{"id":10003,"date":"2016-02-05T07:14:51","date_gmt":"2016-02-05T12:14:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/convivenciales-lenguajes\/"},"modified":"2016-02-05T07:14:51","modified_gmt":"2016-02-05T12:14:51","slug":"convivenciales-lenguajes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/convivenciales-lenguajes\/","title":{"rendered":"CONVIVENCIALES. LENGUAJES"},"content":{"rendered":"<p>[556] La fuente m\u00e1s importante de nuestra formaci\u00f3n y de nuestros aprendizajes es el conjunto de relaciones que establecemos con los dem\u00e1s. Vivir es comunicarse con otros y recibir las ense\u00f1anzas que nos brindan los dem\u00e1s. Es la experiencia. Es la vida.<\/p>\n<p>    El catequista debe recordar que las vivencias son m\u00e1s decisivas para la formaci\u00f3n de la personalidad que las ense\u00f1anzas te\u00f3ricas. Vivir religiosamente es m\u00e1s importante que recibir ideas, sentimientos o normas. Es m\u00e1s eficaz que aprender datos o memorizar formas de pensar.<\/p>\n<p>    Los lenguajes convivenciales deben ense\u00f1ar, al catequista y al catequizando, a mejorar sus juicios sobre el valor de la vida.<br \/>\n  1. Vivir y participar<\/p>\n<p>    La vida de cada persona est\u00e1 dibujada por el entorno en que se desarrolla . Y el entorno puede ser m\u00faltiple:<\/p>\n<p>   &#8211; El entorno familiar es el primero que influye: los padres, los hermanos, los miembros del hogar, los conocidos. Es el primer elemento de referencia que el ni\u00f1o adquiere. La familia se desenvuelve en las amistades, en los vecinos, en cuantos aportan mensajes y sugerencias.<\/p>\n<p>   &#8211; Ese entorno se amplia al ritmo del crecimiento personal con el contexto en el que habita: pueblo, barrio, calle, gente, familiares, amigos, hechos cercanos, acontecimiento. Una lluvia intermitente de impresiones positivas y negativas va formando a cada ciudadano, a cada individuo.<\/p>\n<p>   &#8211; Despu\u00e9s, la influencia viene del entorno escolar, en el que prematuramente se incardina el p\u00e1rvulo y que luego ocupa toda la infancia y adolescencia. En ese entorno se vive la relaci\u00f3n con los educadores, con los compa\u00f1eros, con las personas colaboradoras, siguiendo programas, participando en m\u00faltiples actividades, recogiendo experiencias.<\/p>\n<p>   &#8211; Y m\u00e1s tarde, la relaci\u00f3n vital se va ampliando: grupos de trabajo, proyectos, aventuras, compa\u00f1eros de juego, amigos de m\u00e1s frecuente trato, conocidos con los que se multiplican los  encuentros.<\/p>\n<p>    El lenguaje convivencial es imperceptible, indefinible e inconcreto, pero eficaz, influyente, continuo. No se puede decir de \u00e9l otra cosa mejor que \u00abes vital, personal, \u00ed\u00adntimo, inexplicable\u00bb. No se cuantifica por la suma de actos de convivencia, sino por la intensidad con que se viven y se asimilan. Sin embargo, tiene una importancia decisiva para la formaci\u00f3n del hombre desde los primeros a\u00f1os. El educador, el catequista, tiene que saber valorar los lenguajes vitales como los m\u00e1s decisivos de todos los que puede hablar y compartir con el catequizando. Y debe buscar la forma de ofrecerlos adecuados, graduados y bien ordenados, seg\u00fan los proyectos educativos que cada educando puede acoger y protagonizar.<\/p>\n<p>    2. Vivencias religiosas<br \/>\n    La verdadera formaci\u00f3n religiosa y moral se recibe en los a\u00f1os infantiles a trav\u00e9s \u00abde la vivencia y de la convivencia\u00bb con personas portadoras de valores, actitudes y opciones trascendentes.<\/p>\n<p>    La religiosidad y la fe se respiran imperceptiblemente en el entorno. Hechos, costumbres, riesgos, gestos, juicios de valor, ejemplos, plegarias, deseos, cultos, testimonios, experiencias&#8230; y muchas realidades m\u00e1s, configuran las creencias y las actitudes morales y espirituales de cada persona.<\/p>\n<p>    2.1. Con objetivos claros<br \/>\n    Si se valora adecuadamente la importancia del imperceptible lenguaje vital, se puede entender el verdadero significado a todo lo dem\u00e1s que contribuye a la educaci\u00f3n de la fe:<\/p>\n<p>   &#8211; a la instrucci\u00f3n recibida en la catequesis parroquial o en la escuela;<\/p>\n<p>   &#8211; a las virtudes y buenas acciones que se recomiendan al ni\u00f1o en el hogar;<\/p>\n<p>   &#8211; a los actos de culto y a las tradiciones religiosas de los adultos;<\/p>\n<p>   &#8211; a las alternativas entre las que se eligen los propios caminos;<\/p>\n<p>   &#8211; a las relaciones eclesiales que se desarrollan en la vida personal.<\/p>\n<p>    El catequista puede buscar maneras o momentos de intensificar la influencia del entorno con formas, actos o relaciones m\u00e1s concretas y determinadas. Puede aprovechar espont\u00e1neamente todas las formas de la vida cotidiana. Pero tambi\u00e9n puede, y debe, crear las condiciones para que resulten provechosas experiencias vitales especialmente previstas para ayudar en la maduraci\u00f3n de la fe y de la cultura religiosa.<\/p>\n<p>    2.2. Exigencias precisas<br \/>\n    Para garantizar la consecuci\u00f3n de los citados objetivos se deben crear condiciones adecuadas. Entre otros, se pueden resaltar tres rasgos o aspectos:<\/p>\n<p>    1. Las vivencias requieren voluntariedad y libertad, de modo que las variadas ofertas de la vida no se impongan coactivamente, sino que se acojan con satisfacci\u00f3n, con ingenuidad, sencillez y llaneza. Entonces se integran m\u00e1s suavemente en la personalidad sin excesivas dificultades.<\/p>\n<p>    2. Suponen naturalidad y espontaneidad. En cuanto a la forma de desarrollar estas acciones o vivencias, se tiene que buscar cierta naturalidad, ya que lo m\u00e1s contrario a la vida es lo fingido, lo postizo, lo artificial. La naturalidad es la fuente de la alegr\u00ed\u00ada y de la comodidad.<\/p>\n<p>    3. Suponen adaptaci\u00f3n y progresividad. Primero hay que diferenciar la vida del ni\u00f1o peque\u00f1o, del mayor, del adolescente y del adulto. Lo que es bueno y formativo para unas edades puede resultar contraproducente para otras.<\/p>\n<p>    Hay que recordar tambi\u00e9n que otros muchos factores puede influir en el modo de recibir las influencias de la vida: car\u00e1cter, salud, sexo, cultura, idioma, tipo de educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Cuando nos damos cuenta de lo que significa la vida imperceptible de cada d\u00ed\u00ada, es cuando los catequistas nos sentimos en nuestro lugar: representantes de la Iglesia en su vivir cristiano; delegados de los padres en la formaci\u00f3n de sus hijos; testigos con la propia vida m\u00e1s que maestros con la palabra.<\/p>\n<p>   3. Actitudes religiosas<br \/>\n    Al procurar la educaci\u00f3n religiosa de los ni\u00f1os es importante pensar en el futuro de su vida cristiana y no s\u00f3lo en el presente. Se educa en la fe para el ma\u00f1ana, no s\u00f3lo para el cumplimiento de hoy.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, el catequista debe pensar que importa m\u00e1s el fondo que la formas. Y con frecuencia tendr\u00e1 que resignarse a no conocer del todo los magn\u00ed\u00adficos frutos que produce su actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El catequista debe facilitarles cauces que les vayan haciendo madurar en sus criterios y en sus sentimientos. De lo contrario, los ni\u00f1os pueden ser \u00abreligiosos\u00bb por credulidad m\u00e1s que por fe s\u00f3lida y personal.<\/p>\n<p>    En este caso, se vuelven indiferentes y pasivos, una vez que han pasado la infancia. Este es el sentido que el catequista debe imprimir en toda ayuda, en toda orientaci\u00f3n, en toda la formaci\u00f3n que intenta proporcionar.<\/p>\n<p>    3.1. Las vivencias adecuadas<br \/>\n    El educador de la fe debe obrar en este terreno en conformidad con determinados criterios que ser\u00e1n, a la larga, los que haga posible una buena formaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu y de la conciencia. Descubrir\u00e1 siempre la vida de los adultos como la referencia obligada en las etapas de formaci\u00f3n infantil. Har\u00e1 mirar a sus mayores como elementos ideales de referencia: sus padres, algunos educadores, personas ejemplares, ideales y modelos que imitar.<\/p>\n<p> Importa m\u00e1s la calidad que la cantidad de encuentros y de relaciones interpersonales para conseguir suficiente educaci\u00f3n convivencial, tanto en relaci\u00f3n a lo que se recibe como a los que se da a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    3.2. Formaci\u00f3n cristiana<br \/>\n    Los lenguajes convivenciales y las formas de relaci\u00f3n interpersonal son imprescindibles en la vida de los hombres libres. Pero ahora nos interesa verlos como \u00abinstrumentos\u00bb y cauces de educaci\u00f3n religiosa y de formaci\u00f3n cristiana. En cuanto tales, esos encuentros y formas convivenciales no deben orientarse a \u00abpasarlo bien\u00bb sino a \u00abvivir mejor\u00bb y a \u00abmadurar en la fe\u00bb.<\/p>\n<p>    El catequista no est\u00e1 para entretener a los ni\u00f1os o a los j\u00f3venes con juegos o diversiones. Su objetivo tiene que resultar m\u00e1s elevado y formativo, aunque use esos instrumentos m\u00e1s directa o indirectamente con esa intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El vivir con los dem\u00e1s es el punto de partida; pero el vivir para los dem\u00e1s ser\u00e1 el ideal de llegada. Los ni\u00f1os no pueden entender esto desde el principio, debido a su natural sensorialidad y a su connatural egocentrismo. Pero el mensaje cristiano de la fraternidad, de la solidaridad y de la abnegaci\u00f3n, se hallar\u00e1 en la mente del educador en cuanto \u00e9l es maduro y ya ha llegado a entender esa superaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   El catequista s\u00ed\u00ad lo puede descubrir desde la propia experiencia y a medida que los catequizando van madurando como personas pueden ir entendiendo los que es vivir como cristiano. Ese itinerario encuentro en los lenguajes convivenciales su principal instrumento para la consecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Algunas consignas pueden ayudar en tan hermosa empresa: +  Tendr\u00e1 que adaptarse el catequista h\u00e1bilmente a cada nivel madurativo. No es lo mismo trabajar con ni\u00f1os peque\u00f1os que con mayores o j\u00f3venes. La preadolescencia y la juventud son momentos privilegiados para estos lenguajes por ser especialmente sensibles a las dimensi\u00f3n de la sociabilidad: nacimiento de la amistad, facilidad para la compasi\u00f3n, arrebatos intermitentes de generosidad, primera llamaradas del amor, etc.<\/p>\n<p>      +  Las circunstancias ser\u00e1n muy variadas seg\u00fan los entornos y los proyectos educativos que se siguen en otros terrenos. La relaci\u00f3n transparente y sincera es el ideal de todo el lenguaje convivencial. El catequista debe ser modelo de cordialidad y de abnegaci\u00f3n. Pero debe acomodarse a las capacidades de cada catequizando y a su capacidad de asimilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>      + Ser\u00e1 importante aceptar las limitaciones naturales, sin pretender lo inalcanzable. No se debe pedir a nadie lo que, por naturaleza, no puede dar. Las exigencias producen desconfianza y abandono. La cordialidad despierta simpat\u00ed\u00ada y adhesiones.<\/p>\n<p>    Con todo el catequista debe tener presente que es su vida de fe la que hace vivir la fe al catequizando, no sus palabras pasajeras.<\/p>\n<p>     4. Tipos de lenguaje vivencial<br \/>\n    Las vivencias resultan por su propia naturaleza inclasificables. Cada d\u00ed\u00ada nos trae un abanico de novedades y sorpresas que casi no apreciamos por su misma abundancia.<\/p>\n<p>    De todas formas, hay que ponderar el factor humano para comprender lo que supone vivir con los dem\u00e1s y de los dem\u00e1s, no s\u00f3lo en lo f\u00ed\u00adsico y material, sino en lo intelectual, afectivo, moral y tambi\u00e9n en lo espiritual.<\/p>\n<p>    4.1. Convivencias cotidianas<br \/>\n    Es la primera fuente de influencias humanas: las acciones convivenciales de cada d\u00ed\u00ada. El ni\u00f1o respira desde los primeros a\u00f1os lo que en su entorno familiar se piensa, se siente, se gusta, se habla y se discierne. El lenguaje de las impresiones familiares es como la lluvia fina que fecunda sin ruido los campos.<\/p>\n<p>    En la medida de lo posible, el catequista debe entrar en juego con ese lenguaje imperceptible de lo natural y cotidiano: dar buen ejemplo, multiplicar los gestos y actitudes de afecto y acogida, saber ofrecer servicios y apoyos, rechazar lo inconveniente, vivir un clima de natural influencia moral y religiosa con sus catequizandos.<\/p>\n<p>    La tendencia imitativa de los catequizandos se encarga de lo dem\u00e1s: reproduce gestos, palabras, sentimientos, formas. Tambi\u00e9n absorbe actitudes, principios y criterios, datos religiosos, comportamientos morales.<\/p>\n<p>    4.2. Juegos y diversiones<br \/>\n    Tienen especial valor para los ni\u00f1os y adolescentes, que por naturaleza est\u00e1n en permanente actitud diversiva y evasiva como no puede ser de otra forma en su proceso madurativo.<\/p>\n<p>    El catequista puede aprovechar esa inclinaci\u00f3n a \u00abpasarlo bien\u00bb, discurriendo en ocasiones \u00abjuegos catequ\u00ed\u00adsticos\u00bb: recreos, actividades, entretenimientos, diversiones, acertijos, distracciones, esparcimientos.  Incluso los deportes y las competiciones se prestan para un aprovechamiento educativo. Es el caso de los concursos, que oportunamente pueden usarse como est\u00ed\u00admulo para mejorar muchos trabajos o esfuerzos.<\/p>\n<p>    Los \u00abjuegos catequ\u00ed\u00adsticos\u00bb no son una p\u00e9rdida de tiempo, sino un instrumento valioso si se usa oportunamente.<\/p>\n<p>    4.3. Expresiones festivas.<\/p>\n<p>    Son aquellos modos de relacionarse con los dem\u00e1s en ambiente de gozo y amistad: fiestas, regocijos, convites, agasajos, celebraciones, ceremonias, galas, conmemoraciones, etc.<\/p>\n<p>      + Una fiesta (celebraci\u00f3n&#8230; happening) puede ser cauce hermoso para fomentar el valor de la fraternidad y para orientar la simpat\u00ed\u00ada natural hacia la vivencia del amor fraterno, como tantas veces se hace en la vida.<\/p>\n<p>    Si s\u00f3lo se queda en jolgorio y sensaciones no pasa del nivel humano, ajeno a la dimensi\u00f3n espiritual. Pero si se asocia a la plegaria de acci\u00f3n de gracias, a los gestos de amor fraterno, al reconocimiento de la bondad divina y a la acci\u00f3n de la Providencia, es algo m\u00e1s que un lenguaje humano festivo. Es verdaderamente un cauce para la apertura a lo trascendente.<\/p>\n<p>      + Una conmemoraci\u00f3n interesante, adecuada, generosa, alegre, (cumplea\u00f1os, efem\u00e9ride de un sacramento recibido, d\u00ed\u00ada de acci\u00f3n de gracias, por ejemplo) puede abrir la mente y el coraz\u00f3n hacia los dem\u00e1s, sac\u00e1ndola del propio egocentrismo. Puede convertirse un lenguaje que deja un eco en quien lo asume y los personaliza. Puede incluir en el ritmo del desarrollo de los ni\u00f1os y sobre todo de los adolescentes una referencia trascendente que seguir\u00e1 latiendo en la conciencia muchos despu\u00e9s de que se haya realizado el acontecimiento.<\/p>\n<p>      + Un convite, una comida, una merienda, un agasajo, un regalo, una ofrenda, un presente sorpresivo, tambi\u00e9n pueden ser plataforma del ejercicio de hermosas virtudes. Basta recordar lo que supon\u00ed\u00ada para los antiguos cristianos un banquete o \u00e1gape conmemorativo.<\/p>\n<p>    Detr\u00e1s de esas acciones humanas hay gestos cristianos magn\u00ed\u00adficos: actos de perd\u00f3n, limosnas, ofrendas y acciones generosas con los que sufren, ofrendas de signos de respeto y agradecimiento.<\/p>\n<p>      + Un paseo festivo, por ejemplo, se puede presentar como un descanso o alivio. Pero suele ser buen est\u00ed\u00admulo para la apertura y la convivencia, para la conversaci\u00f3n, para el mejor conocimiento de las personas.<\/p>\n<p>      + Romer\u00ed\u00adas y peregrinaciones, procesiones y rogativas, festividades y recuerdos, sacrificios y ofrendas, miles de tradiciones de este tipo pueblan los recuerdos religiosos de todos los pueblos.<\/p>\n<p>   4.3. Lenguajes de relaci\u00f3n   Son los que estimulan el intercambio personal. Se prestan a diversidad de experiencias, que van desde la relaci\u00f3n convivencial de la cortes\u00ed\u00ada hasta el cultivo selecto y excelente de los valores espirituales.  En este sentido se puede aludir a multitud de alternativas.<\/p>\n<p>     + Las convivencias grupales. Son los modos m\u00e1s frecuentes de vivir en grupo extrafamiliar con especial intensidad durante un per\u00ed\u00adodo de tiempo que se aprovecha para revisar la vida, para aprender el Evangelio, para tener experiencias de oraci\u00f3n, para mejorar las opciones cristianas, para programar el mejor cumplimiento de los deberes.<\/p>\n<p>     + Los encuentros e intercambios con otras personas. Favorecen la reflexi\u00f3n, el contacto con el pr\u00f3jimo, el descubrimiento de valores ajenos, sobre todo la consolidaci\u00f3n de actitudes sociales y de valores comunitarios como hospitalidad, abnegaci\u00f3n, renuncia, altruismo.<\/p>\n<p>     + Las permanencias o estancias en lugares, situaciones o modalidades de vida diferentes de las ordinarias. Ayudan a veces a descubrir mundos nuevos que se van integrando en el esquema de la propia personalidad.<\/p>\n<p>   Son magn\u00ed\u00adficas ocasiones para los adolescentes y j\u00f3venes y por eso se han multiplicado tanto en tiempos receintes: voluntariados misioneros, campos de trabajo, campa\u00f1as de ayuda,<br \/>\n   &#8211; Los ejercicios espirituales, las sesiones de oraci\u00f3n, las oportunidades de ayuda y de servicio en emergencias o como dedicaci\u00f3n programada, los proyectos compartidos de servicios sociales, etc. son tambi\u00e9n numerosos en formas tradicionales o de maneras m\u00e1s nuevas en tiempos recientes.<\/p>\n<p>    Son siempre alternativas que el catequista no debe olvidar, sobre todo cuando trata con niveles juveniles en que se demanda imperiosamente procedimientos de esta naturaleza.<\/p>\n<p> 5. Factor religioso y humano<br \/>\n    En toda acci\u00f3n convivencial hay que diferenciar, al mismo tiempo que sintonizar, la dimensi\u00f3n espiritual con la meramente humana, a fin de que los lenguajes convivenciales san verdaderamente plataformas de formaci\u00f3n cristiana y no solamente evasiones ocasionales de dudosa influencia personal.<\/p>\n<p>    Es importante saber con qu\u00e9 tipo de catequizando nos encontramos cuando usamos uno de estos lenguajes.<\/p>\n<p>    La diversidad de participantes puede hacer prever comportamientos que se escapan a los meros improvisadores.<\/p>\n<p>   Las posturas ante ellos son muchas: &#8211; Los idealistas y ut\u00f3picos olvidan las limitaciones humanas cuando preparan esos encuentros. Con frecuencia se llevan desenga\u00f1os que destrozan valores reales por haber aspirado a ideales inalcanzables.<\/p>\n<p> &#8211; Los muy racionalistas, pragm\u00e1ticos y calculadores, quieren preverlo todo con el suficiente rigor, sin advertir que muchas veces los ritmos reales de la vida no son equivalentes a los deseos o previsiones de la fantas\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> &#8211; Los hedonistas suelen refugiarse en la pretendida parsimonia de los dem\u00e1s para justificar la propia pereza y para huir de todo lo que sea dar a los dem\u00e1s algo de lo propio. No organizan nada porque los dem\u00e1s no van a responder y los dem\u00e1s no responden por cuanto ellos no organizan.<\/p>\n<p>     Entre los inv\u00e1lidos, con los que nunca se llega a ning\u00fan destino, hay diversos modelos:<\/p>\n<p>   &#8211;  Los t\u00ed\u00admidos \u00ablo piensan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los c\u00f3modos \u00abrehuyen\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los pasivos \u00abobservan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los inseguros \u00abvacilan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los ligeros \u00abse r\u00ed\u00aden\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los desconfiados \u00abpreguntan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los ego\u00ed\u00adstas \u00abcalculan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los evasivos \u00abdan largas\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los inconstantes \u00abse desdicen\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los inservibles \u00abse olvidan\u00bb  Entre los m\u00e1s aprovechables, con los que a la larga se llega a buen puerto, tambi\u00e9n variadas actitudes:<\/p>\n<p>   &#8211;  Los buenos \u00abse regocijan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los generosos \u00abse sacrifican\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los audaces \u00abaceptan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los serenos \u00abcomparten\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los prudentes \u00abreflexionan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los sociales \u00abse comprometen\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los decididos \u00abse adelantan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los altruistas \u00abse ofrecen\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los animosos \u00abse interesan\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los l\u00ed\u00adderes naturales \u00abdirigen\u00bb.<\/p>\n<p>   Todos los organizadores y usuarios de estos lenguajes deben recordar que, en este tipo de acciones y participaciones, lo m\u00e1s valioso no es el resultado cuantificable sino el simple hecho de crear cauces de convivencia. Hay que asumir las reacciones tan diferentes que se dan ante invitaciones de este tipo. Pero hay que estar prevenidos para saber que la naturaleza tiene siempre sus leyes generales<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[556] La fuente m\u00e1s importante de nuestra formaci\u00f3n y de nuestros aprendizajes es el conjunto de relaciones que establecemos con los dem\u00e1s. Vivir es comunicarse con otros y recibir las ense\u00f1anzas que nos brindan los dem\u00e1s. Es la experiencia. Es la vida. El catequista debe recordar que las vivencias son m\u00e1s decisivas para la formaci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/convivenciales-lenguajes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONVIVENCIALES. LENGUAJES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-10003","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10003","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10003"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10003\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10003"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10003"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10003"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}