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Comentario de Levítico 1:3 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 1:3 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Si su ofrenda es holocausto del ganado vacuno, ofrecerá un macho sin defecto. Lo ofrecerá voluntariamente delante de Jehovah a la entrada del tabernáculo de reunión.

holocausto de vacas. Lev 6:9-13; Lev 8:18, Lev 8:21; Gén 8:20; Gén 22:2, Gén 22:8, Gén 22:13; Éxo 24:5; Éxo 29:18, Éxo 29:42; Éxo 32:6; Éxo 38:1; Núm 23:3, Núm 23:10, Núm 23:11, Núm 23:19, Núm 23:23, Núm 23:24, Núm 23:27, Núm 23:30; Núm 29:8-11, Núm 29:13; Isa 1:11; Heb 10:8-10.

macho sin defecto. Lev 3:1; Lev 4:23; Lev 22:19-24; Éxo 12:5; Deu 15:21; Zac 13:7; Mal 1:14; Luc 1:35; Jua 1:36; Efe 5:27; Heb 7:26; Heb 9:14; 1Pe 1:18, 1Pe 1:19.

de su voluntad. Lev 7:16; Lev 22:19, Lev 22:21; Éxo 35:5, Éxo 35:21, Éxo 35:29; Éxo 36:3; Sal 40:8; Sal 110:3; 2Co 8:12; 2Co 9:7.

a la puerta del tabernáculo. Lev 16:7; Lev 17:4; Éxo 29:4; Deu 12:5, Deu 12:6, Deu 12:13, Deu 12:14, Deu 12:27; Eze 20:40; Jua 10:7, Jua 10:9; Efe 2:18.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

El holocausto (Heb. ˓ola, que significa «elevar») era el único sacrificio que se consumía íntegramente en el altar. Prefigura el sacrificio completo de Cristo en la cruz. Además, simboliza que el adorador no debe tener nada reservado cuando se presenta ante Dios; todo se consume en la relación entre Dios y el adorador sincero.

macho sin defecto: El uso de los machos para el sacrificio no ponía en riesgo los rebaños y el ganado de los israelitas, puesto que no se necesitaba sino un macho para cinco hembras para continuar la reproducción. Un macho sin defecto era de gran valor para el adorador. Era cepa de primera y era una fuente potencial de lana y carne, o de dinero si se vendía. Ofrecerlo en el altar era un verdadero sacrificio. El principio todavía persiste: El pueblo de Dios debe ofrecer lo mejor como símbolo de que ofrece todo lo que es suyo. Una persona debía ofrecer de su voluntad. El verdadero sacrificio a Jehová debe hacerse con actitud de gozo, no con una obediencia apática.

a la puerta del tabernáculo: Los pecados de una persona debían ser expiados antes de entrar en la presencia de Dios.

delante de Jehová: Dios está presente en todo lugar, pero su presencia se sentía de un modo poco común en el sitio de su santo culto.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

HOLOCAUSTO. El término hebreo para holocausto significa «lo que asciende» a Dios. Se quemaba toda la ofrenda, lo cual significaba que para la verdadera adoración era esencial la total consagración a Dios. Al mismo tiempo, estaba incluido el perdón de pecado (v. Lev 1:4), haciendo énfasis en que antes que los adoradores pudieran dedicarse a Dios, tenían que ser limpiados del pecado (cf. Mat 5:23-24). Según el escritor de la Epístola a los Hebreos, Jesucristo es el cumplimiento supremo del holocausto(Heb 10:5-10).

Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena

holocausto. Esta ofrenda recibe este nombre porque especificaba que el animal debía ser completamente consumido por el fuego, excepto por las plumas de las aves (Lev 1:16) o la piel del becerro, que eran para el sacerdote (Lev 1:6; Lev 7:8). macho sin defecto. Como no se permitía ningún animal con deformidad o defecto de ninguna clase, los sacerdotes debían inspeccionar cada animal, quizás empleando un método que los egipcios empleaban en sus sacrificios, que exigía que todos los animales inspeccionados y aprobados tuvieran un certificado unido a los cuernos y sellado con cera. Se exigía un macho sin defecto, por cuanto era la ofrenda más escogida del rebaño o manada. a la puerta … delante de Jehová. Esta entrada al patio alrededor del tabernáculo donde estaba el altar del holocausto (Éxo 40:6) situaría a quien estuviera ofreciendo un sacrificio en el lado del norte del altar (cp. Lev 1:11). La presencia de Dios en la nube descansaba sobre el propiciatorio del arca en el lugar santísimo dentro del tabernáculo propiamente dicho (vea la nota sobre Lev 1:1). La ofrenda era llevada al Señor y ofrecida delante Él, no delante de los hombres.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Esta sección describe el sacrificio de becerros (Lev 1:5).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Vea Lev 6:8-13 para las instrucciones dirigidas a los sacerdotes. Los holocaustos fueron los primeros sacrificios revelados porque eran los que iban a ofrecerse con la mayor frecuencia: cada mañana y tarde (Núm 28:1-8), cada día de reposo (Núm 28:9-10), el primer día de cada mes (Núm 28:11-15), y en las fiestas especiales (Núm 28:16Núm 29:40). Esta ofrenda significaba una dedicación y consagración voluntaria y completa al Señor. Era una ofrenda de arrepentimiento por pecados cometidos, con el deseo de ser purificado de la culpa de actos pecaminosos. Instituido para exhibir el arrepentimiento y la obediencia del pecador, indicaba la dedicación de sí mismo a la adoración de Dios. El animal más costoso se menciona en primer lugar, y el menos costoso en último lugar. Posteriormente, el cántico de los salmos vino a formar parte de este ritual (cp. Sal 4:1-8; Sal 5:1-12; Sal 40:1-17; Sal 50:1-23; Sal 66:1-20).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Lev 22:18-20; Éxo 12:5.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

— holocausto: El término hebreo que traducimos por “holocausto” significaría lit. lo que asciende. Era la ofrenda de un animal sacrificado que se quemaba completamente (a excepción de su piel) sobre el altar, y cuyo humo subía, según se pensaba, hasta Dios. Constituía la ofrenda más importante del sistema sacrificial judío. Es el sacrificio que Noé ofrece al salir del Arca (Gén 8:20) y que los israelitas deberán ofrecer en diversas circunstancias y festividades ( Lev 16:3-5; Núm 28:1-31; Núm 29:1-40; 1Cr 16:40; ver Eze 45:15-17). Servía bien como acción de gracias (Sal 66:13-15), bien como acto de adoración (1Cr 29:21).

— sin defecto alguno: Lit. perfecto, adjetivo usado también para referirse en sentido ético a seres humanos (Gén 6:9).

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

El holocausto

El holocausto (u ofrenda quemada) encabeza la lista de los sacrificios, quizá porque era el más común. En Núm. 28 se instruye a los sacerdotes para que diariamente presenten holocaustos, en la mañana y en la tarde. También era el sacrificio que se ofrecía en su totalidad, ya que todo el animal era quemado (excepto la piel, que era para el sacerdo te, 7:8). En los otros sacrificios algunas porciones de la carne estaban disponibles para consumo de los sacerdotes, el adorador, o ambos.

El nombre del sacrificio (olaŒ) probablemente signifique “lo que asciende”; es decir, toda la ofrenda “sube” en el humo al Señor. La ofrenda tenía que ser un macho sin defecto. Los animales machos eran de mucho más valor en el sacrificio, aunque en la agricultura eran de los que podía desprenderse más fácilmente ya que eran las hembras las que producían la leche y las crías. El animal tenía que ser sin defecto. Sólo lo mejor podía ser ofrecido a Dios. Por lo tanto, el sacrificio debía ser un asunto de valor y calidad, aunque fuera relativo a las circunstancias del adorador. Ofrecer animales de una pobre calidad era un insulto, no porque Dios necesitara los animales por su propio valor, sino porque delataba la actitud en el corazón del adorador; es decir, indiferencia y falta de gratitud o compromiso hacia Dios, como si él no mereciera algo mejor. Esto fue lo que Malaquías reclamó (Mal. 1:6-14).

Las instrucciones para el holocausto están divididas en tres secciones: para el ganado (la manada, 3-9), ovejas o cabras (el rebaño, 10-13), y aves (14-17). Sin embargo, cada sección termina exactamente con la misma frase, describiendo la ofrenda como de grato olor a Jehovah. Otra vez se subraya el hecho de que el valor material del sacrificio no es lo que cuenta mayormente ante los ojos de Dios. El se complacería tanto con el ave que presentara un hombre pobre como con el buey de un hombre rico. Ni aun la multiplicación de sacrificios caros aumentaría su valor intrínseco ante Dios. El no se impresiona con la aritmética sino con la obediencia (cf. Miq. 6:6-8; Ose. 5:6).

El adorador tenía que llevar sus animales a la entrada del tabernáculo de reunión. Esta era la estructura interior al lado occidental del atrio del tabernáculo, donde estaban colocados el arca del pac to y otros utensilios o mobiliario sagrado, y donde se encontraba de manera particular la presencia de Dios. La entrada probablemente se refiera a cualquier lugar dentro del atrio fuera del tabernáculo, cerca del altar mayor. El adorador presentaría su animal a un sacerdote y se llevaría a cabo una pequeña ceremonia para declarar que el sacrificio que intentaba hacer era aceptable al Señor. El que ofrendaba pondría su mano sobre la cabeza del animal (v. 4). Esta no sería una simple palmadita, sino un acto significativo de presionar o apoyarse. No se nos dice si se expresaba algo mientras se llevaba a cabo este acto. Puede haber incluido la confesión de pecado (como se requiere en 5:5 y en 16:21) o, según lo que dice el v. 4b, una oración pidiendo que hubiera expiación. O puede ser que en ese momento era cuando el adorador declaraba al sacerdote, y a cualquiera que estuviera pre sente, la razón de su sacrificio, tal como se observa en algunos de los salmos (ver Sal. 116).

No se nos dice qué significaba este acto. Quizá tenía un doble significado, a la luz del contexto y de otras ocasiones donde se explica la acción. En primer lugar, sería un acto declarando propiedad e identificación. Vale la pena recordar que el área del tabernáculo debe haber presentado una escena con mucho ruido y confusión, con varios animales y adoradores entremezclándose. Cuando el adorador, quizá juntamente con toda su familia, al fin era atendido por alguno de los sacerdotes, necesitaba identificar claramente los animales que estaban ofreciendo y con qué propósito. El colocar las ma nos sobre la cabeza del animal era una manera de decir: “Este es nuestro animal, y lo ofrecemos por nuestras razones particulares; por el perdón de nuestro pecado, acción de gracias o consagración. Reclamamos para nosotros los beneficios y bendiciones de este sacrificio, y pedimos que sea aceptado.”

En segundo lugar, en vista de que el v. 4 especifica que el animal sería aceptado para hacer expiación por el que ofrendaba, es casi seguro que el colocar las manos sobre la cabeza del animal tenía un elemento de representación y sustitución; es decir, el animal estaba siendo ofrecido en lugar del adorador. El estaba poniendo sus pecados sobre la cabeza del animal a fin de que su muerte los quitara y limpiara. El animal llevaría los pecados de la persona, y moriría en su lugar. Este significado estaba claramente expresado en la ceremonia nacional del gran día de la Expiación, cuando los pecados del pueblo se colocaban sobre la cabeza de uno de los animales. En ese caso, no se mataba el macho cabrío sino que era enviado al desierto para que “se llevara” los pecados de la gente (Lev. 16:20-22).

Después de la ceremonia de poner las manos sobre el animal y la declaración de aceptación, el resto del procedimiento estaba dividido entre el que ofrendaba y el sacerdote que lo estaba atendiendo. El que ofrendaba era el que hacía la mayor parte del trabajo. Era su obligación degollar el animal (v. 5) de tal manera que toda la sangre pudiera salir del animal; desollarlo (v. 6, la piel era dada al sacerdote, 7:8); cortarlo en pedazos (v. 6); y lavar las par tes inmundas del animal (v. 9); es decir, cubiertas con lodo o excremento, a fin de que el sacerdote no fuera contaminado al tocar el cuerpo. El sacerdote tenía la tarea de llevarse la sangre y rociarla alrededor del altar. Tal como se explica más adelante en Lev., esto era para ofrecer la vida del animal a Dios, porque la sangre representaba su vida, una vida que ahora terminaba con la muerte (17:10-12). Finalmente, el sacerdote tomaba los pedazos del animal de manos del adorador mientras los cortaba, y los colocaba sobre el altar donde el adorador y su familia los veían quemarse hasta consumirse.

Toda la acción, tanto por parte del adorador como del sacerdote, se dice que producía un grato olor a Jehovah. Esta frase capta el sentido literal del humo y su aroma subiendo al cielo pero, por supuesto, su intención es simbólica. El lenguaje es antropomórfico (es decir, describe la respuesta de Dios en términos humanos, como si realmente el olor lo complaciera), pero el proposito es teológico. El sacrificio agradaba a Dios y, por lo mismo, lograba el propósito deseado, el cual era hacer expiación (v. 4).

Hacer expiación (kipper) es el punto central de los ritos que envolvían sangre (ver 17:11). Kipper puede tener dos significados principales. Puede significar “limpiar algo, limpiar y purificar”, y también puede significar “pagar un rescate” a fin de evitar un castigo o reducir una multa mayor (cf. Exo. 21:30; 2 Crón. 29:24; Prov. 6:35; Núm. 35:31-33 [negativamente]). El primer significado pa rece ser la perspectiva en los ritos de sangre para la ofrenda por el pecado, por medio de la cual ciertas partes del santuario y su mobiliario eran limpios de contaminación (cap. 4). En algunos casos se combinaban las ofrendas por el pecado y el holocausto, con el propósito de una expiación purificadora (14:19 ss.). Pero parece ser que lo que principalmente estaba involucrado en el holocausto era el sentido de rescate. Tenía el efecto de apartar o reducir la ira de Dios a fin de que el adorador fuera librado del castigo por su pecado. Esto está apoyado por varios ejemplos del AT donde el holocausto fue eficaz para apartar o ablandar la ira de Dios (Gén. 8:21; Jue. 13:23; 1 Sam. 7:9; 2 Sam. 24:25; 2 Crón. 29:7, 8; Job 1:5; 42:8).

El propósito expiatorio del holocausto debe verse como algo básico, aunque es obvio que estaba asociado con otras formas de respuesta a Dios, particularmente acción de gracias por bendiciones específicas o salvación (p. ej. Eze. 8:15), y votos de obediencia. Estos son a veces el foco de atención en los salmos donde se mencionan los holocaustos (p. ej. Sal. 50:8-15; 66:13-15). Sin embargo, el salmista sabía muy bien que las ofrendas de acción de gracias y obediencia podían ofrecerse sólo sobre la base de que Dios hubiera con anterioridad manifestado su gracia y perdón.

En Exo. 24:3-8 el holocausto fue símbolo del compromiso que se contrajo al entrar en el pacto, pero es muy claro que lo que estaba en el corazón del pacto desde el punto de vista del pueblo era su compromiso a la obediencia, no la presentación del sacrificio (una prioridad que está claramente expresada en el Sal. 40:6 y en 1 Sam. 15:22). Es significativo que las únicas dos referencias directas a los holocaustos en el NT son citas de estos dos versículos, las cuales explícitamente dan más valor a la obediencia que al sacrificio (Mar. 12:33; Heb. 10:6-8). El uso que se hace en el NT del símbolo de los sacrificios será considerado al final de esta sección.

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

NOTAS

(1) “Ofrenda quemada.” Heb.: ‛o·láh; gr.: ho·lo·káu·to·ma; lat.: ho·lo·cáu·stum, “holocausto”, un sacrificio consumido por fuego.

REFERENCIAS CRUZADAS

c 2 Lev 12:6; Núm 15:3

d 3 Éxo 12:5; Lev 22:20; Deu 15:21; Mal 1:14; Heb 9:14; 1Pe 1:19

e 4 2Co 9:7

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

holocausto. Heb., olah (de la raíz alah, es decir subir), que indicaba el ascenso de la ofrenda al cielo en fuego y humo. Esta clase de ofrenda, que era voluntaria, se consumía completamente en el altar, excepto la piel, que pertenecía al sacerdote (7:8). Aunque era ofrecida dos veces al día para todo Israel (Ex 29:39– 42; Nm 28:1– 8), con porción doble en el día de reposo (Nm 28:9, 10), una persona podía traerla como ofrenda especial.

ofrecerá. La mayoría de las ofrendas incluían participación tanto del sacerdote como del laico. Aquí el papel del laico era el de presentar el animal al sacerdote, poner las manos en la cabeza del animal (v. coment. en 1:4), matarlo, (1:5) degollarlo y cortarlo en pedazos (1:6). Entonces el sacerdote rociaba la sangre (1:5) y quemaba los pedazos sobre el altar (1:8, 9).

macho sin defecto. Tal animal era de los más valiosos del ganado. Este requisito enfatiza la importancia del holocausto, ya que para algunos otros sacrificios la hembra (3:1; 4:27– 31) y animales con defecto (22:23) eran permitidos.

Fuente: La Biblia de las Américas

El holocausto (lit., «lo que asciende», ya que toda la ofrenda, excepto la sangre, era quemada y ascendía con el humo) simbolizaba la presentación voluntaria del ofrendante a Dios. Tipificaba al Señor Jesucristo ofreciéndose a Sí mismo como sacrificio (cp. Heb 10:5-7). Asimismo el cristiano debe ofrecerse a Dios como sacrificio (Rom 12:1-2).

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie