Herejía cristológica. El obispo de Laodicea, Apolinar, insistió en la verdadera y absoluta deidad de Cristo como reacción contra los que insistían en su verdadera humanidad. También afirmó que Cristo tuvo un cuerpo humano espiritualizado. Para Apolinar, el Logos sustituyó a la inteligencia humana en Cristo. Se trataba de una reacción contra el ® ARRIANISMO y el ® GNOSTICISMO.
Esta doctrina fue condenada por el segundo Concilio de Constantinopla (381 d.C.). Los esfuerzos por relacionar la humanidad y la deidad de Cristo dieron lugar a varias herejías: ® EUTIQUIANISMO, ® MONOTEíSMO y apolinarismo. Este último movimiento algunos lo consideran como la primera gran herejía cristológica.
Fuente: Diccionario de Religiones Denominaciones y Sectas
La herejía de Apolinar (por el 315 392), que fue obispo de Laodicea de Siria, tiene que colocarse en el marco de las controversias cristológicas del s. 1V. Después de haberse combatido entre los ss. II y III el docetismo, que decía que el verbo no se había hecho hombre de forma real y definitiva, y después de haberse definido en el primer concilio ecuménico, celebrado en Nicea en el 325, la verdadera divinidad de Cristo en respuesta a la tesis arriana, los Padres de la Iglesia se comprometieron en el debate sobre el modo con que se llevó a cabo la encarnación.
Los protagonistas de las discusiones, que habrían de durar mas de un siglo, pertenecen generalmente a las dos escuelas teológicas mas importantes del Area oriental, la alejandrina y la antioquena. La primera propodra una cristología del tipo «Verbo-carne†, reservando la mayor atención posible a la unidad personal de Cristo, en detrimento muchas veces de la plenitud y de la autonomía de la humanidad asumida por el Verbo. La segunda establecía una cristología del tipo «Verbohombre», donde la acentuación de la integridad de la naturaleza humana y de la distinción entre ésta y la naturaleza divina no iba siempre acompañada de la atención necesaria a la unidad de sujeto. La teoría propuesta por Apolinar pertenece al ámbito de la cristología alejandrina y representa su – En efecto, la versión más aceptable, tesis de fondo, consiste en afirmar que el Verbo, al encarnarse; habría tomado el puesto del alma humana de Jesús. No habría asumido una humanidad integral, sino sólo un cuerpo, convirtiéndose totalmente y para todos los efectos en el principio vital del mismo.
Así pues, Apolinar piensa en un Cristo que no es plenamente humano, ni únicamente Dios, sino un ser intermedio derivado de la unión substancial entre Dios, el Hijo, y un cuerpo inanimado. Pero es de la opinión de que esta concepción puede salvaguardar la unidad de Cristo y, sobre todo.
su santidad personal. En efecto, al faltar el alma racional, llega a faltar aquel principio operativo autónomo que, al ser fuente de pasiones y de pecado, se encontraría inevitablemente en contraste con el Verbo. De aquí se sigue que el Verbo, al ser el gestor total de la «carne» asumida, puede realizar con eficacia la obra de la salvación.
Por el contrario, de las reacciones de sus adversarios se deduce claramente que una cristología semejante no es capaz de salvar el valor soteriológico de la encarnación, ya que no consigue prever ni admitir en este sentido la participación plenamente libre y gratuita del hombre Jesús.
La herejía apolinarista fue condenada en varios sínodos y luego, oficialmente, en el primer concilio de Constantinopla, que se celebró en el año 381.
Y Battaglia
Bibl.: Ch. Kannengiesser, Apolinar de Laodicea (Apolinarismo), en DPAC 1. 174-176; A. Grillmeier, Cristo en la Tradición cristiana, 1, Sígueme, Salamanca.
PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teológico Enciclopédico, Verbo Divino, Navarra, 1995
Fuente: Diccionario Teológico Enciclopédico
Es la doctrina que sostuvo Apolinar el joven, Obispo de Laodicea (310?–390?), y sus seguidores durante las controversias cristológicas del siglo cuarto. Como valiente defensor de la ortodoxia de Nicea, Apolinar se opuso tanto a la idea arriana de la mutabilidad del Logos como al concepto de la unión completa de las naturalezas humana y divina en Cristo.
Sostuvo que en la encarnación «el Logos se hizo carne» (Jn. 1:14) literalmente, tomando así el Logos el lugar del alma humana racional en la persona de Cristo. Después que varios sínodos locales habían condenado el apolinarismo, fue declarado herético por el Segundo Concilio General de Constantinopla en 381.
BIBLIOGRAFÍA
- Lietzmann, Apollinaris von Laodicea und seine Schule; J.F. Bethune-Baker, Introduction to the Early History of Christian Doctrine; G.L. Prestige, Fathers and Heretics; C.E. Raven, Apollinarianism.
Donald G. Davis
Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (47). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.
Fuente: Diccionario de Teología
Su vida y obras
Teoría cristológica según la cual Cristo tenía un cuerpo humano y un alma sensitiva humana, pero no una mente racional humana, ya que el Logos Divino había tomado el lugar de ésta.
El autor de esta teoría, Apolinar (Apolinarios) el Joven, obispo de Laodicea floreció en la segunda mitad del siglo IV y fue muy estimado al principio por hombres como San Atanasio, San Basilio y San Jerónimo por su cultura clásica, su conocimiento bíblico su defensa del cristianismo y su lealtad a la fe de Nicea. Asistió a su padre, Apolinario (el Mayor) en la reconstrucción de las Escrituras sobre modelos clásicos para compensar a los cristianos por la pérdida de la literatura griega de la que les había privado el edicto de Juliano. San Jerónimo le atribuye muchos volúmenes sobre las Escrituras, dos apologías del cristianismo, una contra Porfirio y otra contra Juliano; una refutación de Eunomio, un arriano radical etc., pero todas ellas se han perdido. Hemos tenido más suerte respecto a los escritos de Apolinar que versan sobre la presente teoría. Un libro anónimo contemporáneo: Adversus fraudes Apollinaristarum, nos informa que para dar crédito a su error, los apolinaristas circularon una serie folletos bajo nombres como los de San Gregorio Taumaturgo (He kata meros pistis, Exposición de Fe), San Atanasio (Peri sarkoseos, Sobre la Encarnación), el Papa Julio (Peri tes en Christo enotetos, Sobre la unidad en Cristo), etc. Siguiendo esa pista, Lequien (1740), Caspari (1879) y Dräseke (1892), han mostrado que con toda probabilidad son escritos de Apolinar. Más aún, Los Padres de la Iglesia que escribieron en defensa de la ortodoxia, como por ejemplo Atanasio, en dos libros contra Apolinar; San Gregorio Nacianceno en varias cartas; San Gregorio de Nisa en su Antirretikos; Teodoreto en su Haereticae Fabulae y Dialogues, etc., nos dan incidentalmente amplia información del sistema real del laodiceo.
No se sabe el momento exacto en el que Apolinar presentó su herejía. Hay claramente dos períodos en la controversia apolinarista. Hasta 376, ya por su actitud oculta o por el respeto que se le tenía, el nombre de Apolinar nunca fue mencionado por sus oponentes, es decir, por individuos como Atanasio, el Papa Dámaso o por concilios como el de Alejandría (362) y el de Roma (376). En ésta última fecha comenzó la guerra abierta. Otros dos concilios romanos, de 377 y 381, y algunos Padres, denunciaron abiertamente y condenaron como heréticas las doctrinas de Apolinar. No se quiso someter ni a la más solemne condena del Primer Concilio Ecuménico de Constantinopla de 381, cuyo primer canon incluyó el apolinarismo en la lista de herejías, y murió en su error, alrededor del 392. Sus seguidores, que una vez fueron numerosos en Constantinopla, Siria y Fenicia, apenas le sobrevivieron. Unos pocos discípulos como Vitalis, Valentino, Filemón y Timoteo trataron de perpetuar el error del maestro y posiblemente son los responsables de las falsificaciones antes mencionadas. La secta se extinguió inmediatamente. Hacia 416 muchos volvieron a la Madre Iglesia mientras que el resto se desvió hacia el monofisismo.
Teoría
Apolinar basó su teoría en dos principios o suposiciones, uno ontológico u objetivo y uno psicológico o subjetivo. Ontológicamente le parecía que la unión de Dios completo con el hombre completo no podía ser otra cosa que una yuxtaposición o colocación. Dos seres perfectos con todos sus atributos, argüía, no pueden ser uno. A lo más son un compuesto incongruente, parecido a los monstruos de la mitología. Puesto que la fe de Nicea le prohibía decrecer al Logos, como había hecho Arrio, inmediatamente procedió a mutilar la humanidad de Cristo y a despojarla de de su más noble atributo, y esto, reclamaba, por amor a la verdadera unidad y verdadera Encarnación.
Psicológicamente, Apolinar, al considerar el alma racional o espíritu como esencialmente predispuesta al pecado y capaz, en su mejor momento, apenas de esfuerzos precarios, no vio forma de salvar la impecabilidad de Cristo y el infinito valor de la redención, a no ser eliminando el espíritu humano de la humanidad de Cristo sustituyéndolo por el Logos divino. Para la parte constructiva de su teoría Apolinar recurrió a la bien conocida división platónica de la naturaleza humana: cuerpo (sarx, soma), alma (psyche halogos), espíritu (nous, pneuma, psyche logike). Cristo, decía, asumió el cuerpo humano y el alma humana o principio de vida animal, pero no el espíritu humano. El Logos mismo es o se pone en lugar del espíritu humano, convirtiéndose así en el centro racional y espiritual, el asiento de laauto-conciencia y auto-determinación. Por este simple mecanismo el laodiceo pensó que Cristo estaba seguro, Su unidad sustancial asegurada, su inmutabilidad moral garantizada y el valor infinito de la Redención evidentemente manifestado. Para confirmarlo todo, citaba a San Juan 1,14 «y el Verbo se hizo carne”; a San Pablo, Flp. 2,7, “…haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre”; y en 1 Cor. 15,47 “El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo, celestial, viene del cielo”.
Doctrina de la Iglesia
Se encuentra en el séptimo anatema del Papa Dámaso en el concilio de Roma de 381: “Pronunciamos anatema contra los que dicen que el Verbo de Dios está en la carne humana en lugar del alma humana racional e intelectiva. Porque la Palabra de Dios es el Hijo mismo. Ni vino a la carne para remplazar sino más bien para asumir y preservar del pecado y salvar al alma racional e intelectiva del hombre. En contestación a los principios básicos de Apolinar, los Padres simplemente negaron el segundo como maniqueo. Respecto al primero hay que recordar que los concilios de Éfeso y de Calcedonia aún no habían formulado la doctrina de la Unión Hipostática. Por ello se entenderá que los Padres simplemente se conformaran con ofrecer argumentos en refutación, como por ejemplo:
- La Escritura afirma que el Logos asumió todo lo que es humano—por consiguiente el Pneuma también—con la excepción del pecado; que Cristo experimentaba alegría y tristeza y ambas son propiedades del alma racional.
- Cristo no es hombre si no tiene un alma racional; el compuesto incongruo imaginado por Apolinar no puede ser llamado Dios-hombre ni es el modelo para la vida cristiana.
- Lo que Cristo no ha asumido, no lo ha curado. Así la parte más noble del hombre está excluida de la Redención.
También señalaron el significado correcto de los pasajes de la Escritura aducidos por Apolinar, haciendo notar que la palabra sarx, en San Juan, como en otras partes de las Sagradas Escrituras, fue utilizada como sinécdoque para toda la naturaleza humana; y que el verdadero significado de San Pablo (Filipenses y 1 Corintios) estaba determinado por la clara enseñanza de las epístolas pastorales. Sin embargo, algunos de ellos insistieron incautamente sobre las limitaciones del conocimiento de Jesucristo como prueba positiva de que su mente era verdaderamente humana. Pero cuando el heresiarca les llevó más adentro en el misterio de la unidad de Cristo, tuvieron miedo de no reconocer su ignorancia y se rieron amablemente del espíritu matemático de Apolinar y la implícita dependencia de una mera especulación y razonar humano. La controversia apolinarista, que hoy parece cosa infantil, tuvo su importancia en la historia del dogma cristiano: transfirió la discusión sobre la Santísima Trinidad al campo de la cristología; es más, abrió la larga línea de debates cristológicos que dieron como resultado el símbolo de Calcedonia.
Fuente: Sollier, Joseph. «Apollinarianism.» The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907.
http://www.newadvent.org/cathen/01615b.htm
Traducido por Pedro Royo. lhm
Fuente: Enciclopedia Católica