{"id":10085,"date":"2016-02-05T07:17:17","date_gmt":"2016-02-05T12:17:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/causalidad\/"},"modified":"2016-02-05T07:17:17","modified_gmt":"2016-02-05T12:17:17","slug":"causalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/causalidad\/","title":{"rendered":"CAUSALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>[221]<br \/>\n    Concepto filos\u00f3fico que recoge la idea de ser origen, principio, motor, de algo. La causalidad es m\u00e1s que una \u00abraz\u00f3n que reclama la Filosof\u00ed\u00ada, un intuici\u00f3n que se apoya en el sentido com\u00fan que desarrolla la misma naturaleza de las cosas.<\/p>\n<p>    Para la formaci\u00f3n cristiana de las personas el sentido de la causalidad es esencial: es el que lleva a buscar y descubrir sobre todo qui\u00e9n mueve el mundo y el porqu\u00e9 aparecen los seres, el para qu\u00e9 surge la Iglesia y a qu\u00e9 se deben las doctrinas, las normas morales o los cultos que desarrollamos.<\/p>\n<p>    En la medida en que se fomenta la b\u00fasqueda de la causalidad se forman hombres profundos en su fe y en sus actitudes \u00e9ticas y espirituales. Y en la medida en que se buscan evasivas a los problemas vitales y a los interrogantes espirituales aludiendo a lo opuesto de la causalidad, que es la casualidad, se configuran mentes superficiales, vers\u00e1tiles e inseguras.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La causalidad indica \u00bb la relaci\u00f3n entre un principio operante y el efecto operado por \u00e9l\u00bb. Seg\u00fan el &#8211; principio metaf\u00ed\u00adsico de causalidad, todo objeto tiene una causa (lo que influye eficazmente en el ser de otra cosa). Dios, el \u00fanico ser que lleva en s\u00ed\u00ad mismo su propia causa, es causa sui (causa de s\u00ed\u00ad mismo), es el \u00fanico ser necesario, mientras que todos los dem\u00e1s seres son contingentes. Dios es la causa primera de todo cuanto existe, pero ha creado los seres contingentes en relaciones rec\u00ed\u00adprocas, de forma que ejercen una causalidad los unos respecto a los otros, Tom\u00e1s de Aquino adopt\u00f3 la doctrina aristot\u00e9lica de las cuatro causas, hablando de la causa material, la causa formal, la causa eficiente y la causa final. Pero complet\u00f3 la concepci\u00f3n de la causalidad con la causa ejemplar (que recuerda la funci\u00f3n de modelo de las ideas plat\u00f3nicas) y con la causa instrumental (que sirve para indicar la utilizaci\u00f3n instrumental de una causa por parte de otra causa superior).<\/p>\n<p>El Magisterio de la Iglesia se ha servido de la doctrina de la causalidad sobrenatural, sobre todo en el concilio de Trento, para explicar las causas de la justificaci\u00f3n: la causa final es la gloria de Dios y de Cristo, y la vida eterna; la causa eficiente es Dios misericordioso, que gratuitamente purifica y santifica; la causa meritoria es su amado Hijo Unig\u00e9nito; la causa instrumental es el sacramento del bautismo, que es el sacramento de la fe; la causa formal es la justicia de Dios, con la que \u00e9l nos hace justos (DS 1529).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica ha utilizado la noci\u00f3n de causalidad sobre todo para explicar la eficacia de los sacramentos.<\/p>\n<p>Son tres las principales teor\u00ed\u00adas elaboradas en este sentido: eficacia f\u00ed\u00adsica, moral e intencional. Seg\u00fan los partidarios de la eficacia f\u00ed\u00adsica (tomistas, Belarmino, Su\u00e1rez), una causa act\u00faa f\u00ed\u00adsicamente cuando produce su efecto inmediata y directamente en el sacramento. Dios pone una virtud tal que produce la gracia en el alma inmediatamente. Seg\u00fan los partidarios de la eficacia moral (escotistas, muchos jesuitas), una causa act\u00faa moralmente cuando no produce el efecto inmediatamente, sino s\u00f3lo de forma mediata, actuando sobre un ser racional y determin\u00e1ndolo para que produzc\u00e1 un efecto: los sacramentos no comunican ellos mismos la gracia, sino que -por su dignidad y santidad- mueven moralmente a Dios para que comunique la gracia, cuando ellos se celebran. La eficacia intencional es sostenida sobre todo por el cardenal L. Billot, que ense\u00f1a que el sacramento de suyo no produce en el alma m\u00e1s que la disposici\u00f3n a la gracia, puesta la cual, Dios comunica la gracia.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada de hoy se advierte cierta dificultad para hablar de causalidad, debido entre otras cosas a los cambios realizados en el concepto mismo de causalidad (por ejemplo, la causalidad eficiente explicada de una forma determinista). La validez del principio metaf\u00ed\u00adsico de causalidad fue criticada, por ejemplo, por Hume y &#8211; por Kant, por razones estrictamente gnoseol\u00f3gicas, que los movieron a concebir el principio de forma subjetiva. Pero en una concepci\u00f3n realista del conocimiento parece imposible poner en duda el valor objetivo del principio de causalidad: el efecto depende necesariamente de la causa, y esto entra en el concepto mismo de causa y efecto.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: B. von Brandestein &#8211; A. SchOpf, Causalidad, en CFF, 1. 247-269.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Nota previa sobre el lenguaje filos\u00f3fico<br \/>\nSe habla de muchas maneras acerca de la c. como relaci\u00f3n entre causa y efecto. Desde el subjetivismo moderno (con su escisi\u00f3n entre sujeto y objeto, seguida de una emancipaci\u00f3n del \u00abpensamiento\u00bb respecto al &#8211;> \u00ablenguaje\u00bb) se ha intentado repetidamente entender la c. como algo propio de las cosas mismas, o como mera concatenaci\u00f3n hecha en nuestras representaciones o como pura categor\u00ed\u00ada intelectual. Pero ya el concepto griego (ait\u00ed\u00ada = causa como responsabilidad \u00e9tica) nos hace remontar a aquella dimensi\u00f3n original de la acci\u00f3n humana que todav\u00ed\u00ada abarca el \u00absujeto\u00bb y el \u00abobjeto\u00bb, dentro de la cual se pudo llegar lentamente a distinguir entre la idea de culpa subjetiva y la de causa objetiva. La concepci\u00f3n antropomorfa &#8211; mas no por eso subjetivista &#8211; de la c. refleja todav\u00ed\u00ada la experiencia inicial de la pertenencia mutua del ser y del hombre. Esta pertenencia mutua se manifiesta por vez primera en el mundo del idioma indoeuropeo de Grecia, como relaci\u00f3n entre la phisis y el logos, es decir, como c. entre -> el \u00abser\u00bb y el \u00ablenguaje\u00bb.<\/p>\n<p>El estadio previo de esta mundialmente importante distinci\u00f3n entre la physis y el logos se halla en la diferencia entre ser y devenir, que s\u00f3lo se da entre los griegos y que luego har\u00e1 posible la distinci\u00f3n refleja entre causa y efecto. Pues \u00absolamente los griegos dejaron de mezclar el concepto de \u00abser\u00bb con el de \u00abdevenir\u00bb, estableciendo entre ambas dimensiones una antinomia cuyo dinamismo se desarroll\u00f3 en la filosof\u00ed\u00ada griega. Antes de Parm\u00e9nides (milesios, pitag\u00f3ricos, Her\u00e1clito) el ser del mundo fue concebido como \u00abdevenir\u00bb (phisis; cf. Emp\u00e9docles B8 Diels), y m\u00e1s tarde (Parm\u00e9nides, Meliso, Emp\u00e9docles, los atomistas, Anax\u00e1goras y Plat\u00f3n) se explic\u00f3 este devenir como una apariencia superficial que no afecta al verdadero ser\u00bb (J. LOHMANN: Gadamer-Festschrift, 174). Y as\u00ed\u00ad s\u00f3lo el lenguaje griego logr\u00f3 distinguir reflejamente la multiplicidad, unida todav\u00ed\u00ada en la terminolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adtica, de \u00abcosa\u00bb \u00ablenguaje\u00bb y \u00abpensamiento\u00bb, as\u00ed\u00ad como la experiencia igualmente original del \u00abser\u00bb y la del \u00abtiempo\u00bb.<\/p>\n<p>El proceso de esta distinci\u00f3n dentro de la comunidad de habla griega (mientras que p. ej., la cultura antigua de la India y de China &#8211; con el concepto de brahma o el de tao que corresponden a la idea del logos en Grecia- no lograron romper la unidad de ser y lenguaje) es la \u00abs\u00ed\u00adntesis a priori\u00bb entre \u00abser\u00bb y \u00abtiempo\u00bb que se ha desarrollado en toda la historia de la humanidad y que fue experimentada por primera vez en Grecia, concretamente por la tensi\u00f3n entre la conciencia individual y la de los distintos grupos. Esa \u00abs\u00ed\u00adntesis\u00bb, que despu\u00e9s volver\u00ed\u00ada siempre a hacerse problem\u00e1tica, pertenece a la experiencia fundamental -que ya no cabe traspasar- del hombre que s\u00f3lo se entiende y cambia a s\u00ed\u00ad mismo en medio de la comunidad ling\u00fc\u00ed\u00adstica. La intelecci\u00f3n del ser por el hombre, la cual se transmite temporal e hist\u00f3ricamente en el medio del lenguaje, es el origen de la idea de c. (que aparece a trav\u00e9s de los diversos momentos de la reflexi\u00f3n), en cuanto constituye un dar raz\u00f3n (rationem reddere) sobre las causas o una b\u00fasqueda de las causas (posteriormente: principium, causa) de lo que es.<\/p>\n<p>El hallazgo de s\u00ed\u00ad mismo por parte del hombre europeo, que ha ido progresando con el creciente conocimiento de la c. (y que hoy d\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de la ciencia y la t\u00e9cnica repercute en los no europeos), desde la sublime \u00absubjetividad transcendental\u00bb de Kant hasta la regeneraci\u00f3n del hombre por el trabajo humano en el sentido de Karl Marx, se logra en gran parte mediante la p\u00e9rdida de la vinculaci\u00f3n original (incluida la de la \u00abreligio\u00bb que ata y obliga hist\u00f3ricamente) al todo de la realidad y del lenguaje, que fundamenta en forma hist\u00f3rica y (no s\u00f3lo \u00abl\u00f3gica\u00bb). El aislamiento entre \u00abser\u00bb y \u00abtiempo\u00bb en el curso de la -> metaf\u00ed\u00adsica occidental, el cual se debe a la concepci\u00f3n \u00abl\u00f3gica\u00bb del ser y del lenguaje (cuando, en realidad, el uso hist\u00f3rico del lenguaje en su dimensi\u00f3n colectiva y en la individual es la mediaci\u00f3n original entre \u00abser\u00bb y \u00abtiempo\u00bb, la cual se produce en la existencia del hombre antes de toda l\u00f3gica, pues \u00e9sta se deduce en un estadio posterior), hace comprensible la pregunta planteada desde Kant acerca del car\u00e1cter anal\u00ed\u00adtico (s\u00f3lo justificable por el an\u00e1lisis de los conceptos) o sint\u00e9tico a priori (justificable a partir de la acci\u00f3n insuperable de la inteligencia del yo transcendental) del principio de causalidad. En tal \u00abs\u00ed\u00adntesis a priori\u00bb, en virtud de la cual \u00aba un A se le une un B totalmente distinto seg\u00fan una regla\u00bb, de modo que solamente a trav\u00e9s de la categor\u00ed\u00ada de la c., como una condici\u00f3n de la posibilidad de la experiencia, se introduce en la multiplicidad de los fen\u00f3menos una interdependencia objetiva &#8211; pero fundada solamente en la \u00abconciencia\u00bb -, se anuncia ocultamente el olvidado problema del tiempo y de su mediaci\u00f3n con el ser en el logos, es decir, en el lenguaje (y no s\u00f3lo en la conciencia). El concepto de causalidad, inmanente al logos griego (como exploraci\u00f3n de la realidad que irrumpe masivamente en el hombre), el cual es desarrollado por primera vez en los presocr\u00e1ticos y en los Anal\u00ed\u00adticos posteriores, de Arist\u00f3teles, conduce a la doctrina de los principios de la ciencia que demuestra, es decir, que busca razones, lleva al esquema aristot\u00e9lico de las cuatro causas, que determina en adelante el pensamiento occidental.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida del car\u00e1cter temporal de la c. en favor del l\u00f3gico (del \u00e1rj\u00e9 griego [= comienzo] se pasa al \u00abprincipio\u00bb; y del t\u00e9los griego [= final] se pasa al \u00abfin\u00bb), hace que ya en la l\u00f3gica estoica el \u00abconcepto\u00bb (el momento \u00abanal\u00ed\u00adtico\u00bb del tejido del lenguaje, vinculado al tiempo y a la historia), el cual en el logos griego est\u00e1 integrado al todo hist\u00f3rico del ser y del lenguaje, se independice m\u00e1s y m\u00e1s. Y luego, por seguirse acentuando excesivamente lo l\u00f3gico, que se aleja de la funci\u00f3n declarativa del logos hist\u00f3rico, en la edad moderna conduce a la pregunta de la s\u00ed\u00adntesis a priori, que ahora para Kant, como s\u00ed\u00adntesis de conceptos puros del entendimiento (p. ej., causa-efecto), est\u00e1 anclada, ya no en el logos \u00f3ntico del lenguaje hist\u00f3rico como condici\u00f3n de la posibilidad de toda uni\u00f3n de ideas, sino en una \u00absubjetividad\u00bb normativa del hombre, reducida a la mera conciencia (\u00abevidentemente el ser no es un predicado real&#8230;\u00bb: Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pura A 598, B 626; cf. ARIST\u00ed\u201cTELEs, De anima 3, 6; 430 a, 27ss). As\u00ed\u00ad, la unidad implicada en la concepci\u00f3n indoeuropea griega del ser (y de la c.) entre los conceptos anal\u00ed\u00adtico-categoriales y el lenguaje sint\u00e9ticosupracategorial (que hace de mediador original entre el ser y el tiempo), se escinde en el curso de la historia del pensamiento occidental.<\/p>\n<p>El aspecto \u00absupraling\u00fc\u00ed\u00adstico\u00bb (anal\u00ed\u00adtico) que est\u00e1 dado junto con el hist\u00f3rico lenguaje usual, el cual articula la actuaci\u00f3n del hombre, queda aislado; y, en consecuencia, tambi\u00e9n el problema kantiano de lo sint\u00e9tico a priori se presenta como un dif\u00ed\u00adcil desfiladero de la \u00abpura raz\u00f3n\u00bb separada del primigenio logos hablado. El atomismo sem\u00e1ntico y la objetivaci\u00f3n del lenguaje (como si \u00e9ste se agotara con la representaci\u00f3n y designaci\u00f3n de puros \u00abobjetos\u00bb) olvidan casi su universal apertura y plasticidad, es decir, su funci\u00f3n sint\u00e9tica (debiendo advertir aqu\u00ed\u00ad c\u00f3mo lo expresado en el lenguaje del hombre es ante todo el tr\u00e1nsito de \u00abser\u00bb &#8211; no \u00abdel ser\u00bb &#8211; a los entes, y s\u00f3lo en segundo t\u00e9rmino del hecho de que un \u00abobjeto\u00bb procede de otro). Como consecuencia de una unilateral \u00bb hipostatizaci\u00f3n\u00bb metaling\u00fc\u00ed\u00adstica del ser (que est\u00e1 ya radicada en el e\u00ed\u00addos plat\u00f3nico y en el pensamiento aristot\u00e9lico de la \u00abforma\u00bb), el problema b\u00ed\u00adblico y cristiano de la -> creaci\u00f3n fue luego interpretado tambi\u00e9n unilateralmente seg\u00fan el modelo de una causalidad derivada (de una c. entre \u00bb entes\u00bb, de los cuales Dios es considerado como el primero), y no seg\u00fan el modelo de una c. originaria (entre el ser del logos que act\u00faa en el plano humano y toda otra clase de ente); si bien el concepto b\u00ed\u00adblico y cristiano del logos es el correctivo m\u00e1s intimo de toda concepci\u00f3n unilateral de la causalidad, pues libera en su totalidad la b\u00fasqueda del fundamento y de las causas que se desarrollan en la historia de la humanidad para la -> palabra de Dios, que el hombre no puede subsumir bajo la c.<\/p>\n<p>En virtud de una idea de c. tambi\u00e9n unilateralmente objetivante se ha podido desarrollar en nuestro tiempo el supuesto dilema entre la fe (cristiana) en la creaci\u00f3n y la idea de la evoluci\u00f3n (en las ciencias naturales).<\/p>\n<p>II. Causalidad en la filosof\u00ed\u00ada y en la ciencia<br \/>\nLa cuesti\u00f3n de los principios y causas en los primeros griegos es tambi\u00e9n la primera diferenciaci\u00f3n entre la significaci\u00f3n objetiva y la ling\u00fc\u00ed\u00adstica de causalidad. La palabra griega arj\u00e9 (aejein: primer ser en el sentido de empezar, dominar) en su cambio de significaci\u00f3n de \u00abcomienzo\u00bb a \u00abprincipio\u00bb (causa), que aparece por primera vez en Anaximandro (arj\u00e9 = apeiron, el ser indeterminado como fundamento de todo ente), confirma la arriba mencionada diferencia entre \u00abser\u00bb y \u00abtiempo\u00bb, propia de la concepci\u00f3n griega del ser, y que caracteriza desde Plat\u00f3n la metaf\u00ed\u00adsica occidental. Esa diferencia ha hecho posible distinguir por primera vez entre relaci\u00f3n \u00abcausal\u00bb y meramente \u00abespacio-temporal\u00bb de los entes (cf. la disputa entre el -> racionalismo y el &#8211;> empirismo modernos en torno a la determinaci\u00f3n de la diferencia entre el temporal post hoc y el causal propter hoc). El concepto de arj\u00e9, que como t\u00e9rmino t\u00e9cnico de la filosof\u00ed\u00ada se usa por primera vez en la tradici\u00f3n peripat\u00e9tica (Arist. Met. D 1, 1012b, 34ss), probablemente fue retrotra\u00ed\u00addo hasta los presocr\u00e1ticos. As\u00ed\u00ad leemos que como fundamento original de todas las cosas fueron aducidos: el agua por Tales, el aire por Anaximenes, el fuego por Her\u00e1clito, el ser por Parm\u00e9nides, los cuatro elementos por Emp\u00e9docles. Anax\u00e1goras fue el primero que consider\u00f3 el esp\u00ed\u00adritu ( nous) como causa eficiente y final, mientras que para Dem\u00f3crito los \u00e1tomos y el vac\u00ed\u00ado eran los arjai.<\/p>\n<p>En Plat\u00f3n junto al sentido temporal de arj\u00e9 se encuentra ya claramente el sentido causal (Fedro 245C): el alma como lo que se mueve a s\u00ed\u00ad mismo (Fedro, 245C), el demiurgo y el alma del mundo (en Timeo) son causas en el sentido propio. En Plat\u00f3n se encuentra ya una primera reflexi\u00f3n sobre el principio de c. (Tim 28a), en cuanto \u00e9ste se halla relacionado con el problema de Dios (Tim 68 E hasta 69 A). Partiendo de las posibilidades de pregunta y respuesta que se contienen en el di\u00e1logo (qu\u00e9, de qu\u00e9, por qu\u00e9, para qu\u00e9 \u00abes\u00bb algo: Phys. 194b, 16ss; Met. A 3, 983 a 26ss), Arist\u00f3teles desarrolla la doctrina de las cuatro causas: la causa formal, la material, la eficiente y la final; y establece la diferencia entre los principios del ser y del conocer (Met 1013 a 17). El mismo se\u00f1ala la vinculaci\u00f3n mutua de todos los \u00abfundamentos\u00bb en el ser de la naturaleza que las une (Met. 1003 a 27-28), as\u00ed\u00ad como la interdependencia en el terreno filol\u00f3gico entre la c. y el problema del movimiento (Phys. 202b, 19ss). No obstante, en el libro 12 de su Metaf\u00ed\u00adsica, introduce un \u00abprimer motor inm\u00f3vil\u00bb (Met. 1072 a 19ss; -> teolog\u00ed\u00ada natural), en el sentido de un \u00abente\u00bb que como causa final explica todo movimiento finito de las cosas. Y as\u00ed\u00ad, postergando la causalidad del \u00abser\u00bb (que ahora se oculta en el problema no resuelto de una eterna \u00abmateria prima\u00bb), llega a un concepto metaf\u00ed\u00adsico de Dios, que es entendido como \u00abser supremo\u00bb que ejerce la c. del movimiento, pero no la c. \u00f3ntica. Como caso especial del principio de c. Arist\u00f3teles formula (en el marco de la doctrina del &#8211;> acto y de la potencia) el famoso principio acerca del movimiento: \u00bb Lo que se mueve, es movido por otro\u00bb (Met. L 8, 1073 a 26; Phys. H 1, 241b, 24; adoptado luego por Tom\u00e1s de Aquino, S.T. i, q. 2, a. 3c, etc.).<\/p>\n<p>Juntamente con el sentido l\u00f3gico que iba adquiriendo el logos griego (distinci\u00f3n entre lenguaje, pensamiento y realidad), en el estoicismo la antigua idea de la physis recibe la modalidad de una interdependencia estrictamente causal de la naturaleza (series causarum). La edad media intenta armonizar, en el horizonte teol\u00f3gico, el antiguo pensamiento de la causalidad con la idea cristiana de la creaci\u00f3n, pero topa con el l\u00ed\u00admite de este intento (cf. libro 1 y 2 de la Summa contra gentiles, de Tom\u00e1s de Aquino), l\u00ed\u00admite que se presenta con especial claridad en la baja edad media. A saber, la causa efficiens aristot\u00e9lica (id\u00e9ntica, en \u00faltimo t\u00e9rmino, con la causa finalis) puede fundamentar el ente en su actus, pero no en su potentia, lleva ad esse hoc, no ad esse simpliciter (S.c.g. ii, 6). Un Dios demostrado como causa ef ficiens (= finalis), a la manera del primer libro de la Summa contra gentiles, no puede ser demostrado en direcci\u00f3n contraria como creador ex nihilo. Precisamente en el lenguaje aristot\u00e9lico \u00abmovere\u00bb no significa otra cosa que \u00abfacere aliquid ex materia\u00bb, pero no significa \u00abproducere res in esse\u00bb en el sentido radical del \u00abex nihilo\u00bb (S.c.g., ii, 16, arg. 3 y 4). Tom\u00e1s supera la dificultad con una especie de m\u00e9todo infinitesimal, que aparentemente evita el salto, al reducir a nada la dimensi\u00f3n de la causa material (Ibid., arg. 5), para dar as\u00ed\u00ad un car\u00e1cter absoluto a la causa efficiens. Pero no se puede comenzar diciendo que el primum movens immovile es el fundamento absoluto del ser (= creador), y a rengl\u00f3n seguido establecer la tesis (sin duda leg\u00ed\u00adtima en teolog\u00ed\u00ada): Creatio non est motus (Ibid., ii, 17). Precisamente aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el punto cr\u00ed\u00adtico entre la metaf\u00ed\u00adsica aristot\u00e9lica y la teolog\u00ed\u00ada; y de \u00e9l se desprenden las dem\u00e1s discrepancias, por ejemplo, la imposibilidad de la mec\u00e1nica aristot\u00e9lica de la individuaci\u00f3n para el pensamiento cristiano, la indiferencia del motor inm\u00f3vil con relaci\u00f3n al mundo\u00bb (H. Blumenberg, PhR 3 [ 1955 ] ,p. 201).