{"id":14079,"date":"2022-10-15T16:51:45","date_gmt":"2022-10-15T21:51:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/significado-biblico-de-muerte\/"},"modified":"2022-10-15T16:51:45","modified_gmt":"2022-10-15T21:51:45","slug":"significado-biblico-de-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/significado-biblico-de-muerte\/","title":{"rendered":"Significado B\u00edblico de MUERTE"},"content":{"rendered":"<p>  <\/p>\n<h2>Significado de Muerte<\/h2>\n<p> Ver Concordancia <\/p>\n<p> (heb. m\u00e2weth; gr. th\u00e1natos). <\/p>\n<p>La muerte entr\u00f3 en el mundo como consecuencia del pecado (Gn. 2:16, 17; 3:19; <br \/>Ro. 5:12), y es un enemigo (1 Co. 15:26). Todos los hombres deben morir (1 Co. <br \/>15:22; He. 9:27), pero todos volver\u00e1n a vivir (Jn. 5:28, 29; 1 Co. 15:22). <\/p>\n<p>En la Biblia con frecuencia se llama a la muerte un sue\u00f1o. De David, Salom\u00f3n y <br \/>muchos otros reyes de Israel y de Jud\u00e1 se dice que duermen con sus padres (1 R. <br \/>2:10; 11:43; 14:20, 31; 15:8; 2 Cr. 21:1; 26:23; etc.). Job se refiri\u00f3 a la <br \/>muerte como a un sue\u00f1o (Job 7:21; 14:10-12), como tambi\u00e9n lo hizo el salmista <br \/>(Sal. 13:3), Jerem\u00edas (Jer. 51:39, 57) y Daniel (Dn. 12:2). En el NT, Cristo <br \/>afirm\u00f3 que la fallecida hija de Jairo estaba durmiendo (Mt. 9:24; Mr. 5:39). <br \/>Se refiri\u00f3 a L\u00e1zaro muerto del mismo modo (Jn. 11:11-14). Pablo y Pedro <br \/>tambi\u00e9n llaman sue\u00f1o a la muerte (1 Co. 15:51, 52; 1 Ts. 4:13-17; 2 P. 3:4). <br \/>Muchos santos \u00abque durmieron\u00bb se levantaron de sus tumbas en ocasi\u00f3n de la <br \/>resurrecci\u00f3n de Cristo y \u00abaparecieron a muchos\u00bb (Mt. 27:52, 53). Lucas, el <br \/>autor de Hechos, describe la muerte de Esteban como el dormirse (Hch. 7:60). <\/p>\n<p>El sue\u00f1o es un s\u00edmbolo adecuado de la muerte, como lo demuestra la siguiente <br \/>comparaci\u00f3n: 1. El sue\u00f1o es un estado de inconsciencia (Ec. 9:5, 6). 2. En el <br \/>sue\u00f1o el pensamiento consciente est\u00e1 dormido. \u00abSale su aliento&#8230; en ese mismo <br \/>d\u00eda perecen sus pensamientos\u00bb (Sal. 146:4). 3. Con el sue\u00f1o terminan todas las <br \/>actividades del d\u00eda. \u00abEn el Seol [sepulcro], adonde vas, no hay obra, ni <br \/>trabajo, ni ciencia, ni sabidur\u00eda\u00bb (Ec. 9:10). 4. El sue\u00f1o nos separa de los <br \/>que est\u00e1n despiertos y de sus actividades. \u00abY nunca m\u00e1s tendr\u00e1n parte en todo <br \/>lo que se hace debajo del sol\u00bb (v 6). 5. El sue\u00f1o normal desactiva las <br \/>emociones. \u00abSu amor y su odio y su envidia fenecieron ya\u00bb (v 6). 6. El sue\u00f1o <br \/>es transitorio y supone un despertar. \u00abEntonces llamar\u00e1s, y yo te responder\u00e9\u00bb <br \/>(Job 14:15). \u00abPorque vendr\u00e1 hora cuando todos los que est\u00e1n en los sepucros <br \/>oir\u00e1n su voz; y&#8230; saldr\u00e1n\u00bb (Jn. 5:28, 29). V\u00e9ase Resurrecci\u00f3n. <\/p>\n<p>En el sue\u00f1o de la muerte el aliento cesa (Sal. 146:4), el cuerpo f\u00edsico se <br \/>descompone y sus elementos se mezclan con la tierra de donde procedi\u00f3 (Sal. <br \/>146:4; Gn. 3:19), y el esp\u00edritu regresa a Dios, de donde vino (Ec. 12:7). Sin <br \/>embargo, el esp\u00edritu as\u00ed separado del cuerpo no es un ente consciente. Es el <br \/>car\u00e1cter del hombre lo que Dios conserva hasta la resurrecci\u00f3n (1 Co. 15:51-54; <br \/>Job 19:25-27), de modo que todos los hombres volver\u00e1n a tener su mismo car\u00e1cter <br \/>(v\u00e9ase CBA 6:1092, 1093). En ocasi\u00f3n de la 2a venida de Cristo los justos <br \/>recibir\u00e1n la inmortalidad, y al mismo tiempo ser\u00e1n revestidos de cuerpos <br \/>glorificados (1 Co. 15: 25-49). V\u00e9ase Esp\u00edritu. <\/p>\n<p>Entre el tiempo de la muerte y el de la resurrecci\u00f3n se representa a los <br \/>muertos como durmiendo en el Seol (Ec. 9:10 ) o en el Hades (Hch. 2:27, 31). <br \/>No est\u00e1n en el cielo (vs 29, 34), porque no est\u00e1n con el Se\u00f1or hasta la 2\u00aa <br \/>venida (Jn. 14:1-3). La Biblia menciona una 2\u00aa muerte (Ap. 20:6). La 1\u00aa <br \/>sobreviene a todos como resultado de la operaci\u00f3n normal de los efectos <br \/>degenerativos del pecado; la 2\u00aa muerte afecta s\u00f3lo a los impenitentes al final <br \/>de los 1.000 a\u00f1os de Ap. 20, cuando los malvados ser\u00e1n eternamente aniquilados <br \/>(Mt. 10:28). En la conflagraci\u00f3n final esta tierra ser\u00e1 purificada por fuego <br \/>(2 P. 3:10). Con la destrucci\u00f3n de Satan\u00e1s y de los imp\u00edos, la muerte <br \/>resultar\u00e1 destruida (1 Co. 15:26; Ap. 20:14). V\u00e9ase Segunda muerte. <\/p>\n<p>Figuradamente, se describe a los pecadores como \u00abmuertos en&#8230; delitos y <br \/>pecados\u00bb (Ef. 2:1; cf Col. 2:13). A menos que el Esp\u00edritu Santo toque sus <br \/>corazones, son insensibles a todo lo espiritual. En Ro. 6:2, Pablo, <br \/>invirtiendo la figura, se refiere a los cristianos como muertos al pecado; ya <br \/>no viven en \u00e9l. <\/p>\n<p><b><a href='http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/muerte\/'>Diccionario Enciclop\u00e9dico de Biblia y Teolog\u00eda: MUERTE<\/a><\/b><\/p>\n<h2>\n<p align=\"justify\"><strong>MUERTE seg\u00fan la Biblia: En el sentido corriente: cesaci\u00f3n de la vida. No entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen, y que lo ha hecho \u00abalma viviente\u00bb. En el para\u00edso, el \u00e1rbol de la vida le hubiera permitido vivir eternamente (Gn. 1:27; 2:7; 3:22). <\/strong><\/p>\n<\/h2>\n<p align=\"justify\">En el sentido corriente: cesaci\u00f3n de la vida. No entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen, y que lo ha hecho \u00abalma viviente\u00bb. En el para\u00edso, el \u00e1rbol de la vida le hubiera permitido vivir eternamente (Gn. 1:27; 2:7; 3:22). <\/p>\n<p> La muerte ha sido el salario de la desobediencia a la orden divina (Gn. 2:17; Ro. 5:12; 6:23). La muerte es f\u00edsica, por cuanto nuestro cuerpo retorna al polvo (Gn. 3:19); tambi\u00e9n es, y sobre todo, espiritual. <\/p>\n<p> Desde su ca\u00edda, Ad\u00e1n y Eva fueron echados de la presencia de Dios y privados de Su comuni\u00f3n (Gn. 3:22-24). Desde entonces, los pecadores se hallan \u00abmuertos en&#8230; delitos y pecados\u00bb (Ef. 2:1). <\/p>\n<p> El hijo pr\u00f3digo, alejado del hogar paterno, est\u00e1 espiritualmente muerto (Lc. 15:24). \u00c9sta es la raz\u00f3n de que el pecador tiene necesidad de la regeneraci\u00f3n del alma y de la resurrecci\u00f3n del cuerpo. <\/p>\n<p> Jes\u00fas insiste en la necesidad que tiene todo hombre de nacer otra vez (Jn. 3:3-8); explica \u00c9l que el paso de la muerte espiritual a la vida eterna se opera por acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y se recibe por la fe (Jn. 5:24; 6:63). <\/p>\n<p> Esta resurrecci\u00f3n de nuestro ser interior es producida por el milagro del bautismo del Esp\u00edritu (Col. 2:12-13). El que consiente en perder su vida y resucitar con Cristo es plenamente vivo con \u00c9l (Ro. 6:4, 8, 13). <\/p>\n<p> (a) Tras la muerte f\u00edsica: (A) Para el imp\u00edo es cosa horrenda caer en manos del Dios vivo (He. 10:31) y comparecer ante el juicio (He. 9:27) sin preparaci\u00f3n alguna (Lc. 12:16-21). <\/p>\n<p> El pecador puede parecer impune durante mucho tiempo (Sal. 73:3-20), pero su suerte final muestra que \u00abel Se\u00f1or se reir\u00e1 de \u00e9l porque ve que viene su d\u00eda\u00bb (Sal. 37:13). El que no haya aceptado el perd\u00f3n de Dios morir\u00e1 en sus pecados (cfr. Jn. 8:24). <\/p>\n<p> Jes\u00fas ense\u00f1a, en la historia del rico malvado que, desde el mismo instante de la muerte, el imp\u00edo se halla en un lugar de tormentos, en plena posesi\u00f3n de su consciencia y de su memoria, separado por un infranqueable abismo del lugar de la ventura eterna, imposibilitado de toda ayuda, y tenido por totalmente responsable por las advertencias de las Escrituras y\/o de la Revelaci\u00f3n natural y del testimonio de su propia conciencia (Lc. 16:19-31; Ro. 1:18-21 ss). (V\u00e9ase SEOL, HADES.) <\/p>\n<p> (B) Para el creyente no existe la muerte espiritual (la separaci\u00f3n de Dios). Ha recibido la vida eterna, <br \/> habiendo pasado, por la fe, de la muerte a la vida (Jn. 5:24). Jes\u00fas afirm\u00f3: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida; el que cree en m\u00ed, aunque est\u00e9 muerto, vivir\u00e1. Y todo aquel que vive y cree en m\u00ed no morir\u00e1 eternamente\u00bb (Jn. 11:25-26; cfr. Jn. 8:51; 10:28). <\/p>\n<p> Desde el mismo instante de su muerte, el mendigo L\u00e1zaro fue llevado por \u00e1ngeles al seno de Abraham (Lc. 16:22, 25). Pablo podr\u00eda decir: \u00abPorque para m\u00ed el vivir es Cristo y el morir es ganancia\u00bb. Para \u00e9l partir para estar con Cristo es mucho mejor (Fil. 1:21-23). <\/p>\n<p> Es por esta raz\u00f3n que \u00abm\u00e1s quisi\u00e9ramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Se\u00f1or\u00bb (2 Co. 5:2-9). No se puede imaginar una victoria m\u00e1s completa sobre la muerte, en espera de la gloriosa resurrecci\u00f3n del cuerpo (v\u00e9ase RESURRECCI\u00d3N). <\/p>\n<p> As\u00ed, el Esp\u00edritu puede afirmar solemnemente: \u00abBienaventurados de aqu\u00ed en adelante los muertos que mueren en el Se\u00f1or\u00bb (Ap. 14:13). <\/p>\n<p> (b) La muerte segunda. En contraste con la gozosa certeza del creyente, recapitulada anteriormente, se halla una expectaci\u00f3n de juicio, y de hervor de fuego, que ha de devorar a los adversarios. <\/p>\n<p> La acci\u00f3n de la conciencia natural infunde miedo y angustiosa incertidumbre en el inconverso. Shakespeare lo expres\u00f3 magistralmente en su soliloquio de Hamlet, en el que \u00e9ste considera la posibilidad del suicidio; \u00abMorir: dormir; no m\u00e1s; y con el sue\u00f1o, decir que damos fin a los agobios e infortunios, a los miles de contrariedades naturales a las que es heredera la carne, \u00e9ste es un fin a desear con ansia. <\/p>\n<p> Morir: dormir; dormir: quiz\u00e1 so\u00f1ar; \u00a1Ah, ah\u00ed est\u00e1 el punto dificultoso!; porque en este sue\u00f1o de la muerte \u00bfqu\u00e9 sue\u00f1os pueden venir cuando nos hayamos despojado de esta mortal vestidura? Ello debe refrenarnos: ah\u00ed est\u00e1 el respeto que hace sobrellevar la calamidad de una tal vida, pues \u00bfqui\u00e9n soportar\u00eda los azotes y escarnios del tiempo, los males del opresor, la altaner\u00eda de los soberbios, el dolor por el amor menospreciado, la lentitud de la justicia, la insolencia de los potentados, y el desd\u00e9n que provoca el paciente m\u00e9rito de los humildes, cuando \u00e9l mismo puede, con desnuda daga, el descanso alcanzar? \u00bfQui\u00e9n llevar\u00eda pesados fardos, gimiendo y sudando bajo una fatigosa vida, sino por el hecho del temor de algo tras la muerte, el pa\u00eds inexplorado de cuyos muelles ning\u00fan viajero retorna, y que nos hace preferir aquellos males que ahora tenemos, que volar a otros de los que nada sabemos? As\u00ed, la conciencia a todos nos vuelve cobardes, y as\u00ed el inicio de una resoluci\u00f3n queda detenido por el p\u00e1lido manto de la reflexi\u00f3n\u00bb (Acto III, Escena 1). <\/p>\n<p> As\u00ed, la \u00abhorrenda expectaci\u00f3n de juicio, y el hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios\u00bb (He. 10:27) se refiere a la muerte segunda, aquella que espera a los no arrepentidos tras el juicio final. <\/p>\n<p> Esta segunda muerte es en las Escrituras un sin\u00f3nimo de infierno. Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda (Ap. 20:14; 21:8). En este lago de fuego los impenitentes, vueltos a levantar a la vida en sus cuerpos, pero sin admisi\u00f3n a la gloria, ser\u00e1n atormentados d\u00eda y noche por los siglos de los siglos (Ap. 14:10-11; 20:10). <\/p>\n<p> Es por ello que se trata de \u00absufrir da\u00f1o de la segunda muerte\u00bb (Ap. 2:11). Queda en pie el hecho de la gracia del Se\u00f1or, que no desea la muerte del pecador, sino su salvaci\u00f3n. As\u00ed, la Escritura insiste en numerosas ocasiones: \u00abNo quiero la muerte del que muere&#8230; convert\u00edos, pues, y vivir\u00e9is\u00bb (\u00c9x. 18:23, 31-32). <\/p>\n<p><b><a href='http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/muerte\/'>Diccionario Enciclop\u00e9dico de Biblia y Teolog\u00eda: MUERTE<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Significado de Muerte Ver Concordancia (heb. m\u00e2weth; gr. th\u00e1natos). La muerte entr\u00f3 en el mundo como consecuencia del pecado (Gn. 2:16, 17; 3:19; Ro. 5:12), y es un enemigo (1 Co. 15:26). Todos los hombres deben morir (1 Co. 15:22; He. 9:27), pero todos volver\u00e1n a vivir (Jn. 5:28, 29; 1 Co. 15:22). 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