Comentario de Lucas 4:31 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
Entonces descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea, y les enseñaba los sábados.
4:31 Descendió Jesús a Capernaúm, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo. 32 Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. — Mat 7:29, “y no como los escribas” quienes citaban a otros, pero Jesús decía, “Yo os digo”. Desde luego, “su palabra era con autoridad” porque era Dios. Por eso, pensaba como Dios, hablaba (enseñaba) como Dios, y actuaba como Dios. Mat 8:26, con autoridad “reprendió a los vientos”. Era hombre pero no mero hombre; era Emanuel, Dios y hombre.Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain
y descendió Jesús a Capernaúm. Mat 4:13; Mar 1:21.
y les enseñaba en los días de reposo. Mat 10:23; Hch 13:50-52; Hch 14:1, Hch 14:2, Hch 14:6, Hch 14:7, Hch 14:19-21; Hch 17:1-3, Hch 17:10, Hch 17:11, Hch 17:16, Hch 17:17; Hch 18:4; Hch 20:1, Hch 20:2, Hch 20:23, Hch 20:24.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Lucas enfatiza la enseñanza de Jesús (v. Luc 4:15). La percepción de la autoridad de Jesús probablemente surgió como resultado de la forma directa de analizar los temas, más que hablar meramente de la tradición.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
4:31 Descendió Jesús a Capernaúm, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo. 32 Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. – Mat 7:29, “y no como los escribas” quienes citaban a otros, pero Jesús decía, “Yo os digo”. Desde luego, “su palabra era con autoridad” porque era Dios. Por eso, pensaba como Dios, hablaba (enseñaba) como Dios, y actuaba como Dios. Mat 8:26, con autoridad “reprendió a los vientos”. Era hombre pero no mero hombre; era Emanuel, Dios y hombre.
Fuente: Notas Reeves-Partain
EL ESPÍRITU DE UN DEMONIO INMUNDO
Lucas 4:31-37
Más tarde Jesús bajó á otro pueblo de Galilea qué se llamaba Cafarnaún. El sábado se puso a enseñar, y todos se sorprendían mucho de su manera de enseñar, porque les hablaba como si no dependiera de ninguna autoridad ajena.
En la sinagoga estaba entre los asistentes uno que tenía un espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar a voz en cuello:
-¡Déjanos en paz! ¿Qué tienes tú que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Es que has venido a acabar con nosotros? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!
Jesús reprendió al espíritu, y le mandó:
-¡Silencio! ¡Sal de él!
El demonio hizo que el hombre tuviera una convulsión allí mismo delante de todos, y salió de él sin hacerle más daño. Todos los presentes estaban atónitos, y se decían unos a otros:
-¿Qué manera de hablar es ésta, que da órdenes hasta a los espíritus inmundos con autoridad y poder, y salen?
La noticia de lo que había hecho Jesús se difundió por toda la tierra de alrededor.
Nos gustaría saber tanto de Cafarnaún como sabemos de Nazaret, pero aunque parezca extraño es que hasta hay dudas en cuanto al sitio exacto a orillas del Mar de Galilea en que estaba situada esta población en la que Jesús realizó tantas maravillas.
Este pasaje es especialmente interesante porque es el primero de Lucas en el que nos encontramos con un caso de posesión de demonios. En el mundo antiguo se creía que el aire estaba poblado por una multitud innumerable de malos espíritus que estaban esperando la oportunidad para entrar en las personas. A menudo entraban con la comida o la bebida. Eran ellos los que causaban las enfermedades. Los egipcios creían que había treinta y seis partes diferentes del cuerpo humano, y que en cada una de ellas se podía introducir uno de esos malos espíritus y llegar a controlarla. Había espíritus de sordera, de mudez, de fiebre; espíritus que le arrebataban a una persona la salud mental o el sentido; espíritus de mentira y de engaño y de inmundicia. Era uno de esos espíritus el que Jesús exorcizó aquí.
Para mucha gente esto es un problema. Por lo general, la mentalidad moderna considera que el creer en espíritus es algo primitivo y supersticioso que hemos dejado atrás en nuestro desarrollo. Sin embargo, parece que Jesús sí creía en ellos. Hay tres posibilidades.
(i) De hecho, Jesús creía en ellos. En este caso, por lo que se refiere a los conocimientos científicos, Jesús no estaba más adelantado que su época, sino con todas las limitaciones de los conocimientos médicos de su tiempo. No tenemos por qué rechazar esta conclusión, porque Jesús fue realmente un hombre, y tuvo los conocimientos que eran asequibles a los hombres de su tiempo.
(ii) Jesús no creía en ellos. Pero el paciente sí creía a macha martillo, y Jesús le podía curar solamente asumiendo que sus creencias en los demonios eran ciertas. Si una persona está enferma, y alguien le dice: » No te pasa nada», no la ayuda lo más mínimo. Hay que admitir la realidad del mal para poder efectuar la cura. Esas personas creían que estaban poseídas por un demonio, y Jesús, como sabio doctor, .sabía que no podía curarlas a menos que asumiera que la idea que tenían de su mal era cierta.
(iii) El pensamiento moderno, ha estado v4cilando hasta admitir que tal vez hay algo en la creencia en los demonios después de todo. Hay ciertos males para los que no se acaba de descubrir una causa corporal. No hay razón para que una persona esté enferma, pero lo está. Y ya que no hay una explicación física, algunos piensan ahora que debe de haber una causa espiritual, y que a lo mejor los demonios no son tan irreales después de todo.
La gente se quedaba atónita con el poder de Jesús, ¡y no nos sorprende! El Oriente antiguo estaba lleno de gente que pretendía poder exorcizar a los demonios. Pero tenían unos métodos fantásticos y maravillosos. Cierto exorcista le ponía un anillo al paciente debajo de la nariz, y recitaba largos encantamientos. Y entonces habría como una salpicadura en un barreño de agua que había colocado allí al lado, y el demonio salía » como por enSalmo». Una raíz que se llamaba baaras era especialmente efectiva. Cuando se le acercaba alguien, se hundía en el suelo a menos que se la agarrara a toda prisa, y el agarrarla era muerte instantánea. Así que cavaban el terreno alrededor de ella, le ataban un perro, que arrancaba la raíz con sus tirones, y moría el perro como un sustituto del hombre. ¡Qué diferencia entre toda esta parafernalia histérica y la tranquila y sencilla orden de Jesús! Lo que dejaba estupefactos a los espectadores era su simple autoridad.
La autoridad de Jesús era algo totalmente nuevo. Cuando los rabinos enseñaban, apoyaban todas sus afirmaciones con citas de otros. Decían: «El rabí Tal y Tal dijo…», «Hay una tradición que dice…» Siempre apelaban a autoridades reconocidas. Por su parte, los profetas decían: «Así dice el Señor». Tenían una autoridad delegada. Pero Jesús decía: «Yo os digo.» No necesitaba otras autoridades que le respaldaran; su autoridad no dependía de otras: era la autoridad hecha carne. Era un hombre que hablaba como el que sabía.
El experto en cualquier esfera tiene un aire de autoridad. Un músico cuenta que, cuando Toscanini se dirigía al atril, toda la orquesta sentía que de él fluía autoridad. Cuando nos hace falta consejo técnico, llamamos a un experto. Jesús es el experto en la vida. Cuando Él habla, todos sabemos que se trata de algo más allá de lo humano -es Dios.
Fuente: Comentario al Nuevo Testamento
— Cafarnaún: Ver segunda nota a Mat 4:13.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
Jesús en Capernaúm (ver Mat. 8:14-17; Mar. 1:21-39). Desde la región montañosa Jesús descendió a Capernaúm sobre la ribera del lago. Una de sus principales actividades era enseñar en las sinagogas donde las congregaciones se reunían los sábados. Una persona poseída por un demonio hoy sería considerada como alguien que sufriera de una enfermedad mental o una discapacidad. Sin embargo, esto no es un diagnóstico completo de los que son descriptos en los Evangelios, algunos de los cuales tenían una sabiduría aguda de cosas desconocidas por la gente común. La presencia de los poderes malos y sobrenaturales no puede ser racionalizada y, así como los teólogos reconocen que el Espíritu Santo obra a través de las vidas de los hombres para su bien, también quizá podamos reconocer una actividad similar por parte de los malos espíritus. Este hombre tenía una visión sobrenatural de la personalidad de Jesús y el propósito de su ministerio. El Santo de Dios significa lo mismo que el Hijo de Dios o Cristo (41) y produce especialmente la oposición de Jesús, quizá co mo portador del Espíritu Santo, a todo lo que no lo fuera. Quizá el demonio confiaba en derrotar a Jesús usando su nombre -lo que era una antigua superstición, como en los cuentos de hadas- pero Jesús ordenó al demonio que dejara al hombre. La sanidad confirmó la impresión de la enorme autoridad que ya tenía la enseñanza de Jesús.
La enfermedad también debía estar sujeta a su poder.Una fuerte fiebre puede ser un término técnico médico. Jesús la reprendió casi como si fuera una persona. El detalle básico puede ser que él atacó el poder del mal que se demuestra en la enfermedad humana.
Una vez que el nuevo día judío hubo comenzado al ponerse el sol, se levantaron las restricciones para el trabajo durante el sábado, y los enfermos pudieron ser llevados a Jesús. Silenció los gritos de los endemoniados porque quería que la gente aprendiera por sí misma quién era él.
En la mañana abandonó deliberadamente a las multitudes. Luc. no menciona que Jesús estuvo en oración en aquel tiempo (como hace Mar. 1:35; pero ver 5:16). Su divina comisión era la de proclamar las buenas nuevas del reino de Dios (ver Mar. 1:15) en amplitud; no podía quedarse en un lugar y convertirse en el ídolo de una turba de admiradores. De modo que recorrió Judea (ver nota de la RVA), lo que aquí pue de querer decir toda Palestina, incluyendo Galilea, ya que Jesús no fue hacia el sur en Judea misma para un ministerio continuo sino más tarde.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
REFERENCIAS CRUZADAS
j 278 Mar 1:21
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
Capernaum. Una ciudad en la orilla del Lago de Galilea, a unos 38 km. al NE de Nazaret. Jesús ejercitó allí un ministerio muy extenso.
Fuente: Biblia de Estudio Anotada por Ryrie
descendió… M↓ añaden Jesús.
Fuente: Biblia Textual IV Edición
M i añaden Jesu250?s.