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Comentario de Levítico 7:11 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Levítico 7:11 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

“Estas son las instrucciones para el sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehovah:

Lev 3:1-17; Lev 22:18-21; Eze 45:15.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Instrucciones para los sacerdotes acerca de las ofrendas de paz (ordenadas en Lev 3:1-17). Eran tres las posibles ofrendas de paz:

(1) acción de gracias, una confesión de dependencia de la gracia y misericordia de Dios y una acción de gracias al Dios vivo (v. Lev 7:12);

(2) marcar el cumplimiento de un voto (v. Lev 7:16);

(3) y una ofrenda voluntaria o libre (v. Lev 7:16). Una ofrenda de paz podía ser un animal macho o hembra del ganado, de las ovejas o de las cabras.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

También se combinaba una ofrenda de paz para acción de gracias con una ofrenda de harina (vea Lev 2:1-16). La carne se tenía que comer el mismo día, probablemente por razones sanitarias, porque se descomponía rápidamente, y con el propósito de impedir que el pueblo pensara que en aquella carne había alguna presencia espiritual, y que desarrollaran con ello algún tipo de supersticiones.

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

El sacrificio de paz. Vea las notas sobre Lev 3:1-17. Los propósitos para las ofrendas de paz se exponen en vv. Lev 7:11-18. Se enumeran unas instrucciones especiales que impedían que un sacerdote fuese «cortado» (vv. Lev 7:19-27), y la porción de Aarón y de sus hijos (vv. Lev 7:28-36).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Lev 3:1-17+.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

La ofrenda de paz. Los vv. 12-18 distinguen tres diferentes ocasiones cuando una persona podía llevar una ofrenda de paz: en acción de gracias (v. 12); por motivo de un voto o como una ofrenda voluntaria (v. 16). Hay regulaciones separadas para la primera (vv. 12-15), pero las últimas dos se tratan al mismo tiempo (vv. 16-18).

La expresión será excluida, cuyo uso es más frecuente adelante en el libro, es bastante debatible. Probablemente no significa que la persona excluida haya sido ejecutada por la comunidad (se usaba otra fórmula para la condena de muerte). Algunos piensan que se refiere a alguna forma de excomulgar; es decir, excluir de la comunidad adoradora. Pero esa puede verse como una pena muy indulgente para con algunos de los delitos mencionados (cf. cap. 20). La interpretación más probable es que haya sido una forma de imprecación divina. La persona que ofendía en ciertas maneras, muchas de las cuales por su misma naturaleza nunca vendrían a ser del conocimiento público de los tribunales, se exponía directamente a la acción punitiva de Dios. Eso podría significar la misma muerte, pero también podía incluir otras formas de juicio. Por ejemplo, en el cap. 20 se establece que si aun la comunidad humana fracasaba en llevar a ciertos delincuentes ante la justicia, Dios mismo los “excluiría”, implicando su intervención directa.

Los vv. 28-36 especifican las partes de la ofrenda de paz que pertenecían al sacerdote: el pecho (v. 30) y el muslo derecho (v. 33; no se establece si era la pata delantera o la trasera, pero es más probable que se refiera a la pata delantera o al hombro). El pecho se describe como una ofrenda mecida, lo cual puede significar que la carne era mecida en movimientos laterales ante el altar, quizá esto haya sido simbólico de presentárselo a Dios y recibirlo de regreso. El muslo es descrito como una provisión perpetua (v. 34). Esta es una palabra incierta que los comentaristas judíos antiguos interpretaban como significando “alzar”; probablemente un mo vimiento vertical. Sin embargo, las acciones precisas envueltas y su significado ya no son muy claros. Lo que importa es que esos pedazos de carne constituían la porción que corresponde a los sacerdotes (v. 35); es decir, la parte que les pertenecía por derecho de su ordenación (ungimiento, v. 36).

Habiendo llegado al final del manual sobre los sacrificios para los adoradores y sacerdotes, pudiera considerarse como algo demasiado complicado y ritualista. Sin embargo, esa sería una falsa impresión, quizá se deba principalmente al hecho de que todo el asunto es extraño para nosotros. De hecho, en comparación con los rituales de sacrificios que se conocen de otras culturas antiguas, el sistema israelita era relativamente simple y franco. Las leyes que hemos estudiado tenían el propósito de conservar la dignidad y simbolismo significativo de lo que fácilmente pudo haber degenerado en un caos bullicioso, proveyendo a los laicos y a los sacerdotes normas claras y simples acerca de lo que tenían que hacer. La necesidad de decencia y orden también se aplica a la adoración cristiana, tal como Pablo lo señalara (1 Cor. 11-14).

También se puede señalar la singularidad del sistema de sacrificios de Israel desde un punto de vista negativo. No había lugar para augurios; es decir, intentar derivar presagios, buenos o malos, usando las entrañas de los animales sacrificados. Dios provey ó mejores maneras para conocer su voluntad (cf. Deut. 18:9-20). Tampoco había lugar para sacrificios humanos, automutilaciones o el uso de la sangre humana. Los rituales sexuales y de fertilidad estaban totalmente ausentes, al igual que los sacrificios por los muertos o cualquier otro medio de manipular lo oculto.

El único favor que podía obtenerse por medio de los sacrificios ofrecidos a Dios era la declaración de perdón. No hay indicios de que se pudieran ob tener otros favores, o sobornar a la divinidad. Los sacrificios por otras razones se presentaban en respuesta a las bendiciones o protección de Dios, no con el propósito de comprárselas. No había una clasificación de los sacrificios en términos de cantidad a favor de los ricos o poderosos. Por el contrario, se hizo provisión para los más pobres, quienes recibían “tanto” perdón como cualquier otro pe cador. Por supuesto, el sistema de Israel era único por no tener sacrificios especiales reservados para la realeza. Como muchas de las cosas en Israel, estaba adaptado para llenar las necesidades de la gente ordinaria. Y se ha señalado por estudios socioeconómicos que el ritual de sacrificios de Israel no debe haber causado demandas excesivas sobre los recursos de una familia promedio. Se esperaba que las personas ofrecieran lo mejor cuando presentaban sus sacrificios, pero no con el fin de que empobrecieran bajo una carga religiosa pesada, o que enriquecieran a una elite religiosa poderosa.

Nota: Los sacrificios levíticos, el NT y el cristiano. Hemos observado cómo la combinación de los sacrificios presenta un cuadro completo de los efectos del pecado y, también, de las diferentes dimensiones de las provisiones de Dios para remediarlo. Cuando vamos al NT descubrimos que los sacrificios individuales sólo se mencionan por nombre muy raras veces, pero el asunto de sacrificio es tan rico y variado como en el AT, ya sea que se aplique a la obra de Cristo mismo o a nuestra respuesta como creyentes y adoradores. Todas las dimensiones mencionadas anteriormente hacen eco en el NT.

El holocausto era el sacrificio principal para proveer expiación, y trataba con la culpa por el pecado. El NT presenta la muerte de Jesús como un sacrificio de esta índole; así la interpretó Jesús mismo (Mar. 10:45; cf. Rom. 3:25; Efe. 5:2; 1 Ped. 1:18 ss.; 1 Jn. 2:1 ss.). El autor de Heb. hace hincapié en el hecho que la muerte en sacrificio de Cristo fue una vez y para siempre. Por lo mismo, se le considera como el cumplimiento de, y en contras te con, los repetidos sacrificios diarios del AT (Heb. 10:1-18). Por lo tanto, los creyentes en Cristo no tienen necesidad de presentar ningún sacrificio para obtener expiación, porque Jesús se ofreció a sí mismo como ese sacrificio final en la cruz.

La ofrenda por el pecado tenía que ver con la inmundicia y la contaminación del pecado al hacer uso de la sangre con el fin de purificar el lugar donde Dios mora. De manera similar, el NT subraya el poder purificador de la sangre de Cristo. No sólo quita la culpa por el pecado sino que también elimina su contaminación. Hebreos señala esto en relación con la morada celestial de Dios (Heb. 10:23 ss.), y también lo aplica a la limpieza de la conciencia del creyente a fin de que éste pueda acercarse a Dios con confianza (Heb. 9:11-14; 10:19-22). Juan en su primera carta también enfatiza esta verdad. La muerte de Cristo (su sangre) fue una vez y para siempre, pero su poder purifica dor debe aplicarse regularmente en nuestras vidas por medio de la confesión (1 Jn. 1:6-2:2).

La ofrenda por la culpa ponía énfasis en que las faltas en contra del prójimo debieran enmendarse con la apropiada restitución como parte del proceso de arreglar cuentas con Dios. Esto también se aplica a los creyentes cristianos, tal como se observara anteriormente. “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” quizá es algo que Jesús intentara que tuviera una aplicación concreta, y no meramente como una referencia a sentimientos o actitudes. La importancia de esto se realza con una solemne advertencia y su correspondiente parábola (Mat. 6:12-15; 18:21-35). Pero la misma naturaleza de la ofrenda por la culpa, mayormente como un asunto de restitución o enmienda, también permite considerar el pecado como un tipo de deuda en relación con Dios. Se debe pagar por el pecado. La metáfora penetra profundamente en el pensamiento humano en relación con nuestras fechorías y debilidades. Todavía se habla de hacer que los criminales “paguen” por sus crímenes. Cuando esto se controla debidamente y se entiende dentro del marco de las estructuras legales de la sociedad, es muy diferente a la venganza personal que dice: “Me las pagarás.” El <spansam proveía una manera de “pagarle” a Dios la debida restitución por algún pecado, al mismo tiempo que se hacía restitución a la parte afectada por alguna pérdida material.

En Isaías 53, la muerte del siervo del Señor se presenta en términos de sacrificio. El es quien sufrirá y morirá tomando el lugar de otros: “como un cordero, fue llevado al matadero” (Isa. 53:5-7). En el v. 10 se describe su muerte de manera especial como un <spansam; es decir, como una ofrenda por la culpa, haciendo restitución por las faltas de otros a fin de que ellos puedan ser contados como justos (v. 11). La poesía de Isaías 53 influyó profundamente sobre la teología del NT en relación con la muerte de Cristo (cf. Mat. 8:17; Luc. 22:37; 1 Ped. 2:24, 25). La muerte sacrificadora de Cristo no só lo fue un rescate por nuestra culpa, y la limpieza de nuestra inmundicia, sino también fue un pago por nuestra deuda. Por supuesto, el lenguaje tiene una dimensión metafórica, y la analogía no se puede forzar para responder al cómo o a quién se hizo dicho “pago”. La Biblia, en ambos Testamentos, simplemente usa estos diferentes modelos para explorar las insondables profundidades de nuestra salvación. Al fin y al cabo nuestra tarea no es la de buscar una explicación racional, sino obtener la bendición de ella por medio de la fe.

La ofrenda de la paz era un sacrificio que llevaba a participar de una comida de compañerismo. Por lo mismo, incluía una dimensión vertical (dado que tenía los mismos ritos expiatorios de la sangre y el holocausto), así como una dimensión horizontal (dado que cimentaba las relaciones humanas). Por lo mismo, este tipo de ofrenda era más apropiado como una expresión de aquello que era esencial en la relación de pacto entre Israel y Dios. En un sentido, era una comida sacramental, con aspectos similares a la comida que está en el centro del nuevo pacto: la cena del Señor. Jesús se refirió a esa comida como “el nuevo pacto en mi sangre”, lo cual hace eco de Exo. 24:8, donde las ofrendas de paz estaban incluidas en los sacrificios que sirvieron para sellar el pacto en Sinaí.

La adoración cristiana, especialmente el servicio de la Cena, debiera ser motivo de gozo y de preocupación social. Por ello, es posible que el autor de Hebreos haya tenido en mente la ofrenda de paz cuando exhortó a los cristianos a no olvidarse “de hacer el bien y de compartir lo que tenéis, porque tales sacrificios agradan a Dios” (Heb. 13:16). Es interesante notar también que Pablo insiste en la dignidad personal en vía de preparación para la cena del Señor (de la misma manera que la purificación ritual era requerida para los israelitas que participaban en la comida-ofrenda de paz; 1 Cor. 11:27-31; cf. Lev. 7:20), así como también en la armonía social y consideración por los pobres en la comunidad (1 Cor. 11:18-22).

La ofrenda vegetal representaba una consagración a Dios, tanto de los dones recibidos de Dios como del trabajo humano. Es muy probable que las ofrendas vegetales (y quizá las libaciones, ofrendas bebidas) acompañaran los otros sacrificios. Entonces, quiere decir que había un movimiento de dos vías en todo el ritual: La expiación y el perdón que viene de Dios en respuesta a la sangre derramada de los animales sacrificados, y la ofrenda de la vida y el trabajo, alabanza, acción de gracias y adoración a Dios de parte del adorador y su fami lia. De igual manera en el NT, aunque el sacrificio principal es la ofrenda de sí mismo de Jesús en la cruz como la base final y suficiente para nuestra reconciliación con Dios, el lenguaje de sacrificio también se aplica a la respuesta del creyente para con Dios. Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra alabanza y nuestras dádivas materiales están incluidas entre los tipos de sacrificios apropiados que podemos ofrecerle a él (Rom. 12:1, 2; Fil. 4:18; Heb. 13:15, 16).

Por último, otro aspecto del sistema de sacrificios del AT que tiene su contraparte en el NT es el sostén material de los que ministran al pueblo de Dios. Una buena parte de los ingresos para los sacerdotes provenía de las partes de los sacrificios que se les daban, de las ofrendas de granos, el pecho y muslo de la ofrenda de paz y de los panes que las acompañaban, toda la carne de las ofrendas por el pecado y la culpa, la piel de los holocaustos, y quizá hasta dinero equivalente por algunas ofrendas por la culpa. Pudiera sonar como que era mucho, pero era muy necesario ya que a la tribu de Leví no se le había asignado ningún territorio y, por lo mismo, no tenía otros medios de ingresos. Ellos dependían de la fidelidad del pueblo, lo mismo que otras personas necesitadas (Deut. 14:28, 29; 18:1-8).

En el NT, a los ministros nunca se les llama sacerdotes, pero el principio de que se debe pagar y cuidar apropiadamente de aquellos que sirven a Dios y a su gente como su ocupación primordial, está ciertamente respaldado. Cristo lo dijo (Luc. 10:7), y Pablo lo enseñó con mucha precisión (1 Cor. 9). Desafortunadamente, a Pablo se le usa al gunas veces para apoyar el punto de vista de que los obreros cristianos deben de alguna manera vivir por fe, o de su propio trabajo. Esto pueden usarlo algunos cristianos que relativamente están bien provistos en sus empleos seculares, para justificar la lamentable pobreza en que viven algunos pastores, evangelistas u otros obreros cristianos. Pero el punto que Pablo subraya en 1 Cor. 9 es que él mismo es una excepción a su enseñanza de que los obreros cristianos tienen el derecho de ser sostenidos por las iglesias, para sus gastos de manutención y con algo extra para la esposa (vv. 4, 5). Pablo presenta este argumento usando la analogía de los trabajos seculares (v. 7), aludiendo a una ley del AT en relación con los animales que hacían alguna labor (vv. 8-10; cf. Deut. 25:4), en base al balance de las bendiciones espirituales y materiales (v. 11), de la justicia natural (v. 12), de las mismas provisiones levíticas para los sacerdotes (v. 13) y directamente del mandato de Jesús (v. 14). ¡Mejor argumento que este no hay! Así que, el hecho de que él personalmente haya renunciado a sus derechos por sus propias razones (vv. 15-18) debe tomarse como lo que es: algo excepcional, y no como la norma. Pablo subraya el mismo asunto en otros lugares (Gál. 6:6; 1 Tim. 5:17, 18).

Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno

REFERENCIAS CRUZADAS

r 248 Lev 3:1; Lev 7:20; Lev 22:21; 1Co 10:16

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

ofrenda de paz. Véanse 3:1– 17 y coment. en 3:1.

Fuente: La Biblia de las Américas

Detalles concerniente a las ofrendas de paz.

Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie