{"id":10001,"date":"2016-02-05T07:14:47","date_gmt":"2016-02-05T12:14:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunion-de-los-santos\/"},"modified":"2016-02-05T07:14:47","modified_gmt":"2016-02-05T12:14:47","slug":"comunion-de-los-santos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunion-de-los-santos\/","title":{"rendered":"COMUNION  DE LOS SANTOS"},"content":{"rendered":"<p>[265]<\/p>\n<p>      Es el misterio de la unidad de los seguidores de Jes\u00fas y de la conciencia que se genera de esa unidad en la Iglesia. La fe y la caridad se convierten en el distintivo de los seguidores de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Y una misteriosa corriente espiritual se hace presente en la Iglesia, como Cuerpo M\u00ed\u00adstico, logrando unificar a todos los miembros con el com\u00fan denominador del amor a Jes\u00fas, de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la participaci\u00f3n en la vida misteriosa de la comunidad fraterna.<\/p>\n<p>    1. Participaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica<br \/>\n    La Iglesia es algo m\u00e1s que una sociedad religiosa. Tiene una vida que fluye por todos sus miembros y que transciende los espacios y los tiempos. Es la misma vida de Jes\u00fas, la cepa radical en cuya savia participan los sarmientos. Esa vida produce una \u00abcom\u00fan uni\u00f3n\u00bb, una misteriosa y vital comunicaci\u00f3n, que iguala a los cristianos, manteniendo las diferencias personales, naturales y sobrenaturales, en el fluido misterioso del amor divino.<\/p>\n<p>    A eso es a lo que se llama \u00abComuni\u00f3n de los santos\u00bb. Desde el principio de su historia, la Iglesia lo exterioriz\u00f3 con esta expresi\u00f3n. Aparece por primera vez la \u00abcommunio sanctorum\u00bb, en la exposici\u00f3n del S\u00ed\u00admbolo atribuido  a Niceta de Remesiana (posterior al 380).<\/p>\n<p>    Pero desde el siglo V se hall\u00f3 en todas las redacciones y explicaciones del Credo: \u00abCreo en la comuni\u00f3n de los santos\u00bb. Se entendi\u00f3 por \u00absantos\u00bb a los consagrados por el Bautismo, a los vinculados a Cristo por la fe, a los elegidos por Dios para ser de su comunidad.<\/p>\n<p>    En su significaci\u00f3n m\u00e1s original, esta expresi\u00f3n alude a la posesi\u00f3n de la gracia por parte de los miembros de la comunidad cristiana, es decir de los cristianos. Pero pronto fue elabor\u00e1ndose una Teolog\u00ed\u00ada rica y expansiva de la comunicaci\u00f3n espiritual. Y se hizo extensiva a la relaci\u00f3n sobrenatural que se establece entre todos los elegidos por Dios para ser objetos de su amor: los de este mundo que caminan, los que se purifican en el misterioso estado de los difuntos, los del otro mundo que ya gozan de Dios. Y pronto en la teolog\u00ed\u00ada cristiana se explicit\u00f3 la exclusi\u00f3n de los condenados<br \/>\n    Entre todos los miembros del Cuerpo m\u00ed\u00adstico hay lazos comunes de amor divino y fluyen intercambios, ayudas, intercesiones, relaciones, en una palabra \u00abcomunicaci\u00f3n y comuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>    Las consecuencias de esa vida misteriosa en la comunidad eclesial son diversas. La principal de ellas es la participaci\u00f3n en la misma vida divina, que es la gracia santificadora, pero tambi\u00e9n en los bienes espirituales. Y esa participaci\u00f3n sugiere la plegaria por los dem\u00e1s, el intercambio de los m\u00e9ritos y la posible aportaci\u00f3n de los bienes m\u00ed\u00adsticos propios al tesoro com\u00fan de la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>     Ello desencaden\u00f3 la vinculaci\u00f3n misteriosa pero real entre los que est\u00e1n ya en el cielo (santos en sentido estricto, est\u00e9n o no est\u00e9n canonizados), los que aguardan en el Purgatorio su llegada a la visi\u00f3n de Dios y los que todav\u00ed\u00ada caminan por la tierra esperando su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    2. Efectos y v\u00ed\u00adnculos<br \/>\n    En sentido m\u00ed\u00adstico, la Iglesia debe ser entendida como el conjunto de las personas reales que han sido redimidas y santificadas por la gracia de Cristo, ora est\u00e9n en la tierra, ora en el cielo, ora en el fuego del purgatorio. La Iglesia, entendida en este sentido amplio, recibe generalmente el nombre de \u00abCuerpo M\u00ed\u00adstico\u00bb. Y la comunicaci\u00f3n espiritual que existe entre todos sus miembros, sea cual sea el estado en que se hallen, se denomina \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb.<\/p>\n<p>    Los miembros, santificados por la gracia redentora de Cristo, en cualquiera de los estados se hallan unidos con Cristo, Cabeza de todos, y se enlazan espiritualmente entre s\u00ed\u00ad. Forman una comunidad espiritual con una vida sobrenatural com\u00fan, en la que cada uno participa seg\u00fan su capacidad, aportando y recibiendo.<\/p>\n<p>    El Catecismo Romano de S. P\u00ed\u00ado V expresa hermosamente la doctrina de la comuni\u00f3n de los santos e insiste en la  posesi\u00f3n com\u00fan de los medios para alcanzar la gracia depositados en la Iglesia por Dios. Todos los dones, incluidos los extraordinarios, de cada miembro de la Iglesia, repercuten en los dem\u00e1s, por la participaci\u00f3n de los frutos, plegarias y beneficios que todos reciben.  La unidad del Esp\u00ed\u00adritu, por quien la Iglesia es conducida, hace que todo lo que en ella se deposite sea en alguna manera riqueza com\u00fan: \u00abNo solamente son comunes aquellos dones que hacen a los hombres gratos a Dios y justos, sino tambi\u00e9n los dones extraordinarios de la gracia\u00bb (10. 25).<\/p>\n<p>    Todo lo bueno y santo que emprende un individuo repercute en bien de todos; y la caridad es la que hace que les aproveche a los dem\u00e1s. P\u00ed\u00ado XII lo recogi\u00f3 en su enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis con estas palabras: \u00abNo se realiza por sus miembros ninguna obra buena, ning\u00fan acto de virtud, del que no se aprovechen todos por la comuni\u00f3n de los santos\u00bb. Es evidente que eso supone la acci\u00f3n personal y libre de cada persona. Pero la intercomunicaci\u00f3n espiritual, escapa un poco la expl\u00ed\u00adcita aceptaci\u00f3n singular.<\/p>\n<p> 4. 2. Entre la tierra y el cielo<br \/>\n    La Sagrada Escritura no conoci\u00f3 ni testific\u00f3 ning\u00fan gesto de veneraci\u00f3n a personajes significativos del Pueblo elegido, salvo la entra\u00f1able veneraci\u00f3n a las figuras patriarcales de Abraham, Isaac, Jacob, Jud\u00e1, Mois\u00e9s. Manifest\u00f3 especial veneraci\u00f3n a determinadas figuras ang\u00e9licas que hallamos ensalzadas en ocasiones: Jos. 5. 14; Dan. 8. 17; Tob. 12. 16.<\/p>\n<p>    Tard\u00ed\u00adamente surgieron algunas referencias, como en los tiempos de la rebeli\u00f3n macabea. Judas Macabeo contempl\u00f3 en un sue\u00f1o, \u00abdigno de toda fe\u00bb, a los justos varones ya muertos, el sumo sacerdote On\u00ed\u00adas y el profeta Jerem\u00ed\u00adas, y vio c\u00f3mo interced\u00ed\u00adan ante Dios por el pueblo jud\u00ed\u00ado y la ciudad santa (Mac. 1. 5, 11.16)<\/p>\n<p>    Desde los primeros tiempos la Iglesia cultiv\u00f3 singular veneraci\u00f3n por los cristianos que manifestaron vida de santidad mod\u00e9lica o especial fortaleza en la confesi\u00f3n de la fe. Los m\u00e1rtires fueron los primeros personajes del culto cristiano, desde S. Esteban (Hech. 7. 54-60) hasta la gran lista que la persecuci\u00f3n de Ner\u00f3n origin\u00f3 en Roma y en muchas localidades del imperio. El testimonio escrito m\u00e1s antiguo de este culto est\u00e1 en el \u00abMartyrium Polycarpi\u00bb (hacia el 156), en donde con toda precisi\u00f3n se diferencia el culto a Cristo y el culto a los m\u00e1rtires: \u00abA Cristo le adoramos por ser el Hijo de Dios; y a los m\u00e1rtires los amamos con raz\u00f3n como disc\u00ed\u00adpulos e imitadores del Se\u00f1or, por su adhesi\u00f3n eximia a su rey y maestro.\u00bb (17, 3)<\/p>\n<p>    Pero, junto a los m\u00e1rtires, fueron objeto de tributos espirituales, de plegarias y de homenajes, otros personajes santos o mod\u00e9licos: los obispos famosos como doctores, las v\u00ed\u00adrgenes, los eremitas, los escritores modelos de cultura y de vida cristiana. Se vio muy conveniente venerar a estos santos ya en el cielo e invocar su intercesi\u00f3n, con la certeza de que su ayuda ante Dios resultaba eficaz.<\/p>\n<p>    Evidentemente este culto de veneraci\u00f3n, o dul\u00ed\u00ada, incluso el singular, de hiperdul\u00ed\u00ada, tributado a la Madre de Jes\u00fas, nunca supuso menoscabo en el culto a Cristo mismo. Pero origin\u00f3 un sinn\u00famero de manifestaciones: arte, fiestas conmemorativas, plegarias y m\u00e1s tarde santuarios, templos, sepulcros, etc. que trataron de mantener su memoria.<\/p>\n<p>    Detr\u00e1s de ese culto estaba la persuasi\u00f3n de la intercesi\u00f3n en el cielo en favor de los fieles que siguen en la tierra. El Concilio de Trento, contra los reformadores que pretend\u00ed\u00adan eliminar toda intercesi\u00f3n que no fuera solicitada al mismo Cristo, \u00ab\u00fanico mediador ante el Padre\u00bb (Confesi\u00f3n de Augsburgo, en funci\u00f3n de Gal.3.20), declar\u00f3: \u00abEs bueno y provechoso implorar la ayuda de los santos\u00bb. (Denz. 984 y 988)<\/p>\n<p>    3. Jes\u00fas lo quiso<br \/>\n    Jes\u00fas quiso que los cristianos estuvieran unidos entre s\u00ed\u00ad con una \u00ed\u00adntima unidad moral, de la que es figura la propia uni\u00f3n de Cristo con el Padre (Jn. 1. 7 y 2. 1). Jes\u00fas se considera a s\u00ed\u00ad mismo como la vid o cepa central. Y ve a sus disc\u00ed\u00adpulos como los sarmientos, que producen fruto si est\u00e1n unidos a la vid. Y los ve como est\u00e9riles, si se apartan de la cepa. (Jn. 15. 1-8)<\/p>\n<p>    San Pablo entendi\u00f3 perfectamente ese principio cristiano y lo coment\u00f3 con frecuencia en sus Cartas. Consider\u00f3 a Cristo como la cabeza de un cuerpo y los cristianos como miembros diferentes y vinculados en el cuerpo. (1. Cor. 12).<\/p>\n<p>    Por eso recomendaba a sus comunidades la unidad y el amor mutuo: \u00abEn el cuerpo no tiene que haber escisiones, antes bien todos los miembros tienen que preocuparse por igual unos de otros. De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con \u00e9l; y si un miembro es honrado, todos los otros a una se gozan. Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo y[sus] miembros cada uno en parte.\u00bb (1. Cor. 12. 14). \u00abPues, a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, todos los miembros no tienen la misma funci\u00f3n, as\u00ed\u00ad nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y todos somos miembros los unos de los otros.\u00bb (Rom. 12. 4. Ef. 6. 18)<\/p>\n<p>    4. Ambitos y v\u00ed\u00adnculos de comuni\u00f3n<br \/>\n    El dogma de la comuni\u00f3n de los santos resulta en cierto sentido diverso, complejo y polifac\u00e9tico, pues son tres los estados o situaciones diferentes en que se hallan los que se comunican: celestes, purgantes y viadores terrenos.<\/p>\n<p>    4.1. Los que viven en la tierra<br \/>\n    Los fieles de la tierra pueden alcanzar beneficios espirituales para los que, como ellos, viven en el mundo. Lo consiguen intercediendo por ellos y en virtud de la gracia de Dios. La oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n siempre se ha mirado con especial simpat\u00ed\u00ada en la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>    P\u00ed\u00ado XII coment\u00f3 en la Enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis: \u00abLa salvaci\u00f3n de muchos depende de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del cuerpo M\u00ed\u00adstico de Jesucristo dirigidas con este fin&#8230; A diario deben subir al cielo nuestras plegarias para encomendar a Dios todos a los miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo, sobre todo a los que m\u00e1s lo necesitan.\u00bb<\/p>\n<p>     4.1.1. Rezar como sistema<br \/>\n    La confianza en la oraci\u00f3n es tan antigua como la Iglesia. Incluso es conocida y practicada a lo largo de todo el Antiguo Testamento: Ex. 8. 4; 10. 17. Las figuras de Israel, como Abraham (Gn. 15, 23), Mois\u00e9s (Ex. 32. 11 y 30), Samuel (1 Rey. 7. 5 y 12. 15) y Jerem\u00ed\u00adas (Jer. 18. 20), son modelos de intercesi\u00f3n. Oran por el pueblo y su oraci\u00f3n es escuchada por Dios. Los ejemplos de plegarias en las necesidades se multiplican en la Biblia: (Jer. 37. 3 y 42. 2).<\/p>\n<p>    El mismo Jes\u00fas invita a sus Ap\u00f3stoles a que oren por diversas personas: por los m\u00e1s cercanos (Mt. 5.10), por s\u00ed\u00ad mismos (Lc. 22.39), por los perseguidores (Mt. 5. 44).<\/p>\n<p>    San Pablo asegura a las comunidades a las que van dirigidas sus cartas que rogar\u00e1 a Dios por ellas (Rom 1, 9) y les pide que tambi\u00e9n ellas oren por \u00e9l (Rom 15. 30) y por todos los hermanos (Ef. 6. 18). Hace encargos como \u00e9stos: \u00abAnte todo ruego que se hagan peticiones, oraciones, s\u00faplicas y acciones de gracia por todos los hombres, por los emperadores y todos los constituidos en dignidad\u00bb (1 Tim. 2. 1).  Santiago pide tambi\u00e9n plegarias por las necesidades de todos: \u00abOrad unos por otros para que os salv\u00e9is. Mucho puede la oraci\u00f3n fervorosa del justo\u00bb (Sant. 5. 16).<\/p>\n<p>    4.1.2. Merecer por los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    La oraci\u00f3n puede alcanzar la gracia y la misericordia de Dios para otros que no son capaces de pedirla. Por eso la Iglesia ha practicado sin cesar la oraci\u00f3n por los necesitados, por los ignorantes, por los pecadores, pidiendo para todos la misericordia divina.<\/p>\n<p>    La Iglesia est\u00e1 persuadida de que se pueden alcanzar de Dios beneficios y ayudas ante todas clases de necesidades ajenas. Es un m\u00e9rito de \u00abcongruo\u00bb, debido a la misericordia divina, no de condigno. Siempre ha sostenido que Dios puede aplicar a otros los m\u00e9ritos que ante El se obtienen por las buenas obras: limosnas, sacrificios, plegarias. Y lo hace tanto por su misericordia como por su palabra: \u00abPedid y recibir\u00e9is sin duda, llamad y se os abrir\u00e1 ciertamente.\u00bb (Mt. 7.8; Lc.11.10)<\/p>\n<p>     San Justino ya en el siglo II relataba c\u00f3mo los fieles oraban y ayunaban conjuntamente con los catec\u00famenos para conseguir de Dios el perd\u00f3n de sus anteriores pecados. (Apol. 1 61). Y los c\u00e1nones eucar\u00ed\u00adsticos de los primeros tiempos se hallan poblados de demandas de intercesi\u00f3n y humildes reclamos de bienes, tanto naturales, la paz, la salud, el alimento, como espirituales, la gracia, la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    4.1.3. Satisfacci\u00f3n vicaria<br \/>\n    Tambi\u00e9n la Iglesia ha sentido que se pod\u00ed\u00ada hacer penitencia y obtener la satisfacci\u00f3n por los pecados ajenos, en virtud de la misericordia divina.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento se conoc\u00ed\u00ada ya la idea de la satisfacci\u00f3n vicaria. Mois\u00e9s se ofrece a Dios como v\u00ed\u00adctima en favor de su pueblo, que ha pecado (Ex. 32. 32). Job ofrece a Dios holocaustos expiatorios por los pecados de sus hijos (Job. 1. 5). Isa\u00ed\u00adas vaticina la pasi\u00f3n expiatoria del Mes\u00ed\u00adas por nuestras iniquidades. (Is. 53)<\/p>\n<p>    La idea antigua de que todo pecado implicaba una culpa y una pena fue decisiva en la doctrina cristiana. Si la culpa s\u00f3lo se borra con el arrepentimiento personal, la pena merecida permanece y se puede suavizar con la ayuda de los dem\u00e1s creyentes que elevan plegarias y realizan penitencias y sacrificios para obtener el perd\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    En el Nuevo Testamento se desarrolla esa idea de la satisfacci\u00f3n vicaria, sobre todo en S. Pablo. Los fieles deben hacer sacrificios unos por otros \u00abAhora me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo\u00bb (Col. 1. 24). Y ese mensaje se repite con frecuencia: 2 Cor. 12. 15; 2 Tim. 4. 6)<\/p>\n<p>    La posibilidad de esta satisfacci\u00f3n vicaria se explica por las relaciones mutuas que existen en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico. A imitaci\u00f3n de Cristo, cabeza del Cuerpo, que ofreci\u00f3 su sacrificio expiatorio por todos los miembros, un miembro puede satisfacer tambi\u00e9n en representaci\u00f3n de otro.<\/p>\n<p>    La primera vez que aparece un documento pontificio con esa doctrina sobre la \u00absatisfacci\u00f3n vicaria\u00bb es con Clemente VI, que declaraba en su Bula jubilar \u00abUnigenitus Dei Filius\u00bb, de 1343, la idea de un \u00abtesoro de la Iglesia\u00bb en el cual participan todos los cristianos. Ese tesoro se halla enriquecido por los m\u00e9ritos de Cristo, pero tambi\u00e9n de Mar\u00ed\u00ada Madre de Dios y de los santos. (Denz. 552)<\/p>\n<p>    Santo Tom\u00e1s prueba b\u00ed\u00adblicamente la posibilidad de la satisfacci\u00f3n vicaria con el texto de  G\u00e1latas 6. 2. \u00abSobrellevad los unos las cargas de los otros\u00bb; y de manera especulativa asocia su opini\u00f3n a la virtud unificadora de la caridad: \u00abEn cuanto dos personas est\u00e1n unidas por la caridad, puede una de ellas ofrecer satisfacci\u00f3n por la otra.\u00bb (Summa Th. III 48, 2.)<\/p>\n<p>    P\u00ed\u00ado XI, en sus enc\u00ed\u00adclicas \u00abMisserentissimus Redemptor\u00bb, de 1928, y \u00abCaritate Christi\u00bb, de 1932, desarroll\u00f3 la doctrina de satisfacci\u00f3n vicaria y exhort\u00f3 a que todos reparen al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, no s\u00f3lo pensando en las propias faltas, sino tambi\u00e9n por llorando las ajenas.  El esp\u00ed\u00adritu de reparaci\u00f3n, que se desarroll\u00f3 en multitud de asociaciones piadosas y cofrad\u00ed\u00adas penitenciales, que desde tiempos antiguos cultivaron la piedad, se extendi\u00f3 con profusi\u00f3n desde el siglo XIX en que adquiri\u00f3 gran auge la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>    4.3. V\u00ed\u00adnculos con el Purgatorio<br \/>\n    Tambi\u00e9n se integra en el dogma de la comuni\u00f3n de los santos la tradicional costumbre de orar por los difuntos e, incluso, pedir a los difuntos dones y favores ante Dios.<\/p>\n<p>    La Iglesia, seg\u00fan la tradicional costumbre de todos los pueblos de venerar a sus muertos, vio en quienes hab\u00ed\u00adan fallecido despu\u00e9s de una santa vida, almas justas que manten\u00ed\u00adan la comuni\u00f3n espiritual con toda la comunidad de los fieles que en el mundo quedaban.<\/p>\n<p>    4.3.1. Naturaleza y existencia   Se fue perfilando poco a poco una completa teolog\u00ed\u00ada de la intercesi\u00f3n y de los sufragios, desde la definici\u00f3n del \u00abestado de Purgatorio\u00bb, o purificaci\u00f3n de los que no han llegado todav\u00ed\u00ada al cielo por tener penas pendientes que satisfacer de sus pecados ya perdonados, hasta la necesidad de elevar a Dios plegarias y sufragios reparadores de los fieles vivos por los fieles difuntos que los necesitan.<\/p>\n<p>    Por sufragio no s\u00f3lo se entiende en la doctrina cristiana las plegarias que se elevan en nombre de los difuntos, que ya no pueden merecer, sino cuantas obras buenas: limosnas, sacrificios, actos de piedad, se hagan con la intenci\u00f3n de acelerar su purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es evidentemente que en este terreno se insertan muchos inevitables antropomorfismos, como la determinaci\u00f3n  de lugares o precisi\u00f3n de tiempos, la formulaci\u00f3n de ritos y pr\u00e1cticas en la piedad popular, la difusi\u00f3n de figuras y s\u00ed\u00admbolos como cadenas y fuegos, que ciertamente son incompatibles con los planteamientos metaf\u00ed\u00adsicos de la trascendencia. Terminada la vida terrena, todo concepto de espacio, tiempo, estado, sentimientos, necesidades, cuantificaciones reparadoras, etc. son inadmisibles. Sin embargo, no son rechazables como lenguaje humano para llegar a los conceptos de la purificaci\u00f3n y satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Hay algo en la doctrina cristiana que precisa explicaci\u00f3n para entender lo que pueden ser \u00ablas indulgencias\u00bb que tantas antipat\u00ed\u00adas suscitaron en los protestantes. A falta de otra baremaci\u00f3n mejor, la Iglesia habl\u00f3 de indulgencia para vivos y difuntos, como cuantificaci\u00f3n de d\u00ed\u00adas o a\u00f1os de penitencia impuesta a los pecadores por sus desv\u00ed\u00ados. Trasladados esos baremos de forma an\u00e1loga a los ritos funerarios, se multiplicaron esos modos de hablar y calcular que tan psicol\u00f3gicamente consolaban a quienes hab\u00ed\u00adan perdido por la muerte a los m\u00e1s allegados.<\/p>\n<p>    El principio cristiano de la intercesi\u00f3n qued\u00f3 claramente definido en el II Concilio Ecum\u00e9nico de Lyon (1274) y en el de Florencia (Decretum pro Graecis en 1439), que coincidieron en una misma manera de expresarse: \u00abPara mitigar semejantes penas, les son de provecho[a los difuntos] los sufragios de los fieles vivos, a saber: las misas, las oraciones y limosnas y otras obras de piedad que suelen hacer los fieles en favor de otros, seg\u00fan las disposiciones de la Iglesia.\u00bb (Denz. 464 y 693).<\/p>\n<p>    El concilio de Trento, explicit\u00f3 en parte la idea del Purgatorio que negaban los Reformadores y declar\u00f3 su existencia, sin entrar en pormenores sobre su naturaleza, en la sesi\u00f3n del 3 de Diciembre de 1563. (Denz. 983)<\/p>\n<p>    Se discuti\u00f3 en alg\u00fan tiempo si las almas del Purgatorio pueden interceder tambi\u00e9n por los hombres de este mundo. La tradici\u00f3n de la Iglesia siempre admiti\u00f3 este tipo de relaci\u00f3n intercesora. Francisco Su\u00e1rez y S. Roberto Belarmino lo afirmaron en atenci\u00f3n a los m\u00e9ritos que ellas tienen y al estado final de salvaci\u00f3n en el que se hallan. Con todo, Sto. Tom\u00e1s hab\u00ed\u00ada dudado, incluso negado esa intercesi\u00f3n, por la situaci\u00f3n de castigo y pena en que las almas purgantes atraviesan.<\/p>\n<p>    4.3.2. Base b\u00ed\u00adblica<br \/>\n    Seg\u00fan 2 Mac. 12. 42-46, exist\u00ed\u00ada entre los jud\u00ed\u00ados ya la seguridad de que pod\u00ed\u00ada ayudarse con oraciones y sacrificios a las almas de los que murieron en pecado y necesitaban ayuda de los vivientes.<\/p>\n<p>    El cristianismo naciente recogi\u00f3 del juda\u00ed\u00adsmo esa fe en la eficacia de los sufragios. Hay que desear a los difuntos, que sean perdonados por Dios, como lo hace Pablo con Ones\u00ed\u00adforo: \u00abEl Se\u00f1or le conceda hallar misericordia en aquel d\u00ed\u00ada cerca del Se\u00f1or.\u00bb (2 Tim. 1, 18)<\/p>\n<p>    M\u00e1s rica en testimonios que la misma Escritura es la Tradici\u00f3n. Tertuliano recordaba c\u00f3mo se oraba y celebraba la Eucarist\u00ed\u00ada en el d\u00ed\u00ada aniversario del fallecimiento de un difunto (De monogamia 10; De cor. mil. 3) Y San Cipriano comentaba la plegaria que por los difuntos se pronunciaba despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n en la misa e indicaba c\u00f3mo iba destinada a ofrecer su reconciliaci\u00f3n con Dios. (Cat. myst. 5. 9)<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn ense\u00f1a que los sufragios no aprovechan a todos los difuntos, sino \u00fanicamente a aquellos que han vivido de tal suerte que est\u00e1n en situaci\u00f3n de salvaci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte. (De cura pro mortuis gerenda 1, 3)<\/p>\n<p>    Los sarc\u00f3fagos con sus figuras y sus inscripciones son numerosos en los siglos II y III, solicitando plegarias e intercesi\u00f3n por los que en ellos esperan la resurrecci\u00f3n de los justos.<\/p>\n<p>     4.3.3. Eficacia de los sufragios<\/p>\n<p>     Los sufragios, seg\u00fan la creencia de la Iglesia, amortiguan las penas de los difuntos, pues sustituyen en valor satisfactorio las buenas obras que los difuntos ya no pueden hacer para obtener el perd\u00f3n y la satisfacci\u00f3n. Remiten, pues, las penas temporales. Y en las plegarias que les acompa\u00f1an a\u00f1aden la intercesi\u00f3n a la misericordia divina.<\/p>\n<p>    La posibilidad de que Dios escuche tal plegaria y acepte la satisfacci\u00f3n vicaria est\u00e1 apoyada en la realidad del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, en donde los bienes espirituales de unos pueden comunicarse a los otros. Pero tambi\u00e9n la tradici\u00f3n ha sido prol\u00ed\u00adfica en considerar especialmente meritorios los elevados por personas justas y santas. De ah\u00ed\u00ad la costumbre de encargar plegarias a los eremitas, a los contemplativos, a  los cristianos reputados como justos y virtuosos.<\/p>\n<p>     Hay sufragios supremos y eficaces por s\u00ed\u00ad mismos, como es el Sacrificio de la Misa, el m\u00e1s excelente y el m\u00e1s influyente ante Dios. Y hay otros que dependen de las actitudes y de los m\u00e9ritos de quienes los realizan.<\/p>\n<p>    4.4. Los santos interceden<br \/>\n    Es doctrina com\u00fan de la Iglesia de que tambi\u00e9n los santos del cielo tienen su conexi\u00f3n m\u00ed\u00adstica y espiritual para con las almas del Purgatorio. La Iglesia suplica con frecuencia a los santos celestes que tengan miradas ben\u00e9volas para los difuntos que esperan la purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En los h\u00e1bitos paleocristianos, hemos de recordar c\u00f3mo los familiares recomendaban con frecuencia sus difuntos a los m\u00e1rtires, para obtener su ayuda. A veces los fieles pretend\u00ed\u00adan ser enterrados cerca de las tumbas de alg\u00fan m\u00e1rtir para asegurar su ayuda posterior a la muerte. A este respecto, San Agust\u00ed\u00adn dio la siguiente respuesta al Obispo Paulino de Nola: \u00abLa cercan\u00ed\u00ada de la tumba de alg\u00fan m\u00e1rtir, por s\u00ed\u00ad misma no aprovecha a los difuntos; pero los que quedan en vida se mueven con ello a invocar en sus oraciones la intercesi\u00f3n de aquel santo en favor de las almas de los difuntos\u00bb (De cura pro mort. gerenda 4.6.)<\/p>\n<p>    De forma especial, la devoci\u00f3n popular concedi\u00f3 siempre a Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima, Reina del Purgatorio, un poder de intercesi\u00f3n singular en este terreno.<\/p>\n<p>    Es cierto que los santos, como no son ya viadores, tampoco puede obtener m\u00e9ritos como cuando estaban en la tierra. Pero, por misteriosa voluntad divina, su acci\u00f3n en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo no es de mera pasiva benevolencia, sino de activa influencia en funci\u00f3n de los m\u00e9ritos que adquirieron en vida o de la misi\u00f3n que Dios les tiene asignada. As\u00ed\u00ad surgen especiales devociones cristiana a los santos \u00e1ngeles, como S. Miguel, a S. Jos\u00e9, esposo de Mar\u00ed\u00ada, y a otros propios de algunas localidades.<\/p>\n<p>   .<\/p>\n<p> 5. Comunicaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica de bienes<br \/>\n    La \u00abcomunicaci\u00f3n de los bienes\u00bb, como efecto de la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, implica la creencia de que todos podemos participar en los bienes espirituales ajenos, por ser el Cuerpo M\u00ed\u00adstico como una familia alentada por el amor y la generosidad.<\/p>\n<p>    Los miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico estamos llamados a tener la misma vida y a participar todos de la vida de los dem\u00e1s. La fuente de la vida es Cristo Jes\u00fas, pero los dem\u00e1s recibimos la misma vida que fluye de \u00e9l.<\/p>\n<p>    Participar en la vida de Jes\u00fas, en lo que llamamos gracia, santidad, perfecci\u00f3n, justicia, es compartir su misterio de vida divina recibida del Padre. La vida de todos los miembros del cuerpo de Jes\u00fas se intercomunica m\u00ed\u00adsticamente entre s\u00ed\u00ad. Tenemos todo una llamada permanente a ser santos y a hacer las cosas como quiere Jes\u00fas. Como la sangre circula por las venas de nuestro cuerpo, la gracia divina impregna todo nuestro ser espiritual personal y corporativo.<\/p>\n<p>    Por eso estamos llamados a la santidad y formamos todos un Pueblo santo \u00fanico, santo, consagrado, sacerdotal, que eso significa ungido o consagrado. Hacemos cosas santas: amamos a Dios, elevamos plegarias al cielo, servimos a los hombres y vivimos la vida misma de Jes\u00fas. Esa grandeza nos viene del Bautismo, que es el signo de nuestro injerto en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Acontece lo mismo en el aspecto negativo del pecado. Por muy personal y secreto que sea, el mal de unos miembros repercute en la totalidad del cuerpo y en cada uno de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>     Tenemos que ser conscientes de la comuni\u00f3n de bienes y armonizar la responsabilidad y el m\u00e9rito de cada persona, con la solidaridad espiritual entre todos los miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico, al igual que se da en los bienes corporales: la salud o placer de un miembro en el cuerpo repercuten en la totalidad de los otros miembros<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[265] Es el misterio de la unidad de los seguidores de Jes\u00fas y de la conciencia que se genera de esa unidad en la Iglesia. La fe y la caridad se convierten en el distintivo de los seguidores de Jes\u00fas. 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