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Comentario de Levítico 12:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 12:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Jehovah habló a Moisés diciendo:

La purificación de una mujer después de dar a luz, Lev 12:1-5.

Sus ofrendas para la purificación, Lev 12:6-8.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

El tener el hijo no provocaba la inmundicia de la madre. Dios ordenó y bendijo el nacimiento de los hijos desde el principio, aun antes del pecado del huerto (Gén 1:28). En realidad eran la sangre y otros fluidos producto del acto de dar a luz lo que hacía que la madre fuera ritualmente impura por un tiempo, así como otros fluidos corporales causaban la inmundicia de las personas (cap. Lev 15:1-33). Esta impureza no era necesariamente un juicio moral sobre la madre.

siete días de inmundicia por el hijo varón era la misma extensión de tiempo que la impureza por el período mensual de la mujer, o inmundicia periódica (Lev 15:19-24).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

12. La Purificación de la Mujer.
1Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando dé a luz una mujer y tenga un hijo, será impura durante siete días; será impura como en el tiempo de la menstruación. 3El octavo día será circuncidado el hijo, 4pero ella quedará todavía en casa durante treinta y tres días en la sangre de su purificación; no tocará nada santo ni irá al santuario hasta que se cumplan los días de su purificación. 5Si da a luz hija, será impura durante dos semanas, como al tiempo de su menstruación, y se quedará en casa durante sesenta y seis días en la sangre de su purificación. 6Cuando se cumplan los días de su purificación, según que haya tenido hijo o hija, se presentará ante el sacerdote, a la entrada del tabernáculo de la reunión, con un cordero primal en holocausto y un pichón o una tórtola en sacrificio por el pecado. 7El sacerdote los ofrecerá ante Yahvé, y hará por ella la expiación, y será pura del flujo de la sangre. Esta es la ley para la mujer que da a luz hijo o hija. 8Si no puede ofrecer un cordero, tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio por el pecado; el sacerdote hará por ella la expiación y será pura.

El Señor dijo primero a Adán y a Eva, luego a Noé y a sus hijos: “Creced y multiplicaos y poblad la tierra.”1 Es, pues, la generación humana un deber de la naturaleza, y el nacimiento de los hijos era motivo de grande alegría, así como era una deshonra la carencia de los mismos. Pero también es verdad que el instinto sexual en el hombre llega a grandes excesos. Esta es, sin duda, la causa de que los actos sexuales y sus consecuencias hayan sido rodeados, por la naturaleza, del pudor, y en los pueblos antiguos, como el hebreo, de muchas restricciones religiosas. Todo lo referente a la generación entre los semitas está rodeado de misterio, y aun se considera como desordenado e impuro muchas cosas que se relacionan con la transmisión de la vida. En este ambiente histórico hay que enmarcar las prescripciones del presente capítulo, en que se habla de la purificación de la mujer que ha dado a luz.
El capítulo parece desplazado, y su contenido puede considerarse como una subdivisión del c.is, donde se trata de las impurezas del hombre y de la mujer. Según la prescripción aquí impuesta, la mujer que dé a luz un varón debe quedar como impura siete días; al octavo día debe ser circuncidado el hijo, y después debe permanecer aislada como impura treinta y tres días. En total, cuarenta días. Si da a luz una hembra, será impura “dos semanas,” y después quedará en casa reservada “sesenta y seis días,” el doble que en el caso del varón. ¿Por qué esta distinción? La cifra de “cuarenta días” de reserva de la mujer aparece en legislaciones árabes, persas y griegas. Es el período normal impuesto por la higiene y las exigencias fisiológicas. Para la mujer se exige más en la legislación levítica, debido quizá a la supuesta inferioridad de la mujer; de forma que el nacimiento de una niña se consideraba casi como un castigo. Quizá también existía la opinión popular de que la formación del feto femenino exigía más tiempo, y, en consecuencia, los desarreglos menstruales más prolongados. Es otro caso de acomodación a costumbres ancestrales conforme a determinadas ideas populares, como hemos visto en la distinción de animales puros e impuros2.
El precepto de la circuncisión había sido dado ya a Abraham3, recordado a Moisés con ocasión de la Pascua en Egipto4, y aquí se reitera tajantemente. Pero de hecho parece que, durante la época del desierto, los israelitas se mostraron negligentes en su cumplimiento, pues al entrar en Canaán se dice que nadie de los nacidos en el desierto había sido circuncidado5. En la época tardía del judaísmo el precepto tuvo su importancia6, y en tiempos del Señor se cumplía incluso el día del sábado, privando sobre éste7
Terminado el tiempo de la total purificación (cuarenta días en caso de varón y ochenta en caso de hembra), la mujer debía presentarse al sacerdote ante la tienda de la reunión para otrec holocausto y un sacrificio por el pecado, el primero como recoi miento y homenaje a Dios, y el segundo como expiación personal y para purificarse de la impureza legal que había contraído. Según 1Sa 1:22, la mujer podía ser reemplazada por su mando en la presentación de las víctimas, si aquélla estaba realmente impedida.
Las víctimas eran un cordero de un año en holocausto y un pichón o tórtola en sacrificio por el pecado (v.7). En caso de que la oferente fuera pobre, el cordero era sustituido por una tórtola o pichón (v.8). Es el caso de la Virgen María8.

1 Gen 1:28; Gen 8:17. – 2 Sobre las posibles razones supersticiosas de estas prácticas en su origen primitivo, véase M. J. Lagrange, Eludes sur les religions sémitiques p.143. Cf. Plinto, Hist. Nat. VII 13, – 3 Gen 17:10-14. – 4 Exo 12:44-48. – 5 Jos 5:5. – 6 2Ma 6:10. – 7 Jua 6:22-23. – 8 Luc 2:24.

Fuente: Biblia Comentada

En esta sección se cubren los preceptos acerca de la impureza. Dios empleó las circunstancias tangibles de la vida que designó como limpias e inmundas para inculcar insistentemente en Israel la diferencia entre lo que era santo y lo que era profano. «Limpio» significa aceptable para Dios; «inmundo» significa inaceptable para Dios. Lev 11:1-47; Lev 12:1-8; Lev 13:1-59; Lev 14:1-57; Lev 15:1-33 detalla el código de pureza; Lev 16:1-34 se retrotrae a los sacrificios del día de Expiación.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

La impureza está relacionada con el período posparto de la mujer, no con el niño.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Impureza a causa de parto

El cap. 11 trata de la impureza causada por factores externos, como el comer o tener contacto con animales. Los caps. 12-15 tratan principalmente de la impureza causada por funciones o condiciones del cuerpo humano (excepto por las secciones sobre infecciones en las casas o en textiles). Es importante observar que el concepto de purificación ritual no necesariamente implica o presume un carácter moralmente pecaminoso. Todo acto pecaminoso causaba que una persona fuera impura, pero no toda forma de impureza era a causa de pecado o un asunto de culpa moral. No hay nada inherentemente pecaminoso acerca de los animales que fueron declarados impuros en el cap. 11. Tampoco hay nada moralmente pecaminoso con la menstruación o las úlceras. Sin embargo, en el pensamiento del sacerdote, los flujos del cuerpo, especialmente los que involucraban sangre, eran una forma de imperfección. La sangre era vida, y por lo mismo la pérdida de ella en cualquier forma era un rompimiento de la salud normal y potencialmente una causa de muerte. Por lo tanto, dichos flujos hacían que una persona estuviera temporalmente incapacitada para participar en la adoración en el santuario en presencia de cosas y personas santas. La inmundicia no puede encontrarse con lo santo. La impureza era un estado de cuarentena ceremonial y religiosa, no un estado de pecado moral (excepto por el hecho de que todos eran pecadores, igualmente los puros como los impuros).

Este punto es particularmente relevante en el cap. 12. Es imposible, desde el punto de vista en que el AT presenta la procreación como un mandato de Dios (Gén. 1:28), uno de sus mejores dones (Sal. 127:3; 128:3-6) y uno de los goces humanos más grandes, imaginarse que la impureza aquí asociada con el parto fuera algo pecaminoso en sí mismo. Tampoco, en vista de Gén. 2:24, sin mencionar el Cantar de los Cantares, porque la relación sexual entre los cónyuges fuera considerada como pecado. Las palabras de David en el Sal. 51:5 no son un comentario sobre la moralidad de su madre ni tampoco sobre el acto por el cual él fue concebido, sino una profunda concientización de la gravedad de su propia pecaminosidad; es decir, en ningún momento de su vida había sido él “inocente”. La razón de la impureza mencionada en este texto es la pérdida de sangre que acompaña el nacimiento, y después continúa en cantidades menores por un período de dos a seis semanas (técnicamente esto se conoce como loquios). Así que, el período de impureza duraba más tiempo que el de una menstruación normal (15:19-24). No se da ninguna razón del porqué el período para un hijo era de 40 días, mientras que para una hija era de 80 días, aunque algunos sugieren que puede haber sido porque se esperaba que la muchacha menstruara en el futuro.

La ley, aunque formulada en una categoría desconocida para nosotros; es decir, impureza ritual, tenía un efecto social beneficioso dándole a la madre un período posnatal de seclusión.

Al final del período de impureza, se reanudaban las relaciones sociales y religiosas normales, después de ofrecer sacrificios que tenían el efecto de expiación y purificación. La expiación era a causa de la pecaminosidad general de cualquier adorador de la cual tenía que ser perdonado cuando se presentaba ante Dios, no, como lo hemos notado, por ningún pecado relacionado con el parto mismo. Lucas registra cómo se llevaron a cabo estas ceremonias después del nacimiento de Cristo, acompañadas por una palabra profética y un saludo (Luc. 2:21-39).

Nota. 3 Sobre la circuncisión, véase el comentario de Gén. 17.3.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

12.1-4 ¿Por qué se consideraba a una mujer «ceremonialmente inmunda» después del grandioso milagro del nacimiento? Probablemente se debía a las emisiones y secreciones corporales que ocurren durante y después del parto. Estas eran consideradas impuras y hacían que la mujer no estuviera preparada para entrar en los alrededores puros del tabernáculo.12.1-4 Inmundo no significaba pecaminoso ni sucio. Dios nos creó varón y hembra, y nos ordenó que fructificásemos y nos multiplicásemos (Gen 1:27-28). No es que haya cambiado de parecer diciendo que ahora de algún modo el sexo y la procreación fuesen inmundos. En lugar de eso, estableció una diferencia entre su adoración y la adoración popular a dioses y diosas de la fertilidad. Las religiones cananeas incorporaban la prostitución y ritos inmorales al rogar el pueblo a sus dioses pidiendo el aumento de sus cultivos, su ganado y sus familias. En contraste, la religión de Israel evitaba toda connotación sexual. Al mantener una separación total entre culto y sexo, Dios ayudó a los israelitas a evitar confusión con los ritos paganos. Los israelitas adoraban a Dios como su amante Creador y Proveedor, y le agradecían por cosechas abundantes y partos seguros.

Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir

El nacimiento de un niño, si bien era una ocasión feliz, era un recuerdo de que el pecado se transmitía a cada persona. Así, la madre permanecía en cuarentena de realizar actos religiosos durante 40 días (si alumbraba a un varón) y 80 días (si alumbraba a una hembra). Pasado ese tiempo tenía que traer un holocausto y una ofrenda por el pecado (cp. Luc 2:24).

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie

[.] Los pueblos primitivos oponen a menudo la sangre del varón, derramada en la guerra, la cual es noble y pura, y la que pierde la mujer, la cual es impura. Por tanto, el parto y las reglas de la mujer no dejan de inquietar a los varones (son ellos los que imponen sus criterios y hacen las leyes) y requieren ritos de purificación. Vemos en esto cómo las leyes de la Biblia, aunque sean palabra de Dios, se adaptan a tiempos antiguos y a los criterios propios del pueblo de Israel. El pueblo creyente era consciente de esto y lo expresaba a su manera al decir que la Ley fue concertada por ángeles He 7,38; Gal 3,19; Heb 2,2. Jesús y su madre se sometieron a estos ritos Lc 2,21.

Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana

[2] Luc 2, 22.[3] Luc 2, 21; Jn 7, 22.[6] Por su inmundicia legal. Esta se llama pecado, que se originó en el pecado original, por lo cual nuestro linaje fue viciado en Adán.

Fuente: Notas Torres Amat