{"id":14422,"date":"2022-10-15T16:57:00","date_gmt":"2022-10-15T21:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/significado-biblico-de-profeta\/"},"modified":"2022-10-15T16:57:00","modified_gmt":"2022-10-15T21:57:00","slug":"significado-biblico-de-profeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/significado-biblico-de-profeta\/","title":{"rendered":"Significado B\u00edblico de PROFETA"},"content":{"rendered":"<p>  <\/p>\n<h2>Significado de Profeta<\/h2>\n<p> Ver Concordancia <\/p>\n<p> (heb. n\u00e2b\u00ee, \u00abllamado [por Dios]\u00bb o \u00abquien tiene una vocaci\u00f3n [de Dios]\u00bb; <br \/>probablemente del ac. nab\u00fb , \u00abllamar\u00bb; aram. neb\u00ee; gr. profets). <\/p>\n<p>Alguien que primero recib\u00eda instrucciones de Dios y luego las transmit\u00eda a la <br \/>gente. Estos 2 aspectos de su obra se reflejaban en los nombres con que se los <br \/>conoc\u00eda: vidente (j\u00f4zeh o r\u00f4eh) y profeta (n\u00e2b\u00ee). El 1\u00ba fue m\u00e1s com\u00fan en el <br \/>per\u00edodo temprano de la historia hebrea (1 S. 9:9). El t\u00e9rmino que se usa con <br \/>mayor frecuencia es n\u00e2b\u00ee, pues lo designa como vocero de Dios. Como \u00abvidente\u00bb <br \/>discern\u00eda la voluntad de Dios, y como \u00abprofeta\u00bb la trasmit\u00eda a otros. <\/p>\n<p>I. El profeta y su obra. <\/p>\n<p>El profeta es una persona llamada y calificada en forma sobrenatural como <br \/>portavoz de Dios. Mientras que en los tiempos del AT los sacerdotes eran los <br \/> representantes del pueblo ante Dios -sus portavoces y mediadores-, el profeta, <br \/>en un sentido especial, era el representante oficial de Dios entre su pueblo <br \/>sobre la tierra. Mientras el oficio sacerdotal era hereditario, la designaci\u00f3n <br \/>de un profeta proven\u00eda del llamado divino. El sacerdote, como mediador en el <br \/>sistema de sacrificios, conduc\u00eda a Israel en la adoraci\u00f3n, aunque sus deberes <br \/>secundarios inclu\u00edan dedicar una parte de su tiempo a instruir al pueblo acerca <br \/>de la voluntad de Dios como ya hab\u00eda sido revelada por los profetas, Mois\u00e9s en <br \/>particular. En cambio, la instrucci\u00f3n religiosa era tarea primordial del <br \/>profeta. El sacerdote se ocupaba mayormente de la ceremonia y los ritos del <br \/>santuario (que se centraban en la adoraci\u00f3n p\u00fablica), en la mediaci\u00f3n para el <br \/>perd\u00f3n de los pecados, y en el mantenimiento ritual de las relaciones correctas <br \/>entre Dios y su pueblo. El profeta era principalmente un maestro de justicia, <br \/>de espiritualidad y de conducta \u00e9tica, un reformador moral con mensajes de <br \/>instrucci\u00f3n, consejo, amonestaci\u00f3n y advertencia, y su obra a menudo inclu\u00eda la <br \/>predicci\u00f3n de eventos futuros. En el caso de Mois\u00e9s, uno de los mayores <br \/>profetas (Dt. 18:15), la profec\u00eda fue una funci\u00f3n comparativamente menor. <\/p>\n<p>En un sentido m\u00e1s amplio del vocablo, profetas hubo desde los primeros d\u00edas del <br \/>mundo. Tanto Abrah\u00e1n (Gn. 20:7) como Mois\u00e9s (Dt. 18:15) fueron llamados <br \/>profetas. Durante el per\u00edodo de los jueces el oficio prof\u00e9tico languideci\u00f3, y <br \/>\u00abla palabra de Jehov\u00e1 escaseaba en aquellos d\u00edas; no hab\u00eda visi\u00f3n con <br \/>frecuencia\u00bb (1 S. 3:1). El llamado de Samuel hacia el final de ese per\u00edodo fue <br \/>trascendental. Fue el 1er \u00abprofeta\u00bb en el sentido m\u00e1s estricto de la palabra, <br \/>y se lo puede considerar como fundador del oficio prof\u00e9tico; iba de lugar en <br \/>lugar como maestro de Israel (10:10-13; cf 7:16, 17). Despu\u00e9s de \u00e9l y hasta el <br \/>fin del tiempo del AT, diversos hombres escogidos hablaron a la naci\u00f3n en <br \/>nombre de Dios, interpretando el pasado y el presente, exhortando a la <br \/>justicia, y siempre dirigiendo su vista al futuro glorioso que Dios les hab\u00eda <br \/>se\u00f1alado como pueblo. Samuel habr\u00eda fundado lo que se conoce como \u00ablas <br \/>escuelas de los profetas\u00bb. Los j\u00f3venes que recib\u00edan su educaci\u00f3n en estas <br \/>escuelas (19:20) eran conocidos como los \u00abhijos de los profetas\u00bb (2 R. 2:3-5). <br \/>La 1\u00aa de tales escuelas que se mencionan estuvo en Ram\u00e1 (1 S. 19:18, 20), la <br \/>sede de Samuel (7:17). Los hijos de los profetas no eran necesariamente <br \/>recipientes directos del don prof\u00e9tico, pero eran divinamente llamados, como <br \/>los ministros evang\u00e9licos de hoy, para instruir a la gente acerca de la <br \/>voluntad y los caminos de Dios. Las escuelas de los profetas fueron una <br \/>poderosa fuerza que limit\u00f3 el avance de la marea del mal, que tan a menudo <br \/>amenaz\u00f3 con sumergir al pueblo hebreo bajo una inundaci\u00f3n de idolatr\u00eda, <br \/>materialismo e injusticia, y proporcion\u00f3 una barrera contra la ola de <br \/>corrupci\u00f3n que avanzaba con mucha rapidez. Estas escuelas proveyeron el <br \/>adiestramiento mental y espiritual a j\u00f3venes seleccionados que ser\u00edan los <br \/>maestros y dirigentes de la naci\u00f3n. <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Samuel, en tiempos del reino unido de Jud\u00e1 e Israel, surgieron <br \/>hombres como Nat\u00e1n el profeta, Gad el vidente (1 Cr. 29:29) y Ah\u00edas (2 Cr. <br \/>9:29). Luego, bajo la monarqu\u00eda dividida, hubo muchos profetas. Algunos <br \/>(Oseas, Isa\u00edas, etc.) fueron autores de libros preservados en el canon sagrado; <br \/>otros (Nat\u00e1n, Gad, Sema\u00edas, lddo, etc.) tambi\u00e9n escribieron, pero no se <br \/>conservaron sus escritos. Algunos de los mayores profetas, como El\u00edas y <br \/>Eliseo, no escribieron sus discursos prof\u00e9ticos, y por lo tanto a veces se los <br \/>llama \u00abprofetas orales\u00bb. En el canon hebreo, las 4 grandes obras hist\u00f3ricas de <br \/>Josu\u00e9, Jueces, Samuel y Reyes reciben el nombre de Profetas Anteriores, porque <br \/>se sosten\u00eda que sus autores fueron profetas. Aunque de naturaleza mayormente <br \/>hist\u00f3rica, estos libros muestran el prop\u00f3sito de sus autores de conservar un <br \/>registro del trato de Dios con Israel como una lecci\u00f3n objetiva para su propia <br \/>generaci\u00f3n y las posteriores. Isa\u00edas, Jerem\u00edas, Ezequiel y \u00ablos Doce\u00bb -desde <br \/>Oseas hasta Malaqu\u00edas- son llamados Profetas Posteriores. 948 Bajo el reino <br \/>dividido, los profetas Oseas, Am\u00f3s y Jon\u00e1s trabajaron mayormente para Israel, <br \/>el reino del norte; el resto, especialmente para Jud\u00e1, el reino del sur, aunque <br \/>algunos de \u00e9stos tambi\u00e9n incluyeron al reino del norte en sus mensajes. <\/p>\n<p>Dicho sea de paso, cabe aclarar la frase \u00abProfetas Menores\u00bb (Oseas hasta <br \/>Malaqu\u00edas): se los llama as\u00ed s\u00f3lo porque sus libros son comparativamente breves <br \/>en relaci\u00f3n con los de los \u00abProfetas Mayores\u00bb (lsa\u00edas hasta Daniel). De ning\u00fan <br \/>modo implica que el ministerio de sus autores fuera de corta duraci\u00f3n o que sus <br \/>escritos fueran de menor importancia y\/o inspiraci\u00f3n. <\/p>\n<p>Los Profetas Posteriores se pueden dividir cronol\u00f3gicamente en 4 grupos: <\/p>\n<p>1. Profetas del s VIII a.C. <\/p>\n<p>Incluye a Jon\u00e1s, Am\u00f3s, Oseas, Miqueas e Isa\u00edas, aproximadamente en ese orden. <br \/>El s VIII fue testigo del surgimiento de Asiria, y antes de finalizar este <br \/>per\u00edodo la naci\u00f3n llev\u00f3 cautivas a las 10 tribus del reino del norte, con lo <br \/>que la naci\u00f3n desapareci\u00f3. En por lo menos 2 ocasiones tambi\u00e9n Jud\u00e1 estuvo a <br \/>punto de ser destruido por los asirios. El papel principal de los profetas del <br \/>s VIII habr\u00eda sido, primero, evitar, si era posible, la cautividad del reino <br \/>del norte llamando a su pueblo a volverse al servicio y a la adoraci\u00f3n del <br \/>verdadero Dios, pero tambi\u00e9n -particularmente en el caso de Isa\u00edas- sostener al <br \/>reino del sur durante este tiempo de gran crisis nacional. Con la muerte de <br \/>Isa\u00edas el don prof\u00e9tico parece haberse silenciado por medio siglo o algo m\u00e1s. <\/p>\n<p>2. Profetas del s VII a.C. <\/p>\n<p>Este siglo fue testigo del apogeo de Asiria, pero antes de terminar la centuria <br \/>hab\u00eda desaparecido del escenario de acci\u00f3n y el Imperio Caldeo o Neobabil\u00f3nico <br \/>hab\u00eda ocupado su lugar. Durante los a\u00f1os de decadencia de Asiria y de <br \/>surgimiento de los caldeos, Dios envi\u00f3 a varios profetas para llamar al pueblo <br \/>de Jud\u00e1 a una reforma completa que impidiera la inminente cautividad <br \/>babil\u00f3nica. Entre esos profetas estaban Nahum, Habacuc, Sofon\u00edas, Jerem\u00edas y, <br \/>tal vez, Joel. <\/p>\n<p>3. Profetas del periodo del cautiverio babil\u00f3nico. <\/p>\n<p>Estos fueron Jerem\u00edas, Ezequiel, Daniel y, quiz\u00e1s, Abd\u00edas. La meta principal <br \/>de los mensajes de este per\u00edodo fue ayudar a Jud\u00e1 a comprender el prop\u00f3sito que <br \/>Dios ten\u00eda al permitir el cautiverio, inspirar esperanza en una restauraci\u00f3n, y <br \/>elevar los ojos de los jud\u00edos a la gloriosa oportunidad que los esperaba al <br \/>regresar de la cautividad si eran fieles a Dios. Jerem\u00edas entreg\u00f3 sus mensajes <br \/>a los habitantes de Jerusal\u00e9n y Jud\u00e1 antes y durante el comienzo del <br \/>cautiverio, y Ezequiel ministr\u00f3 a los exiliados en Babilonia, Daniel fue <br \/>enviado a la corte de Nabucodonosor para comunicar la voluntad de Dios al gran <br \/>monarca y conseguir su cooperaci\u00f3n con el plan divino para el pueblo de Dios. <\/p>\n<p>4. Profetas postex\u00edlicos: <\/p>\n<p>Hageo, Zacar\u00edas y Malaqu\u00edas. Los 2 primeros animaron al pueblo a levantarse y <br \/>construir el templo; Zacar\u00edas recibi\u00f3 una serie de visiones apocal\u00edpticas que <br \/>describ\u00edan el glorioso futuro que aguardaba a Israel durante la era de la <br \/>restauraci\u00f3n si eran fieles a Dios (Zac. 6:15). Como un siglo despu\u00e9s de <br \/>Zacar\u00edas vino Malaqu\u00edas y, con \u00e9l, el fin del canon prof\u00e9tico del AT (1 Mac. <br \/>4:46; 9:27; 14:41). <\/p>\n<p>Aunque el libro de Daniel contiene algunos de los mensajes prof\u00e9ticos m\u00e1s <br \/>importantes que encontramos en las Escrituras, el pueblo hebreo no lo incluy\u00f3 <br \/>en la secci\u00f3n prof\u00e9tico del canon. En vista de que se incluyen obras <br \/>hist\u00f3ricas como Josu\u00e9, Jueces, Samuel y Reyes en la secci\u00f3n prof\u00e9tico, es <br \/>evidente que el contenido no fue el factor principal que determin\u00f3 su <br \/>clasificaci\u00f3n dentro de los escritos can\u00f3nicos. sino el oficio de su escritor. <br \/>As\u00ed, Daniel sirvi\u00f3 principalmente como hombre de estado en la corte de <br \/>Nabucodonosor, y aunque recibi\u00f3 algunas de las mayores visiones de todos los <br \/>tiempos, no fue considerado un profeta en el mismo sentido que Isa\u00edas, <br \/>Jerem\u00edas, Ezequiel, Oseas o los otros, cuyas vidas se dedicaron exclusivamente <br \/>al oficio prof\u00e9tico; no obstante, Cristo lo llam\u00f3 profeta (Mt. 24:15). V\u00e9ase <br \/>Canon (I). <\/p>\n<p>En el amanecer de los tiempos del NT, el don de profec\u00eda fue reactivado con las <br \/>declaraciones inspiradas de Elisabet (Lc. 1:41-45), y de Sime\u00f3n y Ana <br \/>(2:25-38). Unos pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde vino Juan el Bautista en el papel de <br \/>El\u00edas (Lc. 1:17). Cristo declar\u00f3 que Juan fue profeta \u00aby m\u00e1s que profeta\u00bb (Mt. <br \/>11:9, 10). Pablo estim\u00f3 el don prof\u00e9tico como una de las gracias del Esp\u00edritu <br \/>(1 Co. 12:10), y declar\u00f3 que era uno de los mayores dones (14:1, 5). Como en <br \/>los tiempos del AT, el don prof\u00e9tico no necesariamente implicaba la predicci\u00f3n <br \/>de acontecimientos futuros, aunque este aspecto de la profec\u00eda pudiera estar <br \/>incluido, sino que consisti\u00f3 mayormente en la exhortaci\u00f3n y la edificaci\u00f3n (vs <br \/>3, 4). <\/p>\n<p>El llamado al oficio prof\u00e9tico y la d\u00e1diva consiguiente del don prof\u00e9tico eran <br \/>actos de Dios, como en el caso de Isa\u00edas (Is. 6:8, 9), Jerem\u00edas (Jer. 1:5), <br \/>Ezequiel (Ez. 2:3-5) y Am\u00f3s (Am. 7:15). Mois\u00e9s lo recibi\u00f3 desde la zarza <br \/>ardiente (Ex. 3:1-4:17). El llamado de Eliseo al oficio prof\u00e9tico fue <br \/>anunciado por 949 <\/p>\n<p>CRONOLOG\u00cdA DE LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO <\/p>\n<p>950 El\u00edas (1 R. 19:19, 20; cf 2 R. 2:13, 14). Al llamado prof\u00e9tico le <br \/>acompa\u00f1aba una entrega de capacidades especiales para que el profeta pudiera <br \/>hablar en nombre de Dios. Lo constitu\u00eda en un \u00abatalaya\u00bb o \u00abguardi\u00e1n\u00bb sobre la <br \/>casa de Israel (Ez. 33:7), y lo hac\u00eda estrictamente responsable ante Dios por <br \/>la entrega fiel de los mensajes que deb\u00eda darles (vs 3, 6). Habiendo aceptado <br \/>el llamado prof\u00e9tico, no pod\u00eda abandonarlo a voluntad, como Jerem\u00edas una vez <br \/>pens\u00f3 hacerlo (Jer. 20:7-9; cf 1 R. 19:9; Jn. 1:6-8, 23; 3:2). A veces Dios se <br \/>dirig\u00eda al profeta en forma audible (Nm. 7:89; 1 S. 3:4), aunque m\u00e1s <br \/>frecuentemente en sue\u00f1os y visiones (Nm. 12:6; Ez. 1:1; Dn. 8:2; Mt. 1:19,20). <br \/>Un verdadero profeta ense\u00f1aba por el Esp\u00edritu de Dios (1 R. 22:24; 2 Cr. 15: 1; <br \/>24:20; Neh. 9:30; Ez. 11:5; Jl. 2:28; Mi. 3:8; Zac. 7:12; 1 P. 1:10, 11) y <br \/>hablaba movido por el Esp\u00edritu de Dios (2 P. 1:20, 21). El mensaje que <br \/>entregaba no era propio, sino de Dios (Ez. 2:7; 3:4, 10, 11; cf Nm. 22:38; 1 R. <br \/>22:14). En ciertos casos, como en el de Nat\u00e1n (2 S. 7:3) y de Samuel (1 S. <br \/>16:6, 7), el juicio humano del profeta era modificado por Dios. Por un tiempo <br \/>Ezequiel estuvo mudo, excepto cuando entregaba un mensaje de Dios (Ez. 1:2, 3; <br \/>3:26, 27; 33:21, 22). Esta experiencia singular fue una se\u00f1al para los <br \/>oyentes: cada vez que hablaba lo hac\u00eda por orden de Dios. En principio, algo <br \/>similar suced\u00eda con los dem\u00e1s profetas, porque ninguna profec\u00eda de las <br \/>Escrituras \u00abfue tra\u00edda por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios <br \/>hablaron siendo inspirados por el Esp\u00edritu Santo\u00bb (2 P. 1:21). Por ello, <br \/>haremos \u00abbien en estar atentos\u00bb a sus mensajes \u00abcomo a una antorcha que alumbra <br \/>en lugar oscuro, hasta que el d\u00eda esclarezca y el lucero de la ma\u00f1ana salga\u00bb en <br \/>nuestros corazones (1:19). <\/p>\n<p>En algunos casos, los profetas vieron la necesidad de buscar e inquirir <br \/>diligentemente el significado de las palabras que hablaban (1 P. 1:10, 11). <br \/>Por ejemplo, se dice espec\u00edficamente que Daniel no comprendi\u00f3 algunas porciones <br \/>del mensaje que le fue confiado (Dn. 8:27; 12:8, 9). Por otra parte, los <br \/>profetas entend\u00edan claramente que hablaban en nombre de Dios, y as\u00ed <br \/>corrientemente introduc\u00edan sus mensajes con expresiones como: \u00abJehov\u00e1 dijo as\u00ed\u00bb <br \/>(Is. 66:1), \u00abPalabra que vino de Jehov\u00e1 a Jerem\u00edas\u00bb (Jer. 11:1), \u00abVisi\u00f3n de <br \/>Isa\u00edas hijo de Amoz\u00bb (Is. 1:1), \u00abMir\u00e9, y he aqu\u00ed\u00bb (Ez. 10:1; Ap. 4:1), \u00abY vi\u00bb <br \/>(5:1). Dios confirmaba la autoridad de los hombres que \u00e9l llam\u00f3 al cargo <br \/>prof\u00e9tico con el mensaje que entregaban (1 S. 3:19-21), con se\u00f1ales <br \/>sobrenaturales (2 R. 2:13-15), con el cumplimiento de sus predicciones (Dt. <br \/>18:22; Jer. 28:9) y con la conformidad de sus ense\u00f1anzas con la voluntad de <br \/>Dios ya revelada (Dt. 13:1-3; Is. 8:20). Aunque estaban sujetos \u00aba pasiones <br \/>semejantes a las\u00bb de otros seres humanos, sus vidas reflejaban los elevados <br \/>principios de lo que testificaban (cf Stg. 5:17). A menudo se levantaban <br \/>falsos profetas, como en los d\u00edas de Acab (1 R. 22:6; cf v 22), Jerem\u00edas (Jer. <br \/>27:14, 15; 28:1, 2, 5-9, 15-17), Ezequiel (Ez. 13:16, 17) y Miqueas (Mi. 3:11), <br \/>pero pod\u00edan ser descubiertos por sus motivos mercenarios (3:11), por su <br \/>disposici\u00f3n a decir lo que el pueblo deseaba escuchar (Is. 30:10; Mi. 2:11), <br \/>porque lo que anunciaban no se cumpl\u00eda (Dt. 18:22), por las discrepancias entre <br \/>sus mensajes y los de quienes hab\u00edan sido probados como profetas (Dt. 13:2, 3-1 <br \/>Is. 8:20; Jer. 27:12-16), por apelar a los deseos de los imp\u00edos (1 R. 22:6-8) y <br \/>por sus propias vidas no consagradas (Mt. 7:15-20). <\/p>\n<p>Del mismo modo que un profeta es un vocero o mensajero de Dios, la profec\u00eda es <br \/>todo mensaje presentado de parte de Dios por orden de \u00e9l: revelaci\u00f3n especial <br \/>de la voluntad y del pensamiento divinos, destinada a capacitar al hombre para <br \/>cooperar con los prop\u00f3sitos infinitos de Dios, que consiste esencialmente en <br \/>consejos, orientaciones, reprensiones y advertencias. Como \u00abno har\u00e1 nada <br \/>Jehov\u00e1 el Se\u00f1or, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas\u00bb (Am. <br \/>3:7), \u00e9l espera que los que lean lo que los profetas escribieron le presten la <br \/>m\u00e1s cuidadosa atenci\u00f3n. Al hacerlo podr\u00e1n estar seguros de ser \u00abprosperados\u00bb <br \/>(2 Cr. 20:20). Los que no prestan atenci\u00f3n a las palabras de un profeta como <br \/>mensajero o guardi\u00e1n enviado por Dios son personalmente responsables ante el <br \/>Se\u00f1or (Ez. 3:17-21; 33:1-9). Israel, por lo general, rechaz\u00f3 las emocionantes <br \/>apelaciones de los profetas (Lc. 11:47, 48), as\u00ed como Dios lo hab\u00eda advertido a <br \/>Isa\u00edas (Is. 6:9-11) y a Jerem\u00edas (Jer. 1:8, 17, 19). Esto trajo la ruina sobre <br \/>Israel, lo condujo a su rechazo del Mes\u00edas y, as\u00ed, a ser descartado como naci\u00f3n <br \/>escogida. <\/p>\n<p>Muchas de las profec\u00edas del AT est\u00e1n escritas en poes\u00eda hebrea. La calidad y <br \/>la forma literarias reflejan el caracter, la educaci\u00f3n y el estado emocional <br \/>del profeta. La personalidad de Jerem\u00edas* est\u00e1 grabada v\u00edvidamente en el <br \/>registro de su misi\u00f3n prof\u00e9tica, hasta el punto en que un lector cuidadoso casi <br \/>puede sentir que lo conoce personalmente. Algunas obras, como las de Is., Jl. <br \/>y Hab. son de una belleza literaria superior y reflejan un desarrollo l\u00f3gico <br \/>del pensamiento. Pasajes como los de Is. 9:1-7; 40:1-8; 52:7-53:12; 55; 61:1-3 <br \/>y Jl. 951 2:1-14 no han sido superados en im\u00e1genes gr\u00e1ficas, ret\u00f3rica <br \/>equilibrada y lenguaje pintoresco. En algunas obras, como la de Jer., los <br \/>hechos hist\u00f3ricos constituyen el molde en el que se presentaron los mensajes <br \/>prof\u00e9ticos. Otras parecen ser colecciones de sermones. Algunos profetas, como <br \/>Oseas, reflejan hondas emociones y, como resultado, no se prestan f\u00e1cilmente a <br \/>un an\u00e1lisis literario l\u00f3gico. La profec\u00eda de Hab. tambi\u00e9n manifiesta un <br \/>profundo sentir humano al describir el profeta su propia lucha para comprender <br \/>la voluntad revelada de Dios y su reconciliaci\u00f3n con ella. <\/p>\n<p>Los profetas se ocuparon del trato de Dios con Israel en lo pasado (Ez. 16; 20; <br \/>etc.), y dejaron lecciones importantes para la generaci\u00f3n actual; como tambi\u00e9n <br \/>de los acontecimientos hist\u00f3ricos contempor\u00e1neos, se\u00f1alando los prop\u00f3sitos <br \/>divinos y la realizaci\u00f3n de su voluntad entre las naciones (Is. 36-39; la <br \/>mayor parte de Jer.; muchos pasajes de Ez.; Dn. 1-6; Hag.; etc.). A menudo, y <br \/>extensamente, denunciaron los pecados de Israel (Is. 1:2-15; 3:12-15; 9:13; <br \/>10:2; Jer. 2:5-35; Ez. 8:5-16; Os. 5; Am. 8:1-6; Mal.). Destacaron <br \/>continuamente la responsabilidad personal de los que escuchaban sus mensajes de <br \/>actuar en armon\u00eda con ellos (Ez. 3:17-21; cf 18:25-32; 33:7-16: etc.). A <br \/>menudo instaron a realizar actos espec\u00edficos (Is. 1:16-20; Jer. 27:1-18; <br \/>29:5-13; 38:14-23; 42:1-18; JI. 2:12, 13; Am. 5:4-15; Hag. 1:7, 8; Mal. <br \/>3:10-12; etc.). Fielmente se\u00f1alaron las consecuencias del mal hacer (Is. <br \/>2:10-21; 7:17-25; 24; Jer. 4; 18:9, 10; 23:9-40; 24; Ez. 4; 5; 9; Dn. 9:3-14; <br \/>Os. 5; JI. 1; Am. 7-9; Sof.; etc.) y del bien hacer (Is. 1:18-20; 38; Jer. <br \/>7:2-7; 17:20-26; 18:7, 8, Os. 14; JI. 2:12-32; etc.). Con frecuencia, mediante <br \/>los profetas Dios elev\u00f3 los ojos de su pueblo al glorioso futuro que los <br \/>esperaba como naci\u00f3n si cooperaban cabalmente con sus prop\u00f3sitos para ellos <br \/>(Is. 40-66; Jer. 33; Ez. 36-48; Mi. 4; Zac.; etc.). La culminaci\u00f3n de sus <br \/>mensajes siempre era la venida del Mes\u00edas y el establecimiento de su reino (Is. <br \/>9:1-7; 11:1-12; 12; 25; 52-66; Dn. 2:44; 7:18, 27; JI. 3:9-21; Mi. 4:1-5:15; <br \/>etc.). <\/p>\n<p>II. La interpretaci\u00f3n de las profec\u00edas. <\/p>\n<p>PROFEC\u00cdAS DE LOS 2.300 D\u00cdAS-A\u00d1OS <\/p>\n<p>Las profec\u00edas del AT no siempre distinguen claramente entre lo que conocemos <br \/>hoy como la 1\u00aa y 2\u00aa venidas de Cristo, sino que a Menudo tratan estos 2 grandes <br \/>eventos como uno solo, o uno de ellos sigue inmediatamente al otro. La mayor\u00eda <br \/>de los mensajes prof\u00e9ticos se expresan 952 en un lenguaje literal directo, pero <br \/>otros son altamente figurados o simb\u00f3licos (Dn. 2; 7; 8; Zac. 1-6; Ap. 6-19; <br \/>etc.). El elemento predictivo en la profec\u00eda ten\u00eda la intenci\u00f3n de ofrecer un <br \/>panorama de las cosas del tiempo a la luz de la eternidad, de alertar a la <br \/>iglesia para que act\u00fae apropiadamente en momentos oportunos, de facilitar la <br \/>preparaci\u00f3n personal para la crisis final, de vindicar a Dios y dejar al hombre <br \/>sin excusa en el d\u00eda del juicio, y de certificar la validez de la profec\u00eda como <br \/>un todo. Los muchos ejemplos de profec\u00edas cumplidas -ya sea que los sucesos <br \/>ocurrieran en forma inmediata o en \u00e9pocas posteriores, registrados en la Biblia <br \/>o en la historia- sirven para afirmar la fe en la inspirada Palabra (v\u00e9anse los <br \/>cuadros de las pp 951 y 953). Dios llama la atenci\u00f3n a su poder singular de <br \/>declarar \u00ablo por venir desde el principio\u00bb (Is. 46:9, 10), y Jes\u00fas dijo: \u00abY <br \/>ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, cre\u00e1is\u00bb (Jn. <br \/>14:29). <\/p>\n<p>A veces -por el lenguaje altamente figurado o simb\u00f3lico, o por la dificultad de <br \/>relacionar los mensajes con su contexto hist\u00f3rico, o por la operaci\u00f3n de <br \/>factores condicionales en la predicci\u00f3n de eventos todav\u00eda futuros (Jer. 18:7, <br \/>10), o por la transici\u00f3n del Israel hist\u00f3rico literal a la iglesia cristiana-, <br \/>los libros prof\u00e9ticos se prestan m\u00e1s f\u00e1cilmente para ser mal interpretados que <br \/>las secciones hist\u00f3ricas, po\u00e9ticas o doctrinales de las Escrituras. Por eso, <br \/>el \u00fanico procedimiento seguro para la comprensi\u00f3n y aplicaci\u00f3n de los mensajes <br \/>prof\u00e9ticos es un estudio sistem\u00e1tico de la profec\u00eda como un todo, y una <br \/>familiarizaci\u00f3n completa con ella. Sobre la base de tal estudio es posible <br \/>llegar a s\u00f3lidos principios de interpretaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Primero es necesario determinar con precisi\u00f3n qu\u00e9 escribieron los profetas bajo <br \/>la conducci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, y qu\u00e9 quisieron decir con lo que escribieron. <br \/> Tambi\u00e9n se necesita un estudio preciso de las palabras y las relaciones <br \/>gramaticales del pasaje que se considera. A veces se puede resolver la <br \/>incertidumbre acerca de su significado s\u00f3lo por una referencia al lenguaje en <br \/>que se escribi\u00f3 originalmente. Cada frase debe ser comprendida en relaci\u00f3n con <br \/>su contexto mayor. En ninguna circunstancia es seguro considerar un pasaje sin <br \/>referencia a su contexto literario o hist\u00f3rico; cada mensaje prof\u00e9tico ten\u00eda un <br \/>significado para la gente a la que estaba destinado. Una de las primeras <br \/>tareas del investigador, y de las m\u00e1s importantes, es la determinaci\u00f3n de ese <br \/>significado. S\u00f3lo entonces es posible llegar a una aplicaci\u00f3n v\u00e1lida de las <br \/>profec\u00edas para nuestros d\u00edas. La Biblia debe ser su propio int\u00e9rprete; es <br \/>decir, los pasajes b\u00edblicos deben ser comparados con otros pasajes b\u00edblicos que <br \/>tratan del mismo tema. <\/p>\n<p>Hablando en general, las promesas y predicciones dadas por medio de los <br \/>profetas del AT al Israel literal estaban sujetas a la obediencia y lealtad; <br \/>eran condicionales. Sin embargo, el pueblo rechaz\u00f3 el plan de Dios para ellos <br \/>como naci\u00f3n, y lo que Dios quiso cumplir mediante el Israel de la antig\u00fcedad <br \/>finalmente lo realizar\u00e1 por medio de sus hijos espirituales. (Por eso, muchas <br \/>de las promesas de Dios originalmente hechas al antiguo Israel se cumplir\u00e1n, en <br \/>principio, en la iglesia cristiana.) Los planes y prop\u00f3sitos divinos <br \/>indefectiblemente se llevar\u00e1n a cabo (Is. 46:10), aunque para satisfacer las <br \/>nuevas condiciones se cambien los medios y los agentes con los cuales se <br \/>realicen. Cuando una persona o una naci\u00f3n reh\u00fasa cooperar con el expreso <br \/>prop\u00f3sito de Dios, renuncia a su papel en el plan divino y es descartada (Jer. <br \/>18:6-10; cf Dn. 5:25-28). Cuando los jud\u00edos rechazaron a Jes\u00fas, en ocasi\u00f3n de <br \/>la crucifixi\u00f3n, Dios les quit\u00f3 el reino* y lo dio a \u00abgente que produzca los <br \/>frutos\u00bb del reino (Mt. 21:41-44; 23:36-38). La iglesia cristiana, como la <br \/>\u00abgente\u00bb de quien habl\u00f3 Jes\u00fas, reemplaz\u00f3 a Israel en el plan de Dios (1 P. 2:9, <br \/>10). Los escritos de los profetas del AT est\u00e1n plenos de significado para los <br \/>creyentes cristianos (Lc. 24:25-27, 44; Ro. 15:4; 2 Ti. 3:16, 17; cf 1 Co. 10: <br \/>1-12), pero en vista de que la iglesia de Cristo no es un grupo racial ni <br \/>pol\u00edtico que viva en la tierra literal de Cana\u00e1n, rodeada por enemigos <br \/>literales, como los asirios, los babilonios y los egipcios, muchos detalles de <br \/>las profec\u00edas del AT no son aplicables literalmente a los tiempos cristianos. <br \/>Adem\u00e1s, muchas de ellas tratan exclusivamente de situaciones espec\u00edficas de un <br \/>pasado remoto. <\/p>\n<p>De la lectura de los profetas del AT un creyente puede lograr 2 beneficios: 1. <br \/>Aprovechar la instrucci\u00f3n que Dios dio a su pueblo en lo pasado al aplicarla a <br \/>s\u00ed mismo y observar los resultados de aceptar o rechazar esos principios. 2. <br \/>Determinar qu\u00e9 predicciones, no cumplidas en el Israel literal, quedan para el <br \/>pueblo de Dios de la actualidad. Sin embargo, se debe tener mucho cuidado en <br \/>hacer aplicaciones injustificadas. Hay que determinar hasta qu\u00e9 punto esa <br \/>profec\u00eda es de naturaleza condicional, cu\u00e1ntas de esas condiciones se <br \/>cumplieron y, finalmente, si la inspiraci\u00f3n ha indicado que tendr\u00e1 una <br \/>aplicaci\u00f3n posterior. En particular, se debe estudiar c\u00f3mo la transici\u00f3n del <br \/>Israel literal a la iglesia cristiana puede 953 afectar el cumplimiento de esa <br \/>predicci\u00f3n. S\u00f3lo cuando un escritor inspirado posterior aplica una profec\u00eda a <br \/>los tiempos cristianos puede hacerse con certeza una nueva aplicaci\u00f3n de ella. <\/p>\n<p>El registro del trato de Dios con su pueblo en lo pasado se ha conservado para <br \/>beneficio de las generaciones posteriores, hasta el fin del tiempo. Bajo la <br \/>conducci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, los mensajes originalmente proclamados por los <br \/>santos hombres de Dios de la antig\u00fcedad al pueblo de sus d\u00edas pueden llegar a <br \/>ser un medio eficaz de descubrir la voluntad divina para su iglesia actual. <br \/>Mediante los profetas ancestrales es nuestro privilegio escuchar la voz de Dios <br \/>hablando con claridad en nuestros d\u00edas. En las afirmaciones inspiradas el <br \/>sincero buscador de la verdad encontrar\u00e1 mensajes de inspiraci\u00f3n, consuelo y <br \/>orientaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Acerca de los principios b\u00e1sicos de interpretaci\u00f3n se puede ver CBA <br \/>1:1030-1033; 4:27-40, 685; y el \u00edndice general del t. 7 bajo \u00abBiblia, <br \/>interpretaci\u00f3n\u00bb e \u00abInterpretaci\u00f3n prof\u00e9tica\u00bb. Para los principios de <br \/>interpretaci\u00f3n de las profec\u00edas simb\u00f3licas, v\u00e9ase CBA 4:606, 607. Para la <br \/>interpretaci\u00f3n y el cumplimiento espec\u00edficos de profec\u00edas simb\u00f3licas b\u00e1sicas <br \/>que no se pueden estudiar adecuadamente aqu\u00ed para no exceder el panorama que se <br \/>ofrece en este Diccionario, v\u00e9ase el CBA en los lugares donde se comentan los <br \/>pasajes b\u00edblicos respectivos. Para el \u00abprofeta\u00bb de Tit. 1:12, v\u00e9ase Poeta. <\/p>\n<p>PROFEC\u00cdA DE LAS SETENTA SEMANAS DETERMINADAS PARA ISRAEL <\/p>\n<p><b><a href='http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/profeta\/'>Diccionario Enciclop\u00e9dico de Biblia y Teolog\u00eda: PROFETA<\/a><\/b><\/p>\n<h2>\n<p align=\"justify\"><strong>PROFETA seg\u00fan la Biblia: Aquel a quien Dios reviste de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya.<\/strong><\/p>\n<\/h2>\n<p align=\"justify\">Aquel a quien Dios reviste de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya.<\/p>\n<p> (a) Instituci\u00f3n del profetismo:<br \/> Dios prometi\u00f3 que \u00c9l suscitar\u00eda de entre el pueblo elegido a hombres inspirados, capaces de decir con autoridad la totalidad de lo que \u00c9l les ordenar\u00eda exponer (Dt. 18:18, 19). <\/p>\n<p> Mois\u00e9s es el modelo de todos los profetas que lo siguieron, en cuanto a la unci\u00f3n, doctrina, actitud en cuanto a la Ley y la ense\u00f1anza. Sobre varios puntos hay unas analog\u00edas notables entre Mois\u00e9s y Cristo (v. 18; Hch. 3:22, 23). <\/p>\n<p> Zacar\u00edas habla asimismo de esta autoridad caracter\u00edstica: el Esp\u00edritu de Dios ha inspirado a los profetas aquello que deb\u00edan decir al pueblo; los acontecimientos preanunciados han sido cumplidos (Zac. 1:6; 7:12; Neh. 9:30). <\/p>\n<p> Es Dios s\u00f3lo quien ha elegido, preparado y llamado a los profetas; la vocaci\u00f3n de ellos no es hereditaria, sino que con frecuencia encuentra al principio una resistencia interna (\u00c9x. 3:1-4:17; 1 S. 3:1-20; Jer. 1:4-10; Ez. 1:1-3:15).<\/p>\n<p> La Palabra del Se\u00f1or, transmitida a los profetas de diversas maneras, queda confirmada mediante se\u00f1ales, por el cumplimiento de las predicciones, y por la conformidad con las ense\u00f1anzas de la Ley. <\/p>\n<p> Dios pedir\u00e1 cuentas al hombre por su obediencia o desobediencia con respecto a la Palabra transmitida por Sus siervos (Dt. 18:18-19, cfr. v. 20 y Dt. 13:1-5).<\/p>\n<p> (b) Falsos profetas.<br \/> Adem\u00e1s de los que hablan en nombre de un dios falso (Dt. 18:20; 1 R. 18:19; Jer. 2:8; 23:13), hay los que mienten invocando el nombre de Jehov\u00e1 (Jer. 23:16-32). Estos \u00faltimos son de dos clases:<\/p>\n<p> (A) Impostores, conscientes de su enga\u00f1o; seducidos por su deseo de ser objeto de la consideraci\u00f3n dada a los verdaderos profetas, son populares a causa de sus palabras suaves (1 R. 22:5-28; Ez. 13:17, 19; Mi. 3:11; Zac. 13:4).<\/p>\n<p> (B) Personas sinceras e incluso piadosas, fund\u00e1ndose en ocasiones incluso sobre la Ley, pero persuadi\u00e9ndose a s\u00ed mismas de haber sido llamadas por Dios al ministerio prof\u00e9tico, cuando no es as\u00ed. A pesar de su sinceridad, \u00e9stos son falsos gu\u00edas.<\/p>\n<p> (c) Caracter\u00edsticas del profeta aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p> (A) Las se\u00f1ales (\u00c9x. 4:8; Is. 7:11, 14); pero las se\u00f1ales no son por s\u00ed mismas suficientes; algunas de ellas podr\u00edan ser de origen fortuito, e incluso enga\u00f1osas (Dt. 13:1, 2; cfr. \u00c9x. 7:11, 22; 2 Ts. 2:9).<\/p>\n<p> (B) El cumplimiento de las predicciones (Dt. 18:21, 22). El valor de este medio de comprobaci\u00f3n aumenta cuando los acontecimientos vienen a demostrar, sobre un plano hist\u00f3rico, las profec\u00edas proclamadas mucho tiempo antes.<\/p>\n<p> (C) El mensaje espiritual (Dt. 13:1-5; Is. 8:20). Si la doctrina del pretendido profeta se desv\u00eda del Dec\u00e1logo, el que la profesa no es, evidentemente, un hombre de Dios. <\/p>\n<p> La ense\u00f1anza del verdadero profeta tiene que ser acorde con la de la Ley, tanto en lo que respecta a Dios como al culto y a las demandas de la moral. <\/p>\n<p> No se trata de que deba dar meras imitaciones del texto sagrado. Basados en los mandamientos divinos, los profetas ense\u00f1an c\u00f3mo se exponen en la vida cotidiana y revelan la voluntad y la mente de Dios. <\/p>\n<p> Por su integridad, valor moral y calidad de sus ense\u00f1anzas, los profetas israelitas aut\u00e9nticos sobrepasan con creces a los sabios de las otras naciones.<\/p>\n<p> La profec\u00eda incluye la predicci\u00f3n de acontecimientos (Is. 5:11-13; 38:5, 6; 39:6, 7; Jer. 20:5, 6; 25:11; 28:16; Am. .1:5; 7:9, 17; Mi. 4:10). <\/p>\n<p> La predicci\u00f3n constituye un aspecto importante del ministerio del profeta, y contribuye a acreditarlo, pero el hombre de Dios se ocupa a\u00fan m\u00e1s intensamente del presente y del pasado, para procurar convertir al pueblo a Dios (Is. 41:26; 42:9; 46:9).<\/p>\n<p> (d) Etimolog\u00eda del t\u00e9rmino \u00abprofeta\u00bb.<br \/> En gr. el profeta es:<\/p>\n<p> (A) El que habla en lugar de otro: int\u00e9rprete, heraldo.<\/p>\n<p> (B) Aquel que declara los acontecimientos futuros.<br \/> Esta doble acepci\u00f3n deriva del hecho de que la preposici\u00f3n \u00abpro\u00bb significa \u00aben lugar de\u00bb y \u00abantes\u00bb. <\/p>\n<p> El t\u00e9rmino heb. \u00abnabi&#8217;\u00bb, traducido \u00abprofeta\u00bb, significa \u00abaquel que anuncia\u00bb. Esta expresi\u00f3n parece haber tenido al principio un sentido muy amplio. <\/p>\n<p> El participio activo se emplea en otra lengua sem\u00edtica, el asirio, para designar a un heraldo. Los textos hebreos dan a Abraham el t\u00edtulo de profeta (Gn. 20:7). <\/p>\n<p> Dios se comunica directamente con \u00e9l, se revela a \u00e9l (Gn. 15:1-18; 18:17). Abraham transmite a sus descendientes el conocimiento del verdadero Dios (Gn. 18:19), y su intercesi\u00f3n es eficaz (vv. 22-32). <\/p>\n<p> Miriam es llamada profetisa (\u00c9x. 15:20; Nm. 12:2, 6); Aar\u00f3n, el portavoz de Mois\u00e9s, recibe el nombre de su \u00abprofeta\u00bb (\u00c9x. 7:1; cfr. 4:16). <\/p>\n<p> La idea fundamental del t\u00e9rmino \u00abnabi&#8217;\u00bb, \u00abprofeta\u00bb (que, p. ej., figura en Dt. 18:18) es que Dios reviste a este heraldo de unos dones particulares, entre otros el de ser vidente (1 S. 3:1). <\/p>\n<p> \u00c9sta es la raz\u00f3n de que el profeta reciba en ocasiones este nombre de vidente (1 S. 9:9, heb. \u00abro&#8217;eh\u00bb; Is. 3:10, heb. \u00abh\u00f5zeh\u00bb). <\/p>\n<p> Como el pueblo consideraba que esta cualidad era la m\u00e1s importante, el t\u00e9rmino \u00abvidente\u00bb fue el usado corrientemente para designar al profeta durante largos per\u00edodos de la historia antigua de Israel. <\/p>\n<p> Samuel, Gad e Iddo recib\u00edan este t\u00edtulo. Pero Samuel es m\u00e1s que el vidente al que uno se dirige para conocer la voluntad de Dios, o para recibir instrucciones acerca de los temas p\u00fablicos o privados. <\/p>\n<p> Es el maestro enviado por Dios para instruir al pueblo, que reconoce en este ministerio p\u00fablico la caracter\u00edstica esencial del profetismo (1 S. 10:10-13; 19:20). <\/p>\n<p> La ense\u00f1anza viene a ser la funci\u00f3n primaria del profeta, como en los tiempos de Mois\u00e9s. A partir de Samuel y de sus sucesores inmediatos (y algunos siglos m\u00e1s tarde con una presencia con renovado vigor) el profeta estar\u00e1 siempre presente en el seno de la naci\u00f3n. <\/p>\n<p> Embajador de Dios ante el reino de Israel, no deja de ordenar que se practique la justicia. Interpretando la historia a la luz de la moral, el profeta advierte de los juicios de Dios sobre el pecado, y alienta al pueblo a la fidelidad hacia el Se\u00f1or. <\/p>\n<p> El profeta est\u00e1 encargado de revelar los designios divinos (como Nat\u00e1n, que impide a David edificar el Templo, pero que profetiza la perennidad de su dinast\u00eda); ello no obstante, este anuncio de lo por venir dista de ocupar el lugar central dentro de su ministerio.<\/p>\n<p> Los grandes sucesores de Samuel ya no son llamados \u00abvidentes\u00bb, sino \u00abprofetas\u00bb. Sin eliminar del vocabulario el t\u00edtulo de vidente, se emplea de nuevo el de profeta, que no hab\u00eda desaparecido nunca del todo (Jue. 4:4; 1 S. 3:20; 9:9; 10:10-13; 19:20). <\/p>\n<p> Am\u00f3s, que tuvo visiones, es llamado \u00abvidente\u00bb por el sacerdote de Bet-el (1 S. 7:12); pero Dios lo llama a un ministerio prof\u00e9tico completo (1 S. 7:15). <\/p>\n<p> Del profeta revestido del poder del Alt\u00edsimo se dice que es \u00abel var\u00f3n de esp\u00edritu\u00bb (Os. 9:7), el inspirado. Como sucede con otros hombres que cumplen un ministerio p\u00fablico o privado, es el hombre de Dios, su instrumento, su mensajero; es un pastor del reba\u00f1o, un centinela, un int\u00e9rprete de los pensamientos divinos. <\/p>\n<p> Aunque todos los profetas hayan surgido de Israel, Dios, para el cumplimiento de Sus prop\u00f3sitos soberanos, ha concedido en ocasiones un sue\u00f1o o una visi\u00f3n a un filisteo, a un egipcio, a un madianita, a un babilonio o a un romano (Gn. 20:6; 41:4; Jue. 7:13; Dn. 2:1; Mt. 27:19). <\/p>\n<p> El Se\u00f1or se sirvi\u00f3 incluso de Balaam, el adivino, a quien el rey de Moab le hab\u00eda pedido que maldijera a Israel (Nm. 22-24). Estos paganos entraron moment\u00e1neamente en contacto con el plan de Dios. <\/p>\n<p> Para asegurar su realizaci\u00f3n, el Se\u00f1or les otorg\u00f3 un atisbo de revelaci\u00f3n, pero nunca los incluy\u00f3 entre Sus profetas. La aparici\u00f3n del \u00e1ngel a Agar, a Manoa y a su esposa, y a otros, no les confiri\u00f3 este ministerio, reservado a hombres sometidos a la disciplina del Esp\u00edritu, y en comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p> El Esp\u00edritu del Se\u00f1or ense\u00f1aba a los profetas (1 R. 22:24; 2 Cr. 15:1; 24:20; Neh. 9:30; Ez. 11:5; Jl. 2:28; Mi. 3:8; Zac. 7:12; Mt. 22:43; 1 P. 1:10-11). La acci\u00f3n divina no est\u00e1 en conflicto con la psicolog\u00eda humana. <\/p>\n<p> En ocasiones Dios se serv\u00eda de una voz audible o de un \u00e1ngel (Nm. 7:89; 1 S. 3:4; Dn. 9:21); pero por lo general daba Sus instrucciones mediante sue\u00f1os, visiones y sugestiones que los profetas reconoc\u00edan como de origen divino, externo a ellos mismos. <\/p>\n<p> Estos hombres no estaban continuamente bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu, sino que esperaban la revelaci\u00f3n del Se\u00f1or (Lv. 24:12). Su mente no puede identificarse con la de Dios (1 S. 16:6, 7). <\/p>\n<p> Nat\u00e1n mismo estuvo de acuerdo con David en sus deseos de construir el Templo; pero tuvo que decirle despu\u00e9s que Dios se opon\u00eda a este proyecto (2 S. 7:3). Los profetas s\u00f3lo reciben las revelaciones en el momento elegido por el Se\u00f1or.<\/p>\n<p> Desde la \u00e9poca de Samuel, Dios fue dando profetas a Israel de una manera regular: varios de ellos son an\u00f3nimos (1 R. 18:4; 2 R. 2:7-16). <\/p>\n<p> Este ministerio parece que no ces\u00f3 hasta la \u00e9poca de Malaqu\u00edas. Al acercarse el tiempo de la primera venida de Cristo, se dej\u00f3 o\u00edr de nuevo la Palabra prof\u00e9tica (Lc. 1:67; 2:26-38). <\/p>\n<p> Hab\u00eda profetas en la Iglesia en la \u00e9poca de Pablo (1 Co. 12:28). En contraste con los ap\u00f3stoles y ancianos, no constituyen un grupo definido. <\/p>\n<p> Hombres y mujeres (Hch. 21:9) comunicaban lo que Dios les hab\u00eda revelado por el Esp\u00edritu, anunciando ocasionalmente lo que hab\u00eda de suceder (Hch. 11:27-28; 21:10-11); especialmente, exhortaban y edificaban a la Iglesia (1 Co. 14:3, 4, 24). <\/p>\n<p> Pablo aplica ir\u00f3nicamente el calificativo de profeta a un autor pagano que describi\u00f3 de manera magistral y ver\u00eddica el inmoral car\u00e1cter de los cretenses (Tit. 1:12).<\/p>\n<p> (e) Llamamiento.<br \/> Es el mismo Dios el que llama al profeta (Am. 7:15), el cual conoce el momento preciso de esta revelaci\u00f3n. Mois\u00e9s estaba ante una zarza ardiendo cuando le vino el llamamiento (\u00c9x. 3:1-4:17). <\/p>\n<p> El ni\u00f1o Samuel recibi\u00f3 revelaciones particulares (1 S. 3:1-15) que lo prepararon para la carrera prof\u00e9tica (1 S. 3:19-4:1). <\/p>\n<p> Eliseo sab\u00eda de cu\u00e1ndo databa su llamamiento, y no ignoraba que hab\u00eda recibido una doble porci\u00f3n del Esp\u00edritu (1 R. 19:19, 20; 2 R. 2:13, 14). <\/p>\n<p> Por lo general se cree que la vocaci\u00f3n de Isa\u00edas coincide con su visi\u00f3n, en el a\u00f1o de la muerte del rey Uz\u00edas (Is. 6); pero es posible que recibiera su comisi\u00f3n mucho tiempo antes. <\/p>\n<p> Esta visi\u00f3n marcaba el inicio de una etapa nueva y m\u00e1s importante de su ministerio; cfr. la visi\u00f3n del ap\u00f3stol Juan mucho tiempo despu\u00e9s de su primer llamamiento (Ap. 1:10); la de Pedro en Jope (Hch. 1:10); la de Pablo en Jerusal\u00e9n(Hch. 22:17). <\/p>\n<p> Igualmente, Ezequiel recibi\u00f3 mensajes (Ez. 33:1-22) a\u00f1os despu\u00e9s de haber sido investido con el ministerio prof\u00e9tico (Ez. 1:1, 4). <\/p>\n<p> No sabemos nada del primer llamamiento recibido por El\u00edas, pero lo vemos un tiempo m\u00e1s tarde (1 R. 19) recibiendo en Horeb un mandato particular. <\/p>\n<p> Jerem\u00edas, consciente de su llamamiento, se resiste desde su mismo inicio (Jer. 1:4-10). Oseas hace alusi\u00f3n a la Palabra que el Se\u00f1or le dirigi\u00f3 por primera vez (Os. 1:1). <\/p>\n<p> Por lo que se refiere al llamamiento, s\u00f3lo se registra un caso de instrumentalidad humana, en el de Eliseo (1 R. 19:19). En base al Sal. 105:15 se ha lanzado la sugerencia de que los profetas eran ungidos con aceite al comenzar su ministerio. <\/p>\n<p> Pero el salmista se refiere, en este texto, a los patriarcas, a los que \u00e9l denomina \u00abprofetas\u00bb seg\u00fan el uso entonces corriente (cfr. Gn. 20:7; 23:6). <\/p>\n<p> En Is. 61:1, que tambi\u00e9n se cita a prop\u00f3sito de la unci\u00f3n del aceite, la referencia es a la unci\u00f3n del Esp\u00edritu. En 1 R. 19:16 se habla de la unci\u00f3n de Eliseo como profeta y de Jeh\u00fa como rey. <\/p>\n<p> Este \u00faltimo fue, efectivamente, ungido con aceite (2 R. 9:1-6). Por lo que respecta a Eliseo, su unci\u00f3n no es descrita; lo que Eliseo s\u00ed hace es tirar sobre \u00e9l su manto como se\u00f1al de su llamamiento al ministerio prof\u00e9tico (2 R. 1:8; 2:9, 13-15).<\/p>\n<p> (f) Forma de vida.<br \/> La Biblia se refiere s\u00f3lo de manera incidental a la forma de vida de los profetas, que no difer\u00eda demasiado de la de los dem\u00e1s israelitas. <\/p>\n<p> El vestirse con pelo no era como asceta, sino de penitente, llorando por los pecados del pueblo (2 R. 1:8; Zac. 13:4; cfr. Mt. 3:4). En ocasiones, los hombres de Dios llevaban un cilicio sobre los ri\u00f1ones, con el mismo prop\u00f3sito simb\u00f3lico (Is. 20:2). <\/p>\n<p> La vestimenta de pelo no se pon\u00eda directamente sobre la piel, sino como manto sin mangas, sobre el cuerpo. Los profetas se alimentaban de frutos y de legumbres silvestres (2 R. 4:39; cfr. Mt. 3:4). <\/p>\n<p> Recib\u00edan presentes en especie (1 S. 9:8; 1 R. 14:2, 3; 2 R. 4:42), o se les ofrec\u00eda hospitalidad (1 R. 17:9; 18:4; 2 R. 4:8, 10). Ciertos profetas, los que eran de la tribu de Lev\u00ed, ten\u00edan derecho al diezmo. <\/p>\n<p> Algunos de ellos, como Eliseo y Jerem\u00edas, eran de familias acomodadas (1 R. 19:21; Jer. 32:8-10). Gad, el vidente, as\u00ed como otros hombres de Dios que tambi\u00e9n llevaban este t\u00edtulo, fueron, posiblemente, receptores del apoyo real (2 S. 24:11; 1 Cr. 25:5; 2 Cr. 35:15). <\/p>\n<p> Los profetas ten\u00edan por lo general una casa, al igual que sus contempor\u00e1neos (1 S. 7:17; 2 S. 12:15; 1 R. 14:4; 2 R. 4:1, 2; 5:9; 22:14; Ez. 8:1). (V\u00e9ase PROFETAS [COMPA\u00d1\u00cdA DE LOS])<\/p>\n<p> (g) Escritos.<br \/> A los profetas les toc\u00f3, asimismo, una tarea literaria: deb\u00edan consignar por escrito la historia en que se hab\u00edan movido, y sus mensajes prof\u00e9ticos. <\/p>\n<p> Samuel, el vidente, Nat\u00e1n el profeta, y Gad el vidente, fueron los historiadores de los reinos de David y de Salom\u00f3n. Ah\u00edas, de Silo, escribi\u00f3 una profec\u00eda (1 Cr. 29:29; 2 Cr. 9:29). <\/p>\n<p> El profeta Sema\u00edas y el vidente Iddo (2 Cr. 12:15) refer\u00edan los acontecimientos del reinado de Roboam. Iddo, el vidente, consign\u00f3 los referentes al reinado de Jeroboam (1 Cr. 9:29). <\/p>\n<p> Las memorias del profeta Iddo relataban el reinado de Ab\u00edas (1 Cr. 13:22). Jeh\u00fa, el hijo de Hanani refiri\u00f3 la historia de Josafat (1 Cr. 20:34; 19:2). Isa\u00edas describi\u00f3 el comienzo y fin de Uz\u00edas y registr\u00f3 la historia de Ezequ\u00edas (1 Cr. 26:22; 32:32). <\/p>\n<p> El canon hebreo clasifica entre los profetas anteriores a cuatro libros hist\u00f3ricos: Josu\u00e9, Jueces, los libros de Samuel, y Reyes. Es evidente que sus autores fueron \u00ablos videntes\u00bb.<\/p>\n<p> En la \u00e9poca de Isa\u00edas y de Oseas, ciertos profetas vinieron a ser grandes escritores, redactaron sus mensajes bien de una manera condensada, o bien de una manera muy detallada; en otras ocasiones nos han dado selecciones de sus discursos.<\/p>\n<p> Estos hombres rendidos a Dios en comuni\u00f3n con \u00c9l mediante la constante oraci\u00f3n eran aptos para recibir las revelaciones divinas (1 S. 7:5; 8:6; 12:23; 15:11). <\/p>\n<p> Se aislaban peri\u00f3dicamente para poder percibir mejor las instrucciones de lo Alto (Is. 21:8; Hab. 2:1). <\/p>\n<p> Ezequiel y Daniel recibieron revelaciones a la orilla de un r\u00edo, donde posiblemente la apacibilidad favorecer\u00eda la meditaci\u00f3n espiritual (Ez. 1:3; Dn. 10:4). asimismo, fue durante la noche que Samuel oy\u00f3 la palabra del Se\u00f1or (1 S. 3:2-10). <\/p>\n<p> El alma del profeta quedaba incesantemente abierta a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, que, sin embargo, no violentaba la personalidad del esp\u00edritu humano.<\/p>\n<p> Ciertos hombres que poseyeron el esp\u00edritu de profec\u00eda no fueron oficialmente clasificados entre los profetas. <\/p>\n<p> Los Salmos de David no fueron puestos entre los escritos prof\u00e9ticos, aun cuando hab\u00eda anunciado a Cristo. <\/p>\n<p> Daniel, designado por el mismo Cristo como profeta (Mt. 24:15) era oficialmente un alto funcionario de los reyes de Caldea y de Persia, y no tuvo una funci\u00f3n prof\u00e9tica en el seno de la naci\u00f3n de Israel; es por esto que el canon heb. situ\u00f3 su libro entre los Hagi\u00f3grafos (escritos sagrados). (V\u00e9ase CANON.)<\/p>\n<p> El canon hebreo da el nombre de \u00abprofetas anteriores\u00bb a los libros hist\u00f3ricos: Josu\u00e9, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes. Los escritos estrictamente prof\u00e9ticos a partir de Isa\u00edas reciben el nombre de \u00abprofetas posteriores\u00bb. <\/p>\n<p> Esta designaci\u00f3n no se relaciona con la \u00e9poca de redacci\u00f3n, sino con el puesto que ocupan estos dos grupos de libros dentro del canon hebreo. <\/p>\n<p> Los libros de los Reyes, por ejemplo, escritos despu\u00e9s de Isa\u00edas, pertenecen al grupo de los \u00abprofetas anteriores\u00bb. Hubo grandes profetas, como El\u00edas y Eliseo, que no escribieron sus discursos. <\/p>\n<p> En los comentarios modernos reciben el nombre de profetas oradores. Aqu\u00ed y all\u00e1 en la Biblia se hace alusi\u00f3n a las obras literarias de otros profetas que registraron sus predicaciones por escrito. <\/p>\n<p> Se dan citas en los \u00abprofetas anteriores\u00bb u otros libros del AT.<br \/> Entre los \u00abprofetas posteriores\u00bb, Oseas, Am\u00f3s y Jon\u00e1s predicaron en el reino del norte e incluso en N\u00ednive (cfr. 2 R. 14:25). <\/p>\n<p> Los otros ejercieron su ministerio en el seno de las tribus de Jud\u00e1 y de Benjam\u00edn, en tierra de Cana\u00e1n, o en la tierra de su exilio. Incluyendo a Daniel, la clasificaci\u00f3n cronol\u00f3gica es como sigue:<\/p>\n<p> (A) Durante el per\u00edodo asirio, precediendo en poco la accesi\u00f3n de Tiglat-pileser (745 a.C.), y extendi\u00e9ndose hasta la decadencia del poder de N\u00ednive (hacia el a\u00f1o 625 a.C.): Oseas, Am\u00f3s, Jon\u00e1s, en el reino del norte; Joel, Abd\u00edas e Isa\u00edas, Miqueas, Nahum, en Jud\u00e1.<\/p>\n<p> (B) Durante el per\u00edodo babil\u00f3nico, en Jud\u00e1, del a\u00f1o 625 a.C., y hasta la ca\u00edda de Jerusal\u00e9n, el a\u00f1o 586 a.C.: Jerem\u00edas, Habacuc, Sofon\u00edas.<\/p>\n<p> (C) Durante el exilio en Babilonia: Ezequiel, Daniel.<\/p>\n<p> (D) Despu\u00e9s del retorno del exilio: Hageo, Zacar\u00edas, Malaqu\u00edas. <\/p>\n<p><b><a href='http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/profeta\/'>Diccionario Enciclop\u00e9dico de Biblia y Teolog\u00eda: PROFETA<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Significado de Profeta Ver Concordancia (heb. n\u00e2b\u00ee, \u00abllamado [por Dios]\u00bb o \u00abquien tiene una vocaci\u00f3n [de Dios]\u00bb; probablemente del ac. nab\u00fb , \u00abllamar\u00bb; aram. neb\u00ee; gr. profets). Alguien que primero recib\u00eda instrucciones de Dios y luego las transmit\u00eda a la gente. Estos 2 aspectos de su obra se reflejaban en los nombres con que se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/significado-biblico-de-profeta\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSignificado B\u00edblico de PROFETA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-14422","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario-moderno-de-la-biblia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14422","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14422"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14422\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14422"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14422"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionario-biblia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14422"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}