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Comentario de Levítico 11:24 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 11:24 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Por ellos quedaréis impuros; cualquiera que toque sus cuerpos muertos quedará impuro hasta el anochecer.

Lev 11:8, Lev 11:27, Lev 11:28, Lev 11:31, Lev 11:38-40; Lev 17:15, Lev 17:16; Isa 22:14; 1Co 15:33; 2Co 6:17; Efe 2:1-3; Efe 5:11; Col 2:16, Col 2:17, Col 2:20; Heb 9:26; 1Jn 1:7.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

estas cosas se refiere a los insectos voladores de los párrafos anteriores, o posiblemente a los animales inmundos que se han mencionado hasta ahora. El sólo hecho de tocar un cadáver inmundo hacía que la persona fuera inmunda hasta la noche, cuando comenzaba el nuevo día para los israelitas.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

Esta sección trata de la separación de otras causas de contaminación.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Esta sección interrumpe la lista de animales puros e impuros para establecer que quien entra en contacto con el cadáver de un animal impuro se hace a su vez impuro. No acaba de quedar claro si la impureza se contrae al entrar en contacto con estos animales impuros cuando están muertos o también cuando están vivos.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Asuntos relacionados con el contacto. El contacto humano con los animales en la vida rural y cultural es muy frecuente y difícil de evitar. Aquí se proveen principios en cuanto a los tipos de contacto que hacían que una persona estuviera ritualmente impura. Quizá debido a su frecuencia y naturaleza inevitable, la inmundicia contraída de esta manera era relativamente menor, durando sólo el día en que ocurría y sólo requiriendo un lavamiento ordinario, sin sacrificio, para ser remediado. Es notable el hecho de que el contacto con los animales vivos, aun aquellos que eran inmundos y por lo tanto no debían comerse, no era contaminante. Uno podía montar los camellos o los burros y mantenerse limpio (¡ritualmente hablando!). Sólo los cuerpos de los animales muertos contaminaban a la persona que los tocaba o los cargaba, o los utensilios en los cuales caían o los tocaban. Y eso también se aplicaba a los animales limpios, excepto cuando eran sacrificados (vv. 39, 40), tanto como a los animales impuros (vv. 24-28). La muerte siempre era inmunda. La otra categoría principal de animales que causaba contaminación cuando su cuerpo entraba en contacto con la gente o cosas que la gente usaba, se describe como animales que se desplazan (vv. 29-42), aunque la expresión es muy vaga. El término original parece referirse a criaturas cuyo desplazamiento es resbaloso o rápido, o hasta anormal (¡desde un punto de vista humano!).

El capítulo concluye (44-47) con un recordatorio del propósito detrás de los reglamentos y de la motivación histórica para guardarlos; es decir, que los israelitas eran el pueblo a quien Dios había redimido de Egipto y, por lo mismo, tenía que ser distinto (santo). Seréis santos, porque yo soy santo, es casi como un lema en Lev. (cf. 19:2; 20:26). Dirigidos a toda la nación, los requisitos de santidad no significaban que todos ellos tenían que ser como los sacerdotes, sino que al igual como los sacerdotes eran para las masas de la gente, así ellos como nación debían ser para el resto de las naciones. Esta demanda para este distintivo nacional (cf. 18:3; 20:24, 26) nos provee la primera pauta para entender el significado de las distinciones de lo limpio/inmundo en este capítulo.

Cuatro preguntas pueden formularse en relación con estas leyes:

1. ¿Hay alguna razón fundamental detrás de las categorías? Se han hecho varios intentos para explicar por qué ciertas especies eran consideradas limpias y otras inmundas. Algunos consideran que las distinciones eran puramente arbitrarias con la intención, por lo mismo, de que sirviera como una prueba de obediencia total. Otros sugieren que los animales asociados con cultos paganos eran inmundos, pero esto no parece ser verdad en muchos de los casos; por ejemplo, en Canaán los toros eran sagrados en la adoración a Baal. Un punto de vista bastante popular considera que la higiene y la salud eran un factor principal. Es cierto que algunos de los animales inmundos (por ejemplo: los marranos y las aves de rapiña) tienen una probabilidad mayor de transmitir enfermedades y parásitos. También es verdad que muchas de las precauciones en relación con la carne muerta (especialmente por medio de lavarse) tienen sentido (como también muchos de los requisitos sanitarios en los caps. 13-15). Sin embargo, aunque podemos honrar la sabiduría del Creador con dichos detalles, esta teoría aún queda corta al tratar de explicar muchas de las distinciones, y ni siquiera se insinúa en el texto mismo.

La explicación más reciente, desde una perspectiva antropológica, toma en consideración las tres clasificaciones principales (tierra, agua, aire) y las referencias a las formas de movimiento en cada elemento. Existe una preferencia por lo que se considera “normal” en términos generales. La manera en que el sacerdote israelita entendía lo que era la santidad y lo limpio estaba fuertemente basado sobre la preocupación de preservar la entereza o integridad de las cosas, y evitar que las categorías se mezclaran o confundieran. Esto se refleja en el evento de la creación misma, el cual fue un asunto de distinciones cuidadosas entre la luz y la oscuridad, cielos y tierra, tierra y mar, etc. Esto se aplicó a la clasificación de los animales que se conformaban a un cuadro simple de lo que era “estándar” en cada esfera. Los rumiantes con pezuñas eran animales domésticos de la tierra considerados “estándar”; es decir, apropiados para los sacrificios. Las aletas y escamas eran el equipo “estándar” de las criaturas del mar. Las aves de rapiña y las que se alimentan de carne inmunda obviamente comían la carne con sangre y, por lo tanto, se comportaban de una manera “inmunda”. Las criaturas que se movían en variadas maneras y violaban las fronteras, o cuyos movimientos eran arteros e impredecibles, también eran “anormales”. Estas eran categorías generales y desde la perspectiva de un ser humano promedio como cocinero, no como un biólogo. Todo lo que estaba de por medio era la pregunta si acaso un animal en particular era apropiado para comerse. La impureza, para el propósito previamente establecido, no era un repudio de la criatura misma o negar su lugar dentro de las maravillas de la loable creación de Dios, como frecuentemente lo declaran los salmistas y otros.

2. ¿Por qué puso Dios dichas restricciones sobre la comida? Ya hemos notado la importancia de 11:44-47 en su llamado a la santidad comunitaria. Las notables leyes alimenticias de Israel serían una marca o símbolo de su distinción como una nación (ver Deut. 14:2, 21). De la misma manera en que Dios había limitado su opción entre las naciones de la tierra al elegir a Israel solo, ellos también debían limitar sus opciones entre los animales. La distinción entre los animales limpios e inmundos reflejaba simbólicamente la distinción entre el resto de las naciones e Israel. Por lo tanto, las leyes alimenticias actuaban como un recordatorio constante para Israel de la importancia de la santidad y su llamado a ser diferentes. No era un asunto de superioridad (de la misma manera que los animales limpios no eran “superiores” al resto), sino a causa de la obra redentora de Dios en la historia de Israel y su propósito redentor para el futuro. Y dado que las leyes alimenticias sólo eran una parte de toda la ley, las cuales, inclusive en Lev., incluían toda la gama de los requisitos morales y espirituales, personales y sociales, eran como una insignia o uniforme que dice algo de quien lo lleva puesto y lo compromete a cierta forma de conducta estándar que se espera de él o ella. La santidad, entonces, estaba entretejida en la vida diaria. Cada comida y cada encuentro con el mundo ordinario del trabajo, eran para las familias de Israel un recordatorio de la redención de Dios para con su pueblo y de los valores morales con los cuales ellos estaban comprometidos.

3. ¿Están los cristianos obligados a observar estas leyes alimenticias? La respuesta más simple es no, pero es importante entender por qué. Jesús explícitamente abrogó la validez de la distinción entre la comida limpia e inmunda declarando que era la distinción moral, la cual era el significado verdadero de la ley, lo que realmente contaba. De este modo, “limpieza” e “inmundicia” ya no es un asunto de lo que va al estómago, sino de lo que sale del corazón (Mar. 7:14-23). La importancia más significativa de lo moral sobre lo meramente ritual era, por supuesto, algo que el AT mismo enseñaba, así que no fue meramente esa percepción la que condujo a abrogar las leyes alimenticias en el NT.

Inmediatamente después de sus declaraciones en cuanto a lo “limpio” e “inmundo”, Jesús se dirigió a Tiro, encontrándose con una mujer gentil y sanó a su hija. Esto apunta a la razón principal por la cual se eliminó la distinción entre la comida limpia e inmunda; es decir, la remoción de la distinción entre judíos y gentiles, lo cual ejemplificó la acción de Jesús (una excepción a lo que fue su práctica normal durante su vida). Este significado es sellado en Hechos 10, donde la visión de Pedro, por medio de la cual se le enseñó que la división en el reino animal ya no era válida, era para prepararlo para su visita a Cornelio, el gentil. Esta memorable abolición de la barrera entre judíos y gentiles a través de Cristo significó que la insignia distintiva de la separación judía ya no tenía ningún significado teológico en el nuevo y multirracial pueblo de Dios (Gál. 3:26-29; Ef. 2:11-22). Por lo tanto, también quedaba abolida la división del reino animal que la misma había reflejado.

4. ¿Qué puede aprender el cristiano de estas leyes? Primero, la importancia de la distinción de ser el pueblo de Dios en medio del mundo. Aun para el Israel del AT, la purificación ritual, desde la cocina hasta el santuario, tenía el propósito de simbolizar un mayor requisito por parte de Dios en cuanto a la integridad moral, justicia social y lealtad al pacto. De hecho, tal como lo señalaran vigorosamente los profetas (y Jesús), si estas cosas mencionadas no estaban presentes, entonces la limpieza ritual, por muy escrupulosa que fuera en todos sus aspectos, no servía para nada. Si los cristianos fuéramos tan serios en relación con la distinción moral como Israel lo era con la purificación ritual, entonces nuestra “sal” y “luz” tendrían más poder en el mundo.

Segundo, que la comida todavía es un asunto de importancia moral. Qué, cómo, dónde y con quién comemos todavía son asuntos significativos de nuestra amplia gama de costumbres culturales. Como tal, conjuntamente con todos los factores que se dan en cualquier cultura, pueden estar abiertos a discusión, ofensa y malentendidos. Por eso, las discusiones detalladas de Pablo en relación con la comida (Rom. 14; 1 Cor. 8), aunque mayormente en un contexto judío-gentil, tienen una fuerza moral poderosa en toda la gama de asuntos sobre los cuales están en desacuerdo los cristianos. El hecho de que la ley sobre la comida haya sido abolida no anula la necesidad de amor, aceptación y sensibilidad. Aunque un cristiano puede comer cualquier cosa, hay circunstancias bajo las cuales no debe comer algunas cosas (Rom. 14:14-21). ¿Está el cristiano atado a la ley levítica en cuanto a la comida? ¡Sí! Pero no por la ley del cap. 11, sino por la de 19:18, “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cf. Rom. 13:9, 10).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

REFERENCIAS CRUZADAS

x 453 Lev 17:15

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

inmundo hasta el atardecer. Es decir, el comienzo del próximo día (Ex 12:6). El que toque un cadáver está inmundo hasta el atardecer, pero el que recoja un cadáver debe lavar también su ropa.

Fuente: La Biblia de las Américas

El cadáver de un animal limpio es inmundo si no ha sido degollado y desangrado apropiadamente (vers. 39, 40). Los animales inmundos no sirven para comer ni para ser ofrecidos como sacrificio. Pero muertos, sus cadáveres tienen el poder de hacer inmundas a las personas y cosas (vers. 24, 27, 31, 39). La impureza que resulta del contacto con estos animales es temporal, y dura sólo hasta el atardecer (vers. 24, 25, 27, 31). Utensilios domésticos que tienen contacto con los cadáveres de animales inmundos deben ser purificados (vers. 25, 28, 32, 40) y en algunos casos destruidos (vers. 33, 35).

Fuente: La Biblia de las Américas

Cualquier persona o cosa que tocase el cadáver de un animal inmundo sería considerado inmundo hasta que se purificase.

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie