Comentario de Levítico 27:1 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Jehovah habló a Moisés diciendo:
Cómo estimar un voto especial a Jehová, Lev 27:1-2.
La estimación de la persona, Lev 27:3-8;
de un animal ofrecido, Lev 27:9-13;
de una casa, Lev 27:14-15;
de un campo y su rescate, Lev 27:16-27.
Ninguna cosa consagrada puede ser rescatada, Lev 27:28-29.
El diezmo no se puede cambiar, Lev 27:30-34.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Los votos y su redención. La gente hace votos a Dios por diversas razones. La mayoría de los votos consisten en promesas de dar algo a Dios, sea una posesión o un servicio. En una situación dada, podría o no haber una razón válida por la que un voto no debería (o no podría) ser cumplido en la forma que se dijo; entonces se hace posible y quizás necesaria la redención de lo prometido. Este capítulo puede parecer colocado en un punto extraño. Puesto que trata de la redención, y, como todo Levítico, tiene que ver con las cosas santas de un pueblo redimido, su antiguo autor consideró que era una conclusión adecuada para el libro. El voto es palabra hablada. Santiago dice que el que puede controlar su lengua es varón perfecto que puede controlar todo su cuerpo (Stg 3:2). La consideración cuidadosa de los votos y el trato debido a ellos ayuda a tener siempre en cuenta la vida santa del redimido.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
Aunque una persona podía consagrarse él mismo o a sus hijos (1Sa 1:11, 1Sa 1:22) a Dios, sólo los levitas podían servir a Dios como sacerdotes. En consecuencia, los que se consagraban para servir a Dios tenían que ser redimidos. El factor principal para determinar el valor era su fortaleza física. El hombre tenía mayor valor que la mujer porque podía realizar trabajos más pesados. Otro factor era la edad. Al redimir a cierto precio a la persona consagrada al santuario, el israelita daba el valor de lo que había prometido dar.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
27. Los Votos y los Diezmos.
L a Ley nos habla con frecuencia de los votos hechos a Dios, los cuales, una vez hechos, obligan a su cumplimiento. Si nos atenemos al dicho de Pro v 20:25: “Lazo es al hombre decir luego: consagrado, para andar pesquisando sobre el voto,” debemos pensar que los hebreos hacían votos con frecuencia y con poca reflexión sobre la carga que se echaban encima. De aquí venía que luego se arrepintiesen y quisieran rescatar el voto hecho. A esto responde el presente capítulo. Los votos podían recaer sobre personas, ganados, casas y campos, y el legislador estudia los diferentes casos completos.
Este capítulo, después de la conclusión solemne Deu 26:46, tiene todos los visos de ser una adición al conjunto legislativo levítico.
Rescate de los Votos Sobre Personas (1-8).
1Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2“Habla a los hijos de Israel y diles: Si uno hace voto a Yahvé, se estimarán para Yahvé las personas, como las estimas tú. 3Un hombre de veinte a sesenta años lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el peso del siclo del santuario. 4Una mujer la estimarás en treinta siclos. 5De los cinco a los veinte años” estimarás un mozo en veinte siclos, y una moza en diez. 6De un mes a cinco años, estimarás en cinco siclos un niño y en tres siclos una niña. 7De sesenta años para arriba, estimarás en quince siclos un hombre y en diez una mujer. 8Si el que hizo el voto es demasiado pobre para pagar el valor de tu estimación, será presentado al sacerdote, que fijará el precio según los recursos del hombre aquel.”
En Jue 11:31 vemos cómo Jefté hizo voto de sacrificar a Yahvé lo primero que le saliese al encuentro si volvía victorioso. Y fue su hija única la que ofreció en sacrificio a Yahvé, juzgando de Yahvé como de los dioses cananeos. La madre de Samuel, Ana, ofreció al hijo que de Yahvé había obtenido para servir en el santuario, y lo cumplió1. He aquí dos ejemplos de votos que recaen sobre las personas, de las cuales el primero y el segundo podía ser rescatado, según las normas que nos da este capítulo del Levítico2.
La finalidad de los votos es ganarse la benevolencia divina para evitar un mal o conseguir un bien. En hebreo parece que prevalece la idea de abstención de separarse de algo. Desde la época patriarcal encontramos ya votos formales a Dios3. En tiempos de Cristo son tan frecuentes, que se previene a los judíos contra la complicada y falsa casuística al respecto4.
El voto clásico personal es el de nazareato, por el que una persona quedaba como consagrada a Yahvé por la abstención de bebidas alcohólicas y de cortarse el cabello5. En la legislación que sigue se pretende asegurar al templo y al culto unos ingresos muy saneados y seguros.
Por el rescate de una persona en pleno vigor (de veinte a sesenta años) se impone un rescate de 50 siclos de plata según el patrón del siclo del santuario (v.3)6. Por una mujer de la misma edad, 30 siclos. Por los menores de veinte años y mayores de cinco, 20 siclos si es niño y 10 si es niña. Por un niño menor de cinco años, cinco siclos, y por una niña, tres (v.3-7). En todo caso, el sacerdote podría reducir estas cantidades por razones de pobreza del sujeto que hizo los votos (v.8).
Rescate de los Votos sobre Animales (9-13).
9Si el voto es de animales de los que se ofrecen a Yahvé, cuanto así se ofrece en don a Yahvé será cosa santa. 10No será mudado, no se pondrá uno malo en vez de uno bueno, ni uno bueno en vez de uno malo; si se permutare un animal por otro, ambos serán cosa santa.11Si es de animal impuro, de los que no pueden ofrecerse a Yahvé en sacrificio, se le presentará al sacerdote, 12que lo estimará según sea de bueno o de malo, y se estará a la estimación del sacerdote. 13Si se le quiere rescatar, se añadirá un quinto a su valor.
En los ganados distingue el legislador los animales puros, que pueden ser sacrificados, como una oveja, un buey, y los impuros, que están excluidos del sacrificio, como el asno y el camello. Los primeros debían ser sacrificados, y los segundos, rescatados según la estimación del sacerdote. No se autoriza cambio en la víctima pura ofrecida, pues son cosa santa. Ni siquiera se puede sustituir por otra mejor por esta razón, pues al ser cosa santa está excluida del uso profano y pertenece al santuario7. Si el animal es impuro y no puede ser sacrificado, será presentado al sacerdote para que lo evalúe y lo venda para provecho del templo. Para rescatarle, el donante tenía que pagar un quinto más de su valor, con lo que se pretende no facilitar el rescate…
Rescate de Una Casa (14-15).
14Si uno santifica a su casa, consagrándola a Yahvé, el sacerdote hará la estimación de ella, según que sea de buena o de mala, y se estará a la estimación del sacerdote. 15Si se la quisiere rescatar, se añadirá un quinto al precio de tu estimación y será suya.
El rescate de una casa consagrada a Yahvé dependerá de la estimación pecuniaria del sacerdote, sobre la que se añadirá un quinto de su valor.
Rescate de Campos (16-24).
16Si uno santifica parte de la tierra de su propiedad, tu estimación será conforme a su sembradura, a razón de cincuenta siclos por cada “jómer” de cebada de sembradura. 17Si la santifica antes del año de jubileo, habrá de atenerse a tu estimación; 18pero, si es después del jubileo cuando santifica su campo, el sacerdote lo estimará según el número de años que quedan para el jubileo, haciendo la rebaja de tu estimación. 19Si el que santificó el campo quiere rescatarlo, añadirá un quinto al precio de tu estimación, y el campo quedará suyo. 20Si no los rescata o lo vende a uno de otra familia, el campo no podrá ser rescatado más; 21y cuando al jubileo quede libre, será consagrado a Yahvé, como campo de voto, y pasará a ser propiedad del sacerdote. 22Si uno consagra a Yahvé un campo comprado por él, que no es parte de su heredad, 23el sacerdote calculará el valor según tu estimación y los años que falten para el jubileo, y el hombre pagará aquel mismo día lo fijado, como cosa consagrada a Yahvé. 24El año del jubileo, el campo volverá a quien lo había vendido y de cuya heredad era parte. 25Toda estimación se hará según el siclo del santuario, que es de veinte “guerras.”
El legislador distingue entre bienes recibidos en heredad en patrimonio familiar y bienes adquiridos por compra. En el primer caso, según la ley del año jubilar, la estimación de rescate será conforme al número de años que quedan para el jubileo; es decir, el santuario sólo tiene derecho al fruto del campo hasta el año del jubileo. Su valor, pues, dependía según el número de años que quedaban para el jubileo, y debía hacerse a base de 50 siclos de plata el jómer, medida de áridos que equivalía a unos 390 kilos8. Si el propietario quiere disponer del campo antes del jubileo, debe pagar sobre la estimación del sacerdote un quinto de más (v.19). Si no lo rescataba y lo vendía, entonces no tenía derecho a recuperarlo el año del jubileo, pues quedaba en propiedad del santuario. Si el campo consagrado a Yahvé no proviene de herencia, sino por compra, entonces el sacerdote lo valora conforme a los años que quedan para el jubileo, y el dueño lo pagará inmediatamente. En el año jubilar, el campo volverá a su primitivo propietario (v.24). La evaluación debe hacerse por el patrón del siclo del santuario, que equivalía a 20 gueras (v.25)9.
Rescate de Primogénitos (26-27).
26Nadie, sin embargo, podrá consagrar el primogénito de su ganado, que, como primogénito, pertenece a Yahvé; buey u oveja, de Yahvé es. 27Si se tratare de animal impuro, será redimido conforme a tu estimación, añadiendo sobre ella un quinto, y si no lo redimieres, será vendido conforme a tu estimación.
Los primogénitos de los animales puros no podían ser consagrados a Yahvé por voto, porque le pertenecían ya de derecho10. Los animales impuros, que, por tanto, no pueden ser sacrificados a Yahvé, serán rescatados según la estimación del sacerdote aumentada en un quinto de su valor. Si no es rescatado, será vendido en beneficio del santuario. Según la legislación del éxodo, los animales impuros no podían ser consagrados a Yahvé por un voto, y el primogénito del asno era rescatado por un cordero; de lo contrario, se le desnucaba11.
Consagración por Anatema (28-29).
28Nada de aquello que se consagre a Yahvé con anatema, sea hombre o animal o campo de su propiedad, podrá ser vendido ni rescatado; cuanto se consagra a Yahvé con anatema es cosa santísima. 29Nada consagrado con anatema podrá ser rescatado; habrá de ser muerto.
Primitivamente, jerem (los LXX: ανάθημα) designa las cosas que han de ser exterminadas, hombres, animales o cosas, en honor de Yahvé, de forma que no quedaran como botín de los guerreros12. Después adquirió categoría de voto o consagración de una cosa a Yahvé de modo especial. Es cosa santísima y no. pueden aprovecharse, de ella los hombres. Debía destruirse en obsequio a Yahvé.
Los Diezmos (30-34).
30Todo diezmo de la tierra, tanto de las semillas de la tierra como de los frutos de los árboles, es de Yahvé, es cosa consagrada a Yahvé. 31Si alguno quisiere rescatar parte de su diezmo, habrá de añadir el quinto. 32Los diezmos del ganado mayor o menor, de todo cuanto pasa bajo el cayado, son de Yahvé, 33No se mirará si es bueno o si es malo, ni se trocará; y si se trocare, el animal y su trueque serán ambos cosa santa, y no podrán ser rescatados. 34Estos son los mandamientos que dio Yahvé a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí.
El legislador distingue los diezmos de la tierra sobre cereales y frutos y los de los ganados. Los primeros pueden ser rescatados por su valor más un quinto de su valor. Los del ganado (bueyes, ovejas o cabras) no pueden ser rescatados. La elección de los animales consagrados a Yahvé no quedará a elección del propietario para que no ofrezca lo peor. Así, éste debe ofrecer el diezmo de todo animal que pasa “bajo su cayado.” La expresión parece aludir a la costumbre – registrada en la Mishna – e que el propietario haga pasar bajo su cayado el rebaño al salir del redil, señalando el diezmo de cada uno según salgan y por el orden en que salgan13. Una vez señalado el animal consagrado a Yahvé, no podía ser cambiado; y si le cambiaba, ambos animales, el cambiado y el que le reemplazaba, se convertían en cosa santa, sin que pudieran rescatarse.
En el código de la alianza no se habla de diezmos, aunque sí de primicias de los frutos y de los primogénitos14. En Num 18:20-32 se habla de los diezmos que han de ser dados a los levitas en compensación por no haber tenido parte en la distribución de la tierra. Y los levitas, de esos diezmos, deben dar la décima parte a los hijos de Aarón. Según el Deuteronomio, el diezmo de trigo, del vino y del aceite debía ser consumido en un banquete al que debían tener acceso los levitas. Si el santuario está lejano, podrán venderlo y con su precio organizar un festín en el lugar escogido por Yahvé, al que debían ser convidados los levitas. Y cada tres años los diezmos de todos los productos del año, en vez de ser entregados en el santuario central, debían ser reservados al levita, al extranjero y al huérfano y a la viuda que residieran donde moraba el propietario15.
“Así, según el Levítico, el diezmo es un impuesto en favor del templo; según los Números, un impuesto en favor de los levitas…; según el Deuteronomio, un banquete gozoso ante Yahvé en el que el diezmo en especie es consumido, y cada tres años, un don a los necesitados. A una tal diversidad de concepción no debía corresponder sino una diversidad de leyes, que marcan las etapas de la evolución en la práctica del diezmo.”16 La ofrenda de diezmos aparece ya en la época patriarcal17 y en la época de la monarquía18. En tiempos de Esdras se habla sólo de los diezmos de cereales y frutos19. Con todo, la ley de los diezmos era muy dura, y podemos suponer que fue muy poco respetada, dadas las condiciones de pobreza en que se desarrollaba la vida de los israelitas en la paupérrima tierra de Canaán.
1 1 Sam c.1-2. – 2 Cf. 2Re 12:5. – 3 Cf. Gen 28:20-22; Gen 31:13. – 4: Cf Mar 7:11-13 – 5 Véase com. a Núm 6. – 6 El siclo equivalía a «unos 13 gramos de plata. Cf. A: Barrois, La métrológie dans la Bible: RB (1932) p. 50-76. – 7 Cf. Mal 1:14. – 8 Equivalía al kor, medida de líquidos. Etimológicamente, el nombre de jómer alude a la carga de un asno (jamor). Cf. A. Barrois, a.c. (1931) 212. – 9 La guerah era. la medida mínima, equivalente a un granito. Los LXX traducen por griego(***) – 10 Cf. Exo 13:12-16; Exo 34:19. – 11 Cf. Exo 13:13. – 12 Cf. Deu 20:16-18; 1Sa 15:7-9. – 13 Tr. Bekhoroth IX 7. – 14 Cf. Exo 22:28-29; Exo 23:19; Exo 34:28. – 15 Cf. Deu 12:17-19; Deu 14:22-29; Deu 26:12-15. – 16 A. Clamer, o.c., p.207. – 17 Cf. Gen 14:20; Gen 28:22. – 18 Cf. 1Sa 8:15-17; 2Cr 31:6. – 19 Cf. Esd 10:37-39; Esd 12:44-47; Esd 13:5-12.
Fuente: Biblia Comentada
En esta sección se dan directrices detalladas para la santidad práctica.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Se da un bosquejo de los temas de santidad que corresponden a la nación de forma colectiva.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Se da una legislación normativa para las personas, animales, casas y tierras consagradas.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Para este capítulo, que puede considerarse como un apéndice al libro, ver Introducción al libro en el apartado de contenido y estructura.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Ver Éxo 30:11-16.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Valorización de los votos y de las cosas consagradas a Dios
En ninguna parte del AT se ordena hacer votos, o la dedicación de personas y cosas a Dios (aparte del diezmo regular, los primeros frutos y la consagración de los primogénitos). Los votos especiales eran enteramente voluntarios. Sin embargo, en lo que sí insistía la ley era en que la gente no hiciera votos o compromisos y después fallaran en cumplirlos. Con Dios no se debía jugar, y las promesas que se le hacían debían tomarse seriamente como promesas hechas a cualquier otra persona. El principio se resume muy bien en Deut. 23:21-23. No había culpa alguna por no hacer ningún voto; pero hacer un voto y no cumplirlo hacía que se incurriera en culpa (cf. Ecl. 5:2-7; Prov. 20:25).
Este capítulo, reconociendo que la gente comprometida a vivir en santidad y tratando de vivir de acuerdo con lo expresado en los capítulos anteriores podía ser tentada a hacer “ofertas” demasiado entusiastas o poco realistas ante Dios, templa dicho entusiasmo con la cruda realidad. Los votos deben hacerse sólo estando completamente conscientes de su costo. Era posible redimir un voto; es decir, lit. rescatarse uno mismo de las consecuencias, pero estas reglas muestran que esta era una opción bastante cara. En algunos casos, el cambiar de idea incurría en un cargo del veinte por ciento sobre el valor de aquello originalmente dedicado.
El capítulo trata con los votos en relación con las personas (vv. 2-8), animales (vv. 9-13), casas (vv. 14, 15), campos (vv. 16-25) y después concluye con algunas normas relacionadas con el asunto (vv. 26-33). El efecto básico de un voto o dedicación era que la persona u objeto se daba a Dios, lo que normalmente significaba que él, ella o ello estaba a la disposición de los sacerdotes y del santuario. Por lo tanto, una persona que se dedicaba, o un miembro de su familia, quizá asistiría al sacerdote en algunos aspectos de sus tareas que no involucraran ningún contacto directo con los sacrificios sagrados. Los animales, las casas o los campos vendrían a ser parte de los ingresos de los sacerdotes, especialmente si se convertían en su valor en efectivo. El niño Samuel es probablemente un buen ejemplo de esto, e ilustra el tipo de circunstancias que pudieran haber llevado a formular los votos (1 Sam. 1, 2). Si la persona así dedicada no deseaba servir de esa manera, él o ella podía ser redimido pagando una suma de dinero al sacerdote en turno. Las cantidades en los vv. 3-7 son reales, no simplemente nominales. Las mismas probablemente reflejan el valor actual con que se consideraba la capacidad laboral de los esclavos. Esto significa que no debemos pensar que los seres humanos recibían un valor nominal, sino que la valorización era una estimación del trabajo productivo que hubieran podido realizar. Como es característico, así como en las leyes para los sacrificios, se hace provisión para los más pobres (v. 8).
En el caso de los campos (vv. 16-25), la persona podía dedicar a Dios una parte de sus propiedades, y si más tarde no la redimía, pasaba permanentemente a los sacerdotes en el año del jubileo. En todo caso, el verdadero dueño era Dios. Pero la persona no podía dedicar a Dios permanentemente un campo que hubiera comprado de alguien más (quizá como garantía por un préstamo), ya que, según las leyes del cap. 25, en última instancia no le pertenecía al comprador. En el año del jubileo tenía que ser devuelta al dueño original.
Aunque este capítulo parece ser algo así como un apéndice, después del gran clímax del cap. 26, su preocupación con los votos, dedicación y devoción no está completamente fuera de lugar. Los actos especiales o excepcionales de dedicación presuponen una vida general de dedicación a Dios. Los votos no hacen más santa a una persona, pero sí pueden representar un compromiso específico, una respuesta seria al Dios cuyo carácter, demandas y bendiciones han sido claramente presentadas en el resto del libro. En el contexto cristiano, tales dedicaciones pueden tomar diferentes formas, pero ciertamente pueden incluir personas, posesiones, propiedades y campos. No hay coacción, pero cuando se hacen promesas o declaraciones, entonces Dios no se complace en quienes desean hacer trampa (Hech. 4:32-5:11; cf. 2 Cor. 9:7). Al fin y al cabo, cualquier voto o dedicación personal que podamos hacer nace de esa consagración total de toda la vida al servicio a Dios, lo cual es la marca de todo verdadero discípulo de Cristo (Rom. 12:1, 2).
Toma mi vida y permite que sea
a ti, Señor, consagrada.
Toma mis momentos y mis días;
que fluyan en incesante alabanza.
(Frances Ridley Havergal)
Christopher J. H. Wright
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
27.1ss A los israelitas se les requirió que dieran o consagraran ciertas cosas al Señor y a su servicio: los primeros frutos de sus cosechas, los animales primogénitos, los hijos primogénitos, el diezmo de su ganancia. Muchos deseaban ir más allá y consagrarse ellos mismos o consagrar a otro miembro de la familia, animales adicionales, una casa o un campo a Dios. En estos casos, era posible donar dinero en lugar de una persona real, un animal o una propiedad. Algunas personas hacían votos impulsivos o poco realistas. A fin de instarlos a reflexionar antes de hacerlo, se imponía una penalidad del veintepor ciento a aquellas cosas que eran vueltas a comprar con dinero. Este capítulo explica cómo fijar valores y qué hacer si un donante luego deseaba volver a comprar aquello que había donado a Dios.27.9, 10 Dios enseñó a los israelitas que cuando hacían un voto a El, no debían retractarse de su promesa aun si resultaba más costosa de lo que esperaban. (Esto aplicaba a los animales; los humanos podían ser redimidos o comprados de nuevo.) Dios toma seriamente nuestras promesas. Si usted hizo un voto de dar el diez por ciento de su ingreso y repentinamente surgen algunas cuentas inesperadas, su fiel mayordomía será costosa. Sin embargo, Dios espera que usted cumpla con su promesa, aun cuando le sea difícil.27.14-25 La propiedad inmobiliaria podía ser donada como ofrenda voluntaria de un modo que se asemeja a la forma en que hoy en día las personas dan propiedades por medio de un testamento o donan lo obtenido en la venta de una propiedad a la iglesia o a organizaciones cristianas.27.29 Cosas dedicadas a ser destruidas se refieren a propiedades personales o a personas que estaban bajo la prohibición de Dios, tales como un botín capturado de adoradores de ídolos o de los ídolos mismos. Estas cosas debían ser destruidas y no podían ser rescatadas.27.33 Muchos de los principios acerca de los sacrificios y de los diezmos tenían el propósito de motivar actitudes internas así como acciones externas. Si una persona daba de mala gana, mostraba que tenía un corazón mezquino. Dios quiere que seamos dadores alegres (2Co 9:7) que demos con gratitud a El.27.34 El libro de Levítico está repleto de mandamientos que Dios dio a su pueblo al pie del monte Sinaí. De estos mandamientos podemos aprender mucho acerca de la naturaleza y el carácter de Dios. A primera vista, Levítico parece irrelevante para nuestro mundo altamente tecnificado. Pero si profundizamos un poco, nos damos cuenta que este libro nos sigue hablando hoy porque Dios no ha cambiado y sus principios son para todos los tiempos. Como la gente y la sociedad cambian, necesitamos buscar continuamente formas de aplicar los principios de la ley de Dios a nuestras circunstancias presentes. Dios era el mismo en Levítico como lo es hoy y lo será por siempre (Heb 13:8).
Fuente: Comentarios de la Biblia del Diario Vivir
El capítulo final trata de la redención de los votos. Las Escrituras ordenan una cuidadosa atención a los votos: lo que se promete, debe cumplirse (Dt 23:21– 23; Ec 5:4, 5). Los versículos 2– 8 tratan de ocasiones en las que individuos hacían votos de servir a Dios, mientras que los vers. 9– 33 tratan de los votos referentes a la propiedad personal.
Fuente: La Biblia de las Américas
[2] Su cuerpo para el servicio del Tabernáculo en los ministerios más humildes, como llevar agua, leña y barrer el atrio.[21] En Números se prohíbe que los levitas posean campos o tierras. Cuando estas posesiones se devolvían por el jubileo, las vendían de nuevo. Sólo podían tener un espacio de dos mil codos en la ciudad donde moraban.[25] Ex 30, 13; Num 3, 47; Ez 45, 12.[29] Natural o civilmente, es decir, quedará amortizado para siempre. Jos 6, 17, 25.[30] Prov 3, 9-10; Ag 1, 12.
Fuente: Notas Torres Amat
Tít. Consagración y rescate 1
1. Las ofrendas podían ser personas (vv. Lev 27:2-8), animales (vv. Lev 27:9-13), casas (vv. Lev 27:14-15) o terrenos (vv. Lev 27:16-25), y ser rescatadas pagando el equivalente en dinero.