Biblia

Comentario de Levítico 10:3 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 10:3 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Entonces Moisés dijo a Aarón: —Esto es lo que habló Jehovah diciendo: “Me he de mostrar como santo en los que se acercan a mí, y he de ser glorificado en presencia de todo el pueblo.” Y Aarón calló.

me santificaré. Lev 8:35; Lev 21:6, Lev 21:8, Lev 21:15, Lev 21:17, Lev 21:21; Lev 22:9; Éxo 14:4; Éxo 19:22; Éxo 29:43, Éxo 29:44; Núm 20:12; Deu 32:51; 1Sa 6:20; 1Cr 15:12, 1Cr 15:13; Sal 89:7; Sal 119:120; Isa 52:11; Eze 20:41; Eze 42:13; Heb 12:28, Heb 12:29.

en presencia de todo el pueblo. 1Sa 2:30; Isa 49:3; Eze 28:22; Jua 12:28; Jua 13:31, Jua 13:32; Jua 14:13; Hch 5:11-13; 2Ts 1:10; 1Pe 4:17.

y Aarón calló. Gén 18:25; 1Sa 3:18; Job 1:20, Job 1:21; Job 2:10; Sal 39:9; Sal 46:10; Isa 39:8; Mat 10:37.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

En los que a mí se acercan: en este contexto Dios se refería a los sacerdotes, Aarón y sus hijos. Quienes están más cerca de Dios, los que ministran delante de Él y enseñan al pueblo, tienen mayor responsabilidad de ser cuidadosos con la santidad de Dios. En su epístola Santiago enfatiza este principio (Stg 3:1).

seré glorificado es todavía un buen principio por el cual podemos medir nuestra adoración. Lo que no glorifica a Dios no es verdadero culto y no se debe permitir en nuestras reuniones de culto.

Aarón calló: Aunque dolido por la repentina pérdida de sus hijos, Aarón reconoció que la acción de ellos fue de rebelión contra Dios. Si no se hubiera disciplinado con prontitud se difundiría e interrumpiría el servicio santo de Israel. El dolor de Aarón debe de haberse intensificado al recordar su propia rebelión contra Dios cuando hizo el becerro de oro (Éxo 32:1-35), acto del cual sus hijos fueron testigos.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

me santificaré … seré glorificado. Nadab y Abiú se habían hecho culpables de violar ambos imperativos de la norma absoluta de Dios. Los sacerdotes habían recibido unas repetidas y solemnes advertencias acerca de la necesidad de reverencia ante Dios (vea Éxo 19:22; Éxo 29:44). Aarón calló. A pesar de la pérdida de sus dos hijos, no se quejó, sino que se sometió al justo juicio de Dios.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

— los que se acercan a mí: Se refiere probablemente a los sacerdotes.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

REFERENCIAS CRUZADAS

g 402 Éxo 19:22; Isa 52:11

h 403 Isa 29:23; Eze 20:41; Mat 6:9

i 404 Isa 49:3; Jua 13:31; 2Ts 1:10

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

Como santo seré tratado. O, tengo que ser tratado como santo. La santidad se refiere a lo que Dios es, en marcado contraste con lo mundanal de sus criaturas (Ex 3:5). Todo el pueblo de Dios, y especialmente sus sacerdotes, deben reconocer y respetar esto. Al hacer este acto temerario, Nadab y Abiú no tuvieron en cuenta la santidad de Dios, y sufrieron por tanto las consecuencias.

Fuente: La Biblia de las Américas

me santificaré. Cualquier desobediencia a los mandamientos de Dios sustrae de Su gloria.

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie

fue traspasado… Esto es, de dolor. TM: guardó silencio. Se Sigue LXX.

Fuente: Biblia Textual IV Edición

O, santo me mostraré a

Fuente: La Biblia de las Américas

[o] EL DIOS SANTO QUE HACE SANTO Daré a conocer mi santidad a través de los que se allegan a mí. Esta es una palabra bien esclarecedora sobre el destino de un pueblo santo. Muchos entenderán su pertenencia a un pueblo o a una Iglesia como un llamado a llevar una vida más exigente (1 Tes 4.7), querrán que la perfección de su vida cotidiana sea un testimonio rendido a la verdad en la que han creído (1 P 3.1), o querrán hacer honor a Aquel cuyo nombre llevan (Mt 5.16; Rom 2.24). Otros sacarán una conclusión muy diferente: Si la Iglesia es santa, hay que mirar sus actuaciones con un prejuicio favorable y atribuir sólo a debilidades humanas las faltas que le reprocha la opinión pública y que nadie podría negar. Otros sostendrán que esa santidad nos obliga al silencio y a la obediente aprobación de lo que dicen o hacen los que se sientan en la cátedra de Moisés (Mt 23.2; He 4,19). La Palabra de Dios pone aquí de manifiesto la tremenda responsabilidad de los que Dios se ha elegido. Ya sea que honren a Dios, ya sea que obstaculicen la irradiación de su Gloria, Dios será reconocido a través de ellos. La elección de parte de Dios de un pueblo que será santo, y como tal diferente a los demás, no significa que ese pueblo sea mejor que los otros pueblos: los finales de este siglo han desenterrado y sacado a la luz muchas faltas cometidas por el pueblo cristiano a escala continental y ante las cuales la conciencia de los más altos responsables casi no se ha enmudecido. Falso o verdadero, autores serios han podido decir que la violencia religiosa llegó a su punto más alto entre los cristianos. Y aunque ahora los prelados piden perdón por los pecados cometidos por sus predecesores, olvidan a veces los escándalos actuales de que son responsables. Pero lo cierto es que Dios en todos los casos manifestará su Santidad: dará a conocer al mundo los pecados cometidos en secreto por los suyos (2 Sa 12,12), humillará a los que debieran haber sido su orgullo -y hasta acepta por un tiempo ser despreciado junto con ellos (Ez 36,20 y 22). En una palabra nadie podrá jugar o cubrirse con su nombre. Dios desconcierta a quien cree conocerlo, y desconcertará más aún a los que quieran usurpar su gloria y su autoridad (Is 42,8; 48,11), no siendo más que un tiesto entre otros tiestos (Is 45,9). El segundo libro de los Macabeos, tan duro contra los perseguidores del pueblo de Dios, no es menos severo con este pueblo: todas nuestras persecuciones, dice, las hemos merecido por nuestros pecados, y una señal del interés muy especial que Dios nos tiene es que no tarda en hacernos pagar nuestras infidelidades (2 Mac 5,18; 7,18).

Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana