habían procurado hasta ahora mostrar esta proximidad eficaz del Señor, y al testimoniarla ahora mediante la palabra del Apóstol cautivo, quieren, conforme a su intención, inspirar también seguridad tocante a su destino ulterior.
Pablo se sabe sometido a la orden divina, y en obediencia a esta orden ha seguido hasta ahora su camino, como lo atestigua solemnemente al «rey Agripa». Damasco se halla al comienzo de este camino, le sigue Jerusalén y el amplio ámbito que ha recorrido el Apóstol. Si bien Pablo no había desplegado largo tiempo la actividad misionera en Jerusalén, sin embargo los Hechos tienen interés en nombrar esta ciudad, donde, según 1,8, habían de comenzar a dar testimonio los apóstoles. Pablo está convencido de la importancia de Jerusalén para su obra misionera, como lo atestigua también en la carta a los Romanos (15,19): «De modo que yo, partiendo de Jerusalén y en todas direcciones hasta Iliria, he dado a conocer plenamente el Evangelio de Cristo.» Podríamos preguntarnos por qué Lucas, precisamente en este discurso, hace que Pablo hable con tanta solemnidad y énfasis de su vocación y misión. No cabe duda de que las palabras de Pablo cuadran a la situación, y él tenía buenas razones para hablar así ante el auditorio descrito. No sólo quería justificar su actividad personal, sino también hablar como mensajero del Evangelio. Pero además de esto, es de suponer que Lucas, en esta última gran escena en que hace hablar a Pablo, quiere poner todavía ante los ojos, en una visión de conjunto, el camino y la obra del Apóstol, a fin de hacer presente al lector la integridad e intangibilidad de su persona y de su acción. Aquí no se pueden separar el relato histórico y la intención teológica.
c) Impresión de sus palabras en Agripa (Hch/26/24-32).
24 A este punto llegaba Pablo en su defensa, cuando Festo interrumpió, diciendo en alta voz: «Tú estás loco, Pablo; las muchas letras te han sorbido el seso.» 25 y Pablo: «No estoy loco -dijo-, ilustre Festo; por el contrario, estoy pronunciando palabras de verdad y de cordura. 26 Sabe de estas cosas el rey, a quien por ello hablo confiadamente, pues no puedo creer que nada de esto ignore, ya que no ha sucedido en ningún rincón. 27 ¿Crees, oh rey Agripa, en los profetas? Yo sé que crees.» 28 Respondió Agripa a Pablo: «Por poco me convences de que me haga cristiano.» 29 Y Pablo: «Pluguiera a Dios que por poco o por mucho, no sólo tú, sino todos los que hoy me escuchan, se volvieran como yo; pero sin estas cadenas.» 30 Se levantó entonces el rey, el procurador, Berenice y los que con ellos estaban sentados; 31 y al retirarse, comentaban unos con otros: «Nada digno de muerte o de cárcel ha hecho este hombre.» 32 Y Agripa dijo a Festo: «Podía ser puesto en libertad este hombre, si no hubiese apelado al César.»
Muchas veces, como lo hemos visto anteriormente, no deja Lucas acabar su discurso al que habla (6,54 ss; 10,44; 17,32; 22,22). Esta vez, el procurador corta la palabra a Pablo. ¿Cómo podía un hombre indiferente, anclado en las cosas terrenas, acomodarse a lo que Pablo iba diciendo de la promesa de los profetas, la pasión del Mesías y la resurrección de los muertos? Su interrupción no ha de estimarse despectiva. Más bien constituye una ironía condescendiente, semejante a la de que es objeto por parte de un liberal escéptico el que profesa una fe trascendente. La interrupción de Festo recuerda la escéptica pregunta de Pilato en el proceso de Jesús: «¿Qué es la verdad?»
