Comentario de Lamentaciones 2:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
¡Cómo ha cubierto de nubes el Señor, en su ira, a la hija de Sion! Derribó del cielo a la tierra el esplendor de Israel. No se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira.
¡Cómo oscureció el Señor! Lam 1:1; Lam 3:43, Lam 3:44; Lam 4:1; Eze 30:18; Eze 32:7, Eze 32:8; Joe 2:2.
derribó del cielo. Isa 14:12-15; Eze 28:14-16; Mat 11:23; Luc 10:15, Luc 10:18; Apo 12:7-9.
la hermosura de Israel. 1Sa 4:21; 2Sa 1:19; Isa 64:11; Eze 7:20-22; Eze 24:21.
del estrado de sus pies. 1Cr 28:2; Sal 99:5; Sal 132:7.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Jeremías lamenta la miseria de Jerusalén, Lam 2:1-19.
Se queja a Dios, Lam 2:20-22.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
El segundo poema del libro comprende cuatro movimientos:
(1) Porque viene del Señor (vv. Lam 2:1-10;
(2) porque afecta a los mensajeros de Dios (vv. Lam 2:11-13);
(3) porque provoca semejante respuesta personal (vv. Lam 2:14-19); y,
(4) porque presenta su lamento al Señor (vv. Lam 2:20-22).
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
su furor es una firme expresión del disgusto de Dios con la impiedad y el pecado. Aún la ira de Dios nunca nos deja de lado en su compasión (Sal 77:9).
la hermosura de Israel se encontraba en su Templo (Isa 64:11) y en el Arca de la Alianza (1Sa 4:21, 1Sa 4:22; Sal 78:60, Sal 78:61). En 1Cr 28:2 estrado de sus pies de Dios, se identifica con el Arca de la Alianza. Ocasionalmente se representaba a Dios en un trono sentado entre los querubines que estaban sobre el Arca (1Sa 4:4; 2Sa 6:2; Sal 80:1; Sal 99:1, Sal 99:5; Sal 132:7). En este pasaje se afirma que Dios, en su furor, ha abandonado el estrado de sus pies.
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EN CONTEXTO
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¿Cuán lejos puede ir Dios?
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La destrucción de Jerusalén revela un hecho sorprendente acerca de Dios: Él puede llegar muy lejos para persuadir a su pueblo para que se vuelva a Él. El pueblo de Judá se descarrió lejos del Señor. No es que ellos no fueran religiosos. Por el contrario, ellos eran píos y devotos. En su mayor parte, ellos mantenían los rituales religiosos detallados en la Ley, congregándose en el Templo semana tras semana para ofrecer sacrificios y observar el Sábado. Pero durante el resto de la semana ellos ignoraban la Ley. Ellos olvidaban lo que Jesús más tarde llamó lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe (Mat 23:23; compárese Miq 6:8).
En esencia, el pueblo confundió medios con fines. Olvidaron que el sistema de sacrificios, el Sábado, el Templo y aun la Ley eran todos solamente medios para alcanzar un fin más importante: la finalidad del conocimiento y el servicio a Dios (Jer 22:15, Jer 22:16). Así que con el tiempo Dios quitó todos estos medios (Lam 2:5-9), aun cuando fueran importantes y valiosos:
• Dios destruyó Jerusalén
• Dios derribó el Templo y sus enseres
• Dios terminó con los rituales religiosos
• Dios removió al rey y al sumo sacerdote
• Dios permitió que la misma Ley escrita fuese destruida
• Dios dejó de dar visiones a los profetas
Suprimir todas estas cosas debe haber sido algo impensado por los antiguos israelitas. Pero Dios los desechó para ganar la atención y el afecto del pueblo.
El pueblo de Dios hoy en día también debe cuidarse de confundir medios con fines. Las actividades religiosas y los recursos tienen valor, pero no significan todo en la vida. Dios es lo que importa y Él llegará tan lejos como sea necesario para ayudarnos a recordarlo.
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Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
2. Segunda Lamentación: Jerusalen, destruida.
1 Alef. – Cómo oscureció en su ira el Señor a la hija de Sión! Precipitó del cielo a la tierra la magnificencia de Israel y no se acordó del escabel de sus pies el día de su ira.
Jerusalén se ha visto de pronto oscurecida como por una nube, la nube de la ira divina. En un momento ha sido precipitada la magnificencia de Israel, es decir, su esplendor entre los otros pueblos. Y de nada le sirvió para evitar la catástrofe la presencia del templo de Jerusalén, morada de Yahvé, escabel de sus pies, porque vino el día de su ira, es decir, de la reivindicación de los derechos de la justicia divina ultrajada. Por encima de las predilecciones que pueda tener Yahvé para con su pueblo están las exigencias de justicia y santidad inherentes a su mismo ser.
2 Bet. – Destruyó el Señor sin piedad todos los pastizales de Jacob1 derribó en su furor las fortalezas de la hija de Judá, echólas por tierra, y humilló 2 a su rey y a sus príncipes 3.
En el turbión de la guerra enviada por Yahvé desaparecieron los puntos vitales de la vida nacional: primero, los pastizales de Jacob o Israel, fuente de su obra, y después las fortalezas de Judá, o fortificaciones que se escalonaban a través del país como primera defensa de Jerusalén, la hija de Judá. Y, por fin, la suerte fatídica llegó al rey y a sus príncipes. El representante de la teocracia israelita fue profanado, por permisión divina, al ser maltratado por sus enemigos. El profeta piensa en la trágica suerte del desgraciado rey Sedecías, al que le fueron arrancados los ojos en Ribla (Alta Siria), por mandato de Nabucodonosor, después de haber asistido a la muerte de sus hijos.
3 GuímeL – Abatió en el furor de su ira toda la potencia de Israel, retiró su diestra frente al enemigo, y encendió en Jacob ardorosas llamas, que de todos lados le devoran.
Israel, con su presunta potencia humana, sucumbió ante el embate del furor de la ira de Yahvé. La única garantía de seguridad del pueblo elegido era la protección de Dios, pero El retiro su diestra frente al enemigo. El escudo de Israel era Yahvé, pero, en vez de protegerle, le entregó al enemigo, y la guerra se encendió con ardorosas llamas, que todo lo consumieron.
4 Dálet. – Tendió su arco cual enemigo, afirmó hostilmente su diestra, destruyó cuanto era agradable a la vista, derramó como fuego su ira sobre la tienda de la hija de Sión.
Es más, no sólo Yahvé negó su protección a Israel, sino que la atacó positivamente como arquero que tiende su arco como enemigo4 y “afirma su diestra,” destruyendo cuanto es agradable a su vista, alusión probable a la destrucción total de los palacios y templos que constituían el legítimo orgullo de los judíos. O quizá con esta frase se refiera el autor a la juventud florida de Judá caída en el combate. La ira divina prendió como fuego devastador en la tienda de la hija de Sión, e.d., en la ciudad de Jerusalén, concebida como tienda de campaña atacada por una razzia enemiga.
5 He. – Ha obrado el Señor como enemigo, ha devorado a Israel; destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, y llenó a la hija de Judá de llantos y de gemidos.
De nuevo se insiste en el carácter hostil de Yahvé para con su pueblo. Antes había sido su protector, pero ahora es su encarnizado adversario, y, en calidad de tal, ha devorado a Israel. Como hemos notado antes, el autor prescinde de las causas segundas, y lo atribuye todo directamente a Dios. Está tan convencido de que la causa de la ruina de Judá son sus pecados, que no considera más causa destructora que el mismo Dios ofendido. El fue, pues, el que en definitiva llenó a la hija de Judá de llantos y gemidos.
6 Wau. – Derribó su tienda como cabana de viña 5, destruyó su santuario. Yahvé ha hecho cesar en Sión las festividades y los sábados, y, en el ardor de su cólera, rechazó al rey y al sacerdote.
Yahvé ha entrado en Jerusalén, su tienda, desmantelándola como el ladrón que derriba la cerca de un jardín. Si la traducción dada es exacta, el sentido pudiera ser que Yahvé ha tratado a su tienda, o templo de Jerusalén, como si fuera una vulgar cabana de viña. Con la destrucción del santuario ha desaparecido la vida litúrgica, las festividades y los sábados, días de regocijo general en el pueblo. Por otra parte, con la guerra ha desaparecido la autoridad civil y religiosa de la nación. No ha quedado nada en pie ante el ardor de la cólera de Yahvé.
