Comentario de Levítico 13:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo:
Las leyes y señales por las cuales el sacerdote se debe de guiar en discernir la lepra, Lev 13:1-59.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
La palabra hebrea para «hombre» (adam) significa «ser humano», quienquiera. Una hinchazón o erupción, o mancha blanca solía ser un malestar menor que se curaba en pocos días y no causaba mayor preocupación. Si una condición persistía y tomaba el aspecto de llaga de lepra, se requería mayor atención. Toda llaga podría ser o no ser leprosa; eso debía determinarlo el sacerdote por medio de un examen.
La palabra hebrea tsara’at (traducida leproso aquí) denota diversas enfermedades de la piel; las discusiones de los rabinos distinguen setenta y dos. Es motivo de un fuerte debate si se incluye la lepra clásica (enfermedad de Hansen); ninguno de sus síntomas típicos los cubre el diagnóstico descrito en este capítulo. Aunque podría incluir el mal de Hansen, no es el enfoque primario del capítulo.
será traído: El resultado más grave del examen del sacerdote era ser declarado inmundo y desterrado del campamento. La tendencia natural sería tratar de evitar que el sacerdote viera la condición. Sin embargo, la impureza ritual era un asunto grave para todo el pueblo. Era importante tener un diagnóstico inmediato de las enfermedades de la piel para no contaminar todo el campamento. Si la persona afectada no acudía por iniciativa propia, su familia y los dirigentes del clan eran responsables de llevarle.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
13. Ley Acerca de la Lepra.
L os c.13-14 tratan de los diferentes casos de lepra: a) lepra humana (13:1-46); b) lepra de los vestidos y del cuero (13:47-59); c) purificación del leproso (14:1-32); d) lepra de las casas (14:33-53); e) conclusión (14:54-57). Aunque todas estas secciones aparecen perfectamente trabadas por el tema general de la purificación de la lepra, sin embargo, la legislación es compleja, y probablemente ha sufrido adaptaciones progresivas, partiendo de un núcleo primitivo legislativo mosaico.
La Lepra en General (1-8).
1Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 2“Cuando tenga uno en la piel de su carne un tumor, sarpullido o mancha blanca que se presente en su piel como la plaga de la lepra, será llevado a Aarón, sacerdote, o a uno de sus hijos, sacerdotes. 3El sacerdote examinará la plaga de la piel de la carne, y si viere que los pelos de la llaga se han vuelto blancos y que la parte afectada está más hundida que el resto de la piel, es plaga de lepra; y el sacerdote que le haya examinado le declarará impuro. 4Si tiene sobre la piel de su carne una mancha blanca que no aparece más hundida que el resto de la piel, y el pelo no se ha vuelto blanco, el sacerdote le recluirá durante siete días. 5El día séptimo le examinará; y si el mal no parece haber cundido ni haberse extendido sobre la piel, le recluirá por segunda vez otros siete días, 6y al séptimo día lo examinará nuevamente; si la parte enferma se ha puesto menos brillante y la mancha no se ha extendido sobre la piel, el sacerdote le declarará puro; es una erupción. Lavará sus vestiduras y será puro. 7Pero si, después de haber sido examinado por el sacerdote y declarado puro, la mancha se extendiere, será llevado a él nuevamente para que le vea; 8y si la mancha brillante ha crecido en la piel, le declarará inmundo, que es lepra.
La lepra es una enfermedad temible y contagiosa, que parece tuvo su origen en Egipto, de donde pasó a Palestina y Siria, y que luego los soldados de Pompeyo, primero, y más tarde los judíos dispersos por Vespasiano después de la guerra del 70 d. C., la difundieron por Europa. Se la tenía por incurable. Como el diagnóstico de las enfermedades era para los antiguos muy difícil, con frecuencia confundían con la lepra otras enfermedades de la piel, como la sarna, la tina. La medicina distingue dos clases de lepra: la tuberculosa, que ataca la piel y el sistema muscular, y la anestésica, que hiere el sistema nervioso. Siendo una y otra contagiosa, el leproso era secuestrado de la familia y de la sociedad como un peligro común. Pero no solamente esto, pues para dar más eficacia a esta disposición, el leproso era considerado como una persona religiosamente impura. De nuevo nos encontramos con ideas populares de los antiguos en las que se mezcla lo religioso y lo natural. El leproso se consideraba como un castigado por Dios en virtud de pecados ocultos. De ahí qu es el sacerdote el que tiene que diagnosticar sobre cada caso para declararlo legalmente impuro y separarlo de la sociedad. Por eso, en los Evangelios, a las curaciones milagrosas de Cristo se las denomina purificaciones. El capítulo 13 del Levítico es una lección de patología según los conocimientos de la época. Y en este sentido tienen gran valor histórico en la historia de la medicina. El legislador aquí se preocupa sobre todo de describir los primeros síntomas de la lepra, para tomar las medidas de discriminación necesarias para evitar el contagio y la supuesta impureza legal. Por eso no habla de otros síntomas de la lepra que se dan cuando la enfermedad está ya avanzada, como la insensibilidad y la descomposición de las extremidades1.
Lepra Inveterada (9-17).
9Si uno tuviera la plaga de la lepra, será llevado al sacerdote, 10que le examinará; y si viere éste en la piel un tumor blanco y que se han vuelto blancos los pelos, y en el tumor se nota la carne viva, 11será juzgada lepra inveterada en la piel de su carne; y el sacerdote le declarará impuro; no le recluirá, pues es impuro. 12Pero, si la lepra se ha extendido hasta llegar a cubrir toda la piel del enfermo desde la cabeza hasta los pies, en cuanto a la vista del sacerdote aparece, le examinará; 13y si, en efecto, cubre todo su cuerpo, declarará puro al enfermo; pues se ha puesto todo blanco, será puro. 14Si en el así afectado aparece la carne viva, será impuro, 15y el sacerdote, al ver la carne viva, le declarará impuro, pues la carne viva es impura, es lepra. 16Si la carne viva se pone otra vez blanca, se presentará el enfermo al sacerdote, 17que le examinará; y si la llaga se ha puesto en verdad blanca, el sacerdote le declarará puro; es puro.
El que tenga un tumor blanco en la piel con pelos blancos y carne viva, padece lepra “inveterada” (vetustísima), y, por tanto, no se le debe recluir, pues no necesita de más tiempo en observación, como en el caso anterior. Si la erupción de color blanco cubre todo el cuerpo, sin que aparezca la carne viva, no es lepra, y, por tanto, el que lo padezca no es impuro.
Lepra Ulcerosa (18-23).
18Cuando uno tenga en su cuerpo, sobre su piel, una úlcera cicatrizada, 19y apareciere en ella una escamosidad blanca o rojiza, se presentará al sacerdote, 20quien le examinará. Si la mancha está más hundida que el resto de la piel, y el pelo se ha vuelto blanco, le declarará impuro, es lepra que se ha presentado en la úlcera cicatrizada. 21Si el color de los pelos no se ha vuelto blanco y la escamosidad rojiza no está más hundida que el resto de la piel, le recluirá por siete días; 22y si se ha extendido, le declarará impuro; es lepra; 23pero, si está como estaba, sin extenderse la mancha, es la cicatriz de la úlcera, y el sacerdote le declarará puro.
Si una úlcera tiene síntomas de lepra, caracterizados por el color blanquecino del tumor, el paciente debe presentarse al sacerdote, y el diagnóstico es como en el caso anterior: si la mancha ulcerosa blanquecina está más hundida que la piel, es lepra, y, por tanto, debe ser declarado impuro; en caso contrario, se le somete a una observación de siete días. En caso de que la úlcera no se extienda y no esté más hundida que la piel, no es lepra, y, por tanto, es puro.
Lepra Como Consecuencia de una Quemadura (24-28).
24Si uno tiene en su cuerpo, en la piel, una quemadura producida por el fuego, y sobre la señal de la quemadura aparece una mancha blanca o de color rojizo, 25el sacerdote le examinará. Si el pelo se ha vuelto blanco en la mancha y ésta aparece más hundida que el resto de la piel, es lepra que ha brotado en la quemadura; el sacerdote le declarará impuro. 26Pero, si el sacerdote ve que el pelo de la mancha no se ha vuelto blanco y que ésta no aparece más hundida que el resto de la piel, y fuere de un color suboscuro, le recluirá durante siete días, y después, 27 al séptimo, le examinará. Si la mancha se ha extendido sobre la piel, el sacerdote le declarará impuro; es lepra. 28Si está como estaba, sin extenderse sobre la piel, y es de color pálido, es la quemadura, y le declarará puro, pues es la cicatriz de la quemadura.
La lepra puede extenderse por las heridas o quemaduras, y por eso se prevé el caso de que una quemadura se torne blanquecina o de color rojizo, pues es sospechosa de estar contaminada con la lepra. El paciente debe presentarse al sacerdote para que diagnostique, el cual usará del mismo criterio que en los casos anteriores: si el pelo se torna blanco y la mancha está hundida en la piel, es lepra. En caso contrario debe sometérsele a inspección durante siete días. Si el mal está estacionado y no se extiende, no hay lepra, y, por tanto, es puro el paciente.
Lepra de los Cabellos y la Barba (29-37).
29Si un hombre o una mujer tuviera una llaga en la cabeza o en la barba, 30el sacerdote le examinará. Si está más hundida que el resto de la piel, y el pelo se ha vuelto rojizo y más ralo, el sacerdote le declarará impuro; es tina, lepra de la cabeza o de la barba. 31Pero si la llaga no se ha extendido ni está más hundida que el resto de la piel, y el pelo no está rojizo, recluirá al afectado por siete días, 32y al séptimo examinará la llaga. Si ésta no se ha extendido y el pelo no ha mudado el color ni está la llaga más hundida que la piel, 33le hará que se afeite fuera de la parte afectada y le recluirá por siete días, 34y al séptimo examinará la llaga; si no se ha extendido ni está más hundida que la piel, le declarará puro; el hombre lavará sus vestiduras y será puro. 35Pero si, después de declarado puro, la llaga se extendiere sobre la piel, 36le examinará el sacerdote; y si, en efecto, se ha extendido, no hay que mirar si el pelo se ha hecho rojizo; es impuro. 37Mas, si la llaga no se ha extendido y el pelo está negro, la llaga está curada, es puro, y puro le declarará el sacerdote.
Como en los casos anteriores, el diagnóstico depende de que la parte ulcerosa esté más hundida que la piel y del color que tome el pelo. En caso afirmativo es lepra, y es declarado impuro. En caso negativo se le recluye siete días en observación, y si la pústula no está más hundida y los cabellos no han perdido color, no es lepra, y, por tanto, ha de ser declarado puro.
Las Manchas Blancas en la Piel (38-39).
38Si cualquier hombre o mujer tiene en su piel manchas blancas, 39el sacerdote le examinará. Si las manchas son de color suboscuro, es empeine que le ha salido a la piel; es puro.
Si las manchas blancas son de color oscuro pálido, entonces no se trata de lepra, sino de bohaq, nombre que aún entre los árabes se da a un exantema no contagioso y benigno, el cual desaparece por sí solo después de algún tiempo.
Lepra por Calvicie (40-44).
40Si a uno se le caen los pelos de la cabeza y se queda calvo, es calvicie de atrás; es puro” 41Si los pelos se le caen a los lados de la cara, es calvicie anterior; es puro. 42Pero, si en la calva posterior o anterior apareciere llaga de color blanco rojizo, es lepra que ha salido en el occipucio o en el simpudo. 43El sacerdote le examinará, y si la llaga escamosa es de un blanco rojizo, como el de la lepra en la piel de la carne, 44es leproso; es impuro, e impuro le declarará el sacerdote, pues es leproso de la cabeza.
En caso de que en la calvicie aparezca un tumor blanquecino rojizo, como en el caso de la piel del cuerpo, es lepra, y, por tanto, el paciente debe ser declarado impuro.
Vestidos y Habitación del Leproso (45-46).
45El leproso, manchado de lepra, llevará rasgadas sus vestiduras, desnuda la cabeza, y cubrirá su barba, e irá clamando: “¡Inmundo, inmundo!” 46Todo el tiempo que le dure la lepra, será inmundo. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada.
El leproso debe ser considerado como desechado de la sociedad, lamentándose sobre sí mismo como por un difunto, con las vestiduras rasgadas, la cabeza desnuda y la barba cubierta con su manto, gritando a los transeúntes para que no se acerquen: “¡Inmundo!” La segregación se debía a razones higiénicas, para evitar el contagio, y a razones religiosas, pues se consideraba como un castigado de Dios. No podía participar en actos de culto2. En la época posterior se les permitía entrar en las sinagogas a condición de que entraran antes que la gente y se sentaran aparte. Debían vivir fuera de los lugares comúnmente habitados, viviendo de la caridad pública.
Lepra de los Vestidos y del Cuero (47-59).
47Si apareciere mancha de lepra en un vestido, sea de lana, sea de lino, 48o en hilo de trama o de urdimbre, o en una piel o un objeto cualquiera de cuero; 49si la mancha es de color verdoso o rojizo, es plaga de lepra. 50Se la enseñará al sacerdote, quien después de examinar la mancha encerrará el objeto por siete días. 51El séptimo examinará de nuevo la mancha; si ésta se ha extendido sobre el vestido, el hilo de trama o de urdimbre, la piel u objeto de cuero, es plaga de lepra tenaz; la cosa es impura. 52Se quemará el vestido, el hilo de trama o de urdimbre, la piel o el objeto en que se halla la mancha, pues es lepra tenaz; el objeto será quemado al fuego. 53Pero si la mancha del vestido, de la urdimbre, de la trama o del objeto de cuero no se ha extendido, 54mandará lavar aquello en que apareció la lepra, y lo encerrará por otros siete días. 55Si después de lavado ve que la mancha no ha mudado de aspecto, aunque no haya cundido, es inmundo, y se quemará, porque está infectado en el reverso y en el anverso. 56Pero, si el sacerdote ve que después del lavado la parte manchada ha mudado de color, la arrancará del vestido o del cuero, de la urdimbre o de la trama; 57y si después de esto se viera que en el vestido, o en la urdimbre, o en la trama, o en el objeto de cuero cunde todavía la mancha, se quemarán. 58Pero si después del lavado, en la urdimbre, o la trama, o el objeto de cuero, la mancha ha desaparecido, se lavará otra vez y será puro. 59Tal es la ley de la lepra del vestido, de lana o lino, de la urdimbre o de la trama y de todo objeto de cuero, para declararlos mundos o inmundos.
Esta sección interrumpe la legislación sobre el leproso, que se continúa en 14:1. Aquí no se trata de los vestidos utilizados por un leproso, sino de manchas verduscas o rojizas que aparecen en los vestidos u objetos, que dan la impresión de ser leprosos, y como tales han de ser tratados. Es una concesión a la mentalidad popular del ambiente, que veía en esas manchas algo malo vitando. Y por razones de salud pública y por motivos religiosos para nosotros desconocidos, entran dentro de las previsiones del legislador hebreo3. Se consideran esos objetos afectados por esas manchas misteriosas propagadores de la lepra.
1 Cf. M. J. Lagrange, évangile selon S. Marc p.27. – 2 Lev 22:4. – 3 Véase art. Lépre: DBV IV 186.
Fuente: Biblia Comentada
En esta sección se cubren los preceptos acerca de la impureza. Dios empleó las circunstancias tangibles de la vida que designó como limpias e inmundas para inculcar insistentemente en Israel la diferencia entre lo que era santo y lo que era profano. «Limpio» significa aceptable para Dios; «inmundo» significa inaceptable para Dios. Lev 11:1-47; Lev 12:1-8; Lev 13:1-59; Lev 14:1-57; Lev 15:1-33 detalla el código de pureza; Lev 16:1-34 se retrotrae a los sacrificios del día de Expiación.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Esta sección comprende leyes tocantes a enfermedades de la piel.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Lev 14:1-57
En estos dos capítulos se incluyen, bajo el apelativo de “lepra”, diversas enfermedades de la piel (o incluso situaciones anómalas de otros objetos: vestidos, paredes) que no siempre coinciden con lo que nosotros consideramos lepra, pero que, por su especial repugnancia o peligro de contagio, causaban impureza ritual y apartaban de la comunidad y especialmente del culto.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
ss: Ver Núm 12:10-15; Deu 24:8-9; Mat 8:2-4 y par.; Luc 17:12-19.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Enfermedades contagiosas de la piel y textiles contaminados. No es posible estar seguros en cuanto a la identificación clínica de la variedad de enfermedades a las que se refieren aquí por los síntomas. Se ha sugerido que las mismas incluyen psoriasis (vv. 2-17); favo (una especie de tiña; vv. 29-37) y leucoderma (vv. 38-40), al igual que lesiones en las cicatrices causadas por úlceras (vv. 18-23) y quemaduras (vv. 24-28). Las descripciones también pueden incluir eczema, herpes y algunas formas de lepra. Las instrucciones proveían a los sacerdotes con unos principios básicos para un examen inicial, seguidos por exámenes subsecuentes después de períodos específicos de aislamiento, para determinar si la condición era estática o curada (y así ritualmente puro) o se había extendido y era contagiosa (y así ritualmente impuro). El sacerdote tenía el deber de distinguir entre las enfermedades serias de la piel y enfermedades menores (tales como un simple sarpullido) que sanarían muy pronto. Los principales criterios en cuanto a las enfermedades de la piel eran que la infección tenía que ser crónica (v. 11) o manifestar que había durado más de una o dos semanas (vv. 4-8, 26-28, 33, 34) y estar más hundida que la piel (vv. 3, 20, 25, 30). La carne viva o el pelo descolorido en el área infectada sería otra indicación de impureza (vv. 10, 14, 15, 20, 24, 25, 30-37). En el caso de los textiles, tenía que durar más de una semana (vv. 50-58) y ser algo más de lo que podía removerse con simplemente lavarse (v. 55).
El aislamiento de la víctima, primero durante el período del diagnóstico inicial y después más permanentemente, si resultaba ser una enfermedad seria, puede considerarse como una práctica apropiada para prevenir el contagio accidental en la comunidad. Sin embargo, su propósito principal desde la perspectiva levítica era remover lo impuro del posible contacto con lo santo. En otras palabras, el factor determinante era religioso, aun cuando tenía un beneficio higiénico que contribuía a la salud pública. Lo mismo es verdad en cuanto a las acciones aplicadas a los textiles contaminados (vv. 47-58). Obviamente era algo muy sensible, desde un punto de vista de salud, destruir (y especialmente quemar) los textiles que tenían hongos u otras infecciones, pero la razón principal era prevenir que contaminaran a quienes los llevaban puestos o usaban, porque entonces ellos corrían el riesgo, y ponían a otros en peligro, si iban a adorar en un estado impuro.
La persona desafortunada que era pronunciada impura por el sacerdote a causa de una enfermedad seria de la piel, se le requería hacer varias cosas que eran equivalentes a los ritos de duelo, lo cual involucra lo siguiente: sus vestidos serán rasgados, y su cabeza será despeinada y andaría con la cabeza cubierta y baja (vv. 45, 46). En un sentido, se le contaba como “muerto”, ya que la enfermedad había permitido que la muerte invadiera un cuerpo que aún estaba vivo, y estaba condenado a una vida de separación tanto de la comunidad como del lugar de adoración (cf. 2 Crón. 26:21). La víctima tenía que habitar fuera del campamento; es decir, lejos de las casas de la comunidad, lo que más tarde en Israel significó habitar fuera de las murallas o puertas del pueblo o la ciudad (cf. 2 Rey. 7:3-11). Era una condición trágica. Una vez más, debemos recordar que esta impureza no era técnicamente un asunto de pecado personal. Pero en el pensamiento del AT, la enfermedad y el pecado estaban unidos, no estrictamente en el sentido de pensar que la gente enferma estuviera pagando por sus pecados (aunque el libro de Job muestra que existía un malentendido popular, el cual necesitaba ser corregido), sino más bien en el hecho que el destino universal humano en cuanto a la muerte era el resultado del pecado humano universal (Gén. 3), y cualquier forma de enfermedad era un aviso previo de muerte y podía señalar su inminencia.
En un sentido general, la enfermedad, conjuntamente con sus percances naturales, podía ser parte de los efectos del juicio de Dios sobre la nación a causa de su infidelidad al pacto (cf. Lev. 26:16), y habían casos excepcionales donde la enfermedad física era una señal del castigo de Dios sobre un individuo (p. ej. Núm. 12:10-15; 2 Crón. 26:16-23). Sin embargo, las personas que sufrían enfermedades de la piel, como las descritas en este capítulo, eran aisladas de la comunidad a causa de la naturaleza visible y contagiosa de su impureza, no porque fueran consideradas como pecadoras simplemente por estar enfermas. Otros tipos de enfermedades no eran tratados en esta manera. Los ciegos y los sordos, por ejemplo, no eran excluidos de la comunidad adoradora (lo cual hace más irónico que el hombre al que Jesús sanó fuera expulsado de la sinagoga, en un contexto de malentendidos en cuanto a la conexión entre la enfermedad y el pecado, después de que había sido sanado; Juan 9). Esto es significativo puesto que tanto la ceguera como la sordera se usaban como metáforas para hablar de los efectos morales y espirituales del pecado, algo que nunca sucedió con la “lepra” en el AT. Por lo tanto, es inverosímil que la “lepra” estuviera particularmente conectada con el pecado.
Ya sea que la “lepra” se haya considerado como indicativa o símbolo del pecado o no, sus consecuencias eran social y religiosamente desastrosas. Esto es lo extraordinario en los relatos sobre la manera en que Jesús se acercaba con compasión a tales víctimas. Jesús no sólo hacía caso omiso de su ostracismo social acercándose a ellos (como lo hizo con otra gente marginada), sino que también los tocaba intencionalmente (Mar. 1:40-45), rechazando de manera decisiva esa fuente de impureza, así como rechazó la idea de la comida inmunda. Y de la misma manera que él abrió las puertas del reino de Dios a los “pecadores”, también llevó de regreso a los enfermos, los desfigurados y los perdidos a una comunión con el Dios salvador y sanador. La misión médica cristiana y ministerios de compasión entre los enfermos (incluyendo especialmente a aquellos cuyas enfermedades han sido socialmente devastadoras, tales como las víctimas de lepra, y más recientemente del SIDA) siempre han sido señales poderosas del reino de Dios, precisamente porque manifiestan el reinado de uno que personalmente “fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento … Y como escondimos de él el rostro … ” (Isa. 53:3).
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
13.1ss Lepra (llamada aquí «llaga de lepra») es un nombre que se aplica a varias enfermedades de la piel, y en los tiempos bíblicos se le temía grandemente. Algunas de estas enfermedades, a diferencia de la enfermedad que hoy en día llamamos lepra o enfermedad de Hansen, eran sumamente contagiosas. Las peores destruían el cuerpo lentamente y, en la mayoría de los casos, eran fatales. Los leprosos eran separados de su familia y amigos y eran confinados a lugares alejados del campamento. Como los sacerdotes eran responsables de la salud del campamento, era su deber expulsar y readmitir leprosos. Si la lepra de alguno parecía desaparecer, sólo el sacerdote podía decidir si esa persona estaba verdaderamente curada. En la Biblia se usa a menudo la lepra como una ilustración del pecado porque es contagiosa, destructiva y conduce a la separación.13.45, 46 Un leproso tenía que llevar a cabo este extraño ritual para prevenir que los demás se le acercaran demasiado. Ya que a menudo la lepra descrita en Levítico era una enfermedad contagiosa, era muy importante que la gente permaneciera alejada de aquellos que la padecían.
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
[=] *Num 12:10 *Dt 24:8
[.] En caso de lepra, el enfermo debía apartarse de la comunidad. El leproso era considerado , es decir, no podía participar de la vida pública y religiosa (ver lo dicho en los c. 8,1 y 11,1). En un tiempo en que las desgracias eran reputadas castigo de Dios, la lepra pasaba por ser signo de maldición divina. Y todos se tranquilizaban al pensar que el leproso excluido de la comunidad era realmente impuro a los ojos de Dios. Los sacerdotes tenían entre sus obligaciones la de diagnosticar la lepra y prescribir la reclusión del leproso. Eran ellos también los que debían averiguar la curación del leproso y concederle que volviera a su familia. Lo recuerda Jesús cuando sana leprosos (Mc 1,43). Los sacrificios para la purificación del leproso reflejan la creencia del pueblo. El misterioso que, según ellos, había ocasionado la lepra, se traspasaba a los dos pájaros (14,5). Uno de ellos era muerto, para que así, junto con él desapareciera el pecado. Y, para más seguridad, el otro se soltaba para llevar lejos ese mismo pecado ahora disuelto en la sangre del pájaro muerto (14,6-7).
Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana
[2] Porque el sacerdote juzga si alguien puede entrar en el Santuario. En la ley nueva, Jesucristo le dio al sacerdote la facultad de atar y desatar.[45] Todas estas señales indicaban la enfermedad que padecía, para que nadie se le acercara; expresaban también vergüenza, duelo y tristeza. Ez 24, 17-22; Miq 3, 7.