H5159
Diccionario Strong
נַחֲלָה
nakjalá
de H5157 (en su sentido usual); propiamente algo heredado, i.e. (abst.) ocupar, o (concretamente) reliquia de familia; generalmente herencia, patrimonio o porción: bienes, heredad, heredar, herencia, poseer, posesión. Compárese con H5158.
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Diccionario Chávez
(I) נַחֲלָה
1) Heredad (1Re 21:3).
2) Bienes, posesiones (Pro 20:21). — jéleq va-najaláh = parte o heredad, es decir, participación (Gén 31:14). — Const. נַחֲלַת; Suf. נַחֲלָתוֹ.
— (II) נַחֲלָה Enfermedad (Isa 17:11). — Ver Nifal de I חלה.
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Diccionario Vine AT
najalah (נַחֲלָה, H5159), «posesión; propiedad; herencia». Este nombre es de uso frecuente (220 veces), aunque principalmente en el Pentateuco y en Josué. Casi no se encuentra en los libros históricos. El nombre se usa por primera vez en Gén 31:14 : Raquel y Lea respondieron, y le dijeron: «¿Tenemos todavía nosotras parte o herencia alguna en la casa de nuestro padre?» (LBA).
La traducción básica de najalah es «herencia»: «Nabot respondió a Acab: ¡Guárdeme Jehovah de darte la heredad de mis padres!» (1Re 21:3 RVA). Con más precisión el vocablo se refiere a una «posesión» sobre la que se tiene derecho. El uso de najalah en el Pentateuco y en Josué a menudo denota la «posesión» que Israel, una tribu o un clan recibió como su porción de la tierra prometida. Dicha porción se determinó por sorteo (Núm 26:56) poco antes de la muerte de Moisés y le tocó a Josué ejecutar la distribución de la «posesión»: «Así tomó Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehovah había dicho a Moisés. Josué la entregó como heredad a Israel, conforme a la distribución de sus tribus» (Jos 11:23 RVA). Después de la conquista, el término «herencia» deja de referirse a territorio conquistado en batalla. Una vez que se tomó «posesión» de la tierra, entró en vigencia el proceso legal que pretendía mantener la propiedad hereditaria dentro de la misma familia. Por esta razón, Nabot no podía traspasar sus derechos a Acab (1Re 21:3-4). Siempre era posible redimir la propiedad, cuando hubiese caído en otras manos, como lo hizo Booz con el fin de mantener el nombre del difunto: «También adquiero, para que sea mi mujer, a Rut la moabita, que fuera mujer de Majlón, para restaurar el nombre del difunto a su heredad, a fin de que el nombre del difunto no se borre de entre sus hermanos ni de la puerta de su ciudad» (Rut 4:10 RVA).
Metafóricamente se dice que Israel es la «posesión» de Dios: «Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día» (Deu 4:20 RVR, NRV).
Dentro de la relación especial del pacto los hijos en Israel se consideraban un don especial del Señor (Sal 127:3). Sin embargo, el Señor abandonó a Israel, su «posesión», a la merced de las naciones (cf. Isa 47:6), y permitió que un remanente de esta «posesión» regresara: «¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia» (Miq 7:18).
Por otro lado, se puede también decir que el Señor es la «posesión» de su pueblo. A los sacerdotes y levitas, cuyas «posesiones» terrenales estaban limitadas, se les asegura que su «posesión» es el Señor: «Por esto Leví no ha tenido parte ni heredad entre sus hermanos: Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios se lo ha prometido» (Deu 10:9; cf. Núm 18:23).
En la Septuaginta encontramos las siguientes traducciones del vocablo: kleronomia («heredad; posesión; propiedad») y kleros («suerte; posición; parte»).
Fuente: Varios Autores