Biblia

Comentario de Lucas 4:34 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Comentario de Lucas 4:34 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

—¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para destruirnos? Yo sé quién eres: ¡el Santo de Dios!

Déjanos. Luc 8:37; Hch 16:39.

¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? Luc 4:41; Luc 8:28; Mat 8:29; Mar 1:24, Mar 1:34; Mar 5:7; Stg 2:19.

¿has venido a destruirnos? Gén 3:15; Heb 2:14; 1Jn 3:8; Apo 20:2.

el Santo de Dios. Luc 1:35; Sal 16:10; Dan 9:24; Hch 2:27; Hch 3:14; Hch 4:27; Apo 3:7.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

el Santo de Dios. Los demonios siempre reconocieron a Cristo de inmediato (cp. v. Luc 4:41; Luc 8:28; Mat 8:29; Mar 1:24; Mar 3:11; Mar 5:7)

Fuente: Biblia de Estudio MacArthur

Mar 1:24; Jua 6:69; Hch 3:14.

Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana

NOTAS

(1) “¿Qué tenemos que ver contigo[…]?” Modismo; pregunta de repulsa que indica objeción. Véase Ap. 7B.

REFERENCIAS CRUZADAS

n 282 Mat 8:29; Luc 8:28

ñ 283 Mat 2:23; Luc 18:37; Jua 19:19; Hch 2:22

o 284 Stg 2:19

p 285 Mar 1:24; Luc 1:35; Luc 4:41

Fuente: Traducción del Nuevo Mundo

el Santo de Dios. Véanse coments. en Mr 1:24.

Fuente: La Biblia de las Américas

34 (1) Una interjección de enojo o consternación. La palabra griega puede ser traducida: Déjanos en paz.

34 (2) Lit, Qué a nosotros y qué a Ti. Un modismo hebreo.

Fuente: Comentario Del Nuevo Testamento Versión Recobro

Notar en este pasaje, los conocimientos claros que en asuntos religiosos poseen el diablo y sus agentes. De esto ocurren dos ejemplos en los presentes versículos, » Yo te conozco quien eres, eres el Santo de Dios » fue el lenguaje de un espíritu inmundo. «Tú eres Cristo, el Hijo de Dios,» dijeron en diferente ocasión otros espíritus inmundos. Empero este conocimiento carecía de fe, esperanza o caridad. Los que lo poseían eran seres miserables y degradados, llenos de odio amargo contra Dios y contra el hombre, Guardémonos de un conocimiento tal del Cristianismo. Es posesión peligrosa, aunque extraordinariamente común en estos últimos tiempos. Puede ser que conozcamos la Biblia intelectualmente, y no tengamos ninguna duda acerca de las verdades que contiene, puede ser que hayamos atesorado en la memoria los textos más importantes, y que discurramos prolijamente acerca de sus doctrinas vitales, y sin embargo puede acontecer que la Biblia no ejerza influjo alguno sobre nuestros corazones, ó sobre nuestros afectos y conciencias. Puede suceder en realidad, que no seamos nada mejores que los diablos.
No nos contentemos jamás ton una mera percepción intelectual Acaso suceda que continuemos toda nuestra vida diciendo ‘Yo sé eso, y yo sé eso,» y nos hundamos al fin en el infierno con estas palabras en nuestros labios. Tratemos de que nuestro conocimiento produzca fruto en nuestras vidas. ¿El conocimiento que tenemos del pecado nos hace aborrecerlo? ¿El conocimiento que tenemos de Cristo nos impele á confiar en El y a amarlo? ¿El conocimiento de la voluntad de Dios hace que nos esforcemos en cumplirla? ¿El conocimiento de los frutos del Espíritu nos mueve á darlo á conocer en nuestra conducta diaria? Si así sucediere, tal conocimiento nos será útil. Cualquiera otro conocimiento religioso solo contribuirá á nuestra condenación en el último día.
En segundo lugar, debemos notar en este pasaje la suprema autoridad de nuestro Señor Jesucristo. Vemos que las enfermedades y los demonios se rinden á su palabra. Increpa á los espíritus inmundos y estos se separan de los desgraciados á quienes habían poseído. Increpa á la fiebre y pone las manos sobre enfermos, y al punto desaparecen las enfermedades, y los enfermos quedan sanos.
No podemos menos de observar muchos casos de esta clase en los cuatro Evangelios. Ocurren con tanta frecuencia que nos acostumbramos á leerlos con descuido, y olvidamos la lección importante que en cada uno se quiere inculcar. Todos ellos tienen por objeto grabar en nuestras mentes la gran verdad de que Cristo es el gran Médico elegido para curar todos los males que el pecado acarreó al mundo. Sí, Cristo es el Médico universal á quien todos los hijos de Adán tienen que acudir si quieren ser curados. En él se halla vida, y salud, y libertad. Esta es la gran doctrina que tiene por objeto inculcar cada uno de los milagros de este género que contiene el Evangelio. Cada uno corrobora ese hecho sublime que forma la verdadera base del Evangelio. El poder de Cristo para satisfacer hasta donde sea posible, todas las necesidades de la naturaleza humana, es la piedra angular del Cristianismo. Cristo, en una palabra, «es todo.» Colos. 3:11.
Que el estudio de cada milagro contribuya á grabar profundamente esta verdad en nuestros corazones.
En tercer lugar, debemos notar en estos versículos la costumbre de nuestro Señor de sustraerse de cuando en cuando de la observación pública en algún lugar solitario. Leemos, que después de haber sanado á muchos enfermos, y lanzado á muchos diablos, «salió y se fue á un lugar solitario.» El objeto que se propuso al obrar así se descubre comparando este versículo con otros de los Evangelios. Acostumbraba suspender sus tareas en tiempo oportuno, para ponerse en comunicación con Su Padre celestial, y para orar. Santa liada cual era su naturaleza humana, se había mantenido así, ejerciendo los medios de gracia, y no descuidándolos.
Hay en esto un ejemplo que harían bien en imitar todos los que progresan en la gracia, y caminar en la senda de Dios. Debemos destinar algún tiempo para la meditación, y para estar solos en presencia de Dios. Es menester no contentarnos con orar diariamente y leer las Escrituras–con oír leer el Evangelio con regularidad, y participar de la Cena del Señor. Todo esto es bueno, pero hay necesidad de algo más. Debemos destinar algunas horas para examinarnos á solas, y para meditar en las cosas celestiales. Cuántas veces al año esta práctica ha de repetirse, es cosa que cristiano debe determinar por sí mismo. Pero que esta hora es muy provechosa, lo prueban claramente tanto las Escrituras la experiencia misma. Atravesamos una época de actividad y bullicio. El acaloramiento producido por los negocios y las ocupaciones incesantes mantiene á muchos en movimiento perpetuo, y ponen algunas almas en gran peligro.
La omisión de la práctica de que venimos hablando, es la causa probable de muchas inconsecuencias y deslices, que causan escándalo en la iglesia de Cristo.
Cuanto más tengamos que hacer tanto más debemos imitar á nuestro Maestro. Si él, en medio de sus múltiples tareas hallaba tiempo para retirarse del mundo de cuando en cuando, ¿cuánto más no podemos hacerlo nosotros? Si el Maestro juzgo esa práctica necesaria, mil veces más necesaria debe ser a sus discípulos.
Finalmente, debemos notar en estos versículos la aserción que hizo Señor en cuanto á uno de los objetos de Su venida al mundo. Leemos que dijo: «También á otras ciudades es necesario que de el Evangelio del reino de Dios: porque para esto soy enviado’ Una aserción como esta debe acallar para siempre las necias observaciones que se hacen algunas veces contra la predica-; El mero hecho de que el eterno Hijo de Dios se hizo predicador, debe satisfacernos de que la predicación es uno de los más valiosos medios de gracia. Hablar de ella, cual lo hacen algunos, como cosa de menos importancia que las oraciones públicas, ó la administración de los sacramentos, es por lo menos manifestar ignorancia de la Escritura. Es una circunstancia admirable en la historia de nuestro Señor, que aunque El estaba predicando casi incesantemente no se nos dice que jamás bautizara á nadie. El testimonio de Juan es explícito en este punto. «Jesús no bautizaba. Joh 4:2.
Guardémonos de tener en poco la predicación. Ella ha sido en todos los siglos de la iglesia el medio principal de que Dios se ha servido para conmover á los pecadores, y para sustentar á los justos. Las épocas en que ha habido poca ó ninguna predicación han sido épocas en que se ha hecho poco ó ningún bien en la iglesia. Oigamos los sermones con espíritu reverente, y acordémonos que son la palanca que el mismo Cristo empleó, cuando estuvo en la tierra. Oremos también diariamente por que nunca falte una falange de predicadores fieles de la palabra de Dios. Según sea el pulpito será la congregación y la iglesia.

Fuente: Los Evangelios Explicados

Qué tenemos… Lit. ¿Qué a nosotros y a ti?

Fuente: Biblia Textual IV Edición

Lit., ¿Qué a nosotros y a ti

Lit., Jesús nazareno

Fuente: La Biblia de las Américas

Lit. ¿Qué a nosotros y a ti?

Fuente: La Biblia Textual III Edición