Comentario de Romanos 9:14 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia
¿Qué, pues, diremos? ¿Acaso hay injusticia en Dios? ¡De ninguna manera!
9:14 — Si Dios era libre para escoger a los judíos y no a los edomitas (descendientes de Esaú), y no hubo injusticia en eso (pues los judíos estaban de perfecto acuerdo con ese escogimiento), ¿por qué sería injusto Dios en sus demás escogimientos, referentes al evangelio? ¡En ninguna manera hay injusticia con Dios! El judío inconverso no tendría razón al acusar a Dios de injusticia por haber escogido salvar al mundo por el evangelio que es para todo hombre.Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain
¿Qué pues diremos? Rom 3:1, Rom 3:5.
¿Que hay injusticia en Dios? Rom 2:5; Rom 3:5, Rom 3:6; Gén 18:25; Deu 32:4; 2Cr 19:7; Job 8:3; Job 34:10-12, Job 34:18, Job 34:19; Job 35:2; Sal 92:15; Sal 145:17; Jer 12:1; Apo 15:3, Apo 15:4; Apo 16:7.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Si Dios escoge a algunos de los descendientes de Abraham (v. Rom 9:6), como a Isaac en vez de Ismael (vv. Rom 9:7-9), o Jacob en vez de Esaú (vv. Rom 9:10-13), ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? La queja es que si Dios escogió a Isaac o a Jacob sin considerar las obras, esto sería injusto o desigual. Si la elección y el rechazo de Dios se basaran en las malas obras de uno o las buenas obras de otros, la pregunta acerca de la «justicia» de Dios nunca se debiera plantear. Esta pregunta es el tema de los capítulos Rom 9:9-11.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
¿Que hay injusticia en Dios? Pablo anticipa una vez más la objeción de sus lectores a la teología presentada: si Dios elige a unos para salvación y no tiene en cuenta sus méritos o acciones, esto hace a Dios arbitrario e injusto (cp. Gén 18:25; Sal 7:9; Sal 48:10; Sal 71:19; Sal 119:137; Sal 119:142; Jer 9:23-24).
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
9:14– Si Dios era libre para escoger a los judíos y no a los edomitas (descendientes de Esaú), y no hubo injusticia en eso (pues los judíos estaban de perfecto acuerdo con ese escogimiento), ¿por qué sería injusto Dios en sus demás escogimientos, referentes al evangelio? ¡En ninguna manera hay injusticia con Dios! El judío inconverso no tendría razón al acusar a Dios de injusticia por haber escogido salvar al mundo por el evangelio que es para todo hombre.
Fuente: Notas Reeves-Partain
LA VOLUNTAD SOBERANA DE DIOS
Romanos 9:14-18
¿Y qué se puede decir a esto? ¿Se puede decir que hay injusticia en Dios? ¡De ninguna manera!, porque Él le dijo a Moisés: «Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendré piedad del que Yo tenga piedad.» Así es que todo depende, no de la voluntad ni del esfuerzo humanos, sino exclusivamente de la misericordia de Dios. Por eso la Escritura dice con respecto al Faraón: «Para esto solo te asigné un papel en el drama de la historia: para demostrar mi poder por medio de lo que te va a ocurrir, y para que Mi nombre sea proclamado por todo el mundo.» Así es que tiene misericordia del que Él quiere, y endurece al que Él quiere.
Ahora Pablo sale al paso de las preguntas y objeciones que surgen en nuestra mente. Ha dicho que el proceso de selección y elección ha seguido su curso a lo largo de la historia de Israel; ha hecho hincapié en el hecho de que la elección no se basa en ningún mérito humano, sino exclusivamente en la voluntad de Dios.
Nuevamente cita dos ejemplos para demostrar su afirmación, y los refuerza con citas bíblicas. El primer ejemplo está tomado de Ex 33:19 . Moisés está pidiendo una prueba definitiva de que Dios está realmente con el pueblo de Israel. La respuesta de Dios es que Él tendrá misericordia de los que tenga misericordia; es decir, le dice a Moisés que confíe y deje la cosa en Sus manos, porque Él sabe lo que hace. Su actitud de misericordia hacia la nación depende exclusivamente de Él mismo. Y el otro ejemplo está tomado de la batalla para la liberación de la esclavitud de Egipto y el poder del Faraón. La primera vez que Moisés fue a pedir la libertad, advirtió a Faraón que Dios le había colocado en el escenario de la historia para demostrar Su divino poder y servir de ejemplo a la hu- manidad de lo que sucede a los que se oponen a Dios Ex 9:16 ). Pero esto no quiere decir que Faraón no fuera más que una marioneta. Dios le advirtió, pero Faraón escogió no hacer caso.
Cuando llegamos al fondo de la cuestión, vemos que conserva una gran verdad. Es imposible pensar en la relación entre Dios y el hombre en términos de justicia -entendida ésta en los términos de nuestra experiencia humana limitadísima. El hombre no puede nunca tener ningún derecho ante Dios. La creatura no puede pretender nada ante el Creador. Sea cual fuere la justicia que se aplica, la respuesta es que el hombre no merece nada ni puede pretender nada. En el trato de Dios con los humanos lo esencial son Su voluntad y Su misericordia.
Fuente: Comentario al Nuevo Testamento
Objeciones: La libertad de Dios. El énfasis que Pablo hace sobre la soberanía de Dios en la salvación genera algunas objeciones, como él bien sabía por los muchos años que llevaba predicando. Pablo trata dos de ellas en esta sección. ¿Es injusto Dios al elegir a algunos y rechazar a otros (14)? ¿Y cómo pueden ser culpadas las personas por rechazar a Dios si él mismo determina que lo hagan (19)? Tales preguntas son nuestra respuesta natural ante la enseñanza bíblica sobre la soberanía de Dios. Resulta significativo que Pablo aquí no brinde explicación “lógica” alguna para la compatibilidad de la soberanía de Dios con la enseñanza, igualmente bíblica, de que Dios es escrupulosamente justo y que los seres humanos son justificadamente culpables por sus acciones. Haríamos bien en seguir su enfoque: afirmar la verdad de estas grandes doctrinas bíblicas, sin eliminar o debilitar una o la otra por insistir en una explicación exhaustiva. Es un punto en el cual, junto con Pablo (cf. 11:33-36), debemos estar dispuestos a reconocer que es un misterio que supera nuestra comprensión.
En el estilo de diatriba que ha adoptado frecuentemente en Rom., Pablo mismo formula las preguntas que sabe que serán provocadas por su insistencia en la soberanía de Dios en la elección: ¿Acaso hay injusticia en Dios? Pablo rechaza enérgicamente esta inferencia y cita nuevamente el AT para apoyar su punto de vista (15). Pero el texto que Pablo cita (Exo. 33:19) aparentemente no hace más que reiterar la libre y soberana actuación de Dios, en vez de explicar por qué esa actividad es justa. Pero quizá esto es lo que Pablo quiere decirnos: que las acciones de Dios no pueden ser “juzgadas” por nada que vaya más allá de lo que sabemos de su propia naturaleza según nos la revela la Biblia. Nuevamente, Pablo declara que lo que se deduce de la libertad de Dios es que la elección para salvación (cf. vv. 11, 12) no depende del que quiere ni del que corre.
Los vv. 17 y 18 fortalecen aun más esta negación de que los actos de Dios estén basados en decisiones y acciones humanas, pero ahora desde el punto de vista “negativo” (cf. a Esaú aborrecí, v. 13b). El papel del faraón en la historia de la salvación fue algo determinado por Dios. Fue Dios quien puso al faraón en el escenario de la historia (te levanté; cf. Exo. 9:16) y quien hizo que su corazón se endureciera. Lo que se dice en el AT sobre el faraón, naturalmente se aplica a su papel en la historia de la salvación y no a su destino personal. Pero, como en los vv. 10-13, Pablo sugiere en el v. 18 que la obra de Dios en el faraón ilustra la forma en que Dios obra en las personas en general: así como de quien quiere, tiene misericordia (15, 16; cf. a Jacob amé, en el v. 13a), así a quien quiere, endurece (17; a Esaú aborrecí, en el v. 13b). Ni el recibir la misericordia de Dios, ni el hecho de que él endurezca el corazón están basados en actividades humanas (aunque debemos recordar que Dios actúa en personas que ya están perdidas en el pecado y que el hecho de que excluya a algunos de la salvación es, en cierto sentido, simplemente la confirmación de la elección que ellos ya hicieron). También debemos recordar que las decisiones de Dios sobre estos temas no nos son reveladas y que de ninguna forma están destinadas a causarnos ansiedad. Las Escrituras dejan bien en claro que Dios jamás se negará a recibir, ni echará fuera, a quienes lo buscan con diligencia.
La pregunta que ahora formula Pablo es exactamente la misma que nos sentimos tentados a plantear en este momento: ¿Cómo puede Dios culpar a las personas por rechazarlo si es él, al elegir a algunos y “desechar” a otros, quien en cierto sentido está causando ese mismo rechazo? La respuesta de Pablo revela que él mismo no tiene una solución satisfactoria desde el punto de vista lógico. En una parte anterior de la carta él ya ha establecido con claridad que las personas son plenamente responsables por rechazar la verdad de Dios (1:20-2:11), y de nuevo repite este concepto en relación con Israel (9:30-10:21). Pero no menciona esto como una forma de evitar el tema que ahora plantea. Por este medio implica que la soberanía de Dios al rechazar, y la responsabilidad del hombre por ese rechazo, deben ser consideradas como dos verdades complementarias que no deben ser utilizadas para atacar la una a la otra. Aquí Pablo simplemente pone límites al derecho de cualquier persona en cuanto a juzgar las decisiones de Dios. El es el alfarero, quien tiene pleno derecho sobre los vasos que crea (ver Jer. 18; Sabiduría de Salomón 12:3-22; 15:7). En los vv. 22, 23 Pablo relaciona esta libertad de Dios con su disposición de soportar con paciencia a aquellos vasos de ira que han sido preparados para destrucción. Los “vasos” a los que Pablo se refiere aquí son, probablemente, los judíos no creyentes que ahora desempeñan un papel en la historia de la salvación, similar al que jugara el Faraón en el tiempo del éxodo (ver 11:12-15). Como en el caso del Faraón, el énfasis está puesto en su papel histórico en el tiempo presente (aunque su destino es, no obstante, bien claro: ira y destrucción). Pero el propósito final de Dios no es ira, sino misericordia y gloria. Porque el concepto principal de los vv. 22 y 23 es cómo Dios expresa su interés en los vasos de misericordia que había preparado de antemano para gloria.
Fuente: Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno
REFERENCIAS CRUZADAS
b 580 Deu 32:4; 2Cr 19:6; Job 34:10