Biblia

Comentario de Lucas 4:23 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Lucas 4:23 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Entonces él les dijo: —Sin duda, me diréis este refrán: “Médico, sánate a ti mismo. Hemos oído que sucedieron tantas cosas en Capernaúm; haz lo mismo también aquí en tu tierra.”

4:23 El les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo (Mat 27:40; Mat 27:42) ; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaúm, haz también aquí en tu tierra. — El era de Nazaret y, por eso, según ellos, El debería hacer allí las señales que hacía en Capernaúm, y que no creerían en El a menos que vieran señales. Compárense 11:16; 22:64; 23:8, 35.

Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain

Médico, cúrate a ti mismo. Luc 6:42; Rom 2:21, Rom 2:22.

de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas. Mat 4:13, Mat 4:23; Mat 11:23; Jua 4:48.

haz también. Jua 2:3, Jua 2:4; Jua 4:28; Jua 7:3, Jua 7:4; Rom 11:34, Rom 11:35; 2Co 5:16.

aquí en tu tierra. Mat 13:54; Mar 6:1.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Médico, cúrate a ti mismo: La petición de más señales era para que Jesús probara lo dicho al repetir el milagro realizado en Capernaum (Mat 1:21Mat 27:1-66). Tal demanda de señales a menudo venía en tono de mofa (Luc 11:16; Luc 22:64; Luc 23:8, Luc 23:35-37).

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

Capernaum. Es obvio que Cristo ya había adquirido cierta reputación por sus obras milagrosas en Capernaum. Las Escrituras ofrecen pocos detalles acerca de ese primer año de ministerio público. La mayor parte de lo que conocemos sobre esos meses se encuentra en el Evangelio de Juan, donde también se indica que Cristo ministró más que todo en Judea. Sin embargo, Jua 2:12 menciona una visita breve a Capernaum sin más detalles. Jua 4:46-54 describe cómo mientras Cristo estuvo en Caná, sanó al hijo de un oficial de la corte que estaba enfermo de muerte en Capernaum. También sabemos que Cristo ya había llamado y reunido a algunos de sus discípulos, quienes eran hombres de la costa norte en el Mar de Galilea (Jua 1:35-42; vea la nota sobre Mat 4:18). Es posible que haya visitado ese lugar más de una vez durante ese primer año de ministerio. En cualquier caso, había pasado allí un tiempo suficiente para hacer milagros y para que su fama se propagara a lo largo y ancho de Galilea (cp.v. Luc 4:14).

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

4:23 El les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo (Mat 27:40; Mat 27:42) ; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaúm, haz también aquí en tu tierra. – El era de Nazaret y, por eso, según ellos, El debería hacer allí las señales que hacía en Capernaúm, y que no creerían en El a menos que vieran señales. Compárense 11:16; 22:64; 23:8, 35.

Fuente: Notas Reeves-Partain

— Cafarnaún: Ver segunda nota a Mat 4:13.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

NOTAS

(1) O: “parábola”.

REFERENCIAS CRUZADAS

z 268 Mat 8:7

a 269 Mat 9:12

b 270 Mat 4:13

c 271 Mat 13:57; Mar 6:4; Jua 4:44

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

Médico, cúrate a ti mismo. El proverbio era conocido en distintas formas en el antiguo Cercano Oriente. Jesús le da su interpretación en el resto del vers. En efecto, la gente de Nazaret le estaban diciendo: « Médico, curaste a extranjeros en Capernaúm, cura ahora a tu propia gente en Nazaret.» En otras palabras, querían que comprobara ante ellos lo que El decía acerca del cumplimiento de las profecías mesiánicas (vers. 18, 19).

Capernaúm. Véase coment. en Mt 4:13.

Fuente: La Biblia de las Américas

Tres lecciones importantes se presentan á primera vista en este pasaje. Cada una es digna de que la considere detenidamente todo el que desee adquirir sabiduría en lo espiritual.
Se nos enseña en primer lugar cuan inclinados estamos á despreciar los privilegios más grandes, cuando estos nos son familiares. Se advierte en la conducta de los habitantes de Nazaret cuando oyeron predicar al Señor Jesús. No pudieron hallar falta alguna en el No pudieron señalar inconsecuencia alguna en su modo Más porque Jesús había vivido entre ellos treinta años, y su semblante, voz, y porte les eran familiares, rehusaron admitir su doctrina. Se decían unos á otros, «¿No es este el hijo de José?» ¿Es posible que uno tan conocido como este hombre pueda ser el Cristo? E hicieron salir de los labios de nuestro Señor el dicho solemne, » Ningún profeta es acepto en su tierra.» Haremos bien en tener presente esta lección por lo que dice en relación á los estatutos y medios de gracia, pues estamos prontos á desdeñarlos cuando los tenemos en abundancia. Estamos inclinados a tener en poco el privilegio de leer la Biblia en nuestro idioma, de oír la predicación del Evangelio, y de gozar la libertad de reunimos para el culto público. Vivimos rodeados de estas ventajas, y estamos acostumbrados á disfrutarlas sin interrupción. Y la consecuencia es, que rara vez las estimamos en su debido valor. Veamos, pues, de que manera usamos de las cosas sagradas. Por numerosas que sean las veces que leamos la Biblia, nunca lo hagamos sin profunda reverencia. Por grande que sea la frecuencia con que oigamos el nombre de Cristo, nunca olvidemos que él es el Único Mediador, en quien hay vida. Aun el maná que descendía del cielo fue al fin desdeñado por Israel como «pan liviano.» Num 21:5. Aquel día es aciago para nuestras almas, en que Cristo está en espíritu en medio de nosotros, y sin embargo, por causa de sernos conocido su nombre, lo estimamos poco.
Aprendemos, por otra parte, cuan odiosa es á la naturaleza humana la doctrina de la soberanía de Dios. Esto se observa en la conducta de los habitantes de Nazaret, cuando nuestro Señor les recordó que Dios no estaba obligado á hacer milagros entre ellos. ¿No había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías?
Sin duda que sí las había; empero, á ninguna de ellas fue enviado este profeta. Á todas se pasó por alto para favorecer á una viuda gentil de Sarepta. ¿No había muchos leprosos en Israel en el tiempo de Elíseo? Sin duda que sí los había; empero, á ninguno se concedió la gracia de recibir su salud. Naaman el sirio fue el único que fue curado. Tal doctrina pareció intolerable a los habitantes de Nazaret. Hería su orgullo y presunción. Les enseñaba que Dios no debe nada al hombre, y que si ellos eran omitidos en la distribución de las bendiciones divinas, no tenían derecho de que quejarse. No pudieron sufrirlo. «Se llenaron de ira.» Arrojaron a nuestro Señor de su ciudad, y á no haber hecho uso de su poder de hacer milagros, sin duda le habrían quitado la vida violentamente.
De todas las doctrinas de la Biblia ninguna repugna tanto á la naturaleza humana como la doctrina de la soberanía de Dios. Que se diga que Dios es grande, y justo, y santo, y puro, es cosa que el hombre puede tolerar. Pero decir que «no da cuenta de sus designios»–que «tiene misericordia de quien quiere tener misericordia»–que el premio «no es del que quiere, ni del que corre, sino; de quien Dios tiene misericordia «–estas son verdades que el hombre carnal no puede sufrir con paciencia. Lo enemistan muchas veces contra Dios, y lo llenan de indignación. Nada, en resumen hará que se someta á ellas, sino el poder del Espíritu Santo.
Convenzámonos de que, ya nos agrade ó nos desagrade, la de Dios es doctrina revelada terminantemente en la Biblia hecho que se percibe claramente en el mundo. De ningún modo podemos explicar por qué unos miembros de una familia se convierten, en tanto que otros viven y mueren en pecado -porque algunas partes de la tierra están iluminadas con la luz del cristianismo, y otras permanecen sumergidas en las tinieblas del paganismo. Una sola razón puede asignarse: todo está ordenado por la mano soberana de Dios. Roguemos se nos conceda humildad al considerar esta materia profunda. Tengamos presente que nuestra vida es fugaz como la niebla, y que nuestros conocimientos más profundos comparados con los de Dios son mera insensatez. Estemos agradecidos por la luz de que gozamos, con moderación, mientras que la poseamos. Y estemos seguros que el último día todo el mundo se convencerá de que Aquel que ahora «no da cuenta de sus designios,» todo lo ha hecho bien.
Finalmente este pasaje nos hace saber cuan obligados estamos á perseverar diligentemente en obrar bien, por más motivos de desaliento que nos sobrevengan.
Sin duda debemos deducir esta lección de la conducta de nuestro Señor, después de haber sido arrojado de Nazaret. Inmutable ante el tratamiento que recibió, sigue trabajando con paciencia. Arrojado fuera de un lugar, pasa en seguida a otro. Echado de Nazaret va á Capernaum, y allí » enseña los sábados.
Tal ser la conducta de los discípulos de Cristo. Cualquiera que sea la obra que sean llamados á ejecutar, deben continuar en ella pacientemente, y no abandonarla por falta de buen éxito. Ya sean predicadores, maestros, visitadores, ó misioneros, es menester que continúen trabajando y no desmayen. El corazón y la conciencia pueblo sufren más agitaciones de las que piensan lo que predican y enseñan. En muchos sitios de la viña del Señor hacer trabajos preliminares que son tan necesarios como cualesquiera, aunque no tan agradables. Es menester que haya sembradores y también segadores. Indispensable es que haya algunos que caven la tierra y quiten las piedras, así como también otros que recojan la cosecha. Que todos trabajen en el lugar que les corresponda.
Llegará el día en que cada uno sea recompensado según lo que haya hecho. Los mismos motivos de desaliento que encontramos nos presentan la oportunidad de manifestar al mundo que aún existe algo que se llama fe y algo que se denomina paciencia. Cuando los hombres nos vean continuar en nuestras tareas á despecho de un tratamiento como el que Jesús sufrió en Nazaret, eso les da que pensar; y se convencen al fin que, en todo caso, estamos persuadidos de que tenemos la verdad de nuestra parte.

Fuente: Los Evangelios Explicados

este proverbio… Talmud (Bereh. rab. sect. 23, y en Tanchuna, fol. 4,2).

Fuente: Biblia Textual IV Edición

B146 El participio aoristo γενόμενα se usa como parte integral del complemento directo del verbo de percepción ἠκούσαμεν, para representar la acción que éste denota como un simple evento sin indicación de tiempo. Puesto que se sabe la acción que denota el participio, ésta antecede a la acción del verbo principal: cualesquiera que sean las cosas que hemos oído que han sido hechas.

BD205 Εἰς se usa en vez de ἐν con un sentido local: hechas en Capernaum.

Fuente: Ayuda gramatical para el Estudio del Nuevo Testamento Griego

En efecto, este proverbio se halla en el Talmud (Bereh. rab. sect.23, y en Tanchuna, fol. 4,2).

Fuente: La Biblia Textual III Edición