7 Zain. – Repudió el Señor su altar, menospreció su santuario y entregó a manos del enemigo los muros de sus palacios. Resonaron los gritos en la casa de Yahvé como en día de fiesta.
En toda esta tragedia predomina el desamparo de Yahvé para con su pueblo. En otro tiempo había estado unido a él como a una esposa amada 5, pero repudió su altar, lo más sagrado de Judá. El templo de Jerusalén ha sido profanado, y entre sus ruinas se oyen gritos de la soldadesca enemiga en vez de los cantos alegres de los días de fiesta. Las antiguas solemnidades litúrgicas han sido sustituidas por las blasfemias de los vencedores, embriagados por el señuelo del botín seguro.
8 Jet. – Resolvió Yahvé destruir los muros de la hija de Sión, echó cuerdas, y no retiró su mano destructora, sumergiendo en el luto antemurales y muros, que a la vez se han debilitado.
El profeta presenta a Dios trazando funestos designios y tomando medidas para destruir las fortalezas de la hija de Sión, Jerusalén. Con el cuidado del mampostero, que traza líneas para construir un muro, está ahora Yahvé midiendo las murallas para destruirlas totalmente, de forma que nada quede en pie por imprevisión 6. Como efecto de su intervención destructora, nada ha quedado en pie, ni los muros ni los antemurales, o bastiones de refuerzo exterior. En la mente del autor, nada han hecho los soldados de Nabucodonosor por sí solos, sino que han sido unos meros instrumentos de los planes vengadores de Yahvé. Es de notar en todo esto el alto concepto que tenía el profeta de la intervención de Dios en la vida de los hombres y de los pueblos.
9 Tet. – Sus puertas han sido echadas a tierra; destruyó, quebrantó sus cerrojos; su rey y sus príncipes están entre las gentes, no hay ley, y tampoco sus profetas reciben de Yahvé visión.
Con la destrucción total de la ciudad desapareció la vida oficial civil y religiosa: el rey y sus príncipes están entre las gentes cautivos. En consecuencia, no hay administración de justicia ni control oficial de la ley, y en la tragedia de desamparo por parte de Yahvé parece que hasta los profetas no reciben de Yahvé visión. Dios, que antes tan a menudo se comunicaba a sus fieles servidores los profetas, ahora se ha alejado de ellos, sin comunicarles oráculos de confortamiento y de salvación. El profeta piensa en la tragedia de su soledad ante las ruinas de la Ciudad Santa, sin sentir la presencia particular de Yahvé, que otras veces había compartido7.
10 Yod. – Los ancianos de la hija de Sión se sientan en tierra mudos, cubierta de polvo la cabeza, vestidos de saco, y las vírgenes de Jerusalén inclinan a tierra sus cabezas.
El duelo por la ruina de la ciudad se manifiesta en todos los estamentos sociales más sensibles y venerables: los ancianos, encargados de dirigir a las nuevas generaciones con sus consejos, están mudos de estupor y de dolor, y las vírgenes, esperanza de las nuevas generaciones, también están muy lejos de su natural expresión de alegría y optimismo: inclinan a tierra sus cabezas, apesadumbradas de tanto dolor, y como ancianas prematuras sin esperanza. Sólo les queda hacer penitencia y duelo por la tragedia de su pueblo.
11 Kaf. – Mis ojos están consumidos por las lágrimas, mis entrañas hierven, derrámase en tierra mi hígado ante el desastre de la hija de mi pueblo, al ver desfallecer a los niños, aun los de pecho, en las calles de la ciudad.
El profeta se siente asociado íntimamente al desastre social de Jerusalén (la hija de mi pueblo). Se conmueve en todo su ser, y sus ojos se arrasan en lágrimas al contemplar a los niños famélicos por las calles 8.
12 Lamed. – Dicen a sus madres: ¿Dónde hay pan y vino? al caer desfallecidos en las plazas de la ciudad, dando el alma en el regazo de sus madres.
La escena es gráfica y espeluznante: los niños reclaman sustento, simbolizados en el pan y el vino en aquellas regiones de viñas y de trigales. Todo esto, el profeta, con alto sentido poético de la situación, lo dramatiza con colores muy subidos para dar idea de su estado de ánimo.
13 Mem. – ¿A quién te compararé y asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaría yo para consolarte, virgen hija de Sión? Tu quebranto es grande como el mar. ¿Quién podrá curarte?
Con este verso comienza la segunda parte de la lamentación, que se abre con este bello apostrofe para dar idea de la magnitud del desastre de Jerusalén. El profeta quiere consolar a la hija de Jerusalén y a la virgen hija de Sión, buscando otra ciudad en la que se haya dado una tragedia parecida. Pero no hay nada comparable a la situación de ruina de la Ciudad Santa, porque su quebranto es como el mar y no tiene remedio 9. No hay mayor dolor que sentirse solo en la desgracia, sin que nadie pueda comprender la situación del desgraciado. Jerusalén se halla sola, sin palabra alentadora que le ayude a llevar su desgracia. El profeta se siente impotente para dar unas palabras de consolación, porque no encuentra nada parecido,
14 Nun. – Tus profetas te anunciaron visiones vanas y mentirosas, no pusieron al desnudo tus iniquidades para hacer cambiar tu suerte, sino que te anunciaron oráculos vanos y falaces.
La raíz de la catástrofe está en los desvarios de Judá por seguir a los falsos profetas, que le anunciaron oráculos falsos en consonancia con sus inclinaciones materialistas, en contra de las exigencias de la Ley divina: no pusieron al desnudo tus iniquidades. Israel se desvió de los preceptos de su Dios y se labró su desdicha a través de los siglos. Los profetas falsos, en vez de recriminarle su conducta, la halagaron con oráculos vanos y falaces, apoyando su política de alianza con el extranjero y permitiéndole mantener un culto sincretista, incompatible con la tradición yahvista verdadera 10. Si hubieran hablado claro a Judá, hubiera cambiado su suerte, gozando de la protección de Yahvé, como había prometido tantas veces.
15 Sámec. – Cuantos pasan por el camino baten palmas por mí, silban y menean, burlones, su cabeza contra la hija de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad que decían del todo hermosa, la delicia de toda la tierra?
El profeta cambia bruscamente de tema: después de haber insistido en las causas de la catástrofe, refleja el desprecio sarcástico de las gentes que pasan al contemplar las humeantes ruinas. Tanto habían oído ponderar la belleza de Jerusalén, que no pueden comprender que todo aquello haya ido a parar a un montón informe de ruinas.
16 Pe. – Todos tus enemigos abren su boca contra ti, silban y dentellean, diciendo: ¡La hemos devorado! Es el día que esperábannos, lo hemos alcanzado, lo hemos visto.
Ante las ruinas de la Ciudad Santa entonan, burlones, un canto de triunfo. Tantas veces habían deseado que llegara esta hora. Es la manifestación vindicativa de gentes que se sentían humilladas por la situación privilegiada de Jerusalén 11.
11 Ayin. – Ha realizado Yahvé en ti lo que había decretado, ha cumplido la palabra que de antiguo dio: ha destruido sin piedad, te ha hecho el gozo de tus enemigos, ha robustecido a los que te aborrecían.
El profeta constata en todo esto el cumplimiento de antiguos designios de Dios, ya que muchas veces les había amenazado con la ruina total12. Pero Israel no se preocupó de las advertencias antiguas, y se ha convertido por su culpa en objetivo y burla de sus enemigos; pero todo ha estado previsto y anunciado por Dios.
18 Sade. – Clama al Señor desde tu corazón 13, ¡virgen hija de Sión! derrama lágrimas a torrentes día y noche, no te des reposo, no descansen la niñas de tus ojos.
Invitación a Jerusalén a deshacerse en llanto por su destrucción total. Su llanto ha de ser el primer movimiento hacia la compunción del corazón y a la penitencia. Jerusalén es comparada a una virgen desolada, que no encuentra reposo hasta que desahogua sus angustias más íntimas.
19 Qof. – Levántate y gime de noche, al comienzo de las vigilias; derrama como agua tu corazón en la presencia del Señor, alza a El las palmas por las vidas de tus pequeñuelos.
El llanto de Jerusalén debe ser continuo en los tres períodos o vigilias en que los israelitas dividían la noche l4, y debe tener siempre presente su tragedia para mover a Yahvé a la misericordia para con ella. Ese llanto no debe ser un mero desahogo desesperado, sino una especie de oración en presencia del Señor, como signo de contrición, pues están en juego las vidas de sus pequeñuelos. Antes el profeta había reflejado la situación famélica de los niños, ahora invita a Jerusalén a orar con remordimiento a Yahvé para que aligere esta situación tan trágica para los pequcñuelos.
20 Res. – Mira, ¡oh Yahvé! y considera a quién has tratado así. ¿Habrán de comer las madres su fruto, a los niños que amamantan? ¿Habrán de ser muertos en el santuario del Señor sacerdotes y profetas?
Jerusalén, desolada, responde a la invitación anterior implorando perdón a Yahvé: la tragedia ha sido demasiado grande, y, por otra parte, Jerusalén es la ciudad de Yahvé, su morada en la tierra: considera a quién has tratado así.
El castigo ha sido demasiado duro, pues se ha llegado a los mayores extremos de indigencia: ¿Habrán de comer las madres a los hijos? La frase es dramática y pretende mover el corazón de Dios. Se han agotado todos los medios, y no queda a las madres sino comerse a sus propios hijos. Por otra parte, la matanza de las personas consagradas a Dios, como los sacerdotes y profetas, debe mover a piedad al Dios airado.
21 Sin. – Niños y viejos yacen por tierra en las calles. Mis doncellas y mis mancebos cayeron al filo de la espada. Has matado en el día de tu ira, has degollado sin piedad.
Jerusalén se presenta ahora acusando a Dios de haberse excedido en su ira vengadora. El profeta dramatiza el diálogo para dar una idea de la tragedia íntima de la Ciudad Santa. En la guerra han caído gentes inocentes, como los ancianos y niños. Todo esto parece mostrar que el castigo ya ha rebasado la medida y que es hora de compasión y de misericordia por parte de Yahvé.
22 Tau. – Convocaste como a solemnidad al terror en torno a mí, y no hubo en el día de la cólera de Yahvé evadido ni fugitivo. Aquellos que yo crié y mantuve, los acabó el enemigo.
Sigue Jerusalén quejándose por su desgraciada suerte: la matanza ha sido tan general, que parece como si Dios hubiera convocado a los sembradores de terror a una solemnidad o concentración. Los enemigos han sido tantos, que no ha habido evadido ni fugitivo. La mano de Yahvé ha pesado demasiado sobre los hijos de Sión, a los que con tanto cuidado había criado. La ley del exterminio ha caído sobre ellos; por eso ya es hora de que Yahvé levante su mano vengadora.
1 Otros traducen, en vez de pastizales, moradas o “casas solariegas.” – 2 Lit. en hebreo dice “profanó,” en vez de humilló. – 3 Así siguiendo a los LXX. El TM dice a “su reino.” En ese caso se referiría a la “profanación” del territorio israelita, consagrado a Yahvé, pero invadido por los extranjeros. – 4 Cf. Jer 12:7; Jer 30:14. – 5 En los LXX se dice viña simplemente. En el TM, jardín. Algunos autores han querido sustituir la palabra hebrea de origen sumerio gan por ganab, y entonces significaría ladrón, lo que se adaptaría magníficamente al contexto: “Yahvé desmanteló su tienda como un ladrón.” – 6 Cf. Jer 31:39; Job 38:5; Zac 1:16; Is 34,n; 2Re 21:137 Se ha querido sacar de esta frase la consecuencia de que las Lamentaciones no son de Jeremías. Pero puede tener un alcance hiperbólico, como otras de Jeremías. – 8 Cf. Jer 1:20; Pro 7:23; Job 16:13; Sal 62:9. – 9 Cf. Job 38:16; Sal 104:25. – 10 Cf. Jer 5:31; 6:13-15; 14:14; 23:115s; 27:9; Eze 13:28. – 11 Cf. Sal 48:3; Eze 16:14; Eze 25:6; Jer 18:16; Isa 19:8; Jer 49:17; Job 27:23; Sal 22:14; Sal 35:16; Job 16:9. – 12 Cf. Lev 26:14-38; Deu 28:15-68. – 13 Lit. en hebreo dice: “clama su corazón al Señor, muro de la hija de Sión,” lo que no hace sentido. – 14 Más tarde, en tiempos de los romanos, se dividía en cuatro (Mt 14*25).
Fuente: Biblia Comentada
¡Cómo … el Señor … ! Gran parte de Lam 2:1-22 contiene descripciones vívidas del juicio de Dios. Él cubrió a los habitantes de Judá con una nube (v. Lam 2:1), apartó su mano de protección (v. Lam 2:3), entesó su arco y destruyó con sus flechas (v. Lam 2:4), y extendió el cordel de medir para marcar los muros que habrían de ser destruidos (v. Lam 2:8). En el futuro Dios hará una obra de reconstrucción en Jerusalén durante el reino futuro (Zac 2:1-13). la hermosura de Israel. Una referencia probable al Monte Sión y el templo (cp. Sal 48:2; Sal 50:2; Isa 60:13; Isa 64:11; Eze 16:14; Dan 11:45). estrado de sus pies. Se refiere al arca del pacto como lo indica 1Cr 28:2 y Sal 99:5; Sal 132:7.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Lam 2:1-22 : Con características formales similares al primero, el segundo poema también se estructura en dos grandes partes.
En la primera parte (Lam 2:1-10) se describe en tercera persona la acción punitiva de Dios, como enemigo implacable, sobre su propio pueblo y sus más apreciados bienes y símbolos (habitantes, ciudad, templo, instituciones, dirigentes, culto, etc.).
En la segunda parte (Lam 2:11-22) predominan la primera y segunda personas tras las que hablan el yo del poeta y la ciudad ultrajada, ahondando en el dolor incesante, en el sufrimiento desmedido, en la euforia del enemigo y en la justicia divina, para concluir invitando a la súplica (Lam 2:18-19) que ahora se sustenta, además, en el sobreprecio pagado por los propios pecados.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
— a Sión: Lit. a la hija de Sión.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
“Cual enemigo”
Como el primer poema, este comienza con un cuadro de la caída de la gracia de Jerusalén. Hija de Sion, esplendor de Israel y estrado de sus pies son todas maneras de referirse a la ciudad (aunque el estrado de sus pies era, estrictamente hablando, el arca del pacto; Sal. 132:7, pero cf. Sal. 99:5). Que no se acordó del estrado de sus pies es una manera de decir que Dios no ha guardado su promesa del pacto (ver sobre 1:1-7).
En los vv. 2-5 se describe la ira de Dios contra su pueblo. No solamente él se había “olvidado” de su pacto; se había vuelto activamente contra su propio pueblo, como enemigo (ver arriba sobre 1:8-17). No sólo había él retirado su mano derecha (3: cf. Exo. 6:6; Deut. 4:34) sino que había actualmente entesado su arco. Estos cuadros metafóricos de la enemistad del Señor son tomados, por supuesto, de las terribles realidades de la guerra. Los nombres de Jacob, Israel y Judá son aplicados en esta sección a la destrucción hecha por Nabucodonosor en toda la tierra de Judá, el remanente del pueblo de Israel.
De la perspectiva de toda la nación, el poeta estrecha su foco al templo (su enramada, su lugar de reunión; cf. Exo. 25:22) y las instituciones asociadas de sacerdocio, sacrificios y fiestas anuales (6, 7). La idea de hacer olvidar a Sion sus solemnidades capta a la vez el pasado descuido de la verdadera adoración por parte de Judá y la remoción por el Señor de los adornos de la falsa adoración que llevaban a cabo. El descuido de la verdadera adoración es descuidar a Dios mismo, nada menos que un quebrantamiento del primer mandamiento (Exo. 20:3).
Finalmente, el poeta se vuelve a la ciudad como un centro de poder; rey y príncipes han ido al exilio; ya no había un Estado (9). Profetas y sacerdotes habían descuidado sus deberes de enseñar la ley de Dios y hablar su palabra. Su responsabilidad mayor trajo mayor condenación (cf. Luc. 12:48).
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
2.6 El templo del rey Salomón (aquí llamado «tienda» y «lugar en donde se congregaban») en Jerusalén representaba la presencia de Dios en su pueblo (1Ki 8:1-11). El templo era el centro de adoración. Su destrucción simbolizaba el rechazo de Dios por su pueblo, ya no viviría más entre ellos.2.7 Nuestro lugar de adoración no es tan importante para Dios como nuestro tipo de adoración. Un templo puede ser hermoso, pero si su pueblo no sigue a Dios sinceramente, se derrumba desde su interior. El pueblo de Judá, a pesar de su hermoso templo, rechazaba en sus vidas diarias lo que proclamaba en sus rituales de adoración. Por lo tanto, su adoración se volvió una farsa burlona. Cuando adora a Dios, ¿dice palabras que realmente no quiere decir? ¿Ora por ayuda que en verdad no cree que pueda llegar? ¿Expresa amor por Dios que en realidad no siente? Busque con seriedad a Dios y adquiera una visión renovada de su amor y protección. Luego adórelo con sinceridad.2.9 Se perdieron cuatro símbolos y recursos poderosos de seguridad: la protección de las puertas de la ciudad, el liderazgo del rey y los príncipes, la dirección de la ley y la visión de los profetas. Con esos cuatro factores presentes el pueblo se adormeció y cayó en un falso sentido de seguridad y se acomodó a sus pecados. Pero ahora que se les quitan, se confronta al pueblo con la alternativa del arrepentimiento y del regreso a Dios o a continuar en su senda de sufrimiento. No utilice símbolos sustitutos, incluso los buenos, para la realidad de una relación viva y personal con Dios mismo.2.11 Las lágrimas de Jeremías eran sinceras y estaban llenas de compasión. La tristeza no significa que no tengamos fe ni fortaleza. No hay nada de malo en el llanto: Jesús mismo sintió tristeza y hasta lloró (Joh 11:35). ¿Cómo reaccionamos al desmoronamiento de nuestra sociedad y a la degradación moral que nos rodea? Esto puede que no sea tan obvio como la invasión de un ejército enemigo, pero la destrucción es también cierta. Nosotros también debemos conmovernos profundamente cuando veamos la decadencia moral que nos rodea.2.14 Los falsos profetas estaban en todas partes en los días de Jeremías. Dieron «profecías» falsas y engañosas. Mientras Jeremías advertía al pueblo de la destrucción inminente y el largo cautiverio que vendría, los falsos profetas decían que todo marchaba bien y que el pueblo no debía temer. Todas las palabras de Jeremías se cumplieron porque era un verdadero profeta de Dios (Jer 14:14-16).2.15 Batir las manos, silbar y mover despectivamente la cabeza eran símbolos de burlas y mofas. Eran gestos despectivos.2.19 El capítulo 1 describe la desolación de Jerusalén y pide la venganza de Dios sobre sus enemigos. El capítulo 2 incluye un llamado al pueblo de Dios a derramar sus corazones en la presencia del Señor. El pueblo debía volverse de sus pecados, debía lamentarse sinceramente por sus faltas contra Dios (3.40-42). El pueblo tenía mucho por qué llorar. Debido a su obstinada rebelión contra Dios, acarrearon un gran sufrimiento, sobre todo sobre los inocentes. ¿Fueron estos sufrimientos culpa de Dios? No, fue culpa del pueblo desobediente.La pecaminosidad del pueblo trajo su destrucción, pero trágicamente las consecuencias del pecado afectaron a todos, a buenos y malos por igual.2.19 El sufrimiento y el pecado del pueblo debió haberlo llevado al Señor, suplicando con lágrimas su perdón. Solo cuando el pecado quebranta nuestros corazones Dios puede venir a rescatarnos. La simple vergüenza por los pecados no trae consigo el perdón, pero si clamamos a Dios, El nos perdonará.2.21, 22 Esta escena horrible se pudo haber evitado. Jeremías advirtió al pueblo durante años que este día de destrucción llegaría y le dolió en el alma ver su cumplimiento. Siempre nos impactamos cuando escuchamos acerca de una tragedia que cae sobre inocentes. Sin embargo, a menudo los espectadores inocentes son víctimas de juicio sobre una nación. El pecado causa gran tristeza y devastación a muchos.
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
NOTAS
(1) Uno de los 134 cambios de YHWH a ’Adho·nái que hicieron los escribas. Véase Ap. 1B.
REFERENCIAS CRUZADAS
a 85 Lam 3:44
b 86 Mat 11:23
c 87 Lam 2:15; Eze 16:14
d 88 1Cr 28:2; Sal 99:5; Sal 132:7; Isa 60:13
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
estrado de sus pies. Pudiera referirse a Jerusalén o al templo.
Fuente: La Biblia de las Américas
[2] Joakim, Jeconías y Sedecías.[6] 2 Re 25, 21; Jer 52, 10.[18] Jer 14, 16.