Biblia

Comentario de Levítico 10:8 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 10:8 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Entonces Jehovah habló a Aarón diciendo:

no beberéis vino ni sidra. En su contexto, esta prohibición sugiere que fue la embriaguez lo que llevó a Nadab y a Abiú a la comisión de su blasfema acción. Cp. Pro 23:20-35; 1Ti 3:3; Tit 1:7.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Responsabilidades de los sacerdotes. Primera, los sacerdotes no debían beber vino ni licor antes de iniciar sus responsabilidades en el santuario (v. 9). Por mucho tiempo se ha sugerido que este mandamiento, según el presente contexto, se dio debido a que el pecado de Nadab y Abihú se cometió en estado de ebriedad, y es posible que así haya sido, pero el texto no lo dice. La razón probablemente se encuentra en los siguientes versículos en relación con las tareas de los sacerdotes, quienes necesitaban una mente clara. En el AT, el vino es una de las dádivas y bendiciones de Dios en la creación, propio para celebración (Sal. 104:15), y también muy efectivo para mitigar el dolor (es decir, de luto; cf. Prov. 31:7). Sin embargo, en exceso confunde y pervierte (Prov. 23:20, 21, 29-35), y por eso debían evitarlo quienes necesitaban un juicio claro para ejercitar serias responsabilidades (Prov. 31:4, 5). A los sacerdotes no se les requería que prescindieran del vino en todo tiempo (eso era algo voluntario como parte del voto nazareo, el que normalmente era temporal; ver Núm. 6:1-20; Amós 2:12), sino sólo cuando estaban de turno. La ebriedad habitual entre los sacerdotes fue condenada por los profetas de manera particular, precisamente porque había destruido su habilidad para enseñar, dejando por lo mismo a la gente sin una guía moral o conocimiento de Dios (Isa. 28:7-10; Ose. 4; especialmente el v. 11). En el NT la misma responsabilidad de moderación y sobriedad cae sobre los cristianos, y especialmente sobre aquellos que enseñan y ejercitan el cuidado pastoral (Ef. 5:18; 1 Tim. 3:2, 3, 8; Tito 2:2, 3).

Segunda, los sacerdotes debían conocer y guardar claramente las distinciones esenciales que sostenían toda la vida de Israel; es decir, entre lo santo y lo profano, entre lo impuro y lo puro (v. 10). Para el significado de estos términos véase el comentario sobre el cap. 11.

Tercera, los sacerdotes eran los maestros de Israel (v. 11). Esta parte de las tareas de los sacerdotes a menudo se pasa por alto, debido a que tendemos a centrar nuestra atención en su papel de ofrecer sacrificios. Pero era una parte vital del sacerdocio. Era a través del sacerdote que la ley de Dios y, por lo mismo su carácter, valores, prioridades y voluntad, se daba a conocer a la gente común en la comunidad. Esto se enfatiza en otras partes, tanto positiva como negativamente, cuando fallaban (Deut. 17:9-13; 33:8-10; Ose. 4; Mal. 2:1-9). Los sacerdotes y los levitas sobresalieron en la parte educacional de las reformas más elocuentes en la historia de Israel (2 Crón. 17:7-9; 19:4-11; Neh. 8:7, 8). Esta función de los sacerdotes de enseñar a Israel tiene su contraparte en Israel como un todo, de ser el medio de Dios para enseñar su ley a las naciones (Isa. 2:3; 42:1-7; 51:4).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno