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Comentario de Josué 22:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Josué 22:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Entonces Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés,

Josué. Núm 32:18-33; Deu 29:7, Deu 29:8.

llamo a los rubenitas. Ya hemos visto que un destacamento de 40.000 hombres, de las tribus de Rubén y Gad, y la media tribu de Manasés, habían cruzado el Jordán armados, con sus hermanos, conforme a su acuerdo con Moisés. Ahora bien, la guerra de conquista había terminado, la tierra había sido repartida, y sus hermanos ya se habían establecido, Josué reúne a esos guerreros; y con reconocimientos por sus servicios y su fidelidad, los despide, habiéndoles dado primero las instrucciones más piadosas y apropiadas. Durante siete años, ellos han estado alejados de sus respectivas familias; y aunque sólo estaba el río Jordán entre el campamento de Gilgal y su propia heredad, aún así no parece que ellos hubieran, durante ese tiempo, vuelto a visitar sus casas, lo que pudieron haber hecho en cualquier momento del año, excepto durante la cosecha, pues el río era fácilmente transitable en otras fechas.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Las dos tribus y media son enviados a sus casas con una bendición, Jos 22:1-9.

Ellos edifican un altar de testimonio en su camino, Jos 22:10.

Los demás israelitas se ofenden por ese hecho, Jos 22:11-20.

Ellos justifican su conducta, y reciben la aprobación de las otras tribus, Jos 22:21-34.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Este capítulo contiene afectuosas manifestaciones de devoción espiritual a Dios por parte de todas las tribus. Un asunto primordial es la relación del pueblo con Dios y la unidad de adoración.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

Vuelta de las tribus orientales a sus posesiones (22:1-8).
1Entonces llamó Josué a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manases, y les dijo: 2“Habéis guardado todo lo que os mandó Moisés, siervo de Yahvé; habéis obedecido a mi voz en todo cuanto os he mandado. 3No habéis abandonado a vuestros hermanos durante este largo espacio de tiempo hasta hoy, y habéis observado fielmente el mandato de Yahvé, vuestro Dios. 4Ahora, pues, que Yahvé, vuestro Dios, ha concedido a vuestros hermanos el descanso, como se lo había prometido, volveos y tornad a vuestras tiendas en la tierra que os pertenece, que Moisés, siervo de Yahvé, os dio al otro lado del Jordán. 5Pero tened gran cuidado de poner por obra los mandamientos y las leyes que Moisés, siervo de Dios, os ha prescrito, amando a Yahvé, vuestro Dios; marchando por todos sus caminos, guardando sus mandamientos, apegándoos a él y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.” 6Josué los bendijo y los despidió, y ellos se fueron a sus tiendas. 7Moisés había dado a una mitad de la tribu de Manases un territorio en Basan, y Josué dio a la otra mitad un territorio en medio de sus hermanos del lado de acá del Jordán, a occidente. Al mandarles a sus tiendas, Josué los bendijo, 8diciéndoles: “Volvéis a vuestras tiendas con grandes riquezas, rebaños muy numerosos y mucha plata, oro, bronce y hierro y vestidos; partid con vuestros hermanos los despojos de vuestros enemigos.”

Josué despide y arenga a las tribus. Había él reclamado la ayuda de las tribus transjordánicas para que cooperaran con las otras en la conquista de Palestina. A su llamamiento acudieron presurosas, demostrando con ello fidelidad a la promesa hecha a Moisés (Num 32:16-32). La posesión de las tierras de TransJordania estaba vinculada al cumplimiento de su promesa de ayuda a las otras tribus (Num 32:29-30). Concedido el descanso a sus hermanos o habiéndoseles señalado el lote que les pertenecía, pueden regresar a sus tierras del otro lado del Jordán. Como padre del pueblo escogido, Josué bendice a las tribus antes de separarse y les inculca la observancia de todas las leyes de la alianza (Deu 8:6; Deu 10:12; Deu 11:13; Deu 19:9; Deu 28:9; Deu 30:6). La media tribu de Manases regresaba a su territorio Basán (Deu 13:7; Deu 14:2Deu 17:6) con grandes riquezas, rebaños muy nu-rosos, mientras la otra mitad quedaba en los límites, ampliados con el tiempo, de la montaña de Efraím (Deu 17:14-15).

Erección de un monumento (Deu 22:9-12).
9Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases, dejando en Silo a los hijos de Israel, en la tierra de Canaán, se volvieron, para ir a la tierra de Galaad, que era la propiedad que habían recibido, como Yahvé se lo mandó a Moisés. 10Cuando llegaron a las regiones del Jordán que pertenecen a la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases edificaron allí un altar en la ribera del Jordán, un altar muy grande” 11Los hijos de Israel lo supieron cuando se les dijo: “Mirad que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases han edificado un altar en los confines de la tierra de Canaán, en los distritos del Jordán, del lado de los hijos de Israel.” 12 Cuando los hijos de Israel lo supieron, se reunió en Silo toda la asamblea de los hijos de Israel para subir contra ellos y hacerles la guerra.

Desde Silo, las tribus transjordánicas regresaron a sus tierras. Al llegar a los contornos (guelitoth) del Jordán, decidieron levantar un altar muy alto, no con fines cultuales, sino como monumento conmemorativo de la unión nacional y religiosa con las tribus hermanas de la Cisjordania. En toda la narración se establece una antítesis entre la tierra prometida propiamente dicha, que por hallarse del lado de acá del Jordán se llama Cisjordania, y las tierras del lado de allá del río, o sea, la TransJordania. El límite divisorio de ambas era el río Jordán. ¿En cuál de las dos orillas se levantó el altar? En el v.10 se dice que fue edificado delante de la tierra de Canaán, y, por lo mismo, en TransJordania. Se admite que el v.11 es una adición al texto primitivo, como se desprende del cotejo de 11a con 12a; pero aun en este supuesto no se elimina del todo la dificultad, por cuanto en el v.13 se supone que la edificacion del altar se hizo en territorio transjordánico con la finalidad de ennoblecer una tierra que no estaba santificada por la presencia de Yahvé. Es muy posible que el autor sagrado haya querido registrar dos tradiciones que divergían en la cuestión del emplazamiento del altar. La unidad de altar aseguraba la unidad religiosa de Israel. El auténtico altar de Yahvé se encontraba en Silo; la erección de un rival significaba el cisma.

Alarma en Silo (Deu 22:13-20).
13Los hijos de Israel mandaron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manases, en tierra de Galaad, a Fines, hijo del sacerdote Eleazar, 14 y con él a diez príncipes, un príncipe de casa por cada una de las tribus de Israel, todos jefes de casa patriarcal en medio de los millares de Israel. 15Llegados a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la medía tribu de Manases, en tierra de Galaad, les hablaron, diciendo: 16“Así habla toda la asamblea de Yahvé: ¿Qué infidelidad es la que habéis cometido contra el Dios de Israel, apartándoos así de Yahvé y edificándoos un altar, volviéndoos contra Yahvé? 17¿No os basta la maldad de Fogor, de que no nos hemos purificado todavía hasta hoy, a pesar de la plaga que afligió a la asamblea de Yahvé, 18 para que os apartéis hoy vosotros de Yahvé? Si hoy os volvéis contra Yahvé, mañana se volverá la ira de Yahvé contra toda la asamblea de Israel, 19Si miráis como impuro el territorio que es vuestra propiedad, pasad a la tierra que es propiedad de Yahvé, donde Yahvé ha establecido su morada, y estableceos en medio de nosotros, pero no os volváis contra Yahvé y contra nosotros, edificándoos un altar distinto del altar de Yahvé, nuestro Dios. 20Acán, hijo de Zaré, cometió la infidelidad cuanto a las cosas dadas al anatema, y la cólera de Yahvé vino sobre toda la asamblea de Israel, y no fue él solo el que pereció por su crimen.”

La noticia de la construcción de un altar en las orillas del Jordán conmovió a la comunidad israelita reunida en Silo, de tal manera que se habló de subir contra las tribus transjordánicas y declararles la guerra. Pero antes quisieron asesorarse de la verdad del hecho y de la finalidad del monumento. Tratándose de una cuestión religiosa, fue nombrado jefe de la delegación Fines (Num 25:7-13), hijo del sacerdote Eleazar, a quien acompañaba un representante de cada tribu de Cisjordania. El primer encuentro fue duro por parte de los comisionados, que habían imaginado que las tribus transjordánicas habíanse apartado de Yahvé construyendo un altar rival al de Silo. Con la duplicidad de altares se rompía la unidad de culto, se resquebrajaba la unidad religiosa y se abría un posible cisma en Israel. Con estos proyectos se atraía la ira divina sobre la comunidad de Israel. Dos ejemplos candentes confirmaban sus temores: el de Fogor (Num 25:1-9; Num 31:16) y la infidelidad de Acán (Num 7:1-5). Mientras el pueblo estaba estacionado en Setim, se entregó a la idolatría, corrompido al contacto con las mujeres de Moab, y Yahvé le hubiera exterminado a no mediar la enérgica actuación de Fines (Num 25:11).

Unanimidad de fe entre las tribus (Num 22:21-34).
21Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases respondieron así a los jefes de los millares de Israel: 22“El Todopoderoso Dios, Yahvé, sabe; el Todopoderoso Dios, Yahvé, sabe, y sabrá toda la asamblea de los hijos de Israel: Si ha sido por rebelión y por infidelidad contra Yahvé, que no nos salve hoy. 23Si hemos edificado un altar para apartarnos de Yahvé, para ofrecer allí holocaustos y oblaciones y hacer sacrificios eucarísticos, que Yahvé nos pida cuenta de ello. 24Más bien hemos obrado por temor de que llegara algún día en que vuestros hijos dijeran a los nuestros: “¿Qué hay de común entre vosotros y Yahvé, el Dios de Israel? 25Yahvé ha puesto el Jordán como frontera entre vosotros y nosotros, hijos de Rubén y de Gad; no tenéis parte alguna con Yahvé.” De este modo, vuestros hijos serían causa de que los nuestros no temieran ya a Yahvé. 26Y nos dijimos: Pongámonos a edificar un altar, no para ofrecer holocaustos y sacrificios, 27sino para que sea testimonio entre nosotros y vosotros, y nuestros descendientes después de nosotros, de que servimos a Yahvé en su presencia, con nuestros holocaustos, nuestros sacrificios y nuestras víctimas pacíficas, para que vuestros hijos no digan un día a los nuestros: No tenéis parte en Yahvé. 28Nos dijimos: Si algún día llegaran a decirnos eso a nosotros y a nuestros descendientes, les responderíamos: Mirad la forma del altar que nuestros padres edificaron, no con el fin de que sirviera para holocaustos y sacrificios, sino para ser testimonio entre nosotros y vosotros. 29Lejos de nosotros querer rebelarnos contra Yahvé y apartarnos hoy de El alzando un altar para holocaustos, oblaciones y sacrificios distintos del altar de Yahvé, nuestro Dios, que está ante su tabernáculo.” 30El sacerdote Finés y los príncipes de la asamblea que le acompañaban, al oír las palabras de los hijos de Rubén, de los hijos de Gad y de la media tribu de Manases, se dieron por satisfechos; 31y Finés, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de los hijos de Manases: “Reconocemos ahora que está Yahvé en medio de nosotros, puesto que no habéis cometido contra Yahvé esa infidelidad, librando así de la mano de Yahvé a los hijos de Israel.” 32Finés, hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes dejaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manases y se volvieron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, a los cuales hicieron relación. 33 La cosa agradó a los hijos de Israel; bendijeron a Dios y no hablaron más de subir armados contra ellos para devastar la tierra que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad. 34 Los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron al altar Ed (Testigo), porque es testimonio para nosotros de que Yahvé es Dios.

El texto masorético del v.22 dice: “El Dios de los dioses, Yahvé; el Dios de los dioses, Yahvé, sabe bien, y lo sabe también Israel.” La expresión “Dios de los dioses” se halla en Deu 10:17; Sal 136:2; Dan 2:47. Los LXX y la Vulgata consideran el Dios delante de Elo-him como independiente del complemento, de donde la traducción de la Vulgata: Fortissimus Deus Dominus. El superlativo Dios de los dioses puede designar al Dios supremo (Dhorme). El altar construido quería ser un monumento conmemorativo que recordara a la posteridad la unidad religiosa y nacional existente entre los hijos de Israel de una y otra parte del Jordán. Unos y otros reconocían la obligatoriedad de un solo altar en Israel. Por ello las tribus transjordánicas aseguran reiteradamente que el altar no tiene fines cultuales, sino un memorial que asegure el derecho de las tribus residentes al otro lado del Jordán de adorar a Yahvé en el único santuario nacional. Las razones alegadas convencieron a Finés y a sus acompañantes, que regresaron a Silo. En la comisión no figura Josué, porque, tratándose de cuestión puramente religiosa, era incumbencia exclusiva de los sacerdotes ver si se había o no infringido la ley de la unidad de culto. La encuesta de Finés se hace a base del contenido de Deu 12:10-11 l.

Fuente: Biblia Comentada

rubenitas … gaditas … Manasés. Las tribus del E del Jordán habían ayudado a su pueblo a conquistar la tierra al O del río. Ahora estaban listas para regresar a la familia de cada uno de ellos que estaban al E.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Jos 1:12-15+.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Despedida de Josué a las tribus orientales. 1-5 La generosa despedida de Josué a las tribus orientales forma un eslabón con los mandamientos en el cap. 1. Los elogió por haber cumplido escrupulosamente su encomienda de no abandonar a sus hermanos sino ayudarlos hasta que las tribus occidentales tuvieran reposo de los ataques de los cananeos (2, 3; cf. 1:12-18). Habían desplega do resistencia en la fe al realizar esta misión durante largo tiempo (cf. 11:18; Heb. 12:1) y terminado su carrera (cf. 2 Tim. 4:6-8). A ellos se pudo haber dicho: “Bien, siervo bueno y fiel” (Mat. 25:21). La reflexión de Josué sobre el reposo (4a) mira atrás al prólogo (1:6), y su exhortación de guardar la ley de Moisés, cuya esencia se resume en un mandamiento, amar a Dios de todo corazón (4, 5; cf. Deut. 6:5; 10:12; 11:13; Mat. 22:37-40) y repite la exhortación del Señor en el prólogo del libro (1:7-9). “El amor” era la estipulación básica en los tratados antiguos del Cercano Oriente. Nin guna ley puede lograr su meta si se tolera de mala gana. Debe estar fundada en asentimiento interior. Corazón y alma no especifican distintas esferas de la vida sino que refuerzan la devoción total a Dios. El corazón designa la intencionalidad de la persona en su integridad, y alma denota el yo íntegro, uniendo carne, voluntad y vitalidad.

6-8 Como líder carismático de Israel, Josué medió en la bendición de Dios sobre los hombres de la milicia oriental. Al enviarlos a un espléndido re torno al hogar con el botín que habían ganado (ver 11:10-15), los exhorta en las mejores tradiciones de la guerra santa a compartir con aquellos que se habían quedado atrás para proteger sus hogares (cf. Núm. 31:27; 1 Sam. 30:16-25). Todos entraron a su reposo totalmente recompensados (cf. Mat. 6:18; 16:27; Col. 3:24; 1 Tim. 5:18).

9-34 Estos fieles hombres de la milicia realizaron un acto final de lealtad al Señor, antes de reunirse con sus familias. Para que las futuras generaciones al occidente de Israel no impidieran a las tri bus orientales venir a adorar al Señor al occidente del Jordán donde él había hecho morar su nombre, edificaron un altar … imponente en Gelilot, cerca del Jordán, como testimonio de que el Señor los había elegido también a ellos para ser su pueblo.

Desafortunadamente, su acto visionario y creativo de fe fue malinterpretado por los occidentales como un altar rival al Señor. Las tribus del oriente y el occidente no estaban en desacuerdo en su interpretación de la ley en Deut. 12:4-14; ambos lados asumían que la ley prescribía que Israel adorara únicamente en el santuario central. Sin embargo, los occidentales pensaron que los orientales pretendían adorar al Señor de acuerdo con su propia voluntad, y no la suya. Observando la forma en que los dos grupos reconciliaron sus diferencias, podemos sacar principios sanos para resolver nuestras diferencias doctrinales (cf. Mat. 18:15-20).

Las tribus occidentales, como la parte ofendida, comenzaron a componer la grieta en la siguiente forma:

• se pusieron enseguida a tratar con al problema y no lo barrieron debajo de la alfombra (11, 12a)

• tomaban tan en serio la apostasía, que pusieron la pureza sobre sus propias vidas, no comprando la paz a cualquier precio (12b)

• enviaron a sus dirigentes más capaces, el sacerdote Fineas, que había mostrado celo por el Señor en el episodio de Baal de Peor (Núm. 25:7) y diez jefes representando a todas las tribus, para investigar el asunto y posiblemente restaurar a los ofensores, no actuando impetuosamente (13, 14)

• enfocaron la ofensa percibida en forma objetiva como una prevaricación, un acto de rebeldía contra Dios, y no subjetivamente como un golpe a sus propios egos (15, 16)

• argumentaron su caso sobre la convicción de que Dios castiga el pecado como se desplegó en Baal de Peor (o sea, los dejó con las semillas de la culpa histórica y la plaga del Señor, no en la conveniencia, 17)

• también argumentaron sobre la convicción de que el pecado de algunos afecta a todos, como en el caso de Baal de Peor (17, 18) y en el caso de Acán (18, 20; ver 7:1) y que tal culpa corporativa no era algo intrascendente para ellos

• respetaron las conciencias y convicciones de sus hermanos (es decir, que el Israel oriental estaba inmundo porque carecía del santuario santo de Dios), no negando la realidad y validez de sus débiles conciencias (19a; cf. Rom. 14:1-23)

• estaban dispuestos a sacrificar algunas de sus posesiones para restaurar a sus hermanos a una limpia conciencia y adoración apropiada, sin insistir en su propia interpretación de la ley (19b)

• habiendo sido corregidos por los ofensores, accedieron a su expresión creativa de fe, no estorbando expresiones de fe nuevas y apropiadas, consistentes con la palabra de Dios (30, 31)

• finalmente, los representantes informaron a toda la asamblea para su aprobación, no excediendo su autoridad (32)

Las tribus orientales, los ofensores, respondieron corrigiendo el malentendido mediante la presentación de los hechos en forma solemne, pía y vigorosa. Convinieron en tomar acción decisiva contra la apostasía, estando dispuestos a morir para impedirla (23) y luego explicaron clara y cabalmente su motivación. Dijeron que necesitaban un monumento apropiado, como esta reproducción de altar, para superar la barrera natural del Jordán, como un testimonio a las futuras generaciones de que sus hijos tenían igual derecho en la adoración a Dios (24-28; ver 4:5-7). No era la intención usarlo para sacrificios, y por lo tanto, no era una apostasía.

Como resultado de estos procedimientos saludables, los hermanos se separaron reconciliados unos con otros y alabando a Dios (30-34). Si la ausencia de apostasía es una causa para alabar a Dios por su presencia con su pueblo (31), luego su presencia debe impulsar a los creyentes a investigar la(s) posible(s) causa(s) de su desaprobación.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

22.2-4 Antes de comenzar la conquista, estas tribus habían recibido tierras al este del Jordán. Pero antes de poder quedarse allí, primero tuvieron que prometer que ayudarían a las demás tribus a conquistar la tierra del lado occidental (Num 32:20-22). Habían cumplido con sus deberes prometidos de manera paciente y diligente. Josué los elogió por haber hecho precisamente eso. Por fin se les permitió regresar a sus familias y construir sus ciudades. Seguir hasta el final es vital en la obra de Dios. Cuidado con la tentación de dejar de trabajar demasiado pronto y dejar sin terminar la obra de Dios.22.5 Aquí Josué vuelve a declarar brevemente el mensaje central que Moisés le dio al pueblo en Deuteronomio: la obediencia debe ser basada en el amor hacia Dios. Aunque los israelitas habían cumplido con su responsabilidad militar, Josué les recordó de su responsabilidad espiritual. A veces pensamos tanto en lo que debemos hacer que nos olvidamos de pensar en quiénes debemos ser. Si sabemos que somos hijos de Dios, le amaremos y serviremos con alegría. No debemos dejar que el servicio diario nos robe nuestro amor por Dios.22.11-34 Cuando las tribus de Rubén, Gad, y la media tribu de Manasés edificaron un altar junto al Jordán, el resto de Israel tenía miedo de que estas tribus estuvieran iniciando su propia religión y rebelándose contra Dios. Pero antes de comenzar toda una guerra, Finees llevó a una delegación para saber la verdad, siguiendo el principio enseñado en Deu 13:12-19. Estaba dispuesto a negociar en lugar de luchar. Cuando supo que el altar servía de testimonio y no para sacrificios paganos, se evitó una guerra y se restauró la unidad.Como naciones y como individuos, nos podría servir un método similar de resolución de conflictos. Suponer lo peor acerca de las intenciones de los demás sólo trae problemas. Israel evitó la amenaza de una guerra civil al preguntar antes de atacar. Cuidado con reaccionar antes de conocer todos los hechos.22.17 Para conocer la historia de cómo Israel se apartó de Dios y comenzó a adorar a Baal en Peor véase Num 25:1-1822.20 Para leer la historia de Acán, un hombre que permitió que la codicia se apoderara de él, véase el capítulo 7.22.26-28 Las tribus estaban preocupadas ya que sin ninguna señal visible de unidad entre el pueblo a los dos lados del Jordán, generaciones futuras podrían percibir algún conflicto entre ellas. El altar, modelado según el altar de Jehová, debía servir para recordar a las personas que todos adoraban al mismo Dios. Muchas veces nos tienen que hacer recordar la fe de nuestros padres. ¿Cuáles acciones demuestran a sus hijos su confianza en Dios y les recuerdan lo que El ha hecho? Tome tiempo para establecer tradiciones familiares que ayuden a sus hijos a recordar.

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

REFERENCIAS CRUZADAS

a 1114 Núm 32:33

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

Aunque Rubén, Gad y la media tribu de Manasés habían reclamado su heredad al este del río Jordán (Nm 32:1– 42), estaban obligados a ayudar a sus hermanos en la conquista de la tierra al oeste del Jordán. Cumplido esto, ahora están en libertad para regresar a su heredad.

Fuente: La Biblia de las Américas

[8] Que quedaron en Galaad.[8] Según mandó el Señor.[17] Num 25.

Fuente: Notas Torres Amat