MENDICANTES

[943]

Se denominaron así­ en la Edad Media, al menos desde el siglo XIII, a los religiosos que, como los Dominicos y Franciscanos, pedí­an con frecuencia limosna (mendicaban) para sostener sus obras. Al no tener posesiones estables, necesitaba del trabajo y de la limosna para el sostenimiento, pues se dedicaban gratuitamente a la predicación y a la animación de la piedad de los fieles.

No siempre los «mendicantes» fueron bien vistos en la Iglesia, sobre todo cuando fueron objeto de privilegios y exenciones por parte de los papas (como Martí­n IV que les otorgó en 1282 independencia de los Obispos para predicar y confesar). Ello generó conflictos en diversas Diócesis, como la de Parí­s, en la que ellos abundaban.

El Concilio determinó el fortalecimiento de la autoridad de los Obispos y dio normas sobre las competencias de estas Ordenes mendicantes y los terrenos en los que deberí­an quedar exentos y aquellos en los que habrí­a de conservar la disciplina normal

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa