Biblia

Comentario de Levítico 26:3 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 26:3 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

“Si andáis según mis estatutos y guardáis mis mandamientos, poniéndolos por obra,

Lev 18:4, Lev 18:5; Deu 11:13-15; Deu 28:1-14; Jos 23:14, Jos 23:15; Jue 2:1, Jue 2:2; Sal 81:12-16; Isa 1:19; Isa 48:18, Isa 48:19; Mat 7:24, Mat 7:25; Rom 2:7-10; Apo 22:14.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Estas bendiciones serán la recompensa de la obediencia.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Deu 28:1-14.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

Obediencia y bendición. Sería un error pensar que las bendiciones y maldiciones en este capítulo fueran asuntos de recompensa o castigo “igualmente opuestos” (como parecen sugerirlo los encabezados en la RVA). No hay tal cosa como que las bendiciones se “ganarían” como una recompensa por buena conducta, en la misma manera que los desastres serían merecidos como juicio. Israel no tenía que ganarse las bendiciones de Dios. Ya estaban ahí, como promesas intrínsecas a la relación de pacto; como quien dice, en las escrituras de Israel: Desde el pacto de Dios con Abraham. Pero esa bendición podía experimentarse en toda su plenitud sólo si Israel vivía de acuerdo con el pacto. De otra manera sería invalidado, y el hecho de que Dios retuviera sus bendiciones expondría a Israel a los peligros de una tierra maldecida y a la debilidad humana.

Cuatro son los elementos que conforman las bendiciones prometidas: lluvia y una buena cosecha (vv. 3-5); paz y seguridad (vv. 6-8); incremento numérico (v. 9); y la morada de Dios en el pueblo (vv. 11-13). Estas son realmente las mismas bendiciones mencionadas en el pacto con Abraham (Gén. 12:1-3), con algo extra del sabor local. Dios le había prometido a Abraham que tendría una multitud de descendientes; que ellos tendrían una tierra (pero eso hubiera sido fútil sin lluvia, cosechas y seguridad); y sobre todo, que gozarían de poseer una relación de bendición con Dios. Estos versículos no sólo hacen eco del pacto con Abraham, sino también del pacto con Noé (Gén. 8:21-9:17), e inclusive hacen recordar el jardín del Edén. Andaré entre vosotros (26:12), usa la misma y poco común forma del término que se utiliza para describir la manera en que Dios caminaba y acompañaba a Adán y Eva (Gén. 3:8; cf. 5:22, 24; 6:9; 17:1). Era para restaurar dicha intimidad con Dios, por el gozo de vivir con Dios en la buena tierra de Dios, que él los había redimido en el gran evento del éxodo, el cual en sí mismo era una prueba de la fidelidad a su pacto (v. 13).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

REFERENCIAS CRUZADAS

f 1188 Deu 11:13; Ecl 12:13; Isa 48:18

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

Si andáis en mis estatutos. La obediencia al pacto demostraba la fidelidad de la nación a Dios. Aunque el pacto en sí era irrevocable (vers. 44, 45; Ro 11:29), la aplicación de bendiciones o maldiciones dependía de la respuesta de Israel a las estipulaciones del pacto. Cada generación, de hecho cada israelita, personalmente tenía la responsabilidad de cumplir el pacto.

Fuente: La Biblia de las Américas

Las bendiciones y maldiciones mencionadas en los vers. 3– 39 se asemejan a la fórmula de muchos tratados del antiguo Cercano Oriente. El gobernante prometía defender y proteger la vida y territorio de su vasallo, y el vasallo prometía ser fiel a los términos del tratado y no rebelarse contra su señor. Después se estipulaban las bendiciones y maldiciones; generalmente las maldiciones eran más extensas (v. vers. 3– 13 y 14– 39). Dichas maldiciones pedían a los dioses de ambas partes que trajeran juicio sobre el que violara el tratado. En el pacto mosaico, sin embargo, hay dos distinciones: primero, como Dios es uno de los interesados, El no puede jurar por nadie mayor que El, y jura por tanto por sí mismo; y segundo, aunque se viole el pacto aún hay esperanza (vers. 44, 45). Deuteronomio 30 es paralelo en pensamiento.

Fuente: La Biblia de las Américas

g Deu 11:13-15.

Fuente: La Biblia Textual III Edición

[.] La Ley de Dios es una ley de vida. Al no hacerle caso el hombre, se arruina a sí mismo. Aquí Dios pide a su pueblo justicia, bondad, respeto de la vida; puede exigirlo, pues los hechos se encargarán de justificar sus palabras promete sin equivocarse tiempos de cosas buenas o desastres. El final del presente capítulo, escrito durante el Destierro, describe la decadencia del pueblo judío, que acaba de producirse esos años. Esta ruina era en algún sentido; pero también era la consecuencia de sus faltas. Pues cualquier sociedad que descuida las bases de una vida moral está cavando su propia tumba. Este capítulo opone paz y fecundidad, por una parte, e inseguridad, derroche y división donde no se escucha a Dios. Así es como un pueblo llega a comer la carne de sus propios hijos.

Fuente: Notas de la Biblia Latinoamericana