Pablo no pierde la serenidad. Llama al rey como testigo. El comienzo del cristianismo no está envuelto en nebulosidades míticas. Ya Pedro podía decir en su discurso ante el centurión romano, Cornelio: «Vosotros conocéis lo que ha venido a ser un acontecimiento en toda Judea, a partir de Galilea…» (10,37). Así también Pablo da por supuesto que Agripa está al corriente de las cosas relativas a la acción de Jesús y a su muerte. Desde un principio fue el caso de Cristo una cosa que en gran parte se desarrolla, de manera comprobable, a plena luz pública. La fe en el misterio de la salvación no tiene por qué renunciar al testimonio de la historia, aunque la razón intrínseca del objeto de la fe no se pueda establecer con el argumento de lo histórico.
«¿Crees, oh rey Agripa, en los profetas?» Una vez más indica el Apóstol cuán enraizado está el Evangelio en la revelación veterotestamentaria. ¿Se debe a una reacción espontánea la respuesta que da Agripa al Apóstol? ¿O se trata más bien de la perplejidad del que se ha visto herido interiormente y se salva con una ironía? Es un cuadro impresionante el de este Pablo encadenado delante de una sociedad distinguida. Como un profeta, está en pie frente a los «hijos del mundo» y, en medio de su impotencia exterior, hace propaganda como testigo en favor de aquel que ha venido a ser el comienzo y la meta de su vida. Esto nos trae a la memoria las palabras de 2Ti 2:9 : «Por él soporto el sufrimiento, incluso el de las cadenas, como si fuera un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada.»
Lucas refiere con especial interés la impresión que hizo el discurso del Apóstol en sus oyentes. «Nada digno de muerte o de cárcel ha hecho este hombre», se dicen entre sí, y el juicio del rey Agripa lo confirma: «Podía ser puesto en libertad este hombre, si no hubiese apelado al Cesar.» Estas palabras se pueden añadir a todas las aserciones anteriores formuladas por los representantes de la administración romana sobre la situación jurídica del Apóstol. Representan claramente un punto culminante en la serie de los testigos. Y una vez más se ve uno forzado a preguntar si este testimonio acumulado de los Hechos de los apóstoles no fue consignado por escrito cuando Pablo estaba todavía en prisión y tenía necesidad de tales deposiciones, o si se escribió -como supone la opinión más extendida- cuando hacía ya tiempo que había muerto el Apóstol.
Fuente: El Nuevo Testamento y su Mensaje
Hch 13:16; Hch 21:40.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Como en los casos de discurso ante Félix (24:2-4, 10) éste comenzó con una afirmación introductoria reconociendo (y aun alabando) la autoridad del juez.
4-8 El discurso continuó según los lineamientos de la defensa en el cap. 22. Como lo había hecho antes en el Sanedrín, Pablo sostuvo que era juzgado por la esperanza de la promesa que Dios hizo a nuestros padres o sea de que Dios resucite a los muertos.
9-14 La primera parte del relato paulino de su experiencia en el camino a Damasco está de acuerdo con las otras versiones en los caps. 9 y 22 (ver sobre 9:1-9), excepto en que aquí la narración revela que el Señor también dijo a Pablo: ¡Dura cosa te es dar coces contra el aguijón! El cuadro es el de un buen buey u otra bestia de carga que se movía al impulso de una vara aguda para guiarlo, lo que era una frase común en escritos seculares y aun judíos. Es un cuadro acertado de la experiencia de Pablo; sus acciones ante la experiencia en el camino a Damasco mostraban que siempre sintió que Jesús era algo irritatador, y luego Dios le mostró qué clase de irritador sería. 15-18 Lucas, o Pablo mismo, ha abreviado el resto del relato. El énfasis de esta versión de la historia está en la palabra del Señor y en el deseo de obedecer por parte de Pablo. 19-21 Fue aquella obediencia a la visión de Jesús, levantado de los muertos por Dios, lo que llegó a ser la razón por la cual los judíos me prendieron en el templo e intentaron matarme. 22, 23 La relación del evangelio con los profetas y Moisés también puede haber sido drásticamente abreviada (ver sobre 2:14). Si el discurso original de Pablo contenía citas de las Escrituras (ver p. ej. el discurso en 13:16-41, especialmente vv. 33-41; 17:3) y usó algunas de las técnicas rabínicas de interpretación que sabemos que Pablo podía manejar (ver p. ej. Gál. 4:21-31), entonces la exclamación de Festo ¡las muchas letras te vuelven loco! (24) tienen más sentido así como la respuesta de Pablo de que él debía estar familiarizado con estas cosas así como su pregunta retórica: ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? ¡Yo sé que crees! (25-27).
28, 29 La pregunta de Agripa fue un intento de eludir la de Pablo. El rey evitó nítidamente tanto negar su fe en los profetas como aceptar la interpretación que Pablo hacía sobre ellos. Este repuso que por poco o por mucho, él tenía realmente esperanza de que todos llegaran a ser como él, salvo estas cadenas. Lejos de pedir la libertad como la de los demás presentes, ¡quiso que todos fueran como él! Los presentes no deben haber podido evitar el ser impresionados por la valentía y vivacidad de Pablo al dirigirse a un rey con un diálogo tan vívido.30-32 Ciertamente, después de la entrevista las personas importantes tenían claro en su mente que Pablo era básicamente inocente. Era irónico que sólo la apelación de Pablo al César le mantenía en cadenas, dado que ponerlo en libertad hubiera sido usurpar el derecho del emperador de juzgar en el ca so. Pablo quería ir a Roma de cualquier manera y Festo estaba satisfecho de no ser responsable ante los ojos de los judíos por liberarle.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
26.3ss Este discurso es un buen ejemplo de la poderosa oratoria de Pablo. Comenzó con un cumplido a Agripa, contó su historia, incluyendo la resurrección de Cristo y la audiencia real quedó fascinada.26.14 Un aguijón era un palo afilado usado para acicatear el ganado. «Dura cosa te es dar coces contra el aguijón», significa: «Te lastimas a ti mismo».26.17, 18 Pablo usó cada oportunidad para recordar a sus oyentes que los gentiles tenían la misma participación en la herencia de Dios. Esta herencia es la promesa y la bendición del pacto de Dios hecho con Abraham (véanse Eph 2:19; 1Pe 1:3-4). La misión de Pablo era predicar las buenas nuevas a los gentiles.26.24 Pablo arriesgaba su vida debido a un argumento ofensivo a los judíos e inaceptable para los gentiles. Jesús recibió la misma respuesta a su mensaje (Mar 3:21; Joh 10:20). Para el mundano, con mente materialista, parece una insensatez arriesgar mucho para ganar lo que parece poco. Pero a medida que usted siga a Cristo, pronto descubrirá que las posesiones temporales parecen pequeñas en comparación con la recompensa eterna más pequeña.26.26 Pablo apelaba a los hechos, todavía vivían personas que escucharon a Jesús y vieron sus milagros; la tumba vacía aún podía verse y el mensaje cristiano seguía trastornando al mundo (17.6). La historia de la vida de Jesús y la iglesia primitiva, son hechos que siguen abiertos para que los podamos examinar. Todavía tenemos las narraciones de testigos oculares de la vida de Jesús que dejaron en la Biblia, también contamos para estudiar con informaciones histórica y arqueológica de la iglesia primitiva. Examine los acontecimientos que verificaron muchos testigos. Fortalezca su fe con la verdad de estas narraciones.26.28, 29 Agripa respondió a la exposición de Pablo con una observación sarcástica. Pablo no reaccionó al ataque, pero hizo una apelación personal a la que esperaba responderían sus oyentes. La respuesta de Pablo es un buen ejemplo para nosotros cuando presentamos el plan de salvación de Dios. Una apelación personal sincera, o un testimonio personal, pueden mostrar la profundidad de nuestra preocupación y romper el corazón más duro.26.28, 29 El corazón de Pablo se revela en sus palabras: le interesaba más la salvación de estos extranjeros que liberarse de las cadenas. Pida a Dios que le ayude a tener el mismo deseo ardiente de Pablo de ver a otros entregarse a El, un deseo tan intenso que eclipse sus problemas.
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
REFERENCIAS CRUZADAS
a 1315 Hch 25:13
b 1316 Hch 13:16
c 1317 Hch 24:10
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
123 Apología final de Pablo (26,1-29). El discurso ante Agripa constituye el clímax de la autodefensa que Pablo desarrolla en los caps. 22-25 y presenta la recapitulación, en cuanto acusado, del asunto por el que los judíos lo querían procesar, a saber, su interpretación de la promesa en tomo a la que giraban la Escritura y la piedad mosaicas (vv. 6-8; cf. Lóning, Saulustradition [→ 54 supra] 177-78). Una interrupción, que se ubica estratégicamente (v. 24), identifica el objetivo discursivo de la composición: el resumen del kerigma de Pablo que se encuentra en el v. 23. Al proclamar allí el cumplimiento de la promesa, afirma que quien se encuentra en el juicio ante el erudito rey es el mismo Cristo resucitado que, a través de su «testigo» (v. 16), habla tanto al judío como al gentil (Stolle, Zeuge [→ 54 supra] 133, 140). Puesto que el evangelio es la respuesta final que Pablo da a la acusación de los judíos, su apología y el kerigma coinciden (vv. 28-29); él es testigo precisamente en cuanto acusado (Stolle, Zeuge [→ 54 supra] 134). Además, gracias a la defensa que da validez al kerigma, la conversión y la vocación de Pablo coinciden plenamente en la misma cristofanía. Así, con este tercer «telling» (narración) se completan las revisiones que Lucas realizó de la leyenda de Saulo, que se encuentra tras 22,3-21, especialmente mediante la supresión de la mediación de Ananías y de la secuencia cegueracuración (→53, 113 supra).
124 Las expresiones consecutivas men oun (vv. 4.9) y hothen (v. 19; BDF 451) indican los puntos en los que se articula el discurso: vv. 4-8, Pablo y la esperanza de Israel; vv. 9-18, la experiencia que Pablo tiene de Cristo; vv. 19-23, el testimonio de Pablo como testigo de Cristo. La réplica a Festo (vv. 25-27) regresa al comienzo del discurso, y los vv. 28-29 muestran la identificación entre apologeta y evangelizador. 1. extendiendo su mano: ¡cf. v. 29! empezó su defensa: cf. comentario sobre 22,1. 2. ante ti, rey Agripa: Se busca el favor de Agripa mediante la captatio benevolentiae, considerándolo como erudito y objetivo representante del judaismo (vv. 26-32), a diferencia del sanedrín hostil. 4-5. mi modo de vida: cf. comentario sobre 22,3. La piedad farisea de Pablo es un argumento favorable (cf. Flp 3,4-9) por cuanto se trata de la fe judía «más estricta» y, en consecuencia, el testimonio más fiable a favor de la verdad de su mensaje. El apoyo a favor de este argumento prosigue en la exposición de su causa. 6. esperanza en la promesa: De acuerdo con las cartas de Pablo, la promesa, a lo largo de toda la historia bíblica desde Abrahán, se hallaba fuera de la ley y era independiente de ella (Rom 4,13-17; Gál 3,15-18). Sin embargo, para el Pablo lucano, la ley contiene la promesa, comprendida como tal en su totalidad; así, su celo por la ley demostraba su fiel adhesión a la promesa, sin dejar hueco a inútiles rigorismos mosaicos o a un erróneo celo por la ley (Lóning, Saulustradition [→ 54 supra] 168-69). 8. que Dios resucite a los muertos: En esta definición de la promesa, el primer nekros, «muerto», que resucitó, según el kerigma de Pablo (v. 23), está claramente incluido en el pl. nekrous (no obstante O’Toole, Climax [→ 125 infra] 47-48). 9. yo también me creí: Un importante corolario de la fusión lucana entre ley y promesa consiste en separar la celosa piedad judía de Pablo de su actividad como perseguidor. Mientras que en las cartas paulinas se considera esta última como una consecuencia lógica de la primera y un síntoma de su error (Gál 1,13-14; Flp 3,5-6), aquí se convierte en una anómala convicción personal que «da coces contra el aguijón» de la fidelidad judía por la que estaba siendo empujado al servicio de Cristo (cf. v. 14; Lóning, Saulustradition [→ 54 supra] 170). 10-11. yo encarcelé: Se intensifica altamente su perfil de perseguidor con relación a lo dicho en 8,1.3; 9,1-2; 22,4-5, lo que crea un fuerte contraste con la correspondiente aparición, cuyos trazos también se incrementan, que lo dominará totalmente justo en medio de los estragos que estaba cometiendo (en hois, v. 12). 13-14. El motivo de la luz (9,3; 22,6) surge para superar el tenebroso retrato del perseguidor, y casi se suprime el papel desempeñado por los compañeros de Pablo (9,7;22,9). Tal y como exige el contexto (vv. 16-18), Pablo es el único que ve y oye (Burchard, Der dreizehnte Zeuge [→ 54 supra] 109-10). 14. dar coces contra el aguijón: Aunque se supone que se dijo en «hebreo» (cf. 21,40), este proverbio sólo lo conocemos como un tópico utilizado en las tragedias griegas (p.ej., Eurípides, Bachae, 795; cf. Lohlink, Conversión [→ 54 supra] lili) . En nuestro texto se refiere a la furia del perseguidor, que se oponía en vano al avance de su piedad judía hacia Cristo (cf. comentario sobre v. 9). 15. yo soy Jesús: Esta afirmación fundamental en los tres relatos (cf. 9,5; 22,7) interpreta la expresión «contra el nombre…» del v. 9 (cf. comentario sobre 9,4; 3,6). 16. levántate: cf. Ez 2,1-2. Los paralelos con las versiones más antiguas del relato terminan con el encargo que el Señor da directamente a Pablo. Mc he aparecido: cf. comentario sobre 9,17. servidor y testigo: La utilización de estos dos términos y el hecho de que sean comunicados directamente por el Señor resucitado sitúan el encargo recibido por Pablo al mismo nivel que el de los Doce (cf. 1,8; Lc 1,2; 24,48; Burchard, Der dreizehnte Zeuge [→ 54 supra] 112.124-25). Ciertamente, aun sin compartir su exclusiva posición histórica, Pablo prosigue directamente sus funciones en cuanto testigo autorizado del Resucitado (22,15) e instrumento de su palabra viva; en efecto, él llevará todo esto hasta la meta que se les fijó en 1,8 (Dupont, «La misión» [→ 125 infra] 297). De este modo, Lucas ha configurado la historia de la conversión según la propia visión que Pablo tenía de ella (→ 53 supra; Roloff, Apg. 349-50). de lo que tú has visto y de lo que aún te mostraré: El difícil doble gen. parece abarcar toda la experiencia visionaria de Pablo: desde la primera en su camino hacia Damasco hasta las otras visiones que guiaron su itinerario (18,9-10; 22,17-21; 23,11; así Stolle, Zeuge [→ 54 supra] 130; O’Toole, Climax [→ 125 infra] 69). 17. te libraré: La alusión a Jr 1,8 promete al testigo que será protegido ante sus destinatarios, lo que significa que su testimonio lo daría siempre en calidad de acusado (-> 123 supra). 18. para que les abras los ojos: Escuchamos el eco del lenguaje de otro profeta que fue destinado a las naciones gentiles, el Dtls (42,7.16). de las tinieblas a la luz: Esta metáfora, típica de la parénesis bautismal del NT (Col 1,12-14; Ef 5,8; 1 Pe 2,9), obtiene su más alto sentido en este contexto (v. 13), en el que coinciden la conversión y el ministerio de Pablo, perdón: cf. 2,38; 5,31; 10,43; 13,38. 19. La reanudación del discurso directo dirigido al que estaba escuchándolo señala el final de las palabras del Señor y el regreso a la vita de Pablo. 20. Cf. 9,19-30. «Todo el país de Judea» se refiere a una conocida extensión geográfica (1,8), pero no a lo que Lucas nos ha informado. 22. dando testimonio: Compárese con «sometido a juicio» (v. 6); coinciden las situaciones de testimonio y acusación (cf. v. 17). sin decir otra cosa: Esta síntesis del mensaje de Pablo, en continuidad directa con el de los apóstoles (Lc 24,44-48), prueba que su rechazo por los judíos es una desobediencia a su propia tradición. 23. que el Mesías tenía que padecer: cf. comentario sobre 3,18. siendo el primero en resucitar: cf. comentario sobre 3,15. Esta fórmula enlaza con la definición de la promesa en el v. 8. anunciaría la luz: La invitación a la conversión, expresada con la metáfora del v. 18 y en la habitual secuencia Israel-Gentiles (cf. 13,46-47; Is 49,6), presenta al Christus praesens como su emisor (O’Toole, Climax [→ 125 infra] 119-21; cf. comentario sobre 3,26). Como en Lc 24,47, la predicación participa del acontecimiento salvífico.
125 24. Festo dijo en voz alta: La intencionada interrupción tiene la misma función que en 22,22 (cf. 17,32; →113 supra). La confusión del romano es como cabía esperar (cf. 18,15; 25,19-20), pero el objetivo es Agripa (v. 26), como lo confirma su reacción posterior (v. 28). 26. pues no han pasado en un rincón: Un proverbio gr. (Epicteto 2.12.17) sirve para dar plena publicidad a la exposición de Lucas y permitir totalmente el acceso al acontecimiento Jesús. 27. Reafirmación de los vv. 6-7. 28. Agripa reconoce rápidamente la fuerza de la argumentación, pero se aparta de su influencia. 29. por poco o por mucho: Pablo, elegantemente, convierte la fría ironía del rey en un serio objetivo. 31. nada digno de muerte: Esta es la última palabra que se emite en la sección del proceso (¡cf. 23,29!); constituye una de las dos puntas de su argumentación; la otra se encuentra en los vv. 22-23. 32. Altamente irónico. Cf. comentario sobre 25,12; 27,24.
(Sobre la bibliografía, ->114 supra; además: Cadbury, H., en Beginnings 5.297-338. Dupont, Études 527-52; «La misión de Paul d’aprés Actes 26,16-23», Paul and Paulinism [Fest. C. K. Barrett, ed. M. D. Hookery S. G. Wilson, Londres 1982] 290-301. Lohfink, Conversión [→ 54 supra]. Neyrey, J., «The Forensic Defense Speech and Paul’s Trial Speeches», Luke-Acts [ed. C. H. Talbert] 210-24. O’Toole, R. F., The Christological Climax of Paul’s Defense [Roma 1978]. Radl, Paulus 198-220. Veltman, F., en PerspLA 243-56. Wilson, Gentiles 161-70.)
Fuente: Nuevo Comentario Biblico San Jeronimo
hablar… Lit. decir.
Fuente: Biblia Textual IV Edición
R885 Ἀπελογεῖτο se usa como un imperfecto incoativo: comenzó a defenderse a sí mismo.
B13 El tiempo presente de ἐπιτρέπεται tiene un sentido de aoristo (ahora se te permite; un presente [definido] -M7).
T58 El verbo en voz pasiva aparece aquí con el dativo: se permite (casi equivale a: con esto recibes permiso -T64).
BD229(1) Περί con el genitivo significa: a favor de, por la causa de (en vez de ὑπέρ; comp. las variantes).
Fuente: Ayuda gramatical para el Estudio del Nuevo Testamento Griego
Lit. decir.
Fuente: La Biblia Textual III Edición
[1] Las promesas fueron hechas a las doce tribus, y Shaul afirma llanamente que él tiene esta esperanza de la resurrección de los muertos para todas las 12 tribus que definen su fe y su misión. Las 12 tribus se encuentran hoy en ambas casas de Israel.
[2] Aparentemente Yahshua todavía no habla el Griego.
[3] Judah.
[4] Efrayím.
[5] Referencia a las dos casas.
[6] Referencia a las dos casas.
Fuente: Escrituras del Nombre Verdadero