<\/p>\n<p>En el -> nominalismo de la edad media posterior (el cual, frente a un realismo que sigue a Plat\u00f3n con actitud poco cr\u00ed\u00adtica en el problema de los universales, renueva la cuesti\u00f3n del fundamento ling\u00fc\u00ed\u00adstico y emp\u00ed\u00adrico de los \u00abconceptos universales\u00bb), sobre todo en Guillermo de Ockham se llega a una cr\u00ed\u00adtica ling\u00fc\u00ed\u00adstica (ordinatio verborum: Summa logicae, c. 57, 3ss) del antiguo problema de la c. Esa cr\u00ed\u00adtica tiende a una separaci\u00f3n (f\u00e9rtil en la moderna tarea cient\u00ed\u00adfica) entre la idea de causalidad en la teolog\u00ed\u00ada y en las diversas ciencias; y, por otra parte, entrega la \u00ab-> naturaleza\u00bb (cada vez m\u00e1s desmitizada por la acentuaci\u00f3n de la idea cristiana de la creaci\u00f3n) a la libre investigaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica de las causas (Quodl. 2, q. 1). Pero s\u00f3lo con la aparici\u00f3n de las modernas ciencias naturales, de \u00ed\u00adndole cada vez m\u00e1s matem\u00e1tica, &#8211; un acontecimiento que tiene igualmente sus lejanas ra\u00ed\u00adces en la idea griega del logos (pues en griego logos equivale tambi\u00e9n a relaci\u00f3n matem\u00e1tica)-, y en conexi\u00f3n con el florecimiento del platonismo en el s. xv y el xvi (la explicaci\u00f3n de los fen\u00f3menos por leyes matem\u00e1ticas era patrimonio de la tradici\u00f3n pitag\u00f3rica y plat\u00f3nica), se impone la nueva imagen mec\u00e1nica del mundo, la cual de momento posterga la doctrina escol\u00e1stica sobre la materia y la forma y sobre la teleolog\u00ed\u00ada, para apoyarse en la causa eficiente (causaci\u00f3n de toda acci\u00f3n por la presi\u00f3n y el impulso). El paso decisivo en el per\u00ed\u00adodo entre Cop\u00e9rnico y Newton lo dio G. Galileo, que substituy\u00f3 el concepto de \u00abcausa eficiente\u00bb (el cual despu\u00e9s tendr\u00e1 todav\u00ed\u00ada su repercusi\u00f3n en el &#8211;>materialismo y &#8211;> vitalismo) por el de las leyes inmutables, que obran necesariamente y admiten una formulaci\u00f3n matem\u00e1tica. El \u00abporqu\u00e9\u00bb de la explicaci\u00f3n causal cedi\u00f3 el paso al \u00abc\u00f3mo\u00bb de la descripci\u00f3n exacta de fen\u00f3menos mensurables. En \u00faltimo t\u00e9rmino se trataba ah\u00ed\u00ad de una formalista derivaci\u00f3n \u00abmetaling\u00fc\u00ed\u00adstica\u00bb del humano decir \u00abes\u00bb en medio del cambio de las concepciones de la c.; esa derivaci\u00f3n era inmanente al logos griego (Heraclito habl\u00f3 del \u00ablogos que se multiplicaba a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb: Fragm. 115 ); pero, todav\u00ed\u00ada en Arist\u00f3teles mismo, la palabra iba unida al objeto.<\/p>\n<p>Pero c\u00f3mo toda objetivaci\u00f3n metaling\u00fc\u00ed\u00adstica hace siempre referencia a todo el saber humano sobre el ser y el mundo, es una realidad que vio G.W. Leibniz, para el cual no hay ninguna contradicci\u00f3n entre una unilateral c. mec\u00e1nica y una doctrina matizada de la teolog\u00ed\u00ada. Sin embargo, Leibniz como fil\u00f3sofo, por formular la c. con el \u00abprincipio de raz\u00f3n suficiente\u00bb, o sea, por una identificaci\u00f3n injustificada de la relaci\u00f3n l\u00f3gica \u00abraz\u00f3n-consecuencia\u00bb con la relaci\u00f3n real \u00abcausa-efecto\u00bb, intensific\u00f3 el predominio del \u00abpensamineto\u00bb sobre el \u00abser\u00bb que late en la filosof\u00ed\u00ada moderna (desde Descartes, con su Discours de la m\u00e9thode, y la Ethica more geometrico demonstrata, de B. de Spinoza). De la antigua tradici\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada inglesa con su actitud cr\u00ed\u00adtica frente a todos los racionalismos (metaf\u00ed\u00adsicos) procede David Hume, seg\u00fan el cual la c. y el principio de c. no pueden deducirse ni de la raz\u00f3n ni de la experiencia objetiva, sino que se deben a una asociaci\u00f3n imaginativa de las sensaciones, fundada en una larga observaci\u00f3n &#8211; que es la gran gu\u00ed\u00ada de la vida humana &#8211; (Treatise i, part. III, sect. vIII). Quiz\u00e1 en la actualidad, sobre la base de la filosof\u00ed\u00ada del lenguaje, debiera someterse a nuevo examen el concepto de c. de Hume (\u00abcostumbre\u00bb como nexo de acci\u00f3n comunicado oralmente; elemento \u00bb operativo\u00bb anteriormente a toda concepci\u00f3n idealista o realista de la c.).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la justificaci\u00f3n aprior\u00ed\u00adstica de la c. por Kant (Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pura, A 202, B 247 ), as\u00ed\u00ad como de la creciente incomprensi\u00f3n frente a la problem\u00e1tica del -> idealismo alem\u00e1n y de la cr\u00ed\u00adtica de Schopenhauer (Sobre la cu\u00e1druple ra\u00ed\u00adz del principio de raz\u00f3n suficiente) al concepto tradicional de c. en el s. xix, todo lo cual contribuy\u00f3 a que el concepto de c. y de ley fuera suplantado cada vez m\u00e1s por el de \u00abfunci\u00f3n\u00bb (relaci\u00f3n de dependencia entre dos magnitudes mutables), a principios del s. xx, la idea causal de la filosof\u00ed\u00ada cl\u00e1sica y de la f\u00ed\u00adsica cl\u00e1sica se puso en crisis debido a la teor\u00ed\u00ada de los \u00abcuantos\u00bb de Planck, a la teor\u00ed\u00ada de la relatividad de Einstein y a la relaci\u00f3n de indeterminaci\u00f3n de Heisenberg.<\/p>\n<p>\u00abFormulando el principio de c. de la f\u00ed\u00adsica cl\u00e1sica como sigue: Si conocemos el estado de un sistema f\u00ed\u00adsico cerrado en el tiempo t1, se puede calcular estrictamente su estado en todo otro tiempo t2; este principio resulta inexpugnable incluso en la teor\u00ed\u00ada de los cuantos. El fracaso del determinismo aparece en dos lugares diferentes, seg\u00fan el modo como se interprete el concepto de estado. Si se entiende por estado la enumeraci\u00f3n de los datos determinantes de acuerdo con los principios de la f\u00ed\u00adsica cl\u00e1sica, entonces la relaci\u00f3n de indeterminaci\u00f3n significa que por las leyes de la naturaleza es imposible asignar simult\u00e1neamente un valor concreto a todos los elementos determinantes que intervienen. Con lo cual no se puede cumplir la premisa del principio antes formulado. Si por estado entendemos el llamado caso puro de la teor\u00ed\u00ada cu\u00e1ntica (lo m\u00e1ximo que por una medici\u00f3n puede constatarse en realidad), entonces la ecuaci\u00f3n de Schr\u00f3dinger determina de hecho la mutaci\u00f3n de ese estado desde ti hasta t2 con exactitud matem\u00e1tica; pero el estado as\u00ed\u00ad definido proporciona solamente una informaci\u00f3n estad\u00ed\u00adstica sobre el resultado que tendr\u00e1 una medici\u00f3n, en la cual se mide una magnitud distinta de la definida en el estado correspondiente. Por tanto, en el fracaso del determinismo no se puede hablar de una refutaci\u00f3n de la ley causal, sino, solamente, de la imposibilidad de que se cumplan los presupuestos exigidos por ella. La as\u00ed\u00ad llamada interpretaci\u00f3n de Copenhague de la teor\u00ed\u00ada cu\u00e1ntica, introducida por Bohr y Heisenberg, considera este fracaso, no como una consecuencia de la ignorancia humana, sino como la eliminaci\u00f3n de la posibilidad de objetivar plenamente los fen\u00f3menos de la naturaleza. La imposibilidad de utilizar el cl\u00e1sico principio de c. se presenta entonces como una consecuencia de la imposibilidad de utilizar la antolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica\u00bb (C.F.v. Weizs\u00e1cker: RGG3 iii, 1229s).<\/p>\n<p>Esta nueva situaci\u00f3n, en la que \u00abes imposible utilizar la ontolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica\u00bb, muestra muy claramente c\u00f3mo la idea dominante desde Plat\u00f3n (interpretada en forma \u00abidealista\u00bb o \u00abrealista\u00bb) de un \u00abobjeto en s\u00ed\u00ad\u00bb o de \u00abpropiedades en s\u00ed\u00ad\u00bb (p. ej., espacio, tiempo, lugar e impulso del electr\u00f3n), estaba abocada a un desconocimiento de la referencia de todo conocimiento de un objeto al conjunto m\u00e1s amplio del lenguaje y de la acci\u00f3n humanos. La visi\u00f3n contenida en el primitivo problema del logos griego, seg\u00fan la cual el conocimiento humano (en cuanto constitutivo del objeto) sale del conjunto formado por el lenguaje y la actividad del hombre, o sea, no consiste primariamente en una adecuaci\u00f3n desprendida de ese conjunto entre un sujeto te\u00f3rico del conocimiento y un brutum factum \u00abobjetivo\u00bb, ha sido redescubierta nuevamente en las modernas ciencias naturales. El aspecto \u00absubjetivo\u00bb (es decir, relativo al observador y al proceso de medici\u00f3n, y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, a la situaci\u00f3n conjunta de la actuaci\u00f3n humana) y el aspecto \u00abobjetivo\u00bb del conocimiento ya no pueden entenderse como esferas exactamente separadas entre s\u00ed\u00ad, sino que han de ser concebidos como momentos de la \u00fanica experiencia de la realidad que se condicionan mutuamente. Cabe recordar aqu\u00ed\u00ad una frase de Heisenberg que rebate todo \u00abobjetivismo\u00bb unilateralmente realista o idealista, incluso en la relaci\u00f3n de causa y efecto: \u00abSi queremos aclararnos sobre el sentido de la expresi\u00f3n \u00ablugar del objeto\u00bb, p. ej., del electr\u00f3n (con relaci\u00f3n a un sistema dado de referencia), hemos de indicar determinados experimentos con cuya ayuda pensamos medir el \u00ablugar del electr\u00f3n\u00bb; de otro modo esta expresi\u00f3n no tiene ning\u00fan sentido\u00bb \u00abZeitschrift f\u00fcr Physik\u00bb 43 B, 1927, p. 174 ). An\u00e1logamente, la pregunta te\u00f3rica por la \u00abcausa\u00bb divina (en el sentido de la teolog\u00ed\u00ada metaf\u00ed\u00adsica) deber\u00ed\u00ada tambi\u00e9n liberarse de una manera de hablar unilateralmente \u00abobjetivista\u00bb (Dios como suprema \u00abcosa\u00bb que fundamenta) o subjetivista (Dios como condici\u00f3n de la posibilidad del conocimiento humano de las cosas). Tambi\u00e9n al hablar de Dios hemos de \u00abindicar determinados experimentos\u00bb, es decir, el hombre en su totalidad, con su experiencia indivisible de s\u00ed\u00ad mismo y del mundo (&#8211;>libertad, -> muerte) se halla frente a un Dios que se presenta como un misterio o abismo ilimitado, y no precisamente como una causa delimitada con precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Principio de causalidad<br \/>\nPor principio de c. se entiende en la filosof\u00ed\u00ada escol\u00e1stica (a diferencia de las leyes de c. aplicables a la realidad de la naturaleza) aquella ley suprema del ser y del pensamiento en virtud de la cual todo ente contingente presupone necesariamente una causa, que, en definitiva es el ser absoluto, Dios (v\u00e9ase la demostraci\u00f3n de la existencia de -> Dios). En relaci\u00f3n con la asimilaci\u00f3n de Kant dentro de la neoescol\u00e1stica se discuti\u00f3 la cuestion de si aqu\u00ed\u00ad se trata de un principio anal\u00ed\u00adtico (evidente por su reducci\u00f3n al de contradicci\u00f3n) o de un principio sint\u00e9tico a priori (conocido junto con el conocimiento inmediato del ser). La respuesta a este problema, la cual mayormente se da afirmando el car\u00e1cter sint\u00e9tico-aprior\u00ed\u00adstico del principio de c., depende (como mostr\u00e1bamos antes, en i) de la problem\u00e1tica de la \u00abs\u00ed\u00adntesis a priori\u00bb, es decir, de si dicho principio se funda en la \u00abconciencia transcendental\u00bb o en la relaci\u00f3n originaria del hombre a la realidad, del hombre dotado de lenguaje y vinculado a \u00e9l, del hombre que act\u00faa en medio de la relaci\u00f3n \u00abyo-mundo\u00bb.<\/p>\n<p>Franz Karl Mayr<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[221] Concepto filos\u00f3fico que recoge la idea de ser origen, principio, motor, de algo. La causalidad es m\u00e1s que una \u00abraz\u00f3n que reclama la Filosof\u00ed\u00ada, un intuici\u00f3n que se apoya en el sentido com\u00fan que desarrolla la misma naturaleza de las cosas. 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